CAPÍTULO 22
Epílogo
(Negritas)... Inicio de escena
Después de la ceremonia inició la fiesta, en un lugar al aire libre, un jardín precioso que a esas horas sin luz en el cielo se iluminaba utilizando antorchas estratégicamente colocadas, lo cual además propiciaba un clima agradable, alejando el frío. De todas formas estaban a media luz, un ambiente romántico creado a petición del novio, quien deseaba poder besar a Sango cada vez que le diera la gana y de forma tan atrevida como se le ocurriera sin tener comentarios a su alrededor. Esa noche a final de cuentas era de ellos, para ellos… que ahora estaban unidos legalmente, aunque sus vidas se hubieran entretejido antes. Ya era oficial… ella le pertenecía y a Sango le pertenecía Miroku. En ese momento ambos abrían la pista de baile moviéndose con gracia en el interior.
- Sanguito, creo que a pesar de ser el hombre más feliz del mundo, tengo una objeción por el día de hoy.
- ¿Qué objeción? –preguntó desconcertada, si ella sentía que todo era perfecto.
- ¿Cómo es que casi todos tus invitados son hombres y pusiste veto en mi lista de invitadas? –él sonrió encantador al final.
- Muy fácil, porque yo trabajo entre hombres, eso son ellos, compañeros de trabajo. Y tú querías invitar a todas tus exnovias… o sea, la mitad de las mujeres en la ciudad. –le explicó con naturalidad antes de dar un giro y ver cómo las otras parejas comenzaban a incorporarse también a la pista.
- Escusas… -después la besó con pasión adentrándose entre sus labios, extasiado por ahora sí tener la certeza de que Sango no escaparía. – Mira quiénes están allá. –le señaló la esquina más cercana con un movimiento de la cabeza e hizo el movimiento exacto para que ella pudiese ver discretamente.
Allá estaban dos parejas, una eran Inuyasha y Kagome, él padrino y una de sus dos madrinas. La joven llevaba un vestido rosa –el color elegido por Sango- con diseños sutiles en plateado, él iba de smoking. Eso por sí mismo no era nada especial, si ya todos sabían que ellos dos tenían una relación más que de amistad. Pero a su lado estaban los padres de ella. La pareja mayor que Sango invitó y nunca creyó irían, pero lo hicieron, además de dar un regalo demasiado generoso para su gusto. Estaban ahí tranquilos, como una pareja que se amaba profundamente y estaba en paz con el mundo… mientras su única hija se mostraba afectuosa con Inuyasha.
Fue algo difícil de asimilar aunque Kagome le contó antes el cambio que tuvieron sus progenitores. Tal vez fue la muerte de su otra hija, quizás la experiencia los ablandó y ahora de verdad estaban dispuestos a aceptar a Kagome tal como era… aunque eso incluyera a Inuyasha en el paquete. Además, de seguro que también se dieron cuenta de que él no fue el culpable del accidente. Tal fue su cambio de actitud que Kagome por primera vez en su vida lamentaba que estuviesen a punto de partir, habiendo dejado la escudería estable, con Inuyasha otra vez en las pistas y un director ejecutivo encargado de todo, liberaron a su hija y al mismo tiempo a ellos mismos. Esa noche tomarían un vuelo a quién sabe dónde en el mundo para regresar a su vida de antes.
- Ahora tus jefes me caen muy bien.
- Fue excesivo. –se quejó ella recordando el auto deportivo último modelo que fungió como regalo de bodas.
- Lo sé pero Kagome nos lo dijo, lo hicieron de corazón.
- Sí… -suspiró resignada y se acercó más a él escondiendo el rostro en su pecho, contenta y relajada, todo parecía mejor inclusive de lo que lo imaginó.
A su lado pasaron Inuyasha y Kagome que con movimientos lentos también seguían el compás de la canción. Ellos se miraban a los ojos y sonreían, relajados y casi satisfechos por ese momento, sus amigos eran felices y los padres de ella emanaban paz ¿qué más podían pedirle a la vida? Porque lo más importante de todo era la increíble certeza de que ellos se amaban, sin importar qué hubiera sucedido antes ahora su relación era como una fuente de luz iluminando sus vidas.
