CAPÍTULO 16

Perdidos


(Negritas)-Principio de escena.


Sesshoumaru iba manejando por la ciudad sin rumbo fijo por mera inercia porque si se quedaba quieto mientras todas esas ideas le rondaban la mente, se volvería loco. Era de noche y canceló una cita porque no tenía cabeza para nada, sólo para reprocharse y darse cuenta cada minuto con más pesar de que era el imbécil más grande del universo, ni siquiera tenía comparación con algún otro ser viviente. Se detuvo en una luz roja y como una maldición que lo perseguía a su lado estaba un cartel en una librería con la foto del libro de Lin, de todas formas no era como si pudiera olvidarla por un segundo, pero odiaba que el destino se burlara así en su cara, después de lo que ella le confesó en esa noche que juró sería última que pasó dentro de su vida.

FLASHBACK

Sesshoumaru tomó la mano que Lin le ofrecía para cerrar el trato, la verdad a cambio de nunca más volver a verla. Fue irónico que en esa noche en que fue a buscarla con la vaga esperanza de llegar a algo… de arrancarle sinceridad y respuestas convenientes para formar un pretexto y recuperarla… terminara por hacer exactamente lo opuesto. Pero para ese punto si ella ofrecía eso era porque no lo quería a su lado y él era un hombre de palabra, que cumpliría a cualquier precio su parte del trato.

- Perfecto. –murmuró ella tomando un tenedor para empezar a cenar, al parecer pretendía tomarse su tiempo.- Supongo que es lógico comenzar por el principio, por cosas que nunca te dije y que quizás debí decirte. Yo no soy una reportera, trabajaba en el periódico porque era eso o morirme de hambre. En la universidad me gradué de Literatura.

- ¿Una escritora talentosa en redacción de deportes? –la cuestionó sin poder comer como ella lo hacía.

- Nadie creyó antes en mi talento. Estaba ahí por necesidad y cuando me mandaron a seguirte y escribir de ti fue uno de los días más aterradores de mi vida. Eres tan intimidante, tan distante que me daba pánico pensar en tener que sacarte la más mínima información.

- Y entonces me serví en bandeja de plata. –afirmó Sesshoumaru viéndola dar un sorbo a su bebida, aún tranquila.

- Algo así. –le sonrió un par de segundos, pero la conocía lo suficiente para darse cuenta de que no existió la más mínima alegría ahí.- Intenté persuadirte de que no me debías nada por el accidente, pero cuando insististe, sólo tomé la oportunidad.

- ¿Y qué pensó tu novio de eso?

- Su pongo que te refieres a Kohaku, él no pensó nada porque nosotros terminamos años antes de conocerte. Pero volviendo a donde estaba, me doy cuenta de que fue un error pasar tanto tiempo contigo, estar a tu lado y conocer la parte del hombre que nadie más ha visto… me enamoré de ti como una imbécil. Sin darme cuenta comencé a anhelar cada momento a solas, a preocuparme como loca en cada carrera por tu vida, a desear que sintieras lo mismo por mí.

- Claro. –afirmó él curvando una de las comisuras de sus labios en expresión sarcástica.

- Querías la verdad, te la estoy diciendo, si no la crees es tu problema. –Lin respiró profundo y tomó otro trozo de la ensalada para darse tiempo y seguir con el proceso silencioso de sellar sus sentimientos, sólo así podría seguir con aquello.- Luego me nominaron al bendito premio, no se por qué, sinceramente no lo esperaba y cuando pasó me aterraba decírtelo, conociéndote había muchas posibilidades de que no lo tomaras bien, creo que por lo menos en eso tuve razón.

- ¿Qué más podías esperar?

- Cierto. –le sonrió vacía una vez más y dio un sorbo de la bebida, notando que él se quedó tan inmóvil como desde el principio- Y a eso le sumamos la visita de Kohaku y tus incomprensibles celos. Nunca lograste entender que lo amo como a un hermano, porque él y Sango son mi familia, a él puedo decirle lo que sea, estar a su lado y siempre va a aceptarme, me conoce mejor que nadie en las buenas y en las malas, pero ahí no hay romance.

- Como si fuera fácil de entender que el simple hecho de escuchar su voz te haga feliz.

