CAPÍTULO 14
Nunca más
(Negritas)... Inicio de escena
Luego de un día de no hacer casi nada Lin decidió que estaba lo suficientemente cerca de Kohaku para viajar apenas una hora en autobús y encontrarse con él en su departamento para cenar, así que luego de avisarle fue a su encuentro, contenta por quitarse de encima unas interminables horas a solas. Al final decidió quedarse a dormir ahí también.
- No necesito esas imágenes en mi cabeza. –se quejó Kohaku apagando el televisor con control remoto cuando al estar buscando algo que ver para matar el tiempo, se toparon con una película para adultos.
- Claro, estando así, podríamos acabar cayendo en la tentación. –Lin se rió y recargó su cabeza en el hombro masculino, ambos yacían sobre la cama con las pijamas puestas, él recargado en la cabecera y ella entre sus brazos.
- No es eso lo que me preocupa, hasta donde recuerdo nunca tuvimos problemas en esa área.
- Hasta la mesa del comedor era un buen lugar. –secundó ella enrojeciendo sin que Kohaku lo notara ante algún recuerdo de la época en que fueron pareja. – Pero si no es eso lo que te preocupa… entonces… ¿qué es?
- Últimamente estoy susceptible a cualquier cosa que involucre relaciones de pareja. Y eso es todo tu culpa. –guardó silencio unos segundo decidiéndose a hablar de lo que precisamente evitaba- Intento que no hablemos del piloto.
Lin se congeló en ese mismo instante, no entendía el sentido del comentario, pero cada vez que mezcló a Kohaku y Sesshoumaru en el pasado, nada bueno salió de ahí. Buscando ver mejor a su amigo se separó y se sentó sobre sus piernas viéndolo de frente, ahora él estaba muy serio y con el seño fruncido, lo conocía lo suficiente para darse cuenta de que intentaba buscar las palabras exactas para comunicarse con ella.
- ¿Qué pasa con Sesshoumaru? –preguntó insegura.
- Me desagrada que estés arruinando tu vida por él. Ahora tienes todo lo que siempre quisiste, tus sueños en las manos y no eres capaz de disfrutar nada por estarte cortando las venas por su culpa.
- Yo disfruto todo esto, Kohaku.
- Claro, por eso viajaste una hora con tal de estar aquí y no pasar la noche sola. Puedo apostarte a que ya ni siquiera sigues escribiendo.
- No siempre es fácil. -Lin agachó la mirada concentrándose en evitar las lágrimas ¿cuál era el punto de todo aquello?
- Tal vez tú tengas como firme propósito vivir sufriendo, quizás ya te resignaste, pero no te das cuenta de que me arrastras contigo y eso no te lo voy a permitir.
Ella alzó la mirada confusa, esas palabras le sonaron como si le estuviera jugando una broma, pasó de estar serio a hablar en el tono que usaba para molestarla deliberadamente, además, no encontró sentido a lo que estaba diciendo.
- ¿Ni siquiera puedes adivinar por qué? –insistió el chico.
- ¿No te gusta verme triste?
- Digamos que no puedo estar bien si tu eres así de miserable.
- Casi lo mismo. –aclaró ella medio sonriendo.- ¿Y por qué más?
- Su pongo que recuerdas por qué terminamos hace tanto tiempo tú y yo. –él preguntó eso tan obvio y ella asintió- Yo tenía un sueño en un lugar y tú el tuyo en otra y decidimos que vivir nuestros sueños era más importante que estar juntos. –él hizo una pausa y ella asintió, era básicamente eso aunque podría agregarle un par de detalles.- Lo que me ofende es que ahora estás viviendo ese sueño y Sesshoumaru es más importante, tanto, que opaca tu felicidad, la desaparece.
- Soy una tonta ¿cierto?
- Mucho. –él sonrió más y se acercó para abrazarla por largos momentos en un intento por reconfortarla algo ahora que a la chica le fue imposible contener más el silencioso llanto que se deslizaba por sus mejillas. –Yo creo que deberías ir a buscarlo. –murmuró muy bajo con trabajo y eso fue más sorprendente que todo lo demás junto, Lis se separó una vez más para buscar en los ojos castaños de su amigo la explicación a semejantes palabras.
- Creí que lo odiabas.
