Gracias por seguir leyendo esta historia. Espero y agradezco sus comentarios.
TC GAN
Capítulo 11
La familia aumenta
Perdió de vista la situación en la que estaba. Por un momento, se vio en un jardín precioso. Sentados en una banca, tomados de la mano, la cabeza de una dama recostada en su hombro. Los dos sonreían y carcajeaban viendo a sus hijos jugar. La volteó a ver. Le levanta su rostro y le da un beso tierno, delicado. Se abrazaron. Los niños llegaron corriendo para que los abrazaran también… … Ella embarazada. Los niños llegaron a abrazarlo. Sentía sus pequeños brazos alrededor de su cuello y las risas alegres. La dama lo miraba con felicidad.
Albert regresó a la realidad. Esta no era tal cual la imaginaba. En vez de ver a sus hijos corriendo, era su hija. La mujer embarazada era Candy. Sintió el abrazo de su hija. Estaba feliz de estar ahí, así, con ellas. El pequeño o pequeña que venía en camino los llenó de ilusión. La familia iba en aumento. Pasaban sus días en la casa de Chicago, pero dos veces al año iban a Lakewood. Ahí estaban ahora. Una de las damas de compañía corrió hacia el patio del norte. Les llevaba un sobre.
¡Una carta de Archie!
¡Qué sorpresa, Albert! ¿Qué dice?
Abre la carta. La lee. La leyó varias veces en silencio. Era necesario asegurarse que lo que leía era correcto. Si no, le daría una noticia extraña a Candy.
Apúrate. Dime.
Archie… Archie será papá.
¡Cómo!
Me alegra. ¿Quién iba a decir que Eleanor Baker iba a querer más hijos?
Eleanor Cornwell.
Me suena raro. Me debería acostumbrar.
Sí.
Se está aumentando la familia. – Dijo Albert con cierta nostalgia.
¿Estás triste?
No, no lo estoy. Estaba pensando en lo diferente que es mi vida. De joven, no me la imaginaba así.
¿Cómo te la imaginabas?
Tenía tanto dolor que no podía. Mírame ahora. Tengo una linda esposa, un trabajo que me ha llegado a gustar, una hija y otro en camino… - Desistió de continuar la oración. Se le hubiera salido el resultado de su desliz de adolescente.
Entraron a la casa. Era tarde y comenzaba a bajar el frío. Cenaron una sopa de tomate. Antes de acostarse, se sentaron frente a las llamas dentro de la chimenea abrazados. Disfrutaron cada día de esas vacaciones. Pronto regresarán a Chicago; el descanso habrá acabado sin novedad.
El plan consiste en regresar a Chicago para dar a luz en el hospital. Tomaron todas las precauciones necesarias; así, evitar cualquier contratiempo. Se contrataron a las enfermeras y médicos; se reservó la habitación más equipada. Los costos no importaban. Albert protegería a su familia lo más posible. Todo estaba listo.
Los Andley regresaron. Se fueron directamente al hospital para la revisión de rigor. Iba bien; ninguna complicación. El médico les dijo que podían irse a su casa. Faltaba poco para el parto. Candy estaba feliz de poder estar en casa y dormir en su propia cama.
Mi casa… mi cama… ¡Qué rico! Subiré ahora mismo.
Te alcanzo en un momento. Iré a buscar la correspondencia. Me la llevaré para leerla allá.
Muy bien. Te esperaré.
La niñera llevó a Megan a su habitación. Candy comenzó a subir las gradas. Albert pasaba por una puerta cuando escuchó algo terrible y aterrador.
Ahhh… - Gritó Candy.
Ella se resbaló. Cayó por las gradas hasta terminar tirada en el suelo del primer nivel. Albert volteó a ver de dónde provenía el grito, pero no le dio tiempo de reaccionar. Cuando pudo hacerlo, ella estaba inconciente. Corrió a ella. Los empleados llegaron.
Llame al hospital para que mande la ambulancia. Rápido. – Exigía Albert a sus empleados. – Rápido. Mi amor… mi amor…
La ambulancia llegó rápido, aunque él tuvo la sensación que se tardaron horas. El médico y las enfermeras venían también. Se bajaron. Llegaron a donde yacía Candy. El doctor la revisó. Consideró que podía aguantar llevarla al hospital. Ahí podrían atenderla mejor.
En el hospital, Albert caminaba de un lado a otro en la sala de espera. Se puso histérico cuando le dijeron que no podía entrar con ella.
Es mi esposa… por favor.
