ReBaSaNDo_aL_DeSTiNo
Hello... aquí el tercer cap... puse cometarios y agradecimientos al final (otra vez). Espero les guste!!! :D
(&&&- Cambio de escena)
CAPÍTULO 3
O quizás no iba a verla ella, tal vez Sesshoumaru Tashou nada más tenía un conocido ahí… o él mismo era paciente… pero no, si alguna de esas fueran sus razones, no estaría caminando por todo el recibidor hacia ella, que era empujada hacia fuera del elevador por una enfermera.
- Yo la tomo desde aquí. –habló cuando estuvo a poca distancia, dirigiéndose a la joven que estaba tras ella.
Se produjo un minuto de silencio, Lin anonadada con la figura masculina de pantalón de mezclilla negro y camisa blanca casual, con el aroma masculino otra vez golpeándola de cerca y la sorpresa clavada en lo más profundo de su ser. Tal vez la enfermera estuvo igual de anonadada todo ese tiempo, aunque no conociera su identidad de súper estrella, Sesshoumaru producía con facilidad ese tipo de reacciones en cualquier ser humano con gusto por los hombres.
- Que te recuperes pronto. –le dijo al fin la enfermera y la escuchó alejarse con pasos lentos, mentalmente, Lin la vio caminando hacia atrás para no darle la espalda al joven ángel de su visión.
Antes de que pudiera decirle algo él ocupó el lugar de la otra mujer y empujó la silla de ruedas hasta las puertas automáticas y tras ellas a un convertible negro de dos plazas, obviamente… sería de él, claro, ella no reconoció la marca ni mucho menos el modelo pero deportivo para corredor profesional sonaba a una combinación aceptable.
La acercó hasta la puerta del copiloto y le quitó las cosas del regazo para ponerlas en la cajuela y al volver a su lado abrió la portezuela y le tendió una mano, dirigiéndole la mirada por primera vez pero sumido en su mutismo total. Lin correspondió y aceptó la ayuda para levantarse y entrar al auto. Fue ahí cuando lo vio llevar la silla de ruedas al interior, entrar también al coche y encender el motor que su mente recuperó la claridad suficiente para hablar otra vez.
- No te voy a demandar, no tienes que hacer esto. –le dijo en tono bajo.
- Firmaste los papeles, lo sé. –le respondió indiferente, como si fuera muy obvio que no se trataba de evitar un pleito legal- ¿Norte o sur? –inquirió estando cerca de la salida del estacionamiento.
- Vivo al sur. –se hizo otro silencio corto mientras Lin sintió su pulso acelerarse más y sin atreverse a mirarlo, a ése que la intimidaba tanto, pensó en alguna otra cosa que decirle- ¿Sango te envió?
- No.
- Entonces… ¿por qué?
- Tengo mis razones.
Después de su tono más cortante ya no pudo decirle más… se le agotó el valor de hablarle y las ideas para compartirle. En el trayecto hacia su departamento no conversaron, ni la volteó a ver siquiera, para Lin todo fue nerviosismo y viento despeinándole el cabello. Todavía no se miraba en el espejo por lo que las dudas de cómo se vería eran interminables… pero de todas formas no era importante.
Un rato después él le preguntó por su dirección exacta y ella se la dio. Fue todo. Sesshoumaru no tuvo ninguna duda de cómo llegar ni cuidados al estacionarse, sólo se puso lo más cerca de la entrada del edificio en un sitio prohibido, pero Lin no tuvo el valor para decirle que no debería estar ahí. Apenas estaba juntando ánimos para darle las gracias al tiempo en que él bajaba sus cosas de la cajuela cuando le abrió la portezuela, se las puso en el regazo y sin pedirle permiso la levantó en brazos. Ahí se dio cuenta de que lo más incómodo del camino todavía no pasaba.