- Sí, bueno, lo odio. Y no estoy nada convencido de que sea lo mejor para ti, te mereces algo más que él. Pero por lo visto estás más que decidida a que él es lo que amas. Quizás, si eso es tan poderoso para tenerte así, merece una segunda oportunidad ¿qué puedes perder?
- ¿Y si me hace más daño? –preguntó trémula, considerando la idea, jugando con las posibilidades de ir y hacerle una visita a su piloto, verlo, hablar con él, que él la recibiera con los brazos abiertos y se disculpara, que ni siquiera la mirara, que le pidiera que se marchara y dejara de molestarlo… tantas cosas que podrían pasar.
- Entonces vuelves, te consuelo y te pido perdón por darte la idea. Y si tienes suerte, con ese desaire será suficiente para que empieces a olvidarte de él, porque por el momento me parece que más que superarlo, te aferras a su recuerdo.
- No creo ser capaz… -murmuró la joven mientras dejaba los ojos clavados en el edredón… y sentía todas las dudas atraversarla.
Cuando Kagome miró el reloj eran las tres de la mañana, suspiró cansada y decidió dejar lo que hacía, de todas formas arreglar todos esos papeles no eran lo suyo, de seguro que lo iba haciendo mal. Se levantó y subió las escaleras rumbo a su habitación sin molestarse en encender las luces a su paso, a final de cuentas le resultaron útiles todas esas madrugadas en las que llegaba con las firmes intenciones de no despertar a su hermana y se escabullía en silencio y a oscuras, conocía perfectamente la casa.
Ya en su habitación se quitó la ropa y se puso un camisón ligero para dormir, ni siquiera se iba a tomar la molestia de desmaquillarse porque era demasiado tarde y estaba muerta. Se dejó caer en la cama y cerró los ojos esperando y con la certeza de que en pocos segundos se quedaría dormida… hasta que el teléfono sonó y la hizo saltar de la cama. Por un segundo se asustó ya que permanecía en perenne alerta desde el accidente, pero después reconoció el número de sus padres y suspiró deseando que ellos tuvieran siempre en cuenta qué hora sería para ella cuando llamaban.
- Hola. –saludó tranquila.
- Kagome, ¿cómo está tu hermana? ¿Cómo van las cosas? –la voz de su padre era precavida como desde hacía tiempo, cuando empezaron a llamarle para informarse de Kikyo y la escudería porque ella literalmente los corrió de la ciudad.
FLASHBACK
Kagome no tuvo que abrir la puerta principal para escuchar los gritos dentro, otra vez estaban peleando sus padres, diciéndose cosas ofensivas y destruyéndose mutuamente y todo porque no sabían como lidiar con el dolor. Kikyo estaba en un estado incierto, lo llamaron "coma" los médicos, respiraba por sí misma y su cuerpo se estaba recuperando de las heridas físicas, pero todo el tiempo que pasó desangrándose y las veces que se le paró el corazón la dejaron sumida en un estado no muy alentador, sin saber si sería uno de esos milagros andantes que un día abren los ojos y recuperan su vida, si se quedaría así por siempre o simplemente moriría de repente.
Y eso estaba destruyendo la relación de sus padres. Ellos quizás nunca fueron perfectos, tenían muchos asuntos y deseos de viajar por el mundo, además de recursos para hacerlo, así que siempre las tuvieron medio abandonadas… pero nunca los escuchó pelear antes, ni una sola vez. Eran como una pareja perfecta en ese aspecto, hechos el uno para el otro. Pero ahora se la pasaban reclamándose, culpándose por el accidente y por cada error cometido en el pasado con Kikyo, que si le dieron mucha responsabilidad, si no la escucharon, si la orillaron a ese barranco por no aceptar su relación con Inuyasha (a quien odiaban más que nunca).
Con toda la ira y la desesperación contenidas desde hacía mucho, Kagome entró haciendo ruido y fue a enfrentarlos, se interpuso entre ambos y empezó a exponerles todas sus razones para exigirles que se marcharan, de todas formas Kikyo no despertaría más pronto por tenerlos cerca, no existía nadie en el mundo capaz de hacerla volver y a ellos los rompía mantenerse ahí. Y milagrosamente la escucharon. Esa fue la última noche que pasaron en la ciudad.
