CAPÍTULO 19

Después del Funeral


(Negritas)... Inicio de escena

A Lin todo eso le seguía pareciendo el infierno o algo peor, porque si ardiera en las llamas eternas encones sería ella la que sufriría y nada más, pero no era ella la que estaba mal… sino él. Suspiró por milésima vez mientras observaba el reloj y el camino, iba en el asiento del copiloto con Kohaku conduciendo en un camino que no estaba resultando nada corto.

Después de que él la alcanzó y pudo restringirla físicamente para llevarla a un sitio seguro todo pasó más rápido que el mismo accidente, o así le pareció. No la dejaron ir a la pista y al verse así casi atada literalmente no pudo hacer más que observar las asistencias llegar, extintores, una ambulancia, técnicos… y ellos poniendo lonas negras alrededor para que las cámaras no pudieran grabar nada. Eso fue lo peor, inclusive el mismo Sesshoumaru se lo dijo antes, meses atrás cuando apenas empezaban a hablar de verdad… le explicó que cuando un accidente parece muy grave –mortal más bien- los encargados de la seguridad en las pistas cubren la escena para mantener en privado las escenas más morbosas… las que sean una falta de respeto para el piloto y su familia. Así que cuando se quedó sin visión… fue lo peor, entendió que su esperanza de que no fuera tan grave era inútil.

Poco después un helicóptero partió del autódromo con él a bordo, eso era bueno porque lo llevarían a un hospital mucho más rápido que por tierra… pero si necesitaba esos preciosos minutos no era positivo. Y mientras iba hacia el auto caminando con Kohaku sosteniéndola con fuerza por un brazo –como si quisiera evitar que escapara- recordó otra cosa que Sesshoumaru le dijo antes, que en ocasiones cuando alguien pierde la vida en la pista de todas formas los llevan al hospital para declararlos muertos ahí y que sea más sencillo el trámite. En ese instante tuvo un ataque de náuseas y el pánico aumentó un millón de veces.

Creyó que nada podría ser peor, que esos momentos caóticos terminarían con su cordura… con todo. Hasta que se dio cuenta de que el camino al hospital era mucho peor. Porque antes por lo menos pudo moverse, correr, sentir como si hiciera algo, pero ahora no. Simplemente iba senada con las piernas abrazadas al pecho y llorando tanto que los ojos le ardían intensamente, a su lado Kohaku se había quedado por una vez sin palabras. Eso tampoco era bueno porque si él sintiera que existía esperanza se lo estaría diciendo, trataría por todos los medios de calmarla… pero nunca le mentiría.

- ¿Falta mucho? –preguntó sin la más leve noción de dónde estaban, debería conocer la ciudad en la que vivió tanto tiempo, pero su mente estaba muy lejos de cualquier capacidad de concentración, era sólo dolor.

- No tanto. –dijo él dubitativo, bueno, no le mentía pero sí estiraba la verdad, aún debía faltar un largo trayecto.

- Va a morir… él va a… -murmuró entre una oleada de lágrimas y otra apretando los brazos con más fuerza alrededor de sus rodillas.

- Lo están atendiendo… Lin… tú… vamos a llegar pronto.

La joven cerró los ojos deseando nunca haber abierto la oca, los débiles intentos de Kohaku por calmarla sólo la estaban alterando más. Aunque a final de cuentas eso no era importante, porque en esos momento sólo sentía las primeras tenues marcas de la pena que sería si en verdad pasaba. Aún no estaba segura, todavía se aferraba con desesperación a la idea de que él saldría bien, de que con el tiempo sus heridas sanarían y estarían juntos… pero si llegaba al hospital y no era así… si él ya no habitaba este mundo ¿cómo podría ella seguir haciéndolo? No era justo.

Una vida y media más tarde llegaron al hospital, donde ya se mostraba el inicio del desplegado de seguridad que implementaría para mantener fuera a los reporteros que de seguro harían guardias para obtener información sobre Sesshoumaru. Entraron al estacionamiento sin problemas, por tener identificaciones de la escudería misma y estacionaron el auto en el primer lugar cercano a la recepción que encontraron. El camino hasta el piso de cirugía fue muy corto e infernal, ya sólo faltaban un par de pisos antes de que los cirujanos o alguien le dijera a Lin cómo estaba él.. si aún estaba en lo absoluto en este mundo.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron y ella y Kohaku salieron, con el chico que la llevaba de la mano para apoyarla, sostenerla o contenerla según requiriera. Ella ya estaba con la atención puesta en interceptar a la primera persona que trabajara ahí para sacarle cualquier palabra pero antes de eso se topó con la visión de una pareja de edad madura y los reconoció de inmediato, eran el padre de Sesshoumaru y su esposa ¿cómo llegaron antes? No era importante. Llevando a su amigo consigo fue directa hacia ellos, parados en medio de una sala de espera vacía. El hombre estaba de pie con la vista perdido en algún punto del techo blanco y su esposa le pasaba un brazo por los hombros en ademán consolador y tranquilizador.

