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(&&&- Cambio de escena)


CAPÍTULO 9

Accidental

Era domingo y la carrera terminó varios minutos atrás, con los resultados habituales, Sesshoumaru en primer lugar e Inuyasha en segundo. No existieron incidentes graves, sólo la misma extraña insistencia del piloto Onigumo por acercarse y hacer maniobras casi suicidas para pasar a Sesshoumaru o su hermano, pero todo fue infructuoso.

Lin miraba a los demás divertirse, en el área de la escudería Sengoku el ambiente festivo reinaba como siempre… hasta Inuyasha andaba por ahí, aunque por alguna razón se veía malhumorado. Y al igual que todo seguía su curso… la ausencia sistemática de Sesshoumaru también.

Ni siquiera porque los dueños del equipo estaban esta vez ahí él se mostró dispuesto a mezclarse con los otros, aunque Lin sí lo vio antes, e igual era consciente de que él la notó. Fue rápido, al pasar apenas sus ojos dorados hicieron contacto con los cafés de ella de la misma forma en que sucedió cada día previo en esa pista… pero nada más, ni una palabra, ni un gesto de reconocimiento. Fue como antes, como si ni siquiera la conociera.

Ella suspiró una vez más y meditó seriamente la posibilidad de marcharse, después de todo sin Sesshoumaru ahí, ya no quedaba mucho para ella. Se levantó y fue a buscar a Sango, encontró a su amiga por ahí como buscando a alguien, le puso una mano en el hombro para llamar su atención y con la sonrisa mejor fingida que pudo improvisar, se despidió.

- Tengo muchas cosas que hacer para enviar el reportaje. –mintió excusándose, ese no era el mejor momento para confesar todos sus males- Te veré el miércoles en las vueltas de reconocimiento.

- Sí, claro… ¿estás bien?

- Sí.

- De acuerdo. Te veré luego.

Mientras Lin se marchaba Sango la observó con detenimiento y planeó buscarla antes del miércoles para charlar seriamente, la conocía y no estaba bien como lo dijo, pero en ese momento no iba a hablar y además, ella estaba con la cabeza puesta en otro lado… en donde quiera que estuviese Miroku.

No había hablado con él desde la catastrófica cita, nunca le respondió una llamada y él no asistía más que a las carreras, pero ese día estuvo ausente, algo que nunca antes pasó. Por eso se preguntaba muchas cosas ¿lo habrían cambiado de lugar? Quizás renunció o lo ascendieron… o tal vez simplemente se cansó de los desaires y decidió no verla más. Y aunque eso es lo que ella precisamente buscó en un principio, ahora no le parecía tan buena idea.

- ¿Señorita Sango? –la sacó de sus pensamiento una voz masculina junto con una mano sobre su espalda, ella se giró para encontrarse con un hombre que nunca antes vio.

- Sí, soy yo. –le dijo extrañada de no reconocer a alguien de por ahí y él con expresión de alivio le extendió una mano para saludarla.

- Al fin, disculpe la tardanza. Sé que debí llegar antes. –ella lo miró fijamente y correspondió el saludo, esperando el resto de la explicación- Soy de la compañía de seguros, desde ahora me voy a encargar de todo por aquí. Ya me estuve poniendo al corriente y…

- ¿Y Miroku? –lo interrumpió con el seño fruncido.

- Ah… el agente que estaba aquí antes está incapacitado por el momento.

- ¿Incapacitado? ¿Por qué? –instintivamente ella tomó al hombre del antebrazo haciendo presión innecesaria.

- No estoy muy seguro… tuvo un accidente y creo que sigue en el hospital. –el desconocido la miró extrañado, como si viera a una loca, y se mostró de repente esquivo.

- ¿En qué hospital está?

- Lo ignoro, yo no lo conozco.

- ¡Tiene que saberlo! Por lo menos tener una idea o decirme cómo contactarlo. –en ese momento la joven sintió su rostro arder de preocupación e impotencia, de arrepentimiento… nunca debió borrar el número de su celular, ahora sólo recordaba los últimos dos dígitos, esos que utilizaba para reconocerlo y no contestarle.

- Pues… la compañía maneja varios contratos con el hospital Oriental, supongo que… sería natural que estuviera ahí. Pero ahora me gustaría comentarle unas dudas sobre el manejo que…

- No, ahora no.