FIN DEL FLASHBACK
- Kikyo sigue igual.
- Ya veo. –murmuró el hombre con decepción.
- Y las cosas con la escudería se ven difíciles, la verdad estoy pensando en contratar un asistente o algo, sabes que estas cosas no son exactamente lo mío.
- Haz lo que sea necesario para mantener bien a la escudería, tu hermana haría eso.
- Lo sé. –respondió tranquila, intentando evitar sentir la punzada de dolor que le causaba no ser importante más que para sustituir a Kikyo, aunque eso le estuviera costando la felicidad de su propia vida.
- Entonces eso es todo. Tu madre dice que le des un beso a Kikyo de su parte… y de la mía también. Adiós Kagome, cualquier cosa llámanos.
- Claro.
La línea se cortó de inmediato y ella suspiró una vez más regresando a la cama para dormir, aunque las emociones que le desató la llamada le espantaron el sueño, pero igual estaba exhausta. Trató de sacarse a sus padres de la mente y también a Kikyo, no pensar en nada triste… pero se acordó de Kouga y al quitárselo también… llegó Inuyasha. ¿Qué estaría haciendo? Tal vez podría llamarlo porque solía pasar las noches en vela, pero además de que no tenía nada en especial para decirle… la verdad era que lo estaba evitando desde el otro día en que lo besó sin besarlo.
FLASHBACK
Era de noche en el hospital y el cálido abrazo que recibió la hizo perder el piso y la realidad, al cerrar los ojos sus otros sentidos tomaron control de la situación y sin poder evitarlo unió sus labios con los de él, a sabiendas de que la rechazaría… y se sorprendió cuando no fue así.
Aunque tampoco se podría considerar que él le estuviera devolviendo el beso, más bien era como si estuviese paralizado por la sorpresa o tan sumido en sus pensamientos que ni se hubiera dado cuenta de que ella lo besaba. Asustada, aterrada de lo que pudiera pasar… de que él la separa y le dijera que se marchara… simplemente rompió el contacto tan despacio como lo inició, separó sus rostros y se refugió en el pecho masculino. Sorprendida, lo sintió abrazarla con más fuerza.
- Inuyasha… -murmuró bajito sin querer que la escuchara, pero él la tomó por los hombros y la separó para verla a los ojos con la pregunta escrita en el rostro.
- ¿Qué pasa?
- Nada. –atinó a decir mientras se esforzaba por formar una sonrisa en su rostro, negó con la cabeza y al ser incapaz de preguntar por el beso… sólo decidió fingir que no pasó mientras Inuyasha también lo hiciera. -¿Cenamos?
- Claro.
Inuyasha se movió y sacó la cena de los envoltorios mientras Kagome se quedó ahí viéndolo a él y después a su hermana mientras intentaba desesperadamente calmar las emociones en su interior, porque todo eso estaba mal, ella no podía sentir esa clase de amor por el chico, nunca por ese que amaba a su hermana, al que su hermana correspondía igual. Era una traición horrible a Kikyo, a Inuyasha y a ella misma. Porque debía ser una buena hermana, una buena amiga y no hacerse daño con algo tan imposible. Pero cada día que pasaba la verdad era más abrumadora, ella estaba algo enamorada de Inuyasha.
FIN DEL FLASHBACK
Kagome suspiró una vez más y se cubrió el rostro con una almohada, Inuyasha no era el mejor tópico para ocupar su mente. Si fueran otros tiempo se limitaría a salir por ahí para evadir sus problemas y su soledad, pero no podía, ya no se sentía capaz de simplemente abandonarlo todo… cómo desearía que Kouga estuviera ahí a su lado… quizás si empezaba bien la temporada podría dejar su cargo y retomar su propia vida. Desde luego que no se atrevería a dejar a Kikyo e Inuyasha solos pero… tal vez estar dando vueltas, unos días con Kouga y volver otros pocos acá… podría hacerlo, lo soportaría por estar a su lado.