Cuando Lin estuvo a un paso de ellos se detuvo dudando… ¿cómo hacer eso? Respiró profundo y apretó la mano de Kohaku para darse valor mientras despegaba los labios y los cerraba otra vez sin haber encontrado las palabras adecuadas.

- Disculpen. –se adelantó el joven sabiendo que ella no podría, queriendo facilitarle aunque fuera eso.

Al instante la otra pareja volteó, en el rostro de él no hubo atisbo de reconocimiento pero al instante Izayoi esbozó una media sonrisa educada y entendió una mano para saludar a la muchacha, Lin correspondió todavía si poder decir nada, después Kohaku saludó también.

- Todavía no saben qué va a pasar. –dijo Izayoi entendiendo que la otra mujer se encontraba más allá de las palabras, intuyendo de alguna forma que no sólo era la reportera que escribió tiempo atrás sobre Sesshoumaru, quizás porque su expresión no era de interés profesional… sino del más profundo dolor que pudo ver.

- ¿Está… en… cirugía? –habló por fin.

- No, dijeron que primero tienen que estabilizarlo.

- ¿Qué tan mal…?

- Bastante.

- ¿Su mamá?

- Ya la llamó mi esposo. –Izayoi después volvió a abrazar al hombre mayor a su lado e instintivamente Lin hizo lo mismo con Kohaku sintiendo que el mundo se venía abajo… ¿cómo podía eso durar tanto? Si cada segundo era peor que morir ¿por qué no acababa y ya?

- Tranquila, él está en buenas manos, tranquila. –murmuró su amigo muy bajo mientras la envolvía entre sus brazos y le acariciaba el pelo con suaves movimientos destinados a calmarla, aunque los dos sabían muy bien que eso no sería posible.

- ¿Quién eres? –preguntó Inu Tashou.

- Es Lin, la reportera que escribía sobre él ¿recuerdas? La conocimos en el hospital… la otra vez… -intervino su esposa mientras la chica se daba fuerzas para soltar a Kohaku y encararlo.

- ¿Piensas escribir sobre esto? –inquirió anonadado.

- No. –negó con la cabeza un par de veces, sin sentirse muy coherente.

- Ven, vamos a sentarnos. –sugirió Kohaku mientras la llevaba de los hombros hasta un sillón, Lin se dejó llevar porque no tenía fuerzas ya para seguirse resistiendo, además… a esas alturas daría lo mismo, estar de pie o sentada… eso no modificaría la intensidad del sufrimiento durante esa espera… que prometía ser eterna.

Todo era tan confuso… era como si su mente fuera un paso atrás en todo momento, perdiéndose en lagunas oscuras y regresando a la consciencia por lapsos irregulares, recuperando el oído, a veces un poco de su visión… pero a veces no tenía sentido, estaba desorientado…

Empezó el día normal… podía recordar eso… después la carrera… algo mal… dolor, mucho dolor, confusión… espacios en blanco, no podía, por más que intentó concentrarse en lo que pasó, no pudo.

De repente poco a poco junto con los sonidos dispersos del lugar en el que estaba –no tenía idea de dónde- le aparecieron nuevas oleadas de dolor. Todo el cuerpo le punzaba pero eso era soportable, después una de sus piernas estaba mal, podía detectar el lugar exacto donde de seguro estaba rota… tal vez en muchos pedazos porque era demasiado fuerte para algo pequeño… y además… bueno, ya no le dolía mucho, pero pudo recordar cómo su brazo izquierdo fue lo peor… fuego, llamas… él ya sabía el daño que eso le hacía al cuerpo. Pero extrañamente después de sentirlo, ahora no quedaba ni rastro de ello… quizás se le achicharró todo el brazo.

Y por un estúpido accidente que ni recordaba bien ni entendía, porque él no tuvo la culpa. Estaba concentrado, en verdad, porque se prometió a sí mismo que iría a ver a Lin después con un primer lugar… no quería ser nada menos que el mejor para ella, para merecer estar a su lado. Entonces, iba bien. Pero algo salió mal, una cosa fuera de su control que no podía recordar.

