CAPÍTULO 21
Por siempre y para siempre.
(Negritas)-Principio de escena.
- ¿Has considerado la posibilidad de retractarte? –preguntó Miroku nervioso.
- No.
- Pues deberías, es una maldita locura ese plan tuyo. –lo criticó por milésima vez mientras almorzaban, empezaba a desesperarse al ver que Inuyasha no se rendiría.
- No tengo razones para retractarme. Ese monstruo tiene que morir. No le voy a permitir que dañe a nadie más. –Inuyasha dio un sorbo de su bebida y casi se arrepiente de haberle contado a su mejor amigo del plan, de cómo ya había seguido a Naraku en más de una ocasión y estaba listo para asesinarlo, costara lo que costara.
- ¿Y si el dañado eres tú? Estás tentando mucho a tu suerte ¿ya pensaste en la señorita Kagome?
- Es a ella especialmente a quien quiero proteger. Además, me muero en el intento… no importa… ya perdí a Kikyo por ese imbécil… no voy a dejar que se repita la historia.
- ¡Pero hay otras formas! –le gritó su amigo considerando seriamente el robarle las llaves de todos los autos, denunciarlo a la policía por algo… o lo que fuese necesario para detenerlo.
- No. Justo lo que él hizo. Además, aunque quisiera denunciarlo no tengo pruebas en su contra.
- Eres un idiota. –sentenció Miroku.
- Gracias. –Inuyasha sonrió y sintió cómo en su interior resplandecía la furia de la venganza.
Tendría que hacerlo dentro de los próximos días. Investigando entró la fecha exacta en que lo intentaría, esa misma semana, al parecer el importante empresario haría un viaje a la ciudad más próxima… por una carretera no tan plana, que tenía puentes altos construidos sobre ríos anchos y profundos. Si fuera enteramente a su gusto preferiría hacerlo en el mismo lugar donde él y Kikyo sufrieron el accidente, pero no sería así… y matarlo era lo importante, los detalles sádicos y torcidos podían pasar a segundo plano.
Y quizás no debió informar a su amigo pero siendo Miroku tan perceptivo notó que algo sucedía con él. Así fue como terminó contándole. Pero sólo ellos dos y Sesshoumaru conocían el plan… nunca se atrevería a decírselo a Kagome. La conocía lo suficiente para saber que no se lo permitiría… encontraría la forma de detenerlo y no deseaba eso. No podía permitirle seguir viviendo a ese despreciable asesino… lo haría por Kikyo y por Kagome… por venganza y protección.
En el fondo tenía algo de miedo porque era muy consciente de lo mal que podrían salir las cosas, que quizás después de salvarse la vez anterior… ahora no correría con la misma suerte. Y entonces… en ese "peor de los casos" la partida de Kikyo habría sido en vano… si fue para protegerlo y él prácticamente se estaba suicidando. Pero no pensaría en eso. Suficiente era cargar con la culpa de lo que sucedería con Kagome si él no estaba ahí apoyándola… como para además sentirse mal por cosas sobre las que no tenía control.
Así que todo estaba prácticamente hecho, tenía el auto y la fecha mezclados con su fiera determinación, el deseo de venganza y la entera certeza de que esa era su única salida.
- Todo aparenta ir muy bien. –habló con una media sonrisa el médico… el milésimo que atendía a Sesshoumaru desde el accidente, éste era especialista en quemaduras.
- ¿Cuánto tiempo me va a llevar regresar a correr? –preguntó el hombre de los ojos dorados.
- Es muy pronto para decir eso. Primero tiene que ver que la pierna también esté bien. Y en cuanto al brazo… parece no haber daños irreparables, pero la rehabilitación será larga. Con permiso.
El hombre abandonó la habitación y Lin suspiró audiblemente, como si todo el tiempo que duró la revisión hubiese estado conteniendo el aliento. Sesshoumaru sólo la observo fijo con los ojos fríos que no demostraron ninguna emoción… nada en absoluto de todo lo que sentía ese día que como tantos otros ella estaba ahí a su lado sin que nada más importara.
Alzó su mano útil hasta tocar el rostro de la joven y con una caricia suave la incitó para acercar sus labios. Se besaron con calma y paciencia, casi inocentes… como un primer beso. El tacto suave y cálido los inundó como cada vez, perdiéndose en él, continuando lentamente con el paso del tiempo hasta que la pasión se agregó a su mezcla y el gesto casi infantil se volvió de fuego quemándolos sin dolor, ardiendo con el placer creciente entre ellos.
Después de varios minutos Lin se separó a regañadientes casi avergonzada por dejarse sentir tantas cosas cuando él estaba enfermo… cómo deseaba hacer el amor… cuánto lo necesitaba tocando su piel y uniendo sus cuerpos… pero no podía, se sentía desconsiderar por siquiera pensarlo. Suspiró una vez más y se sentó en la orilla de la cama sosteniendo la mano de él entre las propias y sonriéndole con tranquilidad. El celular de ella sonó y lo sacó del bolsillo de sus pantalones sin dificultad, aunque al reconocer el número se apresuró a bajarse de la cama y cruzar toda la habitación mientras contestaba.
