CAPÍTULO 20
Amor
(Negritas)-Principio de escena.
Llegaron al departamento de Inuyasha y entraron en silencio, no hubo necesidad de decir nada al principio, sólo fueron a la cocina y mientras él preparó algo de café, ella sacó cosas para preparar algo así como un almuerzo muy tardío o una cena temprana. A veces era difícil de creer que las cosas hubieran sucedido tan rápido después de ocho meses de estar suspendidos en el tiempo, sin nada más que hacer que sobrellevar las cosas día a día.
Poco más de 24 horas antes, durante la mañana del domingo, Kikyo despertó… sólo para que su vida terminara definitivamente pocas horas después, inclusive antes del anochecer. Después la noche entera de las típicas ceremonias de esas circunstancias… formalidades y ocasiones para despedirse, pero Kagome no sintió ninguna necesidad de ir, porque ella ya se había despedido de la forma más extraña que pudo imaginar. Así que fue de esa manera como en un lunes al anochecer estaban ahí increíble, impredecible… pero era cierto. Todo terminó tan rápido. Quizás si sus padres hubieran tenido más cabeza para formalidad hubiesen alargado más las ceremonias pero no lo hicieron, apenas quisieron cumplir con los requisitos indispensables, tal vez por el dolor o porque para ellos no fue tan difícil, nadie les avisó que Kikyo estuvo consciente… inclusive hasta ese momento sólo Inuyasha y ella lo sabían y todavía dudaba en si debía contárselos después a sus progenitores, dudaba llegar a hacerlo.
Después de varios minutos se sentaron en la barra, como algo casual, las formalidades salían sobrando entre ellos. La joven supo que ya casi era el momento de hablar, de contarle a Inuyasha la cosa tan extraña que le pasó pero en lo que creía tan firmemente porque así se tratara de un sueño o no, se sintió tan real que la cambió para siempre.
FLASHBACK
De repente estaba sentada en la cocina como cualquier otro día, todo se sentí normal y cuando vio a Kikyo entrar recordó de repente que su hermana estaba por irse de viaje, iba vestida usual, un vestido rojo arriba de la rodilla que la hacía ver muy hermosa en contraste con su piel pálida, lo de todos los días. Kikyo le sonrió y fue para abrazarla antes de decir cualquier cosa, el contacto fue cálido y conocido, Kagome lo devolvió como un gesto de despedida, anticipando que la extrañaría cada día que no estuvieran juntas.
- Ya es hora de que me vaya, lo he pospuesto demasiado. –le dijo su hermana separándose, pero aún permaneciendo a poca distancia y con los dedos entrelazados a los de ella.
- Te voy a extrañar.
- Y yo a ti.
- ¿Vas a estar mucho tiempo fuera? –preguntó la hermana menor dándose cuenta de que no sabía a dónde iba su hermana ni cuándo volvería.
- Algo así. Por eso tengo un par de cosas que encargarte.
- Claro -sonrió contenta de poder ayudarla.
- Inuyasha… cuida de él por favor. Sé cómo es que se quieren y él va a necesitarte mucho. -Kikyo sonrió en parte melancólica, pero no demasiado, más bien con paz y resignación. A Kagome le pareció extraño el comentario pero asintió, ella cuidaría del piloto mientras durara la ausencia de su hermana.
- Dales tiempo a papá y mamá… no dejes que te dominen, nunca se los has permitido y no empieces ahora ¿de acuerdo? Ellos te van a entender en algún momento. –Kagome torció un poco el gesto y esta vez tardó más aceptar, porque sin poder recordar qué era, sí sentía algo de renuencia hacia sus progenitores.
- Está bien. –dijo cuando notó la insistencia en los ojos castaños de su hermana.
- Y por último… cuídate tú y sé muy feliz, porque yo ya lo fui. He sido tan feliz como en un cuento de hadas.
- ¿Un cuento de hadas? –a Kagome le resultó raro que su hermana escogiera esa comparación ¿qué tenía que ver eso con realizar un simple viaje?
