Gracias por leer la historia. Ha sido un gusto poder compartir esto con ustedes. Dentro de poco llegaremos al final.

Espero sus comentarios o reviews.

TC GAN


Capítulo 13

Los años pasan

El despido causó gran conmoción entre los empleados. No esperaban un problema así. La secretaria se pasó. Ellos lo sabían, pero no pensaron que la reacción de Terry llegaría hasta el despido y un anuncio público de su poca tolerancia ante la llevada a cabo de sus instrucciones. Analizó la situación. Resumió el incidente en tres aspectos. Uno y dos, la secretaria de su padre inestabilizó la empresa y también su relación con Victoria. Y tres, ¡Victoria está embarazada! Le tomó unas horas llegar a esa conclusión. La atención inicial la acaparó el reclamo con el sobre. Se tardó en recordar otros comentarios. Entonces recordó.

Eres peor que ese Andley…

Si nosotros logramos crecer sin nuestro padre; seguramente, nuestro hermano o hermana logrará crecer sin ti.

Con rapidez, se levantó de su silla. Se dirigió hacia el hospital. Le debía una explicación a esos gemelos y a Victoria. Sabía que al llegar al hospital tendría que enfrentarse al rechazo y a los comentarios crueles, amargos de los dos hijos. Estaba nervioso. Pero iría a enfrentarlos, escucharlos, explicarles y convencerlos de la verdad de lo sucedido. Se detuvo frente al hospital unos minutos, tomó aíre y entró. Pidió direcciones para llegar a la sala de intensivos. Subió las escaleras, llegó al final del corredor hasta llegar a la salita de estar.

¡Qué haces aquí, desgraciado! – Exclamó Harry al verlo.

Escúchenme, por favor. – Imploró Terry.

¡Lárgate o te saco de aquí!. – Harry se acercaba de forma amenazadora.

Mi secretaria me hizo una mala jugada. Ella no me entregó su mensaje; ella escribió la carta.

Mira, Terry. – Dijo Edward. Era la primera vez que no lo llamaba tío, cosa que le dolió hasta el fondo del corazón al inglés. – Era tu firma, la reconocimos.

Eso no lo negaré. Firmo muchos papeles al día. Algunos no los he leído…

Me parece raro escuchar eso de ti cuando siempre nos has dicho que seamos cuidadosos con documentos.

Me ha costado acostumbrarme a tantas cosas. Yo soy actor, no empresario. Además, ¿quién me iba a decir que ella se iba a enamorar de mí hasta el punto de obsesión? ¿Quién iba a pensar que llegaría a perjudicar así? No me lo imaginaba. Les aseguro que nunca dejaría a su madre. La amo. Despedí a la mujer que hizo esto. Solo quiero resolver la situación con ustedes y su madre. Ustedes son mi familia desde hace muchos años. ¿Cómo pueden creer que los perjudicaría así?

Lo siento mucho, Terry. – Eduardo le expresó. – De ahora en adelante, tendrás que tener más cuidado con las personas de tu confianza.

¿Lo perdonarás así como así?

Explicó lo que sucedió. Lo más importante es mi madre y su salud en este momento. Ella lo necesita. Lo demás me da igual.

Te entiendo, Edward. Pero no puedo ser como tú. – Se voltea en dirección de Terry. - ¿Quién me asegura que no sucederá otra vez? No quiero ver a mi mamá pasando por esto. ¿Cómo puedo confiar en ti?

Acepto que no fui lo suficientemente cuidadoso con ustedes. Te aseguro que nunca he dejado de pensar en ustedes y tenerlos en cuenta en mis planes. Estaba triste porque pensaba que no me querían y por ello, no se comunicaban conmigo.

Eres… eres nuestro padre desde que papá murió. – Edward descubrió sus sentimientos.

Ustedes son mi familia. Se los he dicho varias veces y se los diré hasta el cansancio.

Lo sabemos. – Dijo Harry arrepentido. Los tres se dieron un abrazo.

¿Ya está todo aclarado entre nosotros, muchachos?

Sí.

Háblenme de Victoria. Me costó darme cuenta de algo que me gritaron.

¿Qué? – Edward.

Victoria… - Habló entrecortado. - …está embarazada…

Con tu hijo, Tío Terry. – Edward respondió.