- No veo por qué no sea fácil entenderlo. –se encogió de hombros y comió un poco más, tomándose su tiempo antes de continuar con las explicaciones que la liberarían de él por siempre.- La noche en que amenazaste con demandarme pasaron dos cosas importantes, por un lado me di cuenta de que tenías razón y yo no debería aceptar ese premio, y por otro lado Kohaku me dijo que un editor estaba interesado en conocerme.

- Casualmente la misma noche. –el comentario sarcástico de Sesshoumaru quizás no tenía mucho sentido, pero no pudo evitarlo.

- Sí, fue en realidad una noche llena de emociones fuertes. Al día siguiente fui a retirar mi candidatura y a renunciar al periódico, de todas formas supongo que me hubieran despedido por rechazar la posibilidad del premio. Después fui con el editor y tuve suerte de que le gustara mi trabajo, ya me rechazaron antes muchas veces.

Cuando terminó de hablar la joven dio un sorbo más a su bebida y lo miró expectante pero con distancia, como si fuera una espectadora y no parte de lo que sucedía, porque en su corazón las cosas eran ya diferentes y de entre todas las palabras cortantes e hirientes de Sesshoumaru sacó la fuerza para mantenerse en pie y librar esa noche lo mejor posible, ya después lidiaría con las consecuencias… sabiendo que no estaría sola.

- ¿Eso es todo? –inquirió él cuando le apreció que ella no seguiría hablando.

- Creo que sí. ¿Alguna cosa que desees saber? Quiero cumplir bien mi parte para que hagas lo mismo con la tuya.

- ¿Por qué llevas aún la pulsera? –quiso saber él señalando la muñeca de Lin donde iba el obsequio que él le dio mucho tiempo atrás.

- Porque, estúpida de mí, todo este tiempo te he estado extrañando y cuando me la diste dijiste que era para recordarnos aún cuando no estuviéramos juntos.

Él la miró tomándose su tiempo para pensarlo y tal vez demasiado tarde pero en ese par de minutos vio todos sus errores en perspectiva, se dio cuenta de que ella tuvo razón todo el tiempo y se arrepintió hasta lo más profundo de su ser por cada herida que le infringió. Quizás no era capaz de externarlo en ese momento, pero deseaba poder repararlo todo, abrazarla y que ella lo perdonara, unir sus labios y dar un nuevo inicio a su vida, recuperarla porque ella era su felicidad, su mundo, eso que lo mantenía en pie. Pero como no pudo, se limitó a aclarar una última duda.

- ¿De verdad es demasiado tarde?

- Yo creo… -Lin habló bajo casi sin aliento y los ojos se le llenaron de lágrimas una vez más, aunque no llegaron a derramarse mientras se puso de pie y se acercó a él. – No, más bien estoy segura, de que sí, ahora es demasiado tarde. -la joven se quitó la pulsera y la dejó sobre la mesa para marcharse sin mirar atrás.

FIN DEL FLASHBACK

La luz ya estaba en verde y él continuó conduciendo, pisando más el acelerador, sin conocer otra forma de descargar todo el odio que sentía contra sí mismo… ya era muy tarde para pedir perdón, para volver a su lado… y así la vida carecía de sentido.

Era de noche todavía pero no por mucho tiempo más, los colores claros del amanecer comenzaban a dibujarse en el horizonte, allá muy lejos porque donde Inuyasha estaba la oscuridad lo cubría todo aún y en más de una forma.

Inuyasha suspiró sin saber qué hacer, todavía dudaba entre llamar a la policía, buscar en algún hospital… algo… porque tantas horas de ausencia inexplicable no podían ser nada bueno y él tenía experiencia con las bromas macabras de la vida. Miró el reloj y luego a Miroku a su lado, dormido en el asiento del conductor, él era un buen amigo, aunque no se lo mereciera. Después de todo fue para sacarlo aunque fuese un día de su rutina, lo obligó a arreglarse para ir a tomar algo y después, cuando ya en la madrugada tuvo su ataque de histeria, se quedó a su lado y pasó la noche entera en el auto esperando afuera de la casa de Kagome.

