ReBaSaNDo_aL_DeSTiNo
Hello... aquí el 5to cap!! Comentarios los dejo al final. Grax!!!!
(&&&- Cambio de escena)
CAPÍTULO 5
Leyendo en su Interior
Era el gran día de esa semana, Lin había pasado casi todo su tiempo siguiendo a Sesshoumaru, lo vio practicar en el circuito ése y en otro todos los días, también se dio cuenta de que de alguna forma su predicción climatológica fue mucho más acertada que la del meteorológico y en verdad no había nada de lluvia, para ese momento correr con los neumáticos para piso seco le representaba una ventaja, aunque en el cielo había nubes grises amenazando.
Ahí en donde estaba todo el equipo la atmósfera era tensa, como cada carrera, nada que ver con el ambiente relajado de las prácticas. Sango estaba pegada a una pantalla llena de números y otra con las imágenes de sus dos corredores, ahora Sesshoumaru iba en primer lugar e Inuyasha en cuarto.
Las dos hijas de los dueños también observaban con atención por ahí y los mecánicos se alistaban para la próxima parada en pits, aunque ella no sabía quién de los hermanos iría, sus conocimientos no llegaban a tanto, aunque sí aprendió mucho.
Y por otro lado estaba preocupada, ahora veía cada acelere y cada freno como un peligro potencial para Sesshoumaru, claro, él no cometía errores… pero si así fuera… un accidente a semejante velocidad podría tener muchas consecuencias… y eso la asustaba mucho.
Pero el tiempo pasó sin incidentes y él tomó el trofeo de primer lugar, Inuyasha el de tercero y un piloto novato y desconocido quedó en segundo, al parecer por pura suerte. La conferencia de prensa pasó y ella no fue, porque a esas alturas estar ahí era nada productivo, jamás obtendría tanta información como al estar a solas con él.
Un rato después se descubrió sola, esperando fuera del vestidor del ganador, no estaba muy segura de por qué o para qué, quizás no le hablaría como de costumbre, pero aún así sintió la necesidad de ir y felicitarlo, de verlo muy cerca y comprobar que estaba bien… tonterías suyas… pero aún así deseos demasiado reales para ignorarlos.
- Felicidades… -le murmuró bajo cuando él salió, con el cabello mojado, ropa limpia y una maleta pequeña cargando, ese era el momento en el que él la ignoraría y seguiría su camino para marcharse a casa, ya que la siguiente carrera sería hasta dentro de dos semanas y ahora gozaría de unos días libres.
- ¿Terminaste el reportaje de esta semana? –preguntó para su gran sorpresa, viéndola a los ojos.
- Yo… sí… mientras esperaba. La mayor parte no es de hoy…
- Tienes que enseñármelo. –le ordenó y extendió una mano para cederle el paso ¿es que deseaba que lo acompañara?
Lin se turbó y enrojeció antes de empezar a caminar por el pasillo donde no había nadie, después al llegar al final no supo hacia dónde ir, lo cual ella entendió era tonto porque antes pasaron por ahí varias veces… pero es que todo se le hizo igual siempre. Se detuvo y lo miró con la duda en los ojos, él se limitó a tomarla de la mano para conducirla.
El cálido tacto de sus pieles fue casual, conocido y extraño… no era la primera vez que él hacía eso pero igual le resultó… increíble. Era como si sus manos encajaran juntas, la suya era más pequeña y un poco menos pálida, se veían bien y sobre todo se sentía natural y dulce… muy dulce.
¡Pero qué tonterías estaba pensando! Suspiró, y él no lo notó o la ignoró, y continuó dejándose llevar, todavía conmocionada por su gesto y por el hecho de que fuera a pasar algo de tiempo extra a su lado.
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Dentro de todo el alboroto de la fiesta Inuyasha no pudo encontrar a Kikyo por ningún lado, ni a Kagome para que le diera referencias de su hermana, así que fue a las oficinas donde quizás estaría la hija de los dueños. Al llegar a la puerta llamó y se incomodó al estar esperando, aunque dentro pudo escuchar la voz de ambas hermanas y eso lo tranquilizó.
- Inuyasha... –lo ¿saludó? Algo así, Kagome al abrirle y hacerse a un lado para que entrara. Ahí vio a Kikyo pegada a un teléfono celular, ella hizo un gesto con la mano a manera de saludo y luego otra seña para indicarle que la esperara, luego, salió cerrando la puerta tras de sí. –Muchas felicidades. –dijo Kagome en tono casual.
