CAPÍTULO 18
Despertar
(Negritas)-Principio de escena.
Era de madrugada, horas antes durante la reunión en el departamento de Kohaku ella habló con Sesshoumaru y desde entonces mil ideas revoloteaban en su cabeza. Verlo, hablar con él, regresar a su lado, que él deseara buscarla hasta el fin del mundo, que conociendo lo estricto que es consigo mismo se doblegara para romper su palabra y la llamara.
A estas alturas la reunión había terminado y ella vagabundeaba en su lap top mientras Kohaku estaba tomando un baño. Abrió su correo electrónico y ahí encontró la información para su próxima lectura, el lugar, fecha y hora. Excelente tenía qué decirle a Sesshoumaru. Por un segundo pensó en llamarlo en ese mismo instante, pero al darse cuenta de la hora, descartó la idea.
Todo se sentía tan natural en esos momentos, ahí sentada en la cama de Kohaku sabiendo que dentro de poco vería a Sesshoumaru, con el libro vendiéndose, su editor pidiendo más material… la vida era perfecta en esos momentos y lo seguiría siendo después de poder besar al hombre que amaba.
Sólo por pasar el rato entró a un buscador en internet y tecleó el nombre de Sesshoumaru, en cierta forma se vio a sí misma como una adolescente con su primer amor… pero eso era lo de menos. Entró a varios sitios que no le ofrecían nada que no supiera ya, su vida, logros, expectativas, largas discusiones en foros sobre si era o no el mejor de todos los tiempos. Mientras estaba perdida en ello Kohaku llegó a su lado y se recostó para encender la televisión mientras bostezaba, en realidad ella también tendría que sentirse muy cansada, pero no era así.
- Dime que tu sonrisa bobalicona no tiene nada que ver con el piloto, por favor. –la molestó un poco en parte jugando.
- Me llamó. –respondió con la sonrisa aún más grande. – Quiere ir a verme a la próxima lectura que tenga.
- ¿Te doy mi sincera opinión y te digo que quizás esté jugando? ¿O sólo me alegro porque estás feliz?
- Sé lo que opinas… así que puedes alegrarte conmigo.
Dejó su computadora de lado un momento y se acercó para abrazarlo también recostada ahí a su lado, Kohaku le devolvió el gesto de manera cálida como siempre fue él. Ahí se quedó un par de minutos pensando en mil cosas a la vez y al final dejó un suave beso en la mejilla del chico antes de regresar a la computadora y seguir bobeando.
De repente entró en un sitio de chismes, así se anunciaba abiertamente y buena parte de los encabezados eran de actores y cantantes famosos, fotos escandalosas y cosas si mucho interés para ella, pero también se decían cosas de Sesshoumaru.
Al abrir el comentario lo vio acompañado de un par de imágenes de él con una mujer bonita y seductora de ojos muy intrigantes. Decía que su nombre era Kagura y esa desconocida fue la conquista de "entre temporadas" del súper estrella. Lin sintió que su estómago se revolvía con dolor, pero de todas formas, si debía ser objetiva… ella siempre sospechó eso, que él tuvo que ver a alguien más mientras no estuvieron juntos… igual no fue agradable verlo.
Al final y sólo de pasada mencionaban que Naraku, el dueño de la escudería Miasma, mostraba interés abierto en contratarlo, aunque Sesshoumaru no correspondió, también, en son de broma, dijeron que fue una decisión tonta de él no aceptar considerando la serie de sucesos extraños y oscuros que siempre rodeaban a Naraku, aunque nunca vinculándolo directamente.
Lin se alarmó con eso y sin decirle una palabra a Kohaku, quien casi caía inconsciente, buscó la vida del tal Naraku, pero no encontró nada coherente, nada que fuera sucio o peligroso. Si de verdad esa página tenía razón… él se cuidaba muy bien las espaldas… pero bueno, a final de cuentas la página de chismes no era una fuente confiable. Suspiró resignada y apagó la computadora, no tenía sentido seguir buscando si todo lo que iba a encontrar serían fotos de Sesshoumaru con otra e insinuaciones de peligro. Bostezó y se recostó entre las sábanas al lado de Kohaku después de poner su alarma, deberían despertarse temprano para ir a hacer algunas compras, mejor dormir ya. Esa noche lo haría con la tranquilidad y dicha de saber que Sesshoumaru era para ella... como despertar de un mal sueño.