No, Señor Andley. No se permite la entrada a personas no autorizadas.
Es mi esposa… - Dejó caer unas lágrimas.
Es mejor que se quede. Adentro podría distraer a los médicos que la están atendiendo. ¿Hay alguien a quien pueda llamar para que lo acompañe?
Sí. George. ¿Dónde está su teléfono?
Sígame.
George llegó al rato. Miraba cómo Albert perdía la cordura por la desesperación de no recibir noticias. Se dieron un abrazo. Su relación era más de padre e hijo que de cualquier otra cosa en ese instante.
Todo saldrá bien. Ya verás. – Trataba de consolarlo.
¿Cómo no la acompañé? No debió haber subido sola.
Tranquilo… tranquilo.
Las horas pasaban sin informes. Nadie salía a decirle si pasaba algo o no.
No quiero quedarme solo.
No estarás solo. Está Megan.
También Harry y Edward.
¿Los hijos de la Señora James?
Mis hijos…
Me rehúso a hablar de esto ahora. Piensa en que Candy estará bien y tu hijo o hija también. – El comentario de Albert lo perturbó. Pensó que hacía tiempo no pensaba en ello; pero estaban siempre presentes en la mente del rubio.
Candy… Candy…
Se aumentó el tiempo de espera. La angustia sobrepasaba la cordura. El médico salió. Se dirigió hacia donde estaban Albert y George. Se le veía en la cara el cansancio de haber trabajado durante varias horas.
Señor Andley.
Sí. – Se levantó de la silla. George hizo lo mismo; se paró a la par de su hijo en señal de apoyo.
Señor Andley, todo salió bien…
¿Está seguro? – Los dos lloraron un poco.
Sí. Su esposa es una mujer fuerte y tenaz. Dentro de unos días, se la llevará de vuelta a su casa…
¿Y mi hijo? ¿hija?
Hija, Señor Andley. Está bellísima. Puede pasar a verla en unos minutos.
… - Albert cerró los ojos para dejar las lágrimas salir.
Se llevará a esas dos mujeres a su casa el mismo día. – El doctor recalcó. – Habrán ciertos cuidados especiales, pero son los que ya conocen ustedes.
Gracias, doctor. – Abraza al médico. Luego, el doctor se fue. - ¿Oyes eso? Están bien. Están bien.
Te felicito, William. Eres papá de otra linda niña.
Sí. – Dijo con una sonrisa que desapareció.
¿Qué pasa? Salió bien.
No hemos discutido el nombre de la niña. Solo tenemos nombre de niño.
Jajajajaja… Las cosas que se te ocurren. Encontrarán un buen nombre.
Lo dejaron entrar a ver a su hija. Atrás de un vidrio, estaba la bebé envuelta en una manta rosada. La saludó. La enfermera lo llevó a la habitación de Candy.
Mi amor… ¿cómo estás?
Me siento cansadísima. Este fue más difícil que el anterior. ¿Viste a la niña?
Sí, la vi. ¿Qué nombre le pondremos? Solo teníamos escogido Estefan si era niño.
¿Qué te parece Estefanía? Lo mismo, pero en niña.
Estefanía Andley. – Repitió el orgulloso papá. – Me gusta. – Se inclina a besarla.
Meses más tarde, recibieron una tarjeta de Archie anunciando el nacimiento de su hijo Rafael Baker Cornwell. Ellos no fueron los primeros en recibir la noticia. El primero fue Stear quien estaba a la par de su hermano a la espera de noticias sobre su esposa y de el bebé.
Stear, estoy muy nervioso.
¿Por qué? Tomaron todas las precauciones y el doctor dijo que todo iba bien.
¿Crees que seré buen padre?
Ya lo creo, hermano.
No lo dirás solo para tranquilizarme.
No. No es así.
¿Seré buen papá?
Jajajajaja… ¿No crees que eso te lo tuviste que haber preguntado hace unos meses? Ya es algo tarde para eso… jajajajaja…
Ya verás cuando sea tu turno.
Ya veré. Jajajajajaja…
Terry entraba por la entrada principal del hospital recién bañado. Le avisaron al terminar la función. No podía creer que su madre daba a luz a otro miembro de la familia. Como el sexo del bebé era desconocido, compró sus regalos en amarillo; tal cual se lo sugirió la señorita que lo atendió en la tienda. Cargaba cuatro bolsas llenas de regalos para su mamá y para el bebé.
¡Archie!
¡Terry!
¿Entonces?
Es un niño.
