CAPÍTULO 14
Esperanza
(Negritas)... Inicio de escena
OCHO MESES DSPUÉS
"… porque en ese momento ya nada era importante para ella, ni el ser un espíritu enviado del cielo, ni la lucha eterna que mantener en este mundo contra el mal, ni salvar las almas de los inocentes… porque ya no era la misma, esa inocencia y alegría desinteresadas se perdieron hace mucho, desde que se enamoró de él y aunque sus poderes siguieran ahí y fuera físicamente capaz de continuar haciendo la tarea para la cual fue creada, ya no deseaba hacerlo. Ahora nada más que su propia tristeza la llenaba… era mala… una creación equivocada porque por amor a un simple hombre abandonó toda la divina misión y se dejó envolver en capas y capas de placer, dicha y egoísmo… porque era más importante su dolor de haberlo perdido que todo lo demás.
Así sin tener muchas opciones, sin ser fuerte para superarlo y seguir con su existencia, decidió dejarlo todo. Con el conjuro que encontró se decidió a dormir por siempre. Leyó con cuidado cada palabra y lo dijo tres veces en voz alta, concentrada en la sensación de no querer existir y como su única salida… se abandonó al sueño eterno."
La voz de Lin fue clara y triste todo el tiempo y en cuanto dejó de hablar los aplausos la trajeron a la realidad y olvidó que no estaba sola en casa leyendo para sí misma, sino que eso era un evento público en una librería importante… porque ahora era una escritora de verdad.
Las cosas iban iniciando, su libro tenía poco tiempo en el mercado, después de pasar por los filtros de edición, pero marchaba bien. Las ventas subían y como parte de la publicidad asistía a reuniones de lectura en las que se presentaba a sí misma y a su trabajo y al cierre leía un fragmento del libro… en esa ocasión, este día que por alguna razón venía cargado de tristeza, decidió leer el final de la historia sin que quienes no lo hubieran leído, lo supieran.
Ella sonrió sobre el estrado y agradeció la presencia y atención de todos y después bajó para ser interceptada por los otros asistentes, personas normales como ella que esa noche estuvieron escuchándola. Esa ocasión podía ser dichosa, ella, como escritora entre literarios conocedores, hablando, escuchando, respondiendo preguntas y discutiendo ideas, sus sueños hechos realidad.
Más tarde salió de ahí y abordó un taxi, estaba cansada y tenía hambre, deseaba llegar a su nuevo departamento y cenar algo antes de tomar una ducha y dormir. Al siguiente amanecer tenía que levantarse temprano y viajar para la próxima presentación en una ciudad aledaña, menos mal que estaba cerca, aún no tenía el equipaje listo.
Cuando llegó a su hogar puso a calentar algunas sobras de comida del día anterior y tomó el periódico de la mesa para hojearlo como no tuvo tiempo en la mañana, pasó los encabezados y rebuscó entre las secciones, espectáculos y finanzas no eran de su interés al igual que la página de sociales, revisó rápido la parte de artes para ver si no la mencionaban, era raro pero ya lo habían hecho con anterioridad… aunque ese día no hubo nada, eso no la preocupó. Después vio los deportes… ella informándose de deportes… irónico. Pasó casi todo sin mirarlo, pero en las columnas de automovilismo prestó más atención. Durante esos meses corrían fórmulas menores, categorías menos importantes pero de todas formas los reporteros se mantenían al tanto de los progresos y cambios de la principal, que estaba en meses de descanso. Vio algo sobre Sengoku y cómo tenían al parecer problemas para encontrar un sustituto de Inuyasha, también que no contarían con la misma suerte del año anterior y se les veía muy difícil volver a ganar el título de mejor escudería. Entre líneas entendió que Miasma tenía las mayores posibilidades si todo continuaba así. También había una mini entrevista con Sango que versaba sobre cosas de mecánica que ella no entendió y nada más. No hablaban de Sesshoumaru… pero bueno, si la escudería sólo buscaba un reemplazo permanente para Inuyasha, significaba que su hermano mayor correría la próxima vez con ellos. Por lo menos pudo obtener ese dato.