- Emm… gracias. Pero no fue una buena carrera en realidad. Los neumáticos de lluvia no ayudaron. El idiota de Sesshoumaru tuvo razón como siempre. –respondió en tono amargo.
- Pero es que él tiene más experiencia, eso es todo. A mí me gusta más la manera en que corres tú. –agregó y después desvió la mirada, algo sonrojada.
- Gracias. – él dijo seco y después vio que la joven ya no llevaba el vendaje sobre su brazo, ahí había una cicatriz larga y fina con las marcas de algunas puntadas recientemente retiradas. - ¿Qué demonios te pasó ahí? Es una herida muy rara. –le señaló el brazo y ella recordó de inmediato que él ya estaba muy bien informado de su accidente días atrás.
- Yo… -dudó y consideró la posibilidad de mentir, pero no pudo- No lo sé… la verdad es que no lo recuerdo.
- ¿Cómo puedes no acordarte de algo así? Además, está muy recto el corte para que te hayas caído… -inquirió escéptico.
- Es que… pues no lo recuerdo y ya. –se cruzó de brazos y lo miró a los ojos tratando de parecer enojada.
- Pues… como yo lo veo, o estabas muy pasada de copas, o me estás mintiendo.
La ira fingida de Kagome desapareció al instante y puso sus ojos sobre el suelo mientras sus mejillas enrojecían, Inuyasha supo que había acertado con alguna de sus teorías… pero si ella no dijera la verdad, no reaccionaría así, tan apenada.
- ¡Estabas ebria! –la acusó riéndose.
- ¡Ya déjame en paz Inuyasha! No es de tu incumbencia.
La acusación fue ruda, pero él la meditó antes de responder, pensó en lo que ella dijo y al final se dio cuenta de que por muchas razones la joven se equivocaba. Él estaba interesado porque lo que sea que pasara con esa chiquilla, alteraba a Kikyo y también porque de algún lado le salía genuina preocupación por Kagome.
- Sí me importa. No deberías llegar a esos extremos, no es como si yo nunca lo hubiera hecho pero… no es nada saludable. Te puede pasar mucho más que una simple cortada. ¿No anduviste manejando así, verdad?
- No –respondió en un suspiro, dando explicaciones que no sentía necesarias, pero el interés del chico por su bienestar la desarmó totalmente- Mis amigos me llevaron al hospital en mi auto y se fueron en un taxi… o eso dijeron los doctores.
- ¡Vaya amigos los tuyos! –la acusó riéndose otra vez, Kagome se sintió frustrada por esos cambios tan bruscos de humor… ahora quería golpearlo.
- ¡Suficiente! Puedes esperar a Kikyo tú solo. Vaya cuñado que me buscaron… -refunfuñó abriendo la puerta al pasarlo de largo, pero él la detuvo de una muñeca y al mirarlo notó en el hombre joven una mirada ámbar desconcertada, curiosa y algo asustada, como la de un niño.
- ¿Tú sabes que ella y yo…?
- Nosotras no tenemos muchos secretos. –le contestó ya sin ira, otra vez él le provocó un raro cambio de humor. – Voy a decirle que se apure. –intentó soltar su muñeca, pero él no la dejó.
- Eres una buena chica… procura no meterte en problemas. No me gustaría que algo te pasara.
Mientras habló una fuerza desconocida proveniente de sus ojos la atravesó por completo, doblegándola sin que se diera cuenta, sus mejillas se tiñeron de un suave rubor y asintió sabiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas al saberse presa de tal preocupación. Alguien que no tenía por qué mal gastar su tiempo ni su afecto en ella… se mostraba interesado.
Cuando el chico la dejó ir, Kagome se apresuró a abandonar la pequeña oficina, afuera su hermana todavía hablaba por teléfono, le hizo una seña con la mano para que se apresurara y se marchó de ahí sonriendo mientras por sus mejillas corrían lágrimas agridulces.
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En medio de la celebración Sango hablaba con todo mundo, mecánicos, técnicos, algunos reporteros, cualquiera que se acercara en ese momento a la joven recibía un abrazo de alegría y triunfo, así que Miroku vio en cierto instante la oportunidad perfecta para aprovecharse un poco y replantearle la propuesta.