La vida de Kagome era oficialmente el más grande horror que pudo imaginar. Siguiendo el consejo de Inuyasha llamó a sus padres esa misma mañana de domingo para decirles que dejaría la escudería, ya podrían ellos buscar a alguien que la reemplazara… y el gritaron, dijeron muchas cosas que de acuerdo a sus más profundos temores la hirieron profundamente, la compraron con Kikyo, le hicieron saber literalmente la decepción que era para ellos, le preguntaron que hicieron mal que para ella resultara así… fueron tantas cosas que al final se quedó sin palabras y sólo colgó el teléfono.
Después de recuperarse del llanto se bañó y se alistó para ir al hospital otra vez y cuando llamó a Inuyasha para avisarle fue como clavar un clavo más en su ataúd de vacío… él le dijo que iba de salida. El pretexto fue comer, tomar un baño y dormir pero ella lo conocía lo suficiente para saber que la estaba evitando… así que no sólo perdió la esperanza de estar con él en el sentido más romántico de la palabra, sino que también su amistad se había dañado… como si pudiera soportarlo en ese momento.
Entró en la habitación y ahí estaba un doctor, lo cual no era usual a esa hora de la mañana, se alarmó y fue hasta él con cautela preocupada porque su catastrófico día pudiera empeorar.
- ¿Doctor? –preguntó dubitativa. - ¿Hay algo mal?
- Buenos días, señorita. No, al contrario, hoy ha habido detalles que nos llamaron la atención en el estado de su hermana. Le hicimos apenas una prueba de la función cerebral y existen cambios, ha tenido movimientos sutiles y sus reflejos son más fuertes.
- ¿Está despertando? –inquirió anonadada, con los ojos abiertos como platos sin desear concebir esperanza aún.
- No lo sabemos. –respondió el médico con seriedad, indicándole que de verdad… no era todavía momento para ser optimistas.- Sólo es cambio, no mejoría estrictamente. Pero vamos a mantener vigilancia estricta. Quizás ayude si le habla y la estimula.
- ¿Inuyasha lo sabe?
- El señor que siempre está aquí… eh… no lo creo ya tiene rato que se marchó y apenas le hicimos las pruebas ¿desea que lo llamemos?
- No, gracias. Yo lo haré.
El hombre asintió y se marchó cerrando con cuidado la puerta tras de así. Ella se quedó de pie viendo a su hermana tan inmóvil como siempre, delgada y pálida, con cicatrices… no había nada distinto en apariencia pero el cambio fue significativo. Sonrió y se sentó a su lado tomándola de la mano para iniciar a murmurarle cosas, conversar sobre ocasiones felices que compartieron, hablarle de trivialidades… lo que fuera.
Lo hizo así para obedecer el consejo médico y para tener un pretexto y no llamar a Inuyasha. Claro que él desearía saber eso de inmediato, pero al hacerlo regresaría corriendo al hospital y con ella ahí… era como forzarlo a verla. De repente entre las palabras que decía de le coló el nombre del chico y aunque bien pudo ser su imaginación, sintió a Kikyo apretar su mano con apenas una milésima más de fuerza.
Era tal vez muy obvio, respondería al nombre del hombre que amaba, ese del que ella misma también se enamoró, el que no le pertenecía. Si los milagros existían su hermana abriría los ojos pronto y ella e Inuyasha serían felices para siempre recordando todo ese gran incidente como un capítulo oscuro que a final de cuentas sólo sirvió para unirlos más. Qué felicidad para ellos, por ellos… porque los quería lo suficiente a los dos para desearles que fueran felices juntos… pero al mismo tiempo se dio cuenta de lo que eso significaría… que debía perder a Inuyasha para siempre, aunque nunca fue suyo de verdad.
Kagome suspiró tratando de contener las lágrimas que se formaban otra vez en sus ojos y mientras seguía hablando cosas casi incoherentes trató de hacer que su mente detuviera la tortura que se autoinfringía.
