ReBaSaNDo_aL_DeSTiNo


Hello... aquí el segundo cap... puse cometarios y agradecimientos al final. Espero les guste!!!

(&&&- Cambio de escena)


CAPÍTULO 2

Desconcertante

Despertó lentamente no como cuando lo haces de un sueño normal y se sintió algo abrumada y asustada, segura de que estaba frente a una amenaza, pero al abrir los ojos se topó con el techo blanco y las luces brillantes de una habitación desconocida. Parpadeó cegada varias veces y buscó la razón de estar ahí, en una cama de hospital con todo el cuerpo doliéndole.

- ¿Lin? –la voz angustiada de Sango a su lado la hizo voltear, despacio para no resentir el movimiento, y se dio cuenta de que llevaba un collarín.- ¿Cómo estás?

- No… no sé… ¿qué pasó?

- Te arrollaron con un auto.

Lin frunció el seño contrariada ¿no recordaría eso? Era fin de semana y fue a la carrera, saludó a su amiga y después fue a la salida de atrás… el sol la cegó y… ahí se desvanecía todo, nada más estaba en sus recuerdos.

- ¿Qué te duele? –preguntó su amiga sosteniendo una de sus manos.

- Emm… creo que todo. Yo… no lo recuerdo, ni el auto ni nada, sólo que salí del autódromo.

- Sí, es por el golpe. Los doctores dijeron que posiblemente no recuerdes los momentos antes del accidente.

- ¿Qué tan mal estoy? –preguntó mientras con su mano libre, en la que había una guja, tocaba el collarín que le impedía moverse.

- Nada grave. Dicen que no tienes huesos rotos, sólo golpes y raspones. El collarín es por si acaso ¿te duele el cuello?

- No… -contestó después de meditarlo unos segundos- creo que es lo único que no me duele.

Lentamente trató de mover cada parte de su cuerpo por separando, empezando por los dedos de los pies, luego los tobillos –uno de ellos punzó- en la pantorrilla derecha sintió una herida como quemada, las dos rodillas estaban raspadas y golpeadas, las piernas se sentían más o menos bien, las costillas le dolían más que el resto, en los brazos tenía más raspones y un punto exacto de su cabeza le gritaba que justo con esa parte aterrizó. Parpadeó varias veces insegura de su recuento y su falta de memoria y entonces se percató de la forma extraña en que se sentía la piel en el costado de su ojo izquierdo. Instintivamente llevó la mano para tocar, pero Sango la detuvo.

- No. No te toques, creo que fue al caer… contra el suelo.

- ¿Qué me pasó en la cara?

- Te raspaste como todo lo demás, dicen que si te cuidas bien no te va a quedar cicatriz, no te toques. –le reiteró la instrucción y Lin bajó la mano indecisa.

- Justo lo que me faltaba. –suspiró cansada y tratando de reprimir las lágrimas que se agolpaban en sus ojos- Sango… sabes si el baño tiene espejo. Quiero ir pero… no quiero mirarme todavía. Temo deprimirme.

- Eh… no, no hay espejo. Pero no sé si debas levantarte. Mejor llamo al doctor antes. –le soltó la mano para irse y sin que lo esperara, su amiga se apoyó en los codos, lastimados, para levantarse pero al intentarlo una exclamación de dolor abandonó su boca y dejó de hacer fuerza de inmediato- ¿Qué te duele? –la cuestionó con ansiedad.

- La… cadera… y la pierna derecha… no me di cuenta antes.

- Es que… ahí debe haberte golpeado el auto.

Sin desearlo ni poder evitarlo Lin comenzó a llorar en silencio, abrumada por el dolor en su cuerpo y la idea de estar así, sin poder levantarse, atada a la cama aunque fuera por unos días ¡estúpido accidente! ¿Habría sido su culpa o del conductor? Cómo quisiera poder recordarlo para saber a quién culpar. Sollozó casi en silencio mientras Sango le acariciaba el brazo con movimientos suaves, tratando de calmarla, murmurando palabras para que se sintiera mejor, después de todo nada más serían unos días de reposo y las cosas pudieron haber sido mucho peores.

- Quizás necesites un calmante o algo… para que te puedas volver a dormir. Voy por el doctor ¿puedes quedarte sola un par de minutos? –le preguntó casi consternada, impotente ante la pena de su amiga y a la vez aliviada de verla medio sana y salva.

