ReBaSaNDo_aL_DeSTiNo
(&&&- Cambio de escena)
CAPÍTULO 6
Descontento
El estruendo de una explosión la hizo voltear de nuevo a la televisión, al parecer en la película estaban volando autos… o algo así, de todas formas no entendía la trama, por más que deseara prestarle atención. Eso se debía básicamente a dos cosas, primero, que las películas de acción no eran lo suyo y segundo, que desde hacía una semana que no tenía cabeza para nada, siempre distraída, pensando en mil cosas y nada a la vez… en qué estaría haciendo él, en si volvería a verlo antes del domingo, se suponía que sí ¿no? Otra vez la llevaría a sus vueltas de reconocimiento, a sus prácticas… pero no tenía ninguna seguridad.
Lin suspiró resignada a que le faltaban todavía unos buenos días de incertidumbre y miró el reloj, Sango estaba por llegar seguramente, esa noche acordaron reunirse en su casa para ver películas –ojalá que su amiga llevara algunas buenas- y conversar mientras comían helado. Tenía la impresión de que su amiga deseaba contarle muchas cosas sobre su cita del con el hombre de los seguros, algo sí tenía muy claro… él le dejó una impresión fuerte, sólo no estaba segura de si buena o mala.
Cuando el timbre sonó ella fue hasta el intercomunicador para abrir la puerta, las chicas se saludaron y fueron a la habitación para instalarse entre pláticas superflucas, detalles de su semana, la cual para Lin fue interminable y vacía y para Sango un maratón de trabajo pues estaban instalando modificaciones en los motores. Luego de varios minutos, ya que estaban en pijama y decidieron qué película mirar, Lin le preguntó por la cita con Miroku y Sango le contó los detalles.
- Llegó puntual a mi casa y cuando abrí la puerta parecía haberse quedado petrificado en el mismo lugar. –Sango sonrió un poco y suspiró antes de continuar- Bueno… él ve así a todas las mujeres, pero creo que le gustó verme con un vestido en lugar del uniforme de trabajo… ya sabes…
- ¿Nunca te había visto fuera de las pistas?
- Sí… pero sólo en las reuniones después de alguna carrera… y ahí suelo llevar pantalón negro y la misma camisa que visten todos los chicos… ya ves, estar entre tantos hombres… -se encogió de hombros- acabas por acostumbrarte a las ropas poco llamativas.
- ¿Y cuando salió de su asombro?
- Toda la noche fue maravillosa fuimos a cenar y después a tomar una copa, él es muy interesante y caballeroso… de esos hombres que… no sé… cuando estoy con él es como si fuera su mundo entero. Hasta bailamos un poco y todo. La verdad… creo que nunca antes me la pasé tan bien.
- ¿Entonces? ¿Nos estamos enamorando? –preguntó Lin con una sonrisa que insinuaba muchas cosas, contenta por ver a su amiga sonreír mientras le hablaba de ese hombre.
- Es un verdadero idiota. Todo iba bien hasta que me dejo en mi casa otra vez.
FLASH BACK
La noche iba ya muy avanzada, tanto, que dentro de pocas horas el amanecer se pintaría en el cielo, con las calles vacías el silencio reinaba casi por todos lados y el clima algo frío se antojaba refrescante, una noche perfecta sin dudas… hasta ese momento.
Sango y Miroku ya se estaban despidiendo en la puerta, él la abrazó rodeándola por la cintura y ella correspondió el gesto casi hipnotizada, ya habiendo olvidado todas sus dudas sobre ese hombre, convencida de que podría tener algo muy especial con él. Miroku buscó sus labios y ella se lo permitió, así con un gesto dulce se besaron, fundidos en la caricia expresiva… se gustaban, se sentían bien estando juntos, podían entenderse.
Sango se sintió como si sus pies no tocaran el suelo, sobre sus labios el beso era dulce y no deseaba que terminara jamás, por un momento se imaginó muchas cosas, otras noches como esa, días enteros a su lado, horas conversando, años por venir sin que nada se interpusiera… el haber encontrado a alguien que la quería por su forma de ser y la encontraba bonita, más allá de verla como un objeto o una amenaza… la típica mujer que se rodea de hombres y pasa a ser uno de ellos… él la sentía como mujer de verdad.