¡Qué alegría! Me encanta. Te felicito. – Le dio un abrazo fraternal en señal de enhorabuena. – Le traje todo esto a mamá y al bebé. Espero les guste. También vienen unos paquetes que mandó Victoria. Se disculpa por no poder venir. Los negocios la tienen loca.
Gracias por todo.
¿Ya puedo entrar a ver a mamá?
No. Todavía no. No me han dejado verla.
Esperaré, pues… - Mira a Stear. – Hola, Stear. Disculpa.
Tranquilo. Estás igual de nervioso que mi hermano.
No es para menos, mi madre dando a luz…
Te comprendo.
Señor Cornwell, pase adelante a ver a su esposa y a su hijo. – Dijo una enfermera.
Gracias. Ahora voy.
Oye… ¿cómo se llama mi hermano?
Se llama Rafael Baker. Me voy; tengo que entrar.
Ve. Saluda a mi mamá por mí.
Lo haré.
Afuera se quedaron el par de amigos. La relación entre los tres no se parecía a la que tuvieron cuando adolescentes. Se llevaban muy bien. Archie salió a los pocos minutos. Conoció a su hijo y besó a su esposa.
Me mandaron a casa a descansar.
Vámonos todos. Estaremos más descansados mañana si dormimos en nuestras deliciosas camas y no en estas incómodas sillas. – Dijo Stear.
Tienes razón. Mañana volvemos y vemos a mamá. No veo la hora de conocer a mi hermano… mi hermano… suena muy raro. ¿No creen?
Jajajajajaja… Rieron los tres.
En el cuarto de hospital estaban Eleanor, Archie y Terry. Esperaban la llegada del pequeño Rafael.
¿No lo has visto, hijo?
No. Anoche solo dejaron entrar a Archie.
Gracias por los regalos que nos trajiste. ¿Por qué todo amarillo?
La señorita que me vendió las cosas me dijo que como no sabía el sexo del bebé comprara en amarillo.
Jajajajajaja… - Se carcajearon.
¿Te das cuenta que faltas tú en el club de padres?
¿Yo? Todavía no, mamá. Recuerda lo que sucedió con…
Vas muy lento. – No permitió terminar la oración. - ¿Cómo van las cosas con Victoria?
¿Victoria James? – Preguntó curioso Archie.
Perdón. Se me salió.
No te preocupes, mamá. Era hora que se enterara. – Se dirige a Archie. – No le puedes decir a nadie lo que estas escuchando. No quiero que todos mis planes se arruinen por un comentario inapropiado.
No te preocupes. Siendo mi hijastro y hermano mayor de mi hijo, te guardaré el secreto.
Hijastro… jajajajaja…
Bueno… respóndeme.
Van bien. No vernos seguido ha causado ciertos obstáculos, pero nada que no he logrado superar. Además, recuerda que están Edward y Harry. Todavía están pequeños.
Ya deben tener como trece años, ¿no, Terry?
Correcto. Aunque no es lo único. También tengo varios compromisos de trabajo. Tengo las próximas dos obras en mi calendario. Eso es año y medio, fácil; si no dos.
La primera obra fue un éxito, como era la costumbre de una obra con el gran actor Terry Grandchester. La gira por Europa comenzó y terminó en Londres como lo exigía el actor. Esa se convirtió en la costumbre. Era la excusa perfecta para pasar unos días con Victoria. En esos días, ella organizaba la oficina para ausentarse. Disfrutaban el momento de soledad y el momento familiar. Unos días solos, unos días con los, ahora, jóvenes adolescentes. Por supuesto, ellos contaban con las mejores localidades cuando Terry actuaba. Siempre iban a verlo. Si el estreno lo llevaban a cabo entre semana, los hijos de Victoria no iban al colegio. A la última presentación, solo Victoria iba. Era su noche. Nunca iban a la fiesta para no dar de qué hablar.
La segunda obra estaba en la etapa de ensayos. Llegó el momento de estrenarla en Nueva York. Su madre y Archie fueron a la presentación. La disfrutaron muchísimo. La gira por Europa empieza tres meses después. Por lo tanto, comenzó la planificación de la visita con Victoria. Le escribió informándole de su llegada. Victoria se emocionó. Se ponía nerviosa antes de que llegara y triste después de que se fuera.
El estreno en Londres fue un éxito. Fue viernes por la noche. La familia James se encontraba en el teatro; en ese palco especial apartado para ellos. Esta vez, fueron a la fiesta de la compañía de teatro. Edward y Harry bailaron con su mamá. Ella les enseñó a bailar para cortejar a las chicas del colegio o, por lo menos, para no hacer el ridículo en los bailes escolares.