- Hola… -saludó dudosa, sabiendo que no quería escuchar lo que le dirían.-Sí… lo sé… es que… -guardó silencio cuando el hombre del otro lado la interrumpió hablando tan fuerte que Sesshoumaru escuchó murmullos –No puedo… no… sólo un poco más. Ya sé que no van a esperar por siempre. –al final bajó la voz y esperó de nuevo mientras continuaban gritándole. –Ya sé lo que eso significa… lo entiendo, sólo… sí… veré que puedo hacer. Prometo llamarte. Adiós.
Terminó la llamada y guardó el teléfono otra vez tomándose así unos segundos para recomponerse, aunque el conflicto y hasta dolor que le causó la llamada no le pasó para nada desapercibido a Sesshoumaru, él adivinó con facilidad cuál era el problema… o sea, él mismo.
- Ven acá. –la llamó- Necesito hablar contigo muy seriamente. –endureció a sabiendas no sólo la voz, sino la mirada, convencido de que estaba haciendo lo mejor para ella y era tan testaruda a veces que tendría que utilizar toda su fuerza. Lin fue y desconcertada se sentó de nuevo en el borde de la cama, a su lado. –Necesito que te vayas de aquí. Es una orden. Y no regreses pronto.
La joven escuchó todo sin haberlo astado esperando, esa frialdad y dureza… ese trato tan horrible que le dolía… ¿por qué? Si todo era tan perfecto ¿es que lo enfadó con sus mimos? ¿Se cansó de tenerla a su lado casi 24 horas al día? ¿Necesitaba tiempo a solas? El shock fue tan grande que durante un minuto, quizás dos, no pudo decirle nada, ni ligar ideas coherentes… nada… su mente en blanco y el frío en su pecho ¿por qué?
- Pero… -logró medio articular.
- No está a discusión, Lin, ya fue suficiente de jugar a la enfermera. Voy a estar bien y no planeo ir así a ningún lado. Así que márchate y no vuelvas por lo menos en varios días.
Ella se quedó mirándolo otra vez… queriendo preguntar la razón, o que por algún milagro le llegara la respuesta sola… pero no encontró nada… lo conocía lo suficiente para saber que era en vano preguntar ¿cuántas veces antes no la desconcertó? Eso fue una constante desde que se conocieron… caminos largos en silencio, rupturas increíbles… separaciones incomprensibles… era lo mismo de siempre, él haciendo cosas… haciéndole cosas sin dar la más mínima explicación. Y se dio cuenta de que nunca ganaría.
Sesshoumaru de repente sin que ella pudiera preverlo la tomó de la cintura atrayéndola hacia su cuerpo y la besó. Aunque esta vez no fue como la última… sino que fue apasionado desde el principio, juntando sus lenguas, inmiscuyéndose en su boca y acelerando sus respiraciones apenas unos segundos después. Mientras, el tacto que mantuvo sobre un poco de piel que quedaba descubierta entre la blusa y el pantalón, se intensificó, fue cálido también y lleno de deseo. Cuando la joven perdió la cabeza y mordió con suavidad el labio inferior de su chico, él dejó escapar un gruñido desde el fondo de su garganta. Lin supo que era suficiente, no deseaba lastimarlo. Y con toda la renuencia del mundo se separó para mirarlo a los ojos dorados.
Esperó encontrarlos cálidos otra vez, pero cuando notó la muralla de hielo recordó que él acababa de pedirle que se marchara… y que ella decidió hacerlo sin tratar de entender ni saber cuándo volvería.
- Llámame cuando quieras que regrese. –le dijo en voz baja mientras se bajaba de la cama y de camino a la puerta tomaba sus cosas.
Ante sí misma la corta frase sonó a mentira… o algo similar… porque era incorrecto… algo dentro de sí le gritaba que no debería estar siempre esperando por instrucciones, pero al mismo tiempo… ¿qué más podía hacer? Bueno, sí podía exigir… o algo similar… pero no. Sería mejor esperar y ver si cuando él llamara ya estaría de humor para darle una explicación, o si ella la desearía… o si de verdad podría seguir con ese patrón de comportamiento. Lo amaba pero… a veces no lo entendía.
Era tarde por la noche y la cena de Inuyasha y Kagome estaba terminando, ella iría a casa… donde aún lidiaba con sus padres, pero por lo menos ya estarían dormidos. Mientras él atendió una llamada ella llevó los últimos platos para lavarlos rápidamente y aunque sea no dejarlo con esa pequeña tarea porque al día siguiente saldría de viaje… a algún lugar que se mostraba reacia revelar. En realidad estaba preocupada porque él actuaba extraño desde días atrás. Quiso achacárselo a la muerte de Kikyo… a que de seguro la extrañaba y continuaba confundido y todas esas cosas… pero aún así sentía algo más, una sensación de incomodidad y cierto malestar. Quizás porque el hombre de los ojos miel estaba esquivo con ella. Pero… ¿y si era porque se sentía incómodo a su alrededor? Quizás muy a pesar de sus esperanzas, ese beso que sucedió días atrás aún con Kikyo viva… sí dañó su amistad.