- ¿Entonces? ¿Puedo raptarte esta noche? –preguntó el chico en voz baja sólo para asegurar que nadie los escuchara.
- Depende ¿qué gano con eso?
- Pues… podrías ganar una cena, una botella del vino de tu preferencia, y por supuesto mi agradable compañía. –él se rió al final y ella también.
- Tu compañía… ¿puedes darme la cena y el vino en mi casa? Sólo tendrías que entregarlos.
- En ese caso no te estaría raptando. Es todo o nada. –inesperadamente Inuyasha la tomó por la cintura levantándola del suelo unos segundos como un paso de baile más elaborado de lo que ella soñó el chico podía conocer.
- ¡Qué haces! –reclamó casi asustada por el exabrupto.
- Intento convencerte. Si no aceptas, atente a las represalias. –como aviso hizo un débil intento por levantarla de nuevo, sólo un recordatorio.
- ¿Dónde aprendiste a bailar así? –quiso saber.
- Tomé unas lecciones hace muchos años. No desvíes el tema. –Inuyasha frunció el seño como si de verdad empezara a impacientarse. Kagome sólo acercó los labios a su oído para susurrarle.
- No va a ser tan sencillo, Inuyasha. Si pretendes raptarme tienes que ofrecer mínimo un baño en ese jacuzzi gigante tuyo. –luego besó el lóbulo de su oreja y se separó un poco para seguir bailando como si nada.
Inuyasha se quedó helado, más que sorprendido… bueno, sí claro que deseaba estar con ella en ese jacuzzi, pero la sugerencia…. Lo tomó desprevenido, él no tenía esas intenciones. Al final después de tomarse un par de segundos para recomponerse pudo seguir bailando normalmente, dispuesto a sacarse el asunto de la cabeza antes de cometer una tontería y que acabaran los dos en el suelo. Con intenciones de distraerse miró lejos y allá entre los invitados pudo reconocer a Lin pues llevaba un vestido del mismo color que el de Kagome, estaba junto con Sesshoumaru en la mesa que también le correspondía a él, su pareja, los novios y el hermano de ella con la chica que lo acompañaba. Era un arreglo poco convencional pero ni Sango ni Miroku tenían padres, así que les pareció mejor eso que sentarse solos toda la noche.
Lin miraba encantada todo el lugar, la decoración… el ambiente, era muy hermoso y no fue fácil conseguirlo, ella lo sabía pues estuvo involucrada de cerca con los preparativos. De repente sus ojos se toparon con los de Sesshoumaru y se sonrieron, la felicidad a su alrededor era palpable.
- ¿Te gustan las bodas? –preguntó intentando saber si era una de esas mujeres que siempre se emocionan en ocasiones como ésta, o el torrente de felicidad era porque se trataba de Sango.
- Sólo estoy contenta porque todo le está saliendo perfecto.
- Estás feliz… eso te hace ver aún más hermosa.
Lin se sonrojó y soltó una risita que le pareció algo tonta en sí misma, pero fue involuntario. Inconsciente bajó la mirada hacia su vestido rosa con una falda que parecía cortada en capas con cada filo en negro, de arriba tenía un escote ligero y tirantes delgados, casi inexistentes. Sesshoumaru le levantó la barbilla lentamente, buscando su mirada castaña.
-¿Quieres bailar? –preguntó él de repente, la joven se sorprendió.
- Eh… ¿quieres tú? –la joven dudó en la respuesta, sintiéndose ansiosa de repente.
- Eso no fue lo que pregunté. –utilizó toda la fuerza de su imponente mirada, deseaba sacarle una respuesta sincera, sin importar cuál fuera.
- Es que… no me gusta mucho… pero si tú quieres puedo hacerlo, lo haría por ti. –sonrió dubitativa.
- Lin, no tienes que hacer por mí nada que no desees.
Sesshoumaru se acercó para besar su frente y después sus labios con tranquilidad y paciencia. No estaba muy seguro de cómo soportaría la noche sentado en la misma mesa que Kohaku, teniendo que convivir civilizadamente con él… aunque ahora de verdad entendía que sus celos eran tontos e infundados… no le gustaba ese niño y eso quizás nunca cambiaría. Pero ya lidiaría con eso más tarde, en ese momento estaban ellos solos.