Sin decirle nada más se marchó, a ella no le interesaba nada del trabajo ahora, sólo quería verlo, comprobar su estado… disculparse, ver con sus propios ojos que Miroku estaría bien. Se marchó de ahí sin avisar dispuesta a encontrarlo.

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Inuyasha vio como Kikyo se separaba de sus padres –por fin- e iba hacia su hermana y Kouga, ahí vio la única oportunidad para hablar con ella, quería decirle algo… que se vieran de nuevo, porque aunque le sonara tonto, la extrañaba. Desde la llegada de la pareja apenas tuvo una oportunidad de verla… estuvieron a solas y fue una de las mejores noches de su vida… pero esa creciente obsesión por estar a su lado lo alteraba.

- Por favor, Kagome, ve tú. –le pedía la hermana mayor cuando él llegó a su lado, aunque no pudo abrazarla como deseaba.- Que vaya Kouga contigo… ellos no lo conocen, sólo… no sean muy expresivos.

- ¿Por qué no vas a ir a la fiesta? –inquirió la menor ante la sorpresiva noticia.

- Tengo un compromiso.

- ¿A dónde vas? –cuestionó interrumpiendo Inuyasha, Kikyo no pareció sorprendida de escucharlo, aunque no lo había volteado a ver.

- Tengo un compromiso. -reiteró- Pero ustedes vayan diviértanse. –le habló ahora si mirándolo, pero más indiferente de lo que a él le gustaría… vaya su podía fingir bien delante de sus padres.

- Está bien, Kikyo, nosotros vamos. –Kagome le afirmó y esperó porque Kouga lo aprobara, cuando él asintió la chica se fijó en Inuyasha, quien tenía expresión de fastidio.

- Si no vas, yo no voy. –él pensó que sí le gustaría festejar… y quería hacerlo con Kikyo, pero si eso no se podía… bueno, ir con Kagome sería divertido también, pero idea de estar haciéndoles mal tercio a ella y a su novio no le agradó nada.

- De verías ir. –afirmó su pareja- Me marcho, ya me despedí de mis padres. Y gracias.

Kikyo simplemente dejó el lugar, esforzándose por mantener la postura, tenía que ser mejor actriz que nunca, engañarlos a todos. Pasó por los corredores hasta la entrada principal, la verdad no tenía planes, simplemente no quería ir a la dichosa fiesta, no si eso representaba otras buenas horas de hacer el papel de niña perfecta delante de sus padres. Suspiró y al alzar la mirada de nuevo sus ojos se toparon con los de un hombre varios años mayor que ya conocía, ahora él parecía estarla esperando ahí de pie y comenzó a aproximarse.

- Señorita Kikyo. –la saludó tomándose sin permiso una mano para besarla y después dejarla libre.

Naraku era el dueño de otra escudería muy fuerte, un sujeto rico y prepotente, orgulloso de sus empresas y de esos que siempre van jactándose de lo poderosos que son. Nunca le agradó mucho pero en varias ocasiones antes tuvo que mantener conversaciones sociales con él… y siempre, justo como en ese momento los malos presentimientos la asaltaban sin cesar.

- Tanto tiempo. –le dijo indiferente, esperando porque la dejara libre para marcharse al hotel y esconderse un rato del mundo.

- Es temprano para que te vayas. Permíteme invitarte una copa.

Ella lo meditó, con el sol apenas poniéndose era temprano para ir a beber y de verdad no deseaba la compañía de él, pero… a final de cuentas sí necesitaba esa salida. Doblegando su voluntad y acallando las malas sensaciones asintió y se obligó a sonreír cuando él lo hizo.

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Ese mismo domingo ya por la noche Sesshoumaru vagaba por la ciudad en una motocicleta, tenía un rumbo no definido, sabía cuál era el único sitio al que deseaba ir, pero nunca encontró una razón lógica para hacerlo, ni siquiera debía estar tomándose esas libertades… ahora que otra vez se concentraba sólo en su carrera, debería estar en casa durmiendo para empezar el lunes con sus ejercicios habituales… y sin embargo al darse cuenta de dónde estaba, no le importó romper sus propias reglas.

Se estacionó cruzando la calle, al otro lado del edificio de departamentos, la luz del segundo piso estaba apagada, quizás Lin no regresaría a casa esa noche o tal vez ya estaría durmiendo. Decidió darse el lujo de esperar unos minutos nada más antes de marcharse y olvidarse de verla esa noche.