- Deja eso. –la sorprendió él quitándole un plato de las manos. –Eres mi invitada y ya es tarde. Voy a tener que llevarte.
- ¿En tu nuevo auto blanco? Qué raro… nunca esperé que de la nada te apareciera un coche de ese color. –Kagome dejó lo que hacía y se encaminó a la puerta.
- Te dije que me lo prestaron para probarlo. –se defendió con tono de enfado, no le gustaba mentirle, pero decir la verdad no era una opción en esos momentos, no le explicaría que era el auto que Sesshoumaru le prestó para ir y matar a Naraku.- Y de verdad estoy pensando en llevarte… es tarde… pero tus padres…
- Lo sé –suspiró tomando sus cosas y poniéndose el suéter en la puerta. –Aún no asimilan las cosas.
- Todavía me culpan. –la voz de Inuyasha se ensombreció de repente.
- Y todavía creen que perdieron todo porque Kikyo era perfecta y yo ni me le acerco. –su tono fue tranquilo a pesar de la fuerza d sus palabras e Inuyasha entendió que la joven tomaba aquello con más filosofía que él. –Sólo hay que darles tiempo. –sonrió y lo abrazó brevemente para después dejar un beso suave en su mejilla.
Al intentar separarse ella no pudo hacerlo, ya que el chico la retuvo entre sus brazos, estrechándola con más fuerza por unos segundos en un gesto que tenía muchos significados, eso ella pudo sentirlo, pero no llegó a descifrarlos cuando muy pronto para su gusto, Inuyasha la dejó ir y la miró con conflicto… ¿qué le estaba ocultado? ¿Por qué?
- ¿Te veré mañana? –preguntó él, aunque quizás más bien al destino que a ella. – Claro que sí. –se respondió solo de inmediato tratando de sonreír otra vez, ella lo miró con el seño fruncido.
- ¿Qué me ocultas? –preguntó directa.
- Nada. Hace mucho que no salimos… a algún lugar. Paso por ti mañana… piensa a dónde quieres ir.
- Sólo si me lo prometes.
- Lo prometo. –aseguró con la mirada ardiendo en convicción ¿cómo pensó en dejarla sola? Nunca, jamás podría hacerle eso. Le sonrió y besó su frente sonriendo.
Lin llegó cansada a la habitación del hotel. Desde el accidente de Sesshoumaru dejó pasar varias lecturas… compromisos laborales, por estar a su lado. Nada le importó en ese momento y todavía creía que él era su prioridad pero aún así, sabía que no cumplir con sus obligaciones podría costarle a la larga perder el sueño que estaba viviendo.
Tomó su teléfono le marcó, esperando no despertarlo, repicó dos veces mientras la joven dudaba en colgar. Odiaba sentirse insegura otra vez con él pero después de que la sacara de su habitación, literalmente, no sabía qué esperar.
- Lin. –la saludó con su voz masculina y hermosa.
- ¿Cómo estás?
- Caminando.
- ¿De verdad? –la alegría la embargó al saber que ya podía andar y deseó ser ella la que estuviera a su lado para apoyarlo. – Felicidades.
- Gracias. ¿Tú cómo estás?
- Bien. Hoy estuve en una librería y mañana será otra… creo que me quieren todos los días. –suspiró.
- Me alegra.
- A mí no tanto. Quisiera… quisiera tener unos días libres para…
- Lin. –la interrumpió. –Ya te tomaste muchos días por mi causa. Yo estoy bien. Tu tienes que cumplir con tus obligaciones. Puedo esperar.
Como una revelación ella lo vio. Fue eso. Sesshoumaru se preocupaba por su carrera como escritora, porque cumpliera con los compromisos ¿no pudo sólo decírselo? Después de todo era decisión de ella lo que hacía, dónde estaba y con quién. Sonrió levemente, complacida por la seguridad de que él la quería a su lado pero la amaba lo suficiente para hacer lo mejor para ella. Se sentó con suavidad en el borde de la cama y miró su computadora enfrente con deseos de tocarla aunque no tenía nada de diferente, la estaba llamando casi.
- Gracias, no me di cuenta antes de por qué lo hacías. –le dijo a Sesshoumaru.
- Primero piensa en ti. Cuando tengas un día libre ven. Te extraño. –de pie en el pasillo del hospital mientras se sostenía con ayuda de un bastón Sesshoumaru sonrió algo para sí mismo, qué cursi y tonto sonaba eso, aunque no dejara de ser la verdad.
- También te extraño. –en ese momento llamaron a la puerta de su habitación y Sesshoumaru pudo escucharlo.
- Llámame mañana ¿de acuerdo?
- Claro. Te amo.
- Te amo, Lin.
Cuando la joven terminó de hablar puso sobre una almohada el teléfono y con una sonrisa de pura felicidad atendió a la persona que llevaba la cena a su habitación y mientras se alimentaba tomó la computadora y de la misma forma en que lo hizo muchos meses atrás empezó a relatarse a sí misma su vida… aunque esta vez con algunos matices de historia fantástica que con suerte serían suficientes para llegar a publicarse.