Aunque era muy pronto para tener esperanzas de que eso sucediera, porque Kouga ya no era suyo y no la estaba esperando, ella misma lo liberó de su compromiso cuando se dio cuenta de que no sería tan sencillo como lo planearon en un principio, pero… ¿y si iba visitarlo? Quizás sólo aparecer en su puerta y hablar con él, ponerle las cartas sobre la mesa y plantearle abiertamente la situación. Tal vez… sólo tal vez…
Después de la lectura y las preguntas habituales sobre su material, Lin estaba exhausta como de costumbre, tanto sonreír y pensar en respuestas correctas era difícil cuando por las noches no dormía… y dormir se le dificultaba cada vez más, en especial desde que Kohaku le metió la duda en la cabeza… ¿podría ir a buscar a Sesshoumaru? ¿Qué le diría si lo tuviera de frente?
Antes de que pudiera comenzar a darle vueltas otra vez al asunto y contestar sus propias preguntas alzó la vista, levantándola de la alfombra de la librería hasta toparse con un par de ojos dorados que la observaban implacables. Primero pensó que no era cierto, que se estaba volviendo loca, pero cuando pudo sentir emanar de él su aroma y su presencia, se dio cuenta de que no era una broma de su subconsciente, Sesshoumaru estaba ahí de pie a un metro escaso de ella. Tan frío como siempre, con la inexpresión tallada en hielo y toda la fuerza de sus ojos dorados traspasándola como si fuera de papel transparente. Como algo instintivo tocó el brazalete que llevaba en la muñeca, ése que él le regaló un par de siglos antes.
- Supongo que no tiene sentido preguntar cómo estás. Te va muy bien. –él afirmó con la voz distante que ella anhelaba oír, pero no pudo responderle porque tendría que dar más explicaciones de las que deseaba, decirle cómo sin él ya no lograba ser feliz y si pudiera gustosa regresaría a su trabajo anterior si con eso lograra volver también a su lado, sólo pudo encogerse de hombros. –Leí el libro. –afirmó y ella sintió una nueva oleada de pánico, sabiendo todo lo que él habría reconocido entre líneas. – Me gustaría que saliéramos a cenar, si tienes tiempo, parece que estás muy ocupada en estos días.
- Vamos. –murmuró ella sin su propio consentimiento, en muchas formas no tenía que aceptar, no después de la forma tan horrible en que él se comportó pero… ¿qué más podía hacer? Quizás a final de cuentas la vida sí tenía algo de magia y él volvería a buscara, pero no tendría que estar haciéndose ilusiones.
Afuera de la librería vio un convertible negro que recordaba estacionado entre todos los ejemplares de Sesshoumaru, por lo menos no llegó en moto. Le abrió la puerta del pasajero y después de subir arrancó. Lin pensaba que sería un camino en silencio como siempre y lo agradeció a las estrellas, así le regalaban más tiempo para pensar bien y ordenar sus ideas. Pero no fue así.
- Felicidades por el libro. Lo que siempre quisiste. –la atajó de repente mientras conducía bajo las luces tenues del alumbrado público.
- Gracias. –respondió insegura porque en verdad sí, eso siempre quiso, pero nunca se lo dijo a él ¿cómo lo supo? Además el tono afilado de su voz, insinuando cosas, siendo casi agresivo, no resultó una promesa de paz para esa noche.
Kagome suspiró inconsciente y se dio valor para llamar a la puerta. Lo había hecho. Tuvo la impulsividad necesaria para ese día sin aviso tomar un avión a ir a ver a Kouga, reunió de camino los argumentos y elementos lógicos q ilógicos en su mente para convencerse a sí misma de no dar media vuelta. Y ahora con la noche apenas comenzando y sin haberle avisado antes a su "amigo" estaba ahí llamando a la puerta. Ojalá que sí estuviera en casa.
Esperó unos segundos y después escuchó las cerraduras al abrirse, en ese instante un descarga de adrenalina diez veces más poderosa que cualquier cosa que hubiera sentido antes, la asaltó y se arrepintió de haber ido, se sintió tonta mil veces… hasta que lo vio. Y tan de golpe como llegó todo lo malo, se esfumó y sin poder contenerse como después de cada separación, se arrojó a sus brazos sabiendo que sería bien recibida.
Kouga no fue capaz de decir nada, sólo la acunó y la acercó a su cuerpo todo con desconcierto, ella era la última persona en el mundo a la que esperó ver en su puerta esa noche, si ya ni siquiera hablaban mucho, porque era difícil para ambos. Después del accidente de su hermana Kagome lo llamó para decirle que todo estaba terminado definitivamente, ella se tenía que quedar y él debería dejar de esperarla… y él siendo lógico, práctico y centrado, aceptó… pero aún así la separación definitiva no fue nada dulce.
