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(&&&- Cambio de escena)


CAPÍTULO 8

Esa tarde Lin iba entrando a las oficinas del periódico tras una llamada urgente de su jefe, iba nerviosa como siempre, preguntándose qué estaría haciendo mal… si hasta ahora su trabajo sobre Sesshoumaru marchaba de forma más que adecuada, hasta vio en internet un par de buenas menciones a su serie de reportajes.

La secretaria del director de la redacción de deportes le indicó que pasara y al hacerlo vio al hombre sentado detrás de su escritorio como toda la vida, aunque ahora tenía una mirada mucho más severa. Ella fue y se sentó frente suyo con los ojos expectantes, aguardando a que los gritos dieran comienzo, así que se sorprendió cuando él habló pausado.

- ¿Cómo te has sentido en las pistas? –la cuestionó.

- Bien… -dijo mientras hilaba una respuesta coherente.- Me gusta.

- Lo he notado, todos lo notan ahora que tus historias son mucho mejores. Hemos recibido excelentes comentarios de lectores y de la competencia. No me extrañaría que intentaran robarte en otro periódico.

El señor hizo una pausa y Lin se quedó pasmada ¿ella? ¿Alguien podría querer que escribiera en otra redacción? No sonaba como algo que pudiera referirse a sí misma. Sólo lo miró sin saber que decir, además, no entendía el sentido de su comentario ¿temía que renunciara?

- Pero –continuó el hombre- ahora la amenaza está aquí mismo. Otra redacción del este periódico busca llevarte y temo que aceptes.

- ¿Qué redacción? –quiso saber, ya que desde hacía meses ella misma pidió su cambio a cualquier otra parte del periódico.

- El departamento de arte. Ellos saben que tienes esas tendencias y ahora que estás floreciendo después de meses de reportajes insípidos, quieren que te vayas para allá y escribas de museos, teatros y tonterías así.

Para ese momento él subió la voz y la sorpresa de Lin aumentó muchísimo… y sintió la tentación recorrerla, vio delante de sí la puerta abierta para un mundo mucho más cercano al suyo. Una oportunidad para codearse con artistas, para apreciar cosas que valían la pena más allá de competencias con pelotas… y justo cuando se visualizó en ese maravilloso mundo, recordó a Sesshoumaru.

- Ahora que ellos te pidieron, eres libre de irte si lo deseas, pero quiero que te quedes. Ya entendiste de qué se trata esto y no sé cómo, pero lo estás haciendo más que bien. Es quizás porque no estás en tu elemento que los lectores entienden más tus reportajes… no sé. Pero quiero que te quedes.

Lin lo meditó, no era una decisión fácil. Por un lado tenía el arte… y quizás hasta la oportunidad de conocer un editor, un escritor… alguien que pudiera publicarla más en serio… podría revivir su esperanza de lograr cada sueño que tuvo. Pero por otro lado eso significaría no estar con Sesshoumaru, claro, si se lo pedía a Sango podría continuar asistiendo a las carreras, pero sólo eso, nada de pretextos para verlo a solas, ni momentos de clases, ni carreteras extendiéndose bajo los neumáticos con sólo ellos dos.

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Era una noche como cualquier otra, tan perfecta como las anteriores que Inuyasha y Kikyo pasaban juntos. Esta vez el escenario era la casa de ella, estaban solos ya que Kagome tenía una cita con Kouga y no llegaría hasta muy tarde. En ese momento su cena iba a la mitad y planeaban tener una velada tranquila en casa.

- Voy por más vino. –dijo ella notando cómo Inuyasha le sirvió los restos de la botella y la copa de él quedó vacía, se puso de pie y él la imitó.

- Yo voy ¡qué clase de hombre sería si te dejo ir! –se quejó sonriendo.

- Sí, tontito, pero tú no sabes dónde están las cosas. – Kikyo también le sonrió y la alegría del momento se coló en toda su expresión, él se dio cuenta de que tenía razón y se encogió de hombros antes de empezar a caminar de todas formas hacia la cocina, ella lo siguió.