Inuyasha iba detrás de él. Ya estaban en la carretera y no tenía escapatoria, no existían desviaciones ni salidas hasta dentro de varios kilómetros, después de varios puentes. El auto de Sesshoumaru resultaba perfecto, veloz como pocos y si estaba blindado mucho mejor. Pensó en cómo hacerlo, si darle algún aviso antes o sólo llegar por detrás con fuerza y decidió hacerlo simple porque Naraku y su gente quizás llevaban armas de fuego, no porque le preocupara que traspasaran en cristal pero sí podrían reventarle un neumático y echarlo todo a perder. Así que sería rápido.
También pensó en donde sería el punto ideal, quizás cualquier puente serviría pero no, porque había algunos ríos anchos y profundos y la caída al agua sería más segura y además… no podría incendiarse tan fácilmente como si caía en seco.
Así que dentro de dos puentes sería, porque ahí estaba seco a causa de una presa contruída recientemente. Y los metros hacia el suelo serían los segundos que Naraku tendría para saber que iba a morir.
Pasaron un par de kilómetros antes de cruzar un río y entonces, Inuyasha aceleró de verdad, faltaba poco. No había ningún auto entre ellos dos por fortuna ni parecía que alguien más fuese a cruzarse en su camino. Porque la única cosa que lo detendría en ese momento sería eso… la posibilidad de dañar a alguien que no tendría por qué. Él quizás se convertiría en un asesino después de ese día, pro nunca en un criminal, ya que Naraku no contaba exactamente como persona.
Iba a pocos metros atrás del carro negro, con las placas MNG587, cuando el puente inició y con un solo acelere se preparó. La distancia entre ellos era corta, pero lo suficientemente larga para permitirle aumentar más la velocidad. Se tomó unos segundos para mirar su tablero 183km/h, suficiente. El chico apretó las manos con fuerza al volante tratando de mantener el control y así no caer también, su concentración estaba totalmente puesta en su misión. Al hacer contacto a esa velocidad y con tal fuerza el auto de adelante perdió la estabilidad y serpenteó de un lado a otro disminuyendo la velocidad inmediatamente, pero no atravesó las vallas que los separaban del vacío.
Inuyasha acomodóa su velocidad para no rebasarlos y se concentró en el control, así con precisión pudo tocarlos de nuevo al instante en que por una ventana en el techo se asomaba el rostro de un hombre, no lo conocía pero no importaba, y sacó un arma automática que a la más mínima presión del gatillo descargó contra el vehículo blanco que Inuyasha conducía.
Pero ya era demasiado tarde. Ese segundo toque los desestabilizó lo suficiente y al tocar un punto en la cerca el auto dio una especie de media vuelta, brincando la seguridad y precipitándose hacia el vacío.
El piloto sintió su corazón acelerarse aún más y mientras se aseguraba de ir manejando bien, sin peligro de sufrir la misma suerte, pensó en qué debería hacer… deseaba como nada detenerse, regresar al puente y asegurarse de ver los restos del vehículo… pero sería estúpido… porque no quería testigos, ni policías, ni nada que lo involucrara. Si por un milagro su plan no funcionó y Naraku sobrevivía… no quería su atención encima aunque quizás al ver el coche sospecharían… si el imbécil los tenía bien investigados podrían ligar a Sesshoumaru con el ataque y así a él también porque su hermano no estaba en condiciones de manear. ¡Qué lío! Pero las posibilidades de que Naraku sobreviviera a eso eran como de una en un millón. Suspiró sintiendo que las ganas de volver y asegurarse se volvían más fuertes.
Sin embargo el pensamiento lo traicionó, o ayudó, devolviéndole a Kagome de golpe. Estuvo tan concentrado por horas en lo que haría que se olvidó de ella. Pero ya no más. Se parte estaba cumplida y no haría estupideces arriesgándose más… arriesgándola más a ella. Además, si no quería pasar por ahí de vuelta, tendría que tomar otra carretera y prometió recogerla para cenar. Así que no le sobraba tiempo. Kagome era más importante.
VARIAS SEMANAS DESPUÉS
Kagome estaba nerviosa, sus padres continuaban ahí. Poco a poco notó que cambiaron… ahora ya no le daban miradas hostiles ni dolidas, era casi como si la ignoraran… pero su estancia prolongada la entendía porque se estaban haciendo cargo de la escudería, mejor ellos que ella. Pero en ese momento los necesitaba fuera de la casa. Le prometió a Inuyasha una cena los dos solos ahí pensando en que sus progenitores no estarían, porque ellos iban a asistir a una fiesta esa noche y no llegarían hasta tarde ¿debería llamarle y cancelar? Porque la pareja mayor aún estaba en su habitación mientras su madre terminaba de arreglarse.
