Reitero; Los personajes son exclusivos de S. Meyer y la historia pertenece a Michelle

Reid.

Capítulo 6

No hubo respuesta. Él no dijo nada y ella tembla ba tanto que era incapaz de hablar. Ella sólo po día pensar en que acababa de perder a Vanessa por la promesa rota hacia otro hombre, hacia su padre. Antes de que éste firmara el contrato con Edward, había firmado con ella otro en el que se prohibía a Bella des cubrir su verdadera relación con Vanessa hasta después de que concibiera el hijo varón que su padre deseaba.

¿Y ahora qué le quedaba? Estaba a punto de perder los derechos sobre su hijo aún por nacer y acababa de perder los derechos sobre la hija que había tenido siete años antes. La mano que la agarró por la cintura era suave. Ella temblaba tanto que no se apartó.

-Ven. Mi avión llegará dentro de una hora al aero puerto. Siéntate mientras hago algunas llamadas.

Bella no pudo evitar apoyarse en él y dejarse conducir hacia el comedor. La sentó en uno de los sillones y se in clinó sobre ella, como si fuera a decir algo. Bella esperó con los ojos bajos, pero la pregunta no llegó. Finalmente Edward dio un suspiro y se marchó de la habitación, dejándola allí nerviosa, horrorizada por su propia confesión. Más tarde, no supo exactamente cuándo, Leah llegó con una bandeja de té que colocó frente a Bella, luego desapareció sin decir una palabra. Los minutos pasaron y Edward volvió, encontrándola sentada en la misma posición en que la había dejado. Fue él quien le sirvió una taza de té y se la puso ama blemente entre las manos.

-Bebe.

Obedeció como un autómata. Él se quedó en pie y ella esperó de nuevo sus preguntas. Bella imaginaba que estaría calculando la temprana edad en la que había dado a luz a Vanessa.

Diecisiete años. Los labios de Bella hicieron una mueca al levantar la taza. Diecisiete años y su madre acababa de morir días antes en un accidente por ir en estado de embriaguez. Las crueldades de su marido la habían obligado a buscar un escape en el alcohol, aun que ésa no fuera excusa suficiente para abandonar a Bella a un padre que la odiaba y a un hermano que ape nas la quería. Por eso se había rebelado. Bella se burló de sí misma al pensar la manera en que se había rebelado: seis meses intensos, el año en que cumplió los diecisiete.

Todo comenzó cuando se fugó del internado para unirse a unos jóvenes que iban siguiendo a un grupo de rock por todo el país. El cantante había tardado dos meses en darse cuenta de su presencia, un mes en robar su virginidad y otro mes en abandonarla. Al encontrarse en la calle, sin dinero y embarazada, se vio obligada a pedir ayuda a su padre.

-Bebe un poco más.

Bella alzó la vista. Edward estaba sentado en el sillón de enfrente y tenía los ojos bajos.

De repente se oyó el ruido del motor y un coche que se detenía en la entrada. Edward se levantó, se acercó a ella y se inclinó para quitarle la taza de las manos.

-Leah ha hecho las maletas, sólo queda ponerse en marcha. ¿Vamos?

La muchacha asintió sin decir nada. El hombre se acercó para ayudarla y ella se apartó bruscamente. Él era su enemigo, recordó con amargura. El viaje al aeropuerto fue hecho en total silencio y Bella no se dio cuenta de que Edward la acompañaba hasta que estuvo sentada en el avión privado que comenzaba a despegar.

-No tenías por qué venir conmigo. Volveré tan pronto como Nessie se recupere.

Él no respondió, sólo la miró fijamente a los ojos, como perdido en miles de sentimientos encontrados. Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas. Alzó la barbilla, de aquella manera que se iba haciendo tan ha bitual en ella, y lo miró a través de sus ojos húmedos.

-No soy una cualquiera.

-Tú misma te anunciaste así. Yo nunca he usado esa palabra dirigiéndome a ti.