Ambos iban para traer la botella cuando en un gesto espontáneo él la detuvo y la acorraló contra la pared besando sus labios sin pedirle permiso, lleno de pasión y ansioso por la espera. Siempre se deleitaba con las horas previas, con estar simplemente a su lado y pasarla bien, pero en ese preciso instante Inuyasha sintió una enorme necesidad de tenerla cerca y unir sus labios, juntar sus cuerpos y perder la razón.

De esa forma se quedaron besándose como cualquier preludio, sus respiraciones se agitaron y ella utilizó la pared para apoyarse y rodearle la cintura con las piernas, Inuyasha lo entendió y la sostuvo con ambas manos embriagado por sentirla desearlo tanto como él lo hacía.

- ¿Quieres ir arriba? –preguntó Kikyo con la voz entrecortada mientras su pareja recorría toda la extensión de su cuello y ella utilizaba las manos para desabotonarle el pantalón.

- No, aquí está bien.

Inuyasha hizo énfasis a sus palabras mordiéndola un poco y Kikyo se estremeció, sólo dejándose llevar, ahora que lo tenía tan cerca la parte lógica de su mente estaba en un coma profundo, ausente en su totalidad.

De repente sin que ninguno de los dos lo entendiera al principio, escucharon ruido en la puerta, alguien abrió la entrada principal y oyeron los pasos, ambos se paralizaron ¿es que Kagome volvía antes de las diez? Sin dudarlo se soltaron y él la tomó de la mano, estaban al pie de las escaleras justo detrás del recibidor, así para ese momento su inoportuna cuñada no los habría visto aún y como niños a media travesura podrían subir y consumar su acto.

- ¿Hay alguien en casa? –preguntó una voz masculina desde la entrada, Inuyasha frunció el seño extrañado y ella sintió toda la sangre abandonar su rostro.

- Mis papás. –le murmuró Kikyo en voz baja y él abrió los ojos desmesuradamente, como mero reflejo se apresuraron para arreglarse las ropas y estar presentables ¿tendrían muchos problemas? A juzgar por el miedo, casi terror, en la mirada e la joven, Inuyasha pudo asegurar que sí.

- ¿Kikyo? ¿Kagome? –fue esta vez la voz de su mamá que se acercaba cada vez más.

- Aquí estoy. –respondió la hija dando pasos para enfrentarlos.

Inuyasha fue tras ella y se sorprendió al ver a la otra pareja, él los había visto antes, claro, pero no esperó que llegando de un viaje a casa llevaran la misma ropa formal de siempre, él con corbata y traje y ella con un conjunto de falda y saco… y lo peor, los dos de inmediato pusieron miradas perplejas y recriminatorias… enfurecidas, cuando lo vieron ahí.

- ¿Qué es esto? ¿Y tu hermana? –inquirió el padre acercándose más.

- Kagome está… en casa de sus amigas, es su último semestre y tiene mucho trabajo. Y pues… yo… nosotros…

- Señor. –se adelantó Inuyasha extendiéndole al hombre mayor una mano en forma de saludo tradicional, pero él no correspondió, nada más lo vio de arriba abajo todavía enfurecido y lo pasó de largo hasta tomar a Kikyo por el brazo y halarla lejos del corredor, como si fuera una niña.

- Es mejor que te marches. –intervino la madre, que a diferencia de su tono normal de voz en cada acto público, ahora era tan dura como su esposo y tan fría como ni la misma Kikyo se podía mostrar cuando lo deseaba.

- Suéltela. –le ordenó Inuyasha al padre de Kikyo usando un tono duro e imperativo, sin escuchar la orden de la otra mujer, enfurecido ahora él por la forma en que trataban a su novia.

- Inuyasha. –la voz de Kikyo trató de ser firme, pero no lo logró- Por favor… vete.

Él la observó incrédulo, dudando ¿qué debía hacer? Los breves segundos que tuvo para observar su dinámica familiar y lo mucho que ahora sabía de esa pareja hacían que no tuviera el menor deseo de dejarla sola ahí, pero… ¿y si sólo le causaba más problemas? Frunció el seño y con la mirada la cuestionó ¿de verdad quería que se fuera? Como respuesta Kikyo asintió y él sin quererlo en lo absoluto, se fue.

