ReBaSaNDo_aL_DeSTiNo
(&&&- Cambio de escena)
CAPÍTULO 11
La calma antes de la tempestad
El trayecto hasta la casa de Sesshoumaru lo hicieron en silencio y tomados de la mano, ni él hizo intento alguno por liberarla ni ella pudo moverse, todavía sin entender absolutamente nada. Al llegar a la casa –o más bien mansión- del piloto, Lin olvidó su situación por unos momentos, quedándose casi atónita por lo que veía. Jardines por todos lados, árboles, arbustos… y autos, varios de ellos junto con motocicletas estacionados por ahí, todos relucientes y magníficos hasta para sus inexpertos ojos. Inclusive creyó reconocer por ahí el convertible rojo con el que un par de milenios atrás, la arrolló.
El chofer pasó la maleta hasta el recibidor y luego se marchó dejándolos solos ahí entre las paredes tan bellas por dentro como por fuera, parecía la típica casa de una estrella de cine o un millonario… bueno, él bien podría ser muy rico y ella ni por enterada. Al principio hubo silencio, Sesshoumaru en cuanto estuvieron solos comenzó a desfajarse y desabotonarse la camisa, con eso la dejó paralizada, ya ni la hermosa casa le pareció importante.
Cuando Lin vio su piel desnuda y los músculos marcados debajo sintió que toda la sangre se le subía al rostro y empezó a desconfiar… ¿él esperaba que fuera así de fácil? ¿Para eso la llevó? Para… sólo quería… pero cuando el piloto le dio la espalda ella recordó, claro, tenía una quemadura dolorosa sobre un hombro y parte de la espalda, de seguro que la tela era molesta.
- Te va a gustar el jardín.
Sin otro comentario la guió por pasillos y áreas abiertas ¿era casa o laberinto? Hasta que llegaron a unas puertas de cristal corredizas y salieron, en la parte trasera había más pasto y árboles, los cuales proyectaban su sombra sobre el suelo y una piscina azul con el agua tan cristalina que se veía digna de un manantial. Antes de eso había una terraza con muebles de jardín y aparatos de ejercicio, Sesshoumaru fue hasta sentarse en el borde del piso de madera y la miró invitándola –casi como una orden- a que hiciera lo mismo. Ella suspiró resignada a que tal vez nunca podría hacerlo hablar… pero por su propio bien lo intentaría, para ya no tener que estarse preguntando si debía amarlo u odiarlo. Se sentó a su lado, ambos miraban el azul líquido enfrente.
- Me gustaría saber qué significa todo esto. –preguntó ella esperando una respuesta, pero cuando no la hubo se obligó a continuar.- ¿Te burlas de mí?
- No.
- ¿Estás viendo hasta dónde puedes jugar conmigo? ¿Hasta qué punto voy a seguir regresando?
- No. –otra vez su voz tranquila, como siempre, como si estuviera dejándola desahogarse o simplemente no encontrara las palabras para expresarle lo que de verdad quería.
- ¿Buscas poner celosa a tu novia? ¿Quieres que Kikyo se enoje trayéndome aquí?
- Ella no significa nada. No estamos juntos.
- ¿Entonces? Todo eso de que verme "afecta tu rendimiento" era un pretexto… una salida fácil para poder verte con ella, de eso estoy muy segura, Sesshoumaru. –ella habló sincera y ruda, viéndolo a hora, él también enfocó sus ojos en el rostro de la joven.
- Que tú afectas mi rendimiento, es cierto, cada vez que no estás ahí lo hago mal. Y sí fue un pretexto y Kikyo tuvo que ver en ello, pero no pienses que fue fácil decírtelo.
- Eres la persona más… el hombre más… -detuvo sus palabras y se cubrió el rostro con las manos en señal clara de frustración- …complicado que conozco. Sólo dime la verdad y ya.
- No. No puedo. Si lo hago estaría faltando a mi deber.
- ¿Qué deber? – Lin bajó sus manos otra vez para dejarlas cerradas en sus costados, lista para emprender la huída y renunciar al periódico si era necesario, en ese momento la última cosa que deseaba era volver a verlo jamás en su vida. – Si faltas a tu deber ¿por qué me dices la mitad de las cosas?
- Porque eres la mujer más maravillosa y quiero que te quedes.
