Capítulo 2
La semana de primavera
Unas semanas habían pasado. Todo iba bien en la relación entre Candy y Albert. Su complicidad era más obvia conforme pasaba el tiempo. Trataban de ser discretos con su amorío. Especialmente él quería hacerlo así para no perjudicarla. Sabía perfectamente que no era prudente que otros en la familia se enteraran; mucho menos otros miembros de la sociedad.
Le gustaba recogerla en el hospital después de las jornadas de trabajo. El momento más esperado era cuando ella tenía tiempo libre al día siguiente. Hacía hasta lo imposible para no tener que llegar a la oficina y pasar tiempo con la rubia roba corazones.
¡Candy!
¡Albert! - Grita al salir del portón del hospital. - ¿Cómo estás?
Muy bien. Entra. – Se suben al automóvil. Ni siquiera se atrevían a darse un beso a pesar de las ganas.
¿Hoy tienes algún plan? Recuerda que mañana es mi día libre.
Sí lo tengo. Iremos a bailar.
¡A bailar! ¡Qué emoción!
Ricco, a bailar. - Le indicó al chofer.
Llegaron al lugar. Se bajaron del carro. Ella se sorprendió al ver el arreglo. Había flores, una mesa bien arreglada, velas y un cuarteto a un lado. El ambiente romántico los rodeaba.
¿Qué haces? Se enterarán de lo nuestro. – Dijo muy alarmada.
No te preocupes. Ellos son muy discretos.
¿Estás seguro?
Sí. Tranquila. – La mira con ojos dulces.
Entonces… - Se voltea rápidamente y lo abraza buscando los labios para darle un beso.
Esta vez le sorprendió que ella fuera tan impulsiva. Cuando sintió el beso tierno de su amante, olvidó su entorno y de devolvió el gesto. La música empezó a sonar. Sin darse cuenta, los dos bailaban al ritmo sin perderse del placer de estar juntos. Daban vueltas sin parar hasta que los músicos terminaron la pieza. Era hora de sentarse a comer. Había encargado un delicioso platillo salado y una tarta de chocolate con turrón de chocolate; tal cual le gustaba a ella. Ninguno de los dos emanaba palabra. Eran momentos de alegría; solo se comunicaban por medio de la mirada.
Terminaron de cenar y siguieron bailando entre besos y abrazos. Las horas pasaron sin darse cuenta. La hora de regresar a casa llegó. Subieron al automóvil. En el trayecto, se daban piquitos de amor. Otra sorpresa esperaba a Candy cuando llegara a su habitación.
Entró a su habitación no muy convencida de querer dejar a su compañero. Tenían que controlarse cuando estaban en casa. Se dirigió a su cama. Vio un sobre con su nombre escrito con letras doradas. Lo abrió. La tarjeta decía:
Srita. Candy White Andley
El Sr. William Albert Andley tiene el placer de invitarla a disfrutar una semana de primavera en la hermosa ciudad de Nueva York. El día de salida es el próximo jueves desde la plataforma No. 4 de la estación de trenes de Chicago a las 9:00 am. RSVP.
Sin soltar la invitación, corrió por el corredor en busca de Albert.
¡Albert! ¡Albert! - Gritaba por toda la casa.
Sí, Candy. ¿Qué pasa? – Le respondió tratando de mantener la calma.
Sí… sí… sí… Claro que sí… - Llegó corriendo a abrazarlo. Lo hizo con tanta fuerza que lo obligó a dar unos pasos atrás.
Sí… ¿qué? - Con una gran sonrisa.
Sí, me voy contigo. – Estaba a punto de besarlo cuando se dio cuenta que George se encontraba sentado en una de las sillas de la biblioteca. – Perdón. No quise interrumpirlos. Mejor me voy. Te hablo durante la cena.
Muy bien. Te veo más tarde.
Se quedaron George y Albert solos.
Así que aceptó tu invitación. – Dijo George con gran alegría.
Sí.
Terminemos de hablar de lo del negocio que irás a cerrar rápidamente. Estoy seguro que desde este momento no te podrás concentrar para nada.
¿Por qué no?
Porque no. – George lo mira con carita de "yo sé lo que sucede". Albert se sonroja. – Mira, tienes que firmar el contrato al igual que la Señora James.
Victoria Brown, querrás decir.
No, ella se casó con el Señor Arthur James hace muchos años.
Sí, yo sé. Nunca me acostumbraré a llamarla así. Ya siendo viuda, me costará aún más.
Esfuérzate.