Regresaron a su casa. Como siempre, Terry tenía su propia habitación.
Es tarde, mis corazones. A dormir.
Buenas noches, mamá. Buenas noches, Tío Terry. – Dijeron al mismo tiempo.
Lo viven haciendo. Ha de ser una cosa de gemelos.
Vamos a la sala un rato ¿quieres?
Vamos.
Entraron a la sala. Se sentaron en el sillón para ver el jardín. Ella se quitó los zapatos y puso los pies encima de la mesa como era su costumbre.
No has cambiado nada. – Se inclina hacia ella en busca de sus labios. Se besaron.
En esas estaban sin percatarse de los dos pares de ojos que los miraban desde afuera. Los dos subieron las gradas en silencio, pero no se fueron a dormir. En vez de eso, entraron al cuarto de Edward.
Tío Terry…
… y mamá…
¿Cómo no me di cuenta antes? – Decía Edward. – Con razón mamá no le ha hecho caso a nadie. ¿Cuánto tiempo llevarán en esas?
No lo sé, ni me importa. ¿Cómo le hace eso a mamá? - Harry se dirige a la puerta. – Iré a darle su merecido. Tendrá que respetarla. Ella es una dama respetable y educada.
¿Para qué? Mamá es una mujer. Ella no tiene que dar explicaciones de lo que hace.
¿Te parece poco que se esté besuqueando con Tío Terry? ¿Será que lo hará con otros?
Parece que no conocieras a mamá. Ella no es de esas. Si está haciendo… lo que está haciendo con Tío Terry es porque lo ama.
¿Crees eso?
Lo afirmo. Mamá tiene como 8 años sola. Desde que papá murió no la hemos visto con alguien.
Para eso nos tiene a nosotros. Tío Terry es un traidor.
No lo es. Y nosotros no estamos para eso. ¿Cómo es posible que estés celoso?
No lo sé. Solo lo siento así.
Pues mira, yo no le puedo dar lo que Tío Terry le está dando. ¿Tú?
No, no puedo.
¿Mamá te puede dar lo que te da… - Sube las cejas. - …en el colegio?
¡Lo sabes! ¿Cómo?
Eso no importa. Contéstame. ¿Puede mi madre darte lo mismo?
¡No! ¡Claro que no! ¿Cómo se te ocurre?
¿Ves lo que digo? Ahora tendremos que ver que hacemos para convencerlo de que se quede con mamá.
¿Crees que es feliz?
Si no, no lo haría.
Está bien. Pensemos. Tenemos la gira. Regresará en tres meses aquí para la última presentación. Planeemos algo.
Shhh… Ahí vienen. – Se pararon detrás de la puerta con la intención de escuchar la conversación.
Victoria, buenas noches. Te veré mañana.
Siempre tan caballero. Hasta la puerta.
Eres una dama y a las damas se les escolta hasta la puerta. Gracias por esta noche.
Gracias a ti. Siempre la pasamos bien en tus estrenos.
Adentro de la habitación de Edward, los dos escucharon la conversación y los pasos de Terry yendo hacia su cuarto.
¡No se quedó con ella!
¿Ves que es un caballero y mi mamá es una dama?
El lunes por la mañana, los dos hijos de Victoria se fueron al colegio. Terry y ella estarían unos días solos. Él tomó lunes y martes libre para estar con ella. Ella hizo lo mismo. Hacía muchos años de esa promesa, pero la continuaban. En esta ocasión, él planificó un pequeño viaje a un lugar cercano. Nunca pudieron ir muy lejos. El tiempo no les permitía irse muy lejos. Sin embargo, siempre eran lugares bellos y discretos. La fama de Terry podía ser abrumadora para Victoria. Por eso, buscaba lugares desolados en los cuales tuvieran pocos empleados, mejor si era el dueño, una cabaña lejos del complejo principal y senderos y lugarcitos donde podían esconderse.
Alquiló una pequeña cabaña en medio de un bosque. Se fueron en el automóvil a las seis de la mañana con rumbo desconocido para ella. Él sabía a dónde iba perfectamente. Manejó durante dos horas. Al fondo, se podía divisar una cabaña de madera. La había alquilado para pasar unos días con ella lejos de la bulla de la ciudad. Un verdadero descanso para los dos. Nada de trabajo ni de familia.