Acto seguido él se acercó tomando el rostro femenino entre ambas manos para besarla, unió sus labios sin tener la certeza de que ella lo aceptaría, de que a pesar de la incómoda e incomprensible situación a ella le quedaran paciencia y cariño para no empujarlo y salir corriendo. Al principio todo le indicó que así sería, los labios de ella no se movieron, se quedó estática, recelosa, desconfiada de lo pasaba, pero él decidió insistir, presionarla un poco, utilizar su encanto y continuó rozando sus labios casi como una súplica.
Fue una agradable sorpresa cuando ella al fin le correspondió y pudieron sentir después de muchos siglos, otra vez ese cálido efluvio entre ambos, la corriente eléctrica que los movía y al mismo tiempo mantenía unidos, reconociéndose otra vez… demostrándoles que de verdad ese era su sitio, el lugar del rompecabezas donde encajaban a la perfección. Aunque hubiera todavía muchos secretos que no pudieran ser confesados.
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Kagome estaba desayunando en la cocina, ante ella había un plato de cereal frío a medio comer y un vaso de jugo casi intacto, bostezó sin darse cuenta de que su hermana iba entrando en ese momento ya lista para ir a trabajar, a ella le quedaban unas cuantas horas antes de asistir a clases.
- ¿Por qué tan temprano? –preguntó Kikyo sirviéndose café como cada mañana.
- No pude dormir.
- ¿Y por qué tan triste? –esta vez la pregunta la hizo voltear ¿tan evidente era su depresivo estado de ánimo? Y además… ¿podría decirle la verdad y evitarse un sermón?
- Kouga se va mañana. –le dijo al fin, sin haber encontrado un pretexto creíble.
- Por eso los ojos hinchados de haber estado llorando toda la noche.
Kikyo dio un sorbo a su taza y observó bien a su hermana, cansada, con ojeras, los estragos del llanto más que visibles… y se sintió inmensamente mal por ella. Si esto hubiese pasado tiempo atrás, se hubiera limitado a regañarla y decirle que no era necesario todo ese drama… pero para ese momento… podía entenderla mucho más de lo que le gustaría. Tomó otro trago pequeño de café y se decidió a hacer lo poco que estaba en sus manos para ayudarla.
- Se supone… -empezó a decirle- que el avión de papá y mamá se va en dos horas. Asegúrate de que se vayan de verdad y si es así, quédate con él esta noche.
Kagome abrió los ojos como platos y despegó los labios sin decir nada, sin poder creer la oferta, por supuesto que Kikyo supo desde años antes que ella y Kouga mantenían relaciones íntimas, si el chico fue su primera vez y ella se lo contó todo… pero… ¿aceptaba ahora su amor tan abiertamente? Quizás toda esa comprensión venía de Inuyasha, porque gracias a él su hermana empezó a suavizarse con lo de Kouga.
- Quita esa cara de tonta, o retiro la oferta. –se quejó Kikyo probando una vez más el contenido de su taza.
- Gracias… -fue todo lo que se sintió capaz de articular y luego rodeó la barra de la cocina para abrazar a su hermana y así quizás poder transmitirle parte de todo lo que sentía.
- De nada. Y lamento mucho que se tenga que ir. –las palabras de Kikyo fueron sinceras mientras devolvía el gesto, cuando se separaron Kagome sonreía, con eso se sintió bien mientras iba a dejar los restos de su café y la taza sucia, ya se le hacía tarde.
- Kikyo… no quiero molestarte… pero… es que… ¿qué pasó con Inuyasha?
- Terminamos. –la respuesta fue clara y sencilla mientras lavaba su taza.
- ¿Qué pasó? Si eran muy felices…
- Sí, creo que lo fuimos, yo lo fui. Pero hay cosas que él no entendió y yo no quise ceder.
- ¿Estás saliendo con Sesshoumaru? –Kagome creyó percibir el titubeo de su hermana esta vez, aunque no podría asegurarlo.
- Salí con Inuyasha, con Sesshoumaru y con Naraku, el dueño de la escudería Miasma, con los tres en una misma semana, con Sesshoumaru más de una vez en un periodo de varios días y hoy voy a ver a Naraku de nuevo. -Kikyo habló fluida mientras se secaba con rapidez las manos y después se encaminaba a la puerta, su hermana la siguió de cerca sin saber qué decir, ella no se esperaba nada de eso. – Avísame si no vas a venir adormir.