La joven de ojos cafés caminó nerviosa de la sala al recibidor una y otra vez sosteniendo su teléfono entre las manos, meditando. Cuando estaba a punto de marcar escuchó a sus padres bajando las escaleras y se sintió aliviada, ya se marchaban. Los esperó recargada en la puerta de la cocina con toda la naturalidad que pudo fingir, igual no esperaba que le prestaran mucha atención.
- Nos vamos. –anunció su madre que llevaba un vestido largo negro y brillante, se veía hermosa, justo como siempre pensó que Kikyo llegaría a verse dentro de muchos años ¿ella también? Quizás sí puesto que se parecían mucho.
- Que les vaya bien.
- ¿Tienes planes para hoy? –preguntó el hombre y ella dudó la respuesta el suficiente tiempo para que escucharan una motocicleta estacionarse, Kagome sintió toda la sangre irse de su rostro y no fue capaz de decir nada hasta que Inuyasha tocó el timbre. – Creo que sí. –afirmó y fue para abrir la puerta con su esposa e hija siguiéndolo.
Al abrir Inuyasha endureció la mirada, desconfiado, esperando porque una vez más todo explotara ¿qué tan mal irían las cosas? Después de todo el monstruo que ellos creían que era el culpable estaba ahí… yendo a tomar a su otra hija. Pero extrañamente nada echó chispas de inmediato, sino que el hombre mayor se hizo a un lado para que el invitado pasara.
- Buenas noches. –saludó cordial la madre.
- Sí… buenas noches. –respondió el interrogando a Kagome con la mirada, pero ella tampoco podía creer la paz.
- Hay rumores de que vuelves a las pistas. Espero que consideres hacerlo con Sengoku, sería una lástima perderte. –el padre de la muchacha lo miró con seriedad pero sin agresión ¿era por eso? ¿Relaciones laborales?
- Si… ustedes no se oponen… sí, preferiría seguir con Sengoku.
- Perfecto. Avísanos cuando quieras tu contrato. Tenemos un piloto temporal aún para cubrir el puesto de Sesshoumaru y no ha dado buenos resultados, lo sabes. Además, parece que tu hermano se va a tomar toda la temporada. –fue al lado de su esposa y se agarraron las manos sin darse cuenta, Kagome sonrió al darse cuenta que la relación de sus padres había sobrevivido la muerte de Kikyo.
- Diviértanse. –dijo la mujer mayor y le extendió la mano libre a su hija para que se acercara.
La joven fue sin tener idea de para qué y al estar muy cerca la abrazaron, ambos al mismo tiempo. Su madre envolviéndola a ella y el padre a ambas. Se quedó helada ¿cuándo hacían ellos eso? No podía ver a Inuyasha en esa posición pero de seguro que también estaba desconcertado. Al final cuando entendió que estaban "haciendo las pases" de alguna forma logró relajarse y los ojos se le llenaron de lágrimas. Pasaron varios segundos hasta que la dejaron ir y después le sonrieron, ella les devolvió el gesto mientras por su rostro corrían dos hilillos de agua salada.
- Cuídala mucho. –advirtió el padre a Inuyasha y él asintió.
Después se marcharon en silencio y también así se quedaron adentro hasta que pudieron escuchar el auto arrancar y perderse conforme se alejaba de la casa. Ahí dentro sólo se miraron tratando de salir de su asombro hasta que Inuyasha fue muy consciente de las lágrimas en el rostro de Kagome y se acercó a ella poniendo ambas manos en sus hombros, delicadamente recorriendo un poco el camino hacia sus brazos y de regreso hasta acariciarle el cuello, una y otra vez. La joven se preguntó si él sería consciente del hormigueo que eso le despertaba y se alegró una vez más de tenerlo a su lado, aunque no la amara como a Kikyo, aunque sólo se quedaran como amigos. Eso tendría que ser suficiente. Sonrió un poco y despegó los labios para decirle algo pero él la interrumpió poniendo momentáneamente un dedo para sellarlos, después le tomó el rostro con ambas manos por los costados.
- Sólo dame un minuto. –dijo él mientras se acercaba lentamente.
Con mucho cuidado Inuyasha le besó el cabello, aspirando al mismo tiempo su aroma inconfundible. Luego dejó otro beso sobre su frente, uno más en cada mejilla y deslizó los labios por su piel tersa hasta la nariz femenina y la besó ahí sintiendo en su interior florecer todo lo que ya sentía, lo que ya conocía bien. Por fin era el momento de arriesgarlo todo, de confesarse con ella… porque en cierta forma sabía que ella también se sentía así… no podría definirlo, le era imposible asegurarlo… pero creía que Kagome también lo amaba.
- Te amo. –le susurró él suavemente mientras le besaba un párpado y luego el otro. La sintió quedarse quieta y contener el aliento, pero no estaba tensa, la conocía muy bien. Y así guiado por esa confianza misteriosa, por el vínculo que sostenían supo que ella era todo lo que desearía para siempre.
La besó una vez más, un roce sutil como todos los demás probando los labios rosas que tanto deseaba y movió los propios contra los de ella, danzaron en cierta forma, encontrándose, acostumbrándose a ese nuevo contacto.