Kagome, todo era por ella. Desde el accidente casi todos los días fue al hospital y los que no, llamó por lo menos, nunca pero nunca antes se desapareció como el día anterior. Sin llamadas, visitas, mensajes, un correo electrónico… y ni siquiera contestaba su celular o abría la puerta de la casa. La parte lógica de Inuyasha alimentada por la sensatez de Miroku no lo dejaron armar un alboroto nacional por la desaparición de su amiga, pero él deseaba hacerlo, quería mover cielo, mar y tierra para saber que estaba bien.

Entumecido por tantas horas de esperar decidió estirar las piernas y bajó del auto sintiendo la frescura de la mañana contra su piel, respiró profundo y volteó automáticamente al escuchar un auto aproximándose. Cundo notó que se trataba de un taxi tuvo algo de esperanza porque el auto de su amiga estaba estacionado ahí mismo. Sintió su corazón acelerarse mientras metro a metro se hizo más evidente que el transporte se detendría ahí junto al carro de Miroku, y cuando así pasó y la vio bajarse llevando una bolsa grande, de esas que las mujeres usan para cargar cualquier cosa, de inmediato una oleada de tranquilidad lo recorrió y no pudo detenerse, avanzó hasta abrazarla con fuerza atrayéndola hacia su cuerpo.

Notó la mirada de sorpresa de ella, pero no le importó, tampoco se preocupó por el taxista curioso que los observó unos segundos antes de irse, ni verificó que Miroku continuara dormido, todo lo que deseaba era sentirla cerca, comprobar con sus ojos y manos que ella estaba bien, ilesa, que aún estaba a su lado como siempre. Aspiró su aroma y sonrió sin poder evitarlo, la tenía ahí, ella estaba bien.

- ¿Inuyasha? –preguntó la voz insegura de Kagome, como que no sabía por qué la reacción ¿cómo pudo no haberlo sabido?

Y con eso llegaron muchas nuevas emociones, todas en conjunto con la ira. Qué niña tan estúpida, se fue a quién sabe dónde, con quién sabe quién… y lo dejó esperando todo el día, no encendió su teléfono, lo tuvo horas preocupándose y ahora se extrañaba de que estuviera preocupado ¿cómo?

- Inuyasha ¿pasó algo? ¿Cómo está Kikyo? –la voz ahora preocupada de Kagome lo inundó con una nueva oleada de enojo y se separó de ella para poder mirarla a los ojos, verla preocupada y desconcertada casi lo desarma, pero no llegó a hacerlo.

- Ella sigue igual. ¿Dónde estabas?

- ¿Yo? Pues… espera. Si ella está bien ¿qué haces aquí? ¿Tienes idea de qué hora es?

- ¡Claro que lo sé! Pero estaba aquí esperándote porque te fuiste, tu celular no sirvió de nada y me tuviste toda la maldita noche esperándote, preocupándome como el imbécil que soy. ¿Dónde demonios estabas?

Kagome escuchó todas las palabras furiosas de Inuyasha y no fue hasta ese momento que se dio cuenta de la enorme preocupación traducida en enojo que se asomaba por sus ojos. Qué tonta, nunca lo pensó antes. La decisión impulsiva de ir a visitar a Kouga la absorbió por completo, ni siquiera se molestó en prender su teléfono luego de apagarlo durante el vuelo de ida. Se sintió culpable por aquello, pero al mismo tiempo una pequeña parte de su mente o de su corazón, no supo cuál de los dos, se alegró porque él se hubiese preocupado.

- Estoy esperando una respuesta. –exigió Inuyasha trayéndola de vuelta a la realidad, pero al notar que ella no era capaz de articular palabra bufó indignado- Está perfecto, no me lo digas, después de todo a mi qué demonios me interesa dónde estabas, o si algo malo te ocurrió.

El joven dio media vuelta en dirección al auto de Miroku y ella caminó detrás de él para detenerlo, en ese momento notó al chico en el asiento del conductor que estaba despierto, mirándolos con curiosidad manifiesta en la mirada. Se apresuró mientras las mejillas se le teñían de rojo y tomó a Inuyasha del brazo.

- Espera, por favor. Discúlpame. Fui una tonta. –le soltó en voz baja y de prisa, avergonzada.