- Tienes muchas explicaciones que dar, señorita. – fue la última frase que Inuyasha alcanzó a escuchar antes de cerrar la puerta, sin duda se quedaría toda la noche esperando por una llamada, para saber que ella estaba bien.

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Kagome estaba recostada mirando el techo, su cuerpo iba cubierto apenas por una delgada sábana y a su lado Kouga la observaba a ella. Después del incidente que terminó en hospital prefirieron no salir esa noche, nada más ver películas… ya que se dio la ocasión terminaron por saltarse la cena y aprovechar el tiempo.

De repente él comenzó a besarle el oído, claramente en un intento por retomar su actividad luego del descanso, Kagome sonrió y lo dejó hacer. Cada vez que en el pasado pudieron hacer el amor fue especial, y lo seguía siendo, sentirlo sobre su piel desnuda era una da las cosas más increíbles del mundo, poder demostrarle lo mucho que lo quería y sentirse amada. Él continuó descendiendo mientras sus manos seguras y llenas de confianza alcanzaron las piernas femeninas para acariciarlas. Entonces, el teléfono de Kagome sonó y aunque la primera llamada no fue tomada en cuenta, cuando Kikyo insistió –ella la reconoció por el timbre- la joven prefirió poner pausa e ir a contestar.

- Espera. –le murmuró sin mucha convicción a Kouga mientras él buscaba sus labios- Sólo dame 30 segundos. -él suspiró y la dejó libre, el teléfono celular descansaba en el buró cercano y de inmediato contestó- ¿Qué pasa, Kikyo?

- Kagome… sí, sé que estás ocupada pero… creo que deberías volver ahora. –la voz de su hermana sonaba extraña, además ¿por qué esa necesidad de tenerla en casa? Si el asunto de Kouga iba marchando bien.

- ¿Pasa algo malo?

- No, es sólo que… sí, yo sé que estás terminando un trabajo de la escuela, pero pueden terminarlo mañana, diles a tus amigas que debes venir.

- ¿De qué estás hablando? –preguntó desconcertada, perdida totalmente.

- Hay una sorpresa esperándote en casa.

Kikyo estaba algo desesperada, su hermana sabía que ese tono mal hecho de despreocupación no se daba siempre y también estaba consciente de que sólo ella podía conocerla tan bien para notarlo. Antes de que Kagome pudiera preguntarle nada más, escuchó en el fondo una voz masculina y la respuesta de una femenina, de inmediato lo entendió todo.

- ¿Ellos están en casa? –inquirió alarmada.

- Sí. Diles a las chicas que mañana tienen tiempo para terminar y ven.

- Claro, gracias… voy para allá. -terminaron la llamada y Kagome se puso de pie comenzando a recolectar su ropa.- Tengo que irme… lo siento. Es que llegaron mis papás a la casa.

- ¡Qué mala suerte! Justo ahora que tu hermana comenzaba a portarse como un ser humano normal. –la queja de Kouga fue en broma y ella lo sabía, pero también estaba muy consciente de que las cosas serían más complicadas mientras su visita durara.

- Pobre Kikyo… espero que no haya tenido problemas. –le dijo mientras se vestía y él la miraba curioso y lamentando la noche interrumpida.

- Pero si ella es perfecta y todo lo hace bien.

- Se supone que iba a tener una cena en casa con Inuyasha…

- ¡Wow! –exclamó alarmado viéndola arreglarse el cabello despeinado- No quiero saber qué pasó si lo encontraron ahí.

- Sí, lo sé.

Kagome suspiró y poco rato después iba ya manejando de camino a su casa con mil preguntas revueltas en la cabeza, tenía dudas de qué pasaría de ese momento en adelante, de si Kikyo estaría bien, si ella tendría ahora más problemas para ver a Kouga… como si su relación con él no fuera ya tan complicada como maravillosa. Así la asaltó un recuerdo de esa misma tarde, cuando se terminó la única película que miraron, después hicieron el amor y una vez que sus respiraciones se calmaron él sacó a relucir un tema que ella evitaba siempre.