- Claro, como esas princesas que encuentran el amor y tienen su final feliz. –sonrió contenta y dejó un beso en la mejilla de la menor.- Es hora de que me vaya.
- Pero… ¿qué voy a hacer sin ti?
- Cuidar a Inuyasha, ser feliz y darle tiempo a papá y mamá, ya te lo dije.
- No me refiero a eso. Es que te necesitan, todos te necesitamos. Mis padres… tú eres a la que quieren de verdad… e Inuyasha, él te ama…
- Nos quieren a las dos. Y sí, sé que Inuyasha me ama… lo sé y por favor recuérdale que lo sé… quizás lo necesite. Pero tengo que irme, recuerda, como una princesa… encontré mi final feliz. Pero tienes que buscar el tuyo. –Kikyo soltó una de sus manos y le quitó a su hermana un mechón del rostro acomodándolo cariñosamente detrás de su oreja.
- ¿No puedes esperar un poco más? –preguntó con la angustia coloreando un poco el matiz del sueño- Quizás tomar otro vuelo.
- No tontita, ya me retrasé mucho. Además, recuerda siempre que fue mi elección. Cuando iba con Inuyasha en ese auto, uno de los des debía partir… y me alegro de ser yo. Él aún necesita ser feliz.
- ¿Y si fuera él quien tuviera que irse en tu lugar?
- Es diferente, yo no podría soportar estar así… no existe nadie más en este mundo a quien pueda amar así. Pero para Inuyasha es de otra forma.
- Hermana no te entiendo. –preguntó confusa, de repente sintiéndose como una niña.
- Ya lo harás. –sonrió una vez más y con eso disipó la inquietud de Kagome, al final ella el devolvió el gesto. - Entonces… vas a hacer lo que te pedí ¿verdad? Así puedo irme tranquila.
- Sí, Inuyasha, papá, mamá y yo…
- Me alegra. –se acercó para besar su frente y después con expresión de tranquilidad dio media vuelta hacia la puerta de la cocina.
- Hermana. –la interrumpió Kagome y ella volteó deteniendo sus pasos- Que tengas buen viaje. Te voy a extrañar.
- Yo también. –después de sonreírle por última vez Kikyo desapareció definitivamente por la puerta, dejando a Kagome tranquila en un espacio para seguir durmiendo ya sin soñar y con ese recuerdo tatuado en la memoria de tal forma que nunca jamás se desvanecería, ni con el paso de los años.
FIN DEL FLASHBACK
Kagome le contó casi todo a Inuyasha, demorándose en los detalles importantes, las palabras de amor de Kikyo, la calma con la que ella se marchó, sus deseos de que él fuera feliz, el saberse amada pero sobre todo el hecho de que fue real… no sólo un invento de su subconsciente. Para convencerlo inclusive le platicó cómo a veces ellas tenían percepciones "extrasensoriales" y que ese sueño sin duda era una de esas. Por eso no asistió al apresurado funeral, porque ya se había despedido de una forma mucho mejor y estaba totalmente convencida de que su hermana se marchó contenta. El único detalle que evitó cuidadosamente fue decirle que Kikyo cambió su vida por la de él… que ella de alguna forma supo cómo acomodar las cosas en ese accidente para ser ella quien saliera gravemente herida y no él. Tal vez algún día se lo diría, como parte importante del recuerdo de su hermana para que Inuyasha supiera hasta qué punto lo amó… pero en ese momento no lo hizo para evitar un ataque de culpa.
- ¿Un final feliz? –preguntó el chico con un atisbo de sonrisa en los labios después de escuchar la explicación.
- Es lo que ella dijo. –contestó segura, sonriéndole abiertamente y tomando una de sus manos.
- ¿Tú crees… que ella… que Kikyo quiso despedirse también de mí? ¿Por eso estuvo despierta…?
- Estoy segura de ello. Tú no hubieras creído en un sueño como el mío.
