Capítulo 3
El almuerzo
Una habitación preciosa con mucha luz; en medio, una mesa bien arreglada. Grandes arreglos de flores se exhibían en cada esquina. El salón de la par también estaba adornado con floreros inmensos. Más bien parecía un jardín. Así le gustaba a Victoria. Un jardín dentro de casa. Todo estaba listo para que llegaran los invitados.
En el hotel, los jóvenes bajaban por el graderío principal. En el lobby esperaban por la dama que los acompañaría. Minutos más tarde, bajó arrastrando la cola del hermoso vestido que llevaba puesto debajo del abrigo porque se le miraba desde los hombros hasta ese escote un poco bajo. Ella se sentía un poco incómoda llevándolo, pero le prometió a su nueva amiga que lo llevaría. Los caballeros la vieron a lo lejos… Petrificados, tal cuales fueran estatuas de sal.
Te ves resplandeciente, Candy. – Archie dijo. - ¿No opinas lo mismo que yo, Albert?
S… Sí… - Dijo sin poder contener una sonrisa. - Te ves espléndida. Me has dejado sin palabras.
Gracias. – Decía temerosamente. – Vamos a llegar tarde si no nos vamos. – También pensaba. – Eso que no han visto bien el vestido.
Ya en la casa de Victoria, ella los esperaba.
Mis queridos amigos, bienvenidos a mi casa.
Gracias, Victoria.
Pasen. Adelante. – Los invitó. Ya adentro. - Siéntense.
Afuera venía la invitada especial, amiga desde hace varios años de la anfitriona. Su hijo la traía. Él reconoció las caras de los otros invitados. Así decidió entrar.
Mejor me quedo contigo, mamá.
¿Estás seguro? Una vez entras, no sales hasta que lo haga yo. Nos conoces bien.
No te preocupes. Aguantaré lo que sea. Sé a qué me estoy metiendo.
Me parece extraño que estés de ánimo. Solo ha sido hace una semana.
La vida sigue; seguiré entonces. Vamos.
Adentro de la casa, Candy le pedía un favor a Victoria.
¿Puedo hablar contigo un momento?
Claro. Dime.
¿Dónde puedo acomodarme el vestido? No me siento muy bien con el.
¡Qué! Se te ve precioso. Estoy segura que causarás una gran impresión.
No estoy segura de quitarme el abrigo.
Caballeros, iremos a empolvarnos la nariz un momento. Siéntanse en su casa. – Se volteó para subir las escaleras con su visita. - Vamos te ayudo.
Llegaron a la habitación. Candy se quitó el abrigo y dejó ver el escote. Finalmente, fue persuadida de bajar sin el abrigo. Para mientras, entraban a la casa la otra invitada y su hijo.
Buenos días a todos. – Dijo una dama.
Buenos días. – Contestó Albert. Se volteó y la vio. – ¡Eleanor Baker!
¡Eleanor Baker! – Exclamó Archie al voltear a ver también. – Y… Terry…
¡Terry! – Albert estaba sorprendido.
Buenos días. – Habló Terry. Se acercó a Archie para darle la mano. - Cornwell, ¿cómo has estado? Es un gusto verte.
Igualmente. Tanto tiempo que no nos vemos.
Desde hace mucho. - Se dirige a Albert. - Querido Albert, ¡qué gusto verte! No me imaginé que te volvería a ver.
Yo tampoco. - En este momento sintió una gran escalofrío. Se encontraba frente a frente con el hombre que había lastimado a su amada no hacía mucho tiempo. Pensaba. - ¿Será que Candy ya lo olvidó? ¿Qué tal si no lo ha olvidado? Verlo de nuevo puede no ser conveniente. No puedo hacer nada. Nadie sabe de nuestra relación. Tendré cuidado para no hacerme obvio.
Hijo, ¿tú los conoces?
Sí, mamá. Ven. Te los presento. - Llevó a su madre con Albert y Archie. – Te presento a Albert Andley y a Archie Cornwell. Nos conocimos cuando estudiaba en el Real Colegio San Pablo en Londres.
