CAPÍTULO 17

Peligro Oculto


(Negritas)-Principio de escena.


Era ya algo tarde, pero después de dormir todo el día juntos ninguno de los dos estaba cansado. Inuyasha suspiró y dejó la silla que habitualmente ocupaba en esa habitación de hospital, justo al lado de Kikyo, y fue hasta donde estaba Kagome en la ventana con la brisa fresca alborotándole un poco el cabello.

La observó dándole la espalda y notó por milésima vez lo hermosa que era, como la ropa no llamativa que llevaba la hacía ver increíble, Kagome era así, simplemente bella y natural… y eso últimamente lo estaba volviendo loco. Además, por si eso en sí no fuera suficientemente confuso, también estaba el hecho de lo bien que se sentía estar a su lado. Como ese mismo día, en el que después de casi morirse de la preocupación pudo dormir a su lado, simplemente eso y se sintió muy bien, por primera vez desde el accidente pudo descansar de verdad y no tener pesadillas… ¿qué se supone que hiciera con eso?

Suspiró de forma audible y ella de inmediato se giró para mirarlo con la pregunta escrita en las facciones, Inuyasha sonrió y negó un poco con la cabeza obedeciendo al mismo tiempo el impulso de tenerla más cerca. Inuyasha envolvió a Kagome por la espalda, dejando sus cuerpos unidos y recargando su rostro junto al de ella, con sus mejillas rozándose. El aroma de la mujer lo invadió deleitándolo por completo, sí, definitivamente estar así se sentía más que bien.

Kagome no esperó que él la abrazara de esa forma pero tampoco quiso evitarlo, aunque fuera sólo por unos minutos estar así y creer que él también la quería… era algo bueno, inclusive si se trataba de nada más que una fantasía.

Se quedaron sumidos en un cómodo silencio, a veces no les hacían falta palabras para comunicarse y el ambiente lo llenaba todo, el viento soplando, la ciudad callada, el monitor conectado al corazón de Kikyo… eso vino con la primera punzada de culpa en Inuyasha. Estaba ahí disfrutando en más de un sentido el estar con Kagome mientras en la cama estaba su hermana mayor… hermanas… y él estúpido, aprovechado… tomando ventajas de la situación, aunque no pudiera evitarlo. Porque él nunca lo planeó ni nada por el estilo, simplemente mientras se culpaba y se odiaba por el accidente encontró algo que no conocía en su amiga y ahora el simple hecho de imaginar vivir sin ella le causaba dolor.

Sin embargo era muy consciente de que aquello estaba mal. No podía pretender tener esos sentimientos por una cuando ya los tuvo por la otra. Además, él sabía muy bien que Kagome aún sentía cosas por Kouga, estuvieran juntos o no. Y ella era una mujer maravillosa, tan buena y noble que nunca jamás en esta vida ni en ninguna se atrevería a estar con él, cuya vida le pertenecía a Kikyo.

Y a pesar de todo, de cada conflicto interno, ahí estaba abrazado de ella, hechizado por su mera presencia y su aroma dulce sintiendo el cosquilleo de su piel ahí donde rozaba la de ella. Sin pensarlo movió unos centímetros el rostro hasta que sus labios tocaron la mejilla cálida de Kagome una vez. Otra… otra más… de nuevo.. no se dio cuenta de que lentamente cada beso lo llevó algo más hacia los labios de la joven hasta que llegó a rozarlos, sólo un poco en las comisuras… y se detuvo. En un segundo de cordura trató de depararse pero ella mantenía unidas sus manos y no lo soltó.

Cuando sintió el suave contacto de los labios de Inuyasha en su mejilla se estremeció pensando en que era idiota por sentirse tentada nada más por un gesto juguetón… de amistad… pero al paso de los segundos con cada centímetro que él se acercó a sus labios hasta tocarlos y con eso el torrente de sentimientos se intensifico mil veces aturdiéndola tanto que cuando él se tensó e intentó separarse, ella no se lo permitió dejando las manos de Inuyasha bien sujetas en su vientre. Tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos esperando por un beso más, sintió la demora pero finalmente llegó, él rozó otra vez sus labios con suavidad, conociéndolos de verdad por primera vez. Un toque suave y cálido una vez, otra más… después en un gesto algo más prolongado mientras continuaba abrazándola.