Sin embargo toda la perfección de su vida en ese momento se vio cortada de tajo cuando una mano se deslizó de su cintura varios centímetros para abajo hasta acariciarla de forma más que apasionada… libidinosa. Como un choque eléctrico lo empujó y se alejó varios pasos asustada, enojada… decepcionada.
- ¡Eres un pervertido! –le acusó dudando en la puerta ¿entrar o golpearlo?
- Sanguito… discúlpame, no te enojes… yo sólo…
- ¿Tú sólo qué? –le recriminó- ¿Nada más querías acostarte conmigo? ¿Buscabas manosearme nada más?
- No, es que… la noche fue tan perfecta que…
- Por supuesto, tenías que echarlo todo a perder… no sé ni por qué acepté salir contigo.
- Me gustas, te gusto, nos gustamos… -por un momento Miroku le sonrió, otra vez esa expresión en su mirada que podría derrumbarla… los ojos azules resplandeciendo como gotas de agua profunda.
- No Miroku… -ella tomó de algún lugar fuerzas para hacerle caso a la razón- No me gustas cuando te portas así. Lo siento, pero evita futuros acercamientos.
Sin poder decir otra cosa y sin desear arriesgarse a estar más tiempo con él y acabar perdiendo la batalla consigo misma, entró en su casa para cerrar la puerta con llave y obligarse a dejarlo marchar. Después de todo si hubiera sido mucho mejor nunca salir con él, de esa forma sus sospechas de lo maravilloso que era jamás hubieran sido confirmadas y quedarse con la duda sería mucho menos doloroso que obligarlo a marcharse ahora.
FIN DEL FLASHBACK
- Me llama regularmente desde entonces, pero nunca contesto. –afirmó Sango con la mirada triste.
- Lo siento mucho.
Lin se aproximó y abrazó a su amiga, ella conocía la profundidad de su heridas, pues Sango nunca fue de salir con mucho chicos y el haberse dado una oportunidad… y que saliera así de mal luego de parecer maravilloso… ojalá que pudiera algún día perdonar al hombre y quizás encontrar después al indicado, pues al parecer Miroku no lo era.
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Era lunes al medio día, esa misa tarde Kikyo estaría de vuelta y él iría a recogerla al aeropuerto, pero primero tenía un asunto pendiente por resolver. Ya que faltaban pocas horas para que su hermana llegara, él esperaba que Kagome estuviera en su casa, comportándose como una buena chica, así llamó a la puerta y esperó a que le abriera y estuviera sola ahí.
Cuando la chica apareció y lo miró con molestia él trató de hacer las pases y luego de dialogar un par de minutos por fin lo dejó entrar y fueron para sentarse en la sala con un par de tazas de café.
- Vine a… disculparme por lo de la otra noche. –empezó Inuyasha para acabar con ese penoso asunto lo antes posible.
- Viniste a disculparte por venir a mi casa y golpear a mi novio, sí, me parece muy buena idea. –respondió ella con el seño fruncido.
- ¿Tu novio?
- Sí Inuyasha, él y yo estamos juntos.
FLASHBACK
Inuyasha se estacionó afuera de la cochera de puerta automática y después tocó el timbre aliviado porque su vuelta no fuera en vano, ella estaba en casa y estaba despierta a juzgar por las luces encendidas en la planta baja. Era poco más de media semana y de repente él sintió un extraño impulso por ir y ver si la niña estaba bien, cómo se las arreglaba ella sola, si no le faltaba nada o simplemente necesitaba compañía.
Cuando Kagome le abrió él se sorprendió porque más allá de encontrarla en pijama, vestía más arreglada que de costumbre, con maquillaje combinado con su ropa y el cabello sujeto con un prendedor en una coleta, al parecer ella también se sorprendió al verlo.
- Kagome… yo… vine a ver cómo estás. –fue lo único que se le ocurrió decir en ese momento, ahora se sentía tonto.
- Todo está bien Inuyasha, puedo cuidarme sola. Kikyo sale con frecuencia de la ciudad. –le aclaró sin utilizar ninguna entonación en especial, después de todo él sólo trataba de ser amable, pero aún así todavía estaba resentida por el incidente en el café-bar del fin de semana anterior.