Casi media hora más tarde, cuando estaba por irse, un taxi se detuvo en la puerta del edificio y ella se bajó cargando una maleta pequeña, aunque se veía pesada, luego sólo la vio abrir la puerta y entrar con la vista fija en el suelo… él lo sabía, ella estaba triste.

En ese momento se odió a sí mismo por hacerle eso, por comportarse como un cobarde… estar a su lado, besarla, dejarse llevar y dejarle ver lo mucho que le importaba, sólo para con una llamada terminarlo todo, darle un pretexto estúpido y romper con una relación que él mismo ansiaba, anhelaba. Pero eso era sólo una de las muchas cosas en el mundo que él no podía cambiar… estaba atado de manos, cumpliendo con su deber y ya.

Exasperado por sus acciones en cuanto la luz del departamento de Lin se encendió, él emprendió marcha antes de que sus deseos ganaran y tuviera que subir para hablar con ella, de todas formas no podía explicarle muchas cosas.

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Las puertas del elevador se abrieron y Sango se puso de pie instintivamente, ansiando que esta vez sí fuera él. Después de regresar a la ciudad donde vivía y buscar el hospital Oriental, cosas que le tomaron horas, tuvo que esperar el resto de la tarde ahí, sabiendo que Miroku se encontraba internado pero en ese momento lo llevaron a otro hospital más especializado para un estudio.

Cuando por fin lo vio se alegró, no estaba tan mal como esperaba, lo llevaban en una silla de ruedas, aunque sí se notaba cansado, malhumorado. Se acercó lentamente y le sonrió cuando hicieron contacto visual, al momento sintió cómo cierta alegría se implantó en los ojos azules del hombre. Al encontrarse, sin embargo, ninguno dijo nada.

- ¿Es familiar del joven? –preguntó el enfermero que lo llevaba.

- Sí. –se apresuró a responder Miroku- Ella es mi em… novia… quizás ella misma pueda llevarme a la habitación. -el enfermero miró a Sango y cuando ella asintió se marchó dejándolos solos. – Es un placer verte, señorita.

- Me alegra que estés bien. –dijo ella tímida, tomando la silla de ruedas para empujarla hasta el cuarto. - ¿Qué te pasó?

- Fue un desafortunado accidente. Yo caminaba despreocupado por ahí y un autobús chocó contra un poste de luz, el cual en su caída me llevó de paso.

Sango se quedó en silencio, tratando de formar la imagen en su mente, qué mala suerte de hombre ¿a quién podía pasarle semejante cosa? Quizás sólo a él. Cuando entraron en el lugar más privado Sango cerró la puerta tras de sí y dejó la silla de ruedas junto a la cama, él se puso de pie con algo de trabajo y se recostó suavemente.

- ¿Cuándo fue?

- Hace un par de días. Hoy me hicieron el último estudio para asegurarse que no tengo daño cerebral, o por lo menos no más del que tenía. –él le sonrió encantador, pero no se rió. - ¿Puedo preguntar a qué debo tu visita? Creí que no deseabas volver a hablarme nunca más.

- Claro que no quería hablar contigo pero… -Sango desvió la mirada al suelo y se mordió un poco el labio ¿sería prudente decirle el pánico irracional que sintió cuando le dijeron de su accidente?

- ¿Estoy perdonado? –preguntó extendiéndole una mano para que se la tomara, ella sin dudarlo lo hizo y se acercó.

- Eso depende.

- ¿De qué?

- De qué tan mal estés.

- Estoy al borde de la muerte, en terapia intensiva.

- ¿Ah si? –inquirió levantando una ceja.- Pues yo te veo bastante bien.

- Un golpe en la cabeza y en el pecho, además de la caída. Tengo un moretón del tamaño de un país pequeño y algunas costillas fracturadas ¿suficiente para un perdón?

- Sólo si te comportas bien. –con cuidado Sango le acarició el cabello viéndolo a los ojos con una sonrisa casi imperceptible y muy consciente de que ya no le quedaban deseos de alejarlo.

- Seré el mejor de todos. –él le sonrió y por un momento le agradeció al cielo por haberlo puesto en el momento y lugar exactos para que ese poste casi lo matara.

