Capítulo 16

Una boda más

Ella se separó de él negando con su cabeza completa en desaprobación. Ofreció una disculpa con una voz ronca. No se dieron cuenta que en la puerta de la cocina, Archie vio la escena completa y se retiró sin ser visto. Tomaron la bandeja con el té. Regresaron a la sala.

Victoria y Eleanor seguían platicando. No estaba segura de recibir a su visita. Le pidió tiempo para decidir. Se sentía mejor; con más energía. Hacía todo lo posible para mejorarse.

Edward, Harry y su novia llegaron. Traían una serie de cosas necesarias para el cuidado de su madre. Ver a Albert sentado a la par de Terry era algo que no esperaban. Una mujer rubia estaba sentada en uno de los sillones. Candy vio a los dos jóvenes. Eran iguales a su esposo. Se puede decir que hubo más de una sorpresa en esa sala. No había vuelta atrás. Se presentaron muy cortésmente. Eleanor entró; pidió a Candy subir con ella. Los caballeros se quedaron quietos ante el pedido. ¿De qué hablarían? ¿Por qué ella primero? ¿Por qué a solas? Terry se puso más nervioso. Albert lo hizo también. ¿Qué podría pasar? ¿Cómo le afectará a las dos?

No quiero que Victoria pierda a nuestro bebé.

No pasará nada. – Dijo Albert.

¿Cómo puedes estar seguro?

No pasará nada, Terry. Ya verás. Sus esposas son unas mujeres de temple. – Dijo Archie.

En la habitación, las damas se sentaron a platicar.

Discúlpame, Candy. – Dijo Victoria.

No hay nada que disculpar. – Dijo Candy.

Las cosas se complicaron mucho. No me puedo imaginar lo que piensas o sientes.

Te he de admitir que estuve confundida. Pero no es por ti. Es por Albert. No me contó nada. Lo sabía y no me contó nada.

Es difícil confesar que tienes dos hijos con una novia del colegio.

Creo que lo es.

Además, cuando ustedes comenzaron su relación, él no sabía nada.

Solo porque nunca leyó tus cartas. Se negó… te abandonó… Lo siento.

¿Tú? Tú no hiciste nada.

Cuando quedé embarazada, tuve mucho miedo de que Albert me dejara.

Él no es ese tipo de hombre. Siempre fue responsable. No te dejaría. Te ama.

Cierto. Pero eso no impidió que me sintiera así. No puedo imaginar que me abandonaran embarazada; como te pasó a ti.

Fue duro. Arthur me ayudó mucho en ese sentido. En él encontré apoyo. La situación mejoró y así sucedieron las cosas.

No pensemos en el pasado. Yo seguiré un poco enojada con Albert.

No lo hagas.

Tiene sus ventajas estarlo.

¡Cómo!

Está muy dulce y me mima.

Las tres rieron. Cada una tenía sus razones para hacer las cosas. El hecho que las tres conocían bien a sus esposos, les permitían encontrar un lugar común sobre la cual entablar una relación. Victoria se sintió mejor. Tener otras mujeres con quienes compartir su tiempo era maravilloso. Siempre estaba alrededor de caballeros: su esposo y sus dos pares de gemelos. Se los hizo saber a las damas. Eleanor respondió con una sugerencia. Le pidió a Candy quedarse unos días más para visitar. Candy no estaba muy convencida; deseaba ver a sus hijas. Victoria le propuso traerlas a Nueva York unos días. Podrían conocerse con sus hermanos mayores y convivir con otros niños.

Terry subió al darse cuenta que pasaron dos horas y no salían de la habitación. Se detuvo frente a la puerta; antes de abrirla, escuchó las carcajadas de las mujeres. Tocó suavemente. No recibió respuesta. Tocó más fuerte. Le dieron paso. Se relajó al ver que Victoria estaba sonriendo. Se sentía mejor. Le explicaron el horario de los próximos días; desde la llegada de las hijas de Candy hasta las reuniones familiares. Se reunirían en esa habitación porque Victoria no puede bajar. Mientras ellas platicarían arriba; abajo, Terry y Albert tendrían que cuidar a los niños. De esa forma, ellas tendrían tiempo de mujeres. Terry preguntó por el trabajo.