Es un gusto conocerlos.
El gusto es mío. - Respondió Archie rápidamente. Le tomó la mano y la besó. Después, Albert hizo lo mismo.
Escucharon un ruido que venía desde el segundo piso. Voltearon a ver. Candy y Victoria bajaban las gradas. Los tres caballeros miraban con detenimiento a las damas bajar en esos vestidos tan provocativos. La novia no dejaba de ver a su pareja. Le fascinó verlo ido. Corrió la vista a ver a Archie quien también estaba sin decir palabra. Por último, vio al otro hombre. Era Terry. Quedó incrédula ante la visión de aquel hombre que había dejado en una escalera de un hospital un día de nieve. Su traje negro le enfatizaba el color gris de sus ojos.
La anfitriona, parada a la par de su huésped, sintió una extraña sensación. Observaba toda la situación. Se dio cuenta de varias cosas. Todos se conocían; ella era el amor del cual Terry siempre hablaba; los celos brotaban de Albert; y Archie mostró su amor secreto. Eleanor no se quedaba atrás. Ella también se dio cuenta de esto.
¡Candy! – Exclamó Terry.
¡Terry! - Contestó Candy.
Las dos damas terminaron de bajar las gradas. Victoria trató de aparentar normalidad, pero era casi imposible. Ella también batallaba con sus sentimientos. Fue entonces que Eleanor se acercó a Candy.
Candy, es un gusto verte después de tanto tiempo.
Sí. En realidad el gusto es mío, señora.
Eleanor, por favor. Tú me devolviste a mi hijo. No me trates como una extraña.
Sí. – Asentó la cabeza.
Victoria, ¿recuerdas que te conté cómo recuperé a mi hijo?
Sí, lo recuerdo bien. - Contesta. - ¿Ella es?
Sí.
El mundo es muy pequeño. ¿Quién iba a pensar que tú fuiste quien ayudó a esta señora a recuperar a su hijo? – Le dice a Candy mientras señala a Eleanor.
Candy, entremos a la sala para platicar un rato. Quiero que me cuentes todo lo que te ha pasado desde que nos vimos. – La toma por el brazo y las dos juntas caminan hacia la sala.
Los tres caballeros siguieron a las damas. Se sentaron. Las escuchaban en silencio. Ninguno de los tres emanaba palabra. El ambiente se sentía muy pesado. La conversación pasaba por momentos de silencio por parte de todos. Sentados a la mesa redonda del patio. Para la poca suerte de Candy, ella quedó sentada entre Terry y Albert. Por un lado, la causa de su desgracia y, por el otro, la segunda oportunidad ante la felicidad. A quien no le gustó el arreglo fue a Albert. No le parecía que ella estuviera tan cerca de Terry. Los celos lo estaban matando. Al pasar el tiempo, Candy contó la verdadera historia de Albert con lujo de detalles. Terry estaba impresionado con la noticia. La conversación siguió su camino.
Victoria, ¿cómo va el proyecto de caridad que estás planificando?
Muy bien, Eleanor. Es cansado, pero vale la pena. Fui a una de las casas-hogar que serán beneficiadas. ¡No te imaginas las caritas de esos angelitos!
¿Irán a ver el salón dónde se llevará a cabo?
Sí. - Dijo Terry.
No. – Dijo Victoria al mismo tiempo.
¡No! ¿Por qué no? Llevó tiempo organizarlo. – Respondió ofendido.
Confío en ti.
No lo dudo. – Le tomó la mano. – Era el viaje para…
¿Para…? – Sonríe tranquilamente.
Nosotros… - Sonríe dulcemente. Cosa que no era común en el joven rebelde.
Los demás notaron la reacción de Terry. Esto los confundió. ¿Qué podían tener en común Terry y Victoria? Ante la mirada insistente de Terry, Victoria terminó accediendo al viaje.
Está bien… está bien… Iré. Pasas mañana a las 9 de la mañana por mí. ¿Te parece?
A esa hora quedamos. - Le suelta la mano y sigue comiendo.