Para mí, siempre será…
Será… la Señora James. – Con un tono serio en su voz.
¡Qué bien me conoces! Sabes cómo la recuerdo.
Detente. Ya. – Decide cambiar el tema. - La Señora James tiene que firmar también. La cita la hice para las 10:30 am en las oficinas de James Inc. Segundo piso.
¿Ella estará ahí?
Se nota que no me has puesto atención. Te dije que ella firmará también. Sé puntual. Sabes que no le gusta la tardanza. Tengo entendido que sus hijos irán a pasar una semana a la casa de los padres de ella en Boston. Ella siempre se despide de ellos en la oficina. Así que es posible que los interrumpan si no llegas en el momento adecuado.
No sabía. – Comentó mientras pensaba. – Estará sola. ¿Por qué me estoy poniendo nervioso?
Con la noticia sobre Victoria, Albert casi no pudo dormir. Recordaba los momentos que estuvo con ella desde que Candy lo había interrogado. Las dos parecían nubes sobre sus hombros. Aparecían de forma intermitente. – Pero ¿qué me está pasando? Estás enamorado de Candy desde hace mucho, tienes una relación con ella. Es seria. Duerme, duerme.
Pasaron los días, Candy pidió permiso en el hospital, el cual le concedieron fácilmente. Sentía mucha emoción por la próxima excursión. No era de unas horas, sino de toda la semana. ¿Qué podrían hacer? ¿A dónde la llevaría? ¿Con quién se toparía? Tantas preguntas que iba a responder en la Gran Manzana.
¡Candy, apúrate!
Ya voy, ya voy… - Bajaba las escaleras.
No puede ser que Archie ya esté listo y tú no.
¿Archie?
Sí. Él tiene que venir con nosotros.
¿Por qué?
Porque mañana firmaremos un contrato con James Inc. Después de eso, soy todo tuyo. Además, te gustará la oportunidad de ir de compras sin mí.
Eso sí. Compras. – Dijo con un tono divertido. – Está bien. Vámonos. Ya es hora.
Pasaron casi todo el día en el tren. Archie, Albert y Candy platicaron durante todo el trayecto. Después de aquel primer encuentro, no habían vuelto a estar juntos. No así. Por eso estaba muy emocionada. Iban a compartir habitación. Finalmente, llegaron al hotel donde se quedarían. Cada uno tenía su propio cuarto. Esto desilusionó a la novia, pero comprendía la situación. Los llevaron a sus cuartos respectivos a dormir.
Ya pasaban las 10 de la mañana en las oficinas de James Inc., se encontraban el par de caballeros para cerrar el negocio. La secretaria los llevó a la oficina. Victoria estaba sentada detrás de un enorme escritorio de caoba.
Señora James. Un gusto verla otra vez. – Archie intervino.
Hola, Archie. Un gusto verte de nuevo. Por favor, dime Victoria.
Victoria.
Señora James. – Dijo Albert.
¿Cómo? – Respondió Victoria muy extrañada. - ¿Te pasa algo?
George me dio instrucciones precisas de no olvidarlo.
¿George? ¿Ahora tomas órdenes de él?
No, para nada. – Le dio la vuelta al escritorio, se reclinó y dio un beso en la frente a su amiga. Regresó a sentarse a la par de Archie. – Victoria.
¡Ah! Eso es mejor. – Continuó. - Acá tengo el contrato. Ya está listo, pero es mejor que lo lean antes de firmar. Yo ya lo hice. No tengo comentarios. – Les puso el contrato en el escritorio de dónde Albert lo tomó. Se levantó para leerlo. Se dio la vuelta a la pared.
¡Mami! ¡Mami! – Entraron gritando y corriendo un par de chiquillos.
Mis amores. – Los abrazó con toda el alma.
Archie miraba esta cariñosa escena. Pero algo le llamó la atención. Esos niños tenían una apariencia muy particular. – Pelo rubio, ojos azules… - Se les quedaba viendo con detenimiento.
Te presento a mis hijos, Archie. Ellos son Edward y Harry.
¡Son gemelos!
Sí lo son. – Dirigiéndose a los niños indicó el saludo. - Amores, saluden a Archie.
Hola.
Hola. – Se escondieron detrás de la silla de su mamá.
Hola, niños. Es un gusto conocerlos.
Ya vino el chofer con todo y los primos. ¿Están listos para irse a la casa de los abuelos?
Sí, ya estamos. Los maletines están en el carro. – Dijo Edward.
Bueno, espero que se porten bien. Disfruten el descanso. Cualquier cosa me llaman.