Él se volteó para verla pero no dijo nada, una a una pero demasiado rápido para identificarlas mil emociones cruzaron sus ojos mientras los dejaba fijos en los de Kagome por largos momentos, hasta que la voz de Miroku rompióla calma.

- ¡Yo ya me voy! –le avisó en tono jovial- Creo que ya no soy necesario. Con permiso, señorita. –inclinó un poco la cabeza y se fue con la sonrisa casi tatuada en su rostro adormilado, tanto para Kagome como Inuyasha fue muy obvio que él disfrutaba de un chiste privado, pero ninguno de los dos tenía cabeza para intentar averiguarlo.

- Entra ¿quieres desayunar? ¿O dormir? –la chica lo miró con seriedad pero intentando hacer salir una sonrisa.

Inuyasha pareció meditarlo unos segundos y después la tomó de la mano para dirigirse a la puerta de la casa en silencio. De la misma forma ambos entraron y Kagome dejó en una silla del recibidor su gran bolso que se veía pesado, después lo llevó a la cocina y en automático mientras él se sentaba en la barra, comenzó a preparar un desayuno genérico, café con pan tostado y algo de fruta fresca.

- Lamento no haberte avisado, me fui en un impulso, la verdad es que no pensé en nada. Y después de apagar el teléfono en el avión, olvidé encenderlo de nuevo.

- Fue tan extraño no saber nada de ti… pensé que algo… que algo malo te… -Inuyasha guardó silencio cuando la voz estaba a punto de fallarle y se sintió agotado, después de todo ese estrés la noche en vela le estaba haciendo estragos, ojalá el café ayudara.

- Discúlpame. –dijo ella perdiéndose en los ojos dorados, buscando calmarlo y hacerle saber lo arrepentida que estaba.

- Procura no volver a hacerlo. –le habló en tono serio, tratando de recuperar su naturalidad.

- Prometido. –ella sonrió un poco y continuó caminado de aquí a allá preparando todo.

Así se quedaron en silencio mientras ella terminó y sirvió las cosas, sinceramente también estaba extenuada, pero sentía que era lo mínimo que le debía a Inuyasha por preocuparlo así. Ya que terminó, se sentó a su lado para empezar a comer, hasta ese momento el le soltó de nuevo la pregunta que no deseaba responder por más de una razón.

- ¿Puedo saber a dónde fuiste tan de repente?

- Yo… -murmuró y desvió la mirada sopesando la posibilidad de mentir o no responder, pero no pudo –Fui a ver a Kouga.

Lin estaba en casa de Kohaku una vez más, últimamente parecía que ahí vivía, sin importarle los viajes iba en cada oportunidad con tal de no quedarse sola. Era media mañana y su amigo estaba trabajando, ese día era libre para ella y se prometió a sí misma intentar escribir algo nuevo pero antes de que pudiera siquiera intentarlo, el timbre sonó y al abrir la puerta encontró a Sango, fue raro pero la recibió, ella no se sorprendió nada de verla ahí.

- Kohaku está en el trabajo. –le dijo después de saludarla, cuando pasaron a la sala a sentarse, aunque ella debería saber eso.

- Lo sé. –afirmó la otra joven con la mirada preocupada.

- Él te envió. –llegó a su conclusión rápida y la otra mujer asintió.

- Está preocupado por ti y piensa que no te está cuidando bien.

- Se equivoca, él hace lo mejor posible… es sólo que… necesito algo de tiempo. –al final sin que lo deseara en lo más mínimo, las lágrimas se asomaron por sus ojos cafés.

- Me contó que Sesshoumaru vino a buscarte y que eso sólo empeoró las cosas.

- Algo así.

- Se portó mal contigo. –afirmó Sango tomándola de la mano.

- Tanto que acabé preguntándome si no tendré daño cerebral por haberme enamorado de él. –Lin suspiró y cerró los ojos expulsando así más de esas lágrimas necias y al abrirlos encontró algo en la mano de su amiga que de momento le borró todos los pensamientos de su propia tristeza.- ¿Es un anillo de compromiso? –preguntó anonadada con los ojos abiertos como platos.

- Ah… sí… bueno, iba a decírtelo… y a Kohaku… pero cuando llamé él estaba preocupado por ti y…

- ¿Te vas a casar con Miroku? –preguntó algo obviamente tonto, pero la sorpresa era demasiada.