Edward y Harry se encargarán de la oficina y lo que sea necesario. Dijiste que tendríamos unas vacaciones, Terry.

Lo sé, pero ¿esto?

Sí esto. Así que baja por Albert. Le tenemos que decir a él también. – Dijo Candy.

Llama a Archie también, hijo.

Ya vuelvo.

Bajó a buscarlos; entraron al cuarto. Las damas explicaron a los caballeros el plan. No tuvieron otra opción más que aceptar. En realidad no era una propuesta, era una orden. Terry aceptó porque Victoria estaba delicada de salud y verla con el ánimo alto le pareció. Albert estuvo de acuerdo porque tenía que quedar bien con Candy. Y Archie sabía que Eleanor iba a estar todo el tiempo posible al cuidado de su nuera y nieto en camino. Todo estaba arreglado. Albert y Terry tomarían días libres para cuidar a todos los niños. Archie, Edward y Harry estarían trabajando, mientras Victoria, Eleanor, Candy y la novia de Harry estarían platicando. Serían las últimas semanas en compañía de todos los miembros de la familia noble. Harry regresaría a Londres con su novia para hacerse cargo de la oficina.

Jajajaja… - Archie reía mientras los esposos bajaban las gradas.

¿De qué te ríes, Cornwell?

De ustedes dos.

¿De nosotros dos? Archie, sobrino, no te rías tanto. Tu esposa también estará acá.

Sí, con mi hijo que ustedes cuidarán mientras voy a trabajar. Jajajaja…

¿Tú no estarás con nosotros? – Preguntó Albert.

No. Yo estaré en la oficina. No puedo dejar los intereses de la familia. Mi jefe no me lo perdonaría… ¿o sí? – Viendo a su tío.

Es cierto… George está en Chicago y tú aquí. Será excelente tener un descanso con mi esposa.

Ya te veré al segundo día de cuidar niños… Jajaja…

Esa noche regresaron Albert y Candy al apartamento de Archie. Tomaron la cena con tranquilidad. Sin embargo, una conversación se llevó a cabo unos minutos después.

Candy.

Dime.

¿De qué hablaron?

Hablamos de todo un poco. Tienes razón. Es una persona muy buena.

¿Me contarás?

No. – Le guiña. – No insistas.

Pero… todo bien…

Todo bien. – Caminaba hacia la habitación. – Voy a cambiarme. Estoy algo cansada. ¿Vienes?

Sí. Llego dentro de unos minutos. – Levantó el teléfono para pedir que trajeran a sus hijas en el tren del siguiente día.

Albert entró al cuarto. Encontró a Candy acostada en la cama. Sus rizos se apoyaban en la almohada. Aparentaba dormida. Él se quitó su ropa, se puso su pijama. Levantó las sábanas para acostarse. Dio vuelta para acercarse a su esposa. Acercó su mano a la espalda de ella. Le gustó darse cuenta que ella lo esperaba. Antes de continuar la caricia, se quitó su pijama rápidamente. Se volteó hacia ella otra vez; acurrucó su cuerpo contra el de ella. La rubia gimió. El rubio le besó la nuca con dulzura y pasión al mismo tiempo que la hacía suya una vez más.

En la casa de los Cornwell, Eleanor se despidió de su hijo. Regresó a su alcoba. Archie estaba acostado leyendo un libro. Ella entró al baño a prepararse. Salió lista. Juntó sus labios y silbó para llamar la atención de su esposo. Él volteó a verla. La actriz estaba parada bajo el dosel de la puerta con una bata muy sugestiva. Entre la oscuridad de la habitación y la luz del baño encendida permitía ver el contorno de una mujer apasionada. Comenzó a caminar hacia la cama. Archie, siempre correcto y respetuoso, no pudo más que observarla con detenimiento. Sabía lo que harían esa noche… toda la noche…

Terry se sentó a la par de Victoria. La abrazó rodeando los hombros con su brazo. Por primera vez en semanas, ambos tranquilos. El miedo se disipaba; se alejaba de sus corazones. Sonrieron viéndose a la cara. Los labios varoniles buscaron a los femeninos en un beso arrasador. Se abrazaron. Durmieron toda la noche.

