Capítulo 9
Terry y Albert se enteran del romance neoyorquino
Durante el tiempo que Archie estuvo viviendo su sueño con Eleanor, en Chicago sucedían otras cosas.
Candy, eres maravillosa. – Le dijo Albert al ver a su bebé.
¿Está bien?
Sí. Todo bien. Es una niña. – Sentía una felicidad indescriptible. Sobrepasaba cualquier expectativa.
Recordó que tenía dos hijos con Victoria. Ahora tienen diez años. Cada vez que intentaba buscarlos encontraba diferentes obstáculos para hacerlo. Primero, le dijeron sobre las vacaciones familiares. Stear le aseguraba decirle cuando regresaran a América como habían quedado. Así pasó un año. Segundo, Elroy se enfermó y murió. Afectó a la familia; era ella quien mantenía a la familia unida. Después de esto, hubo una separación definitiva con los Leagan. Tercero, todo cambió tres meses después cuando Candy le anunció el embarazo. Desde entonces, el matrimonio, los médicos, el arreglo del cuarto del bebé, contratación de nuevos empleados para el cuidado del bebé… el trabajo ocuparon sus pensamientos.
Una noche de insomnio, Albert caminaba por la casa. Su esposa e hija dormían en la habitación. Bajó a la primera planta. Se sentó sobre el mismo sillón en que se había sentado años antes. Abrió la gaveta cerrada con llave. Sacó las cartas de Victoria. – Tengo dos hijos. Ella nunca me dijo… No lo sabía. – El cargo de conciencia recorría su espíritu. La situación sería tan diferente si hubiera leído las cartas en su momento. Si no hubiera querido olvidarse de su lugar en la sociedad y en la familia, el dolor de haber perdido a sus padres y, años después, a su hermana. El día que murió su sobrino fue una calamidad. Estaba sólo y esa soledad, que cuando se fue en busca de Albert, la consideraba una bendición, ahora se había vuelto un calvario. Se planteaba tantos inútiles hubieran. No llegará a ningún lado con esos pensamientos. La realidad lo colmaba partiéndole el corazón. Dejó ir a una mujer maravillosa. Abandonó, sin intención, a dos niños; más bien, sin imaginarse la existencia de esa posibilidad. Se enojó con Arthur por creer que le había quitado el amor de Victoria y no fue así. Enfadado con Victoria por no decirle nunca de los niños. En realidad no estaba enfadado con ella porque sabía que fue la decisión de él el alejarse de ella. Ella hizo lo que tuvo que hacer, no tenía opciones.
El día en que Candy le habló sobre el embarazo, se dio cuenta de la desesperación, ansiedad y angustia al enfrentarse con la posibilidad de ser madre soltera. El rechazo de Albert era una opción que no quería enfrentar, pero lo hizo con valentía. Ella sabía que nunca la dejaría. Nunca la abandonaría, mucho menos al conocer un noticia de esta magnitud. A pesar de saber esto, no impedía sentirse perdida. Eso fue obvio para él.
Pensó en Victoria. Ella sola, sin soporte, sin el amor que creía la apoyaría. ¡Qué impotencia! A pesar de las acciones de Arthur James, fue repudiada por su familia. Les tomó mucho tiempo regularizar la relación con sus padres. Lo más probable es que los padres de Arthur supieran la verdad del padre de esos niños. Eso explicaría la falta de apoyo por parte de los padres del hombre que dio la cara por sus hijos y la reputación de una gran dama.
A raíz del nacimiento de la niña, Albert quiso buscar a sus hijos en mira de entablar una relación con ellos. Pensó en ello, un escalofrío recorrió su cuerpo. Era el miedo de sentirse rechazado. ¿Pero quién era él, si él mismo los rechazó al no querer saber nada de los deberes por su posición?
Del otro lado del Atlántico, una dama jugaba con sus dos hijos y un visitante.
¡A mí! ¡A mí! – Corría por el jardín uno de los gemelos.
¡No! ¡A mí, no a él! – Gritaba el otro.