-No hace falta que lo hagas. La oigo cada vez que me miras.

-Tú eres la única que te vendes. No culpes a otros si creen lo que tú misma les enseñas.

-Por si te da miedo que te haya contagiado alguna enfermedad mortal con mi conducta indecente, te diré que sólo ha habido dos hombres que han utilizado mi cuerpo. El padre de Vanessa fue uno, tú el otro.

-Si me hubiera preocupado eso, habría insistido en que te hicieras análisis... Yo sabía ya casi todo lo que me has dicho sobre ti, hice investigaciones antes de aceptar el contrato. Sé de la vida monacal que has lle vado desde que volviste con tu padre, por eso fue tan sorprendente la manera en que respondiste a mí.

Las mejillas de Bella enrojecieron violentamente. Él levantó la mano para acariciarla suavemente.

-Lo único que no me dijeron mis detectives fue que tenías una hija. Así que ha sido una sorpresa.

-Y me imagino que lo utilizarás en contra mía.

-¿Hace falta?

Era un desafío. Bella se estremeció y levantó el ros tro.

-Quiero a mi hijo -murmuró con voz ronca-, pero no lo conservaré si tengo que perder a Vanessa.

-¿No lo quieres tanto como a ella?

-Sí, pero Nessie ya ha sufrido bastante por la desgracia de tener una madre como yo. Ella merece algo mejor y yo estoy preparada para hacer cualquier cosa por conseguirlo.

-¿Como acostarte con un hombre al que odias? ¿Como aceptar cualquier insulto de ese hombre sin de cir una palabra en tu defensa? ¿Como permitir que te aísle y te castigue por su propia debilidad?

-¿Admites que eres débil?

Edward sonrió con tristeza.

-Conozco mi debilidad y mi fuerza. Tengo treinta y seis años después de todo, si todavía no me conociera un poco correría el peligro de convertirme en un hom bre como tu padre. Así es como tú me ves, ¿no? como a alguien mejor que tu padre.

-Tú encuentras en la vida cosas que valen la pena. Por eso sí, eres mejor que él.

-¿Y tú? ¿Qué te hace ser mejor que él?

-Yo me vendí a mí misma, no vendí la vida de na die. Tú compraste mi cuerpo a mi padre, no a mí. Como recompensa tú obtendrás tu querida isla mientras que él obtiene un heredero al que le pueda dejar todo su dine ro. Yo obtengo a Vanessa como pago. Así que la única cosa que he vendido ha sido el uso de mi cuerpo.

-Parece que olvidas los cinco millones de libras que tu padre va a pagarte por ese heredero varón. - Bella apartó los ojos y miró al cielo que se veía por la ventanilla del avión. -No hay dinero. Me mentiste para que te dejara marchar -murmuró él.

-Yo tengo dinero propio. No necesito el dinero de mi padre.

-El dinero de tu madre -asintió, sorprendiéndo la una vez más-. Ella colocó el dinero en una funda ción para ti y podrás disponer de ello cuando cumplas veinticinco años. Doscientas mil libras -añadió con desdén.

Doscientas mil libras era una pequeña fortuna para cualquier persona y mucho más para Bella, que nunca había tenido dinero. Podría vivir de ello si se organiza ba cuidadosamente.

-¿Sabes? Eres una fulana por varias razones -dijo, quitándose el cinturón y poniéndose en pie-. Te mues tras como una de ellas y te ves a ti misma como tal.

Dicho lo cual se dio la vuelta, dejándola allí sola con aquellas palabras suspendidas en el aire. Aterrizaron en Londres al atardecer. El ambiente era frío, en contraste con el clima de Grecia.

-¿A qué hospital vamos? -preguntó Edward, ya en el asiento del Volvo.

