Hola a todos!!

Quiero pedir disculpas a todos ya que por error subí el capi 3 con el final que no era, la verdad me siento muy apenada con todos los que me leen, fue un error de cálculo, así que los invito a que re-lean el final.

Por otro lado, aquí les dejo la nueva entrega, espero que sea de su agrado y lo disfruten tanto como yo.

Un besote y gracias por leer n_n

Un corazón en aprietos

Los rayos del sol se colaban tenuemente por las rendijas de la habitación, haciendo que un débil destello de luz cayera directamente sobre mis párpados, logrando que despertara. Abrí mis ojos con pesadez y llevé mi mirada hacia donde se encontraba el reloj, viendo claramente como las manecillas me informaban que eran las 9:30 am.

Busqué por toda la habitación a Akane, pero para mi infortunio ella ya no se encontraba allí. Decidí salir a buscarla en los lugares de la casa donde normalmente solía estar, aún así no logré dar con su paradero. Así que regresé al comedor, preguntándome a qué se debía su ausencia. Tomé asiento en uno de los cojines, y suspiré al no tener éxito en mi tarea.

Acomodé mis brazos sobre la mesa y suavemente coloqué mi rostro sobre ellos, dejando que mi mente vagara por cada recuerdo que me diera una posible pista sobre la misteriosa ausencia de Akane. La forma en que lloraba, y lo extraña que se había comportado ayer era un indicio de que algo le estaba sucediendo, pero no lo tenía claro, ya que no le pregunté el motivo exacto de su llanto. De repente una voz hizo que saliera de mi debate interno y que pegara un pequeño respingo. Giré mi cabeza hacia donde se encontraba la dueña de aquella voz y me encontré con un par de ojos color avellana muy parecidos a los que estaba acostumbrada a ver.

—Buenos días Danny, que bueno que ya despertaste—saludó Kasumi con su eterna sonrisa —Akane me pidió que te avisara, que regresará en unas horas, no tardará mucho, ¿podrías esperarla?—

—Buenos días Kasumi, te agradezco por informarme, estaba preocupada, y por supuesto que la esperaré. —respondí

—Que bueno, eso quiere decir que te quedarás a almorzar ¿verdad?— preguntó.

—Sí no les molesta, está bien, muchas gracias. —

—Claro que no, sabes que eres bienvenida, y hoy cocinaré algo especial así que está bien que te quedes. Por cierto, Ranma aún no despierta, ¿te molestaría ir a levantarlo?—

Me debatí un poco ante su petición, pero luego de unos segundos, accedí.

—Está bien Kasumi, lo haré. —

—Nada más avísale que el desayuno ya está listo, no tarden. Muchas gracias Danny— sonrió y se marchó con un cesto lleno de ropa.

Me levanté de la mesa con nuevas dudas acerca de la partida de Akane. Subí las escaleras con la mirada perdida intentando rememorar algún motivo por el que tuviera que marcharse, pero no di con ninguno. Decidí no darle más vueltas al asunto, quizá era yo la que estaba exagerando, aunque no dejaba de tener ese sentimiento de misterio, todo me resultaba extraño.

Me detuve frente a la puerta del dormitorio de Ranma. No sabía por qué, pero por alguna razón me sentía como si me encontrara haciendo algo malo.

Entré silenciosamente y Ranma se encontraba tranquilamente dormido en su futón, con una expresión de paz en su rostro. Me acerqué sigilosamente para proceder a despertarlo, hasta que un particular objeto llamó mi atención: a un costado de la habitación se encontraba un pequeño cofre con una guarda a medio abrir. De inmediato tuve una sensación de deja vu.

—Ese cofre…—susurré mientras lo tomaba entre mis manos, totalmente absorta.