Así se besaron por minutos eternos envueltos en una bruma dulce de irrealidad, guiados por las sensaciones y no la razón, sintiendo que aunque fuera tan sólo por un instante, todas sus vidas encajaban como un rompecabezas perfecto, hecho para unirse y fundirse irremediablemente.

Fue así hasta que tres golpes en la puerta los separaron, sólo una enfermera revisando que todo estuviera en orden rompió con la atmósfera fuera de este mundo que mantenían. Se separaron tres pasos antes de que Inuyasha concediera la entrada a la habitual visita nocturna.

- Buenas noches ¿todo está en orden? –quiso saber la joven mujer.

- Sí, gracias. –dijo el chico sin verla mucho y la otra se retiró en silencio con una sonrisa cálida.

Lo siguiente fue tranquilidad en la atmósfera, pero nada de sensaciones agradables como antes, más bien ambos tenían miedo de enfrentar lo que sucedió, al otro, a sí mismos… lo que sentían. Al final Inuyasha dijo lo que la razón le mandaba.

- Discúlpame, no debí. –murmuró viéndola de pie al lado de la ventana con la mirada perdida en el piso de la habitación.

- Claro. –se las ingenió para responder apenas Kagome.

- Voy por café ¿quieres? –la cuestionó él buscando desesperado por una salida que le permitiera ordenar sus ideas y dejarla a solas para que hiciera lo mismo. Ella asintió y él se fue con pasos callados, cerrando la puerta tras de sí.

Cuando Kagome se vio sola en el cuarto de hotel las lágrimas empezaron a brotar incontenibles, ya había llorado mucho la noche anterior en el avión de regreso, pero parecía que aún podía hacerlo más y más. Así casi fuera de control como estaba lo único que se le ocurrió fue ir y sentarse en la silla al lado de su hermana para abrazarla, se recargó sobre su abdomen y ahí siguió llorando, murmurándole todas las cosas que deseaba ella pudiera escuchar.

- ¡Perdóname! Yo no quise… no quise… perdóname… él te ama, él es tuyo… perdóname… no me odies… lo siento… -nunca llegó a formar frases más coherentes con la mente echa un caos como la tenía, revuelta con millones de cosas al mismo tiempo.

Un par de horas atrás cuando escuchó el timbre de su casa lo último que Sesshoumaru se imaginó es que se tratara de esa mujer a la que ya no quería ver. Nada más que un entretenimiento entre temporada y temporada que ya debió terminar, que él se encargó de cerrar, pero al parecer ésta era más insistente y con su comportamiento de caballero no fue capaz de mandarla de regreso a su casa tan tarde en la noche, al cabo… una vez más o menos no haría daño.

Por eso terminó al lado de ella desnudos en la cama, la mujer dormía ahora y él veía el techo divagando, nada fijo ocupaba su mente, ni siquiera Lin porque no quiso pensar más en ella, también suspendió sus planes de volver a leer el libro esa noche. Así lentamente se fue adormeciendo hasta perder totalmente la consciencia.

Cuando despertó temprano en la mañana con el sonido habitual de su alarma, ella también lo hizo y se le acercó buscando un encuentro más antes de iniciar el día, pero esta vez él se negó, ya tenía muchas actividades físicas pendientes.

- Toma lo que quieras. –le dijo Sesshoumaru levantándose de la cama, con la esperanza de que ella se marchara antes de tener que compartir el desayuno.- Y, Kagura, la temporada va a comenzar, esto se acabó anoche.

- ¿Tan fácil te puedes olvidar de mí? –contestó soberbia poniéndose de pie también, aunque sin tomarse la molestia de buscar su ropa.

- ¿Y tú de mí no? –inquirió Sesshoumaru sin mirarla, indiferente, abriendo uno de sus cajones en busca del traje de baño para iniciar sus actividades en la piscina.

- No quiero hacerlo. Además, si pudiste estar con la reportera le temporada pasada, no veo la necesidad de terminar ahora.