Se acercó seguro de sí mismo y sin pedirle permiso la envolvió por la cintura, poniendo ambas manos en un lugar seguro, así la chica vestida con el uniforme del equipo, no lo golpearía. Ella correspondió el gesto agradecida por la amabilidad de no manosearla y luego dejó un suave beso en su mejilla.
- Muchas felicidades, señorita. –él se inclinó en un gesto de caballerosidad antigua y le sonrió tan encantador como siempre.
- Gracias, fue un gran trabajo de equipo.
- Y sólo por eso deberías aceptar mi invitación a salir. Vas a tener unos días libres… así que no hay pretextos.
Sango lo miró como evaluándolo, por un lado deseaba aceptar desde hacía mucho, desde la primera vez que él hizo la propuesta, había algo en ese hombre de ojos azules que la traía pero… no era tonta y él era bien conocido por buscar a cualquier cosa femenina… pero ¿qué daño haría? Nada más una vez, una cena para conocerlo más, a solas.
- Con una condición. –aceptó ella rindiéndose más ante sí misma que ante él- Mientras estés conmigo, tienes prohibido pedir números de teléfono, coquetear o desvestir con la mirada a cualquier mujer.
Ella le advirtió esperando que él aceptara… y lo cumpliera, pues tenía bien grabadas en la memoria las ocasiones en las que estuvieron conversando más o menos solos, cuando siempre se veían interrumpidos por alguna mujer linda que pasaba por ahí.
- Eso es fácil, señorita Sango, si ya soy todo tuyo. –le guiñó un ojo y la vio sonrojarse- Entonces, no se diga más. Paso por ti mañana para ir a cenar y a tomar una copa. Y ahora, vamos a seguir festejando.
Sin pedirle permiso la rodeó por la cintura para conducirla por ahí, hasta la mesa donde reposaban las botellas con vino y los bocadillos, para ella eso era tenerla un poco más cerca de lo correcto, pero con la alegría y la adrenalina mezcladas en las venas, no fue capaz de resistirse.
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Ese mismo día Lin ya no tenía motivos para quedarse en la ciudad, su trabajo estaba hecho, el reportaje aprobado previamente por él fue enviado a su jefe y ahora dispondría de algunos días extras. Aunque fue bastante rara la forma en que consiguió que sus dos historias, una para ese mismo domingo y otra para el siguiente en el que no habría carrera, consiguieron el visto bueno de Sesshoumaru.
FLASHBACK
La atmósfera del lugar era formal, claro, en cierta forma ella misma cerraba un negocio como seguramente muchas otras personas en el restaurant del hotel. Era la segunda vez que él la llevaba para tomar algún alimento, así como ese día también por segunda ocasión la tomó de la mano para guiarla. Y así también como un deja vu… estaba confundida. Como si tratara de luchar con alguien de dos personalidades opuestas… ese hombre frío y distante que todos conocían, el que pasaba a su lado sin mirarla, el que no respondía preguntas… y de repente como presionar el interruptor de la luz, le esbozaba una media sonrisa fugaz y se mostraba amable… hasta un cambio en su aura era perceptible.
- ¿Y bien? –la regresó a la realidad mientras esperaban a que les llevaran el primer plato.
Ella asintió nerviosa y sacó su computadora para abrir los archivos pertinentes y mostrárselos, casi orando porque le parecieran bien. Él no se tomó mucho tiempo para leerlos y no preguntó la razón por la que eran dos en vez de uno, quizás era muy obvio.
- No mencionas nada de las prácticas en la otra pista. –le hizo notar mientras le devolvía el aparato, al mismo tiempo la mesera llegó con su comida.
- Es que no sé si eso es… permitido… ni siquiera se lo he dicho a Sango.
- No hago nada ilegal. –le aclaró con los ojos puestos en los de ella, no hubo un cambio real de expresión, pero ella percibió reproche, como si lo hubiera ofendido con su duda.
- Lo siento… no quise hacer nada malo… es que, no quería que te molestaras.
Después de eso casi no hablaron, para Sesshoumaru fue sorprendente que ella reaccionara así a su cambio de estado de ánimo, pues conocía bien sus propias nulas expresiones y de ninguna forma le dejo ver el reproche… ¿cómo es que lo sintió?
FIN DEL FLASHBACK
Con la cabeza revuelta todavía desvió la mirada a un lado, apenada ante los recuerdos de su comida juntos, y eso que enseñarle sus reportajes no fue lo peor, lo más incómodo… desconcertante. Eso vino hasta después, cuando él preguntó si se quedaría en aquella ciudad esa noche y ella respondió que no… entonces, eso la llevó a donde estaba en ese momento, viajando a su lado otra vez, en el mismo convertible negro que ya conocía con el viento alborotándole el cabello a esa inverosímil velocidad de la carretera y el sol todavía alto.