Sabía que no debía cogerlo, pero aquella sensación por palparlo se apoderaba de mí. Cuidadosamente abrí la guarda y encontré varios tozos de papel, los sujeté y comencé a revisarlos uno por uno. Observé varias fotografías, en todas se podía apreciar a un Ranma cuando aún era niño, su padre y una mujer que deduje se trataba de su madre. Las contemplé por unos segundos y luego me dediqué a examinar el resto del contenido. Tomé un pequeño pedazo de papel el cual no tenía nada escrito, lo giré varias veces pero no descubrí nada raro en el.

Estaba realmente concentrada en cada pequeño detalle que encontraba en el cofre, no tenía la menor idea de por qué actuaba de esa manera, simplemente ese objeto llamaba tanto mi atención, que no podía evitar sentirme atraída. Seguí viendo cada elemento con extraña fascinación, hasta que una voz hizo que volviera a la realidad. Cerré en un movimiento rápido la pequeña puerta del cofre y guardé en mi bolsillo algunos cuantos fragmentos que no pude introducir en la caja.

— ¿Danny?—inquirió Ranma.

Sentía como su mirada me traspasaba, me quedé estática con un frío recorriendo mi espalda. No tenía disculpa, ¿ahora qué le diría?

—H-hola… Ranma—tartamudeé mientras lentamente me daba la vuelta para encararlo. —Lo siento… es que me pareció muy bonito, los acabados son fantásticos.—

— ¿El cofre?— preguntó mirándolo escéptico. — Está bien, es un recuerdo de mi madre.—

— ¿Tu madre? Entonces debe ser muy especial para ti ¿no?—

—En realidad es de mi padre, desde que nos separamos de ella lo lleva consigo, es especial para los dos, aunque no lo usamos mucho… —comentó.

—Entiendo… ¿hace cuánto no la ves?—pregunté.

—La vi hace poco, pero… de no ser por ese tonto juramento— hizo una pausa —Ella sabría que soy… que soy… su hijo— finalizó con dificultad.

No quise hacerle más preguntas, ya que se veía bastante molesto con lo último que pronunció.

Lo que me había comentado me produjo más dudas respecto a su pasado, ese juramento del que había hablado, parecía haberle causado muchos problemas, y sobretodo dolor.

—Por cierto Danny ¿qué hacías aquí?—preguntó.

—Pues verás, Kasumi me pidió que te despertara, ya que Akane no se encuentra en casa—respondí.

Al pronunciar "Akane" su rostro cambió de expresión a una completamente apenada, sus mejillas se adornaron de un color carmín y su mirada se fijo en algún punto de la habitación.

—Akane, ¿dónde está?— me interrogó.

—Tranquilo, Kasumi me dijo que no tardará— le expliqué.

No pude evitar sonreír al ver su expresión, estaba completamente rojo, casi hasta arrojar vapor por sus oídos.

—Ranma, olvidé decirte que el desayuno está listo, no tardes — concluí y cerré la puerta de la habitación.

***

Me dirigí de nuevo hacía el comedor sumida en mis pensamientos; esta vez haciéndome varias preguntas sobre el extraño cofre que había encontrado. ¿Qué significado tendrá? Me cuestioné. Sé que esa cajita la vi en alguna parte… estoy segura, pero… ¿dónde?

Por más que intentaba forzar mi mente para que tratara de recordarlo, más difícil me resultaba. Frustrada por mis intentos fallidos, decidí concentrarme en un libro de cocina que encontré en la mesa del comedor.

— ¡A desayunar!—anunció Kasumi

Rápidamente estuvieron frente a mí varias personas: los padres de Akane y Ranma fueron los primeros en llegar; Nabiki con su mirada de indiferencia se sentó en su lugar sin mirar a nadie. Sólo faltaban dos personas: Ranma y Akane. Ambos brillaban por su ausencia aquella mañana.

—Sólo falta Ranma, esperemos que baje para comenzar a comer— sugirió Kasumi.

—No bajará—intervino Nabiki con su peculiar tono mordaz.

—Claro que sí, ¿cuándo has visto que Ranma se pierda de una comida?—preguntó su padre.