Pensé que no habías hecho el amor con mi madre. – Harry dijo. – Por lo menos, eso es lo que te entendí.

Les dije que no discutiría nuestra relación con ustedes. ¿Qué sucede?

El doctor dice que está mal emocionalmente. Cuanto te fuimos ha buscar, ella estaba mal. No dejó de estar mal…

Tú regresaste a Londres, tu padre murió…

… hace unas semanas. Recibió tu carta y empeoró. Tanto así que lleva cinco días en el hospital.

Los doctores no saben que hacer. Entra a verla.

Terry entró a verla en la primera oportunidad de hacerlo. La vio desmejorada, delgada, cansada… pero con un bulto en su vientre. Se agachó; se acercó al oído. Le habló de sus sentimientos. Explicó lo que sucedió con detalle. Le aseguró no abandonarla nunca. Ella escuchó sus palabras. Él pudo vislumbrar una sonrisa. Acarició ese bulto. Saludó a su bebé.

Comenzó a mejorar. La sacaron del intensivo. En las habitaciones normales, estaban los tres hombres con la mujer de su familia. Hablaban de muchas cosas; el nombre del nuevo miembro de la familia, de la mejoría de ella, los negocios de Terry… El último se convirtió en un motivador muy potente para los James. Esta vez, ellos eran los expertos y lo podían aconsejar. Es más, se llegaron a involucrar en todos los aspectos. Un tema no tocaban: hasta dónde llegaría la relación entre Terry y Victoria.

Hola, Victoria. Te ves mejor hoy.

Me siento mejor. El doctor me dijo que me daba de alta mañana o pasado mañana.

Tenemos que hablar. Hagámoslo ahora, los dos solos.

Hablemos.

Victoria… - Se acercó a la cama, se sentó a la par de ella. - …mi amor… - Sacó un anillo de su bolsillo. - ¿Te casarías conmigo? ¿Serías mi esposa?

Sí… - La besó.

Planificaron, organizaron y llevaron a cabo la boda. Viajaron Archie, Eleanor y Rafael. Los demás invitados no podían asistir por cualquier razón; para los demás, participaciones se mandaron por correo. Así se enteraron Albert y Candy.

Archie estaba en Nueva York. Esto hacía el trabajo de Albert más fácil. No viajaba mucho. Llegaba a casa a las seis de la tarde todos los días. Los fines de semana los pasaba con su esposa y sus hijas. La vida era tranquila. El contratiempo intranquilizante era la hora de poner a dormir a sus hijas. Generalmente, cuando ellos querían estar juntos, las niñas hacían berrinche para ir a dormir.

Candy llevaba varios días organizando el cumpleaños de Albert. La lista de invitados era larga. Muchos de ellos, para no decir la mayoría, eran personajes dentro del ambiente de los negocios Andley. Desde la muerte de Elroy, no se había llevado una actividad de esa magnitud. La familia Cornwell Baker y Stear llegarían desde Nueva York. Una invitación llegó hasta Londres para la familia del Duque de Grandchester. Albert, secretamente, deseaba la presencia de su amiga y sus hijos.

Llegó el día de la fiesta. Por la mañana, Albert recibió su regalo por parte de Candy y sus hijas. Era un bellísimo retrato de la familia pintado al óleo; que se colgaría en la galería familiar en los próximos días. Pero no fue el mejor regalo. El mejor fueron los abrazos y besos que recibió de sus hijas. Pensaba en cómo sería su onomástico si recibiera el abrazo por parte de sus hijos mayores que tendrían unos 17 años ya. Tenía 10 años de saber sobre esos descendientes y la misma cantidad de años de intentar a cada cierto tiempo de comunicarse con Victoria. Desde la confesión de Candy al tener el miedo de que la dejaría, no volvió a buscar a sus hijos. Pensó que era lo mejor. Sin embargo, la esperanza de verlos en su casa era enorme.

En la noche llegaban los invitados. Empezó la fiesta. La música fue exquisita, la comida grandiosa y un ambiente como no se vivía desde hacía mucho tiempo. El salón y el comedor estaban rebozando de risas y carcajadas. El ambiente ameno se vivió en cada rincón. Los niños hicieron sus travesuras mientras los adultos platicaban, comían y bailaban. Albert buscaba esos dos pares de ojos iguales a los de él por todos lados. Para poder ver por todos lados, tomó a su esposa por la cintura, le tomó otra mano y dieron vueltas por el salón completo. Ella pareciera que brillaba más que las estrellas de la felicidad. Él la miraba con amor. Llegó la hora del brindis.