Iban en silencio, como casi siempre, escuchando el motor como música de fondo, algo suave y rítmico. Lin sin darse cuenta sonrió comparando su forma de percibirlo… nunca más le parecería estrepitoso un auto para andar en las calles después de pasar todo ese tiempo en autódromos, ahora, los motores normales hasta llegaban a relajarla y disfrutaba ver pasar las cosas volando a su alrededor, los árboles fundiéndose en una mancha de varios tonos de verde, las personas como puntitos de colores, las señales que casi no podía leer, la sensación de los asientos de piel, el calor del sol sobre su cuerpo y el dulce aroma que la envolvía estando a su lado.
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Inuyasha y Kikyo entraron tomados de la mano al café-bar, solos esta vez, habiendo elegido un sitio diferente al que fue el resto del equipo para continuar la fiesta por la buena carrera, así podrían estar juntos sin disimular nada. Pidieron una mesa cerca del cristal de la terraza y se sentaron uno al lado del otro.
- ¿Qué vamos a hacer en estos días libres? –cuestionó él luego de haber ordenado.
- Yo… voy a salir de la ciudad. –respondió dejándole saber esa noticia que apenas llegó a sus oídos pocas horas antes- Tengo que resolver unos asuntos de negocios. Van a ser seis días.
- Y supongo que no puedo ir contigo. –le dijo algo enfurruñado.
- Supones bien. –sonrió divertida al ver su expresión y después se acercó más a su oído para murmurar las palabras en forma muy suave- Pero prometo compensarte.
Él se quedó estático, intentando como siempre sobreponerse al peso de toda su sensualidad, vaya si ella ejercía poder sobre él… no sabía si eso era bueno o no, pero para nada resultaba desagradable.
- Te estaré esperando entonces. –le dijo sonriendo y ella desvió la mirada tentándolo a preguntar más, pero algo que la joven pareció ver a lo lejos hizo que cambiara su expresión.
- ¡No puede ser! –exclamó Kikyo tensándose.
- ¿Qué?
- Ese idiota otra vez esta embaucándola ¿cuándo regresó?
Inuyasha no entendió el sentido de sus palabras y se obligó a seguir el rumbo de su mirada, ahí entrando al lugar estaba Kagome, tomada de la mano con un hombre que él no conocía, ambos se veían felices, pero de seguro que algo no andaba bien.
- ¿Quién es? –quiso saber lleno de una extraña curiosidad.
- Un lobo cazando su presa. Su nombre es Kouga, él fue el principio de todos los problemas de Kagome. –el tono de Kikyo fue de profunda molestia.
- Pero ella se ve… contenta.
- Sí, espérate dos horas a que la llene de alcohol y se aproveche de ella.
Esta vez las palabras tuvieron un efecto distinto en Inuyasha y sin saber por qué sintió una extraña furia recorrerlo, especialmente cuando los recién llegados tomaron una mesa y Kouga abrazó a su acompañante de forma más que amistosa.
- ¿Qué vamos a hacer? –el chico se incluyó de inmediato en el plural sin notarlo.
- Otra noche libre arruinada. –se lamentó Kikyo entre enojada y desilusionada- Voy a llevarla al hotel ahora mismo. -ella se puso de pie dispuesta a hacer lo que fuera necesario para alejar a su hermana de aquel antiguo novio suyo, pero en ese momento su teléfono sonó y vibró, ella reconoció a la persona que llamaba y lo tomó, buscando con la vista la puerta de la terraza para poder hablar con calma- Espera, son mis padres.
Inuyasha se quedó ahí viendo a su pareja salir con el teléfono en la oreja y luego regresó la vista a los otros, sentados muy cerca, ella sonriendo y él también y sin pensarlo fue directo hacia ellos, él jamás permitiría que nadie tomara ventaja de Kagome.
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Cuando llegaron a la puerta del edificio donde Lin vivía todo estaba coloreado por los tonos de rosa y naranja que anunciaban el fin de ese domingo. Un rato atrás con el tráfico de la ciudad y los semáforos en rojo, el viento dejó de refrescarla y sin la protección de un techo el calor de la luz comenzó a hacerle estragos, nunca fue muy buena soportando ese tipo de cosas. Ahora se sentía mareada y débil, por fortuna ya estaba en casa, sólo sería tomar sus cosas y subir unos cuantos escalones.