—¿Me puedes decir entonces por qué no está aquí?—

—Tal vez… debe estarse cambiando hija, es normal que los hombres tardemos.—

—Yo no estaría tan segura papá…—

Ambos padres se miraron desconcertados, la verdad Ranma siempre era el primero en aparecer cuando de comida se trataba. Pero esta vez ni Akane ni él se encontraban en casa.

Un silencio abrumador era el único resultado de aquella charla. Varios minutos transcurrieron hasta que Ranma apareció, sentándose en su lugar, con la vista clavada en el suelo, tal como lo había dejado en la habitación.

—Ranma, ¿por qué tardaste tanto en bajar?, fuiste muy descortés, mira que despreciar la comida… — dijo su padre cerrando sus ojos y moviendo su cabeza en forma negativa.

— ¿Qué? ¿Te comiste mi desayuno? —inquirió Ranma exaltado.

—Bueno… yo…—tartamudeó intentando buscar una excusa, que lo salvara de la ira de su hijo.

Viéndose preso de los nervios, encontró en un vaso de agua fría: la solución perfecta; no obstante, Ranma le propinó algunos golpes, que terminaron por convertirse en una prominente contusión.

—No te preocupes Ranma, siempre guardo de más, iré a traértelo—le ofreció Kasumi.

—Gracias— murmuró sentándose de nuevo, intentando controlar la rabia de hace algunos instantes.

Me quedé observando a Nabiki quién hasta ese momento había hecho caso omiso de la situación. Sin embargo, en aquel preciso instante, tenía su vista fija en un objetivo: Ranma. A juzgar por su mirada, creí que planeaba algo, pero luego se limitó a echarle un vistazo a su revista de economía.

Un momento después Kasumi regresó con un tazón de arroz. Se lo entregó a Ranma y volvió a su lugar.

—Que bien que estén aquí reunidos— habló Nabiki — Supongo que Ranma les querrá comentar algunas cositas, ¿verdad cuñadito?—

Ranma que en ese momento, comía a paso descomunal su desayuno, terminó por atragantarse al escuchar esas palabras.

—N-no… s-sé de qué h-hablas— tartamudeó cabizbajo.

— ¿A no?— inquirió Nabiki— ¿Quieres que te lo ayude a recordar?—

Estuve atenta a cada expresión de Ranma, podía darme cuenta que estaba a punto de estallar; su rostro que antes estaba sonrojado se tiñó de un carmín que se iba haciendo cada vez más intenso.

Nabiki lo miraba de una forma inquisidora, con una sonrisa en la que se podía leer perfectamente que su intención era intimidarlo. Ranma se quedó estático en su lugar, mirándola con repulsión.

—No te quedes callado Ranma, si tienes que decirnos algo, es hora de que lo hagas — espetó impaciente el padre de Akane.

Todas las miradas se dirigían en ese momento hacia él, que con gran esfuerzo intentaba asimilar lo que estaba ocurriendo.

—Nabiki, papá, no sigan molestando a Ranma… déjenlo comer tranquilo, después hablarán de esto — intervino Kasumi, levantándose de su lugar.

La tensión que se vivía en el ambiente fue disminuyendo, hasta que finalmente todos decidieron volver a sus actividades habituales.

—Por esta vez te salvaste Ranma, la próxima vez, no será tan fácil… si quieres hacer negocios conmigo, ya sabes donde encontrarme— concluyó Nabiki guiñándole un ojo y dando media vuelta para dirigirse a su habitación.

Estaba estupefacta, sabía que había ocurrido algo que Ranma intentaba ocultar, pero ahora eso simplemente se convertía en una de las tantas cosas en las que deseaba pensar. Tenía la cabeza hecha un desastre. Primero la ausencia de Akane, luego ese extraño cofre, los repentinos sonrojos de Ranma y para terminar esto… Tenía claro que aquí había algo que descifrar, así que pedí permiso para volver a la habitación de Akane y poder ordenar las piezas de aquél rompecabezas que había creado.