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Esa mañana se despertó a la hora de siempre e hizo su rutina, baño, desayuno tardío, arreglarse e ir a la escuela. Apenas llevaba una de las clases y en verdad no sentía deseo alguno de estar ahí. Claro, ese era su último semestre en la universidad y entonces sería libre de elegir hacer cualquier cosa, le gustaba su ramo… el diseño, era un área excelente para ponerse creativa y permanecer fuera de los reflectores. Pero las clases a veces la agobiaban.
- ¿Esta vez si fuiste a la carrera, Kagome? –preguntó Ayumi, una de sus amigas de la escuela sacándola del mundo perdido en el que andaba.
- Eh… no… me quedé dormida y llegué a la reunión de después.
- ¡Pero si corrieron aquí mismo! –se quejó Yuka.
- Sí, creo que fue por eso… es que salí el sábado y… -no sabía cómo terminar la frase sin meterse en un problema y que comenzaran a sermonearla otra vez con eso de que iba a muchas fiestas.
- Sí, y cuando es fuera te quedaste dormida por salir a conocer la ciudad.
- Pues… así pasa. –les sonrió un poco e intentó buscar algo para cambiar el rumbo de la plática- Pero… si están libres el próximo domingo, podemos ir todas. El autódromo queda a una hora de aquí.
- ¿De verdad?
- ¡Gracias!
- Por supuesto que sí.
Yuka, Eri y Ayumi la vieron entusiasmadas y ella correspondió de la misma forma, pues tener a sus amigas ahí al lado era mucho mejor que mirar las pantallas mientras su hermana caminaba por todos lados revisando hasta el más mínimo detalle, aunque no lo supieran… no sólo el desvelarse y los centros nocturnos eran lo que la mantenía alejada de casi todas las carreras.
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- ¿Qué número es? –preguntó Sesshoumaru indiferente cuando cruzaron el umbral del edificio.
- Es en… el segundo piso la primera puerta de la derecha. Pero puedo subir… no es necesario que…
- Ni arrastrándote podrías llegar. –le cortó de tajo y ella no sólo se sintió intimidada como siempre, sino llena de frustración y algo irritada.
Cuando estuvieron frente a la puerta de su apartamento de alguna forma Sesshoumaru se las ingenió para ponerla en pie y sostenerle las cosas, nada fácil y sin embargo cada movimiento le resultó natural. Lin buscó sus llaves y abrió muy insegura de qué sería lo siguiente. Empujó un poco la puerta y él pudo notar el interior de su departamento.
La decoración femenina de colores tranquilizantes y sensuales, lila, naranja, amarillo… claros, distribuidos en equilibrio con algunas plantas y flores todo acompañado de un aroma suave y hogareño que se hizo notar al instante. Lin se sintió incómoda ahora también por tenerlo que dejar conocer su casa, el único rincón del mundo donde a veces todavía podía soñar y sentirse creativa y libre. Se concentró con todas sus fuerzas porque ese lugar no se plasmara de la esencia fría y distante de Sesshoumaru.
Él le indicó que pasara con un movimiento de la mano y ella, hastiada, lo hizo, se movió con cuidado y dolor hasta sentarse en uno de los sillones más cercanos. El hombre la siguió y cerró la puerta tras de sí, puso sus cosas en una silla del comedor y después se acercó a ella para verla de frente.
- No piensas estar tu sola aquí ¿verdad? –la cuestionó con dureza.
- No, Sango vendrá por la noche. –le explicó sin saber por qué, ése no era un asunto de su incumbencia.
- Tenemos que hablar.
- Lo dudo… mira, no se por qué estás aquí. Te lo agradezco pero…
- No me interesa. –la interrumpió y se cruzó de brazos, aplastándola con la fuerza de su mirada ámbar- No pongas pretextos que porque no me importa. Sólo necesito saber qué quieres para reparar mi error.
- ¡Pero si fui yo la que se arrojó frente a tu auto! –le recriminó Lin, al borde de su paciencia y entendimiento.
- Dijiste que no lo recordabas.