- No, no lo hubiera hecho. –al final Inuyasha sintió sus ojos anegarse de lágrimas unos segundos hasta que recordó las letras "MN", lo que significaban y cómo quizás eso también fue parte de una revelación divina… así él podría matar a ese miserable. – Gracias Kagome. –le dijo antes de que sus instintos lo traicionaran y le revelara su plan. – Creo en tu sueño y te agradezco que me lo hayas contado.
- De nada. –respondió simplemente antes de abrazarlo por una vez sintiendo sus espíritus en paz.
Entró en la habitación de Sesshoumaru y aunque sabía lo que iba a encontrar, no pudo estar preparada. Estaba ahí tendido sobre la cama de hospital con un suero en su brazo derecho porque el izquierdo se veía cubierto de vendajes que en fracciones se mancharon de sangre, no deseó imaginarse la quemadura debajo. Su torso estaba desnudo y desde el abdomen lo cubría una sábana azul celeste por la que pudo notar las gasas cubriendo la herida de su cirugía, más grande de lo que la imaginó. Y su pierna estaba igual tapada, pero notaba el bulto de otra herida ahí, la que tuvieron que hacerle para reparar el hueso roto. Además estaba muy pálido y con un tubo que salía de su garganta, el que lo ayudaba a respirar, eso sin contar el otro muy delgado y de apariencia flexible que entraba por su nariz.
Cuando llegó a su lado fue muy difícil quedarse ahí, esas eran cosas que nunca deseó saber, que jamás le hubiera gustado presenciar ni aunque se tratara de un extraño, pero ahí estaba y tenía que ver sus ojos dorados mirándola, escuchar su voz… hablar con él, decirle que lo amaba, que estaba esperando, que tenía que salir de ahí para estar juntos.
- Puedes tomar su mano si quieres. –le indicó una enfermera y ella lo hizo sosteniendo con delicadeza la mano derecha del piloto entre las suyas.
- Hace un rato que dejamos de pasarle medicamentos, ya debe estar medio consciente, pero no puedo quitarle el tubo del respirador hasta que no abra los ojos. –le explicó una doctora- Llámalo para que reaccione, hazlo con voz fuerte.
- Sessh… -murmuró apenas, tomando valor para hacerlo bien.- aquí estoy. Sesshoumaru… por favor… abre los ojos. –con cada palabra el tono era más adecuado, más firme, hasta que ya sin trabajos le ordenó, porque era lo que más deseaba, verlo despertar. – Tienes que venir conmigo. Abre los ojos, por favor. Vamos, estoy aquí. Tus padres están aquí, tienes que hacerlo. Por favor, abre los ojos…
En algún punto Lin notó la reacción y no se detuvo, lo vio mover algunos músculos del rostro, fruncir el seño un poco, intentar parpadear… lentamente, todo un paso a la vez mientras siguió diciéndole cosas, murmurando para traerlo de vuelta, desesperada porque así sucediera. El minuto que tomó todo fue eterno para Lin pero al final él la miró. Notó asomarse entre las pestañas esos ojos dorados que tanto amaba y los suyos castaños no pudieron contener más las lágrimas, así como el nudo en su garganta se hinchó hasta no dejarla pronunciar una palabra más.
- Está bien. Sé que el tubo es molesto. -intervino la doctora de repente, atrayendo la atención de todos con su voz firme- Lo voy a sacar, pero tienes que toser. Ahora con cuidado.
Lin se quedó quieta como encantada mientras observó la maniobra, algo ruda para su gusto y después +el se alteró, la tos que en un principio fue para ayudarlo se convirtió en algo molesto, fuerte, ella se preocupó pero nadie más pareció hacerlo… quizás era normal. Mientras, ella siguió sosteniendo su mano sana y se dio cuenta, llena de alegría, que Sesshoumaru la apretó un poco mientras logró calmarse de nuevo.