Ella se lo dijo y él se acercó al conductor, separado de ellos por un cristal ahumado. Bella se alegró de no tener que discutir por ir directa mente al hospital. Estaba cansada e imaginaba que de bía de tener mal aspecto. Recordó a Vanessa, su hija, y sintió que la ansiedad se le concentraba en el estómago. Bella había tenido que luchar muchas veces por esa hija, a la que el padre había intentado en numerosas ocasiones apartar, sin conseguirlo nunca.

-Ahora es mi hija -había anunciado Charlie Swan, el día en que los documentos sobre la adopción fueron firmados-. Dile quién eres en realidad y será la última vez que la veas.

Bella se estremeció, recordando las posibilidades que le fueron ofrecidas el día en que fue a casa de su padre con una hija recién nacida.

-No quiero murmuraciones sobre la promiscuidad de mi hija -le advirtió brutalmente-, así que si quie res mi ayuda, déjame adoptarla, a pesar de que no quie ro otra maldita mujer a mi alrededor. Puedes ser su her mana, pero para todo el mundo será mi hija, no la tuya, y no debes olvidarlo.

De manera, que continuó viviendo con su padre para poder estar al lado de su hija. Fue ella quien cuidó de la niña desde su nacimiento, ella quien la alimentó y ella quien la visitaba cada semana desde que su padre la había metido en aquel horrible internado.

-Lo hago para que se haga fuerte -le había di cho-. Tú la mimas demasiado y nunca va a saber cui dar de sí misma.

Pero en realidad lo había hecho porque sabía lo mu cho que sufrirían ambas con la separación. Y porque colocaba a Bella en una situación más dependiente de él.

-La tendrás durante las vacaciones -prometió-. Mientras sigas viviendo aquí, claro.

Entonces Mike, el único hijo varón, se había matado y el comportamiento de Charlie Swan había dado un giro completo. Con su muerte perdió al heredero y al mismo tiempo la posibilidad de una prolongación de sí mismo. Entonces fue cuando Bella se hizo necesaria para sus propósitos, y Vanessa fue la trampa que tendió para atraparla.

-Si me das un nieto, yo te cederé la custodia de Vanessa. Yo elegiré al hombre. Yo sabré dar con uno que quiera casarse contigo. Tú sólo tendrás que acostarte con él... y eso no será ningún problema para al guien como tú.

Ningún problema.

Bella hizo una mueca en el interior del lujoso coche. Bueno, y lo cierto era que no había ha bido finalmente ningún problema, ¿verdad? De hecho, acostarse con Edward había sido todo un placer. Por lo que su padre debía de conocerla mejor que ella a sí misma. ¿Estaría enterado ya de que estaba embarazada? ¿Se lo habría dicho Edward? Ella, desde luego, no le había infor mado. No había vuelto a hablar con su padre desde que se casó, pero seguro que Edward habría informado a Charlie Swan de que había tenido éxito en la misión.

En cuatro meses su padre tendría al niño a quien de jaría toda su fortuna. Edward tendría su isla y Bella tendría la custodia de Nessie. El niño que llevaba dentro haría que todos obtuviesen su premio.

-¿Sabe la niña que eres su madre? La pregunta la sobresaltó.

-No -contestó-. Y no se me permitirá decírselo hasta que haya entregado el niño a mi padre. Y tampo co te lo debería de haber dicho a ti. Si mi padre descu bre que he desvelado el contenido de nuestro pacto, romperá nuestro contrato y se quedará con Nessie sólo para martirizarme.

El hospital apareció delante de ellos. Edward la acom paño en silencio por los largos pasillos, haciendo que Bella se olvidase de su presencia. La ansiedad fue en au mento mientras se acercaba a la sala adonde les habían indicado. Pasaron primero por una sala de enfermeras, donde estaba una enfermera joven y bonita que los miró con una sonrisa en los labios. Era la sonrisa más amable que habían dirigido a Bella en meses.

-Usted debe de ser la hermana de Vanessa. Se pa rece mucho a ella.

-¿Cómo está? -preguntó Bella, preocupada.

