Hola!!
Antes de nada queríamos disculparnos por el retraso. La verdad es que se nos olvidó comentar que estamos en 2º de bachiller, y teniendo la selectividad a la vuelta de la esquina, se nos hace muy difícil compaginarlo todo, así que lo sentimos.
La otra cosa de lo que queríamos hablar es de que… GRACIAS POR LOS REVIEWS! Jejeje, es nuestra primera historia conjunta y nos ha hecho ilusión saber que hay gente que la sigue, así que ahora y sin más preámbulos… contestación a los reviews!
Karicatura: Que bien!! Contentísimas de que te haya gustado!! Espero q te siga gustando este cap! Cuidate!
Mary-Cullen: Encantadas de que te encante este fic! Pues sí, Jacob es siempre así de oportuno para las cosas… Que vamos ha hacer, nació así… jeje
xXxK3andraxXx: La verdad es que coinciden bastante, estuve (Laura) leyendo el tuyo y tal, cuando dejaste el review ... Pero no te preocupes! No nos gustan los plagios, y no creo q a partir de este momento se parezcan
Sin más os dejamos con nuestro segundo cap. Esperamos q no decepcione y esas cosas… Y, por supuesto, tanto si decepciona como sino…… ¡¡review!!
Disclaimer: estos personajes no nos pertenecen, pertenece a la saga de "Twilight"
Capítulo 2 – Hacia la oscuridad -
Flashes de imágenes surcaban mi mente mientras me di cuenta de que tenía los ojos cerrados. En el momento en el que los abrí, me vi tumbada en el sofá del salón de los Cullen. ¿Qué había pasado? Intenté reorganizar mis ideas, estaba demasiada confusa, hasta que de pronto vi mi vestido blanco…
Gritos por todas partes, Edward a mi lado, aunque no lo notaba… Al frente, estaba el motivo de mis dudas, de mis desvelos. Jacob Black, que se había presentado, en su forma "no humana".
Unos pasos hacia mí. Jacob. Unos brazos que me cubrían para protegerme. Edward. Parálisis, dudas, miedos… Todo se arremolinó en mi cabeza, y entonces todo se volvió oscuro. La última imagen que recuerdo: un gran lobo saltando sobre nosotros…
De repente lo recordé todo. ¿Qué había pasado? ¿Y Edward? ¿Y mi padre?... ¿Y Jacob?
Me levanté corriendo, arrepintiéndome al instante por el mareo que me había sacudido. Pero me daba igual. Tenía que saber qué había pasado, tenía que saber dónde estaban todos. Tenía que saber…
Recorrí toda la casa, las esperanzas y los miedos bullendo dentro de mí. Cuál fue mi sorpresa (y temor) al encontrarla vacía. Toda la casa totalmente vacía. Ni Edward, ni Alice, ni Carlisle, ni mi padre, ni mis "amigos"… todos se habían ido. No había nadie. ¿Qué había sido de la boda de hacía unos instantes?
En ese momento un sinfín de conclusiones pasaron por mi cabeza. ¿Y si había empezado una guerra campal entre licántropos y vampiros por mi culpa, y ahora era demasiado tarde? ¿Y si alguien al que quería salía herido? No quería pensar en eso… No podía. Pensar que podía perder a todo el que la protegía me hacía sentir culpable, impotente, vacía. Vacía al igual que la casa en la que ahora mismo me encontraba.
Comencé a vagabundear por la casa, sin ser realmente consciente de lo que hacía. Realmente era lo único que podía hacer. Estaba encerada en una auténtica cárcel. Lo único que me importaba era poder dar un paso detrás de otro. Es realmente difícil caminar cuando no puedes ver el camino a causa de las lágrimas que se amotinan en tus ojos. A causa de esa total impotencia.
Pero de pronto, algo hizo que parara. Al fondo, en la biblioteca, algo llamó mi atención considerablemente. El orden que había reinado durante todo mi silencioso paseo a lo largo de esos corredores se rompía de manera catastrófica. Desde fuera podía ver el resultado de un gran caos en esa inmensa biblioteca. Libros caídos, muebles arañados, sangre. Sangre. Corrí con todas mis fuerzas, tan rápido como ese vestido me dejaba correr. Sin poderlo evitar, miles de imágenes surcaron mi cabeza. No, no podía ser. Entré.
Caos. Era la única palabra que podía describir el panorama que se alzaba frente a mis ojos. La biblioteca, el orgullo familiar de los Cullen, cuyos libros fue recolectando Carlisle poco a poco a lo largo de su larga y eterna "vida"… destruida. No quedaba nada intacto. Todo estaba arañado, como si toda una banda de licántropos se hubiera metido en la sala y hubiera arrancado cada página como si se tratara del peor de los vampiros. ¿Qué significaba aquello?