Corran lejos. La tiraré por última vez. A ver quien la alcanza.
¡A mí, Tío Terry! – Gritaban al unísono. Corrían lejos para atrapara la pelota.
Va… - Lanzó la bola lo más lejos que pudo. Regresó a la banca donde estaba Victoria sentada.
La casa de los James en Londres era grande y bella. Se parecía a la de Nueva York. La diferencia era la inestabilidad del clima inglés. La lluvia caía de un momento a otro, inesperadamente. Afuera de la sala principal, se ubicaba un balcón tapado con una pérgola repleta de enredaderas de bellísimas flores. En ese lugar, les gustaba tomar el descanso los días soleados; así como hoy. Cada visita de Terry era bienvenida en esa casa. Él llegaba cada vez que podía. Procuraba estrenar y finalizar sus giras en Londres. La relación con su padre mejoró desde que la esposa decidió dejarlo. Las leyes impedían el traslado del título nobiliario a uno de sus hijos. Terry recibiría el título de Duque de Grandchester y, por consiguiente, todo lo que eso conlleva. Londres se convirtió en un oasis en su vida.
¿Cómo está tu padre?
Muy bien. Platicamos de todo un poco. Cada vez que vengo, me tiene nuevas noticias, chismes y anécdotas.
Igual que tú. Jajajajaja. – Dijo Victoria. - Me sorprendiste con esta visita. No me la esperaba. No sabía que estuvieras ensayando una nueva obra.
Decidí tomarme unas vacaciones. No quería quedarme en América. Londres me llama. Quiera que no, soy de aquí.
Hay algo que no me estás contando. – Le sube la ceja. Se conocían muy bien.
Sí. No quiero hablar de eso.
Bueno.
¡Ya que insistes!
Jajajajajaja…
Mi madre está saliendo con alguien que podría ser su hijo.
¿Eleanor está saliendo con un joven? No puede ser.
Lo es. – Él mueve la cabeza en negativo rechazo. - Ellos no saben que lo sé.
¿Cómo supiste?
Los vi.
¡No puede ser! – Repitió. Con curiosidad le pregutnó. - ¿Quién es? ¿Lo conoces?
Sí. Es… es…
¿Lo conozco?
Sí. Es… es… Archie Cornwell.
¡Archie! ¿Estás seguro?
Sí. Te digo que los vi.
Bien por ella.
¡Cómo puedes apoyarla!
¡Cómo no apoyarla! Tu madre es una gran mujer y ha estado sola un buen tiempo. Se merece un buen tipo. Archie es un buen tipo.
Pero muy joven…
Nada… nada… se merece una relación llena de amor, respeto, apoyo… tú sabes. No como los otros que la buscan por dinero o por fama o…
… o como mi padre… Se merece un buen tipo… eso y más. Pero ¿por qué Archie Cornwell?
¿Te afecta en algo quien sea?
No.
¿Entonces?
Lo sé… - Se acerca a ella en busca de una demostración física de apoyo. Se abrazan.
Además, no eres nadie para criticarla. Tú eres menor que yo.
Pero no tanto como para que sea tu hijo. Jajajajaja…
Mamá. Yo también quiero un abrazo. – Dijo Harry.
Yo también. – Dijo Edward.
Se acercaron y se abrazaron los cuatro. La hora de la cena se acercaba. Cada uno se fue a su recámara a cambiar y asearse. La cena fue acompañada de alegrías y carcajadas. Las visitas de Tío Terry siempre tan amenas y agradables. Los niños gozaban el rato que compartían. Victoria también. Los dos traviesos se fueron a dormir. Mañana se levantarán temprano para ir al colegio. Pasaban los fines de semana con su madre.
Buenos días. – El caballero le dijo a la dama.
Buenos días. ¿Cómo amaneciste?
Descansado. Estas vacaciones serán buenísimas.
¿Qué harás hoy?
No lo sé. Hace tiempo no tomo vacaciones. ¿Tú?
Hablé a la oficina. Trasladé mis citas para la semana que viene.