- Me lo propuso y… bueno… últimamente se porta bien… -Sango miró a su amiga con una media sonrisa preocupada, quizás esperando por recibir una respuesta favorable.

Lin al ver a Sango expectante no pudo hacer más que abrazarla y murmurarle felicitaciones, hacerle saber la alegría que sentía por ella, porque a final de cuentas encontrara a ese hombre que estaba hecho a su medida, que la amaba, respetaba, que podía convivir a su lado y deseaba pasar el resto de sus vidas juntos… ese que sería todo su mundo así cono ella para él. Y mientras se alegraba infinitamente por la felicidad de la otra mujer, no pudo dejar de pensar ni tantito en ese que no fue para ella, el que ya nunca más vería, de quien ya no buscaba noticias, en quien a cada minuto del día trataba de sacarse de la cabeza y del corazón.

Sesshoumaru ya iba de salida, entrenó ese día en una pista sencilla como preparación para las primeras pruebas preliminares para la siguiente temporada, que ya estaban a la vuelta de la esquina. Y como ya era costumbre, no lo hizo como debía. Por supuesto que continuaba por simple talento natural siendo de los mejores pero no tanto como antes. Fue así desde la temporada anterior, cuando se alejó de Lin, de todas formas se llevó ese campeonato pero aunque nunca lo hubiera reconocido, fue sólo porque los únicos con posibilidades de derrotarlo (Inuyasha y Onigumo) ya no estuvieron ahí para seguir peleando.

En cuanto sacó las llaves de su auto para marcharse y seguir con la parte más física de su preparación notó a un hombre todo vestido de negro que se le acercaba, no le costó reconocerlo. Pensó en simplemente ignorarlo y marcharse pero en ese momento una limosina negra e innecesariamente ostentosa se colocó detrás de su auto, entonces, ese imbécil le quitaría algo de su tiempo.

- Sesshoumaru Tashou. Conociéndote, muchacho, no querrás entretenerte mucho.

- Conociéndote, Naraku, tus intenciones no pueden ser buenas. –le respondió glacial y amenazador mientras abría la cajuela de su auto para dejar las cosas aí.

- Te equivocas, tengo la más buena de las intenciones. Sólo deseo reiterarte que dentro de Miasma siempre tendrás un lugar asegurado. A estas alturas debes de saber lo mal que le pintan las cosas a Sengoku.

- Y deseas utilizarme para asegurar un campeonato, no lo creo. –cerró con fuerza la cajuela y fue para entrar en el lugar del conductor.

- Quiero darte la oportunidad de que continúes con tu exitosa carrera.

- Sabes cuál es mi respuesta. –fue claro y cortante y encendió su auto con la vista puesta en el retrovisor.

Sesshoumaru sabía cómo trabajaba Naraku, molestaba mucho y ofrecía beneficios, pero él no se dejaría utilizar por absolutamente nadie. Esperó unos segundos hasta que la limosina que le estorbaba el paso se movió, después él abandonó el estacionamiento regresando a sus habituales pensamientos, sombríos y desolados… sin darse cuenta de que los deseos de Naraku por conseguirlo eran mucho mayores de lo que dejaba ver.

Kagome abrió los ojos lentamente, despertando de un sueño ligero y reparador, la luz que se colaba por las cortinas de tela transparente le decía que dentro de poco anochecería ¡vaya! Durmieron todo el día. Quizás por eso era que se sentía así de tranquila, en paz, con el cuerpo relajado. O tal vez era por él. A su lado estaba Inuyasha, dormido aún profundamente y con las facciones relajadas, además, la envolvía con uno de sus brazos y el estar así de cerca era más que agradable, una sensación que amaba de verdad, porque se sentía bien, como si ese fuera su único lugar en el universo.

La joven mujer suspiró tratando de quitarse esas ideas de la cabeza, definitivamente estaba loca, sentirse tan bien por dormir al lado de un hombre que en cualquier momento despertaría con una pesadilla relacionada con el amor que siente por su hermana. Con los ojos un poco húmedos se giró, sin soltarse del abrazo, y quedó recostada sobre su costado, ahí en el buró notó la fotografía de ella y Kouga abrazados. Tuvo que cerrar los ojos para sacarse la imagen de la cabeza, pero de todas formas los recuerdos de su noche con él no le dieron clemencia.