Al final Kikyo se despidió con un gesto de la mano y sin que Kagome pudiera reaccionar, se marchó. Así la joven se quedó con mucho en qué pensar… esas actitudes no eran propias de su hermana, nunca antes se comportó así… ¿por qué?... Tal vez si hablaran más, podría sacarle la razón de todo aquello, por qué ese cambio de actitud… además, pensó en Inuyasha y sintió deseos de darse un tope cuando recordó el final de la noche anterior, cuando lo dejó más o menos sobrio en la madrugada y justo antes de marcharse le puso en claro que todo era un error y su hermana nunca saldría con Sesshoumaru ni nadie más que él. Kagome suspiró y se hizo los ánimos para realizar la visita durante la mañana, quizás era mejor ir a disculparse que asistir a clases, o si lograba acortar la disculpa llegaría bien para cumplir con sus asignaturas. Miró el reloj y se apresuró para llegar al departamento del chico.
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Se besaron por largo rato, ahí sentados en el borde de la terraza, donde el piso de madera daba espacio a escalones, Sesshoumaru la rodeó por la cintura atrayéndola hacia su cuerpo cuando tuvo la apremiante necesidad de sentirla más cerca. Lin, ya con toda la renuencia doblegada, se dejó hacer y correspondió cada beso, todos los roces de sus labios y recibió al intruso en su boca con un suspiro, cuando las manos de él la tomaron por la cintura no pudo más que sentirse deleitada, poco a poco deseó algo más. Sin otra cosa que pasión en la mente subió ambas manos para pasarlas por sus hombros y atraerlo, pero justo cuando tocó la piel lastimada, él inconsciente y sin poder evitarlo se tensó y hubo una minúscula pausa que aterró a la chica.
- ¡Lo siento! –exclamó alejándose y poniendo ambas manos firmes sobre su regazo, dispuesta a jamás volver a moverlas.
Sesshoumaru se limitó a levantar un poco la comisura de sus labios, apenas como esbozar una sonrisa tenue, casi imperceptible y volvió a rodearla por la cintura para juntar su propio torso desnudo con el de ella cubierto por una blusa azul cielo, aunque esta vez no buscó sus labios sino que se quedó así protegiéndola en un abrazo muy dulce. Lin dejó descansar su frente en el hombro sano del piloto y ahí las lágrimas necias volvieron, aunque apenas como dos gotas solitarias deslizándose por su rostro.
- Me asusté tanto… -murmuró la joven apenas pudiendo creer que lo tenía ahí, que estaba entre sus brazos… que estaba vivo a su lado.
Él no respondió con palabras, sólo la incitó y buscó sus labios otra vez, Lin creyó entenderlo, a él también le alegraba que las cosas salieran así… de alguna forma. Pudo sentir la pasión de sus caricias, la impaciencia de sus labios y la renuencia de las manos masculinas que a duras penas se quedaron quietas unos segundos en su cintura.
Ella se estaba deleitando con la situación… quizás necesitaría más explicaciones… algo de seguridad… lo que fuera, pero en ese momento su único problema era dónde colocar sus manos sin lastimarlo. Y como si Sesshoumaru entendiera el dilema tomó sus muñecas para ponerle las palmas directamente sobre sus abdominales desnudos, después la volvió a abrazar para tenerla más cerca.
Ese gesto para Lin fue muy difícil, de repente lo tenía inmiscuyéndose en su boca, con el corazón desbocado y podía tocar su cuerpo, sentía la piel tersa debajo de cada terminación nerviosa… él la deseaba y ella a él, con locura… justo ahí y ahora.
Sesshoumaru dejó de aprisionar sus labios para descender lentamente por su cuello, probando así la piel erizada a su paso y Lin se estremeció sintiendo cada caricia casi con lujuria, desbordadas sobre su piel, sus manos recorrieron cada músculo tenso y palparon el ritmo desbocado del corazón masculino. Por un momento Lin quiso acercarse más, se imaginó a sí misma sentándose en sus piernas y dejándose hacer… y justo en ese instante se dio cuenta de que todo estaba ya fuera de su control… se había enamorado… lo amaba en toda la extensión de la palabra, con cada consecuencia que eso le trajera.
- Lin, espera. –la voz de Sesshoumaru fue un murmullo inaudible que por poco y no logra traerla de regreso al mundo real. – Así no. ¿Qué te pasa?