Sesshoumaru bajó y sacó de la cajuela la maleta de su acompañante, luego como todo caballero fue para abrirle la puerta y le tendió una mano al bajar. Y así no tuvo que esperar mucho para darse cuenta de que algo estaba mal, Lin lo tomó débil y trató con esfuerzo de halarse para ponerse pie, pero a la mitad falló y hubiese terminado en el suelo de no ser porque él la sostuvo por los hombros. La joven lo miró sorprendida y asustada, más de su propia debilidad que por otra cosa.
- Lo siento… -se disculpó y pensó que se sonrojaría, pero él ya la notó con toda la sangre en rostro, de una forma muy poco natural.
- ¿Qué te pasa?
- Estoy bien… es el sol… ya, no pasa nada.
La reportera hizo un intento por sonreír y sostenerse a sí misma, pero en lo primero falló rotundamente y él no la dejó seguir con lo segundo. Sin pedirle permiso –como todo lo que hacía- la tomó en brazos, exactamente de la misma forma en la que lo hizo cuando la llevó a casa del hospital. Cerró la portezuela y tomó la maleta para encaminarse a la entrada del edificio.
El camino escaleras arriba fue muy extraño, ella al borde de la insolación como estaba, creyó haberse quedado dormida por largo rato en el par de minutos que le tomó llevarla hasta su puerta y llamarla por su nombre. Lin reaccionó y se las arregló para ponerse de pie, aunque él siguió sosteniéndola, sacó las llaves de su bolso y al abrir la puerta Sesshoumaru la cargó una vez más hasta dejarla sentada en el sillón de la vez anterior.
Metió la maleta y cerró tras de sí, después, sin consultarla fue a la cocina y regresó otros interminables momentos después con un vaso de agua con hielo y un trapo de cocina, el cual Lin no supo estaba empapado con agua fría hasta que lo sintió sobre su frente y dio un respingo.
- Bébelo. –le ordenó poniéndole el vaso entre las manos y ella obedeció, no deseaba el contacto con el líquido a baja temperatura, pero su cerebro estaba funcionando casi en automático. Cuando lo vació él se lo quitó y siguió pasando el trapo por todo su rostro. –Alguien tiene que venir a cuidarte.
- No, estoy bien. –lo contradijo con los ojos cerrados y su sistema nervioso luchando por no caer inconsciente.
- No te voy a dejar sola en estas condiciones.
- Tienes que. –le dijo apenas articulando las palabras, sabiendo que la batalla contra el abrazador sueño estaba perdida- No tengo familia y Sango no va a estar en la ciudad hasta mañana…
Al final Lin ya ni supo qué estuvo diciendo, ni le dio importancia, tampoco la perturbó lo que Sesshoumaru contestó, porque no pudo entenderlo… su conciencia ya iba a la deriva.
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Inuyasha y Kikyo iban en el elevador del hotel, ya cerca de la media noche, él sólo la dejaría en la puerta de su habitación y después se marcharía, pues ella y su hermana tenían que charlar. Se abrieron las puertas del ascensor y después de salir dieron vuelta en la primer esquina, ahí al fondo justo fuera de la puerta que buscaban estaban Kagome y Kouga, sentados en el piso, ella envuelta en sus brazos recargada contra su pecho y en ese momento Inuyasha sintió la misma descarga de esa tarde, ira simplemente, esa que lo llevó a meterse en asuntos que no eran precisamente de su incumbencia.
FLASHBACK
Kikyo estaba afuera charlando con sus padres por teléfono y él sin pensarlo se levantó y fue hasta la mesa de su cuñada, al verlo ahí Kagome abrió los ojos como platos y al instante se separó de su acompañante.
- ¿Kikyo está aquí? –le preguntó alarmada al de los ojos ámbar mientras su mirada recorría todo el lugar.
- Sí, está afuera hablando con tus padres.
- ¿Ya nos vio? –la voz femenina estaba notoriamente alterada.
- Sí, y va a venir para llevarte con ella. –le habló a la chica, pero su mirada inquisidora y furibunda fue para Kouga.
- Tenemos que irnos. –le indicó ella a su acompañante y se levantó de la silla alta, el hombre de los ojos azules la imitó, aunque estaba algo irritado por los modales de Inuyasha.