- ¿Y no me invitas a entrar? –la cuestionó casi arrogante- Ya vine hasta acá, es lo menos que puedes hacer.
- No es un buen momento para eso. –dijo dubitativa, esquivándole la mirada.
- ¡Estás con él! –la acusó alzando la voz y por primera vez se dio cuenta de que en el fondo había música y en el ambiente flotaba el aroma a pasta y pizza.
- ¡Con quien esté es mi problema! Gracias por la visita, pero esto es todo, no quiero escenitas como la del otro día.
- ¡Kikyo te prohibió verlo!
- ¡Ella no puede prohibirme nada!
Se miraron con furia, sus ojos se trenzaron en un duelo silencioso, aunque el tono alto de sus voces antes alertó a Kouga en el interior, quien para ese momento llegó y se puso delante de Kagome, cubriéndola a medias con su cuerpo.
Inuyasha se sobresalto, primero por la simple interrupción del chico y después por el descaro tan grande ¡como se atrevía a mostrarse así! Llevaba la camisa desabotonada hasta la mitad y unas marcas muy poco naturales de labial rosa en la boca, obviamente, del mismo color del que ella usaba. Y así consumido por la furia lanzó el primer golpe sin dudarlo, y acertó.
Rozó la mandíbula de Kouga y lo hizo retroceder un poco mientras éste empujaba a Kagome hacia un lado para quitarla del lugar peligroso, pues no se quedaría con los brazos cruzados. Así los dos hombres se trenzaron en una pequeña lucha, tiraron puñetazos acertando algunos y fallando otros, hasta que los ruegos desesperados de la chica los hicieron entrar en razón y se detuvieron.
Ante una inspección rápida estaban bien, nada de sangre y quizás unos moretones pasadas las horas, pero nada del otro mundo. Sin dudarlo Kagome se abrazó de Kouga y le murmuró cosas al oído que Inuyasha no alcanzó a oír, pero que fueron suficientes para tranquilizarlo y hacerlo entrar en la casa, ella se quedó en el umbral con la puerta entre las manos a medio cerrar.
- Lamento que esto haya pasado, pero de verdad… no empieces a tratarme como lo hace Kikyo, ya no soy una niña.
Después cerró sin más, dejándolo ahí con la rabia y la adrenalina en las venas, sin muchas opciones además de marcharse y pensar en lo acontecido… y en el por qué de todas sus acciones.
FIN DEL FLASHBACK
- Kikyo dijo que él no es bueno para ti.
- Por supuesto, te contó cómo antes de conocerlo yo me quedaba en casa y cómo fue por él que empecé a salir casi todas las noches. –ella hizo una pausa e Inuyasha asintió, ahora ambos se veían con seriedad- Pero supongo que no te contó qué hacía yo en casa cuando me quedaba aquí sola todos los días, ni te dijo tampoco lo mucho que prefiero estar con él, ni todo lo que Kouga ha hecho por mi… ni siquiera debe haberse tomado la molestia de decirte cómo fue que lo conocí.
FLASHBACK
Era un día más en la universidad, otro insufrible viernes en el que sus amigas irían a casa y ella a estarse todo el fin de semana encerrada en las paredes vacías, porque de sus padres no sabía nada y su hermana andaba en otra ciudad arreglando asuntos de negocios… qué cosa tan triste.
Su hora de salida ya había pasado varias horas atrás y a Kagome se le agotaban los pretextos para quedarse en el campus, ya había conversado con toda la gente conocida que se topó, también visitó la biblioteca y miró un partido en las canches… quizás podría ir a cenar sola o pasar por un café de camino a casa… lo que fuera. Así mientras meditaba en sus próximas horas notó que algo caía a sus pies, ella estaba sentada en el primer tramo de escaleras del edificio "B", con la mochila abrazada y mirando al suelo, por eso no tuvo que girarse para notar que una pelotita de goma acababa de aterrizar en sus pies. De forma instintiva alzó la mirada y ahí se topó con la azul de él, un chico que vio antes por el campus pero en quien no reparó, uno más de entre tantos, aunque ahora le sonreía directamente a ella. Kagome sin pensarlo tomó la pelota y se la extendió.
