Capítulo 5
Así continuaron los dos meses siguientes. Edward iba y venía desde la isla a Atenas y dormía con Bella cada noche, excepto los fines de semana que pasaba con su amante. O eso imaginaba Bella.
Bella se decía continuamente que no le importaba, que los sábados y domingos suponían para ella un descanso del apetito voraz al que la sometía los restantes días de la semana.
Todos los sábados por la mañana llamaba a Vanessa y pasaba largo rato hablando con ella, asegurando a la niña que no la había olvidado. Esas llamadas eran para ella muy dolorosas, y al mismo tiempo, eran el único aliciente de la semana. La niña se sentía muy sola. Bella la entendía, porque ella había sentido lo mismo durante su infancia y se pasaba los fines de semana deprimida. Durante el día, Bella se había organizado su propia rutina: nadaba veinte largos antes del desayuno y hacía lo mismo por la tarde. Entremedias leía bastante y Bella se encogió de hombros y de repente se dio cuenta que iba a tener que admitir que le había dejado hacerle el amor cuando ya sospechaba que estaba em barazada.
-La semana pasada tuve la segunda falta en mi período. Quería estar segura antes de decírtelo.
Era una excusa estúpida, pero él no dijo nada. Sim plemente la miró en silencio, con unos ojos que no dejaban traslucir nada. Pero aún así, ella creyó intuir algo en él... algo que la dejó inmóvil bajo el sol, conteniendo el aliento mientras esperaba... ¿Qué esperaba? Se preguntó confusa. Enseguida lo supo, porque la respuesta de él fue tan dolorosa que creyó que iba a desmayarse.
-Entonces ya está.
Dicho lo cual se dio la vuelta y se marchó, dejándo la allí sola, abandonada y vacía. Una hora después, desde el dormitorio, Bella escuchó el helicóptero despegar. Con la cara pálida y los dientes apretados, cerró los ojos y los puños y oyó el ruido del motor alejarse.
«Entonces ya está». Aquellas palabras crueles no habían dejado de repetirse en su mente una y otra vez. No le había hecho ninguna pregunta sobre su salud. ¡Ninguna! De su boca únicamente habían salido aque llas tres palabras que demostraban el desprecio que sentía por ella y por su hijo. Que indicaban que aquel hombre no tenía sentimientos y que deseaba aquella isla a cualquier precio. No había esperado algo diferente de él, pero aún así se sentía muy dolida.
Y de repente, sin previo aviso, las puertas que co nectaban su dormitorio con el de él se abrieron. Bella se dio la vuelta sorprendida y se encontró con Edward.
El asombro y la confusión que experimentó fueron tan fuertes que su cabeza comenzó a dar vueltas, sin sa ber exactamente por qué, hasta desvanecerse.
-¿Qué demonios te ha pasado? -oyó que decía la voz ronca de él, mientras volvía en sí.
Estaba tumbada en la cama y él estaba a su lado, mirándola con expresión enfadada y preocupada a la vez.
-Creí que te habías ido -murmuró-. Me ha sor prendido verte.
-¿Creíste que me había ido? -preguntó, con una incredulidad tal que ella estuvo a punto de reír-. Aca bo de llegar. ¿Por qué demonios me iba a marchar tan pronto?
-¿Por qué demonios ibas a querer entrar en mi dormitorio durante el día? -replicó ella.
Él hizo un gesto incómodo, al tiempo que se senta ba en el borde de la cama.
-Puede que sea cruel, pero no soy tan despiadado. - Fue una pequeña concesión, una insignificante, por su parte que no merecía la respuesta de ella... o no to davía.