Él la vio unos segundos e arriba abajo, notando como sus formas en teoría perfectas, no la hacían ni siquiera acercarse a la belleza de Lin, no le dijo nada y se marchó escaleras abajo estando muy poco dispuesto a discutir con una mujer hueca cosas de su vida personal, ya mucho hizo con no correrla la noche anterior.

Cuando Kagura se quedó sola en la habitación sonrió para sí misma, luego el éxito obtenido la noche anterior, por lo que fuera pero él no se negó, eso era buena señal. Espero un par de minutos hasta que al asomarse por la ventana del pasillo lo notó sumergido en la piscina, era seguro hablar. Tomó su teléfono mientras recolectaba de por ahí la ropa y muy pronto una voz masculina le respondió del otro lado.

- Espero hayas hecho bien tu trabajo.

- Lo que me pediste. –respondió ella algo de mal humor al hombre que no apreciaba demasiado, pero a quien debía obedecer siempre.

- Perfecto.

- Pero no se cuánto más lo pueda retener.

- El tiempo que sea necesario. Ya sabes cuál es el precio por fallarme.

- Sí, lo mismo que es el precio por cualquier cosa contigo.

- Qué bueno que lo tengas en mente. –se burló él y eso la enfureció más.

- Mejor decídete ya ¿lo vas a hacer tú? ¿O tengo que mancharme de sangre las manos otra vez en tu lugar?

- No, mi querida Kagura, aún voy a darle al joven Sesshoumaru una última oportunidad para salvar su muy valiosa vida. Él representa muchos millones para botarlo nada más así. Regresa ahora.

La última orden fue seguida del final de la llamada, ella suspiró y terminó de vestirse antes de salir de ahí con prisa, no porque ardiera en deseos de ir con su dueño, sino porque como todo lo que hacía en su vida… tenía la obligación de complacerlo y a Naraku no le gustaba esperar.

Llorando se le fue a Kagome todo el largo rato que Inuyasha se tardó en volver con dos vasos de unicel, para cuando el chico entró ella aún derramaba lágrimas sobre la sábana ahora húmeda que cubría a su hermana inconsciente. Cuando lo escuchó cerrar la puerta la joven se levantó casi de un salto, tratando de secarse el rostro y recobrar la compostura, sin desear perder así la calma, el temperamento… ser débil, sentirse sobrepasada por todo lo que sucedía… pero no pudo.

Inuyasha, alarmado, dejó los cafés en una mesita y se apresuró para tomarla de los hombros y llevara con suavidad, como a un niño que apenas camina, a uno de los sillones, donde la sentó y se puso frente a ella, con el seño fruncido de preocupación y los ojos dorados inundados de dolor, ese mal rato era todo su culpa, o eso creía.

- Kagome… ¿qué sucede? –preguntó viéndola a los ojos cafés inundados, pero ella no encontró su voz para responder.- Si fue por lo que hice… -quiso disculparse otra vez, pero eso fue exactamente una de las cosas que más la lastimó y no lo dejaría hacerlo de nuevo.

- Es todo, Inuyasha… es por todo… lo siento, pero es que ya no puedo más… ya no lo soporto… -ella se limpió el rostro con las manos una vez más sin obtener muy buenos resultados y él al notarlo tomó un pañuelo desechable de una cajita cercana y enjugó con cuidado las marcas de su llanto mientras colocaba su otra mano sobre la de Kagome.

- ¿Qué es todo? Dímelo… tal vez… quizás pueda ayudarte.

- Es todo en mi vida… ya no puedo más… creí que podía seguir, que sería capaz, pero no lo soy… -con la visión distorsionada por las lágrimas logró ver la expresión apesadumbrada de su amigo… él intentaba calmarla, ayudarla… y en ese momento se dio cuenta de que sus opciones eran limitadas. Quién sabe si él podría ayudarla o no, pero de todas formas ella no estaba en condiciones de resistirlo, tal vez se estaba volviendo loca o tenía un brote psicótico- Ya no puedo intentar manejarlo todo… he tratado tanto como he podido pero es demasiado. Cada día es ver a Kikyo aquí… así… no saber si un día va a despertar o no, mientras soportar la presión de manejar la escudería ¡Yo no sé nada de eso! Pero tengo que hacerlo, las constantes llamadas de mis padres, siempre preocupados, siempre diciéndome lo que ella estaría haciendo bien. Y además… me duele haberlo perdido casi todo, perdí a mi hermana y toda mi vida, mis planes, a Kouga… todo Inuyasha. Y por si fuera poco… ahora esto… tú y yo, lo que siento por ti y cómo está mal. Tú la amas y lo sé y yo jamás pretendí que… nunca quise… pero… pero…