Era domingo temprano e Inuyasha entraba al restaurant donde Miroku ya lo esperaba, iban a reunirse porque su amigo quería recordarle algo importante, el chico de los ojos dorados no tenía ni idea de qué podría ser. Se saludaron e hicieron la orden de forma casual.
- ¿Entonces? ¿Qué quieres recordarme? –inquirió Inuyasha
- La apuesta que hicimos hace algunos años, sobre si me casaría o no.
Inuyasha frunció el seño ¿todavía se acordaba de aquello? Si fue tanto tiempo atrás, y claro, todavía no salía de su asombro ni podía acabar de creer que Miroku se fuera a casar de verdad y eso según apostó tantos años atrás, le saldría algo costoso.
- ¿Estás seguro de que te vas a casar?
- Tan seguro como de que ahora estamos aquí sentados. –Miroku sonrió autosuficiente.
- ¿Y todas las demás? ¿A Sango le parece bien?
- No amigo, ya no hay nadie más. Sólo es ella y con eso es más que suficiente, lo será por siempre.-Inuyasha no pudo evitar devolverle la sonrisa esta vez, la seguridad en las palabras de Miroku era absoluta y supo lo que sentía, porque él mismo pensaba eso de alguien más.- Así que, si mal no recuerdo, la apuesta implicaba que correrías con mitad de los gastos de la boda.
- ¿Yo dije eso?
- Claro que sí.
- Vaya… -murmuró anonadado, aunque sabía que Miroku no estaba mintiendo.- Y supongo que esperas que lo cumpla.
- No, en lo absoluto. Pero sí demando que seas mi padrino. –acto seguido extendió una mano sobre la mesa para estrecharla con la del otro hombre, Inuyasha correspondió.
- Pues… felicidades. Y gracias por el honor.
- No podía pensar en nadie más. ¿Asistirás con la señorita Kagome?
- Eh… no lo sé… las cosas con ella se complicaron.
- Ya te diste cuenta de lo que en verdad sientes por ella y ahora estás conflictuado.
- ¿Cómo demonios podrías tú saber eso? –recriminó ante la certeza de que tenía razón.
- Te vi el otro día preocupado y feliz cuando la viste. Te conozco ¿no crees que es hora de lo que reconozcas abiertamente y empiecen una relación?
- Estás loco. Kikyo aún está en el hospital y es por mi maldita culpa.
- Ella y tú sufrieron un desafortunado accidente causado por quién sabe quién, no es tu culpa. Y a estas alturas no puedes seguir pensando en que pausar tu vida eternamente es la solución. Ella quizás nunca despierte. ¿Crees que querría verte infeliz sólo por eso?
- Lo dices como si fuera cualquier cosa.
- No es cualquier cosa, sólo la verdad.
Inuyasha suspiró cansado, sabiendo que Miroku no se rendiría hasta hacerlo ver las cosas a su modo y quizás eso era lo mejor, pero todos los sentimientos hacia Kikyo estaban ahí y también la culpa… pero Kagome… lo que ahora también sentía por ella, todos esos deseos de hacerla feliz, de ser feliz a su lado… ya estaba al límite en su intento por ignorarlos. Tal vez… si Miroku tenía razón… él podría…
Con la adrenalina en todo su cuerpo Lin sintió esa carrera más intensa que ninguna otra, tal vez por las circunstancias. Contra toda predicción estaba ahí en el autódromo entre los mecánicos del equipo Sengoku viendo cada escena en una pantalla grande con Kohaku a su lado. Los planes eran otros, mirarla por televisión y más tarde llamar a Sesshoumaru para felicitarlo por su primer lugar y decirle hora y fecha de su próxima lectura para encontrarse, pero esa mañana de domingo muy temprano Kohaku le expresó sus deseos de visitar a Sango para hablar con ella y de paso con Miroku, cerciorarse de que su hermana se ponía en buenas manos al casarse… Kohaku tan protector como siempre. Y a Lin eso le sirvió como motivo y pretexto para ir a ver la carrera en el corazón mismo de la pista.
A pesar de haberse apurado no llegó antes del inicio para desearle suerte, pero no sería importante, ella pasaría a la rueda de prensa para sorprenderlo… y en verdad sentía que él se alegraría, que la recibiría bien, la abrazaría… podrían besarse de nuevo. Porque lo amaba y extrañaba y sabía que él a ella también. Así que no tenía dudas, por eso tramó el plan.