Gracias a todos por venir a celebrar el cumpleaños de mi esposo. Esperamos que estén disfrutando de esta velada en honor a él. Ahora, brindemos por William Albert Andley; empresario, padre y esposo. ¡Salud!

Todos subieron su copa de champán en pro de la felicidad del celebrado. Continuó el agasajo. Las horas pasaron. Archie y Eleanor se despidieron de Albert. Stear decidió irse con ellos de vuelta al hotel. Albert se separó de Candy con la excusa de acompañar a sus sobrinos a la puerta. En el momento en que Eleanor los dejó solos, tuvo la oportunidad de preguntar por Victoria y Terry.

Ellos no pudieron viajar. – Respondió Stear.

Supongo que ahora estarán en Londres.

No lo sé. Terry viaja mucho por los negocios… - Vio el carro enfrente. – Me despido. Feliz cumpleaños. Espero que hayas disfrutado este día maravilloso. – Le dio un abrazo y se fue antes de que la conversación continuara.

Sí, Albert. Feliz cumpleaños. – Dijo Archie seguido de un abrazo.

Espera. ¿Qué sabes de Terry y Victoria?

Sé que están muy contentos por la venida de sus gemelos.

¡Gemelos! ¡Victoria! ¡Otra vez!

No lo sabías.

No. Me ha sorprendido la noticia. No supe siquiera que estaba embarazada. Quiere decir que tiene dos pares de gemelos. – Su actitud incrédula frente a la noticia. Son cuatro hijos los que tenía su amiga de la adolescencia.

Exactamente. – Dijo cuando Eleanor regresó. - Adiós, Albert.

Feliz cumpleaños. – Dijo Eleanor. Se despidieron y se fueron.

Archie se quedó con la duda. Siempre que Albert quería hablar de Terry y Victoria, Stear lo evadía. Por eso, Archie también lo hacía a pesar de conocer la situación del hijo mayor de su esposa a la perfección y la petición de Terry hacía años sobre su situación con Victoria. Al llegar al hotel, dejó a su esposa en su habitación y buscó a Stear para hablar de ello.

Stear, ¿puedes decirme lo que sucede?

No sé de qué hablas.

Hablo de la forma en la que evades a Albert cuando él pregunta por Terry y Victoria.

La verdad no sé cuál es el problema. Solo sigo las instrucciones que ella me dio cuando empecé a trabajar. Pero no soy solo yo. ¿Tú porqué lo haces?

Cuando nació mi hijo, Terry me pidió discreción.

¡Le hiciste caso!

Es el hijo de mi esposa. No puedo fallarle. De igual modo, no sé bien la historia. Tiene que ser importante para que sigan así después de tantos años.

Supongo que sí.

Pero no sabía que él no sabía sobre los pequeños gemelos. Se me salió.

¿Albert no sabía nada?

Nada. Se sorprendió muchísimo. No creo que supiera nada de eso. Me dijo que no sabía que ella estuvo embarazada; mucho menos que habían nacido.

Bueno, ahora ya lo sabe.

Eso es de este momento y… ¿del pasado?

Ni idea, hermano.

No llegaron a nada. Solo pensaban en los mismo: quizá los hijos mayores de Victoria tenían que ver. Stear cada vez que los miraba al viajar a Londres, se sorprendía por las similitudes entre Albert y esos dos jóvenes. Sin embargo, no dijeron nada. Pretendieron quedarse con la duda los dos.

Días después, Albert seguía pensando en esos dos hijos. Quería verlos. Al aumentar el deseo de verlos, aumentaba el cargo de conciencia. No quería lastimar a Candy y a sus hijas; mucho menos perderlas. Estos pensamientos acaparaban la mente del rubio.

Mi amor… mi amor… - Llamaba Candy a su esposo.

Dime. – Dijo al regresar al presente.

¿Te pasa algo?

No, nada. Sabes que siempre tengo cosas en mi mente.

Ya lo sé. Siempre así. He estado pensando.

