Capítulo 5
El desaparecido
Buenos días, Sr. Andley. Le ofrezco una disculpa por hacerlo esperar.
No hay problema.
¿En qué le puedo servir?
Vengo por el contrato que vine a firmar el viernes.
Muy bien. Venga conmigo.
Entraron a la oficina de la Señora James. Todo se veía muy desordenado. Torres de papeles y carpetas cundían la oficina. Albert parado en la puerta incrédulo ante la visión de una ambiente caótico.
Pase adelante. Ahora le doy el documento.
Bien. – Con tono extrañado preguntó. - ¿Qué pasa? Todo está desordenado.
Sí… - Buscaba los papeles por todos lados.
No me imagino a Victoria con una oficina así.
No. Ella no es así.
¿Entonces?
Permítame un momento; ahora voy. – Seguía buscando los papeles en el escritorio. Abría y cerraba gavetas. Tomó todo lo que encontró con el nombre del Señor Andley. – Ya estoy encontrando unos sobres.
Tranquila, la espero.
Gracias.
Señor Andley, le entrego los sobres que encontré. – Le entregó dos sobres.
Gracias por atenderme. Veo que están muy ocupados.
Sí. Lo que pasó nos tiene descontrolados.
¿Lo que pasó?
Sí. ¿Usted no sabe lo que le pasó a la Señora James?
¡No! ¿Qué le sucedió? - Se le encogió el corazón y el estómago le dio vuelta cuando vio el rostro de la secretaria a punto de llorar. – Por favor. Dígame, ¿qué sucedió?
¡Ay, Señor Andley! No sé cómo se lo diré…
Pues… claramente y al grano… rápido…
La Señora James tuvo un terrible accidente.
¡Qué! ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Qué pasó? ¿Cuándo?
Hace dos días regresaba del hotel donde se llevará a cabo una actividad organizada por ella.
Sí…
Parece que se les atravesó un animal por la carretera y para no atropellarlo se desviaron. Chocaron el carro. Fue horrible.
¿En dónde está la Señora James?
Está en un hospital en las afueras de la ciudad. - Lloraba.
¿Por qué en las afueras?
Por que está muy delicada. Según las últimas noticias, ella no ha despertado.
Ella no iba sola. Terry iba con ella. ¿Qué pasa con él?
No le sabría decir. De él no tengo noticias.
Déme la dirección del hospital. – Recordó a los dos hijos. - ¿Los niños?
Los niños están con los papás de la Señora. Ya se les mandó mensaje, pero no creo que puedan venir. Los dos están enfermos. Además, las instrucciones que dejó en caso de emergencia es que los niños se queden allá. Les mando noticias en cuanto yo me entero de ellas. Ahora le doy la dirección. - Fue a su escritorio y apuntó la dirección en un papel. Se lo dio a Albert.
Gracias.
Albert no podía creer la noticia que había recibido. Una aflicción muy fuerte invadió su corazón y su mente. Pasaron por su mente muchas posibilidades de lo sucedido. Imaginaba a Victoria en medio de chatarra, sangrando, inconciente; herida. Preocupado, sin saber qué hacer, salió del edificio.
Albert decidió ir directamente al hotel. Allí, Candy lo esperaba para salir a dar otro paseo por la ciudad. Esta vez iban a dar una vuelta en barco por el río. Ella estaba muy emocionada. Lo esperaba con mucha ansia y emoción en su habitación. Archie estaba en el lobby en espera de la llegada de Albert.
¡Albert! – Llamaba a su tío.
… - Caminaba sin poner atención.
¡Albert! – Le jala la camisa para llamarle la atención. - ¿Qué te pasa?
Archie. Perdóname. Acabo de recibir una noticia que me dejó helado.
¿Se perdieron los papeles?
No.
¿No firmaron los abogados?
No. Ya los tengo en uno de estos sobres.
¿Entonces?
Es Victoria… tuvo un accidente.
¡Qué!
Tuvo un accidente y está inconciente en un hospital afuera de la ciudad. Parece que está grave.
¿Cómo?