FLASHBACK

Estaban desnudos, con el sol ausente ya en el cielo y sus cuerpos recuperando la calma normal, ella yacía sobre el pecho masculino y le acariciaba el vientre con movimientos suaves. En esos preciosos minutos el mundo era una burbuja de felicidad, nada podría ser más perfecto.

- Tenemos que hablar, Kagome. Ya sé que lo estás posponiendo pero no quiero seguir adelante sin hablarlo.

- ¿Y si no quiero hacerlo? ¿Lo terminarías todo aquí? –respondió tratando de dar un rodeo y muy segura de cuál sería la respuesta.

- Sabes que es justo porque no puedo terminarlo que necesito que hablemos.

- De acuerdo. Tú estás por irte y yo me tengo que quedar ¿qué más hay que decir?

- ¡Muchas cosas! –Kouga sonó desesperado y se movió un poco para sentarse, ella se hizo a un lado y se acostó con su cabeza reposando en la almohada, mirándolo fijamente- No quiero que sea como la vez anterior.

Kagome recordó como les pasó antes cuando él se graduó y se marchó, cuando decidieron terminar la relación y seguir siendo amigos… cuando poco después ella no lo soportó más y perdió deliberadamente contacto con él. Sí, por supuesto que las cosas no podían volver a ser así… porque ya no lo soportaría.

- ¿Entonces quieres una relación a distancia? –preguntó, también muy consciente de que él se negaría.

- No, no creo en eso. Pero es que ahora… cuando regresé tuve que buscarte, quería saber que estabas bien… y después todo esto pasó y ya no puedo alejarme de ti. Te quiero para toda la vida, Kagome. No te voy a dejar ir otra vez.

Ella se quedó pasmada, con el corazón acelerándosele en el pecho ¿dijo para toda la vida? ¿Como casarse? Claro, él estaba enamorado de ella… pero… ¿tanto así? Por un momento la emoción la abrumó y los ojos se le llenaron de lágrimas. Kouga la quería para siempre… y desde luego que no le desagradó la idea, al contrario… ser los dos una familia sonaba bien… más que bien.

- ¿Tanto te disgusto que estás llorando? –se burló él y ella negó con la cabeza, el chico le limpió las lágrimas del rostro- Tengo un plan, pero necesito tu aprobación y participación. Mira, te vas a graduar en unos meses y no tienes planes para después ¿verdad?

- Sí.

- Entonces, cuando tengas tu título te mudas a la ciudad donde voy a estar. –le dijo consciente de lo que ambos sabían, su plaza era para un lugar algo lejos… la estancia ahí era sólo un curso largo de capacitación- Yo te ayudo a conseguir trabajo.

- ¿Y mis padres? –preguntó apenas hilando la red que él ya tenía bien hecha en la cabeza.

- Ellos van a pagar por tu departamento. Mira, si te vas con un buen empleo allá, no se van a oponer. Deja a Kikyo con la escudería, ella siempre acapara esas cosas. Tú escápate… ven conmigo. Hasta podemos vivir juntos y nadie se daría cuenta.

Kagome lo meditó unos segundos, todos los puntos encajaron perfectamente, claro, ella haría eso y más por Kouga, por estar a su lado. Sólo le quedó una duda, porque de ese momento a que ella fuera libre de escuela para llevar a cabo el plan, faltaban unos meses todavía y él ya casi se marchaba.

- ¿Y mientras tanto? No quieres una relación a distancia.

- Esa es la parte difícil. Pero no es imposible. Sólo… hay que esperarnos. Dices que no te gusta hablar conmigo por teléfono si no somos pareja y a mí me desagrada sentir que te tengo pero no te tengo. Así que… hay que seguir con nuestras vidas mientras no estemos juntos.

- ¿Y cuando el momento llegue? ¿Todavía me vas a estar esperando?

- Ése es el plan, Kagome, esperarnos.