- Gracias. –le sonrió el hombre y se sentó a su lado sin la invitación, luego le ofreció una mano para saludarse. – Soy Kouga.
- Kagome. –cerró el saludo con timidez y se quedó observándolo, en espera de que iniciara la conversación.
- Gracias por la pelota.
- De nada…
- Te he visto por aquí. Siempre te quedas hasta tarde… pero nunca con nadie en especial, así que me preguntaba si tienes planes para esta noche o quieres salir conmigo. –él fue directo al punto, sin dejar de levantar las comisuras de sus labios ni de utilizar la fuerza de sus ojos azules.
- Bueno… yo… es algo apresurado… -Kagome balbuceó en busca de un pretexto para zafarse pero… en algún laberinto de su mente se dio cuenta de que no tenía razones para hacerlo, no había ningún novio que se enojara, padres para ponerle hora de llegada, ni Kikyo para hacerle compañía esa noche.- Claro, me encantaría. –le sonrió algo tímida.
- Perfecto ¿conoces el bar The Orange Cat?
- Sí.
- Perfecto, te veo ahí a las diez. Te voy a estar esperando, Kagome.
Después él sólo se levantó y se marchó en alguna dirección para reunirse con su grupo de amigos. Y ella se quedó ahí analizando lo que acababa de pasar y formando sus expectativas para esa noche, que sería sólo la primera de muchas en las que Kouga se convirtió en su compañía, confidente, amigo, novio, protector… y muchas cosas más.
FIN DEL FLASHBACK
- Él es un buen chico. –continuó luego de narrarle a Inuyasha la experiencia del pasado- Se graduó con honores, está aquí porque lo ascendieron en su trabajo. Si después de conocerlo me han sucedido acosas… malas… es porque yo me lo busqué.
- ¿Le has explicado eso a tu hermana? –preguntó Inuyasha, todavía incrédulo por la versión de ángel guardián que ella tenía de Kouga, tan opuesta a la de Kikyo.
- Mil veces, pero ella ve las cosas diferentes. Y la verdad… tú eres importante para ella, y sé que tienes buenas intenciones pero…
- No eres una niña. –completó él con una media sonrisa en el rostro.
- Exacto.
- Está bien. –él suspiró resignado- Voy a dejar de molestarte… y puedo intentar que Kikyo se calme, pero no prometo nada.
Al final de su frase sonó algo remilgoso, pero de todas formas la joven lo observó llena de alegría colándosele en cada poro de la piel, por fin, otro ser humano que podía comprenderla.
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Era miércoles por la tarde y Sesshoumaru terminaba de dar sus vueltas de reconocimiento, las primeras en aquel circuito que le era desconocido, pues era de reciente incorporación a la categoría y en lugar de autódromo se trataba de una serie de calles cerradas para ellos, todo un evento en aquella ciudad diminuta que quedaba a cinco horas de distancia de donde él vivía.
Cuando pudo bajar del auto lo hizo con rapidez y movimientos que destilaban ira, en su interior el fuego también estaba comiéndolo porque sabía que lo hizo mal. Aún no veía los números pero pudo sentir todos y cada uno de sus errores, se sentía desconcentrado y sin ganas de estar ahí y eso lo odiaba más que nada.
Con grandes zancadas fue hasta donde esperaban los demás miembros del equipo, incluido Inuyasha quien por esta vez y a petición del mismo Sesshoumaru corrió antes. Ahí le informaron que de verdad fueron unas pésimas vueltas, tanto, que su tiempo quedó muy por abajo del de su hermano menor, quien no desaprovechó la oportunidad para reírse abiertamente.
Sin decir nada se marchó de ahí, no volteó a ver a su jefa de mecánicos que algo le preguntaba, ni a su medio hermano, ni tampoco a la reportera que por alguna razón no estaba presente. Así llegó hasta el sitio –improvisado para su gusto- donde tenía el camerino para bañarse y cambiarse, se metió y al tomar la ducha repitió en su mente cada curva, el borrón difuso que eran las gradas y los aficionados vitoreando siempre, se percató de que en verdad todo fue producto de su propia distracción y se lamentó por tener la cabeza puesta en otro lado.