Eres una mujer excepcional. …tal como me lo prometiste…
Te lo prometí.
El par de amigos se hicieron una promesa aquel día en el puerto. Si uno tomaba vacaciones, el otro tomaría vacaciones también. Terry quería mostrarle su Londres. Un recorrido por su infancia y adolescencia. Compartir todo con Victoria; los secretos faltarían en la relación. El problema patente era la fama del actor. Este posaba una limitante. No deseaba ser reconocido.
¿Qué vistes? – La mirada de ella se plasmó en la imagen.
De incógnito.
Jajajajaja…
No te rías…
Te ves muy divertido.
Déjalo ya. No quiero que nos interrumpan admiradoras. – Sonríe pícaramente. – Si se ponen pesadas, me atacarán con descaro. ¿Podrás manejarlo o te pondrás celosa?
Ahhh… - Sorprendida.
Me encanta que te pongas celosa. – La acerca para darle un beso.
¿Celosa? ¿Yo?
Tú. – La besa otra vez.
Vamos a tu Londres.
El día fue maravilloso y el paseo también. Visitaron varios lugares. Almorzaron en un restaurante a las orillas del Tamesis. Caminaron por todos lados. Ella se carcajeaba al escuchar una a una las historias. Los detalles de las travesuras provocaban gran entretención. Afortunadamente, nadie reconoció al caballero de ojos grises. Por eso, no fueron acechados por nadie. Eran solos los dos.
A las siete y media, entraron a otro restaurante. Se sentaron lejos de la ventana. En medio de vino y queso, se divirtieron. Regresaron a la mansión. La dama de compañía y el mayordomo estaban esperándolos.
Buenas noches. – Dijo Victoria.
Buenas noches, señora. Señor Grandchester. – Saludaron los empleados.
Buenas noches.
¿Necesita algo más? – El mayordomo habló.
No se preocupe. Ya nos iremos a dormir. Estoy cansadísima. ¡A dormir todos! – Ella estaba de buen humor.
Se retiraron sin decir más. Victoria y Terry se quedaron solos.
Vamos por una copita.
Está bien. ¿Sabes que solo cuando estoy contigo tomo así?
No lo sabía.
Supongo que es porque me siento tranquila en tu compañía.
También me siento bien contigo.
Estoy cansada. ¡Qué día!
Me gustó. La pasamos alegrísimo.
Eso creo. ¿Te importa si me tomo mi copa en mi habitación?
No. Vamos.
Subieron las escaleras. Frente a la entrada de la habitación de ella, se detuvieron. La toma por la cintura con la mano libre.
¿A dónde crees que vas?
Contigo. – La besó.
Por favor. Mañana tenemos planeado otro trajeado día.
Está bien. Lo intentaré mañana otra vez.
Buenas noches.
El día está muy feo. Considero que no podremos salir.
Eres cobarde.
Lo soy. No me gusta salir con este clima.
Si nos quedamos, ¿qué haremos?
Lo mismo que hacemos cuando salimos.
Entraron al salón familiar tomados de la mano. Ella no sabía que él le había dado el día libre a los empleados. Los invitó a pasar un día en el teatro. Verían los ensayos y conocerían a los actores. En la noche, verían la obra. Todo lo había arreglado excepto el detalle del clima. Eso fue pura suerte a favor de él.
¡Qué raro!
¿Qué raro?
No he visto a ninguno de mis empleados.
Les di el día libre. – Le toma la mano. – Estaremos más cómodos si estamos solos.
Eres tremendo.
Lo soy.
Se acercó a la dama. La tomó por los labios. Sin tocarla con otra parte del cuerpo, la dirigió hacia el sofá. Ella se sentó. Él no dejó de besarla. Sus manos se apoyaron por encima de los hombros de ella. Se recostó a la par. Saborearon sus labios, sus bocas. Las manos recorrían los cuerpos. El deseo hizo presencia en el salón. De los dos, uno entregaba los besos y el otro los recibía. Cambiaban de papel. Las prendas cayeron al suelo una a una. Preparados, entró en la intimidad con meneos suaves, pero con seguridad. Ella dejaba atrás el amor y los recuerdos de aquel primer hombre por medio de la creación de nuevas memorias. La firmeza y confianza de los movimientos del caballero, le dieron la pauta para dejar el miedo por un lado; entregarse libremente. Ambos renunciaron a sus prejuicios y su pudor que cambiaron en vista de la pasión que compartieron en el instante de culminación.