Venía del hotel donde se va a realizar la actividad que comentaron el sábado. No conozco los detalles del accidente. En realidad, no me importan en este momento.
Te vez muy afligido.
Lo estoy.
¿Irás a verla?
Eso quiero, pero…
Pero…
Nada, no me hagas caso. – Pensando en que a Candy podía no gustarle la idea.
Tío, ¿no manejaba Terry?
Sí. No saben nada de él.
¡Eleanor! – Dijo Archie muy preocupado. - ¡Debe saberlo!
Supongo que lo sabe.
¿Queda muy lejos el hospital?
No.
Entonces, ¿qué esperamos? – Preguntó. - ¿Le dirás a Candy?
Desde que recibí la noticia no he podido llegar a una decisión.
Sería prudente que se enterara por ti y no por algún periódico.
Tienes razón. Iré a hablar con ella ahora. Para mientras, prepárate para ir al hospital. Pide un automóvil al conserje del hotel.
Bien. Los espero dentro de quince minutos en la puerta.
¿Cómo le iba a dar la noticia a Candy? ¿Qué palabras escogería? Subió las gradas rápidamente. Pasó a su cuarto primero para dejar los sobres sobre el escritorio. Luego, llegó a la habitación de Candy y tocó la puerta.
¡Albert! Ya viniste. Me encanta tu puntualidad. – Dijo abriendo la puerta. – Estoy muy emocionada con la excursión de hoy. Lo mejor de todo es que estaremos solos. Me muero por pasar tiempo sin tener que compartirte. – Lo miraba con mucha inquietud.
Candy… - Dijo con un gesto turbio y nervioso.
¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
No. No soy yo quien está mal.
¡Me asustas! ¿Qué sucede?
Es Victoria y Terry…
¿Cómo?
Mira…
Dime qué pasó…
Mira. Parece que tuvieron un accidente en automóvil. Regresaban de una excursión cuando sufrieron el percance.
¿Cómo están?
Victoria está en un hospital afuera de la ciudad.
¿Terry?
En la oficina de Victoria no sabían nada de él. – Siguió preguntando. - ¿Te molesta que vaya a verla?
No, claro que no. Pero no irás solo.
No. Archie irá conmigo.
Yo también iré.
No hace falta. Quédate tranquila en el hotel.
Nada de eso. Voy contigo.
Bien. Archie nos está esperando abajo.
Vamos.
En el trayecto hacia el hospital, las palabras que se cruzaron fueron pocas. Cada uno tenía sus propios pensamientos y preocupaciones. Las razones de Albert para ir a buscar a Victoria no eran claras. ¿Por qué le estará afectando tanto lo sucedido? ¿Siente algo por ella fuera de la amistad que comparten? Y Candy no se queda atrás. ¿Irá por Terry o por acompañar a Albert? La situación era tan trágica que ninguno de los dos tuvo la cabeza para hacerse estas preguntas. Archie, por su parte, no pensaba en nadie más que en Eleanor Baker y su afán por confortarla.
Llegaron al hospital. No encontraron a nadie en la sala de espera general. Se dirigieron al escritorio de información.
Disculpe. ¿Dónde podemos encontrar a la Señora Victoria James y al Señor Terry Grandchester? – Albert dijo.
No podemos darle esa información, Señor. Lo siento mucho.
Usted no entiende, señorita. – Candy le exigía a la enfermera. - Tenemos que verlos.
Por favor. – Suplicó Archie.
No puedo decirles nada. Lo siento.
Al fondo del corredor se deslumbró una figura femenina ya reconocida por los tres. Era Eleanor.
¡Eleanor! – Gritó Archie.
Por favor, señor. Baje el volumen de su voz. Este es un hospital.
Hola. – Dijo la actriz que venía caminando. Al llegar le habló a la enfermera. – No se preocupe. Ellos son familia.
Lo siento. No sabía. Pasen adelante. – Afirmó la enfermera.
Vengan conmigo. Al fondo hay una sala privada.