Entonces cuando todo estuvo en paz y el silencio sólo se rompía con el repiqueteo constante de los monitores, él la vio de verdad. Ahí estaba con la expresión más dulce que nunca le vio… no pudo definir en qué consistía el cambio de su habitual frialdad, pero era diferente y al mismo tiempo sintió cómo en su interior algo se derretía. Sesshoumaru observó a Lin sin que nada más en el universo existiera.
- Te amo. –le dijo con voz ronca y suave al mismo tiempo, lo hizo porque era lo único que podía pensar y porque la última vez que estuvo medio consciente creyó que ya nunca tendría oportunidad de hacerlo.
La sonrisa de la chica se ensanchó más si lentamente se acercó a sus labios para rozarlos. Un beso tenue y fugaz, la respuesta que ansiaba darle, con un gesto pudo decirle que ella también lo amaba, que deseaba estar a su lado para siempre sin importar qué sucediera ellos dos tenían que estar juntos.
En ese momento los médicos interrumpieron haciéndole preguntas al hombre e informándole su estado, las heridas graves que tuvo y la larga recuperación que le quedaba por delante, no sería fácil pero por el momento su vida ya no peligraba. Todo indicaba que saldría bien de esa y quizás con algo de suerte hasta podría volver a correr un día.
Cuando los doctores terminaron de dar sus explicaciones Sesshoumaru sólo quería tiempo a solas con ella, disculparse de verdad por sus errores… tantas cosas que deseaba decirle, pero Lin tenía algo más en mente, sus padres preocupados en la sala de espera, no podía dejarlos así. Con toda la renuencia del mundo dejó otro beso fugaz en sus labios y fue de regreso para que alguien más pudiese entrar.
Sesshoumaru esperó paciente y la próxima persona en llegar fue su madre, era la primera vez que lo visitaba y a juzgar por lo pronto que llegó, si estaba muy preocupada. El encuentro con ella fue algo seco, distante como eran ambos, pero la mujer sin expresión se tomó la libertad de besar su frente y decirle lo mucho que la alegraba que estuviese bien, todo lo que se preocupó y cómo se quedaría ahí tanto tiempo como él lo requiriera.
El padre del piloto fue el último y resultó mucho más efusivo que su madre, el hombre mayor lo tomó de la mano sana y le preguntó cómo estaba, cómo se sentía, qué necesitaba… cualquier cosa él lo haría.
Al final regresó Lin para estar a su lado todo el tiempo, ahí se quedaría para conversar y ayudarlo, apoyarlo para siempre… en lo que fuera necesario porque lo amaba y así sería siempre.
- ¡Todavía no se muere! ¡Ni siquiera algo tan simple pudiste hacer bien! –Naraku gritó por milésima vez ese día y Kagura se encogió en su esquina, de pie esperando el siguiente ataque de ira ya sintiendo su ojo morado punzar al igual que la herida en su labio inferior.
La mujer ya ni siquiera se atrevía a mirarlo, estaba aterrorizada, falló, el imbécil de Sesshoumaru no murió como se suponía y ahora ella pagaría las consecuencias por su error. Mientras el hombre enfurecido desapareció un poco de su campo visual, de seguro que fue a servirse otro trago a su pequeña cantina privada, ella meditó cuáles eran sus posibilidades. Con toda la desesperación que la consumía era bien capaz de marcharse por fin. Aunque no tuviera nada, inclusive si debía esconderse el resto de su existencia para que Naraku no la encontrara… eso que llevaba ahora no era vida.
