Capítulo 7
El nuevo camino de Stear
Pasaron los días rápidamente. Archie y Candy regresaron a Chicago. Fueron por la Tía Elroy. Convencerla de ir al fin de semana organizado por Victoria fue una tarea más difícil de lo que se imaginaban. Albert tuvo que mandar un telegrama para pedirle que fuera. Al fin, accedió. En las oficina, George escuchaba la historia contada por Archie. No lo podía creer. Prometió mantener el secreto hasta que llegaran instrucciones de Albert.
En Nueva York, Stear iba a la casa de Victoria todos los días.
Buenos días, Stear.
Aquí estoy otra vez. Cada vez me está costando más zafarme de Albert.
Pero ya es viernes. No hay problema. La semana que entra algo se nos ocurrirá. – Dijo Victoria. – No entiendo por qué no le has dicho que te quedarás aquí.
No puedo. Todavía no. Quiero estar instalado.
Ya encontraste un apartamento más cerca supongo.
Ya. Tengo que esperar una semana para poder habitarlo. Te llevaré cuando esté todo listo. Antes de irte.
Con mucho gusto iré.
¡Hola! – Terry dijo desde el corredor.
¿Cómo amaneciste? ¿Te sientes mejor? - Preguntó Stear.
Ya me siento mejor. Me siento como si nada.
Siempre te miro acá. ¿Aquí vives?
No. Yo tengo mi apartamento, pero en estos días me quedé para atender a Victoria.
¿No tienes que cuidarte tú también?
Yo no sufrí tanto como ella. - Se acerca a la dama; le toma la mano y la besa con gentileza.
Esa galantería no te la conocía. ¡Has cambiado! – Habló Stear sin pensar. Terry lo volteó a ver y se sonrojó un poco. Stear, al darse cuenta, cambió de tema. - ¿Empezamos?
¿Tú te quedarás en el lugar de Victoria? – Preguntó el inglés.
Sí. Él se quedará por mí. Si necesitas algo y no puedes localizarme personalmente, te comunicas con él.
Se van a enojar cuando se enteren que te quedas aquí.
No me importa. No quiero regresar a Chicago. Ya no es mi hogar.
Te comprendo. Uno encuentra su lugar y ya no se quiere ir. – Terry dijo al irse.
¿Tienes mucho contacto con él? – Preguntó con curiosidad.
Sí. Él y su madre son amigos cercanos.
Me imagino que se llevan mejor desde que Susana Marlow murió.
¿Estás insinuando algo?
No. No lo estoy.
Te aclararé una cosa y se acabó. Terry y yo somos amigos. Eleanor nos presentó. Mientras nuestras parejas vivían pasábamos tiempo juntos. Cuando mi esposo murió, Terry fue un gran apoyo. Me ayudó a resolver lo del funeral. Cuando su esposa murió, le devolví el favor. Tú ya has perdido a personas allegadas a ti. Sabes lo importante que se convierten las personas que te ayudan a pasar este trago tan amargo. ¿Claro?
Sí… perdóname. En ningún momento quise decir otra cosa, más que amigos. Te comprendo y sí sé de lo que hablas. ¿Te parece dejarlo ya?
Sí me parece. A trabajar.
Solo tengo una última pregunta.
Hazla.
¿Él sabe a dónde vas?
A parte de ti, sólo él sabe todo. Claro que mi secretaria también. Serán las únicas personas que lo saben. No importa quién te pida información; ni al presidente mismo le dirás nada sin consultarme.
Está bien. Trabajemos.
En la mañana del lunes, Victoria ya se encontraba en su oficina. Stear llegó corriendo. Escribió una nota y se fue a otro lado. En la nota explicó por qué se escondió. Albert iba en camino a James Inc. para hablar con su amiga. Ella leyó la nota con detenimiento. Tenía razón de esconderse.
Señor Andley. ¿Cómo puedo ayudarlo hoy?
Quiero ver a Victoria. Me dijeron en su casa que estaría de vuelta en la oficina.
Sí. Acá está. Le avisaré que la espera.
Entró a la oficina. Victoria le dio instrucciones de llevar a Stear al tercer piso y que trabajara con él desde allá. La secretaria salió.
Pase adelante. Ella lo espera.
Gracias.
Se levantó de la silla. Atravesó el marco de la puerta; la cerró detrás de él.
Buenos días, Victoria.
Buenos días, Willy. ¿Qué te trae por aquí?
Vengo a hablar contigo. Con todo lo sucedido la semana pasada no pudimos conversar.
¿De…? Ya tienes el contrato.
Sí. Pero no es de lo que quiero hablar.
Soy toda oídos.
Uuuhhh… - Estaba indeciso. – Amanecí en tu casa. El Señor Wilson fue muy amable en atenderme. Ya te habías ido cuando desperté.