Súbitamente más sonidos fuertes lo distrajeron, monitores, sí, podía reconocerlos, era como si en cierta forma su mente empezara a aclararse poco a poco. Eran de esas cosas que te conectan al cuerpo y emiten sonidos de acuerdo a tu frecuencia cardíaca. Detuvo su recuento de daños por unos segundos, intentando abrir los ojos, para que alguien le explicara cómo estaba, qué tan mal salieron las cosas.

Pero antes de que lograra hacerlo, el pitido estridente le llegó a los oídos con mucha fuerza y medio segundo más tarde sintió algo extraño en el pecho, como pequeños calambres justo sobre su corazón que antes iba desbocado pero que ahora apenas intentaba contraerse con dificultad, era raro pero no dolía, sin embargo el escuchar la alarma y las voces estresadas de todos a su alrededor no fue alentador. Quizás simplemente morir no dolería. Que mal… ahora que pidió una oportunidad… que se dio cuenta de sus estúpidos errores y que ella aceptó verlo… ¿y si ya nunca más llegaba a besarla? ¿Si eso se acababa? Podría soportar la muerte, siempre lo tuvo bien claro, siempre estuvo preparado para que ese día llegara y de repente su vida se cortara pero… ¿tenía que ser en ese momento? Justo cuando todo podía salir bien y…

Tomándolo desprevenido un fuerte choque eléctrico sobre su pecho lo distrajo, eso fue muy doloroso, mucho más que la pierna hecha pedacitos… pero no más que el brazo quemándose. Y antes de que pudiera recuperarse mentalmente de aquello, llegó otra vez… eran los médicos intentando reiniciar su corazón, hacerlo latir correctamente con choques eléctricos, que después alternaron con intentos manuales de resucitación.

Sesshoumaru trató de decir algo, otra vez abrir los ojos y pedirles que pararon, eso era demasiado cruel... quizás si le pusieran anestesia… algo, lo que fuera. Pero no pudo encontrar la forma de comunicarse antes de que su mente cayera en otro profundo hoyo negro, del cual no tenía ninguna certeza de salir y con un solo pensamiento que lo acompañaría por lo que le quedara de vida… Lin.

Horas… muchas… todo el día y la noche… esperando. A ratos medio dormida en un sillón o si no, con la cabeza recargada en el hombro de Kohaku... él intentando convencerla de comer y ella luchando contra las náuseas. Esa salita de espera ahora se sentía como el sitio mismo en el que se había instalado todo el dolor del mundo y no era ella la única que lo sentía.

El padre de Sesshoumaru y su esposa seguían ahí, ella inseparable de su esposo en esos momentos tan difíciles, aunque sí se fueron unas horas para atender algo de mucho importancia también. A Lin no le interesó mucho qué fue, su mente estaba ya saturada de pena para enterarse de otras cosas.

Y ahora también la madre de él esperaba sentada en uno de esos sillones. Lin siempre se imaginó a esa mujer parecida a Sesshoumaru, como él mismo lo dijo, pero al conocerla fue mucho más evidente de lo que pudo pensar. Sus facciones igual de hermosas, su cabello del mismo color y los ojos de idéntica inexpresividad, al igual que su actitud. Ella llegó sola y luego de asentir cuando Inu Tashou e Izayoi la saludaron y le dieron el informe sobre su hijo, se sentó en un rincón viendo hacia la nada… y casi ni se había movido. La escritora pensó muchas veces en saludarla, tratar de decirle algo pero no tenía el valor para hacerlo y como la otra mujer no dio signos de siquiera notarla… dejó las cosas así.

Y Sesshoumaru… bueno él continuaba con vida. Estaba en terapia intensiva, en un quirófano adaptado especialmente como terapia intensiva sólo para él, porque no querían tenerlo con los demás pacientes y arriesgarse a que de alguna forma se colaran los reporteros ansiosos de información. Según les avisaron su condición era por demás delicada, las lesiones "focales" estaban en su pierna derecha y su brazo izquierdo, la pierna con una fractura en forma de espiral que requirió cirugía y el brazo izquierdo con quemaduras demasiado graves, de tercer grado que requirieron injertos de piel… Lin se estremecía con sólo pensar en eso. Pero además su condición general era grave porque le detectaron una herida interna que sangraba y también esa requirió otra operación y le pusieron mucha sangre. Todo eso era terrorífico, pero el saber que tuvieron que darle choques eléctricos a su corazón más de una vez para obligarlo a trabajar… eso fue demasiado.

De repente Lin suspiró una vez más y se refugió en el pecho de Kohaku para empezar a llorar de nuevo. La respuesta de su amigo fue como siempre, acunarla y consolarla, sólo que esta vez la madre de Sesshoumaru interrumpió con su voz clara y llena de confianza, inexpresiva pero a la vez cargada de cierta autoridad, al escucharla Lin se asustó un poco y se separó para verla entre las lágrimas.