- No lo recuerdo pero eso dijiste tú. Y si no fue así no importa, ya hiciste mucho. Te absuelvo de toda responsabilidad. –la joven también se cruzó de brazos y vio hacia el suelo, donde no pudiera desconcentrarse viendo sus ojos claros.
- Cuando sepas lo que quieres a cambio, házmelo saber.
Tras pronunciar esas palabras él simplemente se marchó. Cerró la puerta con suavidad y la dejó sola… por fin. Lin suspiró entre aliviada y cansada ¡cuánto estrés emocional! Todo por ese hombre. Sin mucho trabajo llegó a la conclusión de que hubiese preferido mil veces arrastrarse escaleras arriba que soportar su compañía todo ese tiempo. Vaya hombre extraño, frío… y de alguna manera ahora sabía que también con algún sentimiento escondido por ahí, aunque fuera sólo culpa o lástima.
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Esa noche la ciudad estaba tranquila, un lunes rutinario para casi todos. Kikyo vestía elegante, tirantes y escote algo pronunciado para su vestido largo de color rojo pálido, el cabello suelto cayendo con gracia sobre su espalda. Salía del teatro tomada del brazo de Inuyasha, él se veía estupendo esa noche. Para la ocasión se vistió con un traje negro y camisa azul casi blanco hecha de seda.
La obra fue buena y ambos la disfrutaron, no era la primera vez que salían pero sí la primera que ella se comportaba tan… cariñosa… seductora. Él, despistado como siempre, antes no se dio cuenta de las intenciones que ella tuvo por meses, o quizás ni la misma Kikyo lo supo, él le gustaba demasiado.
- ¿Quieres ir a cenar? –la invitó el chico de los ojos dorados mientras se dirigían al auto.
- Claro. Es tu turno de elegir, llévame a un lugar que te guste.
- No quieres decir eso en verdad. Porque me gusta la comida rápida.
Kikyo se rió un poco y se encogió de hombros viéndolo a los ojos con expresión divertida y él no pudo más que corresponder esa sonrisa.
- Pruébame.
- Tú te lo buscaste. –la amenazó sonriendo y muy dispuesto a seguirle el juego.
Un rato después llegaron a un restaurant pequeño, un sitio que a simple vista no llamaba la atención de nadie. Hacían todo tipo de comida simple. Los dos cenaron una hamburguesa vestidos así, inapropiados para ese rincón casi rústico y después Inuyasha la llevó a la azotea. Al parecer él era cliente frecuente puesto que los empleados lo conocían y no se extrañaron ni tantito con su rara petición, ella entendió que probablemente era una costumbre para él subir a ver las estrellas.
Al aire libre la noche era hermosa, casi sin nubes dejando ver el cielo estrellado y la luna en cuarto menguante. El viento soplaba poco pero a baja temperatura, cuando Kikyo se estremeció por el frío Inuyasha se quitó el saco para ponérselo y después la envolvió en un abrazo tierno por la espalda.
- Es precioso. –habló ella luego de agradecerle el gesto con una sonrisa- Me divertí mucho hoy. Gracias.
- Yo también me divertí. Es bueno tomarse una noche libre. –él no lo decía por sí mismo y ambos lo supieron.
- No trabajo tanto…
- Claro que lo haces. Tus papás son los dueños en turno y ni se aparecen por ahí, pero tú te preparas para suplir las funciones de como veinte personas.
- Quizás tengas razón. –rió un poco y se giró para tener su rostro frente al propio y poder rodearlo por la cintura con ambos brazos. – Me gustas mucho…
Sus palabras fueron apenas un susurro audible en la noche callada y su aliento suave chocó con el de él, fundiéndose con la atmósfera de sustancia dulce, todo perfecto, ellos dos conociéndose de una forma nueva, dos solitarios que encontraron en el otro un refugio… e Inuyasha sin dudarlo la estrechó más contra su cuerpo y bajó su rostro para besarla. Rozaron sus labios una y otra vez, probándolos, reconociendo la textura, memorizando el sentimiento cálido de un beso largo.