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Media semana otra vez, ese mismo día las vueltas de reconocimiento sobre la pista se darían y los corredores de Sengoku eligieron el último turno para hacerlo sin luz de sol, ya que la carrera esta vez iniciaría a las diez de la noche, eso y el que se repitiera la pista de la ciudad le dieron a Lin oportunidad para ir a la redacción del periódico ante el llamado urgente de su jefe ¿qué sería ahora? Se preguntó eso muchas veces, hasta fantaseó con que fuera una nueva oportunidad para dejar de escribir de deportes… y casi se convenció a sí misma de poder aceptar, ya que de todas formas Sesshoumaru seguía ausente, ni una llamada, mucho menos una visita durante todos esos interminables días.

Cuando entró en la oficina del jefe tuvo que sacarse las ideas de la cabeza pues no deseaba que sus emociones la traicionaran enfrente de él. Fue recibida con un saludo seco y una expresión de felicidad en el rostro.

- Me aproveché de que tienes tiempo hoy para llamarte. Primero quiero darte una buena noticia y una felicitación, se dice que es muy probable que estés nominada para algún premio este año.

Lin lo vio sin entender bien… sin creer que ella pudiera en algún punto de su vida aspirar a eso, si ni siquiera era periodista, no estudió eso ni nada. Esos reconocimientos anuales eran codiciados por todos los que se dedicaban a eso y ella, una extraña… ¿podría ser? Quizás en otras circunstancias le daría emoción, pero ese día apenas y pudo sonreír.

- Y la otra cosa –prosiguió su jefe al entender que ella no se pondría a brincar de gusto- Es preguntarte por unas fotos, -rebuscó algo en su escritorio- Las publicó hoy la competencia y dado que tú cubres esa área quiero saber por qué no lo habías dicho. No me digas que no lo notaste.

El hombre tomó un periódico y se lo extendió, al tomarlo Lin no pudo creer lo que veía, era el encabezado de la parte de espectáculos, fotografías tomadas de una pareja cenando en algún restaurant de la ciudad, uno muy bonito decorado estilo chino… después ellos mismos en un sitio de día, caminando juntos… eran Sesshoumaru y Kikyo. La nota versaba sobre que ya existían rumores de esa relación, pero que apenas se confirmaban con las fotografías.

- Tenías que saberlo. –le reiteró su jefe y ella lo miró como si no fuera ella misma.

- Yo trabajo sobre su actividad profesional, la vida personal de Sesshoumaru Tashou no me interesa. –le dejó el periódico en el escritorio y se excusó bajando la mirada para hacer una media reverencia- Con permiso.

Salió de ahí dando pasos rápidos y asegurándose de mi mirar a nadie, quizás así no notarían que iba llorando, haciendo un esfuerzo sobrehumano para comportarse más o menos normal, para sacar de algún lado las fuerzas y marcharse a su casa… para poder moverse y no sólo estar de pie en el vacío que la rodeaba, derramando lágrimas por un corazón roto y un amor perdido que nunca fue suyo.

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Inuyasha usó el timbre de la casa esperando porque al ser todavía temprano ella estuviera ahí, si de paso se topaba con los padres o no, no era importante, sólo deseaba enfrentarla, preguntarle muchas cosas… obtener respuestas, justo por eso no la llamó antes, para que no tuviera oportunidad de estar preparada. Pocos segundos después la misma Kikyo abrió la puerta y lo miró sorprendida, casi alarmada.

- ¿Qué pasa? –le preguntó sin salir ni invitarlo a pasar.

- ¿Estás sola?

- Sí… pero…

- Sólo necesito que me expliques una cosa.

Inuyasha le pasó un periódico, ese que mostraba las fotografías de Kikyo con Sesshoumaru paseándose por ahí, al principio ella se sorprendió pero casi de inmediato tomó la compostura y lo miró a los ojos, con expresión neutral, como si no estuviera siendo descubierta a la mitad de un acto de terrible traición.

- ¿Qué quieres que te diga?

- ¡Maldición! Te has estado viendo con él. Y no me digas que son negocios. –le reclamó con dureza, ocultado su pena detrás de la agresividad.

- No son asuntos de negocios. –afirmó tranquila- Lo he estado viendo, a él y a alguien más. No veo cuál es el problema.

- ¿Cuál es el problema? ¡Pues que se supone que tú y yo estamos juntos!