- ¿Qué eres tú de Sesshoumaru?

- Yo… soy… bueno. Era… -balbuceó sin saber exactamente qué decir ¿cómo catalogarse?- Soy una amiga. –al final el título más genérico era el mejor, aunque no del todo acertado.

- Es su novia. –aclaró Kohaku y la mujer mayor levantó una ceja, además, el comentario atrajo la atención de Inu Tashou e Izayoi.

- No lo soy. –contradijo Lin apresurada.

- Como si lo fueras.

- Dirás que eres la que eligió para pasearse antes del inicio de temporada. –aclaró la madre de Sesshoumaru.

- No… yo… no estuve con él últimamente.

- Ellos se conocen desde antes de que terminara la temporada anterior. Lin fue quien estuvo haciendo la serie de reportajes sobre nuestro hijo. –aclaró Inu Tashou para sorpresa de la chica, quien se sobresaltó un poco al escuchar su nombre dicho con tanta naturalidad.- Ella tiene todo el derecho de estar aquí si lo desea.

Al final el hombre dejó de prestar atención y su ex mujer le dedicó a Lin una última mirada inquisidora, acusadora… muy fría y algo intimidante, de arriba abajo antes de volver a concentrarse en la nada. Lin se quedó quieta y sin palabras, por lo menos el susto le quitó el llanto, de momento, pero aún se sentía paralizada… y ahora también como una extraña. Obviamente el marcharse no era una opción y al parecer ni Inu Tashou ni su esposa tenían objeción alguna con su presencia… así que… tendría que hacer un esfuerzo por no sentirse fuera de lugar, aunque considerando la enorme dificultad de las circunstancias… si se sentía bien o no al inmiscuirse en la dinámica familiar, era lo de menos.

- Sabía que estarías aquí- escuchó la voz femenina detrás de él y después de un par de pasos mudos sobre el pasto Kagome lo tomó de la mano colocándose a su lado.

- Y me preguntaba por qué tú no estabas. –respondió Inuyasha sin despegar la vista de donde la tenía, el mismo lugar en el que dejó fijos sus ojos dorados por horas.

- No sentí la necesidad de venir. Ven, vamos a tomar un café o algo, hay cosas que quiero decirte.

Inuyasha asintió y después de suspirar una vez más dio media vuelta para alejarse de ahí aún con la mano de Kagome sujeta a la propia. Todo era extraño en ese momento, tantas cosas que pasaron tan rápido y para rematar… ella ahí a su lado emanando toda esa paz y tranquilidad sin razón aparente, si él mismo sentía que dentro de su embrollo de emociones la tristeza era lo que dominaba.

- ¿Tus padres? –inquirió el chico sabiendo que ese era uno de los temas más fáciles y superficiales.

- En casa, necesitan tiempo. ¿Los tuyos?

- En el hospital.

- ¿Vas a ir allá?

- Supongo –se encogió de hombros mientras salían del césped para tomar un fino camino de grava que los llevaría eventualmente hasta la salida- En algún momento. Creí que estarías bastante… es decir… es que te ves tan tranquila.

- Lo estoy. También estoy triste y claro que estuve muy… intranquila… -la joven recordó el caos de las últimas mochas horas y se estremeció un poco ante sus propios recuerdos.

FLASHBACK

¿Cómo podía sentir alguien tantos tipos de dolor al mismo tiempo? Era insoportable… increíble que estuviese en realidad sucediendo… todo fue tan catastrófico. Primero estaba el lío con Inuyasha, el amor que sentía por él y el daño que sufrió su relación con aquel beso en el cuarto de hospital… además de la ración de culpa correspondiente a todo aquello.

Eso era de por sí insoportable, porque no nada más se trataba de una herida de amor, de un enamoramiento no correspondido, era más. Muy dentro de su ser sentía que debía estar con Inuyasha, que él era la mitad de su existencia, pero no podían estar juntos. Y eso dolía… tanto como el saber que era una persona horrible, el peor de los monstruos del planeta por haber puesto los ojos y el corazón en el hombre de su hermana, de ella que estaba atada a una cama en un estado no muy estable.

En ese momento se encontraba sola en su casa después de llamar a Inuyasha para que la relevara en el hospital y no decirle que hubo un cambio en el estado de Kikyo, eran ella y sus lágrimas nada más. Y pensó que era el fondo de la situación, pero no fue así. De repente su teléfono sonó y contestó tratando de modular la voz para ocultar su llanto, quién sabe quién llamara, pero no tenía por qué enterarse de su deplorable estado emocional.