Él la separó y se le quedó viendo con los ojos dorados relucientes de desconcierto y curiosidad, con una mano enjugó las lágrimas de sus mejillas, que ahora corrían libres en un caudal y ni siquiera se dio cuenta antes. Sólo atinó a negar con la cabeza y sonreírle, aún viéndolo a los ojos.
- Estoy bien. –le dijo Lin con la voz clara y segura, porque era verdad… se sentía bien, ese día era maravilloso, aunque lo que viniera después resultara complicado… en ese presente, era feliz. -¿Cuáles son los planes para hoy? –preguntó separándose un poco y bajando los escalones para quedar sobre el paso, viéndolo con alegría.
- ¿Qué quieres hacer?
- Me gustaría que descanses, debes sentirte mucho peor de lo que dejas ver ¿Desayunaste? ¿O te preparo algo?
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Kagome llamó a la puerta de Inuyasha una vez más, aunque ahora en mucho peores condiciones… porque ya no iba para ayudarlo como la noche –o madrugada- anterior, sino que acudió para disculparse. Cuando él se tardó en abrir, la joven supuso que sería natural que él durmiera hasta más tarde pero cuando estuvo a punto de marcharse la puerta se abrió.
- ¿Otra vez tú? –fue lo que el chico en pijama dijo.
- Qué amigable, Inuyasha. Pero supongo que me lo merezco… vine a disculparme.
- En ese caso… -él le sonrió sarcástico y se hizo a un lado para dejarla entrar. – Lo mínimo que puedes hacer es acompañarme a desayunar.
- No tengo mucho tiempo en realidad, es que las clases…
- No me vengas con eso ahora. –la regañó mientras iban a la cocina y él se disponía a poner panes en el tostador y encender la cafetera. -¿Y la disculpa?
- Lo siento… -murmuró sin saber bien cómo hacerlo, quizás apegarse a la verdad. – Hoy hablé con Kikyo y ella me lo dijo, sí ha estado saliendo con…
- Ni lo menciones, espero que el imbécil se pierda el resto de la temporada. ¿Y tú por qué tienes los ojos hinchados? ¿Te regañaron por quedarte tan tarde anoche?
- No… ellos no se dieron cuenta, como se van hoy, se durmieron en cuando llegaron a casa.
- ¿Entonces? –la cuestionó terminando de poner la mesa. Y ella se preguntó si quería seguir haciendo pública su desgracia.
- Kouga se va mañana y… es difícil.
- ¿No estaban locamente enamorados?
- Es trabajo, espero alcanzarlo en cuanto pueda…
Así se embarcaron en una conversación abierta, como si se conocieran de muchos años atrás en lugar de unos cuantos meses, de la misma forma en que se platicarían si fueran amigos íntimos y no sólo conocidos. Quizás era porque los dos tenían penas similares, o porque ya antes se vieron en circunstancias vulnerables. Cuando alguien llamando a la puerta los interrumpió se dieron cuenta de que el desayuno terminó hace mucho y Kagome ya había perdido por lo menos la primera clase.
- ¿Qué hacen aquí? –cuestionó Inuyasha a la pareja que estaba aguardando del otro lado de la puerta mientras los dejaba pasar.
- Tan cálido como siempre. –le dijo su madre mientras le acariciaba la mejilla.
- Supuse que no vendrían a verme a mí.
- Sesshoumaru está bien, lo visité anoche. –respondió su padre también pasando.
Cuando se encontraron con Kagome, ella no supo bien cómo reaccionar y reconoció la llegada de los padres de Inuyasha como su salida. Los saludó con una reverencia cuando su amigo la presentó y empezó a despedirse, pero Izayoi interrumpió.
- No, hija, por nosotros no te vayas. –sonrió.- Si ustedes tienen planes, lo respetamos. Pero es bueno conocer a nuestra nuera. Inuyasha ¿por qué no nos habías dicho que estabas con alguien?
- ¿Qué? Claro que no. Ella es una amiga.
- Oh… vaya, como están aquí… desayunaron temprano y estás en pijama, yo supuse que…
- No, yo vine a saludar nada más. –se apresuró a aclarar Kagome, ahora más nerviosa- Y creo que es mejor que me vaya, tengo clases y…
- No nos hagas sentir mal marchándote, hija. –le indicó el padre.