En una fracción de segundo tomó la decisión que por años no pudo y se dio cuenta de que esa era la pausa que necesitaba. Conocía bien la casa de su dueño y podría escapar por la puerta de atrás sin cruzarse en su camino, suponiendo que de verdad estuviese sirviéndose otro trago. Miró hacia ambos lados del pasillo antes de salir y avanzar de prisa pero casi corriendo, con el pulso más acelerado que nunca y todos sus sentidos alerta, esperando por la señal de peligro, de ser descubierta. Sabía que él tenía cámaras de vigilancia en casi toda la casa, pero eso era lo de menos. De todas formas en cuanto pisara la calle tomaría un taxi, después un autobús al azar y el tren más tarde. En medio de todo eso pararía en un banco para sacar dinero de su cuenta privada, la vaciaría, y se perdería en alguna ciudad cercana. Un camión foráneo le serviría bien para eso. Y así continuaría yéndose cada vez más y más lejos… otros países… sería una huída constante el resto de su existencia, pero por lo menos así prometía ser larga, siempre y cuando lo hiciera bien.
Llegó al final del corredor y bajó por las escaleras de servicio, a su paso chocó con una sirvienta y la miró a los ojos, asustada porque pudiera gritar o tratar de detenerla. Por un instante ella y esa extraña se vieron a los ojos y se comunicaron, el pánico en los de Kagura era indescriptible y la otra muy joven y a sabiendas de las cosas turbias que pasaban ahí… le sonrió y siguió con su camino como si nada pasara.
Kagura no desperdició tiempo, solamente continuó moviendo los pies tan rápido como pudo ¿Naraku habría regresado ya a donde ella debería estar esperando? ¿El personal de seguridad la detendría? Generalmente la puerta de atrás estaba con llave, pero nada más elaborado porque la utilizaban para cosas sencillas como la entrada de personal… nada ilegal. Cuando llegó a la planta baja estaba en la cocina, tan blanca, iluminada y brillante que la asustó y se sintió expuesta, pero a primera vista no notó a nadie ahí y no se iba a detener a verificar. Se giró hacia la puerta que daba al jardín y fue hasta ese instante que escuchó la única voz que nunca hubiera querido volver a oír, la última que jamás llegaría a sus oídos.
- Lástima. –murmuró Naraku y fracciones de segundo más tarde, ni siquiera lo suficiente para que pudiera voltear a verlo, Kagura sintió cómo algo la empujaba hacia el suelo.
Eso fue lo primero, la fuerza de los impactos derribándola contra los mosaicos blancos y pulcros, metió las manos delante para amortiguar la caída, aunque en un principio no entendió qué fue lo que la tiró… si sólo lo escuchó hablar y después varios… zumbidos… algo así. Lo siguiente que supo fue que había sangre, su sangre, esparciéndose deprisa por el suelo, así tan carca del piso como estaba sólo notó la mancha roja creciendo, avanzando como marea letal. Y después, junto con una dificultad enorme para respirar le llegó el dolor.
Disparos. Por fin lo entendió. Un arma con silenciador que la atacó por la espalda, ni siquiera supo cuántas veces, ni se molestaría en tratar de averiguarlo. Desde ese mismo instante supo que ya todo estaba perdido, no logró escapar y ahora ya no tenía ni siquiera la posibilidad. Con esa certeza se rindió sin luchar, nada más dejó de hacer fuerzas, de tratar de sostenerse y se recostó en el piso con los ojos cerrados contenta porque por lo menos el rostro sonriente Naraku no sería lo último que sus ojos verían.
Él se quedó ahí observando simplemente hasta que el charco de sangre se extendió todo alrededor de la mujer. En ese momento llamó a un par de hombres en voz alta y ellos acudieron de inmediato. Sólo dos de los tantos "guardias" que él tenía, sin decirles nada entendieron qué debían hacer con la mujer muerta que yacía ahí. Naraku sólo dejó el arma en la mesita más cercana y dio un sorbo al vaso con wisky que sostenía en la mano izquierda, antes de que pudiera llamar a nadie más la misma joven que minutos antes se topó con Kagura en las escaleras salió por la puerta de servicio con una canasta con ropa sucia y al ver la escena se apresuró a dejarla en un rincón e ir por los instrumentos de limpieza, a Naraku no le gustaban las manchas en el piso.