Dejó el periódico botado y fue a servirse sin molestarse en regresar al comedor, cenó de pie intentando planear su siguiente día y no pensar en qué estaría haciendo Sesshoumaru, en si quizás correría en alguna pista para mantenerse en su nivel, o sólo se dedicaría a ejercitarse. O tal vez… como no estaba en temporada… se permitía salir con alguien… eso sería lo más natural, era su rutina como él se lo dijo… solía mantener abstinencia y soledad mientras competía y el resto de los meses tomaba alguna chica para estar con ella. Lin suspiró y sacudió despacio la cabeza intentando sacarse esas ideas de la cabeza.
Sesshoumaru iba caminando por un centro comercial, estaba anocheciendo e iba en tiempo para llegar a su cita en el restaurant italiano del que todos hablaban, la joven a la que estaba viendo disfrutaba de ese tipo de cosas al igual que cada chica superficial del mundo… y a él en realidad le daba lo mismo, como muchas otras cosas desde que a la que amaba se fue.
En el bolsillo tenía guardado un collar discreto pero de oro que compró minutos atrás para su acompañante y no pensaba visitar otra tienda, pero al pasar por la librería algo llamó su atención. Fue un póster de metro y medio de algo, en él figuraba un libro de colores alegres con predominio de azul, vio el título y no le resultó familiar, según las explicaciones era material nuevo de escritora nueva… y su sorpresa fue demasiada cuando vio el nombre de ella. Vaya… ¿en verdad? Pasó en tan poco tiempo de periodista galardonada a escritora famosa. Por supuesto, era muy capaz y si deseaba algo lo conseguiría… como consiguió su premio a costas de él.
Dudó por un segundo, pero después se convenció y entró para comprar un ejemplar, quizás ya no estaban juntos, tal vez ella sólo lo utilizó, pero después de tantos meses de no tener ni la más mínima idea de qué era de su vida, el poder ponerle las manos encima a un pedacito de su mente fue demasiado y no pudo resistirse.
Al llegar a la caja, la chica le sonrió encantada –como siempre se mostraban las mujeres- y lo miró coqueta, cuando notó qué estaba comprando no tardó en intentar iniciar una conversación, sólo que el comentario lo tomó muy desprevenido.
- Es un excelente libro, quizás no deba decírtelo, pero el principio es impactante, un chico arrolla a la protagonista.
Obviamente la mujer esperó respuesta más allá de la tarjeta para pagar, pero él no se la dio, por un lado su típica falta de interés y por otro… ¿en verdad? Eso sonaba mucho a… claro, si esa fue la manera exacta en que ellos dos se conocieron. No podía ser una coincidencia, tal vez… esa mujer que amó… quizás… era mucho peor de lo que pensaba y más allá de sacar una serie de reportajes y un premio de periodismo se decidió a hacer más pública toda la historia y ahora avanzar por el Novel de literatura.
Cuando salió de la librería aún estaba aturdido por la fuerza de su propio enojo, antes no tuvo razones suficientes para buscar una acción legal… por mucho que la hubiera amenazado con demandarla no se atrevió a hacerlo, porque a pesar de cualquier cosa la amaba… pero si Lin llegó a tales extremos… él tendría que hacer lo mismo. Tal vez valiera la pena suspender su noche de pasión para quedarse leyendo un libro.
El escenario era hermoso, había una playa… el sol cálido ocultándose para dar paso a la noche, el sonido de las olas y la sensación de arena en sus pies. Nadie más que él y Kikyo en el campo visual. Andaban corriendo por ahí, mojándose con el mar y riendo, él la perseguía sin esmerarse mucho por alcanzarla, todo parte del juego. Y se sentía bien, ahí los dos en su paraíso personal alejados del mundo. Podía verle la espalda y sus piernas gráciles expuestas por el vestido corto que llevaba, sonrió más.
- ¡Te tengo! –le dijo mientras la envolvía por la cintura y la atraía hacia su cuerpo, riendo.
- ¡Suéltame! –le demandó ella jugando, revolviéndose para ser liberada. Inuyasha empezó a caminar mojándose cada vez más las piernas en el mar, mojándola a ella también mientras se adentraban. - ¡No me mojes! Me las vas a pagar.