FIN DEL FLASHBACK

Kagome entró en su casa tratando de sacarse los recuerdos de la cabeza, ya más tarde lidiaría con eso. Por el momento la cosa con sus padres era lo más urgente.

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Cuando su hermana menor entró sus padres decidieron detener la conversación, menos mal porque no deseaba estar ahí a solas con ellos escuchando esas cosas. El silencio se hizo ligero cuando se hermana apareció, en automático ambos padres cambiaron, sus expresiones recriminatorias pasaron a ser de bienvenida. Kikyo lo entendió, dejaron de castigarla a ella por ser mala y a premiar a Kagome con su aprobación por haber estado trabajando hasta tarde.

Los progenitores abrazaron a la chica recién llegada y la interrogaron con rapidez, la escuela, sus amigas, cualquier cosa… mientras la hermana mayor observaba sentada, estática ante la mesa de centro de la sala donde reposaban dos cajas pequeñas e iguales. Los típicos regalos que siempre les llevaban luego de las prolongadas ausencias.

- Escoge tu presente, Kagome. –le indicó su madre señalando la mesa, ella se sorprendió puesto que por lo regular Kikyo elegía primero. Miró a su hermana y cuando la vio asentir tomó una caja al azar. – Espero que te guste. Pero ya es tarde y de seguro que mañana te levantas temprano. Mejor que nos vayamos a dormir.

- Estoy muerto después de viajar todo el día. –agregó su padre y entonces se despidieron de sus hijas para ir a la habitación principal con las maletas ligeras que cargaban consigo, el resto del equipaje llegaría por paquetería después.

Sin que Kagome entendiera bien el por qué, su hermana mayor tomó su presente y después a ella de la mano para llevarla escaleras arriba y entrar las dos en la habitación de Kikyo, después, cerró la puerta con cuidado y se le quedó mirando.

- Te aconsejo que seas cuidadosa con lo de Kouga. Que no se enteren. Mañana vete temprano para seguir con la farsa de tu trabajo escolar. –le explicó sin mucha inflexión en la voz.

- Sí, gracias por cubrirme hoy… te debo una más.

- No, está bien.

- ¿Cómo te fue? ¿Se portaron muy mal contigo? –inquirió acercándose un poco.

- Fue difícil al principio… y no están contentos conmigo. Pero terminaron por hacerse a la idea… sólo… no les vayas a mencionar a Inuyasha.

- De acuerdo. –Kagome sonrió un poco, podía sentir que Kikyo no estaban tan bien como deseaba aparentar, pero por lo menos tenía la calma para mantenerse en pie, como siempre. – Hay que abrir los regalos. –le sugirió tratando de aligerar la carga del ambiente y destapó su caja.

Dentro había una letra "K" de caligrafía bonita, hecha de oro blanco incrustada con diamantes en una cadena ligera de eslabones diminutos, la tomó y la apreció contra la luz, mostrándosela a su hermana. Kikyo la imitó y dentro se topó con un relicario en forma de corazón, también hecho de otro blanco y menos llamativo porque era liso y sin diamantes, la cadena era idéntica a la de su hermana.

- Si te gusta más éste, podemos cambiar. –le ofreció Kagome conociendo sus gustos, los diamantes iban más con Kikyo.

- Gracias, pero está bien así.

Amas se sonrieron por un momento y después se abrazaron antes de dar las buenas noches y que la menor fuera a su habitación, entonces, Kikyo utilizó su celular para llamar al hombre que de seguro la estaba esperando despierto. Inuyasha respondió al primer timbrazo.

- Kikyo. –la saludó sonando alarmado.

- Hola. Disculpa el incidente, no quería que las cosas pasaran así… pero si te quedabas… -su voz se desvaneció porque no podía explicarle muchas cosas.

- Eso no importa, es sólo que no quería dejarte sola ¿qué pasó cuando me fui?

- Me sermonearon un rato y luego se calmaron.

- ¿O sea que todo está bien?

- Podría decirse. Pero no creo que podemos vernos mucho en los próximos días.