- Lo siento… ¿interrumpo? –murmuró ella con tono bajo y lágrimas inundándole la voz aún sin soltarlo, muy cerca de su oído.
- No. Ven, entra. –Kouga la soltó con renuencia y la tomó de la mano para ingresar los dos.
Ahí dentro era justo como ella lo imaginó, sólo un departamento de soltero más, desorden, nada en combinación… pero de cierta forma tenía la firma de su amigo escrita por todos lados. La condujo hasta la barra de la cocina, claro, él no era de formalidades para sentarse a tomar café en la sala. Le preguntó qué deseaba de tomar y cuando ella sólo se encogió de hombros abrumada por la impresión de estar ahí a su lado como si nunca se hubiesen separado, él sirvió dos copas de vino tinto.
- ¿Cómo estás?
- Bien. –respondió contente, él era la primera persona que desde el accidente preguntaba primero por ella y no por Kikyo.
- ¿Hay una explicación corta para tu visita? ¿O tengo que interrogarte toda la noche?
- No hay explicación corta. –sonrió un poco viéndolo a los ojos azules, recordando cómo se sentía siempre a su lado.
- ¿Tiene que ver con tu hermana?
- No, ella sigue igual. –dijo sin querer ahondar mucho en ese tema, con temor infinito de arrepentirse.- ¿Cómo te va a ti?
- No me quejo, el trabajo va bien. ¿Sigues trabajando con la escudería? ¿Por eso las ojeras? –la sonrisa traviesa de Kouga se asomó y ella no evitó devolvérsela anticipando la maravillosa noche que pasaría a su lado, quizás sólo hablando, pero definitivamente más que reparadora para el espíritu.
Estaba anocheciendo cuando Inuyasha se dio cuenta de que era tarde ya para no haber recibido visitas o por lo menos alguna noticia de Kagome ¿tan ocupada estaba? Se quedó haciendo memoria de si la chica le mencionó algo en especial que la fuera a mantener lejos del hospital y no pudo recordar nada.
Mientras tanto observaba la pared blanca y con su mano trazaba finos círculos sobre el brazo de Kikyo, el estar tan cerca y acariciar su piel era un hábito en parte y al mismo tiempo la forma de tratar de mantenerla cerca. Los médicos no sabían qué tan consciente era ella de su medio pero le dijeron que tal vez sí podía percibirlo, por eso le conversaba tanto sin recibir respuesta o la tocaba constantemente además de poner música que a ella le gustaba o cosas así. Siempre deseando que de repente ella abriera los ojos como en las películas.
De repente alguien llamando a la puerta lo distrajo, primero pensó en Kagome, pero la chica de ojos cafés sólo pasaba, así que debía ser alguien más, quizás un doctor o enfermera para revisar que todo estuviese en orden.
- Adelante.
- Si no vengo a buscarte, no das trazas de vida. –lo saludó Miroku entrando con una sonrisa afable en el rostro, cerró la puerta tras de sí.
- Siempre estás ocupado. –se excusó inútilmente mientras lo acompañaba a sentarse en la salita de la habitación de hospital.
- Claro, cúlpame. Pero ambos sabemos que eres tú el que cortó toda relación con el mundo de los vivos.
- Ella no está muerta. –respondió Inuyasha a la defensiva y con el seño fruncido por el enojo, como si Miroku más que sólo bromear lo hubiera ofendido terriblemente.
- Tranquilo amigo. Yo no dije eso. Olvídalo ¿de acuerdo? No fue mi intención. –la voz desconcertada de Miroku hizo que el otro hombre se diera cuenta de su reacción exagerada.
- Tienes razón. Disculpa. ¿Qué te trae por aquí?
- Si la montaña no va a Mahoma…
- Creo que no regresé tus llamadas. –se excusó Inuyasha incómodo, sintiendo que su amigo estaba ahí para sacarlo, quizás a rastras, del hospital, y eso no era nada positivo.
- Ni una sola. Así que vine por ti. Te guste o no, te vas a tomar un rato libre. Ella va a estar bien unas horas. Y no me obligues a utilizar la fuerza.