- ¿Señorita Kagome Higurashi? –la voz de tono profesional preguntó.

- Sí, soy yo.

- Llamamos del hospital a petición del señor Inuyasha Tashou.

- ¿Qué pasó? –la pregunta salió de la nada, en automático como cualquiera hubiese hecho pero conocía la respuesta, se sintió tota de siquiera haber hablado.

- Son buenas noticias, su hermana ha despertado. Aún faltan pruebas por hacer pero el señor deseaba que se lo comunicáramos inmediatamente.

- Gracias. –murmuró y colgó.

Y no supo qué sentir. Alegría… por supuesto, amaba a su hermana y verla bien después de creer que nunca sucedería era perfecto, lo mejor… lo ideal. De esa felicidad no tuvo dudas. Pero al mismo tiempo su estado previo empeoró… en parte porque con la mujer que en verdad amaba a su lado otra vez, Inuyasha ni se molestaría en tener dudas sobre sus sentimientos, ese era el fin definitivo de lo que nunca sucedió. Y por si eso no bastara… la culpa se incrementó un millón de veces… ahora tendría que hablar con su hermana, decirle la verdad porque de todas formas ella lo notaría.

Antes de que pudiera siquiera ordenar sus ideas, nuevas lágrimas llegaron a sus ojos ¿es que no tenían límite? Bien pudo haberse deshidratado ya mil veces, pero aún así seguía llorando. Porque como una especie de iluminación le llegó todo en perspectiva, a partir de ese momento Kikyo se recuperaría, tomaría su vida otra vez y estaría al lado de Inuyasha, sería feliz al igual que él con ella. Sus padres recuperarían a su hija perfecta, a la que sí amaban. ¿Y ella? Después de todos esos meses… se quedaría vacía, sin nada absolutamente en el mundo. Porque el único a quien en algún momento llamó "suyo", ya no lo era más, Kouga tenía también su vida hecha con alguien más, o por lo menos empezaba a hacerlo.

Con toda esa nueva visión de las cosas a su malestar previo se le sumó la soledad, inmensa y aplastante, ya no tenía a nadie… lo dejó todo, lo entregó más allá de lo que se dio cuenta. Fue tonta, mucho, porque no pudo preverlo… y supo que aunque alguien se lo hubiese advertido… los quería lo suficiente a todos para volver a hacerlo de nuevo igual. Pero por lo menos hubiera estado preparada para el resultado y el ramalazo no la habría tumbado de manera tan impresionante, sumiéndola en un abismo profundo, sin luz, sin calor… tanto así que como por mecanismo de defensa y sin estar cansada, se quedó dormida ahí en donde estaba.

FIN DEL FLASHBACK

- Lamento no haber venido antes, creo que debí estar a tu lado. –se disculpó Kagome sincera mientras debajo de sus pisadas la grava crujía dándole al camino un sonido constante y casi tranquilizador.

- Prefiero que hagas lo que es mejor para ti. Ya te hiciste mucho a un lado durante meses. –la amabilidad en las palabras de Inuyasha la asombró, aún ya sabiendo que él simplemente era así.

- ¿Cómo te sientes? –quiso saber ella, reconociendo que era una pregunta tonta, pero aún así desconocía la respuesta.

- Más allá de las palabras. –dijo él negando un poco con la cabeza viendo ya no lejos el estacionamiento.

- ¿Cómo fue?

- ¿Qué parte? –al final una sonrisa irónica se asomó por las comisuras de sus labios, pensando en cómo todo le pareció fragmentado en mil pedacitos diferentes.

- No lo sé, la parte que quieras contarme.

- Pues… -Inuyasha guardó silencio unos momentos, el suficiente tiempo para llegar a su auto- ¿Viniste manejando?

- No. Sabía que te encontraría, no vi la necesidad de ir en dos autos. –Kagome sonrió y él asintió.

Entraron en silencio al vehículo e él emprendió marcha sin estar muy seguro de la dirección, sólo manejando como por costumbre o inercia. Mientras las primeras calles se quedaban atrás Kagome esperó paciente a que Inuyasha ordenara sus ideas.