- Claro, si eres amiga de Inuyasha, puedes estar aquí mientras nos ponemos al corriente.
Kagome los vio alternadamente y sonrió apenada, sin saber cómo salir de la situación y deseando que el mismo Inuyasha la dejara marcharse de manera diplomática, pero cuando él no lo hizo, ella se quedó sin más opciones que sentarse otra vez y ver la dinámica familiar.
Durante un rato la pareja mayor estuvo interrogándolo sobre su vida, como era usual ya que ellos radicaban en otra ciudad y él no se daba mucho tiempo para llamarlos, fue hasta casi una hora más tarde que el timbre de su celular interrumpió, él reconocía el número y contestó con recelo.
- ¿Qué pasa?
- Inuyasha… -la voz de Kikyo sonó cauta y sorprendida, como si a pesar de ella misma haberle marcado, no estuviera esperando que le respondiera.- ¿Cómo estás?
- Ocupado.
- Lo siento… no fue mi intención…
Por un momento en el tono de la mujer, él encontró duda, inseguridad… y creyó ver un atisbo de la Kikyo que él supuso que era, de esa mujer de semblante fuerte e inquebrantable que por dentro se la pasaba gritando por ayuda para salir de sí misma. La sintió triste y sincera y como siempre, se doblegó.
- Está bien, no pasa nada. ¿Para qué me llamaste? –le dijo esta vez ya con calma.
- Es que hay… algo que quiero decirte… -la voz trémula de la joven se quebró al final e Inuyasha la escuchó contener el aliento.
- ¿Estás bien? Puedes simplemente decirlo. –él esperó mientras sentía las tres miradas del comedor sobre su espalda, pero ella no dijo nada.- No te compliques.
- Estaba pensando… en… salir, tú y yo… algo simple, quizás ir a comer más tarde… un café en la puesta de sol…
- ¿Otra vez tienes tiempo para mí? –preguntó como reflejo, por más doblegado que estuviera ante Kikyo, no podría olvidar todo lo que sucedió.
- Al medio día o por la tarde. –esta vez le pareció que ya no era la misma de segundos atrás.
- ¿Y en la noche? ¿Ya tienes alguien en lista de espera? –se burló sarcástico.
- En realidad, algo así, por eso te ofrezco el día. –ahora sí, era totalmente la Kikyo fría y calculadora, la mujer utilizando sensualidad de hielo para conseguir su cometido.
- Eres increíble. –murmuró antes de colgar. Ahora la furia lo recorría nuevamente, hastiado y ofendido por semejante atrevimiento… llamarlo para acomodarle un huequito entre un hombre y otro. Se sintió mal y se tomó medio minuto antes de regresar a su pequeña reunión, donde todos esperaban en silencio. – Dile a tu hermana que ya no me llame. –le advirtió a una sorprendida Kagome antes de hacer cualquier otro comentario para desviar la atención e sí mismo y evitar preguntas que no deseaba responder.
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Era la mitad de la tarde y a Lin y Sesshoumaru se les fue todo el día haciendo casi nada, miraron televisión, Sesshoumaru le describió de forma más detallada el accidente, cosa la cual fue muy difícil de escuchar para ella aunque él ni sonó alterado, y la joven le preparó la comida. Mientras buscó en las alacenas algo para cocinar se dio cuenta de qué tan lejos llegaba el régimen del piloto, ya que ahí encontró cosas dignas de una tienda naturista. Había montones de cosas que ella jamás había comprado y luego de idear algo más o menos normal para alimentarse los dos, tuvo que hacerle notar el detalle a Sesshoumaru. Él con su calma perenne le explicó la importancia de la alimentación cuando eres un deportista y de paso la llevó a conocer el gimnasio privado.
A esas alturas la comida iba en el postre, una especie de pastel naturista, bajo en carbohidratos y alto en fibra, y ellos estaban mirando una película, tendidos sobre la cama uno al lado del otro, Sesshoumaru sin camisa con su hombro quemado al lado de Lin, quien prefirió que fuera así para resistir la tentación de acariciarlo.
- ¿Puedo preguntarte algo? –dijo ella de repente volteando a verlo, él correspondió la mirada y no habló. – Si no estás con Kikyo Higurashi… ¿qué hacía anoche contigo en el hospital?
- Fue a hacerme preguntas. Tiene la teoría de que no fue un accidente, ni un impulso de Onigumo, sino estrategia de la escudería.