El chico se detuvo y la soltó un segundo para hacer que lo mirara a los ojos y ver su sonrisa y la mirada café que amaba por sobre todas las cosas, se sonrieron como si el tiempo y el mundo no existieran y él la besó de forma fugaz para después acunarla contra su pecho agradecido por el simple hecho de estar ahí.
Pero en ese momento ella ahogó una exclamación de dolor y él, alarmado porque algo pudiera hacerle daño… sin encontrarle sentido a que así fuera, la separó para mirarla y preguntarle qué le sucedía pero al instante se le heló toda la sangre, congelándose en sus venas.
Kikyo estaba herida, tenía cortes profundos en toda la piel y una perforación enorme en el pecho que sangraba mientras ella caía sin fuerzas, él le dio sostén y descendieron juntos, mientras Inuyasha buscaba salida al pánico y al dolor de verla a ella consumida en sufrimiento, con los ojos sin lágrimas mostrándole terror y desconcierto, pidiéndole ayuda con gritos mudos, y de repente Inuyasha recordó que esa no era la primera vez que le pasaba… que la perdía… que se sentía impotente.
Y despertó.
Lo hizo bañado en sudor como cada vez y desorientado al igual que casi siempre. Sabía dónde estaba, en un sillón en el hospital, pero ya que casi vivía ahí… las horas se le fundían en un collage de días, semanas y meses. Se cubrió el rostro con las manos y se talló los ojos tratando de quitarse la amarga sensación de la pesadilla, esa que se repetía cada vez que dormía, que siempre lo sorprendía como si fuera la primera vez, de la misma forma en que si no se tratara de un sueño sino de un momento vivido.
- Maldición… -exclamó en voz baja y enfocó la vista, estaba oscuro y eso no le permitió ver el reloj de pared, pero a juzgar por la tenue marca de luz colándose por las ventanas, pronto amanecería.
Se puso de pie y se desperezó… sabiendo que no volvería a dormir, sin siquiera pretender intentarlo por temor a su pesadilla y agradecido porque esta vez la tuvo cerca de la mañana y no a la media noche… o sea que pudo descansar más… aunque no es como si hiciera muchas cosas que lo agotaran.
Dio pasos lentos por inercia y cruzó la habitación hasta llegar al lado de la cama, la vio ahí como cada día durante meses, dormida… con una aguja clavada y sujeta por encima de su clavícula para mantenerla con vida, y varios electrodos sujetos a su cuerpo que iban registrando cosas en una máquina al lado. Con trabajos se animó a tocar su suave piel que se sentía cálida pero desconocida, notó los brazos con las cicatrices del accidente, todos esos cortes que él también tuvo pero que no fueron de importancia…
- Buenos días. –escuchó la voz de Kagome proveniente de la puerta, ni siquiera la escuchó entrar, iba arreglada a pesar de ser tan temprano y llevaba consigo dos vasos de unicel, como cada vez.
- Hola. –la saludó a secas acercándose para recibir su café.- Gracias.
- De nada. ¿Dormiste?
- Sí, acabo de despertar. Hoy llegaste temprano.
- Sí, es que tengo mucho que hacer. –caminaron despacio hasta sentarse en el sofá uno al lado del otro, pudieron encender la luz, pero siempre seguían rutinas como si la chica a la cual ambos cuidaban pudiera sentir su entorno.- Estaba pensando en invitarte a comer.
- Gracias, pero voy a estar aquí todo el día. –Inuyasha dio un sorbo al café con la mirada perdida en la nada.
- Hace 36 horas que estás aquí, tienes que salir. –la preocupación de Kagome fue muy obvia, siempre lo era cuando trataba de convencerlo que fastidiar su vida y su salud no haría que Kikyo despertara más pronto.
- Aguanto un día más. ¿Y qué tanto tienes que hacer? –él cambió el tema descaradamente y ella lo notó, pero no eran horas para discutir.