Impulsivo él la abrazó con fuerza, con eso contuvo el río de palabras que se venían, las demás incoherencias que ella diría, las disculpas… Inuyasha no tenía la más mínima idea de qué hacer, pero lo que escuchó le fue suficiente para darse cuenta de qué estaba pasando ahí y de lo mucho que se equivocó al permitirlo, al dejar que todo eso pasara con Kagome mientras él se sumergía en una burbuja de dolor y pérdida. Se lamentó y sintió furia contra sí mismo… y justamente de ahí sacó la fuerza para mantenerse firme y hacer, aunque fuera nada más esa vez, lo correcto. La abrazó por varios minutos hasta que pudo sentir que los suspiros llegaban cada vez con pausas más largas, entonces, supo que era momento para hablarle él.

- Kagome, escúchame. –se dirigió a la chica en tono firme y serio, separándose para verla a los ojos.- Te prohíbo terminantemente que sigas haciéndote cargo de la escudería e intentes complacer a tus padres. Nunca más lo hagas. Vas a llamarlos y que se las arreglen como puedan.

- Tengo que hacerlo… por Kikyo… -murmuró ella sin entender por qué Inuyasha estaba tomando esa actitud.

- No. Justo por ella, además de por ti misma, es que no debes hacerlo ¿sabes por qué Kikyo hacía eso? –preguntó esperando que ella contestara, con la seguridad de que diría que no, Kagome negó con la cabeza después de meditarlo unos segundos, claro, al igual que todo mundo ella creía que su hermana mayor vivía fascinada con los autos.- Lo hacía para que sus padres la molestaran a ella y te dejaran vivir tu vida. Ella piensa que tú eres valiente, fuerte e independiente, que tú puedes ser tan libre como desees. Por eso no puedes intentar sustituirla, no eches a la basura lo que hizo por ti tantos años. Tú tienes que buscar tu felicidad.

- Pero… -murmuró sin entender bien lo que escuchaba, sin dar crédito de ello.

- Me lo dijo, literalmente. Ella te ama y lo último que desea es que destruyas tu vida por intentar sustituirla. Nunca lo hagas. –Inuyasha esperó una respuesta que no llegaría, pues Kagome apenas asimilaba, entendía y ataba cabos de lo que estaba pasando.- Así que vas a decirles a tus padres que renuncias y vas a hacer tu vida como quieras… en donde quieras… tú sabes que si… quieres irte con… con… ese Kouga, puedes hacerlo, Kagome, no puedo ver que te quedes aquí y seas infeliz.

Al final Inuyasha se obligó a respirar profundo, no podía creer lo difícil que era pronunciar esas palabras, decirle a Kagome que se marchara con otro hombre, que lo dejara ahí y se fuera para ser feliz con Kouga… pero eso sería un millón de veces mejor que verla quedarse para estar triste y ser miserable. Preferible contenta en los brazos de alguien más.

- ¿Por qué me besaste? ¿Fue un impulso? La verdad, por favor. –le pidió ella en voz tranquila, ahora él ya no le sacaba las lágrimas porque ya no habían más y Kagome tomó la oportunidad para entrelazar todos sus dedos con los masculinos.

- Tal vez no te hayas dado cuenta, pero soy la peor escoria de este mundo y lo que hice estuvo mal, no porque no lo deseara, sino porque simplemente no es correcto. No puedo sentir ese tipo de amor por ti.