Archie, toma. Léelo. – Habló Albert. Albert se volvió de leer el contrato. Se lo dio a Archie. Al levantar la vista, vio a los niños.
Gracias, Albert. – Se puso a leer el documento.
Willy, te presento a mis hijos. Edward y Harry. Niños, él es Willy. Salúdenlo.
Hola. – Los dos al mismo tiempo.
Señora James. – Entró la secretaria. - Los están esperando abajo.
Bueno, mis amores. Cuídense. – Les dio un abrazo muy cariñoso.
Adiós, mami.
Adiós, mami.
Adiós, mis amores. – Sonriendo. – Los voy a extrañar.
Albert también se quedó extrañado por los niños. Se miraban más grandes de lo que él calculaba. – Los niños parecen tener como 7 años. Pero ellos se casaron hace más o menos 6. Talvez son niños grandotes. – Pensó extrañado. Sin embargo, no dijo nada al respecto.
Tus hijos son muy lindos.
Gracias, Willy. Lo son.
¿Vas a estar sola esta semana?
Sí. Adoro a mis hijos, pero a veces es sabroso pasar un tiempo sola. Hablar con adultos es una maravilla.
Me imagino.
Creo que todo está bien. Firmemos. – Ratificó Archie.
Bien.
Firmaron el contrato. Ya finalizado el negocio, comenzaron a hablar de otras cosas. Para mientras, afuera llegaba una dama a buscar al par de caballeros.
Buenos días. Me llamo Candice White Andley. ¿Sabe si Albert está adentro?
Sí. Si me permite un momento, le avisaré que usted está aquí. Tome asiento. - Se levantó. Entró a la oficina.
Adentro de la oficina.
Señora James, la Señorita Andley está afuera buscando al Señor Andley.
¿Sí? - Dijo muy sorprendida con la mirada puesta en Albert. – Deme dos minutos y la deja entrar.
Sí, Señora. Permiso. – Cerró la puerta.
¿Cómo está eso de que Candy está acá? ¿Por qué no me dijiste?
No creí necesario decirlo. – Es rostro de Albert era muy diciente.
Ella no… - Se quedaron viendo a los ojos unos segundos. - Le dijiste… Le dijiste cuando… - Dejó de hablar. Conocía muy bien a su amigo. Se abrió la puerta. - ¡Candy! ¡Qué gusto verte de nuevo! – Se levantó de su silla. Se acercaron para darse un abrazo fraternal. – Pasa adelante. Bienvenida a mi oficina.
¡Me alegra verte!
Siéntate.
Gracias.
Bueno. – Dijo Victoria. - ¿Cuánto tiempo se quedarán acá?
Una semana. – Se escuchó la respuesta con una voz ronca. – Invité a Candy para venir a pasear.
¡Qué bien! ¿Te quedarás también tú, Archie?
Sí, me quedaré.
¿Tienen algo planeado para mañana?
No tenemos nada. Bueno… eso creo… ¿Albert?
Depende de lo que Candy quiera.
¿Yo?
Sí.
Ya sé que harán mañana. – Victoria señaló. – Vendrán a mi casa a comer. Tengo una invitada especial. Creo que te gustará conocerla, Archie. ¿Les parece?
¡Sí! – Exclamó Candy con gran entusiasmo.
Me encanta que te guste la idea. Los espero mañana en mi casa al medio día. La pasaremos muy bien. Candy, después de esta cita, ¿qué vas a hacer?
Quiero ir de compras, pero no sé a dónde. ¿Me podrías sugerir algo?
Definitivamente. Lo que haremos es dejar a este par de caballeros entretenerse solos y nos iremos tú y yo de compras. Conozco unos lugares maravillosos.
Excelente. Me parece bien. – Se voltea a ver a Albert. - ¿Te molestaría?
Archie, vamos a tomarnos una tarde libre de damas. - Como si estuviera ofendido.
¿Te molestaste?
Jajajajaja… Por supuesto que no. Vayan.
¿Qué les parece si las acompañamos? – Preguntó Archie.
Es mejor si no lo hacemos. Ellas querrán ir a muchos lugares y lo único que haríamos sería llevar paquetes y aburrirnos.
No te equivocas, Willy. – Voltea a ver a Candy. - ¿Nos vamos de una vez?
Vámonos.
Se levantaron todos. Al dirigirse a la puerta Victoria le habla bajito a Albert.
Me metiste en problemas por contarle lo nuestro.