Valió la pena esperarte. – Terry dijo mientras seguía abrazado a ella.
Mmmm… - Lo besó.
Esta semana será maravillosa.
¿Eso es lo que te quedarás?
Sí. Tengo que regresar. Comienzo una nueva obra.
Me pone triste.
¿Qué?
…que te vayas…
¿En serio? – El corazón le brincaba de alegría al escuchar estas palabras. Casi pierde la esperanza de conquistar a Victoria.
Siempre que te vas. ¿No lo sabías?
No. Nunca expresaste nada por el estilo.
Bueno… - Evitaba la mirada de él para que no la viera derramar unas lágrimas que surgieron en sus ojos. - …ahora, lo sabes.
Lo sé. – Sintió una lágrima caer sobre su pecho, pero no le dijo nada.
La semana pasó. Los niños, Victoria y Terry pasaron el siguiente fin de semana juntos. Todos, en familia. Terry regresó a América.
¿Cómo te fue en Londres, hijo?
Muy bien, mamá. – No podía dejar de sonreír.
¿Muy bien? ¿Solo muy bien?
La verdad, mejor que bien. Ella…
¿Victoria?
Sí. Ella me ama. Lo sé.
Se confesaron su amor al fin. ¡Fabuloso!
No con palabras.
¡Hijo! No quiero saber detalles.
No te diré los detalles, pero te diré que su cuerpo es del pecado, su mente es de tentación y su corazón está lleno de amor por mí. ¡Qué mujer! Además… me dijo que le hago falta cuando me voy. Le entristece despedirse de mí.
¿Le dijiste que la amas?
Ni loco. Eso la asustaría y la alejaría de mí. La quiero cerca, conmigo.
¿Esto quiere decir que dejarás esas relaciones vanas?
Definitivamente. No han sido muchas. Seré fiel. Ella se merece un buen hombre. Eso es lo que haré. Ser un buen hombre. – Mira a los ojos a su madre. – Esto me trae a otro tema. Mamá…
Dime…
Lo que te haga feliz, me hará feliz a mí.
¿A qué viene eso?
A que te vi…
¿Me viste? ¿Qué?
Te vi con él. Es un buen chico.
¿De quién hablas?
No te hagas la tonta, mamá. Hablo de Archie.
… - Sorprendida de lo que escuchaba.
Mamá, te quiero. Me encanta verte feliz. Estos últimos meses has estado verdaderamente feliz. Eso es por él.
Eso no funcionará.
¿Por qué lo dices?
Precisamente por lo que piensas. Es muy joven para mí. Es un chico.
No lo es. Es un hombre, igual que yo. Te hace feliz. Date la oportunidad de vivir una historia de amor… de romance.
¿Desde cuando eres tan maduro… y tan humano?
Desde que Victoria me lo hizo ser. Ella me impulsa.
¡Qué gran influencia tiene en ti!
La amo. Si tu amas a Archie, lucha por esa relación. No veo por qué no funcionaría. Sobretodo porque él te ama.
Era hora de buscar a Victoria nuevamente. Albert no soportaba más la situación. Su hija tenía varios meses, el tiempo pasaba rápido. George le informó sobre un incidente relacionado con el contrato con James Inc. Era imperativo el viaje a Nueva York. Este problema no se solucionaría fácilmente. Así se lo hizo saber a Candy. El viaje estaba planificado para pasar dos semanas fuera.
Candy, comprende por favor. Tengo que resolver esto frente a frente.
¿Me dejarás sola con Megan?
Tienes todo un ejército para ayudarte con ella.
No quiero que te vayas.
¿Por qué?