Cuando Inuyasha guardó silencio ella asintió sabiendo que otra vez su corazón parecía llenarse de grietas, se sentía así… y para no dejarle ver ese dolor a su acompañante, lo abrazó ocultando el rostro en su hombro mientras sacaba fuerzas de algún lado para mantenerse en pie después de saber que lo que se atrevió a soñar apenas en las más locas fantasías, no tenía oportunidad de ser… porque él no podía sentir "ese" tipo de amor por ella.

Esa noche a Lin casi tuvieron que secuestrarla para que saliera, ella legó a casa de Kohaku por las mismas razones de siempre, pero él instruido por Sango no le hizo caso. La jefa de mecánicos, ocupada ya con los preparativos para las pre-calificaciones, no asistió pero encomendó a su hermano la tarea de sacarla a algún lugar, un café, un bar… algo para distraerla. Y él no le vio mucho problema en un inicio, quizás ni siquiera la misma Lin lo hubiera hecho pero la segunda parte del plan indicaba que no fueran solos, que él invitara más personas para que la velada no terminara siendo nada más que otra vez los dos amigos íntimos conversando

Por eso Lin terminó bailando esa noche con un casi desconocido, un hombre joven y apuesto, tuvo que reconocerlo, arquitecto amigo de Kohaku, soltero de piel blanca y cabellos oscuros. Ella aceptó la invitación a la pisa por mera cortesía, no se consideró nunca buena bailarina ni nada, pero él amable y jovial no aceptó un "no" por respuesta y hasta Kohaku la incitó. En un principio pensó que tendría un casi ataque de pánico todo el tiempo pero para su sorpresa no fue ni siquiera malo. La música lenta le ayudaba a disimular su falta de habilidad y práctica, además, él tenía una conversación agradable y se mostraba interesado en conocerla. Resultó bien y al terminar de bailar regresaron a la mesa que se encontraba sola, los demás continuaron en la pista.

- ¿Y qué hacías antes de ser una famosa escritora? –preguntó él mientras la joven daba un sorbo a su bebida.

- Trabajaba en la redacción de deportes de un periódico.- respondió con naturalidad y notó la expresión de desconcierto de su acompañante.

- ¡Qué extraño! Bueno, no te conozco mucho, pero no me pareces el tipo de mujer que le gustan los deportes.

- No me gustan. –afirmó sonriendo- Pero era lo que había en el momento y pues… resultó interesante a final de cuentas. Soy experta en carreras de autos. –colados entre sus pensamientos llegaron recuerdos de Sesshoumaru, pero se obligó a detenerlos en seco, ese no era el momento.

- Interesante… no tengo idea de nada de eso. –él se rió un poco y ella lo acompañó, contenta de haber aceptado ir esa noche con el grupo de amigos de Kohaku… tal vez a final de cuentas sí era eso lo que le hacía falta, distraerse y conocer gente nueva.

Era el primer día de prácticas de la nueva temporada, los autos estaban listos y todo el personal entrando en ambiente para iniciar el ciclo de nuevo, la emoción rondaba cada pasillo y metro a metro la pista ya conocida por todos prometía ser el inicio de una nueva aventura. Era emocionante para casi todos, pero Sesshoumaru nunca lo sintió así. No tenía deseos de estar ahí ni era capaz de desarrollar esa emoción natural que le provocaba cada nueva carrera, como un desafía al cual vencer. Ahora nada de eso existía. Por lo que el cruzarse a Naraku de camino a su camerino no fue ya ni siquiera tan malo. Despacharlo y nada más.

- Joven Sesshoumaru, a tiempo como siempre. –lo saludo con la mirada seria, poniéndose a la mitad del camino con claras intenciones de no dejarlo ir a ningún lado. Antes de que su interlocutor pudiera contestar el sonido de los parlantes hizo eco en el lugar vacío, después, todo fue silencio.

- No eres muy inteligente ¿verdad? Naraku, pierdes tu tiempo. –contestó indiferente, con los ojos dorados de hielo.

- Nada más quiero ser un buen samaritano, Sesshoumaru, y ofrecerte la oportunidad de tu vida una última vez. Aún no pisas la pista con Sengoku, podrías hacerlo bajo un nuevo contrato y te garantizo que resultaría mucho más conveniente para ti de lo que te imaginas.