Entonces el brazo de ella se levantó, como por propia voluntad, para agarrar el cuello de él, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. A continuación se incorporó y apoyó el rostro sobre su hombro y lloró. Era difícil saber cuál de los dos estaba más impre sionado. Bella estaba sorprendida de ella misma porque nunca, ni en sus horas más bajas, había imaginado ha cer algo así. Jamás había llorado delante de nadie, ni si quiera se había permitido hacerlo a solas. Edward, por su parte, estaba tan asombrado que se quedó rígido. Ella notó la tensión de sus hombros y su cuello, pero también sintió el latido de su corazón, como si la impresión le hubiera hecho cambiar su rit mo habitual. Y en ese instante, con un suspiro extraño y conteni do, Edward se giró y la abrazó. No dijo nada, simplemen te la dejó que hiciera lo que necesitaba hacer: llorar como si tuviera el corazón destrozado.
Pero como suele pasar con los gestos impulsivos, ése llegó de repente a su fin. Cuando así fue, cuando los sollozos se hicieron gemidos amortiguados y Bella se dio cuenta de lo que había hecho y con quien, la ver güenza tiñó sus mejillas y se estremeció de horror. Se apartó de él, se levantó de la cama y se dirigió hacia el cuarto de baño dejándolo sentado en la cama, siguiéndole con sus ojos verdes.
Ella no miró atrás, no quería ver lo que había en aquellos ojos. Necesitaba estar sola para asimilar lo que había pasado en aquella habitación bañada por el sol. Por primera vez en muchos años, Bella había pedido la ayuda de una persona para consolarse y se despreció por su debilidad. Odió a Edward por hacerla sentirse tan frágil y odió la situación que nunca debió comenzar y que tenía que continuar su curso. Un curso que cambiaba y avanzaba poco a poco. Sorprendentemente, Edward no la olvidó después de que su parte del contrato se hubo cumplido. Si estaba en Atenas, iba todas las noches a la casa, e incluso comen zó a cenar con ella para charlar un rato y acompañarla cada tarde. La llevó de excursión varias veces a tran quilas playas al atardecer o a dar un paseo por alguna ciudad de la isla, en esa época llena de turistas. Pero, siendo fiel a su palabra, no volvió a hacerle el amor.
Pasó un mes y luego otro, y era visitada por un doctor que viajaba desde Atenas. Ganó peso y sabía con certeza que si no seguía haciendo ejercicio dos veces al día en la piscina, se hincharía como un balón gigante. No notó el brillo de su rostro, que aumentaba su belleza con una nueva vitalidad o el caoba de su pelo que se hizo más profundo y sedoso y que, bajo el sol, parecía fuego ardiente. Tampoco notaba la voluptuosidad que emanaba de su cuerpo hinchado en el vientre mientras el resto permanecía increíblemente delgado. Lo único que sabía en esos momentos era que ama ba a su hijo ya, aunque no le gustara la forma de su cuerpo.
-Estás creciendo, cariño -murmuró suavemente una mañana, mirándose al espejo los cambios que se producían en el abultado abdomen-. Toma lo que necesites de tu madre para hacerte un hombre fuerte.
Y el hijo tomó mucho, tenía que admitirlo. Tanto que necesitaba irse a la cama antes de las diez cada noche y descansar varias veces durante el día. Luego, la tarde de un miércoles, dos semanas después de que comenzara su quinto mes de embarazo, recibió una llamada que le devolvió toda la energía en forma de venganza. Leah contestó la llamada y fue a buscarla.
-Una tal Weber. Dice que es urgente.
La señora Weber, el ama de llaves de su padre la llamaba y Bella se levantó alarmada hacia el teléfono más próximo. La causa de la llamada era Vanessa y diez minutos más tarde Bella volvía a la cama en un fuerte estado de nervios.
-Escucha, Sue, tengo que irme a Inglaterra. No me importa cómo, pero iré aunque tenga que ser a nado.
-Pero el señor dice que no puede dejar la isla sola.
-¡No me importa lo que el señor dice! ¡Tiene que haber un número de teléfono donde se pueda contactar con él en una urgencia! Así que llámalo ahora mismo -ordenó, abriendo su maleta y poniéndola sobre la cama.
-¿Ponerse en contacto conmigo para qué? -dijo una voz masculina desde la entrada de su dormitorio. Bella se volvió y fue hacia él.
-¡Oh, Edward! Gracias a Dios...