Él trató de encontrar el punto adecuado para compartir, algo que pudiese expresar en palabras y que además fuera apropiado para que Kagome lo supiera, porque había una cosa que jamás le diría, nunca, ni aunque de ello dependiera su vida. Así divagó entre el principio y el final. El shock inicial de escuchar su voz, diluida y distante, llamándolo por su nombre. Después los primeros momentos de caos en los que él no supo qué, hacer, sólo se le ocurrió sostener su mano y llamarla, hasta que abrió los ojos… y le sonrió. Fue un gesto débil, con malestar y confusión, pero ella estaba feliz de verlo y en ese instante él se dio cuenta de lo mucho que extrañaba verla sonreír. Por supuesto que siempre lo pensó, pero tenerla de repente siendo ella misma a su lado fue mucho y sintió enormes deseos de abrazarla y besarla, de murmurarle cosas al oído, darle las gracias a cualquier fuerza superior que la hubiera traído de regreso a la vida… pero las intenciones de Kikyo en ese momento fueron diferentes y un una débil mano lo incitó para que se acercara y poder rozar sus labios una vez más. Sólo un beso, breve y delicioso, inocente y nada más que necesario. Ambos sonrieron otra vez después.

Luego de eso fueron los médicos, las recomendaciones, las pruebas que querían hacerle… mil cosas que ella no permitió, Kikyo pensó que todo eso bien podía esperar para ella hablar con Inuyasha. Los doctores les dieron unos minutos a solas y ella empezó a cuestionar qué pasó… cómo es que de repente despertó en un hospital sintiéndose tan mal.

Para el hombre de ojos dorados fue difícil explicarlo, pero atuvo a la verdad, nada más. Fue breve por la falta de tiempo y ella lo tomó bien, con naturalidad e inteligencia, justo como era ella. Durante ese tiempo se le ocurrió una pregunta que durante todos esos largos meses le dio vueltas en la cabeza

FLASHBACK

Kikyo estaba recostada en la cama y él sentado a su lado, justo como fue durante meses, pero ahora ella estaba despierta, sonriéndole, hermosa a pesar de su delgadez y verse más pálida que de costumbre. Todavía necesitaba muchos exámenes y su condición era delicada por los riesgos de la inmovilidad, peor estaba ahí conversando… más de lo que Inuyasha pudo esperar.

- Kikyo… hay lago que quiero preguntarte ¿qué te dicen las letras "MN"? ¿Qué significan? –su pregunta fue tranquila, a pesar de que no lo estaba en lo absoluto, nunca pudo dejar de pensar que en esas dos letras que ella murmuró antes de chocar, estaba la clave de todo.

- No lo sé. –respondió frunciendo un poco el seño. -¿Por qué preguntas eso?

- Es que…. –se tomó unos segundos para pensar, para justificar que de todas las cosas que podría decirle en esos momentos, fuera exactamente esa la que eligiera.- No lo sé… sólo lo pensé… ¿de verdad no sabes? Lo que sea… y prometo dejar de molestarte. –al final le sonrió algo travieso y ella correspondió el gesto.

- Lo único que me recuerdan es a Naraku, el dueño de la escudería Míasma. Creo que te hablé algo sobre ese hombre…

- Dijiste que es horrible. –recordó él sin entender mucho.

- Es malo… no sé… en qué esté metido ahora, pero siempre me ha dado miedo. Estuve investigándolo un tiempo y ¿sabes? Siempre pasan cosas turbias a su alrededor… hasta desapariciones misteriosas. Pero sigo sin entender tu pregunta. –cuando terminó de hablar tosió un poco y él la sostuvo para sentarla momentáneamente, estúpido, si ella aún no estaba bien, forzarla a hablar tanto no era bueno.

- Lo siento. –se disculpó mientras la recostaba de nuevo con delicadeza. –Pero… ¿por qué MN te recordaría a ese hombre?

- Todas las placas de sus autos comienzan con esas dos letras.

Controlar su reacción ante eso fue todo un logro, algo que creyó no podría… Naraku… Naraku… Naraku… no podía ser una coincidencia, no, de ninguna manera… tuvo que ser él… ese maldito imbécil fue el causante de todo, el que lastimó a Kikyo, que casi termina con su vida… el que… todo lo hizo él. Y tendría que pagar por ello.

FIN DEL FLASHBACK

Inuyasha continuó manejando y al igual que antes tuvo que ejercer mucho autocontrol para no botarlo todo e ir a buscar a Naraku en ese instante para matarlo con sus propias manos. Pero igual que se contuvo para proteger a Kikyo de la verdad, lo hizo ahora para Kagome. Y prefirió seguir buscando en sus recuerdos algo que contarle sobre su hermana.

Regresó a después del momento en donde se quedó, Kikyo después preguntó por su hermana y sus padres y entonces… llegó lo verdaderamente difícil, esa parte que siempre lo conmovería, que lo hacía estremecer.

FLASHBACK

Estaban en la misma posición, los doctores ya habían ido dos veces para llevársela y ella se negó, ya no la tolerarían una tercera… así que su tiempo juntos antes de tener que separarse aunque fuera por poco tiempo estaba contado. Kagome seguía sin aparecer a pesar de que ya la habían notificado y ninguno de los dos se lo explicaba, pero decidieron darle tiempo.