FLASHBACK

Ya llevaban algunas horas conversando, como siempre todo era fluido y se sentía bien, especial, estar así juntos a solas con el mundo en un apartado incapaz de interrumpirlos. Ya llevaban dos botellas de vino tinto abiertas y una piza a medio comer. Quizás si el alcohol les hubiera hecho efecto hubiera sido más fácil para cualquiera de los dos abordar el tema de "ellos", pero como no fue así, se dedicaron a evadirlo tanto como les fue posible. Hasta que el timbre sonó y la inesperada visita de Kouga cambió todo.

Él fue a abrir y ella esperó en la barra de la cocina, escuchó la puerta y después no lo oyó a él, quizás saludó en voz baja, pero lo que le llegó fácilmente fue el sonido alegre de una voz femenina que le era desconocida, joven y bonita a pesar de rayar en lo escandaloso. La chica lo saludó y pudo escucharla entrar despreocupada, charlando sobre algo de darle una sorpresa, bueno, Kagome estaba segura de que él no la estaba esperando. Como reflejo se puso de pie y se encaminó hasta que llegó a verlos, él con el seño fruncido y los ojos azules preocupados y la joven de cabellos rojos casi colgada de su brazo, sonreía pero al notar la presencia de Kagome su expresión se volvió completamente seria.

- ¿Quién es ella? –demandó la chica sin soltarlo, buscando sus ojos azules.

- Soy… una amiga. –habló Kagome antes de que él pudiera reaccionar, esta vez la otra muchacha lo soltó y se alejó un par de pasos.

- ¿Interrumpo? –sonó sarcástica y levantó una ceja como para enfatizar algo.

- No, en realidad, sólo lo necesito unos minutos más y será todo tuyo. –muy decidida pero con el corazón de cristal casi rompiéndosele en mil fragmentos tomó al chico de la mano y lo llevó hasta la primer habitación que encontró a su paso, el estudio, ahí cerró la puerta. -¿Tu novia? –preguntó tranquila.

- Kagome… no… -Kouga dudaba, podía escucharlo en su voz, sus palabras… y notarlo en su mirada azul.

- Sólo dímelo. Hace mucho que dejamos de esperarnos, Kouga, pero creo que aún me quieres lo suficiente para decirme la verdad. –sin que lo pudiera evitar los ojos se le bañaron en lágrimas mientras un escalofrío la recorría de pies a cabeza, estaba a punto de perder a su primer amor, a su eterno salvador, a quien quiso como jamás pensó que podría.

- No es mi novia. Hemos salido varias veces, pero aún no hay nada formal… Kagome… no sé qué decirte… es que nunca pensé… y no sé…

- Calla. –murmuró la joven acercándose para sellarle con el dedo índice los labios. – No tienes que ponerte así. Tú ya no eres mío. –en un impulso se abrazó de él, rodeándolo por la cintura con desesperación y refugió su rostro en el pecho masculino, Kouga correspondió el gesto. – Prométeme que siempre me vas a querer.

- Siempre te voy a querer. Eso jamás lo dudes. –se agachó un poco para besar su cabello.- Aún ahora… lo que siento por ella… es tan diferente de esto, Kagome… ¿por qué viniste? ¿Crees que aún hay una oportunidad?

Ella se quedó helada con más lágrimas en los ojos y cada terminal nerviosa deseando obedecer a un impulso diferente. Se dio cuenta del significado en las palabras de Kouga, si ella lo deseaba en ese momento podía pedirle un oportunidad más para estar juntos, tiempo, amor, una relación… lo que fuera y él se lo daría porque todavía existían sentimientos mutuos… y deseaba tanto todo eso. Hacerlo suyo otra vez, poder llamarlo "novio", tener planes juntos… pero eso estaría mal, sería tan injusto. Porque como siempre no podía darle prioridad, así como tantas veces en el pasado tuvo que dejarlo esperando ahora debería hacer lo mismo. Pero no.