- Kikyo… -le murmuró separándose un poco todavía con los ojos cerrados.
- ¿Si?
- Me alegra que te tomaras la noche libre.
La mujer sonrió y juntó sus labios otra vez, dos segundos antes de que el timbre de su celular interrumpiera todo con un sonido que la hizo reaccionar, era Kagome. Se separó de él y suspiró mientras rebuscaba el aparato preguntándose qué sería tan importante esta vez para tirar el momento tan mágico que estaba viviendo… si resultaba ser una trivialidad…
- Kagome ¿qué pasa? –le contestó irritada y luego calló escuchando a la persona del otro lado de la línea, que no era su hermana. Mientras seguía escuchando su expresión se endureció hasta quedar como la máscara de indiferencia que solía usar. – Sí, voy para allá. Y gracias. –colgó y guardó el teléfono antes de devolverle el saco a Inuyasha –Tengo que irme.
- ¿Qué pasó? –preguntó con el seño fruncido. Kikyo desvió la mirada y lo rodeó para dirigirse a las escaleras, pero Inuyasha la tomó por el brazo para mirarla, si algo andaba mal no permitiría que se marchara así nada más.
- Kagome tuvo un percance y necesita que vaya. Creo… que aquí se acabó mi noche libre. –al final él pudo ver la furia disfrazada de indiferencia desvanecerse para dar paso a una enorme tristeza.
- Voy contigo. –afirmó muy seguro de no querer dejarla sola.
- No. Voy a tomar un taxi, esto es algo que tengo que hacer sola. Pero… llámame mañana para saber que sigues aquí.
Kikyo le sonrió de nuevo y con su mano libre le acarició el rostro. Inuyasha comprendió que debería dejarla ir… y que la buscaría al día siguiente… así como también estaría esperándola para cuando lograra quitarse todas esas capas de defensa con las que se vestía siempre.
- Puedes apostar que así será. –él prometió y ella asintió contenta, después al liberarla Kikyo se fue en ayuda de su hermana que estaba en el hospital… otra vez.
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Su segundo día en casa sin hacer nada y estaba momentáneamente sola, Sango pasó ahí la noche del lunes y toda la mañana del martes con ella, ayudándola para que no se esforzara, inclusive en ese momento estaba haciéndole un favor… en el súper mercado para reabastecer su refrigerador y alacena.
Lin estaba sentada en su cama con la computadora en el regazo, ya había vaciado la bandeja de entrada de su correo y limpiado su escritorio de archivos inservibles. Luego, pensó en cómo podría darle rumbo a su nueva encomienda del trabajo, pero dado que en los papeles que firmó se obligaba a no mencionar nada del incidente… cualquier detalle sobre la personalidad del corredor estrella que hubiese obtenido sería inútil.
Sin tener muy clara en la mente ninguna idea abrió una hoja de procesador de texto en blanco y comenzó a teclear sólo para distraerse, describió la escena sin darle nombres a sus personajes, sólo una mujer corriendo por la calle, un hombre atropellándola, el hospital, las incómodas visitas de él… así sin que se lo propusiera fue formando un diario, una crónica de sus últimos tres días.
Cuando volvió a la realidad fue al escuchar a Sango, la puerta al abrirse, su amiga saludarla y el forcejeo con bolsas de víveres, una vez más se sintió apenada por todos esos favores que no podría devolver fácilmente.
- ¿Cómo te fue? –le preguntó viéndola entrar por la puerta de su habitación mientras guardaba y cerraba su nuevo documento.
- Bien… bueno, no es como si un guapo e intimidante corredor estuviera dispuesto a resolverme la vida pero… me las arreglé.
Lin le hizo mala cara y Sango sonrió, su amiga le hacía bromas por lo incómodo de la escena del día anterior, claro, ese tipo tan… raro… que apareció para ayudarla... para ofrecerle pagar una deuda…
En ese momento tuvo la idea… por supuesto, si él estaba tan dispuesto a pagarle por las heridas en el cuerpo, ella no iba a desaprovechar la oportunidad, no cuando el mismo Sesshoumaru Tashou era el objeto de su trabajo, de su encomienda. Si tan culpable se sentía por los daños infligidos –fueran su culpa o no- ella le sacaría provecho a la situación.