- Sí, ve… yo… voy a estar bien. –contestó casi en automático y aunque Sango no le creyó ni media palabra se apresuró a salir de ahí cerrando la puerta tras de sí.

Lin se quedó ahí, dejando que sus suspiros se apagaran solos y buscando en algo menos frustrante en qué pensar divagó sobre el conductor del auto ¿alguien habría anotado la matrícula?

Pero en ese momento un hombre abrió al puerta, la joven volteó y no le costó reconocerlo ¿qué demonios hacía la súper estrella en su habitación? Alto y apuesto, con la mirada fría y cruel, indiferente… Sesshoumaru Tashou pasó y cerró otra vez después. Avanzó con pasos seguros hasta estar a su lado y ahí se quedó tan quieto como siempre, no se veía nervioso ni interesado y además, su mera presencia era desconcertante.

- Deberías haberte fijado antes de lanzarte frente a mi auto. –le recriminó indiferente y frío viéndola a los ojos.

Hasta ese momento notó el dorado perfecto en su mirada, nunca antes vio ese color y le tomó unos segundos apartarse de esa impresión para regresar a su desconcierto inicial y al que le produjeron las palabras. Como si estuviera loca, comenzó a reírse.

- Ganas todos los trofeos. –le dijo apaciguando su risa, eso hacía que todo le doliera más- Y luego sales a la calle a atropellar gente. Qué maravilloso conductor.

- Tú saliste de la nada cuando yo iba pasando. –la frase recriminatoria no tuvo más inflexión que la anterior pero igual le sonó muy dura.

- No sabría decírtelo, porque no lo recuerdo. Pero eso ya no importa… sólo me desconcierta cómo te tomas el tiempo para estar aquí.

Lin lo miró esperando por una respuesta, algo que sonara lógico, como tal vez si sólo quisiera burlarse de ella… pero Sesshoumaru no dijo nada, se limitó a verla con toda la fuerza aplastante de sus ojos ámbares.

- Bueno, no debe sorprenderme que no respondas, eres hombre de pocas palabras. Pero… si no es mucha molestia… ¿podrías dejarme sola? Intento averiguar cómo llegar hasta la puerta de allá. –con un movimiento de la mano señaló el baño y esperó para que él se marchara, no querría quedarse ahí como estatua todo el día ¿verdad?

Otra vez él no habló, la vio un par de segundos más y después le dio la vuelta a la cama para tomar el suero y quitarlo de donde estaba colgado, luego la recorrió con los ojos, como adivinando algo y sin dudar descorrió las sábanas y le pus el suero en el abdomen.

Lin estaba sorprendida… más que eso. Pero en ese momento la extraña mueca de dolor en el rostro de Sesshoumaru, apenas un atisbo que bien pudo imaginar, la desconcertó más. Era la primera vez que lo veía modificar la máscara de indiferencia.

- Abrázate de mí. –le dijo introduciendo ambas manos debajo de su cuerpo, una a la mitad de la espalda y otra cerca de las rodillas.

Como si no le costara ningún trabajo la levantó de la cama, ella no dijo nada a pesar del leve dolor del movimiento y se aferró a su cuello, el aroma dulce de su piel la dejó aturdida.

Caminó los escasos metros de la habitación y después entró en el baño, con movimientos ágiles la dejó en el piso de pie, se aseguró de que no fuera a caerse y salió cerrando la puerta del baño tras de sí.

Al estar a solas en esa habitación, mientras esperaba porque ella resolviera sus necesidades, se obligó a escuchar bien por si acaso la chica tonta se caía al piso. Mientras tanto pensó en lo sucedido, la niña arrojándose en un acto casi suicida y él al volante… después ella tirada en el suelo y todo lo que pasó, ambulancias, policías, el encargado de los seguros, la recomendación de no acercarse a la desconocida… y el no haber escuchado nada de eso.

De alguna manera extraña se sintió culpable todo el tiempo, con lo cerca que estuvo de hacerle más daño… era una muchachita linda, de cabello largo oscuro y un rostro bonito casi infantil que a hora estaba magullado. Esa era la razón por la que se quedó en el hospital y a la primera oportunidad entró a verla, porque nunca antes en su vida sintió remordimiento de algo, siempre hacía todo bien, se forzaba para ser el mejor y nada más. Pero… qué error tan tonto. Porque aunque no lo admitiera, sin importar que ella apareciera de la nada… él fue quien condujo hasta golpearle el cuerpo y aventarla al piso. Solamente él.