Caminaron en silencio por todo el corredor. Efectivamente, al fondo había una sala de espera. Parados en círculo miraban la cara de preocupación de Eleanor. Ella les aclaró que tenían que ser prudentes porque no querían que los medios se enteraran de la situación; de lo contrario, sería un circo. Eso era lo último que querían. Los tres amigos comprendieron perfectamente las razones para la cautela.
Eleanor, ¿cómo están Victoria y Terry?
Albert, Victoria no despierta. Es la peor noticia. Son 72 horas de cuidado. Eso dijo el médico. Todavía estamos esperando, pero… las esperanzas bajan cada hora.
¿Está diciendo que podría morir?
Sí.
¡Eso no es posible! – Repetía Albert a cada momento.
Y… ¿Terry? – Preguntó Candy. - ¿Él?
Mi hijo se encuentra bien. Sólo está golpeado.
¿Puedo verlo?
Todavía no dejan verlo, Candy. Lo siento. Y con tu perdón, quiero entrar primero.
Claro. Claro.
¡Qué modales tengo! Siéntese, por favor.
Se sentaron en las sillas forradas de tela anaranjada. Albert y Candy se sentaron juntos. Él pasó su brazo alrededor de ella. Ella recostó su cabeza en el pecho de él. Se olvidaron la presencia de los demás. Al otro lado del cuarto, Archie se sentó a la par de Eleanor. Le tomó la mano en señal de apoyo; cosa que ella agradeció con una sonrisa.
Los minutos pasaban despacio; muy despacio. El silencio reinaba. Una hora pasó. Llegó el médico. Pidió hablar con Eleanor a solas. Ella se levantó y se fueron a otro lado dejando a los tres visitantes en la sala de espera. Ellos le aseguraron que no se moverían de ahí, no mientras no tuvieran noticias.
Señora Baker, su hijo está bien. Podrá entrar a verlo en unos minutos. Pero me preocupa la salud de la Señora James. No despierta todavía.
¿Está seguro que mi hijo está bien?
Sí. Ya terminamos de hacerle la batería de exámenes. Está perfectamente. Tuvo mucha suerte.
¡Qué alivio! ¿Qué me decía de Victoria?
Le decía que ella no se ha despertado. Eso me tiene un poco inquieto. No sabemos a ciencia cierta lo que le sucede. Tendremos que esperar.
Bueno… a esperar… ¿Puedo ver a mi hijo ahora?
Claro que sí. La llevaré con él.
¡Terry! – Lo llamó desde la entrada.
Mamá. - Dijo con una voz suave al verla entrar.
Hijo. ¿Cómo te sientes?
Me duele todo, pero estoy bien.
Hijo… - Empieza a llorar.
No llores mamá; estoy bien. Te lo aseguro.
Lo sé.
Ven. Dame un abrazo. – Extendió sus brazos. En medio del abrazo hizo una pregunta. – Mamá y… ¿Victoria?
¿Victoria?
Dime cómo está.
Pues… - No sabía qué decirle a su hijo.
Mamá… dime… me estás poniendo nervioso.
Es que no se cómo decírtelo.
Rápido, mamá.
Ella no ha despertado y mientras más tiempo esté así, menos probabilidades hay…
¿Probabilidades? ¿Probabilidades de qué?
… de no salir… - Le salieron unas lágrimas.
¿Morir? ¿Eso es?
Sí, hijo. Lo siento.
¡Llévame con ella! - Se sentó apresuradamente olvidando el dolor de su cuerpo magullado.
No…
¿No? ¡Cómo que no! Llévame. – Le gritó.
No grites. No es que no quiera llevarte.
¿Entonces?
Todavía no dejan que nadie entre a verla. Están esperando a ver si se despierta.
En el momento que sepas algo, me avisas.
Claro. - Suena la puerta y se voltea a ver quien era. – ¡Doctor!
Señora Baker, Señor Grandchester… les traigo noticias de la Señora James.
¡Dígalas! Rápido. – Exclamó Terry.
Despertó… la Señora James despertó. Ahora le están haciendo una batería de exámenes para evaluar su estado. En el momento que tenga otras noticias, les avisaré.