Si el lugar es como lo describiste, no habrá ningún problema. El espacio será suficiente para todos los eventos. Además, será un fin de semana de descanso para todos los contribuyentes.
¿De qué hablan? – Se atrevió hablar Albert. Sentía celos de Terry; no sabía si era por Candy o por Victoria.
Dentro de quince días se llevará a cabo un evento de caridad que durará un fin de semana. Las personas llegarán a un hotel recreativo. Concursos, premios, actividades y obras de teatro se presentarán. Lo recaudado será destinado a las obras de caridad. - Continúa. – Es una lástima que ustedes no estarán. Será un gran evento.
¿Va estar usted en ese evento, Eleanor? - Pregunta Archie.
Por supuesto. Uno de los organizadores es mi hijo. No puedo faltar.
Gracias, mamá.
De nada, hijo. Siempre cuentas con mi apoyo.
Entonces haré lo posible por venir. - Acertó Archie.
Después de terminar el almuerzo, se fueron a tomar el café a la sala. Ahora platicaban con más tranquilidad. Llegó la hora para que Eleanor y Terry se despidieran de todos.
Ha sido un placer conocerlos. Espero verte en el evento, Archie. – Habló Eleanor.
Claro, haré todo lo posible. - Afirmó Archie. – El gusto fue todo mío. No lo dude.
Adiós, amigos. Fue un gusto verlos de nuevo. – Terry tomó la mano de Candy y la besó. A Albert se le notaba la furia en su rostro.
Salieron por la puerta principal. Archie seguía en la puerta despidiéndose de Eleanor. Entonces, Albert dijo que ellos también se irían. Se levantaron de sus asientos. Candy subió por su abrigo. En ese momento, Victoria aprovechó para hablar con su amigo.
Discúlpame. No sabía nada de esto.
No te preocupes. Yo tampoco me imaginaba que algo así sucedería.
Mira. – Victoria habló bajito. - Cuando llegues al hotel, toma a Candy y le haces el amor.
¡Qué dices!
No te hagas el ingenuo que ese papel no te sirve. Yo, sobre todas las personas, te conozco bien. Hazle el amor si no quieres perderla.
No sé a qué te refieres.
Otra vez con la ingenuidad. ¿Viste cómo se miraban?
Sí… ¿No estarás celosa?
¿Celosa? Dirás celoso, tú. Si te descuidas, te quedas sin ella.
¿Por qué lo dices? Mientras él esté con Susana Marlow, Candy nunca le hará caso.
¡No puede ser! ¿A caso no sabes que ella murió la semana pasada?
No lo sabía.
Cuando él habló sobre el viaje y dijo que era para nosotros, hablaba sobre la viudez.
Cuéntame todo.
Se casó hace un año con Susana por puro compromiso. Ese matrimonio fue un desastre desde antes. Él nunca pudo olvidar a una mujer de su pasado. Los dos vivían frustrados atrapados en ese infierno. Llegó el punto en el que lo chantajeó para que estuviera con ella… tú me entiendes.
Sí…
Resultó embarazada. Ya tenía unos seis de embarazo cuando se le complicaron las cosas. Fue todo tan rápido.
Entonces…
Entonces, para no hacértela larga, ella y el bebé murieron. La enterramos la semana pasada.
¡Cómo es eso posible! Por eso vestía de negro. ¡Pobre!
Si ella no sabe nada, tienes que aprovechar. En el momento en que se entere, ¿qué pasará?
No sé. ¿Qué hago?
Hay otra opción.
¿Cuál?
Haz de conocimiento general que Candy es tu novia.
Candy bajó por las escaleras. Se despidieron y se fueron.
Los tres volvieron al hotel sin percatarse que los iban siguiendo. Subieron las escaleras principales. Cada uno se dirigió a su habitación.
Buenas noches, Archie.
Buenas noches, Candy. Albert, te veo mañana.
Buenas noches. Candy, espera. Quiero hablar contigo.
Está bien. Acompáñame.