Cuando Lin abrió la puerta del baño se devolvió al momento y se apresuró para tomarla en brazos otra vez. Ahora le resultó algo más complicado porque tenía que hacerlo con mucha delicadeza y ella estaba de pie, pero lo consiguió y justo cuando dio el primer paso hacia la cama con la desconocida en brazos la puerta se abrió dejando ver a un hombre de bata blanca, su jefa de mecánicos y detrás el rostro del asegurador, todos perplejos.

- ¡Te dije que te alejaras de aquí! –el hombre de los seguros fue el primero en reaccionar y sin dudarlo se abrió paso hasta quedar al frente, viéndolo con sus ojos azules llenos de recriminación.

- Le señorita no debe moverse. –aclaró el médico acercándose a la cama, como para indicarle que la dejara ahí.

Sango despegó los labios para hablar pero al parecer su mente se quedó sin palabras, sólo vio atónita a su amiga, Lin estaba todavía sin dar crédito de la incómoda escena.

- No tenías por qué haber venido a hablar con ella, si sabes lo que te conviene. –le dijo otra vez el de la aseguradora.

- Tú no te metas. –contestó Sesshoumaru por fin y fue a dejar a Lin en la cama y el suero colgado en su sitio original.

- Gra… gracias. –murmuró ella y él ni siquiera asintió para hacerle saber que su mensaje fue recibido, sólo se limitó a abandonar la habitación en silencio y con el asegurador de ojos azules detrás.

- ¿Cómo se siente? –preguntó el médico.

- Bien… -dijo ella a secas, por supuesto que aún le dolía todo pero para es momento sentía también una nube dulce rodeándola.

-Me dijiste que te dolía todo. –contradijo Sango.

- Sí, bueno, me duele todo… excepto el cuello.

El médico le quitó el collarín e hizo unos movimientos con su ello para asegurarse de que estaba bien. Cuando se convenció de que no tendría problemas pasó a una leve inspección del resto.

- Te voy a dar más relajantes musculares y analgésicos. Esta noche hay que quedarse para observación, si mañana todo sigue bien, podrás irte a casa.

- Gracias.

- Cualquier cosa llámenme.

El médico salió de ahí con expresión amable en el rostro y Sango volvió a sentarse a su lado, todavía sin creer lo que acababa de ver.

- Así que fue él. –murmuró Lin intentado sacarle a su amiga más detalles.

- Sí… se iba del autódromo y… dice que tú saliste de la nada. –la chica se encogió de hombros para darle a entender a su amiga que en realidad no estaba segura de que así hubieran sucedido las cosas.

- Quizás así fue. Pero no entiendo ¿qué hace aquí?

- Se empeñó en venir. Miroku, el que se encarga de todos los seguros de la empresa, le insistió en que era mejor que se fuera a casa ya que le quitó a los policías de encima… yo creo que los sobornó. –negó con la cabeza en forma de desaprobación- Pero él no le hizo caso y ha estado aquí todo el tiempo.

En ese momento tres golpecillos se escucharon en la puerta y Lin concedió la entrada, Miroku pasó con gesto todavía algo irritado.

- Por fin se fue. –anunció.

- ¿Qué haces aquí? –lo regañó Sango- Déjala descansar, tus formularios pueden esperar hasta mañana.

- En realidad, el protocolo indica que tengo que hablar con la señorita Lin. –se acercó a donde estaban las chicas con unas hojas en una mano y una pluma e la otra. – Esto ha sido un muy desafortunado accidente y todos queremos transmitirle nuestras disculpas. Desde luego cubriremos todos los gastos del hospital y cualquier otro servicio médico que requiera, señorita, pero me gustaría que firmara unas cuantas cosas.

- ¿Temen que los demande por millones o lo meta a la cárcel? –preguntó Lin mientras le extendía una mano para tomar los papeles.

- No lo escuches. –intervino Sango- No tienes que hacer esto ahora.

- Sanguito. –interrumpió el de los ojos azules- No me ayudes.

- Pero si todavía está herida. Déjala pensar.