Las horas habían pasado y la fiesta continuaba como esperaban, los dueños de la escudería se marcharon poco antes para tomar su avión y los novios parecían estar esposados, nunca se soltaban las manos. Inuyasha y Kagome se habían alejado un poco del bullicio caminando uno al lado del otro con tranquilidad. En algún punto ella se detuvo y él la imitó, se quedaron sólo mirándose a los ojos, perdiéndose ahí en la nada, sin interrupciones ni contacto físico, no era necesario.
Después de unos minutos de estar así Inuyasha despegó su mirada y la bajó por el rostro de la chica y después por su cuello, admirando cómo le quedaba la piel desnuda, aunque su vestido era de tirantes anchos. Y ahí notó un destello plateado… de oro blanco que reconoció la instante ¿cómo no lo vio antes? Frunció el seño y llevó los dedos hasta tocar los dos dijes que pendían de una cadena muy delgada, eran aquellos que sus padres les regalaron mucho antes, una "K" incrustada de diamantes y un relicario en forma e corazón… que pertenecía a Kikyo.
- No lo había notado ¿llevas mucho usándolo? –preguntó rozando el corazón con los dedos.
- No… pero he querido hacerlo, disculpa que no te haya dicho…
- Está bien, no tienes por qué disculparte. –el chico se obligó a bajar la mano, pero no la vio a los ojos de nuevo.
- Si te incomoda puedes decírmelo, de verdad.
- No, es que sólo… no sé, es raro verlo. Pero sólo es que me tomó por sorpresa. –con cuidado la miró de nuevo a los ojos y encontró conflicto en ellos. – Para ti es especial usarlo ¿verdad?
- Como traer parte de mi hermana conmigo, pero debí darme cuenta de que a ti puede traerte recuerdos…
- ¿Puedo mirar dentro?
Kagome asintió y esperó con paciencia a que él tomara la figura entre sus dedos y la abriera, ahí dentro las fotografías no eran las mismas de antes, llevaba ahora una de su hermana y una de Inuyasha, los dos pero no juntos, como un recordatorio de que los amaba a ambos pero no de que ellos se habían amado. Por lo menos así era para ella, quizás para el piloto resultara diferente. Al cabo de unos segundos él sonrió y lo cerró de nuevo dejándolo caer balanceándose justo a la "K".
- Inuyasha. –lo llamó la voz fría de Sesshoumaru que aparentó haber salido de la nada, justo detrás de él.
- ¿Qué sucede? –preguntó desconcertado.
- Necesito hablar un momento contigo a solas.
- Te espero en la mesa. –dijo Kagome rápidamente, deseando darse y darle tiempo para pensar, se alejó rápidamente dejando a los dos hombres solos y aislados de cualquier par de oídos. Se fue algo insegura pero conforme avanzaba se dio cuenta de que sólo lo tomó desprevenido, a final de cuentas Inuyasha aceptaría que ella usara ese dije, así sonrió para sí misma con confianza.
- Lo hiciste. –sentenció Sesshoumaru cuando ella se alejó lo suficiente- Tú causaste el accidente de Naraku.
- Sí, maté al maldito. –sonrió casi malévolo, satisfecho porque aunque ahora cargaba con el peso de varias muertes en su consciencia, podía saber que Kagome estaba segura y la muerte de Kikyo no fue en vano.
- Supongo que el auto funcionó bien.
- De maravilla, creo que por eso salí bien librado.
- No rayaste la pintura ¿verdad?
- Ni un rasguño, pero estoy dudando en regresártelo. –Inuyasha sonrió burlón.
- Consérvalo, te lo mereces. ¿Te quedaste a verlo arder? –preguntó Sesshoumaru con frialdad, según las noticias al tocar fondo el tanque de gasolina explotó pero nunca dijeron si los ocupantes ya estaban muertos o perdieron la vida durante el incendio.
- No. Deseaba hacerlo pero era más seguro alejarse. Hasta ahora nadie me ha involucrado.
- Ni lo harán. Hay demasiados intereses de por medio, a nadie le pesó la muerte de ese imbécil.