Entraron la cabaña. Dejaron las maletas en el suelo de la entrada. Dieron una vuelta. Todo estaba ordenado y limpio. Lo único que tenían que hacer era su comida. La alacena contaba con suficiente comida para dos o tres días. Salieron a dar una vuelta por los alrededores. Caminaron durante mucho tiempo. Se besaban de vez en cuando.
Arribaron a la cabaña en la tarde; se sentaron en la escalera que había afuera sin decir nada. Ella apoyó su cabeza en el hombro de él. La respuesta del caballero fue rodear su brazo por detrás colocando la mano en la cintura. Los bellos cabellos de ella quedaron a la par del pecho del hombre quien respiraba el dulce perfume impregnado en ella. Movió poco a poco el otro brazo para acariciarla. La tomó por el mentón; le elevó el rostro, la vio a los ojos con ternura y volvió a besarla. Otro beso y no era un impulso. Era meditado… era deseado… venía de él. Su intención era mostrarle el amor infinito que sentía por ella. Era curiosa la forma en la que se sentían. A pesar de no ser la primera vez harían el amor; estaban tan nerviosos como si lo fuera. De alguna manera, el ambiente, la situación, ellos mismos percibían sutiles cambios en su alrededor. Una expectativa adolescente los envolvió en el encuentro.
Se hincó frente a ella sin dejar de acariciar sus labios. La tomó en sus brazos. La puso de pie. Comenzaron a caminar para adentrarse entre esas cuatro paredes. La presionó contra una pared que no vieron. Ella quedó entre la pared y el cuerpo de él. Ella se dio vuelta y cambió la posición dejándolo a él contra la pared. Comenzó a desabrochar el chaleco que llevaba puesto. Así le quitó la camisa hasta dejarlo descubierto. Le besaba el pecho fuerte y firme. Respondió quitándole el vestido. La dejó en ropa íntima de encajes rosados mientras acariciaba el cuello con la lengua. Los dos gemían de placer. Pero eso no era todo.
Ya dentro de la cabaña, la recostó en una cama suave. Terminaron de quitarse la ropa con la ayuda del otro. Las manos y los labios acariciaban cinturas, caderas, pecho, senos… Todo despacio, tomando cada sorbo de placer. Con sus piernas separó las de ella quedando en medio de ella. Se miraban apasionadamente. Bajó su mano a la deliciosa feminidad para acariciarla. Quería que ella emanara su elixir para poder poseerla sin causarle dolor. No tuvo que esperar mucho. Ella se había relajado ante su masaje. Fue entonces que decidió penetrarla. Respiraron fuertemente en ese minuto indiscutiblemente erótico cuando él entraba en ella. Los movimientos eran suaves y rítmicos porque no quería lastimarla. Encima de ella, la embestía con pasión y dulzura. Victoria, en un arranque de pasión y sin dejar que él se saliera de su cuerpo, se volteo quedando encima de su pareja. Adelante… atrás… adelante… atrás… Terry estaba conmocionado lleno de placer. Podía ver los pechos moviéndose al ritmo del movimiento. Podía alcanzar y pellizcar los dulces pezones traviesamente. Tomó nuevamente el control dejándola debajo de él. La invadía una vez más. Acercó su boca hacia la de ella. Se besaban sin descansar. Así continuaron hasta terminar. Se quedaron dormidos enredados. La dama de lado, el caballero atrás de ella.
En un momento de la noche, Terry se despertó. Le quitó el pelo del cuello a ella y la beso. Con ese gesto, ella despertó. Luego, se acercó a él. La espalda estaba recostada en él. Fue una linda provocación que el galán no pudo evitar. Sintió el deseo de estar con ella. La tomó por la cintura. De nuevo, le abrió las piernas con la intención de dejar entrar su erección en ella. Ella terminó acostada sobre su estómago y él atrás. Comenzó con a acariciar el cuerpo de la dama para provocar su autorización de entrada. Al lograrlo, entró en ella. La penetró apaciblemente. Esta forma de retozarla tocaba el interior de ella rozando el punto exacto de placer. Un alarido de deleite salió de la boca de ella. Incitó en él la provocación de tomarla salvajemente. El goce que los dos sintieron los llevaba al éxtasis. Pero ahora, con un ritmo más arduo, ella suspiraba de delectación a cada movimiento. Lo apresuraba cada vez más hasta llegar otra vez al clímax. Deliciosa leche que salía de ambos que permitió ese encuentro. Esto sucedió en medio de declaraciones de amor, palabras dulces y gestos colmados de pasión.
Al día siguiente, pasaban las horas rápidamente. Hablaban de una y otra cosa; de todo y de nada a la vez. Se reían.