Me fui sin despedir. Es cierto. Era mejor dejarte dormir.
¿Qué pasó la noche anterior? ¿Sabes cómo llegué…?
No te puedo contar mucho. Cuando llegaste a mi casa me llamabas a gritos. Despertaste a todos. El Señor Wilson metió tu carro al garaje y yo te llevé al cuarto de huéspedes. Ahí te quedaste dormido.
¿Qué dije? ¿Qué pasó?
No se a qué te refieres.
No seas mentirosa. Lo sabes.
Llegaste preocupado por Candy y Terry. De eso hablaste.
¿Solo eso?
Solo eso.
Mentirosa otra vez.
Me lo vuelves a decir y sales de mi oficina más rápido de lo que entraste.
¿Por qué no quieres hablar de lo que sucedió entre nosotros?
Si te acuerdas, para qué preguntas.
No recuerdo si te ofendí… me dejaste confundido.
No pasó nada. – No quería decirle sobre su comentario. Sería admitir algo que no quería aceptar.
No recuerdo el comentario ofensivo. Te ofrezco una disculpa por eso.
No tienes que disculparte. No recuerdo. Te lo dije. – Un poco molesta. – Ahora, cambiemos de tema.
Está bien. – Se resignó a no hablar al respecto, aunque se recordaba perfectamente de lo que había dicho. – Quiero saber si puedes incluirnos en tu fin de semana de caridad.
Claro que sí. Puedo hacerles la reservación. ¿Quiénes serán?
Traeré a la Tía Elroy para que vea a Stear.
Bien. La Tía Elroy… - Apuntaba.
Stear y Archie…
Bien…
Candy y yo…
…serán tres habitaciones. Una para la Tía Elroy. Una para los hermanos Cornwell y otra para ti y Candy. ¿Correcto? – Sin levantar la vista de su lista.
No. Necesito cuatro. Candy y yo no compartiremos habitación.
Disculpa, lo olvidé.
Men…
¿Qué? - Señalando la puerta. – No entiendo qué esperas para contarle a todos sobre tu relación.
Yo tampoco. – Miraba a los ojos a su primera amante. Con ella tampoco había podido decirle a nadie. Eso no sucedió con las otras dos novias de Albert. A ellas las presentó a su tía.
Mjj…
¿Tú te hospedarás en el hotel también?
Sí. ¿Recuerdas a Carry Lewis?
Sí.
Él es el dueño del hotel.
¡Wow! Será excelente verlo de nuevo.
Sigue igual. Jajajajaja…
Ya veremos. ¿Te quedarás en el mismo piso que nosotros?
Estoy segura que le encantará tenerte en su hotel. Es un hotel muy bonito. Todo lo organizó de una manera excelente. No me puedo quejar. Todo lo recolectado se invertirá en las casa hogar. Estoy muy emocionada. – No quería contestar la pregunta. - Espero que no llueva porque hay juegos al aire libre, un almuerzo, un baile…
Responde… ¿estarás en el mismo piso que nosotros?
No.
¿Dónde estarás?
A varios metros del complejo principal hay una cabaña. Ahí estaré.
¿Por qué tan lejos?
Carry lo decidió así. Es una cabaña muy bonita.
Te iré a visitar. Pasar un rato…
No lo creo. No estaré sola.
¿No?
No.
¿Con quién estarás?
Yo estaré en una de las habitaciones, pero hay otra. Ahí se hospedará otra persona organizadora.
¿Quién?
¿Te importa?
… - Era una mirada celosa, enojada…
No me mires así. – Dijo Victoria. – No tengo porqué darte explicaciones.
No… tienes razón. – Se levantó de la silla. Rodeó el escritorio hasta llegar a ella sin quitarle la vista. Se inclinó y la besó.
Llegó el fin de semana de caridad. Era sábado por la mañana. Todos llegaban en sus automóviles al lugar indicado. Victoria, Terry y Carry atendían a los invitados. El personal del hotel llevaba a cada uno a su habitación. Dio el medio día, la hora del comienzo del evento. El sol en el cielo azul, una que otra nube y aire fresco fluía. Sobre la tarima, Victoria se dirigió a los asistentes.
Bienvenidos. Muchas gracias por participar en este evento. Su contribución beneficiará tantos niños. Espero que disfruten de todas las actividades.
Abrió el evento. Las personas se movían alrededor del hotel buscando alguna actividad que les gustara. Los organizadores se trasladaban de un lugar a otro. Risas y carcajadas entre juegos, bailes y concursos. Llegó la noche; el baile de gala. En la mesa principal se sentaron Victoria, Terry y Carry. Acompañándolos estaban la Tía Elroy, Albert y Candy.
Elroy. ¡Qué bueno verla!
Victoria, hija. ¿Cómo estás?
Muy bien, a decir verdad. ¿Qué le parece el evento? ¿Lo está disfrutando?