- ¿Recuerdas cuando empezamos a estar juntos? –preguntó la mujer.

- Claro que lo recuerdo.

Se sonrieron mutuamente mientras por sus mentes como sincronizadas pasaban imágenes dispersas, ellos bailando, cenas, besos, tiempo separados, tiempo juntos, promesas, deseos, pasión, una y otra vez recordándoles por qué estuvieron juntos, por qué fueron felices así.

- Inuyasha… quiero… darte las gracias. –le sonrió una vez más ¿en algún momento antes la vio tan contenta? Bueno, tenía muchas razones para estar feliz… además… sin importar lo que hubiese pasado, el peso de la alegría de ella continuaba doblegándolo, perdiéndolo en un mundo donde nada más estaban los dos.

- ¿Por qué? –preguntó divertido pero frunciendo el seño.

- Por hacerme feliz. Me diste lo que siempre quise… al estar contigo era como una mujer normal, Inuyasha. –Kikyo alzó lentamente una mano y la puso sobre el rostro de él.

Para Inuyasha fue confuso, verla tan contenta y escuchar eso… confortante saber que era feliz a su lado, desde luego porque él así lo deseó siempre, pero… ¿por qué utilizó el término en pasado? Como si ya no lo siguiera siendo, como si se tratara de una despedida. Fue extraño pero lo ignoró y presionó la palma de Kikyo dejándola contra su rostro.

Lentamente Inuyasha se inclinó para besarla sin dejar de sostener su mano, cerró los ojos y se dejó envolver en el suave contacto de los labios de Kikyo. Un roce suave y tierno, dulce y necesitado… con todo el deleite del mundo concentrado así entre ellos… como la primera vez que lo hicieron y sin saber, quizás sólo él, que sería la última.

Las cosas se desencadenaron en sólo un segundo, la joven se estremeció con dolor y él se alejó con horror en los ojos, ya la había perdido tantas veces antes… y ni siquiera pudo preguntarle qué pasaba, sólo la vio abrazándose a sí misma, dedujo que tenía dolor. Y antes de que reaccionara alarmas comenzaron a sonar desesperadas por todos lados y de inmediato entró una enfermera y después una médico. Los escuchó preguntarle si tenía dolor, sí, y si podía respirar, no.

Inuyasha sólo lo observaba todo con horror, ahí de pie sin poder hacer absolutamente nada, sin entender qué demonios estaba pasando, si ella había despertado, si estaba a su lado. De repente entraron dos enfermeros y un doctor y alguien ordenó que lo sacaran de ahí. Los dos sujetos corpulentos fueron hacia él para pedirle amablemente que se fuera, esas eran cosas que él no debía ver. Pero no se movió, no podía ni encontrar los pies para ordenarles algo y entre los dos hombres lo tomaron de los hombros y lo sacaron a empujones, de manera poco cortez mientras él sentía el estrés creciendo en las voces de los médicos y no alcazó ni a verla una vez más antes de quedar en la sala de espera… esperando… esperando… para que una hora más tarde alguien fuera a decirle que fue en vano. Una de las mil amenazas a las que estuvo expuesta la atacó, un coágulo de sangre formado en sus piernas por la inmovilidad de repente y sin que pudiera evitarse viajó a sus pulmones, matándolos… y a ella igual.

Tan rápido e inesperado que a Inuyasha le costó trabajo creerlo, entenderlo siquiera. El fin… la vida de Kikyo… tan corta... cuando parecía que existía una salida… terminó… y él no pudo hacer nada para evitarlo. Pero a diferencia de antes, ahora conocía el nombre del culpable y no descansaría hasta que terminara muerto retorciéndose en cualquier lugar al que fuera su alma.

- Naraku… juró que te mataré, aunque deje mi vida en ello. –nadie pudo escuchar su voz apagada, pero no era necesario, no necesitaba testigos de su desgracia ni de su furia.

FIN DEL FLASHBACK

Cuando Inuyasha terminó de contarle ese pequeño pasaje a Kagome se dio cuenta de lo extraño que era haber escogido el final, quizás lo hizo para darle lo peor primero y después, si llegaba a hablar en otra ocasión de Kikyo, tendría mejores cosas que ofrecerle, no sólo el cómo murió de manera tan injusta, inclusive con dolor… suspiró y la joven a su lado no preguntó por qué, lo sabía de sobra.

- Dijiste que no tuviste necesidad de ir al funeral. –preguntó él discretamente para saber el por qué ¿cómo no quiso despedirse de su hermana?