- Supongo que no. –Inuyasha se encogió de hombros sintiendo que la conversación estaba terminada, juntos emprendieron el paseo de regreso. -¿Es cierto que te vas a tomar el resto de la temporada? ¿No será más bien que ya no puedes correr?
- Mi decisión de estar con Lin no tiene nada que ver con mi capacidad para hacerte morder el polvo cada vez que lo quiera, eso aún lo conservo.
- Palabras.
- Disfruta el campeonato, será el único que tengas posibilidades de ganar.
- Quisieras. –llegaron a donde iniciaba la fiesta y notaron a sus mujeres platicando con la novia, con un suspiro silencioso se dieron cuenta de que así sería siempre, ahora no sólo eran medios hermanos, compañeros de profesión, coequiperos y cómplices… fue extraño saber que cada vez los unían más lazos.
Inuyasha y Kagome llegaron al departamento de él ya muy de madrugada, más bien cerca del amanecer y aunque no tenían hambre para cenar, sí decidieron de camino que la botella de vino sería buena idea. En el momento de cruzar la puerta Inuyasha ya se había convencido a sí mismo de que el comentario sobre tomar un baño en el jacuzzi o fue broma o se refería a hacerlo ella sola. Pero Kagome tenía otra idea en mente… siempre y cuando el chico cooperara y la pasión y el deseo no los tomaran por sorpresa.
Cuando cerraron la puerta tras de sí Inuyasha la tomó por sorpresa besándola, no fue un gesto suave y tierno, sino uno cargado de urgencia… ella no lo sabía pero sus labios eran la perdición de Inuyasha. Él la consideraba hermosa desde las hebras del cabello hasta laos dedos de los pies… pero había algo especial con sus labios rosas y cálidos… le eran tentadores… dulces… despertaban en él de repente el fuego.
Así la besó inmiscuyéndose en ellos, no tenía un plan ni mucho menos… sólo lo hizo por instinto, porque la amaba y la deseaba… y podía perder la razón con facilidad… especialmente después de verla todo el día así de hermosa arreglada para la boda… y de contenerse de besarla con pasión para no arruinarle el maquillaje. Ya no.
La abrazó por la cintura acorralándola contra la puerta cerrada y ella entrelazó los dedos por detrás de su cuello haciendo que sus besos bailaran al ritmo de los de él. Sus cuerpos se unieron de inmediato hasta que sólo los separara la tela de sus prendas. Ella suspiró entre un beso y otro, con el hormigueo de la electricidad recorrerla por completo deseando sentir la manos de Inuyasha trabajar sobre su piel…
- Inuyasha… -murmuró su nombre cuando sintió la boca libre de la de él y los besos bajando por su cuello lentamente.
El chico sintió necesidad de probarla más allá de lo que había llegado antes… descendió por su cuello y mientras subía ambas manos por su espalda para encontrar el cierre del vestido, besó sus hombros y sus brazos. Él no lo había planeado pero tampoco podía pensar claramente ya, todo era Kagome y la necesidad de tenerla más cerca.
Cuando por fin se las ingenió para bajar el cierre no se tomó nada de tiempo para preguntarle, comenzó a bajarlo besándola una y otra vez, cada centímetro de piel que se iba quedando expuesto. Creyó que sería como una vez antes… cuando envueltos igual en pasión la despojó de una blusa, pero no fue así… porque ahora ella nada más llevaba una prenda interior cubriendo su intimidad.
Al verla completamente desnuda Inuyasha no pudo contenerse, de su pecho escapó un gruñido leve y regresó por el camino que había dejado, besando sus piernas, una y luego la otra, probándola de vez en cuando, mordiendo muy suave más de una vez mientras cada nueva caricia aumentaba su propia excitación.
Cuando se topó con la prenda interior de Kagome por puro instinto dejó ahí también una suave caricia, con sus labios, con los dientes algo también y la sintió estremecerse y respirar entrecortado.
- Inuyasha… -murmuró ella al sentir eso que no esperó y que reverberó en lo más profundo de su ser.
Para gran sorpresa de la chica lo siguiente que él hizo fue ponerse de pie y mirarla con seriedad, quizás porque él entendió lo que estaba pasando… y ella debería sentirse apenada. Ahí estaba de pie recargada en la puerta de entrada, desnuda casi por completo, derretida por las caricias que recibió, llena de deseo y él iba aún completamente vestido… qué situación tan poco esperada, pero aún así… sólo sentía felicidad.