Pasó la semana. Todos se conocieron. La relación entre Albert y sus gemelos mejoraba. Presentar a Candy y a sus hijas, les ayudó a hacerlo más rápido. Las visitas diarias lograron armonizar el ambiente. La precaria situación de Victoria promovió todo esto. La preocupación por parte de todos hizo que olvidaran nimiedades que en otro momento serían causantes de grandes discusiones y alegatos. Victoria comenzó a mejorar. El apoyo de todos fue valioso y jugó un papel muy importante. Brindó la serenidad que necesitaba.

Harry y su novia hablaban bajito. Solo se percibían los gestos de aprobación y complicidad que existe entre la pareja. Pidieron una audiencia con los padres del gemelo. Expresaron el deseo de casarse antes de volver a Londres.

Mi corazón, ¿dime qué pasa? – Preguntó Victoria recordando la pelea que tuvo su hijo con su novia en el barco.

Nada, mamá.

¿Estás seguro? – Dijo Terry.

Te aseguro que no es por la misma razón que ustedes…

Nosotros nos casamos por amor, Harry. – Expresó con picardía el esposo.

Yo también me casaré por amor, pero no materializado…

Jajajaja… ¡Qué lindo mi hijo! La forma en la que lo dices… Jajajaja… tan diplomático.

No te rías, mamá. Esto es serio.

Nunca dije que no lo era. El matrimonio es serio.

¿Por qué quieres casarte tan precipitadamente? – Preguntó Terry.

… - Harry bajó el rostro.

Verán. – Lo interrumpió su novia. – Seré tan sincera con ustedes como ustedes han sido conmigo. Victoria, Harry tiene miedo.

¿Miedo?

Miedo de perderla. Tiene miedo de que no esté con nosotros el día de nuestra boda. – Comenzaron las lágrimas a derramarse en el rostro de todos. – A raíz de lo que le sucedió… de verla tan delicada… pensamos que podía suceder…

Harry, ven acá. Dame un abrazo, mi amor. – Pidió Victoria y así lo hizo su hijo. – Mi corazón, no tengas miedo a la muerte.

Mamá…

La muerte es parte de la vida. Así son las cosas.

Es que…

Te entiendo. Pero no tomes decisiones precipitadas por eso.

No es precipitada. Esto lo hablamos antes de venir a América. Pero tu embarazo provocó adelantar los planes. Mamá, te adoro. Quiero que estés con nosotros el día en que nos casemos.

Y ¿tus padres?

Los llamamos para que vinieran. Atracan esta noche.

La boda será mañana aquí.

¡Aquí!

Si te parece, claro.

No hay nada preparado.

No será grande. Seremos la familia y los padres de ella.

¿Están seguros?

Sí.

Entonces háblale a todos para que arreglen la sala y que vayan a comprar lo necesario para una pequeña recepción.

La recepción será en la sala, pero la boda será aquí… en tu cuarto.

¡Estás loco!

No, mamá. Te quiero a mi lado y tú no puedes moverte. Será aquí.

Tantas cosas que hacer.

No te preocupes por nada, amor. – Dijo Terry. – Lo arreglaremos. Promete que seguirás las instrucciones del médico sin importar lo que suceda alrededor tuyo.

La casa estaba arreglada. Al medio día, en punto de las doce, Harry besaba a su ahora esposa frente a los invitados. Los padres de ella les regalaron una mansión en las afueras de Londres. Como regalo de bodas, Victoria y Terry les regalaron un crucero de luna de miel. Además, Terry les ofreció su casa de Nueva York para que convivieran mientras se iban de luna de miel y de vuelta a Londres. El padrino de la boda fue Edward y la madrina fue Victoria. El día fue de alegría para todos. Durante la pequeña recepción, la única persona no presente era la madre del novio por instrucciones del médico. Disfrutaron de un champagne delicioso, unos platillos exquisitos y una conversación agradable.

Albert no había podido hablar con Victoria desde el hotel. Durante la visita aquel fin de semana, le fue imposible. Pidió a Terry permiso para subir a verla. Él accedió. El rubio subió las gradas; buscó la puerta de la habitación. Tocó suavemente. Le dieron el pase para entrar.

Victoria.