Doctor. ¿Podría ir a verla? – Preguntó el herido.
No se lo recomiendo todavía…
Por favor. Necesito verla.
Está bien. Lo llevaré personalmente a verla. Iré por una silla de ruedas. – Se fue.
Terry, ¿estás seguro que te sientes lo suficientemente bien como para levantarte?
Sí, mamá. Me urge verla. No puedo más sin verla.
El médico llevó la silla de ruedas. Ayudó a Terry a sentarse en ella y lo llevó a Victoria. Ella estaba acostada en una cama con sábanas de algodón blanco. Su cara no mostraba ni un solo morete, ni una sola herida. Su rostro emanaba paz.
Déjeme con ella un momento. ¿Es posible?
Claro, Señor Grandchester.
El médico acercó la silla a la par de la cama.
Victoria. - Susurraba. – Victoria, ¿me oyes?
Umm…
Victoria…
Umm…
Soy Terry. ¿Me oyes? - Se comenzó a preocupar por la falta de respuesta por parte de ella. - El doctor dijo que despertaste. Dime algo, por favor.
Umm… Terry… ¿eres tú?
Sí, Victoria. Soy yo. ¿Cómo te sientes?
No sé. Lo que siento es cansancio.
Bueno. No te esfuerces. - Se levantó de la silla.
Ven aquí. – Pidió.
Acá estoy. – Le tomó la mano y la besó. Ella lo jaló hacia ella. Con señas lo invitó a su par. Él se acostó a la par de ella sin abrazarla. No quería lastimarla. Así se durmieron.
Afuera estaban los tres amigos esperando noticias. Eleanor salió. Les dijo lo que el médico le acababa de contar. Todos estaban contentos que Victoria se haya despertado. Les tocó esperar más tiempo por más noticias.
Señora Baker, ¿ha comido algo? – Preguntó Candy.
No, no he comido desde que me avisaron ayer.
Sería bueno que coma. – Afirmó Archie. – La acompaño a la cafetería; la invito a almorzar.
No sé.
Por favor, lo hago con gusto. Es por su bien. – Le ofreció su brazo, el cual ella tomó, y se la llevó.
Candy, eres una persona increíble. – Albert le dijo.
¿Por qué lo dices?
Porque pensaste en su bienestar. Debe estar hambrienta y ya que Terry está bien, ya tendrá ganas de comer algo.
¡Qué buen susto el que se ha de haber llevado!
El mismo susto que nos llevamos nosotros. – Se voltea a verla de frente. La toma por la cintura y la abraza con mucha ternura. Era el primer momento solos en días. – Dentro de todo lo que ha sucedido, me fascina tenerte en mis brazos.
También a mí. – Sube la mirada a buscar la de Albert. Él se acerca a ella y le plasma un beso fugaz, pero con mucha pasión. – Aquí no. Nos pueden ver.
¿Quién te molestaría que nos viera? ¿Archie o Terry?
Ninguno, cualquiera…
No sé por qué…
Porque lo nuestro no es de conocimiento público todavía. – Le roba otro beso a su amada. Sonrieron. Desde lejos, los miraba un hombre de pelo negro muy sorprendido.
Adentro del intensivo, se acompañaban un hombre y una mujer, amigos… Él acostado a la par de ella. Le acariciaba el pelo para confortarla. Ella despertaba por ratitos. Cada vez que ella despertaba, Terry le pedía perdón por haberle hecho daño.
Perdóname.
No tengo que perdonar. Fue un accidente. – Sin reclamar. – Lo importante es que estamos bien los dos.
¿Estás bien? ¿Segura?
Sí. Ya verás los resultados. Me siento un poco adolorida, pero nada más. Tú, en cambio, te ves mal.
Solo estoy algo magullado y adolorido, pero todo bien.
Verás que no serás el único.
Eso espero.
Volvía a dormir. Así pasaron dos horas. Terry no se separaba del lado de Victoria. Esperaba con paciencia cada momento de lucidez de su amiga. Ella, feliz de encontrarlo a su lado cada vez que abría los ojos. Media hora después, entró el médico.