En el fondo se escuchaba lo de siempre, muchos motores y exclamaciones del todos los hombres de por ahí emocionados al límite con cada acelere, también podía percibir el incomprensible sonido de las conversaciones por radio, todo el tiempo Sango se mantenía en contacto con los dos pilotos. Por un segundo pensó en que le gustaría utilizar ese medio para habar con él, pero lo último que deseaba era distraerlo cuando tomaba curvas a más de cien kilómetros por hora.
De repente en una parte sin mayor dificultad de la pista, una curva amplia y abierta, Sesshoumaru entró algo más rápido de lo habitual, hasta ella pudo percibirlo, y no le encontró sentido porque iba en primero y el segundo no tenía posibilidades de alcanzarlo en esos momentos. Escuchó a Sango decir algo que no entendió y después tan rápido y eterno como suceden esas cosas Sesshoumaru perdió el control. Quizás por el exceso de velocidad no pudo seguir en el trazo normal de la pista y su auto se impactó contra el muro de contención externo, rebotando hacia el interior hasta pisar el pasto y la barrera de neumáticos y después de nuevo hacia fuera.
Lin contuvo la respiración desde el primer instante, viéndolo chocar, su auto soltando partes para absorber la fuerza mortal del accidente. Por un segundo todo quedó en silencio ahí, todavía se oían los motores rugiendo furiosos en el exterior pero ningún miembro del equipo tuvo entereza para producir sonido alguno.
Después de que Sesshoumaru regresó al muro externo, su auto empezó a girar, levantándose algunos metros por los aires y otra vez al suelo, de nuevo y más y más… ¿cuántos giros? ¿Cuántos golpes? ¿Cuántas piezas? Y ese líquido que iba quedando a su paso… no podía más que ser peligrosa gasolina que amenazaba con prenderse ante la más mínima provocación.
El auto giró y giró desbaratándose hasta que en un sitio mucho más delante de donde empezó, por fin se detuvo quedando totalmente de cabeza, con las entrañas mecánicas expuestas y la ola de destrucción a su paso regada por la pista.
Lin sintió su corazón violento golpeándole el pecho mientras se quedaba ahí petrificada ante la pantalla lo que le pareció una eternidad antes de volver a escuchar una voz, la de Sango que llamaba desesperada a su piloto, una y otra vez por su nombre, pidiéndole que respondiera, que le dijera lo que fuera, cómo se encontraba, cualquier cosa. La escritora quiso creer que él lo haría, que sólo tendría que soportar el dolor unos segundos antes de que él les avisara que todo estaba bien, que fue aparatoso pero nada más… y no pasó nada.
Hasta una eternidad más tarde Lin pudo tomar algo de control sobre su cuerpo y volteó a ver a su amiga, de pie con los ojos pegados a otra pantalla a pocos metros de ahí, concentrada en el equipo de comunicación, quizás si él no contestaba era porque se había roto algo… tal vez. Pero antes de que otra cosa sucediera Lin escuchó una exclamación de horror generalizada en todo el lugar y en la fracción de segundo que le tomó voltear a ver su pantalla Kohaku fue más rápido y le cubrió los ojos con ambas manos ¡qué demonios…! Como mero reflejó luchó por soltarse, tomó las muñecas de su amigo y se revolvió entre sus brazos como si de ello dependiera su vida.
- ¡No, Lin! –le dijo él pero era demasiado tarde, ya se había liberado.
Cuando sus ojos castaños vieron las imágenes se arrepintió de haberlo hecho, quiso ser más débil y nunca haberse librado de Kohaku, deseó ser más inteligente y no haber aceptado el trabajo en el periódico para no conocer a Sesshoumaru… anheló no haber nacido porque nada en el mundo valía la pena ver los restos del auto incendiándose con él todavía adentro.