Y mucho más importante… ¿Dónde se habían metido todos? ¿Por qué me torturaban así?
En el fondo de las estanterías donde se encontraban en un principio todos los libros vi, sin embargo, algo que me llamó realmente la atención. Lo que en un principio me había parecido sangre, era en realidad pintura roja, que se alzaba por todas las paredes y muebles dibujando símbolos extraños. Parándome más detenidamente a ver dichos símbolos, descubrí que en realidad, eran letras. Me levanté, no sin antes tropezarme con un libro tirado en el suelo (siempre odié mi poco sentido del equilibrio) y me separé un poco, a fin de poder abarcar con mi mirada más cantidad de pintura roja que parecía que siempre había estado allí, oculta entre la gran cantidad de cultura ahora inexistente.
Era una especie de poema, escrito en inglés antiguo. Aunque en un principio me costó entenderlo, por fin pude ver qué había escrito.
"Pasado, presente y futuro.
Tres tiempos, un destino.
Verdades y mentiras
Que ocultan un pasado nunca escrito.
Un libro, la clave.
Un poseedor, que podrá…"
Ahí se paraba. Pero no porque la poesía no tuviera continuación, no. Era porque ahí precisamente era donde más arañazos había. Es más, parecía como si alguien no quisiera que esa parte fuera descubierta. ¿Pero por qué?
Un ruido. ¿Un ruido? ¿Es que acaso había alguien más por allí? Un ruido no era lo que más precisamente necesitaba mi estado. Iba a entrar en un estado de locura a este paso. A lo mejor se trata de uno de los Cullen. Me giré rápidamente, intentado ver qué había pasado, cuando vi de refilón una rueda girar hacia fuera de la biblioteca. ¿Una rueda? No podía ser… Los hechos apenas tenían sentido. Como un rayo, la imagen de un viejo quileute me vino a la cabeza. ¡Billy! Intenté seguirle, pero la gran cantidad de libros y el largísimo vestido que llevaba, ayudaron a que volviera a ver el suelo de cerca. Frustrada por el repentino y repetitivo tropiezo, estaba dispuesta a levantarme cuando pude ver, desde una perspectiva más "terrestre", un hueco en la parte más inferior de la estantería, que contenía lo que parecía un volumen muy antiguo.
Un volumen que me llamó tremendamente la atención, y que ocupó mis pensamientos durante unos instantes. Un objeto que me producía el irremediable deseo de abrirlo, de cogerlo entre mis manos. Menuda tontería.
De todos modos, y sin pararme a pensar demasiado, me levanté corriendo y fui directamente a ver si podía alcanzar a Billy. O a lo que a mí me parecía que había sido Billy. Al ver que no lo veía, me dispuse a salir fuera de la casa para encontrarlo una idea nueva que surcó mi mente, pero algo fallaba. Ese algo era que la puerta no cedía. ¿Por qué tenía tan mala suerte? Me giré para ver si podía salir por la cristalera, pero mi frustración ya existente aumentó cuando pude ver que estaba felizmente metalizada. No tenía salida. Estaba encerrada. En una preciosa cárcel.
Con las lágrimas a punto de surcarme otra vez las mejillas, decidí distraerme, pensando que si ponía a vagar mucho mi imaginación me encontraría haciendo alguna tontería. Con esta determinación, me giré de nuevo hacia la biblioteca y, al llegar a la altura de la estantería, me agaché y, aunque me costó un poco, logré sacar el viejo tomo que se encontraba bajo ella. Y otra vez aquella misteriosa sensación que aquel objeto me producía. Me maravillé ante la cubierta del volumen. Color púrpura con los bordes ligeramente dorados, forrado de cuero, cuyo título no podía distinguir al estar totalmente cubierto de polvo. Era como si hubiese estado allí oculto por años… siglos. Dado que el polvo se había quedado incrustado en la tapa, deslicé la cola de mi vestido de encaje por él (ya que era el único uso que veía que podía darle al vestido de novia que me había proporcionado Alice). Alice… No, no podía pensar en ella ahora. Estaba demasiado confusa.
Sólo debía pensar en aquel libro. Aquel libro era la solución. Que estúpido.
Cuando por fin el título se hizo entendible pude leer, en letra que parecía de igual antigüedad que la poesía de las estanterías, un título que hizo que diera un respingo.
En el grueso lomo estabas escritas las siguientes palabras: "Isabel II. Verdades, mentiras, hombres lobo y vampiros".
Cerré los ojos unos instantes. Y repetí para mí el título de aquel misterioso libro encontrado en aquella biblioteca maldita, destruida por un torbellino. Sentía miedo.