La muchacha notó un mareo repentino y no tuvo más remedio que tumbarse en la cama, al lado de la maleta. Como en la lejanía escuchó las maldiciones de su marido y su prisa por ir hacia ella en su ayuda.
-¡Mujer estúpida! ¿Cuándo vas a aprender que no puedes salir de la isla así?
-Estoy bien -aseguró, aunque sus labios estaban extrañamente pálidos.
-Sí, claro -replicó él burlonamente, viendo el es fuerzo que hacía para levantarse-. ¡Estás tan pálida como las sábanas!
-¡Escucha! -gritó, interrumpiéndolo enfadada, ignorando su mareo y la sensación de náuseas que le llegaba del estómago-. Nessie, mi hermana, está en el hospital con apendicitis aguda. Tengo que ir a Inglaterra, me necesita.
-Necesita a su padre -aseguró Edward con frialdad-. Tú necesitas descansar y cuidarte.
¿Era una negativa? Bella lo miró y vio en su cara aquella conocida expresión hermética. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que tenía que librar una batalla. Sue había desaparecido del cuarto.
-Ella me necesita -repitió.
Edward fue hacia el baño como si ella no hubiera ha blado. Bella se levantó, notando cómo el temor la invadía.
-Edward... -le dijo, en la puerta del baño, sintiendo sus caderas temblorosas y su cabeza tan mareada que tuvo que agarrarse al marco de la puerta-. Por favor... Tiene sólo siete años, está asustada y débil. Necesita de mí.
-No sé en qué podría hacer para ayudar a su hermana. Así que he pedido que nos preparen algo para ir a comer a la bahía del otro lado de la isla.
-No voy a ir a sentarme tranquilamente a comer en ninguna playa mientras Vanessa me necesita -exclamó enfadada.
-Lo harás, Bella. Vas a hacer exactamente lo que yo diga. Tu hermana no es asunto tuyo, tu preocupación tiene que ser ahora mismo el hijo que llevas dentro. Concéntrate en tus prioridades y olvida que has recibido esa llamada. Te prometo que será la última que recibas desde ahora.
-Entiendo. La prisionera ha sido finalmente aislada, ¿es eso? No se me permite salir de la isla por si acaso alguien adivina que la forma de mi cuerpo tiene algo que ver contigo. No se me permite hablar con nadie por si alguien de la isla descubre mi relación contigo. Y ahora no voy a recibir llamadas de mi propia familia por si acaso reciben la impresión estúpida de que todavía tengo una cabeza para pensar de vez en cuando.
-Así es... te tengo en una jaula de cristal. Y dime, ¿vas a querer nadar en la bahía? Porque si es así puedes llevar un traje de baño.
-¡No voy a ir a ningún lado contigo!
El hombre entornó los ojos y alzó la cabeza como si le hubiera golpeado.
-No me hables así -dijo, sorprendido.
Como respuesta, ella se acercó a la maleta y la cerró. Inmediatamente, él le quitó la maleta y la agarró por los hombros sin apretarla, aunque demostrándole lo que estaba dispuesto a hacer.
-Ahora escúchame -continuó él, con los dientes apretados-. Firmaste un contrato en el que yo tengo más derechos sobre ti que tú misma. Llevas un hijo mío dentro de ti.
-Un pasaporte para lo que más deseas, quieres decir. Yo no soy otra cosa que la mártir que has tenido que aceptar para conseguir tu sueño.
-¿Mártir? ¿Te ves así de verdad? ¿Y quién demonios crees que soy yo?
-Alguien cruel y sin corazón si no me permites ir en ayuda de una niña enferma y asustada que me necesita -exclamó, apartándolo de un empujón-. Pero yo no soy como tú y me importa el dolor y el sufrimiento de una niña, así que voy a ir, te guste o no.
Entonces tomó el bolso y se dirigió hacia su dormi torio. Tenía dinero propio, así que podría comprarse la ropa que necesitara y el billete de avión.
-No permitiré que te vayas, lo sabes.