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Esa noche Sesshoumaru llegó montado en una motocicleta al apartamento de Lin, apenas unas horas antes retornó a la ciudad y más allá de descansar como su régimen lo dictaría, sólo se guió por la necesidad de verla a ella. Ahora con la noche bien instalada en el cielo Lin lo estaría esperando, ya la llamó antes para invitarla a salir y decirle que se vistiera con mezclilla y ropa cómoda y abrigadora, aunque no le indicó por qué.

La puerta del edificio estaba abierta, así que subió y llamó directamente en su puerta, pocos segundos después la joven abrió y él se maravilló una vez más de verla. Hermosa sin importar lo que llevara puesto, con los ojos castaños resplandeciendo llenos de alegría y emoción, esa curiosidad perenne en su expresión… y de golpe lo invadieron las mismas sensaciones de siempre.

Sin haberlo planeado ni meditarlo se adentró en el departamento para abrazarla, la atrajo hacia su cuerpo y le rodeó la cintura, buscando después sus labios. Al tocarse los sintió cálidos y tímidos, era otra vez como la primera vez y ahí se dio cuenta de que su ausencia de pocos días le pareció mucho más. Todo por ella… por desear sólo permanecer a su lado.

- ¿Nos vamos? –preguntó Sesshoumaru una vez que sus labios se separaron y Lin asintió un poco antes de obligarse a retroceder y terminar el abrazo, de quedarse asó un segundo más, no sería capaz de soltarse.

- ¿Vamos a viajar en esto? –preguntó incrédula una vez estuvieron ante la reluciente motocicleta y él le pasó un casco, sería la primera vez que subiera a una.

- Hacía tiempo que no sacaba ésta. –le dijo él sin ofrecerle tiempo para dudar, él mismo le colocó el casco y luego subió, esperando porque ella hiciera lo mismo.

- ¿Ésta? ¿O sea que tiene más?

- Unas cuantas. Tienes que agarrarte fuerte.

Lin lo miró otra vez aún sin creer lo que estaba a punto de hacer y obedeció, se subió detrás de él y lo rodeó con ambos brazos, utilizando toda la fuerza a su disposición. Cuando el motor rugió y vibró debajo, no pudo evitar estremecerse y enterrar la cabeza en su espalda, sin deseos de ver nada y sólo guiada por la confianza que le tenía a ese hombre.

Poco rato después llegaron a un restaurant que a Lin se le hizo como uno de los lugares más lindos de la ciudad, en el área sin techo los rodeaban plantas por todos lados, arbustos, árboles y flores bien cuidados y con iluminación de velas, todo quedaba medio oculto. Hicieron su pedido y la noche se les empezó a ir con pláticas de sus días pasados, él le contó dónde estuvo corriendo, también que su representante le llamó para ofrecerle un patrocinio más y cosas sin mucho importancia y que él no se esmeró en describir. Fue hasta cerca del postre cuando Lin le mencionó su incidente más importante.

- Hace varios meses pedí un cambio de plaza y esta semana me llamaron a la redacción de arte.

- ¿Arte? –la pregunta fue hecha con indiferencia, aunque ella pudo sentir su duda verdadera, claro, Sesshoumaru no sabía de todas sus aspiraciones frustradas… y así era mejor.

- Sí, cubrir exposiciones y eventos relativos. Supongo que cuando lo solicité… esa fue una de mis primeras opciones.

- Entonces ¿hasta cuando vamos a seguir con esto?

Ella se paralizó con la pregunta ¿es que tenían citas por el trabajo? ¿Ya no querría estar a su lado si no estuviera obligado? ¿Seguía actuando por culpa? Sin que lo pudiera evitar un nudo se formó en su garganta y le tomó varios segundos de mirar el mantel poder deshacerlo… aunque a final de cuentas ¿qué más podía esperar? Después de todo ella misma creyó que si no tuvieran que trabajar juntos, no sería lo mismo.

- Yo… dije que no.