Se quedó petrificada unos segundos más mientras veía los equipos de asistencia llegar al sitio donde él estaba muriendo, si es que aún vivía, y buscó su voz para que alguien le aclarara que todo era una pesadilla, pero como no la encontró decidió que si estaba despierta iría verlo con sus propios ojos, porque eso no podía estar pasando de verdad. Sin ningún aviso echó a correr de camino a la salida por pits. Era como una cochera grande por la que no le costó trabajo pasar y no hubo quien la detuviera, los mecánicos seguían abstraídos en el shock. El único que lo intentó fue Kohaku, yendo tras ella, pero le llevaba la ventaja del inicio.
Corrió y corrió, tan veloz como pudo, sintiendo los músculos de sus piernas trabajando hasta sentir como si quemaran. El sol del medio día sobre su cabeza era de plomo y el aire empezó a faltarle de inmediato pero las limitaciones de su cuerpo no la detendrían, ella siguió moviéndose aunque sintiera que no avanzaba nada, tenía que ir a verlo.
- ¡Espera! –le gritó su amigo muy cerca, ella sabía que él era más rápido y fuerte, pero no podía detenerse- ¡No puedes! ¡Lin, espera!
En algún momento, todavía en la calle de los pits, ni siquiera cerca del accidente, él la tomó por el brazo y la atrajo hacia su cuerpo tratando de contenerla, recibiendo todos los empujones que ella soltaba para tratar de liberarse, la abrazó, la restringió como se hace con un niño, sólo para arrastrarla hacia un sitio seguro, donde no pudiera entrar un auto a 80 kilómetros por hora para recargar combustible. Pero a Lin no le importaba, nada tenía significado si su pesadilla llegaba a esos confines tan aterradores.
- ¿Sabes? Estuve hablando con Miroku. –le dijo Inuyasha a Kikyo sentado al lado de su cama.- Nunca te conté mucho de él pero es un excelente amigo, de verdad. Y me hizo ver algunas cosas… admitir algunas cosas. Lo nuestro fue tan… intenso… y tan corto…
Mientras pronunciaba esas difíciles palabras Inuyasha miraba el rostro dormido y delgado de Kikyo, esa pérdida constante de peso era sólo uno de los muchos efectos de la inmovilidad permanente a la que estaba confinada. Con cuidado tomó su mano y la sintió algo fría como de costumbre. No tenía mucha idea de qué era lo que le iba a decir, ni sabía si lo escuchaba o no… pero tenía que hacerlo.
- Y es… tan difícil admitir lo que siento ahora. Lo que… es que Kagome… estar tanto tiempo a su lado, yo… y es que… ¡Qué difícil es esto! Kikyo… tú eres la primera mujer a la que he amado y siempre lo serás. Contigo descubrí que hay tantas cosas que puedo sentir… que existen… pero… es que ahora…
Desesperado consigo mismo desvió la mirada y después, sin dejar de sostener la mano de Kikyo, se abrazó de ella con la frente recargada sobre su vientre, quizás así podría decírselo con mayor facilidad… ¡cómo si fuera cualquier cosa! Ella no estaba muerta, por supuesto que no, pero tampoco estaba precisamente viva… y después de tanto tiempo… y si tenía que ser sincero consigo mismo…
Esperó en silencio varios minutos tratando de idear unas frases coherentes. Como Miroku se lo dijo, podría no hablar de eso con la mujer inconsciente que no le respondería, pero se conocía lo suficiente para ser que tenía que hacer las cosas bien, que si ahora estaba dividido, tenía que ser honesto al respecto con ella, porque ya lo fue consigo mismo y con Kagome siempre fue así… entonces… tenía que…
- Kikyo… -dijo con el volumen disminuido por su posición, y la voz que pronunció su nombre después como un murmullo lo congeló en su sitio.
- Inuyasha… -habló la chica que creyó ya no le respondería jamás.
CoNTiNuaRá...
Hello! Aquí el cap... algo corto... lo sé y mil disculpas! pero así se dieron las cosas... espero el próximo sea como de costumbre o un poco más. Mil gracias a todas por su apoyo, por leer. Me da muchísimos ánimos saber que les gusta. Grax! Y pues espero que ahora que estamos por terminar, les haya gustado, enojado, intrigado o algo este cap! Y ya saben cualque sugerencia, duda, mentada o lo que sea... con un comentario... porfitas! Nos vemos la próxima semana! Saluditos y que estén súper bien.