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Lin llegó corriendo, después de un accidente de tránsito bloqueándole el camino para la central de autobuses, no pudo llegar a tiempo y eso la retrasó varias horas, hasta que salió otro camión hacia su destino. De esa forma no sólo no tuvo oportunidad de ir a dejar sus pertenencias al hotel, sino que de seguro se perdió lo que iba a ver, a Sesshoumaru dando las vueltas de reconocimiento.
Además de eso, tuvo problemas para encontrar el sitio donde estaba el equipo e ir cargando su maleta entorpecía cada movimiento ¿podría su día ir todavía más mal? Quizás sí. Cuando pudo localizar a Sango ella le informó de los infructuosos resultados de su piloto estrella y la previno del pésimo humor de aquel hombre.
Así luego de dejar sus cosas por ahí fue a buscar el sitio donde el objetivo de sus observaciones estaría y ahí de pie afuera de la puerta todavía cerrada se topó con otra mujer, ella la conocía de vista, era la hija mayor de los dueños de la escudería. Sin saber qué hacer se acercó con pasos lentos, casi pidiendo al cielo porque la otra persona no la escuchara, aunque no tuvo tanta suerte.
- Eres la reportera. –afirmó Kikyo mirándola a los ojos con cierto fuego resplandeciendo en el fondo de los suyos.
- Sí… soy Lin. Estoy haciendo unos reportajes de Sesshoumaru.
- Eso es asunto de ustedes, pero ahora lo estoy esperando para hablar unas cosas con él es algo sólo entre nosotros dos. Así que si no te importa, podrías verlo fuera de aquí en otro momento.
Todas las palabras que soltó la mujer de la ropa entallada y bonita fueron más que duras, Lin pudo percibir el desagrado que la rodeaba, algo no estaba bien con ella y no tenía idea de qué… pero si era la hija de los dueños, más le valía retirarse en ese momento, antes de causarles problemas a Sesshoumaru o a Sango.
- Sí… lamento la interrupción.
Sin decir más la joven dio media vuelta para volver con su amiga o a recoger sus cosas… y pensar que minutos antes tuvo dudas de si su día podría ser peor… ahora la respuesta era más que obvia… lo más impensable acababa de pasar, no podría ver a Sesshoumaru.
El resto de las horas de luz Lin las utilizó para conocer un poco el nuevo circuito e instalarse en su hotel, después visitó una tienda de vinos que vio en el camino y compró una botella de vino blanco que antes probó con Sesshoumaru, teniendo las esperanzas de verlo esa noche y dársela en forma de agradecimiento y disculpa.
Cenó con Sango en el restaurant del hotel lujoso donde se quedaban los de los puestos más importantes de las escuderías, dueños, jefes y pilotos. Todo el tiempo la joven estuvo al pendiente por si lo veía, quizás al final tendría suerte y la noche sería mejor que el día, pero nada pasó.
Después de estar en la habitación de su amiga hasta cerca de la media noche decidió que era mejor marcharse, tomaría un taxi que la llevara a donde ella se hospedaba y tomaría las horas de sueño para darse valor y enfrentar el día siguiente con tanta naturalidad como le fuera posible. Caminó tranquila yen silencio por el pasillo del piso en dirección al elevador, cuando justo cuando iba pasando por una de las habitaciones la puerta se abrió sobresaltándola un poco y sin premeditarlo volteó esperando encontrarse con un extraño… y sin embargo, ahí estaba él.
La nula expresión de Sesshoumaru no la dejó ver si estaba tan sorprendido como ella o no, sólo se detuvo y se le quedó viendo a los ojos por interminable tiempo mientras el corazón de la joven mujer se aceleraba dentro de su pecho. Como no tenía palabras y no estaba preparada para ese encuentro, por mucho que así lo hubiera estado deseando, sólo sacó de su bolso la botella con un mono discreto e iba a intentar explicarse cuando él tomó la palabra.