Él movió ambas manos hasta ponerlas en su cintura y juntar sus cuerpos, ella lo rodeó por el cuello y así profundizaron su beso con matices de pasión. Por una vez sin que nada más importara, sin llenar sus momentos de felicidad con temor o culpa, sin nadie que amenazara sus vidas, nada más ellos dos en infinita complicidad, como desearían que fuera el resto de su existencia.
Sesshoumaru estaba recostado en su propia cama, la oscuridad del exterior hacía que las ventanas parecieron muros negros, era tarde y ella estaba por llegar. Casi no se habían visto… y la extrañaba mucho.
Con todo el tiempo que tuvo para reflexionar se dio cuenta de que era como si tuvieron que luchar constantemente para estar uno al lado del otro, sólo muy en el inicio cuando la llevaba a cada pista compartieron de verdad tiempo y eso fue más que suficiente para conocerla y saber que la amaba. Pero después nada fue igual… él imbécil como fue decidió terminar todo, ella se marchó… y cuando por fin tuvo otra oportunidad sucedió el accidente. Ahora estaba bastante recuperado, la herida de su abdomen por la cirugía era sólo una cicatriz, su pierna aún no tenía la misma condición de antes pero no podía quejarse. El brazo izquierdo era otra historia. Tenía muchas cicatrices, claro… esas nunca se irían, pero lo que le molestaba de verdad era la piel sensible y las pequeñas heridas que todavía ostentaba igual que recuperar fuerza y movimiento… todavía dudaba de volver a correr autos como lo hacía, pero nunca se rendiría.
Así que mientras él todavía iba a rehabilitación física, ella se dedicaba a su trabajo, no podía abandonarlo así. Entonces… era raro cuando lograban encontrarse, sin embargo esa noche la pasarían juntos, estaba ansiando tenerla a su lado más que nada. Además, ya había tomado una decisión. Si fuera el mismo de antes estaría apresurado para volver a las pistas y ver qué podía rescatar de esta temporada, pero no. tenía planes mejores… iría con ella. El trabajo de Lin en esos momentos significaba desplazarse mucho y él iba a tomarse licencia hasta el siguiente campeonato para hacerlo a su lado… como se lo dijo por teléfono una vez… iría por ella al fin del mundo.
De repente la escuchó entrar con pasos tranquilos a la habitación. Iba con una maleta mediana que dejó en la entrada y encima puso su bolso. Iba vestida como usualmente… una falda bonita a la rodilla de color rosa y una blusa blanca de botones negra. Los tacones estilizaban su figura al igual que el cabello largo cayendo en hebras alrededor de su rostro… era la mujer más hermosa del universo, de la historia de la humanidad ¿cómo pudo tener tanta suerte? ¿Qué hizo bien para merecerse que lo amara?
- ¿Cómo estás? –lo saludó sonriendo.
- Bien. ¿Tú? ¿Te trajeron?
- Sí, Sango lo hizo. Tienes que enseñarme a conducir. –se acercó lentamente y lo besó en los labios con suavidad, retirándose demasiado pronto para sentarse al lado de Sesshoumaru, casi en el centro de la cama.
- Prometido. ¿Viste a tus amigos antes de tomar el avión?
- Sí, todos son muy amables. –sonrió pensando en el grupo de personas que conocía allá en la otra ciudad donde vivió tan sola. – Ah… Kohaku te manda saludos. –una risita divertida se escapó de sus labios y él asintió. Bueno, ya no odiaba al hermano de Sango como antes, pero al parecer todavía le era algo difícil de aceptar. El tiempo resolvería eso… aunque a decir verdad, Kohaku nunca envió saludos… ahí también existía algo de resistencia.
- Estaba pensando ¿te molestaría tenerme por ahí en alguna de tus lecturas? –le preguntó mientras acariciaba la piel descubierta de su brazo.
- Me encantaría.
- Un par de semanas voy a ser libre de viajar y estaba pensando en seguirte por el país. –se acercó y besó su brazo con la piel ya erizada, lo hizo un par de veces antes de sólo sentarse y mirarla, casi sonriendo.
- ¿Tu rehabilitación? –preguntó algo aturdida por la electricidad que recorría su cuerpo.
- Puedo seguir haciéndola a tu lado.
- ¿Qué dijeron los médicos? –la joven frunció el seño preocupada, no quería ser un obstáculo para él.
- Que puedo hacerlo. Pero es sólo si tú lo deseas.
- ¿Desear estar contigo? Es casi exacto… sólo agrégale un "para siempre". –sonrió y él la besó en los labios.
Al instante la pasión los golpeó mucho más fuerte de lo que esperaban, tal vez porque ambos lo ansiaban, porque si no fuera por las heridas de él… hubieran hecho el amor mucho antes… para ese momento ya era más una necesidad que un simple deseo. Sesshoumaru se aproximó a ella, queriendo tenerla muy cerca y rodeó su cintura con el brazo todavía vendado mientras con suave tacto acariciaba su cuello y su hombro.