Señora James, le traigo noticias.
¿Cuál es el veredicto? – Terry interrogó.
Todo bien. Todo bien.
¡Qué bien! Gracias… gracias… - Dijo con la voz ronca del caballero. Abrazó a Victoria con cuidado. Ambos felices.
Doctor, antes de irse quiero hacerle otra pregunta. – La dama dijo. - ¿Cuándo podremos salir de aquí?
Mañana. Mañana. Pero tendrán que estar en reposo una semana. Hagan arreglos para poder hacerlo.
¿Podría llamar a mi madre, por favor?
Por supuesto. - Se fue.
Mañana nos iremos. Te irás conmigo y yo te cuidaré. – Planificó Terry.
¿Cómo crees? Los dos necesitamos ayuda. Yo puedo volver a casa. Ahí tengo a mis empleados. Inclusive, mi secretaria llegará.
¿No dejarás de trabajar?
No puedo. Recuerda que tenemos la actividad en el hotel y después…
…después te irás a Londres. – La voz se escuchó triste.
Empieza el colegio de mis hijos. Lo sabes.
Sí, lo sé. Te juro que iré a verlos cada dos o tres meses. ¿Me aceptarás en tu casa?
Siempre estás invitado. – Dijo al momento en que Eleanor entró.
Mañana salimos, mamá.
Eleanor, ¿tú sabes quien nos trajo aquí?
¿De verdad, hijo? Me alegro. – Volteó a ver a Victoria. - Sí, sé quien es. ¿Por qué?
Quiero verlo. ¿Será posible que lo localices y lo traigas?
Estaba en el hospital, lo vi en uno de los corredores.
Tráelo por favor.
Está bien. – Respondió. – Hijo, es hora que regreses a tu cuarto. Deja descansar a Victoria. Mañana será un día lleno de emociones.
Disculpa, ¿te puedo pedir otro favor? – Dijo Victoria.
¿Qué necesitas?
Llama a mi oficina. Dile a mi secretaria que llame a mis padres porque mis hijos se quedarán con ellos otra semana. El doctor dio instrucciones de pasar tranquila esta semana.
Muy bien. La llamaré. Vamos, Terry.
Te veo mañana. Descansa, Victoria. – Él le dio un beso suave en los labios. Eleanor se quedó sin palabras al ver el gesto de su hijo. Esa ternura en el trato por parte del actor no era su característica particular. Parece haber dejado su sarcasmo y su cinismo en medio del metal retorcido.
Veinte minutos más tarde, entraba un hombre alto, de pelo negro y gafas a la habitación de la Señora James.
Buenas tardes. ¿Puedo pasar?
Por favor. Lo esperaba. Siéntese.
Gracias. ¿En qué puedo ayudarla?
Al contrario, soy yo quien debo agradecerle su ayuda.
No hay de qué.
No se imagina lo agradecida que estoy. Dígame a qué se dedica.
Ahora estoy entre trabajos.
¿Qué hizo antes?
Volaba aviones.
¡Qué interesante! ¿Qué lo hizo parar?
Tuve un accidente. Ya no me permitieron volar.
Espero que todo esté bien con usted.
Sí. Estoy perfectamente, pero tengo que cambiar.
¿Ha estudiado?
Sí. Tengo un título en Administración.
¿Dónde estudió?
Estudié en Londres.
¿En Londres?
Sí. Allá estudié.
Le plantearé algo. Yo estoy buscando una persona que se encargue de la oficina. Quiero dedicarle más tiempo a mis hijos. Piense si le parecería el trabajo.
La oficina queda en…
Nueva York. Si le interesa, venga el lunes a verme. Estaré trabajando desde casa por las instrucciones del médico. Lo esperaré. Mi dirección es… - Le dio la dirección. – Le pediré discreción con esto. Nadie lo sabe. ¿Puedo contar con usted?
Sí. No le diré a nadie.
¿Qué tipo de trabajo le gustaría ejercer, Señor…?