Archie entró a su habitación. Albert y Candy entraron a la de ella. Desde abajo, un caballero vestido de negro vio lo que sucedía. El deseo de buscarla se había encendido desde el momento que la vio bajar las escaleras con ese vestido tan provocativo. Se preguntó. - ¿Qué querrá Albert? Entró a su cuarto. Tendré que esperar a que salga. Me sentaré acá.
Adentro de la habitación del hotel, los novios no se intercambiaban palabras.
¿Qué te pasa, Albert?
Me pasan muchas cosas. - Dijo algo enojado. - ¡Mira tu vestido! Es muy escotado, dejas ver casi de todo. ¿Qué habrá pensado Archie? ¿Eleanor? Y… Terry…
Lo que piensan ellos no me importa. ¿No te gustó el vestido? – Contestó enojada. - Este lo compré para ti, pero si no te gusta… - Se empezó a quitar el vestido. Albert la miraba con una mirada dura. – Entonces… no te gustó… - La picardía se le notaba en su sonrisa.
No, no es eso. Me encantó el vestido. Te ves increíble. Ese color te queda precioso y la imaginación me llevó…
Ajá… - Al fin quedó frente a él, sin haberse dejado caer el vestido. Levantó su rostro para rozar los labios de él. – Cualquiera diría que estás celoso.
Lo estoy. Terry estaba ahí. ¿Cuáles son tus sentimientos hacia él?
Esos no importan.
Importan mucho.
No, no importan. Los importantes son mis sentimientos hacia ti. ¿No me ves? ¿No lo sientes? - Lo veía con una mirada mezclada de dulzura y deseo.
¿Estás segura de lo que sientes?
¡Cómo me puedes preguntar eso!
Porque las cosas son diferentes. Él es…
…nada. Somos tú y yo.
¿Si fuera soltero?
¿Cómo?
Sí, ¿qué pasaría si fuera soltero?
¡Qué tontería! Eso no es así. Él está casado con Susana Marlow. Salió en todos los periódicos.
Si algo hubiera pasado…
Nada… ya no quiero escuchar nada. – Le exigió. – Abrázame.
Albert la abraza. Ella sube la mirada y le sonríe. Él la besa tiernamente. Así se quedaron un buen rato.
Candy, mejor me voy. No quiero aprovecharme.
No, quédate. No te estás aprovechando.
No sé. Estoy confundido.
Yo estoy muy clara con mis sentimientos.
No lo creo… - Decía Albert. Pensaba. - Su condición ha cambiado. Ahora es viudo. Si te enteras, ¿cambiarán las cosas? No puedo hacer nada. Sería aprovecharme con la información que tengo y ella no. - La besó y se fue.
No te entiendo. ¡No te vayas! – Dijo Candy por último.
Unos minutos más tarde tocan a la puerta.
¡Albert! Yo sabía que regresarías. – Exclama Candy al abrir la puerta. - ¡Terry!
Hola, Candy. ¿Puedo entrar?
En el bar se encontraba Albert. No podía creer que Terry apareciera otra vez. Más aún, se ha convertido en viudo; libre de ataduras. Ya no está Susana para detenerlo. Los sucesos de su vida pueden cambiar en el instante en que Candy se entere de todo esto. Lo verá con compasión. Terry puede aprovecharse de esto para conquistarla de nuevo. Quería ir a buscarla, entrar en su habitación y despertar a la mujer dentro de la dama otra vez. Para ahogar su angustia, se tomó unos cuantos whiskeys. Así se levantó, pidió el automóvil.
Adentro de la casa, se escuchaban los golpes que le daban a la puerta que despertaron a todos. El mayordomo, el Señor Wilson, respondió al llamado.
¡Señor Andley! ¿Qué se le ofrece a esta hora?
¡Victoria! – Gritaba. - ¡Victoria, baja en este instante!
La Señora James está dormida. Por favor, retírese.
¡Victoria! Ven; habla conmigo. Si no vienes, subiré.
Señor Andley, por favor.
Llámela rápidamente si no quiere que suba por ella.
Pase adelante, siéntese. Ahora la llamo.