Lin estaba algo nerviosa esa mañana pues por la tarde Sesshoumaru entraría a quirófano una vez más para arreglar algo en la piel de su brazo, algo de los injertos… se estremeció por milésima vez sólo de pensarlo. Pero no era momento para eso porque en ese presente lo tenía a su lado. Ella pasó ahí la noche y las primeras horas después del amanecer, al medio día el padre del chico llegaría para que ella se fuera a comer. A Sesshoumaru no le gustaba tanta atención, tantos cuidados… hasta su madre se aparecía todos los días un rato por ahí y no tenía planes de regresar pronto a su casa… era desconcertante y lo hacía sentir incómodo.
Definitivamente todo fue secundario a la experiencia cercana a la muerte, porque ya sabía cómo lo pasó rozando varias veces, él no recordaba mucho pero para ese momento le había sacado a los demás la información necesaria para saber que si estaba vivo era por algún milagro. Hasta vio el accidente, le recomendaron que no lo hiciera, desde luego, pero su madre, quien era la persona más práctica y directa que conocía, le llevó un video y él al verlo no entendió por qué sucedió todo. No había nada ahí que lo hiciera entender y por lo que sabía Sango tampoco se lo explicaba… era un misterio, como que algo salió terriblemente mal o alguien preparó las cosas para que así fuera. Pero no tenía argumentos para eso, además del hecho de confiar en sus habilidades y en las de su equipo. Los accidentes no pasan de la nada... no así… siempre hay un error, la falla de alguien o algo…
- ¿Quieres desayunar ya? –preguntó la chica sacándolo de sus pensamientos mientras veía al personal del lugar entrar con un carrito que llevaba varias opciones para escoger. A Lin se le hacía extraño que estando en un hospital los tratan con "servicio a la habitación" y casi bufetes… suspiró y se dijo a sí misma una vez más que cuando tienes el dinero y las credenciales suficientes, nada es imposible.
- ¿Me dejarías otra opción? –preguntó algo sarcástico, levantando una ceja.
- En realidad no. –la joven sonrió y tomó una de las bandejas, de las que estaban abajo y sabían eran una dieta normal para ella.- ¿Qué quieres tú?
- Sorpréndeme.
Lin suspiró sintiéndose insegura como cada vez que él hacía algo así y escogió algo al azar sabiendo también que él lo aceptaría… ese hombre extraño, indiferente, cálido, reservado, frío, adorable, divertido, serio… ese hombre que la tenía fuera de sí misma, enamorada hasta lo más profundo y totalmente ebria de felicidad porque estaba vivo.
Cuando la persona con la comida se retiró ella procedió a su rutina de siempre, a hacer esos pequeños detalles por él que sólo a Lin le permitía. Ella dejó su bandeja de lado y acomodó la de él frente suyo en la cama y lo ayudó con calma y paciencia cuando lo necesitó mientras daba bocados esporádicos a su comida. Para Sesshoumaru fue extraño al principio y encontró la forma de alimentarse a sí mismo –con un solo brazo útil el cual llevaba una aguja clavada- cuando ella no estaba, pero la sonrisa de Lin y la paz y cariño con que lo hacía lo convenció de seguir esa rutina.
- Ya no estés nerviosa. –dijo él de repente adivinando su estado de ánimo.
- Lo siento. –se disculpó agachando un poco la mirada antes de tomar un trozo de fruta y dárselo a Sesshoumaru en los labios- ¿Tu no lo estás? Es decir… es que…
- Estoy bien.
- Pero dijeron que el dolor…
- Lin, es inevitable. Tranquilízate. –la mirada ámbar estaba fija en la castaña de ella imperativa, ordenándole que no se preocupara así por él.
Está bien. –le sonrió un poco y le ofreció otro bocado ahora más concentrada en su simple tarea.
Y por milésima vez notó lo sexy que se veía… sí, de seguro que había enloquecido… porque él estaba ahí en el hospital, herido, con vendajes… y aún así no podía evitar sonrojarse cada vez que se concentraba en la imagen del piloto de torso desnudo y labios… más que apetecibles. Antes de que Sesshoumaru pudiera preguntar la razón por la cual sus mejillas se tiñeron de rojo alguien llamó a la puerta.