- Tú no vas a ningún lado con él. –le advirtió el piloto.
- ¿Qué demonios dices? Lo que yo haga no es de la incumbencia de nadie, ni de Kikyo, ni mucho menos tuya.
- No te vas.
La orden de Inuyasha fue acompañada con una mirada penetrante y al mismo tiempo la tomó de la muñeca, pero él no contó con la reacción de Kouga. Sin dudarlo el hombre se interpuso e hizo que la soltara, así quedaron los dos muy cerca, viéndose de frente con Kagome protegida a la espalda de su acompañante.
- Ella hará lo que ella quiera. –advirtió Kouga con seriedad y confianza.
- Y casualmente, eso te favorece. –se burló Inuyasha con la adrenalina corriéndole por las venas como si estuviera a media carrera, muy dispuesto a armar una pelea si era necesario.
Pero antes de que alguno de los dos hombres pudiera armar bronca Kagome se interpuso, con la espalda recargada en su amigo y la mirada puesta en los ojos de Inuyasha. Así se quedaron viéndose, retándose para ver quién era capaz de más, hasta que Kikyo apareció al lado de su pareja y lo tomó de la mano, sintiendo en el ambiente toda la tensión.
- Kagome, nos vamos al hotel. –le anunció a su hermana.
- No. –fue la simple respuesta que obtuvo.
- ¡Por supuesto que sí! Lo único que te falta es otra vez este tipo a tu lado. –luego miró más bien a Kouga- ¿Cuándo regresaste? ¿Te parece divertido venir a estropearla otra vez?
- Tengo una bonita manera de estropearla ¿no crees? No dejando que se quede sola todo el tiempo. –el sarcasmo plagó sus palabras como veneno.
- No sabes lo que estás diciendo. –reclamó Kikyo con la voz fría y controlada.
- Y tú de seguro eres muy consciente de lo infeliz que es cada vez que la dejas en compañía de la casa vacía de tus padres.
- ¡Ya! –interrumpió Kagome con lágrimas en los ojos, deseando a toda costa que esa pelea se detuviera, odiaba ese tipo de situaciones que se dieron tanto en el pasado… cuando dos personas que tanto quería discutían sobre su propia vida como si ella no estuviera presente, eso la hacía sentir peor que todo lo demás, como una carga, un objeto que debían turnarse para cuidar. – Me voy al hotel ¿contenta? Diviértete y cuando llegues te voy a estar esperando sola, viendo una película. Te lo prometo.
Ella no supo cómo se las ingenió para contener la humedad en sus ojos y oró para que las palabras fueran escuchadas, así Kikyo podría no considerarla un problema y Kouga, como siempre, estaría ahí entendiéndola, disculpándola por ponerlo en segundo plano.
- Directo a la habitación, sin paradas. –la última advertencia de Kikyo fue tan fría como todo lo demás, después se dio media vuelta llevándose a Inuyasha consigo sin notar la confusión en sus ojos ámbar ni la insistencia y tristeza con la que se le quedó mirando a Kagome.
FIN DEL FLASHBACK
Cuando Inuyasha volvió a la realidad ya estaban a un metro escaso de la otra pareja, él en una posición poco natural para acunarla y ella profundamente dormida abrazándolo, aferrándose a él en sueños como a un salvavidas en medio del océano. Viéndolos así no pudo evitar preguntarse si de verdad todas las cosas malas que dijo Kikyo sobre ese chico y su relación con Kagome, serían de esa forma.
- Le dije que sin paradas extras. –afirmó la hermana mayor en voz baja, sólo dirigiéndose a Kouga.
- Pues, la verdad es que está en tu habitación… o casi. Y no hicimos ninguna parada. Discúlpala por no querer quedarse a esperar sola mientras tú te divertías. Así que cálmate, ni siquiera quiso entrar para evitarte el disgusto de encontrarme ahí viendo la película con ella.
Kikyo por un segundo se mostró diferente, insegura, dubitativa… dio unos pasos hasta abrir la puerta de la habitación y se tomó un segundo para recobrar la compostura antes de voltear a verlos otra vez, ahora se dirigió a Inuyasha.
- ¿Puedes cargara dentro, por favor?
- Yo puedo hacerlo. –interrumpió Kouga antes de que alguien se moviera y se puso en acción.