Sí. ¿Quién se iba a imaginar que ibas a ser tan buena para estas cosas?
Tuve una excelente maestra, a pesar que fue por carta. Sus consejos me ayudaron. – Se dieron un gran abrazo; como si fueran amigas de años. Albert estaba confundido.
Siéntese aquí, Elroy. A la par mía. Será un honor.
Gracias. – Se sentó.
Le presento a los demás. Él es Terry Grandchester; es otro de los organizadores. Y Carry Lewis, el dueño del hotel.
Un gusto señores.
El placer es nuestro. – Dijo Terry.
Es un gusto verla, Tía Elroy. ¿Se acuerda de mí? Soy Carry Lewis, compañero de colegio de Albert.
Sí… sí… ¡Qué gusto verte de nuevo!
Bienvenida a mi hotel. Siempre habrá un lugar para usted.
Como siempre. Un adulador…
Jajajajaja… - Rieron Victoria y Albert.
William… William… amigo… - Dijo Carry al ver a Albert.
Carry… - Se dieron un fraternal abrazo. - Espero que tengamos tiempo de platicar durante este fin de semana.
Eso espero. Ahora sentémonos. Ya es hora de la comida.
Se sentaron a la mesa redonda de izquierda a derecha: Victoria, Terry, Carry, dos asientos vacíos, Candy, Albert y Elroy.
Faltan dos personas. ¡Qué falta de cortesía contigo, Victoria!
No, no lo es. Están por llegar. Cene tranquila.
Pasaron la comida. Todos cenaron a gusto. Albert se sorprendía de la familiaridad con la que su Tía y su primera novia hablaban. Todos estaban animados. Antes del postre, dos hombres se acercaron a la mesa.
¿Archie? Tú eras el que hacía falta. ¡Cómo no te da vergüenza con Victoria!
Tía… - Mira a su derecha. Elroy también.
¿Stear?
Hola, Tía Elroy.
Stear. – No podía creer lo que miraba. Ni siquiera se desmayó de la impresión. Se levantó de su silla. Caminó hacia su sobrino con paso seguro sin dejar de verlo a los ojos. Estando cerca, se abalanzó hacia Stear estrechándolo en un gran abrazo.
Todos miraban esa escena. Candy y Victoria lloraban sin parar. Elroy decidió sentarse a la par de Stear. Se corrieron los demás. Así, Albert quedó entre Candy y Victoria hasta el final de la noche. Al fondo se escuchaba la banda tocando música; acompañaron la conversación durante la noche.
A las 10 de la noche, se abrió el baile por los dos organizadores. A la mitad de la pista, se pararon Terry y Victoria. Ella vestía un vestido negro ceñido hasta la cintura; el escote llegaba al borde entre la seducción y la elegancia; la falda era amplia con una pequeña cola que recogió con la mano derecha y dejaba ver una serie de encajes negros y grises. Él vestía un traje negro; chaleco negro y camisa blanca. El corbatín ascot era gris. Ellos hacían juego. La tomó por la cintura, le tomó la otra mano. La acercó y comenzaron a bailar. Los presentes los observaban con admiración. Parecía que volaban en el aire. Hicieron pareja. Se miraba y sentía la magia estando los dos juntos. Daban vueltas por toda la pista. Se quedaron viéndose a los ojos. Olvidaron dónde estaban, qué estaban haciendo y el hecho que estaban siendo observados por tanta gente. La música aceleró su ritmo. Terry la tomó más posesivamente para evitar caer al bailar. Cuando paró la música, ellos se detuvieron. Se tardó un poco en soltarla. Hicieron su reverencia y fueron por otras personas para seguir con el baile.
Candy bailaba con Archie y Stear seguía con Elroy. Albert se dio cuenta que Terry y Victoria ya no estaban en el salón. Los buscó por cada rincón. Salió al balcón. A lo lejos vio a una pareja caminando hacia una cabaña retirada. Suspiró. Del corazón emanaron sensaciones extrañas. Regresó al salón. Elroy quería irse a dormir. Stear se ofreció a llevarla. Albert decidió irse a dormir también. Se acercó a Candy y a Archie. Les informó su decisión. La pareja de bailarines estuvo de acuerdo y decidieron seguir al resto de la familia. Se fueron a dormir.
Esperó unos minutos, salió de su habitación. Tratando de no ser visto caminó en medio del campo. Quería llegar hasta la cabaña.
Adentro de la cabaña estaban los organizadores hablando de lo maravilloso del día.
¡Ha sido un éxito, Victoria! Te felicito.
Gracias, caballero. Sin tu ayuda, no lo hubiera logrado.
Eso es cierto.
Todas las actividades se llevaron a cabo según el plan. Carry es un excelente organizador de eventos.
Sí, lo es. Además, tuvo buen gusto en encontrar la banda de esta noche. Te serviré una copa de vino.