Le hablé de ti, pero te juro que no le dije tu nombre.
Pero ella sabe. No seas ingenuo.
…
Además, ya me imagino lo que ya hiciste con ella…
¡Cómo crees!
No lo creo, lo sé. No me mientas. Nos conocemos desde hace mucho tiempo.
Salieron todos de la oficina. Ahora, Albert ya iba preocupado por lo que pudiera pasar entre ellas.
Vamos, Candy. Podemos ir cualquier tienda. ¿Hay algo que se te antoje?
Veamos. No lo sé.
Piensa bien. ¿Qué quieres comprar?
Quiero comprar ropa bonita.
Tendrás que ser más específica. Pensé que nos teníamos confianza.
Nos la tenemos.
¿Entonces?
Quiero ropa bonita, que le guste…
No digas más. Sé a dónde ir. Son los vestidos más exquisitos de toda la ciudad.
Se trasladaron a una tienda exclusiva. Encontraron de todo tipo de prendas. Con la ayuda de Victoria, Candy compró varios vestidos que le quedaban muy bonitos. Llegó la hora del almuerzo. Llegaron a un pequeño restaurante frente a un parque. Se sentaron. Pidieron las bebidas. Durante la comida conversaban sobre los lugares turísticos; a dónde hay que ir.
Victoria. Gracias por llevarme a esa tienda.
Espera, iremos a otra tan bonita o más que esa.
Quiero hacerte unas preguntas… - Habló Candy.
Pregunta.
¿Por qué no me dijiste que tú eras…?
No era mi lugar decírtelo. Cuando me preguntaste, te referías a Willy.
Te entiendo, pero…
Mira. Lo que sucedió entre él y yo pasó hace mucho tiempo. Ya no vale la pena recordarlo. Lo importante es que ahora están juntos él y tú.
¿Cómo lo sabes? ¿Te lo dijo Albert?
No me lo tenía que decir. Lo conozco bien. Por otro lado, recuerdo bien la conversación que tuvimos el día que nos conocimos. Así me sentía yo cuando mi esposo me estaba cortejando.
Sí… lo recuerdo yo también.
Espero que no te sientas mal o, más bien, incómoda conmigo.
Ya no.
¿Por qué te sentías así?
Cuando Albert me dijo que veníamos a Nueva York, me puse nerviosa. Verás… Él me habló de ti. Dijo cosas muy lindas. Por eso me sentí amenazada.
¡Tanto así!
Sí. No sabía que esperar. A esto, le agrego que no me dijo que tú eras la dueña de James Inc.
James es el apellido de mi marido. James Inc. es la compañía que tengo que manejar ahora que murió.
Imagínate mi sorpresa verte cuando entré a tu oficina.
Me imagino. Lo siento. Si lo hubiera sabido, le hubiera dicho a Willy que te trajera con él. Hubieras conocido a mis hijos.
¿Tus hijos?
Sí. Ellos se fueron hoy a la casa de mis papás. Lo pasan muy alegre con sus primos.
¡Qué lindo! Lástima que no los conocí. Tal vez la próxima vez. – Se rieron las dos. - Obviamente, recuerdas la conversación que tuvimos. - Tomó otros segundos, recolectar las agallas para preguntar. - ¿Me puedes ayudar con comprar algunas cosas para él?
Claro. Te ayudo con mucho gusto. ¿Cómo qué te gustaría?
Me gustaría algo para que él vea, pero…
¿Te lo pongas tú?
Pues sí… - Dijo avergonzando a las dos.
Jajajajajaja…
Jajajajajajaja…
Se dirigieron a uno de esos almacenes especializados en atuendos atractivos. Encontraron prendas muy interesantes. Los encajes eran franceses, seda, algodón, lino y brocados… tantas opciones para seleccionar. Escogieron prendas de última moda, cómodos y que lograran el objetivo que quería la novia de Willy.
Victoria también encontró algunas cosas que le llamaron la atención. Las compró.
¿Por qué compraste la ropa si ya no tienes esposo?
¿Huh?
Perdón. No quise ser tan burda.
Tranquila. Cuando tengas tiempo de estar casada, te darás cuenta de la influencia que tiene esta ropa. En mi caso, ya he llegado a acostumbrarme.
Ya veo. ¿Te parece cómoda?
Sí…
Aunque lo que escogí es cómodo, no creo que yo me acostumbre.