-Está bien -la enfermera se dirigió a ella y la tomó la mano amablemente-. La operación se llevó a cabo sin complicaciones. El apéndice no estaba perfo rado por lo que fue una operación sencilla. Ya está fue ra de peligro y la hemos trasladado a una habitación de esta sala donde podemos vigilar su recuperación.

-¿Puedo verla? -preguntó Bella con los ojos dirigi dos hacia la habitación que había señalado la enfermera.

-Por supuesto, pero está durmiendo -dijo la en fermera, echando a andar hacia la habitación-. Aun que puede echar un vistazo para comprobar que está bien. La niña no paraba de preguntar por usted...

La habitación era pequeña y estaba decorada con dibujos infantiles, colgados sobre las paredes blancas. Pero fue la pequeña cama situada en el centro del cuar to lo que requirió toda la atención de Bella. Su mirada se volvió sombría y su rostro perdió el poco color que te nía al ver a su hija allí; inmóvil y con la piel tan pálida. Sin apartar los ojos de ella, avanzó hasta el borde de la cama y se inclinó sobre la niña para acariciar su rostro. Finalmente, la besó.

-Parece tan vulnerable...

-Tendrá molestias durante unos días -dijo la en fermera con voz tranquila-, pero creo que no le va a importar, porque su única preocupación hasta ahora era que usted no pudiera venir a verla.

Bella se sintió conmovida y alguien cerca de ella también se sintió conmovido.

-Por lo que parece, usted no estaba en el país cuando la niña enfermó.

-Regresé en cuanto me enteré. ¿Vino mi padre a verla?

-No -dijo la enfermera en un tono más frío - Sólo la señora que la acompañó en la ambulancia. La señora Weber, el ama de llaves de su padre, según creo. Se quedó hasta que Vanessa estuvo fuera de peligro.

-Gracias -murmuró Bella -. Me gustaría quedar me un rato más aquí con ella, si no le importa.

-Claro que no -dijo la enfermera-. Ahí tiene una silla, por si quiere sentarse -remarcó. Después sa lió de la habitación, echando una mirada curiosa hacia el hombre que había permanecido en una esquina de la sala sin intervenir en la conversación.

Bella se sentó en la silla sin apartar la vista de Nessie. Tomó una mano de la niña entre las suyas y luego se la llevó a la cara.

-Ya estoy aquí, cariño -murmuró suavemente. La niña no se movió. Estaba tan sedada que no po día enterarse de nada de lo que ocurriera a su alrededor, pero Bella estuvo hablándole todo el rato. Le dijo todas esas frases que una madre emplearía en una ocasión como ésa.

Aunque quizá la niña pudo percibir la presencia de su madre con el inconsciente, ya que su cuerpo parecía más relajado que cuando entraron en la habitación, e incluso su rostro estaba menos pálido.

Edward también se dio cuenta del cambio que había sufrido la niña. Luego, salió en silencio de la habita ción y las dejó solas. No quería entrometerse en el re encuentro de Bella con su hija. Regresó una hora después y al ver el gesto descom puesto de Bella, avanzó hacia ella y la tocó el hombro. La expresión de ella le confirmó que la mujer se había olvidado de su presencia.

-Tenemos que irnos. Volveremos mañana. Ahora necesitas descansar si no quieres que la niña te vea agotada.

Iba a protestar, pero luego se lo pensó mejor y deci dió que él tenía razón. Se levantó y después de besar a la niña de nuevo, salió de la habitación.

Tan pronto como estuvieron de nuevo en el coche, Bella reclinó la cabeza en el asiento y sus ojos, agota dos, se cerraron.

-Tienes suerte -comentó Edward-. ¿Tiene tus ojos?

Pero Bella permaneció en silencio. No tenía fuerzas para hablar. Había hecho el viaje desde Grecia en tal estado de nervios, que su cuerpo lo único que quería en esos momentos era relajarse, una vez se había asegura do de que la niña no corría ningún peligro.