- Yo sólo quería ver cómo estabas. –habló obligándose a decir cada palabra- Y veo que estás bien, ella se ve como una buena chica ¿cuál es su nombre? –al preguntar se separó un poco y dio un paso hacia la puerta, sintiendo que si no echaba a correr en ese miso instante nunca podría alejarse de él.

- Su nombre es Ayame y siempre he sido honesto con ella, sabe todo sobre nosotros. –él avanzó hacia ella y Kagome retrocedió más, temerosa de volver a tocarlo y que sus pieles se fundieran para siempre en una misma.

- Entonces dile que le deseo buena suerte. Y para ti lo mismo. Y… te quiero, Kouga. –abrió la puerta tras de sí, todavía llorando y luchando contra cada molécula de su cuerpo que deseaba quedarse ahí.

- Sabes que también te quiero, Kagome. Y sabes también que puede que aún sea tiempo, que tal vez ahora y después todavía nos quede algo.

- Lo sé. –sonrió una vez más y salió definitivamente, apresurándose para tomar sus cosas de camino a la puerta de salida, con la mirada en el suelo y pidiendo al cielo para tener las fuerzas de irse.

- Tú eres Kagome. –la interceptó Ayame a un lado de la salida, con un tono entre acusador y temeroso.

- Cuídalo bien Ayame.

No la miró a los ojos y no se detuvo para nada, sólo pasó a su lado murmurando mientras la voz aún le servía y sus pies le daban clemencia ayudándola para marcharse.

FIN DEL FLASHBACK

La fuerza extra en el abrazo de Inuyasha la trajo de vuelta a la realidad, aunque igual que en su recuerdo, estaba llorando. Respiró profundo intentando encontrar fuerzas para ocultar su estado de ánimo, porque mientras desayunaron a él no le dijo ni la mitad de lo que en verdad pasó.

- ¿Despierta? –murmuró el chico ronco y casi en su oído.

- Sí. –se las ingenió para firmar sin que se le notaran las lágrimas ni el nudo en la garganta.

- ¿Sabes? Eres el mejor de los amuletos… es la primera vez desde el accidente que duermo sin pesadillas. –al terminar de hablar bajo Inuyasha dejó un suave beso en su oído, que la estremeció hasta lo más profundo.

Sesshoumaru estaba en su casa, después de la pista entrenó en el gimnasio, nadó, se bañó, cenó y esperaba estar rendido totalmente, para poder dormir sin pensar, conciliar el sueño sin pasarse horas pensando en lo mucho que deseaba faltar a su palabra e ir a buscarla, porque la necesitaba más que a nada.

Pero estaba ahí solo entre las paredes frías y vacías de su casa y nada en su ser podía apartarse de los recuerdos de Lin. Quería ir ¿tan malo resultaría? Si fuera sólo por cuestión de orgullo no lo dudaría, estar con ella era más importante que su estúpido orgullo, pero ahora desafortunadamente había más en juego. Ya no estaba hablando de celos, de inseguridad, premios, entrevistas… sino de que ella literalmente le pidió que se alejara, que no volviera nunca. Y eso no podía ignorarlo.

Pero también estaba el libro, ese mismo que ahora sostenía en sus manos, el que relataba entera su historia, que narraba mezclados con elementos de fantasía los momentos increíbles que tuvieron juntos… y al final la decisión dela protagonista… mejor tomar el "sueño eterno" antes que vivir sin su amor perdido, un imbécil humano que acabó por dejarla… basado en nada.

Se maldijo en silencio una vez más mientras salía de la cocina apagando las luces, quizás pasaría la noche en vela leyendo otra vez las palabras que Lin escribió, buscando sacarles detalles, algo a su favor… pero en ese momento el timbre sonó y desvió su camino para preguntar por el intercomunicador quién podía buscarlo a esas horas, sin saber que del otro lado respondería una voz femenina.

CoNTiNuaRá...


Hello! Aquí con el cap. Espero que les haya gustado y que las cosas vayan por buen camino! Aunque resultó algo triste... en fin. Muchísimas gracias a todas por leer y por todos sus comentarios, me hacen muy feliz! De verdad. Y ya saben como siempre, dudas, quejas, aclaraciones, mentadas.... con un comentario! Mil gracias! Y nos estamos leyendo!