Ya verás…
Jajajajajaja…
Jajajajajajaja…
En otro lado de la ciudad, Albert y Archie estaban sentados en un café. El primero pensaba en todas las diferentes conversaciones que podían tener ese par de mujeres. - ¿Hablarán de mí? No creo. ¿Qué hablarán? Espero que sea una conversación civilizada. Conociendo a Candy, aunque ya se controla más, puede reaccionar un poco violenta. Victoria es una dama. Ella sabrá controlarse. Pero es muy apasionada, si mal no recuerdo. ¿Será posible que se vuelvan amigas? No. Estoy de por medio. No serán amigas. ¡Por favor! No quiero malas noticias… - Seguía pensando.
Albert, ¿qué te pasa? Tienes una cara…
Sólo esta tengo…
Te miras preocupado. ¿Pasa algo?
Tengo que dejar que las cosas se resuelvan solas. Involucrarme sería un gran error.
Explícate. ¿Estás nervioso porque Victoria y Candy están juntas?
Sinceramente, sí.
No tienes de qué preocuparte. Ellas ya se conocían. Eso me dijiste.
Sí… sí…
Pero…
Pero… y ¿si no se llevan bien?
¿En qué te puede afectar eso? Victoria es una buena amiga del colegio y Candy es otra buena amiga.
S… sí… - Tartamudeó Albert. - Tienes razón, no pasará nada. Ellas se llevarán bien. Cambiando de tema. ¿Cómo van las cosas con Annie?
Bien, van bien. Lo pasamos muy agradable. – Se le pusieron rojas hasta las orejas.
Jajajajajaja… ¡Te avergonzaste, picarón!
Soy un caballero y no diré nada.
Con eso dijiste todo, Archie. Jajajajaja…
Cuidado con seguir molestándome…
O…
O te seguiré preguntando por qué estás preocupado por lo que puede pasar o no con ellas.
Está bien. Ya no diré nada.
Pasaron las horas. Victoria llevó a Candy al hotel donde estaba hospedada.
Gracias por este excelente día de compras.
De nada. Te veré mañana. Recuerda, al medio día.
Candy entraba al hotel con muchas cajas. Albert corrió a ayudarla.
Compraste muchas cosas. ¿Compraste algo para mí?
Mmm…
Entonces…
Mmm…
Dime.
Sí. Compré unas cosas para ti, unas para Archie y Annie y otras muchas para mí. Victoria me llevó a unas tiendas magníficas. Eran maravillosas. Encontramos muchas cosillas por ahí.
¿La pasaron bien?
De maravilla. Es una persona encantadora. La pasamos muy bien. Platicamos mucho.
¿Hablaron de algo en especial? – No resistía la curiosidad.
De todo un poco. Me recordó el almuerzo de mañana.
Sí, al medio día.
Subieron las escaleras. Entraron en la habitación. Albert bajó las cajas.
Bueno… ¿qué me compraste?
Si esperas un momento te enseñaré. - Se dirigió a la ventana. Cerró las cortinas.
Dime de una vez…
Espera…
Caminaba hacia donde estaba Albert muy despacio. Se iba desabrochando el vestido que llevaba. Al terminar, dejó caer su vestido. Él no hablaba. ¡Qué sensualidad la de la chica para mostrarle su regalo! Se sienta en una silla y se cruza la pierna.
¿Te gusta? Este es solo uno de tus regalos.
Me fascina…
¿Vas a hacer algo al respecto o te quedarás ahí parado sin decir o hacer nada?
Ahora es tu turno de esperar. – Caminaba hacia ella desabotonando su camisa. De repente tocaron a la puerta. - ¿Quién es?
Soy Archie. - Dijo desde afuera.
Espera un momento por favor. – Grita Candy muy agitada. Se levanta de la silla y corre a la cama para aparentar estar acostada. Albert se abotonaba la camisa lo más rápido posible.
¿Puedo entrar?
Sí, entra.
Hola. ¿Qué tal tu día, Candy?
Muy bien. ¿Ves esa caja? Es para ti.
Gracias. - Se dirigió hacia el buró. Tomó la caja y la abrió. - ¡Qué lindos! Muchas gracias. Me encantan estas mancuernillas. A lo que vine. ¿A qué hora nos iremos a la casa de Victoria?
Nos iremos a las 11:30. Así nos dará tiempo de llegar. – Contestó Albert.
Vamos, Albert. Por lo que veo, Candy ya se acostó. Hagamos lo mismo. Es tarde.
Ahora voy. – Volteó a ver a Candy. – Me voy, pequeña. Dulces sueños.
Buenas noches, chicos. – Triste miraba como se retiraba Albert de su cuarto.