- Lo estamos, Inuyasha. –Kikyo dejó el periódico sobre una maceta grande que estaba cerca y se aproximó a él con una sonrisa en los labios, luego, lo tomó de la mano. –Estoy contigo, te quiero como te lo he dicho siempre. Pero… es difícil de explicar… tú tienes un lugar muy especial en mi vida, pero no por eso voy a limitarme.

- ¿Limitarte? Kikyo… ¿qué demonios estás diciendo? –Inuyasha ahora parecía incrédulo, no entendía a qué se refería ella… cómo podía decirle que lo quería, que le importaba y al mismo tiempo expresarle abiertamente que estaba saliendo con otros hombres… y en especial con su hermano.

- Tú sabes… que hay muchas cosas en mi vida que no decido yo, pues esta es una de las que sí. Quiero verte y estar contigo pero no me voy a encerrar en una relación. No sé si me explico…

- Te explicas muy bien. –le habló pausado y lleno de recriminación- Pero yo no puedo entenderte.

Con un gesto brusco Inuyasha liberó la mano que Kikyo le sostenía y dio media vuelta para marcharse en su auto con mil dudas en la cabeza y la única certeza de que él no deseaba lo mismo, que no quería tenerla compartida con Sesshoumaru y con quién sabe quién más.

Mientras conducía muchas cosas pasaron por su mente, intentó encontrar la falsedad en sus recuerdos, algún indicio de que Kikyo siempre fue así, de que él, tonto hombre sin cerebro se engañó a sí mismo creyendo cosas que no eran ¿lo quería a él pero no sólo a él? Estupideces… y pensar en la maravillosa última noche que pasaron, todo basura y nada más.

FLASHBACK

Inuyasha entró en la habitación del hotel pequeño, era el primer día de vueltas en la pista donde se corrió la última carrera y no se había visto con Kikyo desde la noche en que sus padres llegaron, sin embargo eso estaba por cambiar. Unas horas antes recibió un mensaje de texto con los datos del hotel, la hora para verse ahí y la promesa de Kikyo de pasar la noche juntos, esa noche evadiría sus responsabilidades.

Dejó su maleta por ahí y fue para mirar por la ventana, se trataba de un lugar pequeño, rústico y escondido, un sitio donde nadie sospecharía que estaban juntos, perfecto. Su celular sonó y miró, otro mensaje, ella diciéndole que llegaría tarde y que lo compensaría por eso. Sin poder evitarlo sonrió en anticipación a lo que sucedería. Así con algo de tiempo libre llamó a la recepción y ordenó algo de cenar, estaba hambriento y con tiempo libre.

Cuando el servicio a la habitación llego, Kikyo también lo hizo y él la recibió como después de un siglo de no verse, la besó, rodeó su cuerpo con los brazos y la atrajo hacia sí mismo sintiendo que todo podía esperar para más tarde.

- Te extrañé. –le dijo ella muy bajito en el oído.

- Yo también.

- ¿Cenamos? –sugirió la joven apartándose para dirigirse hacia su maleta, él se decidía entre alimentarse o invitarla a hacer el amor en ese mismo momento- ¿Te importa si me pongo cómoda?

- Adelante…

Él dudaba un poco en el significado de esas palabras, porque por cómoda… ¿no se referiría a desnuda? Quizás no, tal vez era sólo él y su loco deseo de tenerla más cerca. La miró cambiarse, se quitó con deliberada lentitud cada prenda hasta quedar sólo con ropa interior y después vestirse con una playera corta de tirantes, se soltó el cabello para que le cayera en suaves hebras por la espalda y después fue para sentarse en la cama y sonreírle… otra vez esa expresión de inocente seducción a la que nunca lograba resistirse.

- Cenamos en la cama, un baño y a dormir ¿te parece? –la invitación fue hecha con una sonrisa, en la secuencia de hechos no se incluyó nada de intimidad… pero él sabía que esa parte estaba implícita, sólo era su forma de tentarlo para que lo consiguiera, la manera de incitarlo y provocarlo… de retarlo para seducirla.

FIN DEL FLASHBACK

Todavía manejando sin rumbo y sólo con adrenalina en las venas Inuyasha evitó pensar en los detalles de esa noche, en la cena con conversaciones casuales, en cada movimiento deliberado de Kikyo para volverlo loco… en la tina con burbujas y las horas de luna en las que para nada durmieron.