- ¿Quieres… detenernos? –preguntó él ahora desviando la mirada al suelo y con las mejillas teñidas de rojo, era un caballero y no deseaba hacer nada contra su voluntad.
Ella sonrió y dio un paso fuera del vestido tendido a sus pies, con eso se acercó lo suficiente a él para abrazarlo por el cuello una vez más y hablarle muy ceca, con sus alientos rozándose en cada palabra.
- Te deseo Inuyasha.
Lo siguiente fue un beso más, completamente cargado de pasión. Él pasó ambas manos por su espalda hasta tomar sus formas en la parte de abajo y levantarla, la cama sería un sitio mucho más cómodo que ahí de pie. Continuaron besándose durante el trayecto y ella aprovechó para desabotonarle la camisa, menos mal que ya no llevaba saco ni corbata.
Al entrar en la habitación tiró la prenda al suelo y se dedicó a desabrocharle el pantalón. Una vez ahí al pie de la cama, Inuyasha la sentó en el borde, con los pies tocando el suelo y esperó parado frente a ella mientras su pareja le quitaba los pantalones.
Cuando estuvieron casi en las mismas condiciones él se agachó para quitarse los zapatos y calcetines, también se tomó el tiempo para desabrochar las interminables tiras de las zapatillas de la chica. Al terminar y cuando por fin sólo vestían una prenda cada uno él tuvo que luchar contra sí mismo, ya después besaría sus labios otra vez, primero deseaba hacerlo con todo su cuerpo.
Kagome lo miró con atención sintiendo las mejillas arreboladas y su piel despertando bajo los labios y las manos masculinas. Primero las piernas, después los muslos, despacio, con calma… después llegó a su prenda íntima y la acarició y besó por encima de la tela. La joven se estremeció y suspiró, teniendo que utilizar amabas manos para sostenerse sentada, apenas tenía la cabeza coherente, sólo lo deseaba, lo anhelaba con cada célula de su ser.
Él continuó subiendo, mordió un poco alrededor de su ombligo y más arriba en sus formas femeninas. Ahí se entretuvo un rato, como si estuviera hipnotizado con su textura… con la forma en que reaccionaban a cada caricia. Después subió por su cuello una vez más pero ya no tenía paciencia ni cordura para detenerse, apneas pasó de camino a la boca de la joven y así en un beso ininterrumpido y apasionado se incorporó más para recostarla en la cama. Mientras tanto, Kagome se las ingenió para bajarle los bóxers lo suficiente, él terminó de sacárselos sólo utilizando las piernas, nunca dejaron de besarse.
- ¿Puedo? –murmuró él apenas, inmiscuyendo los dedos en la prenda que llevaba ella, sintiendo que pronto tendría que unir sus cuerpos… que era inminente la necesidad de hacerlo.
- Por favor… -Kagome sonrió y luego apresó entre sus dientes el labio inferior de Inuyasha mientras él terminaba de desnudarla con manos masculinas que a ella se le antojaron como perfectas.
Cuando estuvieron así ya sin nada de por medio ella lo invitó con la mirada, en sus ojos cafés se reflejaban el deseo y la pasión, Kagome sentía el calor en su interior y la necesidad de sentirlo dentro. Él sonrió y gruñó un poco, la amaba y nada en el universo era más importante que ella, mientras unía sus labios una vez más, se acomodó entre las piernas femeninas y muy despacio se adentró en ellas.
Cada centímetro de su camino estuvo lleno de placer y deleite, pudo mientras saborear los besos casi desesperados de Kagome, y conocer por primera vez el interior de su cuerpo. En el instante en el que llegó tan adentro como era posible un sonido de placer escapó de la garganta de la mujer, estrellándose entre sus alientos mezclados.
Así iniciaron el vaivén, pretendieron hacerlo lento… pero no fue posible. Nada más un par de segundos después la urgencia los invadió y aumentaron su velocidad, sin dejar de besarse ni un solo segundo. Y así se les fue el tiempo, con sus cuerpos juntos, fundidos como uno solo, hasta que el éxtasis los llenó, derramándose en ellos.