Willy…

No hemos podido hablar, no desde el hotel.

Cierto.

¿Podríamos hacerlo ahora? ¿Te sientes bien?

Estoy bien. Estos días con la compañía que tuve, me siento mejor.

Perdóname. No quise… no sabía…

No tengo nada que perdonar. Es conversación se tenía que dar un día.

Pero no quería incomodarte tanto como para poner en riesgo tu salud.

No sabía sobre mi embarazo. De haberlo sabido, no hubiera ido.

¿Me hubieras evadido nuevamente?

Si era por mi salud, claro que sí… - Se ríen. – Pero me encanta que ya haya pasado todo y que estemos bien. ¿Estás bien?

Lo estoy. Pero te confieso que me da tristeza no poder compartir más con ellos.

Lo harás. Ellos podrán visitarte en Chicago y tú en Nueva York.

Harry se irá a Londres.

¡Qué mejor excusa que tengas un hijo a quien visitar!

Claro…

Me alegra la mejora en tu situación con Candy.

Su reacción es extraña. Por un lado, a veces no me habla. En otras, es muy dulce.

Creo que todavía falta un poco para que las cosas sean como antes.

Nuestros hijos… ¡qué raro suena eso! ¿Quién lo imaginaría?

Yo lo sabía.

Nuestros hijos han sido muy buenos con Candy y con mis hijas.

Ellos siempre quisieron muchos hermanos y hermanas. ¿Te das cuenta que en total son seis?

¿Seis?

Edward, Harry, tus hijas y mis gemelitos…

Y el otro que viene en camino.

Dentro de un par de días regresarán a Chicago, ¿verdad?

Lo haremos. Tengo que regresar a trabajar y mis niñas a estudiar.

Gracias por quedarte a la boda de Harry. Significa mucho para nosotros que nos acompañaran.

Al contrario, Victoria. Me gusta que nos hayan incluido. Esto lo lograste tú.

¿Yo?

Sí…

No fui yo. Fue Harry.

Educaste a dos grandes hombres.

Gracias.

Siguieron platicando. Albert le preguntaba por sus hijos; la vida de niños. Fue una conversación llena de experiencias tristes y alegres. Carcajadas salían del cuarto. El primer paso, el primer diente, el primer corte de pelo, el primer susto, la primera pelea, la primera muerte en sus vidas, cuando cumplieron diez años… Hablaron de todo. Otro toque en la puerta se escuchó. Los novios entraron a despedirse. Harry vio a Albert sentado en la silla al lado de la cama. Anteriormente, lo hubiera enojado; pero no ahora. Se sentaron sobre la cama. Las anécdotas seguían surgiendo. Edward subió a buscar a la pareja. Entró y se sentó a hablar también. Terry y Candy llegaron minutos después. Luego, Stear, Eleanor y Archie los acompañaron. Esa habitación se convirtió en un agujero negro. Quien entraba, no salía. Una hora después, todos estaban acompañando a Victoria. Las dos personas indicadas iban saliendo del cuarto poco a poco. Finalmente, nadie se percató de la ausencia de la pareja. La embarazada comenzó a desvanecerse. Con una sonrisa quedó dormida pasando desapercibida. Eventualmente, Edward se dio cuenta del sueño profundo de su madre. Pidió a todos silencio y salir por la puerta. Los invitados se fueron. Terry se despidió. Regresó a la par de su esposa.

Cada uno regresó a su vida. Candy y Albert viven en Chicago con sus dos hijas. Archie y Eleanor con su hijo Rafael, en Nueva York. Stear y Edward trabajan en las oficinas de James Inc. en América. Harry lo hacía en las oficinas de Londres. Terry y Victoria regresaron a vivir a Londres. Sus cuatro hijos vivían con ellos. Un pacto se resolvió entre las familias. Las celebraciones navideñas se celebrarían en rotación entre Chicago, Nueva York y Londres. Ninguno faltó a ese pacto.


Bueno mis queridos amigos y amigas, hemos llegado al final de nuestra historia. Espero les haya gustado.

Gracias por sus comentarios. Les aseguro que han sido muy bien recibidos y he aprendido algo de ellos. Aplicaré lo aprendido en la siguiente.

TC GAN