Tomé asiento en el escritorio de su habitación, y saqué de mi bolsillo los trozos de papel que había guardado. Los observé con más calma hasta que uno de ellos llamó mi atención: el papel en blanco, el cual hacía unos pocos momentos había contemplado tenía ciertas marcas, como si hubiera sido borrado muchas veces. Que extraño, quizá no me fijé bien, me dije, colocándolo contra la luz intentando descifrar qué era lo que decía. Tardé unos minutos pero me resultó imposible entender lo que tenía escrito.

Resignada, apoyé mi espalda sobre la silla giratoria y empecé a dar vueltas en ella, cerré mis ojos y me dediqué a pensar en el lugar donde había visto ese cofre, deseaba más que nada en el mundo poder recordarlo; si lo hacía, podría sacar alguna conclusión sobre ese cajita, aunque también temía que me obsesionara bastante con ese tema y al final no pudiera encontrar nada.

De repente alguien irrumpió en la habitación, se trataba de Akane, inmediatamente dejé de jugar con su silla y me quedé viéndola. Traía una expresión de nerviosismo en su rostro, su mirada estaba más brillante que de costumbre y podía deducir que había estado perdida en su mundo.

—Hola Akane—saludé— ¿dónde habías estado?, estaba preocupada. —

—Hola Danny… salí a correr un rato ¿cómo ha ido todo?—

—¿Saliste a correr?, pero si no llevas puesto tu traje de entrenamiento, ¿estás bien?—pregunté.

Llevó su mirada hasta su ropa y su nerviosismo aumentó considerablemente.

—Yo… yo estoy bien Danny no te preocupes, es sólo que me dediqué a pensar… es todo—me afirmó sonriente.

—Akane no me mientas, has estado comportándote extraño desde ayer, ¿me puedes decir que es lo que te ocurre?—

—Es solo que estoy preocupada porque voy reprobando algunas materias… es todo, no es nada importante, en serio, no hay nada de qué preocuparse—me aseguró.

—¿Es tan sólo eso?—

—S-sí, tranquila.—

La verdad era que no le creía ni una sola palabra, no estaba segura, pero Akane se veía bastante alegre. Sus nervios denotaban algo… pero ¿qué sería aquello?

—Danny ¿podría pedirte un favor?—

—Sí, por supuesto, ¿de qué se trata?—

—¿Podrías bajar a la cocina y traerme un vaso con agua?—

—Claro— sonreí y me encaminé hacia la puerta de la habitación.

—Gracias—murmuró.

Tomé el pomo de la puerta y lo giré, caminé por el corredor pensando cada vez más en todo lo que había ocurrido en la mañana. Sentía que mi cabeza explotaría en cualquier momento con tanto misterio que necesitaba resolver.

Levanté mi mirada sobre una de las habitaciones, ya que me sentía observada, y allí encontré la silueta de Nabiki recostada sobre el umbral de la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho, esbozando una sonrisa.

—¿Akane está en su habitación?—preguntó.

—Sí, hace un rato entró— respondí.

—¿Y cómo está?—

—Pues…está algo extraña, no sé que le ocurre.—

—¿No? ¿Te gustaría averiguarlo?—

Me quedé bastante intrigada con lo que me ofreció, ya que si había forma alguna de descubrir lo que le sucedía y así mismo ayudarla sería bienvenido… pero no sé por qué sentía cierto grado de desconfianza.

—¿Y… qué dices?

continuará...

Notas finales:

Al parecer Nabiki aprovechará al máximo la situación, se hará sus buenos yens luego de publicar esas fotos. Bueno, como verán aquí se ve algo más del sueño: el cofre. Obviamente no lo haré tal cual, ya que los sueños no suelen presentarse tan exactos. Ahora, les presento otro misterio... el papelito ¿qué creen que dirá? se aceptan hipótesis XD. Espero dejarlos un poquito con la duda mientras se sabe qué es. Un besote gigante a todos los que me leen y comentan y a los que no también.

Hasta la próxima.