- Adelante. –concedió el hombre.
- ¿Interrumpo? –preguntó Inuyasha levantando una ceja cuando adivinó que su hermano era alimentado como un niño pequeño.
- En lo absoluto. –contestó la mujer apresurada. - ¿Cómo está joven Inuyasha?
- Eh… bien… no me trates con tanta formalidad. –ella asintió y él se acercó hasta el pie de la cama.
- ¿Planeas quedarte mucho? –quiso saber ella algo extrañada por la visita, la primera de Inuyasha en los días que habían pasado desde el accidente.
- En realidad, no. –fue seco, casi tan cortante como su hermano lograba mostrarse, ella lo entendió.
- Entonces estaré esperando afuera. Fue un placer verte. –ella hizo una media reverencia y besó con suavidad a Sesshoumaru en los labios antes de abandonar la habitación para darles espacio.
- No se supone que yo tenga que alimentarte ¿verdad? –preguntó burlón Inuyasha.
- Se supone que me digas qué quieres.
- Tu accidente, vi los videos, tú no te equivocaste. Fue algo en el auto, en los frenos… pero Sango no tiene idea de qué, ella estaba segura de que todo funcionaba perfectamente, igual que siempre. ¿Cuál es tu historia? –la seriedad de sus palabras casi impresionó a Sesshoumaru.
- ¿Insinúas que alguien más lo causó?
- Yo no dije eso.
- ¿Alguien como Naraku? ¿Sigues con lo que Kikyo dejó pendiente?
- Tú también desconfías de él. –afirmó Inuyasha, quizás no se llevara mucho con su hermano mayor, pero lo conocía lo suficiente.
- No sé cómo pudo hacerlo, pero lo conozco lo suficiente para saber que es capaz de eso y más.
Inuyasha se quedó pensativo unos segundos, analizando las palabras del otro hombre y al final asintió simplemente con fuego en los ojos dorados resplandeciendo con fuerza… con fiereza, él se encargaría de Naraku sin duda alguna. Antes de que pudiera hacerle daño a alguien más.
- ¿Por qué te interesa esto? –cuestionó Sesshoumaru presintiendo que había más en el fondo.
- Él causó el accidente que tuve con Kikyo, él la asesinó. No voy dejarlo libre y no tengo pruebas en su contra. No pienso quedarme esperando quién sigue en su lista.
- ¿Entonces piensas matarlo? –la pregunta del mayor fue casi una burla, pero en la determinación del otro entendió que era en serio.
- Le voy a dar una probada de su propia medicina. Cuando esté en una carretera pienso envestirlo justo como él lo hizo con nosotros.
- ¿Tienes algún auto blindado?
- No.
- Yo sí. Estará en la puerta de tu casa mañana.
Inuyasha entendió que eso era no sólo la aprobación para su plan, sino el deseo de venganza de Sesshoumaru y quizás también sus ansias por proteger a quien lo rodeaba… además quería ayudarlo a completar la misión y hasta brindarle algo de protección. En silencio asintió y esbozó una media sonrisa.
- Recupérate pronto, voy a volver a correr y no será interesante sin ti para hacer algo de competencia. –le dijo y después abandonó el lugar con la certeza de que los días de Naraku estaban contados.
CoNTiNuaRá...
Hello! Cómo están? Ojalá que muy, muy bien! Y espero que les haya gustado el capi! Es definitivamente el penúltimo. el final la próxima semana! Como siempre mil gracias por todo su apoyo, por leer y sus comentarios, me alegran la semana! Y también igual que siempre ya saben cualquier cosita sugerencias, dudas (espero haber aclarado algunas del cap pasado de cosas que de verdad no expresé bien y muchas gracias por hacérmelo notar!), mentads, jitomatazos, etc... con un comentario... mail grax! Y nos leemos la próxima semana!