- Tengo reuniones con patrocinadores. Las cosas pintan mal para el siguiente año y quieren retirarse… no sé exactamente cómo pero se supone que voy a convencerlos de que el piloto que te reemplace será excelente y que Sesshoumaru va a volver a su ritmo de antes…
- Lamento ocasionarte tantos problemas, creo que soy una maldición para tu familia. –al final el hombre esbozó una media sonrisa amarga, gesto muy común en su rostro desde hacía meses.
- Me preocupa más que hayas echado tu vida por la borda desde el accidente.
- ¿Y qué se supone que haga? –preguntó sarcástico, alzando la voz y poniéndose de pie con la mirada ambarina llena de fuego- Ir y hacer mi vida normal mientras ella está aquí en ese maldito estado cuando para empezar debería soy yo el que estuviera en esa cama, no Kagome, mientras Kikyo esté en el hospital, yo también lo estaré.
Inuyasha se quedó viendo hacia fuera por una ventana, descorrió la cortina para tener un pretexto y no ver a la otra joven, no dejarle notar su semblante deshecho ni enfrascarse en otra discusión sin sentido, porque su decisión era inapelable y ella, como el resto del mundo, no lo entendía. La escuchó suspirar y ponerse de pie para marcharse.
- Te veré después. –él no le dio seña alguna de haberla escuchado, Kagome fue hasta donde yacía su hermana y sonrió mientras le acariciaba el rostro antes de marcharse de ahí.
Cuando abandonó la habitación del hospital Kagome tenía un rumbo fijo, la reunión que le dijo a Inuyasha, aunque no estaba muy segura de qué demonios haría ahí. Además ahora tenía mil cosas más en la cabeza… aunque ya debería estar acostumbrada, porque eran todas constantes en su vida: el estado de coma de Kikyo, la obstinación de Inuyasha en destruir su vida quedándose ahí, la presión por hacer las cosas que su hermana ya no podía, la desesperación por querer salvar al ex-piloto de sí mismo… y preguntarse qué estaría haciendo Kouga ahora que ella ya nunca iría a su lado… porque no podía… quizás se quejaba de Inuyasha, le decía que no debería entregar su vida por un accidente… pero si tenía que ser sincera consigo misma, ella hizo lo mismo, desprendiéndose de ese futuro maravilloso que tenía justo en el momento en que entró en el hospital el día del accidente, después de que Inuyasha le avisara.
FLASHBACK
Era de noche y Kagome estaba sola en su casa, nerviosa por la falta de noticias… esa misma mañana visitó a Inuyasha y lo hizo ir a buscar a Kikyo, pero nunca supo el resultado de aquello y estaba inquieta, temerosa como si muy dentro de sí misma supiera que las cosas habían salido mal ¿por qué ninguno de los dos le dio noticias? Quizás estaban juntos en un lugar amándose… en ese momento el celular sonó e identificó el número de Inuyasha, por fin.
- ¿Inuyasha? ¿Cómo te fue? –esperó que el chico le contestara algo pero sólo hubo silencio- ¿Inuyasha? ¿Estás ahí?
- Kagome… -murmuró muy bajito con la voz tensa.
- ¿Qué pasa? –sin saber por qué se puso de pie y víctima de la inercia tomó su chaqueta, su bolso y se encaminó a la salida, tal vez algo muy dentro de ella presentía cosas.
- Hubo un accidente. Ven pronto, Kikyo… -a él se le quebró la voz.
- ¿Qué accidente? Inuyasha… ¿qué le pasó? –al instante los ojos se le llenaron de lágrimas mientras subía a su auto sin recapacitar en que así le sería muy difícil conducir y todavía no tenía idea de a dónde iba.
- Date prisa, está muy mal. Hospital Central, ven a la sala de urgencias, ella está en cirugía pero… -increíblemente otra vez no fue capaz de terminar la frase, era muy obvio que lágrimas le formaban un nudo en la garganta.
- Voy para allá. ¿Tú estás bien? –preguntó encendiendo el motor mientras maniobraba con el teléfono para salir de la cochera.
- Yo debería morir.