Cuando tuvo el valor para verlo a los ojos, de alguna forma todas las emociones negativas que se posesionaron de ella… se esfumaron, de golpe y sin dejar rastros. En la mirada ambarina reconoció todas las cosas que él nunca expresaba, estaba contento, le gustó la idea de que ella lo eligiera por encima de unos eventos artísticos. Y como todo era perfecto en ese momento, no dudó en acercarse y pasarle un brazo por el cuello, así como Sesshoumaru no se movió, Lin pudo besarlo.

Al instante sintió la respuesta masculina y como cada vez, se fundieron en una caricia dulce, el éxtasis de sus labios rozarse y ahora el plus de un intruso colándose en su boca, el cual al recibir la entrada, tornó ese beso dulce en uno lleno de pasión. Ella pudo sentir el aliento dulce de su piloto mezclarse con el propio y sin quererlo un escalofrío la recorrió y se manifestó como suspiro.

Al final lo que interrumpió fue el celular de Sesshoumaru, él se separó con lentitud, dejando como un sello el último roce sobre los labios rosas y atendió sin fijarse en quién llamaba.

- Sesshoumaru, soy Kikyo. –se escuchó del otro lado de la línea la voz fría de la mujer.

- Que horas tan poco convencionales para llamar.

- Necesito verte mañana a primera hora, te veo a las ocho en el restaurant frente a la fuente del centro.

- Y un lugar también muy poco convencional para tratar asuntos de negocios.

- No llegues tarde.

Kikyo colgó sin otra palabra y él guardó su teléfono muy dispuesto a olvidar el incidente y seguir con su noche, deseoso de nada más que estar con Lin, decidido a esa noche terminar con algunas dudas y atreverse a conocerla más.

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El reloj casi marcaba la una de la tarde, momento en el que Sesshoumaru llegaría –ojalá que con un auto en vez de motocicleta- y ambos irían a una pista pequeña en la ciudad, un día más de trabajo a su lado. Lin estaba arreglándose frente al espejo, ya dando los últimos toques y recordando todo lo de la noche anterior.

Pensó en las cosas que él le preguntó, por su familia, su vida después de ello, la universidad, sus cosas favoritas… sólo cuestionándola, pero esa noche lo escuchó hablar mucho… y su voz la hipnotizó como siempre. De repente escuchó el teléfono repicar y fue casi corriendo para atener, ojalá que no fuera nada tardado, porque él llegaría… y con la simple idea de verlo una calidez extraña y conocida la invadía por completo.

- ¿Si? –preguntó al atender.

- Lin, debí llamarte antes, pero estaba ocupado. –la voz de Sesshoumaru le sonó rara… tan igual como siempre pero demasiado parecida a como era al principio.

- Está bien… ¿qué pasa? -preguntó nerviosa, obviamente no se verían a la una de la tarde… y quizás no en todo el día.

- Ya no podre verte.

- ¿Hoy? –se apresuró, interrumpiéndolo ahora con miedo.

- Ya no voy a verte fuera de las calificaciones y las carreras.

- ¿Pasó algo? ¿Hice algo mal? –la voz de la joven sonó temblorosa, casi inaudible y se obligó a sentarse en el sillón más cercano.

- No. Simplemente no puedo. Verte afecta mi rendimiento y eso no lo voy a permitir. Disculpa las molestias.

Después sólo se escuchó la línea, nada más. Y ella se quedó ahí en la misma posición con el teléfono pegado al oído tratando de entender cómo pasaron las cosas… la maravillosa noche anterior, lo mucho que sentía por él, la increíble certeza de creerse correspondida… y de repente eso… una simple despedida con palabras cortantes. Antes de que pudiera reaccionar, las lágrimas comenzaron a caer sobre su rostro.

CoNTiNuaRá...


Hello!!!! Como stan? Emmm espero que les haya gustado el capi!!!! Y pues... mil gracias por leer y por todos sus comentarios, su apoyo. Me animan muchísimo!!!! Y como ya saben, cualquier cosita me la dicen!! Dudas,q eujas, sugerencias, pa saber si la cosa va bien :P Y me retiro, nos estamos leyendo. Grax!!!!!!