Súper. - Se sentó en el sofá. Se quitó los zapatos y subió los pies sobre la mesa de centro.
Acá tienes. – Le dio las copas de vino. Se sentó a la par de ella. Recibió su copa. – Brindemos. Por un excelente día.
Por un excelente día. – Tomaron un sorbo. – El momento que Elroy vio a Stear fue exquisito.
Me di cuenta… jajajaja… no dejabas de llorar.
Búrlate…
¿De ti? – Acercando su rostro al de ella. – Nunca. – La besó sin abrir su boca. – El lunes regresan tus hijos y te irás al siguiente. Esta es la última oportunidad de estar así… juntos… solos… – La miraba a los ojos. – Sé mía… sé mía antes de irte… - La besó de nuevo. Esta vez, ella respondió.
Se pusieron cómodos cuando afuera se escucharon unos ruidos raros. Terry se levantó.
Quédate aquí. No le abras a nadie.
No salgas. ¡Estás loco! No me dejes.
No te voy a dejar, veré por la ventana.
Ni se te ocurra. Siéntate.
Tocaron a la puerta.
Iré a abrir.
Ten cuidado.
Tranquila. Si fuera un maleante, no hubiera tocado. ¿Crees?
Jajajaja…
¿Quién es?
William Andley. Abra la puerta. Quiero hablar con Victoria.
Pasa adelante. – Abrió la puerta. - Te ofrezco una copa de vino. Estamos celebrando el día.
Gracias. - Entró, vio a Victoria sentada en el sofá. Ella estaba sorprendida, pero lo ocultó.
Solo platicaron.
El domingo fue un día maravilloso. Elroy no soltaba a Stear.
Tengo todo planificado. Volverás a Chicago con nosotros. Trabajarás en las compañías familiares.
Lo siento, tía. – Dijo el caballero. – No regresaré con ustedes. Tengo trabajo aquí.
¿Cómo se te ocurre? Regresarás con nosotros y ya.
No. No lo haré.
¿Por qué me contradices?
Porque ya tengo mi vida. Tengo un trabajo. Tengo un apartamento. No regresaré.
No te entiendo.
Nada hay que entender. Acepta que ya soy grande. Tomo mis propias decisiones. Encontré un trabajo que me gusta. Estoy feliz aquí. ¡No volveré a Chicago!
Me parece insólito lo que dices. – Empieza a derramar una lágrima.
Tía, no es que no los quiera. Es que soy otro. He logrado las cosas por mí mismo. Es una nueva vida. No los excluyo a ustedes; solo agrego a más personas.
Veremos que dice William al respecto.
Lo que opine, me da igual. No me voy. Punto.
¿Qué pasa aquí? – Llegó Albert.
Stear dice que no se regresará con nosotros, no trabajará en la compañía, no vivirá con nosotros…
¿Stear? – Albert mira a Stear.
Albert, no puedo ir con ustedes. Tengo una vida aquí.
¿La tienes?
Si. Tengo un apartamento y trabajo. Me gusta estar aquí. Me siento bien en esta ciudad.
¿Trabajo?
Trabajo en James Inc.
¿Con Victoria?
Sí.
¿Qué haces con ella?
Estoy en entrenamiento. Todavía no tengo un puesto específico. – Casi suelto el secreto.
¿Eso es lo que quieres?
Sí. Además, mis papeles saldrán la semana que viene. Todo va a estar bien.
Bueno. Si eso es lo que quieres.
Eso es lo que quiero.
William, ¿estás seguro?
Sí, tía. Ni modo. Son sus deseos verdaderos. Ya es grande.
Discutieron durante una hora los tres. En definitiva, aceptaron la propuesta, no tan propuesta, de Stear. Lo dejarían vivir en Nueva York con unas condiciones. Estaba obligado a ir a Chicago para el cumpleaños de Elroy, Navidad y Año Nuevo. De esta forma, Elroy se aseguró de tenerlo a su lado dos veces al año. Le informaron a Archie. No estaba contento; sin embargo, lo aceptó. Terminaron pasar el día muy amenamente.
La oportunidad de estar en compañía única de ellos dos se pasaba a cada minuto. Candy y Albert se echaban miradas cómplices. Buscaban la menor ocasión para tomarse de la mano o bailar o verse. Ella se divirtió en la excursión.
Llegó el momento de regresar a Chicago. Stear los despidió desde el andén antes de regresar a la oficina. Victoria lo esperaba. Ese día recibiría su nuevo puesto: Presidente de James Inc. Nueva York. La semana fue agotadora.
Terry llevó a Victoria y a sus hijos al puerto. Quiso darle un beso a la dama. No se atrevió frente a los niños. Derramó una lágrima. Ella también.
Te espero allá. Ven a vernos lo antes posible.
Lo haré. Hasta luego.