Se levantó llevándola consigo, mucha agilidad y fuerza eran necesarios para eso, ya que ni siquiera la despertó y así caminó hasta dejar a Kagome tendida con suavidad sobre la cama, después besó su frente y se marchó sin una sola palabra más, en su experiencia tratar de razonar con Kikyo era una tarea bastante inútil.
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Abrió los ojos de repente, sintiéndose muy despierta y nada confundida, estaba en su departamento y llegó ahí en brazos de Sesshoumaru, sólo que ya no reposaba en el sillón sino en su propia cama y los colores del atardecer desaparecieron para dar paso a la oscuridad de la noche. Escuchó en el fondo un rudito constante y lo reconoció, el ventilador que giraba cerca, refrescándola y agitando un poco su cabello despeinado. Se sentó con rapidez sintiéndose apenada por el incidente y pensando en cuándo tendría oportunidad de verlo otra vez para disculparse, además… ¿querría que siguiera trabajando con él? ¿O la echaría de su vida por ser una molestia constante?
Pero antes de que pudiera encontrar respuesta para cualquiera de sus preguntas notó la luz de la lámpara encendida en su escritorio del otro lado de la habitación y al voltear lo notó ahí, sentado con un empastado entre las manos, pero ya no lo leía, sino que la estaba mirando a ella con los ojos ámbar sin expresión.
- ¿Ya estás mejor? –le preguntó sin inflexión en la voz, dejando en el escritorio su material de lectura.
- Sí… ya estoy bien. –murmuró mientras se levantaba y sin saber qué hacer.
- Debiste decirme que te cae mal el sol y hubiera cerrado el techo del auto.
Él lo dejó salir como un reproche, otra vez que ella percibió de manera natural aunque Sesshoumaru no lo hubiera mostrado así, y Lin se sintió mal, culpable por estarle causando tantas molestias y también por haber pensado tan mal de él en un principio… ese hombre no era un cubo de hielo, al contrario, en su interior existía una gran amabilidad oculta.
Comenzó a caminar hacia la salida y ella lo siguió en silencio, unos pasos atrás y notó dos cosas, primero lo que él estuvo leyendo… un documento impreso que ella misma escribió… menos mal que no solía poner su nombre en esos trabajos que sólo sus ojos miraban, así él no pudo darse cuenta de que tenía sueños de escritora frustrados. Y la segunda cosa que miró fue el reloj en el pasillo, hacía buen rato que pasó la media noche.
Sesshoumaru abrió la puerta y ella la sostuvo así, buscando desesperada por algunas palabras apropiadas, pero no las encontró y sólo se le ocurrió lo mismo de antes, disculparse.
- Lo siento de verdad. –le dijo viéndolo a los ojos en un intento urgente porque notara todo el verdadero arrepentimiento de su interior- Debes pensar que el día del accidente ha sido el peor de tu vida, mira todas las molestias que te ocasiono. Creo que terminaste de pagar tu error hace mucho.
- No. –la contradijo- Todavía no.
Después alzó una mano y le acarició el rostro con un tacto apenas perceptible, rozó con las puntas de sus dedos las marcas en el costado de su cara, ahí donde quedaban algunas costras y marcas rosadas de piel nueva, todo debería quedar intacto dentro de algunos meses según le informaron a Lin los doctores, pero ahora se veían mucho todavía.
Ella no supo cómo reaccionar y su cuerpo instantáneamente se paralizó mientras el corazón parecía querer salir corriendo. Todo el espacio en que él tocó su piel se quedó cosquilleando, el costado de su rostro, un poco más abajo por su pómulo, luego la mejilla… y ahí se detuvo un buen rato en lo que a ella le pareció una caricia más dulce y con otras intenciones.
Cuando por fin el tiempo pareció volver a andar después de detenerse y congelarlos así cálidos en su tacto, Sesshoumaru dejó caer la mano y se marchó sin decir más, no hubo despedida ni promesa de volver a verse. Pero Lin supo que así sería, esa fue sólo una de las muchas cosas que pudo leer en sus ojos dorados que la envolvieron con fuerza abrazadora todo el tiempo.
CoNTiNuaRá...
Hello!!!! Emmm... espero q les haya gustado!!! Mil grax x todo su apoyo!!!! Grax x leer y por sus comentarios. D vd q todos valen muchísimo para mí!!! Y ps espero q siga yendo bien la historia. Ya saben, cualquier duda, comentario, aclaración, etc, etc. D nuevo grax!! Y ps nos estamos leyendo!!!!