¿En qué?

En que no hemos tomado unas vacaciones en familia desde hace mucho.

Es cierto. ¿Qué se te ocurre?

Se me antoja viajar un rato. Así descansas del trabajo. Disfrutaremos de nosotros.

¿A dónde quieres ir?

No lo sé. Sorpréndeme como lo hacías antes.

Bien. Déjame pensar. – Dijo sentado en su silla frente al escritorio. - Ven acá.

A dónde.

Acá. Ven. – Le señaló que diera la vuelta y pararse frente a él.

Candy lo hizo. Cuando llegó, sintió cómo la jalaba hacia su regazo. La tomó con dulzura y le dio un beso largo, largo.

Las vacaciones siempre eran bienvenidas por la pareja y sus hijas. Se fueron a Florida para disfrutar de la playa en vez de ir a Lakewood. Las pequeñas gozaron el tiempo que pasaban con su papá. Hicieron castillos de arena, nadaron en el mar, hacían parrilladas en la playa, se asoleaban juntos. Se convirtió en una tradición anual salir de Chicago a alguna otra ciudad de América. Él no se atrevía a sugerir ir más allá del continente. No quería tentarse a ir a Londres. Ella era feliz de estar con su familia.

¡Tengo una linda familia! Mi esposo y mis hijas son lo más maravilloso! No puedo imaginar mi vida de otra manera. – Recordó aquella primera conversación que tuvieron una noche de curiosidad. Mostró una sonrisa traviesa.

¡Y esa sorna! – Le dijo Albert al entrar. - ¿En qué piensas?

Recordaba aquellas preguntas que te hice a la media noche. ¿Las recuerdas?

La verdad no. Nunca hablamos de ello.

Te refrescaré la memoria.

¿Refrescar? Al fin me contarás a detalle esa conversación. – Le pide a él que se siente a la par de ella. Al sentarse, ella se acomoda sobre su pecho. - Te hice tres preguntas. ¿Qué se sentía hacer el amor?

¡Ahh!

Con cuántas mujeres habías estado.

Y…

¿Cómo te gustaba la lencería?

¿Cómo te atreviste a preguntarme eso?

Por eso lo hice a la media noche. Medio dormido… ni te acuerdas. Jajajajajaja

¿Te respondí?

Lo hiciste.

¿Recuerdas las respuestas?

Recuerdo esa conversación como si fuera ayer.

¿Qué te contesté?

A la primera pregunta me dijiste lo maravilloso que se siente. ¿Sabes? Tenías razón. Cuando lo hicimos me demostraste lo increíble y delicioso que es hacerlo.

¿Te gustó, verdad?

Me encanta estar contigo.

Mmmm…

La respuesta a la segunda era tres.

Mmmm…

La tercera, me dijiste que te gustaba que mostrara algo, pero no todo.

¡Ahh…! Con razón estabas vestida así aquella vez. ¿Cuándo la compraste? Eso no lo sabía. No me llegó la factura. Me hubiera dado cuenta una factura de una tienda de esa especialidad.

No te iba a llegar. Te pedí efectivo. – Se muerde los labios al admitir su diablura.

Mmmm… Y… ¿todavía tienes alguno de esos trajes?

Mmmm… Sí, ¿por qué?

Enséñamelo…

Ahora te lo traigo…

En ti… Llegaré enseguida a verte.

Te espero. – Se levantó y se fue.

George atendía las empresas con Albert. Dos años pasaron. Cuando el negocio con James Inc. tenía algún problema, Archie resolvía el problema con Stear. Tener un representante Andley en Nueva York fue una de las mejores decisiones que tomaron. Pero era hora de renegociar.

Albert, es momento de renegociar el contrato con James Inc.

No sé si quiero hacerlo.

Entiendo porqué no lo quieres hacer, pero tenemos que admitir que es un excelente negocio.

Lo sé. Lo sé.

Decide. Porque tienes que decidir quien hará las negociaciones. ¿Quieres que sea Archie?

Por el lado de James Inc., ¿quién está a cargo de las negociaciones?

Tengo entendido que es la Señora James…

¿No querrás decir Grandchester?

Perdón. Tienes razón.

Ella… - Se voltea a ver por la ventana. – Victoria.