La amenaza amable de Miroku fue bien recibida por Inuyasha, lo conocía de sobra para distinguir cuando estaba bromeando y cuando no. Así que suspiró, tomó su chaqueta y fue para murmurarle una suave despedida a Kikyo en el oído antes de besar sus labios cálidos pero en apariencia inertes antes de marcharse.
Lin y Sesshoumaru entraron en un restaurant de apariencia vegetariano, muy típico de él, desde el pequeño comentario del principio, él se quedó callado y ella también, intentando tantear la atmósfera emocional que lo dominaba. No le gustó nada. Se sentaron y ordenaron pronto, el lugar era bonito y estaba al aire libre, donde el viento tenue resultaba refrescante y las nubes en el cielo dejaban duda sobre lo que sucedería más tarde, si sólo una ligera llovizna o el mínimo rocío de la mañana… o quizás habría tormenta.
- Estás inusualmente callada.
- No sé qué decirte. Estoy esperando que me des un indicio de qué buscas.
- Leí tu libro. –le soltó directo el punto.
- Espero que te haya gustado.
- Es interesante.
- Gracias, es lo que he oído.
- Primero escribes sobre mí y obtienes un premio de periodismo, ahora lo vuelves a hacer y te dan un libro ¿qué sigue?¿Cuál es tu próxima ambición?
- Entonces crees que lo hice todo por ambición. –afirmó Lin con la voz tranquila y el interior revuelto ¿fue a buscarla sólo para reclamarle tonterías? – Entonces, supongo que no leíste muy detenidamente el libro.
- Cada palabra. Por eso estoy aquí. No lo entiendo.
- ¿Qué parte?
- ¿Cómo puedes hablar de un amor tan intenso en el libro mientras sólo me utilizaste para ganarte el premio? Y peor aún, al mismo tiempo andabas con ese estúpido niño.
Lin contuvo el aire en sus pulmones, horrorizada por semejante aseveración ¿cómo podía estar tan equivocado? ¿De quién se enamoró ella? ¿Y él? Porque definitivamente no la conocía nada, no si era capaz de imaginarse tantas cosas. Se cubrió los ojos con ambas manos para intentar obligarlos a no llorar.
- Ya deja en paz lo del estúpido premio. Asumo que no lo sabes, pero retiré voluntariamente mi candidatura. Fueron muy amables en nominarme, pero no pude aceptarlo.
- ¿Cómo? –preguntó él sin el menor atisbo de desconcierto en la voz, sólo la indiferencia perenne- ¿No era eso lo que buscabas? Fama, justo como el libro.
- Vamos a hacer un trato. –Lin habló mientras retiraba las manos de su rostro y se secaba las comisuras de los mismos simulando revisar su maquillaje, no quería que la viera llorar otra vez.
Un mesero llegó con su orden y mientras dejaba los platos ambos guardaron silencio, unos preciosos segundos que Lin valoró mucho, esos eran los últimos que sufriría por él. Kohaku tenía razón, un último encuentro con el piloto sería todo lo necesario para olvidarlo por siempre. Con esa convicción le ofreció la promesa extendiéndole la mano derecha para estrecharla por encima de la mesa, eso lo haría más formal.
- Prometo decirte absolutamente toda la verdad, la nominación, el premio, el libro, Kohaku, la fama… absolutamente todo tal cual sucedió siempre. Pero tienes que darme una promesa a cambio también. –lo observó con severidad haciendo contacto visual profundo, así Sesshoumaru no escaparía. –Tienes que jurar que esta es la última vez que te metes en mi vida.
CoNTiNuaRá...
Hello! Cómo están? Ojalá que muy bien! Espero que les haya gustado. Y mil grax! Por todo su apoyo, por leer y por sus comentarios que siempre me inspiran para seguir! Sólo quiero decirles que nos estamos acercando a la recta final y contrario a lo que esperaba, la verdad es que no tengo idea clara de qué tipo de final va a ser... cortarse las venas, feliz, melodramático, agridulce, etc. Espero que como quiera que se cumpla sus expectativas. Me voy antes de enfadarlas. Se cuidan mucho y no estamos leyendo. De nuevo mil gracias! y ya saben cualquier duda, sugerencia, mentada, etc con un comentario. nos vemos!