- Conoces mi respuesta. –habló claro y empujó un poco al otro hombre cuando pasó a su lado.

- Qué gran desperdicio. –murmuró en voz baja Naraku antes de seguir con su camino y tomar el celular para hacer una llamada muy importante.

Sesshoumaru fue y se cambió sin pensar más en la propuesta rechazada, después, llegó al lugar donde estaban todos los mecánicos y los autos, lo presentaron de inmediato con su nuevo compañero pero desde luego que no le interesaba eso.

- Ven, te pongo al corriente. –lo interceptó Sango en dirección al que sería su auto para decirle en persona de las modificaciones que hicieron.

Él la siguió y ninguno de los dos notó la ausencia de dos personas del equipo mecánicos nuevos que desaparecieron de la zona de Sengoku para ir a una oficina más privada donde al entrar vieron a una mujer de ojos rojos que ya conocían, pero que nunca les dio su nombre.

- Son inteligentes, decidieron tomar la oportunidad.

- Si pagas lo que prometiste. –habló uno de ellos y el otro asintió.

- La mitad está aquí. –les entregó un sobre amarillo cargado de efectivo a cada uno.- Les recomiendo que no lo depositen para evitar sospechas y que no lo gasten hasta que todo esté hecho.

- ¿Y el resto? –preguntó el que no había hablado.

- Cuando el trabajo esté hecho, será suyo.

- ¿Cómo podemos confiar?

- Porque ya han aceptado y tengo cada conversación grabada. Suficiente evidencia para hundirlos si no lo hacen.

Sin molestarse en darles más que una sonrisa de superioridad la mujer abandonó la oficina caminando altanera como siempre y con la tranquilidad de haber cumplido con la misión que su jefe, su dueño más bien, le encomendó. Aunque no le gustara nada ensuciarse con ese tipo de trabajos sabía que su otra opción era someterse a la furia de ese hombre al que temía tanto. Y siendo el trato la vida de Sesshoumaru por la suya, no podía andarse con escrúpulos.

Lin estaba contenta, sin pensar mucho esa noche, era una especie de "fiesta de despedida" ya que en las próximas semanas no tendría más oportunidad de ir a visitar a Kohaku, él organizó una pequeña reunión en su departamento con los mismos amigos que días atrás acudieron al bar. El ambiente era agradable, música suave de fondo y varias conversaciones dispersas, le ayudaron mucho a no pasarse todo el tiempo pensando en Sesshoumaru, en que ya había corrido las vueltas de reconocimiento y calificación para la primera carrera y que al día siguiente empezaba la temporada, ella ya no quería estar al pendiente de ese hombre.

- Tienes que visitarnos cuando vuelvas. –le dijo jovial el mismo muchacho con el que bailó antes.

- Claro que sí. En cuanto pueda venir, lo haré. Además, prometiste llevarme al mirador y no lo has hecho.

- Así tengo la seguridad de que no vas a escapar. –el chico guiñó un ojo y Lin rió, en verdad era agradable y le gustaba la forma en que la trataba, estaba claramente interesado en ella.

Estaba por responder algo cuando el sonido de una llamada entrante la detuvo, tomó su teléfono para ver quién le hablaba a esas horas, quizás Sango para verificar que se la pasara bien, pero cuando reconoció el número de Sesshoumaru en la pantalla su expresión relajada se petrificó y con una sonrisa de disculpa se alejó de su acompañante para contestar… quizás no debería hacerlo, definitivamente no era lo ideal ahora que se había prmetido sacarlo de su vida… pero simplemente no pudo resistirse.

- Hola. –lo saludó temerosa.

- ¿Cómo te va? –la voz glacial de Sesshoumaru no había cambiado nada… pero cómo la extrañaba.

- Bien… ¿y a ti?

- Lo usual. Disculpa que te llame, sé que prometí no hacerlo.

- Sí… pero… está bien. Mañana tienes carrera ¿cómo estuvo la calificación?

- Primer puesto. –inevitablemente Sesshoumaru recordó el enorme esfuerzo de concentración que le requirió estar de verdad corriendo cuando lo hacía en lugar de cuestionándose si debía llamarla o no.

- Felicidades.