- Es una explicación un poco rara, en verdad. Vamos a tu departamento… te cuento ahí. Quiero tener toda tu atención.

Él asintió y aunque pensó que era extraño aceptó confiar en ella, además, lo último que necesitaba era arriesgar la vida de Kagome por distraerse al manejar… por otro estúpido accidente. Aunque ahora tenía al culpable de su desgracia y terminaría con su vida por venganza y para cuidar de Kagome. Así sin que se diera cuenta de por qué, sus deseos abandonaron sus labios.

- Kagome, siempre te voy a proteger.

Lin estaba en el mismo lugar, empezando a sentirse como parte de un mural, inmóvil hasta lo imposible, con dolor todo el tiempo, temor… horror… todo mezclado hasta casi volverla loca. A lo lejos por el pasillo vio un doctor aproximarse con la vista puesta en ellos y su corazón se disparó. Porque si no fuera a hablarles no los miraría tan fijamente y si no tuviera algo muy importante que decir no llevaría papeles entre las manos, como los que tenía cuando requirieron permisos para las cirugías… ¿qué sería ahora?

La joven se puso de pie como reflejo y Kohaku lo hizo detrás de ella, como estando unidos por hilo invisible. El padre de Sesshoumaru se acercó unos pasos hasta quedar a su lado e Izayoi iba tomada de su mano como siempre. E inclusive la madre del piloto caminó hasta estar cerca.

- Buenas tardes. –los saludó cortés el médico, para gusto de los presentes perdiendo tiempo valioso en formalidades. Todos asintieron en reconocimiento. – Como saben desde el accidente el joven Sesshoumaru no ha recobrado la consciencia. En inicio por el trauma y después porque se han utilizados fármacos para inducirle un coma. –esperó y todos asintieron, haciéndole saber que le seguían las ideas- Hemos decidido que es un buen momento para intentar despertarlo. Su condición es más estable y si las cosas van bien no necesitará otra cirugía hasta dentro de unos días. Pero sólo una persona puede estar por vez con él. Sólo alguien puede ir ahora también, muchas veces es de ayuda que escuche una voz familiar, ayuda a traerlos de regreso. –el médico más bien vio a los padres alternadamente, esperando por una decisión. El primero en hablar fue Inu Tashou.

- ¿Quieres ir tú? ¿O voy yo? –le dio la opción a su ex esposa con las ideas revueltas, él deseaba y no deseaba estar ahí, porque ansiaba verlo con sus propios ojos pero temía enormemente a que Sesshoumaru no abriera los ojos y fuese él quien estuviera ahí presente, a nadie se le pasó por alto que el doctor dijo "intentar despertarlo" o sea, que existía la posibilidad de que no lo hiciera.

- Que vaya ella. –dijo indiferente pero con autoridad señalando a Lin con un gesto de la cabeza que la dejó helada, con los ojos aciertos como platos.

- ¿Por qué ella? –quiso saber su ex esposo.

- Porque nuestro hijo no habla conmigo más de una vez cada varios meses y dudo mucho que te llame a ti, más bien has de saber de él cuando vas a visitarlo, siempre por iniciativa tuya. Y a ella la tiene cerca porque así lo desea. Y se trata de lo mejor para él. –se hizo una leve pausa mientras Inu Tashou comprendió que la mujer mayor tenía razón y asintió. –Ve, niña. Y hazlo bien… por favor.

Ese final de frase fue lo único amable que Lin la había escuchado decir desde que llegó y no ayudó para sacarla de su asombro, pero pudo sonreír un poco y darle un último abrazo a Kohaku antes de encaminarse detrás de él médico. En esos momentos, mientras atravesaba los pasillos todo se le hizo como en cámara lenta y sin sonido. Si el hombre dijo algo ella no prestó atención, porque en sus oídos sólo podía escuchar su propio corazón latiendo desbocado, emocionado… asustado. Sin tener idea de a qué se iba a enfrentar… pero ir ella era lo mejor, porque no podía soportar ya más sin verlo. Aún así… el terror no se desvaneció mientras se acercó más y más.

CoNTiNuaRá...


Hello! He aquí el cap. Espero que les haya gustado! Estoy dudando de si el próximo será el fin o queden aún dos más! Pensaba sólo en uno pero bueno, no lo sé! Ojalá que siga siendo de su agrado y esté emocionante! Y pues mil gracias como siempre ya saben que es maravilloso que lean y sus comentarios siempre me animan mucho! Mil grax! Y pues, nos estamos leyendo. Y ya saben, dudas, sugerencias, aclaracaiones, mentadas, con un comentario porfitas! nos vemos!