Victoria miraba la escena desde un lugar aparado en el segundo piso. Estaba muy sorprendida ante la insistencia. Por eso, decidió recibir a su amigo.
No tienes que gritarme, ¿sabes?
Tengo que hablar contigo. - Se levantó de la silla para después acercarse a ella.
Está bien. Tranquilo. – Dijo la anfitriona. Se dio cuenta que los empleados estaban alarmados, murmurando. Se volteó hacia ellos para contarles una historia. - Les presento al Señor William Andley; compañero de clase en el colegio y el hombre que me presentó a mi esposo. – Con esta aclaración, todos se calmaron. - No se preocupen. Atenderé a mi amigo de la infancia. Todo está bien.
Todos los presentes se retiraron en ese momento, excepto el Señor Wilson, quien se acercó a Victoria.
Señora, él está borracho. ¿Está segura que quiere que me vaya?
No se preocupe. Yo puedo manejarlo. No es la primera vez que lo veo así. Es más, mi esposo y él se pusieron su primera borrachera juntos. En todo caso, lo dejo dormir en el cuarto de alguno de mis hijos o el de visitas. Pero necesito que me haga un favor. Le daré las llaves del carro para que lo entre al garaje.
Muy bien, Señora James.
Buenas noches.
Buenas noches.
Se quedaron solos en la sala. Victoria ya estaba preocupada puesto que su amigo se miraba turbado. Lo llevó al sofá. Se sentó a la par de él.
¿Qué tienes, Willy? No te he visto así desde hace mucho tiempo.
Dame algo de tomar. Un whiskey o algo.
Ahora te lo traigo. - Se levantó a preparar un whiskey en las rocas. Se lo llevó. - Háblame.
Estoy confundido. La noticia de Terry me dejó helado.
¿Qué pasó en el hotel?
Fui al cuarto de Candy. Me dijo que ella estaba segura de sus sentimientos hacia mí.
¿Entonces, qué te preocupa? Ella te quiere.
No sé. ¿Qué pasa si no lo ha olvidado?
En vez de estar aquí conmigo, deberías estar con ella averiguando la respuesta a tu pregunta. Sería mejor que tú mismo le cuentes.
¿Tú crees?
Sí.
No sé. – Sin pensarlo, se acercó a la boca de ella y la besó. Fue el primer beso que se daban desde los tiempos del colegio.
¡Qué haces, Willy! - Se separó rápidamente.
No te resistí. Desde que recordé nuestra primera noche, no he podido dejar de pensar en…
No lo digas. Eso ya no vale la pena…
¿No? – Se acerca nuevamente para besarla. - ¿Segura? - La vuelve a besar. Ella, no aguantó más, le respondió.
No… por favor… te lo ruego… - Sin poder detenerse.
Recuerdo estos labios… - Mientras la besaba en los labios. - …este cuello… - Mientras la besaba en el cuello. - …estos… duros… deliciosos…
Mmmm… - Le acariciaba el pelo con sus manos.
¡Qué rico! Me hacía tanta falta… - Bajaba su boca cada vez más. Cuando llegó a tocar la feminidad de ella exclamó. – Recuerdo esto… ¡Es impresionante!
¿Qué?
Lo sigues teniendo muy firme. ¿Cómo es eso posible? - Dijo él.
Ante este comentario, ella se separó rápidamente. Ese comentario la regresó al presente.
Willy, ven. – Le extendió la mano.
Con gusto… contigo… hasta el fin del mundo…
Él alcanzó la mano. Se levantó y caminó detrás de ella. Subieron las gradas. Se dirigieron a una puerta. Entraron a la habitación. Victoria lo empujó a la cama.
Willy, duerme. Te veo mañana.
¡Qué! Quédate, no me rechaces. Recordemos nuestros días en el colegio; antes de que Arthur te robara.
No pienso hablar de eso. Buenas noches. - Fueron las últimas palabras antes de salir.
Monapecosa y themis78, gracias por sus comentarios. Ya veremos qué sucede. Espero les guste tanto como a mi amiga Rocío.