- ¿Qué te pasa? –preguntó Sango al verla sonreír como hacía años no… cuando maquinaba algo grande.
- Creo… que ya sé cómo Sesshoumaru Tashou va a expiar sus culpas.
Luego se mordió el labio insegura y contenta, triunfante mientras de antemano pensaba estar derrotada… una parte de sí misma veía la perfección del plan, mientras otra sospechaba seriamente que las cosas podrían salirle muy mal.
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- Por fin te veo. –le dijo Kagome a su hermana apenas pasando el amanecer del miércoles, cuando se levantó temprano para enfrentarla y disculparse.
- He estado ocupada. –la respuesta seca de Kikyo era predecible. Sin mirarla caminó por el pasillo desde su habitación hasta la cocina, donde llegó a la cafetera para servirse líquido caliente en una taza.
- Lo sé. Y… lo siento por lo del otro día… yo no quería que…
- Ya lo sé. Siempre es el mismo cuento ¿se te olvida? Tú no querías que eso pasara, fue un accidente, no tenían por qué llamarme del hospital y no volverá a pasar ¿Se me escapó algo?
El reproche de su hermana la lastimó mucho porque era todo verdad. Siempre fue así, ya hasta había perdido la cuenta de esas ocasiones… y por más que lo intentaba… caía en lo mismo. Kagome sintió sus ojos bañarse en lágrimas y éstas correr por sus mejillas mientras veía al suelo.
- Lo siento… yo… voy a borrar tu número de mi celular… para que no te busquen.
- ¿Y entonces a quién? ¿A mamá y papá que nunca están en la ciudad? ¿A tus amigas que ni sospechan lo que pasa? ¿O a esos idiotas con los que andas y desaparecen cuando algo sale mal?–Kikyo dio un sorbo a su taza sin quitarle los ojos de encima a su hermana y al verla llorar se arrepintió de sus palabras.- Vamos a hacer algo. –le ofreció dejando la taza media llena sobre la barra de la cocina. – Ve a clases el resto de la semana y llega a tiempo el domingo a la carrera… y todo está olvidado.
Kagome la miró intentando sonreír y asintió decidida a cumplir la promesa. Kikyo le dio un beso en la mejilla y se encaminó hacia la puerta recogiendo de paso una valija, por lo regular cuando las pistas estaban cerca de la ciudad ella no se quedaba fuera de casa, sobre todo para tenerla vigilada y en especial después de un incidente como ése.
- ¿Te vas a quedar allá? –le preguntó siguiéndola a la salida.
- Sí.
- ¿Pasa algo malo?
- No… es que… estoy… -se detuvo en la puerta para abrir y dejar sus cosas fuera, luego miró de frente a Kagome antes de hablar más- He estado viendo a Inuyasha y pierdo mucho tiempo en ir y venir así que, me quedaré allá. Recuerda, clases y carrera el domingo.
Kagome asintió y la vio marcharse en silencio, sorprendida por sus palabras… Inuyasha y ella… no es como si no lo sospechara desde antes pero… el saberlo así le causó un extraño malestar en la boca del estómago y una sensación muy parecida a las náuseas.
CoNTiNuaRá...
Hello!!! Emmm cómo están? Espero que les haya gustado. Creo que tiene un par de escenas interesantes, pero ya uds dirán!!!
Mil gracias a todas x leer y x dejar sus comentrios que tanto me animan!!! De verdad!!! Son el mejor incentivo siempre.
Y pues.... otra vez deseo q les haya gustado, y ya saben!! Se aceptan dudas, comentarios, sugerencias, etc, etc. Y ps... nos estamos leyendo!! Se cuidan muchísimo!! Byes.
Grax!!