Luego él colgó y ella no tuvo nada más en la cabeza que ir frenéticamente a verlos. El camino se le volvió como borroso, lo conocía y no tuvo que prestarle mucha atención, así que se concentró en las posibilidades, en qué significaba todo aquello… tal vez Kikyo sí estaba muy mal… quizás por eso fue ese malestar que tuvo todo el día… un presentimiento… algo que más allá de la comprensión normal pudo predecir pero no supo interpretar… estúpida y mil veces estúpida…
Cuando llegó se le hizo eterno el tiempo para pasar a verlo, pero cuando lo tuvo enfrente se arrepintió, o casi, de haber ido, aunque no tenía muchas opciones. Él estaba en una cama entre dos cortinas, ropa del hospital y muchas gasas adheridas sobre lo que más tarde supo eran puntadas… los cristales le abrieron demasiadas veces la piel, también la impresionó un poco el collarín y verlo con un suero en la vena. Pero lo peor de todo… eso que la derrumbó al instante fue su semblante… nunca imaginó por ver a alguien así de… destruido. Sí, de verdad que no tuvo otra palabra para eso. Sin otra posibilidad, sólo lo abrazó, hubiera querido fundirse con él en ese momento, unir sus cuerpos para quitarle algo del dolor, pero temió hacer que su piel se lastimara más y lo hizo apenas con sutileza, llorando y no queriendo saber nada más, aunque fuese inevitable.
Inuyasha le correspondió el abrazo y recargó su frente en el hombre femenino, escondiendo el rostro entre su cabello oscuro y con aroma florar, vaya que era estúpido notarlo en ese momento, cuando la vida le jugaba la peor de las bromas. Lo único que pudo hacer fue empezar a disculparse murmurándole casi en el oído.
- Lo siento… fue mi culpa, lo siento tanto… soy un imbécil, debería ser yo, no ella, lo siento, Kagome, discúlpame…
- ¿Cómo está?
- Muriéndose. –sólo una simple palabra salió de sus labios y congeló a Kagome en su sitio, casi sin poder asimilarlo. – Está en cirugía pero… no le dan muchas posibilidades, todo es mi culpa. Yo le hice esto.
- ¿Cómo pasó? –en ese momento Inuyasha la soltó y se le quedó viendo a los ojos castaños con los propios intentando explicar mil cosas, millones de ellas… aunque tendría que hablar… porque si deseaba un milagro en su vida, no sería brincarse las explicaciones que no quería dar, sino el salvar a la mujer que amaba.
- Íbamos en la carretera y un loco nos embistió por detrás. Sólo caímos.
En ese momento llegó un médico e Inuyasha tuvo que guardarse el resto de las explicaciones para más tarde, cuando le diría que era su culpa porque él debió haber ido manejando y no ella y así él hubiese quedado atrapado en el sitio del conductor y Kikyo estaría en la sala de urgencias con cortaduras y collarín… heridas simples que él no se merecía.
FIN DEL FLASHBACK
Kagome suspiró y jugó con la idea de llamar a Kouga… porque ahora se sentía capaz de hacerlo, ya no era como antes, con esos meses de cosas imposibles que pasar ella había crecido y terminado de madurar y aunque lo suyo con su primer amor fuera ya cosa del pasado, aún lo valoraba mucho… y lo extrañaba, el que fuera imposible estar juntos no la hacía desearlo menos. Ni eso ni el que estuviera demasiado confundida con Inuyasha.
Esa tarde era de fiesta para Lin, después de varios meses de llamadas telefónicas por fin Sango la visitaba, acompañada de Miroku, por supuesto. La pareja llegó a su departamento a la hora de la comida con un pastel para el postre y se enfrascaron en conversaciones diversas, aunque la mayor parte fue en torno a Lin. Su amiga deseaba saberlo todo, cómo es que se sentía, qué era lo mejor de estar realizando sus sueños por fin… y fue raro… porque la mecánica siempre pensó que teniendo entre sus manos el trabajo ideal, Lin sería feliz… y por sus simples expresiones se dio cuenta de que para nada era así.
En algún punto después de l atardecer el teléfono de Miroku soó y él se excusó cuando se dio cuenta de que sería una llamada larga de trabajo, fue hacia el pequeño balcón para dejarlas continuar con su charla.