- Todo es tu culpa. –le dijo simplemente dejándola congelada en su sitio, clavada como con mil agujas de hielo, una vez más pudo sentir el reproche en él y se preguntó por qué sería ¿qué hizo mal ahora?- Cuando te avisé la hora de la práctica de hoy, dijiste que estarías ahí.
- Sí… es que… perdí el autobús y… no… lo siento… es que… -Lin se dio cuenta de que empezó a balbucear, su mente estaba agobiada por mil cosas, no entendía por qué su ausencia pudiera siquiera ser notada, mucho menos un problema para él, además, todavía no tenía ni idea de qué era culpable. Pero se conocía lo suficiente para saber que no tendría el valor de preguntar. – Te traje esto. –le dijo extendiéndole la botella, quizás sería mucho más fácil darse y salir de ahí. – Es una disculpa… por todos los problemas que te he causado.
Ella lo miró expectante, deseando que la recibiera y ya, no quería agradecimientos ni explicaciones, pero sí que no le recriminara nada más. Mientras, Sesshoumaru la observó directo a los ojos, diciéndole muchas cosas y nada al mismo tiempo, le tomó varios segundos tomar el presente y hacerse a un lado, indicándole con un gesto a Lin que entrara en la habitación, ella no dio crédito de ello.
- No pensarás que me la voy a tomar solo.
Lin despegó los labios para decir algo, pero aturdida como estaba los volvió a cerrar y se limitó a entrar en el cuarto de hotel con él pisándole los talones. Ahí adentro todo estaba en armonía, el lugar era muy parecido a la habitación de Sango, bonita e impersonal. Ella se sintió fuera de lugar, no sabía qué hacer, dónde colocarse, qué decir, qué esperar, así que se limitó a recargarse contra una de las paredes y observarlo.
Sesshoumaru tomó copas del servibar y las llevó a la mesa junto con el destapador de corchos, abrió su regalo y sirvió los dos tragos en completo silencio, sin verla ni darle signos de que recordara que continuaba ahí, después, le extendió una de las copas y él dio un sorbo de la suya.
- Gracias. –dijo ella tomando el vino y probándolo. – Si no es mucha molestia… quisiera saber qué es mi culpa… -le preguntó de repente como si esos mililitros de líquido hubiera hecho magia en su interior, ya no estaba tan nerviosa.
- Con lo propensa que eres a los accidentes y las insolaciones, pensé que algo te había ocurrido.
- ¿Te preocupaste? –preguntó sin poder creerlo.
- Creo que ya me acostumbré a ti. –Sesshoumaru habló sin inflexión y Lin sin poder evitarlo, sonrió, contenta y alagada por el comentario, lo vio directo a los ojos dorados y una vez más se sorprendió de lo hermosos que eran.
- Me gusta estar contigo.
Luego ella dio media vuelta y caminó hacia la ventana, las cortinas abiertas la dejaron ver en el cielo la noche muy oscura y plagada de estrellas, era bonita. Ahí se quedó un par de minutos, contemplando el infinito y escuchando el silencio, sintiendo ese placer desconocido de estar a solas con él. Y cuando tuvo algo para decir se giró repentinamente y sin saber que él estaba parado detrás, muy cerca, tanto que con el movimiento lo hizo derramar el vino sobre su camisa.
El pequeño accidente la paralizó, apenada y otra vez nerviosa en parte por su torpeza pero también por lo cera que estaban, a penas a unos centímetros de distancia, él la miraba hacia abajo sin presarle atención a la macha que absorbía su ropa, sólo concentrándose en su rostro, en sus labios.
Lin contuvo el aliento con el corazón latiéndole en el pecho desbocado y como un reflejo cerró los ojos esperando ahora por un beso que no sabía si llegaría o no.
CoNTiNuaRá...
Hello!!!!! Cómo están? Emm... s he aquí el capi. Creo q acaba en un punto... interesante. Ojalá qye les haya gustado!!!! Y ps no m queda más que agradecer a todas por eller y por todos sus comentarios, todo su apoyo, es muchísimo para mí. Y ps ya para despedirme si tienen algún comentario (dudas, quejas, sugerencias, etc) pofitas!!!! Me gusta saber qué piensan!!!
Y pues... nos leemos en la próxima!!! Grax!!!