- Espera. –murmuró ella con la respiración entrecortada y él se alejó un poco, casi disgustado por la interrupción, ya mucho tuvo que esperar.- Ya sé que no puedes tomar vino por las medicinas pero… ¿tienes té helado? ¿Unas fresas? ¿Uvas? Podríamos continuar después de cenar. –le sonrió después cautivándolo como siempre, pero notó algo extraño, no era sólo alegría ahí… pero tampoco estaba provocándolo.
- Aquí quédate. Te traigo algo. –como un caballero besó su mano antes de marcharse.
Bajó las escaleras pensando en qué fue eso ¿cenar? Quizás fue muy descortés al no ofrecerle algo… pero era casi media noche y no pensó… sí, fue tonto. Tal vez ella no deseaba hacer el amor como él, quizás Lin no tenía la misma necesidad. Aunque quizás estaba sólo posponiéndolo para no hacerlo por temor a lastimarlo… tan propio de ella.
Al final regresó con una bandeja, llevaba ahí té helado y dos copas, como sustituto de vino, serviría, también le agregó un pequeño tazón con frutas: fresas, uvas, zarzamoras, cerezas y las bañó con chocolate líquido como un extra. A Lin siempre le encantó el chocolate.
Al estar en la entrada de la habitación detuvo sus pasos en seco, sorprendido, anonadado… petrificado. Quizás… después de todo no fuera que ella no necesitaba hacer el amor como él… tal vez sólo se divertía más con la espera y los preámbulos. Sonrió al darse cuenta de lo mucho que le faltaba por conocerle, siempre sería una aventura averiguarlo.
Ella lo estaba esperando recargada en la ventana del otro lado de la habitación pero ya no iba vestida como antes… bueno. Los zapatos de tacón eran los mismos. Ahora casi no iba vestida. Llevaba una de esas prendas de lencería que son parecidas a un bikini de encaje que se sujeta con listones… y un liguero. Todo en lila y morado. Mientras la veía Sesshoumaru se dio cuenta de que no era capaz de ponerle nombre a la prenda pero… de verdad le encantaba. Decidió seguirle el juego tanto como pudiera. Aunque quizás no fuera mucho.
Llevó la bandeja hasta una mesita y ella se acercó un paso a la vez, sensual y hermosa. No dijeron nada hasta encontrarse, la joven tomó una fresa del tazón y se la llevó a los labios sin perder el contacto visual con los ojos dorados de Sesshoumaru, la expresión de él era inescrutable… tenía que hacer tantos esfuerzos para dejarla así ahora que su mente sólo estaba habitada por el deseo.
- Bonitos zapatos. –le dijo él sin atreverse a mover un músculo.
- Gracias. –sonrió tomando una cereza y también comiéndola.
Lo observó igual hasta que con un leve movimiento casi imperceptible supo que Sesshoumaru se acercaría, entonces, empezó a caminar para alejarse con una copa entre las manos. No podía darse el lujo de que la tocara todavía… porque en ese mismo instante todo el juego previo llegaría a su final… no sería capaz de seguir actuando.
- ¿También te gusta mi ropa? –inquirió antes de beber.
- Casi tan bonita como tú. –él también dio unos sorbos en ese instante, antes de dejar la copa en la bandeja y empezar a caminar hacia ella, deleitado.
- Gracias ¿Te ayudo a ponerte cómodo?
- Por favor. –sonrió y vio a Lin dejar la copa vacía e ir a su encuentro, justo en el borde de la cama.
- Con una condición, manos atrás.
Él obedeció, puso ambas manos en su espalda, conteniéndose de tocarla… qué difícil era. Ella fijó los ojos en los de él y sin soltar su mirada llevó ambas manos a los botones de su camisa desabrochándolos uno a uno, con lentitud exagerada y mucho cuidado de no rozar su piel. Lo hizo esperar y después controlándose mucho puso ambas mano sobre el abdomen marcado de Sesshoumaru y las subió por todos sus pectorales hasta los hombros, removiendo así la camisa. Inmediatamente y antes de que él lograra tomar el control, Lin se alejó dejándolo con el resto del trabajo.
- ¿Tienes alguna idea de lo que estás haciendo? –le preguntó él casi e un gruñido, sintiendo el calor crecer en el centro de su cuerpo mientras tiraba la camisa al suelo.
- ¿Cenando? –inquirió inocente tomando otra cereza entre los labios, allá a varios metros de él.
- Vas a hacer que pierda la razón… -dio dos pasos hacia ella y la vio tomar algo más del tazón, una uva, y luego ir hacia el escritorio para sentarse en el borde.
- Creo que eso intento, también. ¿Quieres? –le ofreció la uva y él se acercó nada lento.
Lin puso la fruta entre sus labios y esperando… sabiendo que el juego estaba por terminar… pero es que ella tampoco podía resistirlo un segundo más. Sesshoumaru se acercó sin hacer contacto, sólo aproximó más sus labios tomando así la uva que ella le ofrecía y apenas rozando su boca de la forma más infinitesimal, pero no se alejó. Lin se sintió contrariada, pensaba que él sólo la tomaría sin molestarse en seguir con el juego un segundo más.