- ¿Cómo van las cosas entre ustedes? –preguntó Lin aprovechando la intimidad.
- El otro día… estuvo hablando de casarnos… -confesó Sango con las mejillas teñidas de rojo.
- ¿Y? ¿Qué le dijiste? ¿Quieres casarte con él? –el entusiasmo de Lin fue manifiesto y casi tan grande para borrar la expresión triste de sus ojos cafés.
- Pues… no le dije nada… claro, me gustaría casarme con él pero…
- ¿Sigue siendo un coqueto?
- Se me revuelven las tripas cada vez que le suena el teléfono. –Sango suspiró y negó un poco con la cabeza, lanzándole a su novio una mirada de reojo.
- Oye… -la voz insegura de Lin la hizo voltear y esperar por el resto de la frase, que se tardó en llegar, Lin no estaba segura de decir lo que se estuviera fraguando en su mente. -¿Has sabido de él?
- No mucho en realidad. –su amiga no tuvo que decir el nombre para que Sango supiera que preguntaba por Sesshoumaru… entonces, él era todavía la razón de su tristeza. – Pero pronto van a empezar las pruebas preliminares… cuando lo vea, te aviso.
- Gracias. –sonrió avergonzada y tomó un sorbo de su bebida.
- ¿Aún piensas mucho en él?
- Todos los días. –admitió bajando la mirada.
- No deberías…
- Lo sé…
En ese momento la tetera de la cocina anunció que estaba lista y Lin lo utilizó de pretexto para salir de ahí antes de que las lágrimas la traicionaran, podía llorar frente a Sango, pero la presencia de Miroku no era lo mismo, suficiente tenía con que ella y Kohaku conocieran su patética desgracia enamorada de un piloto que ni se acordaba de ella, como para que más gente se enterara.
Caminó a pasos rápidos a la cocina y quitó la tetera del fuego, pero no se puso a servir, porque las manos parecían querer fallarle. Sobre sus mejillas bajaban dos hilillos de agua salada, hacía un esfuerzo casi sobrehumano para mantener los suspiros a raya… maldito destino… y estúpida ella por amar así al hombre equivocado, a ese que no la quería igual, al que no confió en ella… a uno hecho de hielo como un maldita trampa en la que cayó más allá de lo que sus fuerzas alcanzaban para salir.
Ya de noche Kagome entró sin tocar a la habitación del hospital, Inuyasha estaba ahí como siempre con la misma ropa de esa mañana y la expresión de muerto en vida inalterada, aunque si no lo imaginó al verla cierta luz momentánea lo iluminó… aunque bien pudo haberse equivocado. En la cama Kikyo yacía tan inmóvil como siempre.
- Hola. –lo saludó acercándose con la cena que compró de camino para los dos.
- No sabía si ibas a venir… yo lamento lo de en la mañana. No debí hablarte así. A estas alturas eres todo lo que me queda. –la palabras de Inuyasha salieron calmadas y tristes y sin que lo deseara sus ojos se posaron en Kikyo unos segundos… y eso entristeció a Kagome, porque él la tenía a ella porque no podía tener a su hermana, la punzada de dolor se le clavó en el pecho.
- No hay problema, sé que temas de los que prefieres no hablar.
- Cierto. –sonrió triste quitándole la bolsa con comestibles de las manos para ir a la mesita de centro en la rudimentaria salita y empezar a acomodar para cenar juntos, como casi cada noche.
- Ya sé que no debería insistir en esto pero… mañana vas a salir aunque sea unas horas ¿verdad?
- Sí, voy a ir a mi departamento un rato. ¿Sabes? Es curioso, no salgo de aquí porque estoy esperando verla despertar… pero si lo hiciera, no importaría que yo no estuviera aquí en ese momento.