- Gracias. ¿Cuándo y dónde es tu próxima lectura?

- Aún no estoy segura, mañana me confirman. –ella supo que eso sonó a evasiva… y no le gustó nada, pero se trataba de la verdad… además, si él lo interpretaba mal ¿qué más daba?

- Sé que de nuevo estaré faltando a mi palabra pero… ¿hay problema si voy a verte?

El silencio se hizo por unos revés momentos, ella sin la menor coherencia para responder a eso sin salir dañada y él ansioso de escuchar lo que quería… de que ella le diera aunque fuera la más mínima oportunidad de enmendar sus errores, porque vivir así, separados… era más de lo que podía tolerar. Antes de que la joven escritora lograra articular palabra llegó un chico a su lado y le habló con voz clara y firme, por encima de la música tranquila.

- Lin, vamos por más bebidas ¿quieres algo en especial?

- ¿Té helado? –contestó ella imaginando que más bien se referían a bebidas alcohólicas.

- ¡Esa es mi chica! –exclamó el otro contento y sonriéndole con mucha calidez. – déjame adivinar… ¿de limón?

- Mi favorito.

- Lo sabía. –le dedicó una amplia sonrisa más y se marchó.

Sesshoumaru pudo escucharlo todo y se sorprendió inmensamente de sí mismo cuando su reacción no fueron los celos como esperaba. Odió oír a ese hombre llamarla "mi chica", pero no fue como antes con Kohaku, ahora nada más que el dolor de creerla con alguien más fue lo que llenó su pecho. Quizás la experiencia de perderla y darse cuenta de que fue por sus propios errores lo cambió para siempre.

- Lo siento. –murmuró Lin en el teléfono esperando por el torrente de celos venir, por una nueva respuesta cortante o algún comentario que la hiriera en lo más profundo, pero no llegó, Sesshoumaru sólo guardó silencio, eso era más confuso.- ¿Me decías?

- Si puedo ir a visitarte. –regresó él con trabajos al tema de antes, ahora sólo deseaba saber si en la vida de ella ya habitaba otro hombre, otro amor- Si te molestaría a ti o alguien más.

- No Sesshoumaru… a mí no me molesta… ni hay nadie más a quien le moleste. –al final suspiró… si fuera más inteligente lo habría dejado con la duda, estaría formando oraciones para hacerlo sufrir un poco, para que él creyera que ya estaba con otro… pero no podía, así no era ella… lo amaba demasiado y además, notó claramente como su reacción fue tan opuesta de lo que esperaba… quizás, sólo quizás…

- Me alegra. –afirmó él con toda la sinceridad marcada en su inexpresivo tono.- ¿Me avisas dónde y cuándo? Por favor, la fecha y lugar dan lo mismo iría a verte al miso fin del mundo si es necesario.

- Quizás con un par de horas por carretera baste. –aclaró riendo- A tu velocidad, probablemente menos.

- Lo que sea necesario.

Lin enmudeció ante la verdad aplastante en sus palabras, supo que él lo decía en serio y su corazón dio un brinco con esa certeza mientras en su rostro la sonrisa se hizo más grande y profunda. Antes de que pudiera recuperar el habla Kohaku la llamó para incorporarla de nuevo a las conversaciones sin sospechar con quién hablaba.

- Creo que tengo que irme.

- Seguro. Te veo pronto y cuídate mucho.

- Tú también. Estaré viendo la carrera mañana, mucha suerte.

La llamada terminó y Lin se forzó a regresar con los demás mientras su estómago y su garganta se llenaban de mariposas, grillos, ráfagas de viento… todo lo que cosquilleara se arremolinó en ella haciendo de repente su felicidad más perfecta.

CoNTiNuaRá...


Hello! Cómo les va? Emmm pues he aquí el cap, a unos 2 ó 3 del final (según cálculos). Ojalá les haya gustado! Como de costumbre quiero agradecerles a todas por continuar leyendo y por sus comentarios que me animan muchísimo, de verdad. Y pues... nos vemos la próxima semana ya saben, dudas, sugerencias, quejas, mentadas o lo que sea... con un comentario. Mil grax! Y nos leemos en una semana.