Es la primera vez que sales de viaje desde hace mucho. Ya me acostumbré a tenerte aquí. – Lo abraza.
Candy… - Le da un beso. – Te amo. Lo sabes.
Yo sé.
Si no fuera necesario no iría.
Yo sé. Vuelve pronto. Si las cosas no salen en tres días, regresa.
Jajajajaja… Haré lo posible.
Esa noche, hubo una repartición de arrumacos, besos, caricias. Megan no durmió con ellos desde ese momento.
Llegaron Albert y Archie a Nueva York. Stear los esperaba. Los llevó al nuevo apartamento de Archie. Por sus constantes visitas, consideró necesario un lugar para él. No permitió que la familia le ayudara. No quería que fuera un apartamento compartido por la familia. Es más, le informó a Albert cuando ya estaba firmada la compra-venta. Consiguió un lugar con vista al parque. Era grande; sala, comedor, cocina, tres habitaciones, área de servicio. Para todo este espacio, contrató a tres personas para mantenerlo: una cocinera, una mucama y un mayordomo. Esta sería la primera vez que llevaría a Albert a su apartamento. Sabía que le limitaría sus visitas con Eleanor, pero no iba a permitir que se pagara hotel teniendo un lugar así.
¡Lindo apartamento! ¡La vista! – Albert comentó
Por eso me gustó. Te llevaré a tu habitación. Es por aquí.
¿No vienes, Stear?
No, ya lo conozco.
Entraron a la habitación. Estaba bien adornada.
Me gusta cómo lo has adornado. Nunca me imaginé que este fuera tu estilo.
No lo es del todo.
¿Contrataste a alguien?
No.
¿Quién te ayudó?
Me ayudó…
¿Quién?
No te permitiré ningún comentario. – Le advirtió Archie. – Me ayudó Eleanor Baker.
¿Eleanor Baker?
Sí. Ella es quien me ha ayudado en todo.
Ya veo. – Le dijo Albert con normalidad. Segundos después, abrió los ojos en señal de sorpresa. – Por eso tus viajes…
… - Miraba a Albert con ojos enojados.
No me mires así. Al fin, estoy dándome cuenta. ¿Stear lo sabe?
Es el único que lo sabe. Por supuesto, ahora tú también. Te prohíbo que le digas a alguien más. Ni a Candy.
Por supuesto que no diré nada. ¿Te puedo hacer algunas preguntas?
Te dije que no aceptaré comentarios.
No tengo ninguna crítica.
Mmmm… pregunta.
¿Cómo van las cosas?
Van bien.
¿Bien? – Con un tono traviesillo.
Bien. Es una mujer extraordinaria.
¿Bien? – Repitió.
Albert para ese tono. No te lo permito. Además, ¿quién te crees que eres? ¿Le dijiste a alguien sobre tu relación… ya sabes… con Candy? Nos enteramos de todo cuando anunciaron su matrimonio. Sé sumar, te lo aseguro.
Ya no hubo comentarios entre ellos acerca de ese tema.
En la oficina de Stear, los tres se sentaron a buscar soluciones que beneficiaran a las dos compañías. Discutieron diversas opciones. Varias horas más tarde, lograron ponerse de acuerdo. Hicieron los cambios necesarios al contrato. Llamaron al abogado para arreglar las enmiendas. Eso se tardaría unos días. Eso le daría tiempo a Albert a buscar a Victoria.
Stear, necesito hablar a solas contigo.
Con gusto, Albert. No te puedo atender ahora. Tengo una cita. Pero ¿qué te parece mañana? Ven como a eso de las doce. Saldremos a almorzar.
Albert y Archie se fueron de James Inc. Se dirigieron a un teatro reconocido en la ciudad. El enamorado iba en busca de la dueña de su corazón. Tocaron la puerta de actores. Un hombre alto les abrió. Les permitió la entrada; así eran las instrucciones que alguien había dejado. Caminaron durante unos minutos por los corredores. Se dirigieron a los camerinos. Entraron a uno. Se sorprendieron al verse.