- No, está bien. –Lin extendió la otra mano para tomar la pluma y comenzó a firmar hoja por hoja- De todas formas no quiero demandar a nadie, cuanto antes me libre de todo esto, mucho mejor.

Los tres se quedaron en silencio mientras ella acabó con los papeles, sin fijarse en qué era lo que firmaba puesto que estaba segura de que nada malo saldría de ese hombre en el que Sango parecía confiar. Los ordenó y se los entregó a Miroku.

- Muchas gracias, señorita y espero que se recupere pronto. Sango, fue un placer verte, como siempre, y espero que aceptes mi invitación a salir.

- Ya te dije que no.

- Bueno, podré intentar en unos días que nos volvamos a ver. –sonrió, le guiñó un ojo y abandonó la habitación.

- Le gustas. –afirmó Lin.

- Al igual que todas y cada una de las mujeres de este planeta. Lo vi coqueteándole a por lo menos diez enfermeras.

- Pero… ¿te gusta?

- No digas tonterías. –Sango se ruborizó y desvió la mirada.

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Con la noche empezando, la pequeña reunión casi llegaba a su fin. Fue un post festejo organizado por una de las hijas de los dueños, la pareja ausente casi todo el tiempo que al parecer pretendía inculcarles a sus hijas amor por el equipo y así hacer que ellas continuaran con él.

En la gran mesa hecha de varias pequeñas casi todas las sillas lucían solas. Dos conversando del lado derecho, tres un poco más allá en el izquierdo y en una de las cabeceras sentado uno de los pilotos, Inuyasha, el menor, ese que sí aceptaba las relaciones públicas que la fama le brindaba. A su derecha la hija mayor de los dueños, hermosa con un vestido ligero dolor rojo, entallado y corto, el cabello negro largo perfecto. Y a la izquierda la hija menor, Kagome, con un pantalón de mezclilla bordado con flores rosas y verdes en una de las piernas y una blusa blanca sin mangas, también muy hermosa en un sentido totalmente diferente al de Kikyo.

- Estoy muerto, es mejor que me vaya. –se disculpó él de repente cuando sintió que ya no había mucho que hacer ahí y el día de actividades le hacía estragos.

- De acuerdo… que tengas buena noche. Y te veo… en una semana. –sonrió Kagome y él le devolvió el gesto algo seco, a veces su expresividad no distaba tanto de la de su hermano.

- Claro que no, Inuyasha. Tienes que bailar conmigo antes. –afirmó Kikyo segura de sí misma y poniéndose de pie, al fondo estaba la pista de baile con varias parejas.

- Yo no bailo.

- No me vas a dejar aquí para esperando, Inuyasha. –ella le sonrió y su voz fue dulce… muy difícil de resistir, aunque él de verdad no disfrutara de las pistas.

Inuyasha gruñó un poco y se levantó para tomarla de la mano, sin muchas otras opciones luego de la petición de esa mujer ante la que a veces era muy débil.

Al llegar se mezclaron los demás sin sospechar que Kagome los siguió con la mirada todo el tiempo y una revoltura de emociones en el interior, desde algo de ternura al ver a ese chico duro teniendo semejante gesto de amabilidad, hasta celos de su hermana… siempre segura y perfecta, la mejor en sus clases, en su trabajo, la que aprendía rápido y tenía talento para todo, la que siempre se llevó la atención y además pudo manejarla sin sentirse abrumada.

Ahí ante las luces de colores Kikyo se movía con increíble fluidez, lo tomaba de la mano y se dejaba abrazar por la cintura de acuerdo a como el ritmo dictaba, él tampoco lo hacía nada mal y aunque nunca lo admitiera… disfrutaba de estar ahí por el mero hecho de verla y saber que la pasaba bien a su lado. Ella siempre tenía todo bajo control, se encargaba de conocer los detalles de la escudería porque sentía como su deber continuar con ese legado, lo hacía para no decepcionar a sus padres y para llevar ella la carga y liberar a su hermana, él podía leerlo siempre en su mirada castaña, aunque ella no se lo dijera.

- ¿Qué vas a hacer en tus días libres, Inuyasha? –le preguntó cerca del oído refiriéndose a los dos días de descanso antes de ir a la nueva pista para dar las primeras vueltas de reconocimiento.