¿Entonces? – Preguntó por falta de respuesta inmediata.

Lo haré yo.

¿Estás seguro? Creo que sería mejor que Archie lo hiciera.

¿Por qué?

Porque tú quieres hablar con ella sobre otros temas que pueden afectar, no solo a las empresas, sino también a tu vida familiar. ¿Te imaginas si las cosas se salen de cauce? Le harás daño a mucha gente. Esos jóvenes ya tendrán unos 19 o 20 años. Son mayores de edad. Tienen su vida hecha y ¿para qué?

Son mis hijos… - Gritó. – Son mis hijos…

Piénsalo bien. Todavía tenemos unos meses para meditarlo. – Se dirigía hacia la puerta. Se volteó. – Se me olvidaba. Archie me dijo que en James Inc. habrán cambios radicales. No sé de qué se tratan. En el momento que sepa más, te contaré.

Está bien.

En Londres se estaban llevando a cabo los preparativos para pasar la batuta del manejo de James Inc. a los dos hijos de Victoria. Ellos eran jóvenes, pero en los últimos años, comenzaron a estudiar en la universidad, les faltaba un año más para terminar, y trabajaron a la par de su madre y Terry. Uno de los gemelos se quedaría terminar de estudiar y trabajar en Londres y el otro, quería lo mismo pero en Nueva York. Así se separarían los gemelos. No se quedarían solos, trabajarían con la ayuda de Victoria y Stear. Esto ponía nerviosa a Victoria. Ella no desearía separar a sus hijos. Ellos ya eran unos hombres capaces de decidir por sí solos. Así se llegó a la solución, el aspecto positivo es que había oficina de James Inc. en ambas ciudades. Pasar la batuta de la generación anterior a la nueva preocupaba a la Duquesa porque de esa manera estarían vulnerables a cualquier persona, una en especial, aunque sabía que era cuestión de tiempo que la verdad saliera a la luz.

Ellos se enteraron de la verdad de su padre hacía tiempo. A raíz de las sinceras conversaciones que compartieron con su madre, no sentían resentimientos grandes. Estaban enojados todavía. No era resentimiento. Eran muchachos de bien, con buenos corazones.

Arreglaron todo en Londres para presentar a los hermanos James como nuevos representantes de James Inc. en Europa para después hacerlo en Nueva York. La familia viajaría para presentar a los dos juntos. Harry manejará las cosas en Londres con la ayuda de Victoria y Edward, Nueva York con la colaboración de Stear.

Se llegó al arreglo por decisión de los hermanos. Harry tenía una novia con quien tenía la intención de casarse. En cambio, Edward ansiaba por regresar a América. Victoria estaba contenta, no solo porque Harry era feliz en su relación, sino también porque Edward es más calmado y podrá manejar mejor los negocios con los Andley. Ella estaba contenta con la finalización del contrato con esa compañía, el cual coincide con la llegada de ellos a América. Ella, personalmente, le dará fin al contrato con Archie. Tratará de evitar el contacto entre Albert y sus hijos mayores.

Frente a todos los miembros directivos de las oficinas en Londres, se hizo la presentación de Harry como el nuevo presidente; posición que ejercerá dos meses más tarde al regresar de la presentación del otro lado del Atlántico.

Era la hora de tomar el barco hacia el nuevo continente. Iban Terry y Victoria, Harry con su novia, Edward y los dos pequeños.

Me sigue pareciendo una coincidencia muy grande que mis hijos sean dos pares de gemelos. – Dijo la dama recostada en el pecho de su esposo.

También a mí. Cuando lleguemos, mi madre me hará un gran papelón.

¿Por qué?

Porque hemos tomado mucho tiempo para llevarle a sus nietos. Se muere por conocerlos. Es cierto que al principio tendrás que asistir a unas sesiones, pero después nos daremos unas vacaciones.

Cuando estemos de vuelta, nos tocará duro…

No hables de eso. Ya llegará el momento. Disfrutemos de este momento de silencio… así… juntos… - La abraza, los dos viendo hacia la familia en el balcón de la suite.

Los hermanos y la novia estaban jugando con los pequeñitos. Era de las últimas oportunidades de estar con ellos. La separación se dará en pocas semanas. Edward, quien adoraba a esos niños, los extrañará mucho.