Todo tan maravilloso y ahora ya no tenía nada, porque nunca lo tuvo de verdad, quizás esa misma semana otra noche ella le hizo lo mismo al imbécil de su hermano, o a cualquier otro… lo quería a él pero también a mil hombres más, a cualquiera que se le cruzara en el camino… y él idiota que se lo creyó. Pero nunca más.

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Domingo por la noche, el autódromo resplandecía desde lo lejos con toda la iluminación para la carrera, Lin estaba en la puerta, llevaba ahí parada esperando por decidirse ya varios minutos. Los que pasaban a su lado la veían extrañados de que simplemente se quedara estática como un ser inanimado. Pero en su interior el debate no se resolvía.

Estaba indecisa entre entrar o marcharse, de todas formas al no llegar temprano no lo vería, deliberadamente lo prefirió así, desde que se enteró de su… relación con la hija mayor de los dueños evitó cruzárselo a toda costa, no podría soportarlo. Y en ese momento ni siquiera quería ir a verlo, sentarse entre los miembros de la escudería y preocuparse hasta la médula de los huesos en cada acelere y cada curva, era mucha más tensión de la que estaba dispuesta a soportar por un hombre que ni siquiera sabía que ella existía, uno que jugó con ella nada más. Pero al mismo tiempo quería estar ahí como si con su presencia cambiara algo y le diera suerte para una buena carrera, para que saliera en una pieza de ahí y además con la victoria en las manos.

Al final decidió pensar con lógica, acallar su estúpido corazón y silenciar las ideas de fantasía para actuar con lógica. Ella no hacía diferencia para él estando ahí y sí le representaba tensión extra. Mejor sería volver a casa y más tarde encender el televisor y enterarse de los resultados por el noticiero deportivo.

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El calor en la pista no era tan abrumante esa noche, sin la luz del sol pegando directamente sobre su cuerpo cubierto por toda la protección, las cosas se facilitaban. Pero aún así lo estaba haciendo mal, de todas formas iba apenas en tercero y sentía cada error cometido, casi vio venir todas las veces en las que no aceleró lo suficiente o frenó de más y por eso no iba ganando, por tener la cabeza en otro lado.

Sesshoumaru intentó concentrarse una vez más cuando por el sonido del equipo le avisaron lo cerca que iba Onigumo, ese odioso piloto que parecía tener algo personal en su contra, ahora le pisaba los talones y ante el menor descuido se aprovecharía para sacar ventaja… y eso sería demasiada humillación para él que debía ser perfecto siempre.

En una recta ancha antes de la curva más cerrada Onigumo aceleró y se abrió para pasarlo pero Sesshoumaru lo estaba esperando y reaccionó a tiempo, también aumentando la velocidad de su vehículo para no dejarse pasar, así llegaron a la curva casi juntos y él le cerró la puerta al cuarto lugar, pero esta vez el otro competidor pareció no estar dispuesto a asumir su derrota y con un movimiento casi ilegal provocó que las llantas de sus dos autos se tocaran, a esa velocidad tanto Sesshoumaru como él se volvieron simples pasajeros mientras sus autos giraron y rebotaron contra las paredes de contención, soltando pedazos retorcidos de metal y dejando a cada espectador paralizado cuando después los restos del carro de Sesshoumaru se incendiaron.

CoNTiNuaRá...


Hello!!!! Aquí estamos de nuevo. Espero que les haya gustado. Creo que el final de este cap es... interesante. Quién sabe qué pasara!!! Aún no estoy muy decidida. Y pues muchas gracias!!!! Por leer y por todos sus comentarios. Y como siempre, si tienen un segundo les pido unas palabras, críticas, sugerencias, dudas!!! Grax!!!!

Ya para despedirme nada más quiero responder dos cosas a dos personas, que no puedo hacerlo de otra forma.

Emm... katha, no puedo avisarte si no tengo tu cuenta de fanfiction, o si no, déjame tu correro porfitas!! Yo con mucho gusto lo hago :d (nada más escríbelo sin el arroba cfitas)

Y emm... nai, la verdad es kag&inu&kik... sí hay inu&kag más adelante pero de una pareja definitiva, no sé, aún no he decidido, las posibilidades están abiertas. Grax!!!!