-No creo que te haya pedido permiso -replicó con tono seco.
-Mis hombres te detendrán cuando te aproximes a la salida de la finca.
En ese momento Bella estaba en las escaleras que bajaban hacia la primera planta, la mano apoyada en la barandilla porque sabía que podía desmayarse en cual quier instante. El la observaba atentamente, temiendo lo que la muchacha podría hacer si daba un paso hacia ella.
-¿Quieres decir que me detendrán físicamente?
-No, pero yo si lo haré. Apártate de las escaleras, la palidez de tu cara me dice que estás luchando por mantenerte en pie.
-Tú cara me dice que no tienes ni idea de lo que es amar a alguien por encima de lo que te amas a ti mismo.
-¿Me estás hablando de tu hermana?
-Sí -dijo, con el rostro más sombrío aún-. Nessie me necesita. Soy la única madre que ha conocido en su vida y tiene derecho a llamarme para que corra a su lado si está sufriendo.
-Vete con ella y se romperá inmediatamente el contrato que tenemos.
Bella se quedó inmóvil, mirándolo con los ojos abiertos de par en par. En el contrato había una pequeña cláusula que la prohibía salir de la isla mientras estuviera embarazada, a riesgo de perder la custodia sobre su hijo. Y es que al firmar no había previsto ningún motivo para salir de allí hasta que todo hubiera terminado. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que lle gaba el momento de elegir entre Vanessa y el hijo que crecía dentro de su vientre. Un hijo al que ya amaba y seguiría amando mucho más que aquel hombre cruel. ¿Podría hacer ella eso a su hijo? Lo demás no le importaba.
Bella cerró los ojos, preguntando en silencio por qué el destino le mandaba una prueba así. Le llegó la imagen de Vanessa; recordó su carita mirándola. Nessie tenía los mismos ojos marrones y serios de ella, el mismo cabello cobrizo y la misma personalidad vibrante y natural.
Finalmente decidió que, a pesar del dolor que ello le provocaría, aceptaría el riesgo de perder a su hijo. Era justo ya que Vanessa había sufrido mucho a su corta edad, mientras que su hijo viviría rodeado de felicidad. Ésa era la diferencia entre su padre y Edward: ambos eran déspotas quizá, ambos crueles y sin corazón, pero Edward nunca castigaría a su hijo por los pecados de su madre. Los ojos de Bella se abrieron y miraron dentro de aquellas pupilas verdes.
-Tengo que ir. Lo siento.
Dicho lo cual se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras. Tenía los ojos llenos de lágrimas porque era como si la historia volviera a repetirse y no pudiera soportarlo.
-Espera.
Bella estaba en el último escalón y las palabras de él la golpearon. Se detuvo temblando, pero no se volvió, a pesar de oír que él bajaba las escaleras. Era mejor que él no viera su rostro en ese momento.
-¿Por qué? Dime una sola razón para que esto sea tan importante para ti. Explícame por qué eres capaz de perder los derechos sobre tu propio hijo y te dejaré ir en busca de tu maldita hermana.
Bella bajó los ojos. Le palpitaba el corazón con fuerza.
-Vanessa no es mi hermana, es mi hija... - Por primera vez en siete años lo decía y se sintió tan extraña que se estremeció. -¿Es una razón importante para ti?.
Chan! xD YO se que muchos sospechaban eso, pero otros no, allí esta la cruel verdad y pronto sabran las razones de Bella de porque hace pasar a Nessie como su hermana, sobre el padre de la niña, Etc.
Por allí me escribieron de cuando Bella y Edward se abriran el uno al otro, a partir de esto Edward comienza a hacerlo, Bella... Allí verán... También me preguntaban que había poco Romantisismo... Pues lo habrá.
Reitero; ¿Qué Quieren? ¿Una continuación o Épilogo? Haganme saber!. Nos vemos el Proximo Lunes, Besitos y abrazos a todos Gente Linda!
PDT: El que deja un Review le doy un adelnto ;)
XOXO