Estaba así la joven pensando en qué hacer cuando el aliento dulce de Sesshoumaru se unió al suyo, un beso que pretendía seguir con la farsa y el coqueteo pero que justo como ambos lo temieron incendió todo… como una explosión inminente, el deseo tomó control sobre ellos.
Al instante Lin sintió un intruso en su boca mientras Sesshoumaru la rodeó con ambos brazos poniendo las manos en sus caderas y acercándola a su cuerpo. Así sentada como estaba en el escritorio con él de pie entre sus piernas, pudo sentir la masculinidad del hombre chocar son su propia intimidad y al unísono un sonido de placer escapó por sus gargantas.
Ella lo envolvió con sus piernas mientras los zapatos de tacón caían al suelo, innecesarios al igual que el resto de las prendas. Con sus manos recorrió el pecho de Sesshoumaru y su abdomen, sintiendo la cicatriz en él como uno de los tantos recordatorios de que era afortunada… él estaba vivo. Después buscó el borde del pantalón y su ropa interior, ansiosa por quitarlo, por poder sentir sus cuerpos juntos totalmente. Sin preocuparse por nada inmiscuyó sus manos en la tela hasta encontrar lo que buscaba… lo tocó y lo acarició sintiendo cómo Sesshoumaru se estremecía debajo de su tacto, al igual que ella con el de él.
Sesshoumaru estaba fuera de sí, solamente sintiéndola a ella, queriendo estar con ella. Le gustó cuando lo rodeó con las piernas para acercarse, así él pudo utilizar las manos para rozar sus formas femeninas todavía por debajo de la tela de encaje, se deleitó con su forma y textura por unos momentos antes de buscar quitarle la ropa. Se veía hermosa vestida así… pero era aún mejor sin ella y ahora al no estar en la piscina como la vez anterior… podría admirarla bien. Se las ingenió para desabrochar la prenda mientras luchaba con su concentración para hacerlo y se la fue quitando mientras con las palmas de las manos rozaba su piel despierta, erizada por todas las sensaciones así como la propia.
Así se desnudaron, entre respiraciones agitadas y con movimientos casi torpes, desconcentrados porque todo en ellos eran el fuego y la electricidad fluyendo en todas direcciones, con sus resistencias al límite cada segundo. Cuando él pudo contemplarla sin nada encima lo hizo, renuente a dejar de besarla, de probar la piel también de su cuello y sus formas… pero necesitaba hacerlo. Renuente se separó y la observó… era aún más hermosa de lo que pensaba, de lo que notó antes cuando salieron juntos del agua… ella lo era todo. Se acercó de nuevo a sus labios pensando en que eso no duraría mucho más… la tomó de ambas piernas para cargarla hasta la cama, pero la voz femenina lo detuvo.
- Hazlo ya. –le murmuró contra su aliento y supo que no se refería al traslado, sino a algo más. – Te amo… hazlo… por favor.
Él ni siquiera pudo pensar, sólo cambió la posición de sus manos, colocándolas sobre las caderas femeninas y lo hizo, uniendo sus cuerpos definitivamente, dando paso a las sensaciones más intensas que puedan existir. Lentamente, a pesar de las circunstancias, comenzó su vaivén.
Lin lo sintió adentrarse y se estremeció por milésima vez, tuvo que unir sus labios con urgencia para acallarse. Igual que antes lo rodeó con las piernas y se aferró a su cuello, siguiendo la lentitud de los movimientos, reconociendo en cada centímetro de su interior la piel del hombre que amaba.
Incrementaron el ritmo poco a poco, algo más rápido y fuerte, perdiendo el control y cualquier girón de cordura que les quedara, sólo ellos… su placer… su deseo consumado… nada más que el deleite de su pasión hasta que llegaron al punto en que no hay retorno, cuando con una nueva oleada de calor sus cuerpos se estremecieron en el clímax.
Y así se quedaron unos minutos, él en su interior y ella abrazándolo, recargando ahora su frente en uno de sus hombros, se sentía exhausta y a juzgar por la respiración entrecortada de él, igual a la de ella, también debía sentirse igual. Pero al mismo tiempo no era desagradable… al contrario… bienestar… felicidad envolviéndolos mientras recuperaban el aliento.
- Te amo. –murmuró Sesshoumaru y la envolvió para estrecharla con suavidad, un abrazo dulce.
Lin sonrió y él también estando seguros de que eso era apenas el comienzo de su nueva etapa, de vivir su amor… por siempre y para siempre.
FiN.
Hello! Aquí estoy (unas 3 horas después de lo que deseaba, pero es lo de menos!) Mil gracias! Espero que el final sea de su agrado! Y siempre agradezco, pero ahora es especial porque aquí acabamos. Todo su apoyo fue muy especial, muchas gracias por leer y por sus comentarios! Espero poder estar de regreso pronto con algo nuevo sobre esta adorable pareja! Y ahora sí porfitas! Un review... para que me digan qué tal...! Qué les gustó, qué no... lo que sea! Porfitas! Y con un último millón de gracias me despido. Muchísima suerte a todas!