Inuyasha deseó decirle lo mucho que la amaba, pero no puedo, sentí su cuerpo al límite de la resistencia, el placer aún ondeaba en suaves capas envolviéndolos, su respiración agitada chocaba en el rostro de ella y su aroma lo embargaba por completo. Pero definitivamente no estaba en condiciones de hablar.
Kagome se quedó rozando sus labios con los de él mientras las respiraciones de ambos se iban calmando, muy lentamente… se sentía amada y lo amaba igual. Estar así con sus cuerpos tan cerca era lo mejor del universo y deseó muy en su interior que así fuese para siempre.
Esa mañana no se preocuparon por despertar temprano, sus compromisos eran más tarde y eso les permitió dormir unas horas más, hasta media mañana. Luego de haber abierto los ojos y descubrir que al igual que cada amanecer el estar juntos era el mejor regalo, sólo conversaban. Lin estaba con la espalda en el cochón, mirándolo y él recargado sobre su brazo también viéndola.
- Gracias por acompañarme a la boda. –dijo Lin en voz baja sonriendo porque estaba muy consciente de que los eventos sociales no eran los favoritos de él.
- No me lo agradezcas, fue un acto completamente egoísta. –él le esbozó una media sonrisa y le besó los labios apenas rozándolos divertido ante la mirada de incredulidad de su joven mujer. –No te iba a dejar ir sola vestida así de hermosa a un lugar donde, conociendo a la novia, la mayoría de los invitados serían hombres.
- En ese caso, qué bueno que actúas egoísta. –sonrió y cerró los ojos sabiendo que recibiría un beso y así fue, aunque resultó corto para su gusto.
- Anoche me dijiste que estás escribiendo de nuevo pero creo que ahí nos distrajimos. –recalcó él como en efecto no terminaron esa conversación cuando la pasión se les instaló.
- Ah sí… aún no tiene mucha forma es sólo… tenía ganas de continuar la historia del libro… de darle un mejor giro, algo menos triste.
- ¿Lo va a perdonar? –preguntó él utilizando el doble sentido, refiriéndose a su historia de fantasía y a la real.
- Mientras él desee estar a su lado, no podría ser de otra forma. –Lin alzó una mano y acarició el rostro de Sesshoumaru, después continuó hacia su cuello y su hombro y ahí donde comenzaban las cicatrices lo hizo con más cuidado, temiendo lastimarlo. –Cuando regreses a correr… voy a ir a ver un psiquiatra para que me recete calmantes.
- No hay razón para preocuparte. No va a volver a pasar, tengo el mejor de los incentivos para volver a casa.
- Más te vale.
- ¿Me estás amenazando? –la miró con una ceja levantada y fuerza impresa en los ojos dorados.
- Por supuesto. –sonrió pasando ambas manos por su cuello para acercarse a él.
- ¿Y cuáles serían las consecuencias? –al mismo tiempo la rodeó por la cintura y la acercó a su cuerpo, ella respondió murmurándole en el oído mientras alternaba palabras con besos.
- Pues… que tal… un año… de abstinencia… puedo conseguirme una habitación sola. –luego bajó por su cuello sintiendo a Sesshoumaru estremecerse y su piel pálida despertar con cada caricia- Y eso no te gustaría ¿verdad? –continuó besándolo camino hacia abajo, hasta que llegó a la unión de sus clavículas. En ese momento él la recostó sobre la cama y se puso encima, buscando sus labios.
- ¿Y a ti sí? –inquirió entre un beso y otro, pero no le dio tiempo de replicar nada, simplemente se adentró en una caricia mucho más apasionada, al fin y al cabo tenían tiempo de sobre, por una vez el destino no los apremiaba para separarse.
FiN.
(ahora sí... deveritas!)
Hello! Aquí está el epílogo, espero que les haya gustado. Lo hice porq sinceramente sí dejé cabos sueltos antes y tenía que aclararlos (excepto el lemon inu/kag, ese nunca lo planee, fue enteramente a petición popular :P). Y ahora sí, con otro millón de gracias por todo su apoyo. Me despido y espero podamos leernos pronto en una nueva historia! Cuídense mucho!P.D. si tienen chance... díganme qué les pareció! Grax!