- No lo sé… acaba de salir la nueva línea de Audi, pensaba echarles un ojo y ver si me convencía alguno. –respondió tranquilo, en realidad no tenía planes importantes.

- Nunca cambias. –sonrió dulce y dio un giro para después regresar a muy poca distancia de su cuerpo- Deberías ir conmigo al teatro mañana.

- ¿Lunes? –inquirió levantando una ceja.

- Es una función especial de mi obra favorita. La última en la ciudad y tengo dos entradas.

- No lo sé… no soy muy de teatro…

Él lo vio venir, sin duda… otra vez haría algo para convencerlo, pero en esta ocasión más que apelar a su caballerosidad o su amabilidad, hizo algo mucho más poderoso. Kikyo dejó de bailar al ritmo de la música y se abrazó a él rodeándolo por el cuello y recargando su mejilla con la de él, así sus labios quedaron muy cerca del oído de Inuyasha, él no pudo más que detenerse estático con las manos en la cintura femenina.

- Vamos… te vas a divertir en verdad. –le murmuró muy bajito, tanto que apenas la escuchó sobre la música, y después besó con ternura el lóbulo de su oreja.

Mientras la canción terminó para darle paso a una nueva ellos no se movieron, la sorpresa del hombre fue mucha y pasó saliva con fuerza, intrigado y con la mente en blanco, sintiendo el eco de los labios de Kikyo sobre su piel y su propio pulso acelerando.

- Es… está bien. –dijo cuando fue capaz y ella se retiró un poco para mirarlo de frente.

La joven le sonrió alegre y expresiva, como sólo la veía a veces y sin esperar más retomó el ritmo de la música, él la siguió concentrándose en los movimientos para sacarse todas las nuevas ideas de la cabeza.

&&&

Era medio día y lo peor de la tormenta estaba pasando apenas. Una parte no fue tan difícil como lo creyó, el llamar a su jefe. Por su puesto que primero él le gritó por no cumplir con el reportaje y amenazó con despedirla, pero al explicarle su incidente –todo menos el autor del mismo- se mostró comprensivo y le dijo que se tomara el resto de la semana para mejorarse. Un pendiente menos.

Por otro lado estaba siendo dada de alta, ya llevaba puesta ropa normal, una maletita con las cosas que Sango le llevó muy temprano y una bolsa con frascos de pastillas que la ayudarían a no sentirse tan mal los próximos días. Otro alivio el ya no estar internada.

Pero… ahora estaba sola. Sango al ser la jefa de mecánicos no se tomaba los lunes de descanso, ella iba con los miembros del equipo que mudaban los autos y lo demás hacia la nueva locación y allá se tomaba su descanso. Su amiga intentó librarse esa vez pero no le fue posible y Lin lo entendió. Así bajo la promesa de viajar de regreso esa misma noche –al cabo la nueva pista quedaba apenas a una hora de distancia- se marchó muy temprano.

Lin no deseaba ser una carga para nadie, pero dado que vivía en un segundo piso todavía veía el llegar hasta su departamento como toda una odisea… con lo que le costaba caminar. Pero aún tenía un rato antes de eso. Ahora sólo iba en el elevador con sus cosas en el regazo y más o menos cómoda en la silla de ruedas. Una vez abajo alguien le pediría un taxi.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron vio por primera vez la planta baja del hospital, bonito y moderno, combinado en tonos de azul, blanco y verde, todo armonioso y tranquilizante. Las personas esperaban en sillas alineadas y la música de fondo era relajante ¿sería para amortiguar la carga moral de los enfermos? ¿O sólo para que no se impacientaran al esperar mucho? Ella no lo supo ni pensó mucho en ello porque cuando dio una segunda vista al lugar, lo encontró a él.

Otra vez Sesshoumaru Tashou, con su impresionante porte, la mirada fría y una desconcertante presencia ¿qué demonios hacía ahí visitándola por segunda vez?

CoNTiNuaRá...


Hello!! De nuevo. Pues, espero les haya gustado!!! Mil gracias por todos sus comentarios!!! Me han animado muchísimo y espero de verdad cumplir con las espectativas. Espero disfruten leyendo y podemos seguirnos viendo pronto!!! Ya saben.... se aceptan todo tipo de comentarios... críticas, dudas, sugerencias, etc.

GRax!!!!!