- Bella. – Esa voz rompió el silencio limpiamente a mi espalda. Era la voz que tantos meses llevaba añorando. La voz masculina que había arruinado el día de mi boda. Esa voz que me pilló con la guardia baja, totalmente desprevenida. Casi instintivamente oculté el libro de nuevo. - ¿Qué haces aquí sola?
- Me desmayé en la boda y aparecí aquí, completamente sola. – resumí. – Al final decidiste venir a mi boda. – Tenía millones de preguntas que realizarle, millones de cosas que contarle… Pero mi orgullo ganó de nuevo. Y aunque mi mente volvía a aquel lejano día en que aquella fría despedida nos distanció, mi mente triunfó sobre el corazón.
Jake estaba en el umbral de la puerta, apoyado a un lado del marco. Miró hacia abajo con una expresión avergonzada. Raro en él.
- Sí. No podía dejar que te casaras con… el frío. – Se me acercó salteando todos los libros y todos los desperfectos hasta llegar a mí. Yo bajé la mirada. No le iba a dar el lujo de mirarme a los ojos.- Porque sabía que si te dejaba casarte con él, sería como abandonarte para siempre. Y no creas que no lo he pensado… - hizo un intento de caricia en mi cara aunque yo me alejé un paso. – Pero jamás podré hacer eso.
- Esto ya lo hemos hablado Jacob. Mil veces. Es mi decisión.
-Pero tú aún me quieres.
-Pero no de la forma que tú quieres.- sabía que le hacía daño, de nuevo. – no debiste evitar lo inevitable. – le miré al rostro, sin poder evitarlo. Jacob estaba mucho más delgado que la última vez que lo ví. Su aspecto no era muy favorable. Pero era mi Jacob. Y aún sufría. Después de tanto.
- Mientras se pueda evitar… Evitaré. Retrasaré ese momento. – enarqué una ceja.
- No.
- Hasta la muerte, Bella.
- No es justo. – las lágrimas inundaron mis ojos. – Acepta mi decisión de una vez.
- Se que no es tu decisión.
El ambiente estaba demasiado tenso. No aguantaba más.
- ¿Dónde están todos?
- Después de que yo llegara, se hizo el caos. La gente empezó a correr por todas partes. Varios policías me rodearon y me atacaron con arneses. Entonces el resto de los quielute actuaron ya que momentos antes de mi interrupción habían escuchado mis pensamientos.- Puso cara de fastidio - Edward te dejó aquí, a salvo. Y los Cullen salieron a hacerse cargo de la situación.
- Dios mío. ¿Y como acaba todo?
- Los Cullen y los Quielute están ahora dialogando. En la cala que hay detrás del acantilado.
- Guerra. – susurré asustada. – Por mi culpa.
- No. Por mi culpa. – Hubo otros instantes de silencio. Mi boda, un auténtico fracaso. Un auténtico desastre que termina en guerra.
- ¿y qué ha pasado aquí? – dije, mirando el destrozo de la biblioteca.
- Lo ignoro.
- Antes me pareció ver una silla de ruedas… Quizás Billy. – Me miró con cara de estar aguantándose una carcajada.
- ¿Bromeas? – dijo paseando su vista por el entorno. – Es extraño…
Pero entonces un aire frío nos envolvió. Y un tercer sujeto prorrumpió en la habitación. Y una voz atronadora, cargada de ira quebró de nuevo la calma.
-¡¡TÚ!! – Edward había llegado. Jamás lo había visto tan enfadado. Y mira que había luchado contra aquellos vampiros y se había llenado de ira al saber que yo podría ser una víctima mortal. La rabia se veía reflejado en sus ojos, negros totalmente. Aquello no auguraba nada bueno. - ¿QUÉ HACES AQUÍ? ¡FUERA DE MI CASA! ¿NO HAS TENIDO SUFICIENTE?
Jacob lo miró, cada vez más enfadado también.
- No iba a permitir que arruinara su vida como chupasangre. Me creo su amigo… - Pero la frase no terminó, Edward le propinó un fuerte golpe. Todo pasó muy rápido. Las lágrimas me volvieron a cegar, y una bola de pelo gigante y un haz de luz surcaban la biblioteca, rematando el trabajo que el anterior individuo había realizado a aquella biblioteca.
Me aparté a un lado, mientras susurraba con todas mis fuerzas "¡basta!". Era aquella situación la que tantas veces había temido. Me acurruqué en el suelo y me di cuenta del libro. Aquel libro. Quería desaparecer de allí. Del caos. Quería desaparecer de mi vida para siempre.
Como guiada por un impulso inconsciente abrí aquel libro, mientras Edward y Jacob batallaban hasta la muerte.
Y, de repente, se hizo oscuro. Di mil vueltas… y desaparecí en la oscuridad…
Para no volver.