Obedeciendo nada más un impulso Kagome se acercó hasta abrazarlo, lo rodeó por el cuello y escondió su rostro en el hombro de Inuyasha, ya derramando las primeras lágrimas. Odiaba verlo así, destruido… con su vida deshecha y no poder hacer nada, porque ella no era su hermana y jamás podría consolarlo apropiadamente. Él le regresó el gesto envolviéndola por la cintura y atrayéndola hacia él, el contacto fue cálido y Kagome sintió como si por un momento la paz regresara… o algo así. Aunque en el fondo sabía que era sólo una ilusión, porque estar tan cerca la ayudaba y lo empeoraba todo a la vez, porque cada ocasión la confundía más, le despertaba más sentimientos y sensaciones que no deberían estar ahí, que eran inapropiadas y estaban condenadas al fracaso.
- Gracias. –murmuró él en su oído y Kagome se estremeció hasta lo más profundo de su ser, sin pensarlo se separó un poco y se quedó viéndolo a los ojos unos segundos hasta que él le sonrió un poco y juntó sus frentes, después, cerró los ojos complacidos como si disfrutara de ese momento.
Kagome sonrió también nada más por verlo así y cerró los ojos, dejándose llevar. Sin la vista como guía el aroma de Inuyasha la tomó casi por sorpresa, claro que lo conocía y siempre le gustó pero en ese momento fue más fuerte. Lentamente acercó más su rostro al masculino centímetro a centímetro sin pensar pero dudando, con un instinto de conservación gritándole que sólo se buscaba más dolor después, cuando él la rechazara, pero no pudo detenerse y cuando sus labios anhelantes tocaron los de Inuyasha, él no la alejó.
Sesshoumaru estaba recostado y despierto cuando el sol salió en el horizonte, llenando la ciudad con la luz de un nuevo día e impregnando su habitación con cierto tono de vida. A su lado una mujer desnuda dormía aún, quizás hasta tarde puesto que era domingo, pero eso a él no le importaba, ahora sólo podía leer.
Luego de comprar el libro días atrás, no tuvo ánimos para leerlo, deliberadamente lo pospuso, todo por no enterarse del contenido. Pero horas atrás después de divertirse un rato con su acompañante en turno, lo tomó de la mesita de noche y lo abrió leyendo desde los comentarios iniciales acerca de la autora, una joven que apenas iniciaba en ese mundo, reportera con anterioridad, soñadora, alegre, etc., etc.… palabras comerciales que a él no le dijeron nada, porque la conocía mucho más que eso. Pero en cuando pasó del capítulo primero, ya no pudo parar. La historia era de fantasía, se trataba de una especie de ángel, una criatura femenina nacida para hacer el bien al adoptar forma humana que se enamora del hombre que por accidente la arrolla con al auto. Eso de por sí lo impactó, pero lo irresistible fue el reconocer tantas cosas de ellos dos ahí, la personalidad de ella, la de él, los largos paseos juntos en auto sumidos en silencios cómodos y eternos… todo descrito de manera imposible, tan hermoso… tan… perfecto, que no fue capaz de detenerse ni de dejar de lamentarse ¿qué demonios hizo? Al leer otra vez todas sus experiencias y sus momentos juntos se dio cuenta de que fue un error… pero todavía no llegaba al final de la historia así que dejaría las locas decisiones de abandonarlo todo esa misma mañana para ir a buscarla y se concentraría en terminar de diseccionar el libro… aunque a esas alturas le costara trabajo quedarse quieto si no la tenía a su lado… sólo que quizás ella ya no se sentiría igual. Y sin atreverse a formar bien el pensamiento por temor a las consecuencias, casi se planteó la estrategia para encontrarla y preguntarle ¿tan difícil sería? ¿Valdría la pena? ¿Qué podía perder si ya no la tenía a ella?
CoNTiNuaRá...
Hello!!! 1ro... disculpen la tardanza!!! De verdad que tuve que estructurar mil cosas (que se verán próximamente). 2do... espero que les haya gustado!!! de verdad, quizás no es lo que podía predecirse, pero igual ojalá esté interesante. 3ro... mil grax!!! Por todo su apoyo y por estar leyendo y por sus comentarios!!!! 4to... ya me despido, ahora sí, nos estamos leyendo el próximo domingo sin falta, se cuidan mucho y ya saben cualquier duda, sugerencia, mentada, etc, con un comentario porfitas!!! Grax!!