- ¿Mandaron a su piloto a suicidarse? –preguntó incrédula, con miedo en la mirada.
- A que me sacara de ahí, aunque tuviera que sacrificar su carrera también, sólo se le pasó la mano.
- ¿Por qué harían algo tan horrible y peligroso?
- Dinero. Hay millones involucrados. La fama no es la única razón para quedar en primer lugar como escudería. Pero no puedes escribir nada de eso, es peligroso ¿entendido?
Lin se quedó pensativa y sólo asintió antes de perder la vista en la nada ¿peligroso? Con esos comentarios todo comenzó a sonarle más como una mafia que un deporte… pero antes de que sus conclusiones pudieran llegar más allá, su celular sonó y ella se apresuró a contestarle a su amigo.
- Kohaku ¿cómo estás? ¿No te quedaste dormido trabajando? –la chica se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro en la habitación, sonriendo, Sesshoumaru sólo la observó.
- No, qué va. Estoy perfecto. –dijo el chico del otro lado de la línea- Pero estaba preocupado por ti. Aunque te oyes bastante bien.
- Lo estoy. –le aseguró con naturalidad dando una vista rápida al piloto, su razón de estar bien.- Es una larga historia que no te voy a contar hoy porque tienes que dormir.
- Estás con él. –le aseguró con la certeza que le daban muchos años de conocerla. –Después de pasarte toda la noche llorando por su culpa, estás feliz porque estás con él.
- Si lo pones así… no suena bien. –murmuró ella no muy segura de cómo contestar.
- ¿Estoy equivocado?
- No…. pero…
- Nada de "peros", señorita. En cuanto llegues a tu casa me llamas para contarme. Además, quiero planear algo contigo, estoy pensando en visitar a Sango, tengo unos días de vacaciones y ya casi es su cumpleaños.
- ¿De verdad? –preguntó ilusionada, sonriendo más que antes y sin poder dar un paso más.
- ¡Pero quiero que sea sorpresa! –la regañó con la sonrisa marcada en la voz.
- Claro, claro. Te llamo más tarde entonces. ¡No te voy a dejar dormir otra vez!
Cuando cortaron la comunicación ella se quedó con la sonrisa puesta y la mirada perdida mientras se sentaba en el borde de la cama. Sesshoumaru esperó un poco para ver si ella diría algo y cuando no lo hizo se decidió a preguntarle por la causa de su repentina felicidad.
- ¿Por qué tan contenta? ¿Quién te alegró el día? –la cuestionó sin mucho interés aparente aunque ella pudo sentirlo.
- Era Kohaku, el hermano de Sango. –hizo una pequeña pausa pensando en si era correcto decirle que ella era feliz por estar ahí a su lado, pero prefirió callarse las locas declaraciones de amor. – Dijo que va a venir a verla en su cumpleaños.
- ¿Por qué eso habría de ponerte feliz? –mientras hablaba se puso de pie para empezar a recolectar los platos y casi no mirarla, era extraño notar todas esas emociones en ella tan de repente.
- Hace mucho que no viene. Lo extraño. Es que vivimos tanto tiempo juntos que aún es raro no verlo cada noche al llegar a casa.
- ¿Viviste con él?
- Fuimos compañeros de casa Sango, él y yo durante toda la universidad y tiempo después. Y con él… bueno… fuimos compañeros en muchas formas.
Sesshoumaru no pudo evitar verla fijamente, deteniendo sus propios movimientos, en ese instante todo cobró un nuevo sentido macabro en su mente y la furia y celos que tan desconocidos le eran lo invadieron, asaltándolo por sorpresa cuando se preguntó qué significaba el que ese antiguo "compañero" de Lin le despertara ese brillo en los ojos y amor en cada expresión… no le gustó nada.
- Te ayudo. –se apresuró a decir ella, sin ser para nada consciente de lo que pensaba Sesshoumaru en esos momentos.
CoNTiNuaRá...
Hello!!! Emmmm ps aquí estamos, una semana más. Espero que les haya gustado :P
Y mil gracias a todas por su apoyo!!! Ojalá que vayamos por buen camino. Y ya saben, cualquier comentario, duda, sugerencia, etc con muchísimo gusto se recibe :P
Y ya me despido. Se cuidan mucho y nos estamos leyendo :D Byes!!! Linda semana.