-¿Y nadie ha sospechado que sois madre e hija? -insistió Edward-. Me parece increíble, vuestro pareci do es tan evidente que no creo que nadie pueda pensar que sois simplemente hermanas.

-También se parece mucho a mi hermano. De he cho, mucha gente sospecha que es hija de él, ya que yo era demasiado joven cuando la tuve.

-Creí que me habías dicho que tu padre no creía que tú fueras su hija, pero si tú y tu hermano os parecí ais tanto, de algún sitio tenía que venir ese parecido.

-Imagino que de mi madre. Pero lo del padre ya es otra cosa.

-Y me dijiste que tu padre aceptó a tu hermano como hijo propio, pero no a ti...

-Sí, y si te digo la verdad, dudo que mi padre sea capaz de tener hijos. Y él debe de saberlo. Si no, ¿por qué nos ha contratado a ti y a mí para darle un nieto. Con su edad y posición podría haber conseguido casar se con la mujer que él quisiera y tener media docena de hijos más -confesó Bella -. Si te digo la verdad, creo que mi madre comenzó a serle infiel desde el comienzo del matrimonió.

Bella no sabía por qué le estaba contando todo aque llo a Edward, pero aún así prosiguió la confesión.

-Mi madre venía de una buena familia que se había arruinado recientemente. Y mi padre se casó con ella para obtener una buena posición social. Él estaba deseo so de tener hijos que consolidasen su status, y como tar daban en llegar, se volvió un hombre muy desagradable con mi madre, diciéndole todas esas frases que utilizan los hombres con las mujeres que no tienen facilidad para tener hijos. Así que ella comenzó a verse con un amante con el que concibió un hijo. Aunque ella nunca pudo estar segura de quién había sido el padre de sus dos hijos, debido a que se siguió acostando con ambos hombres hasta el momento en que se mató.

-¿Y el amante?

-Murió de cáncer hace un par de años. Era Karl Dansing, el magnate de la electrónica.

El hombre se quedó muy sorprendido.

-¿Estás diciéndome que podrías ser la hija de Karl Dansing?

-¿Te parece impresionante? No te preocupes, Karl Dansing debía de saber que Mike y yo quizá fuéramos hijos suyos, pero nunca hizo nada por averiguarlo ni se preocupó por nosotros mientras vivió. Y tampoco nos mencionó en su testamento...

-Pero...

-Mira, prefiero no hablar más del tema -dijo, en tono sombrío-. Si quieres saber algo más, contrata unos detectives que te proporcionen más información.

Luego, cerró los ojos y comenzó a pensar en que le daba igual quién fuera su padre. Ambos hombres la de sagradaban por igual. Ambos habían sido igual de ava riciosos y egoístas. Mike solía decir que él prefería ser hijo de Charlie, ya que no tendría que compartir su fortuna con ningún hermano, mientras que Karl Dansing tenía cuatro hijos, que se tendrían que repartir La herencia.

Sólo que Mike no iba a poder cobrar ninguna heren cia, ya que se había matado, igual que su madre, en un accidente de coche. Ella le echaba de menos, lo que era sorprendente, ella, sino que estaba mirando a través de la ventanilla del coche.

Edward salió y dio la vuelta, haciendo señales al chó fer de que él mismo abriría la puerta del lado de Bella.

-Pareces exhausta -le dijo, una vez ella consi guió ponerse en pie.

-Lo único que necesito es dormir -admitió ella.

-Lo que necesitas es ser tú misma -le dijo él, mientras se dirigían a una lujosa casa que ella supuso debía de ser el hogar del griego cuando estaba en Lon dres-. Y no adoptar una personalidad distinta según la persona con la que te encuentres.

-¡Oh, qué profundo! -se burló ella.

-Más que profundo, trágico. Un psicoanalista ten dría trabajo para toda una vida contigo. En un sólo día he tenido que tratar con la zorra, con la mujer de nego cios sin escrúpulos, con la madre que se preocupa por su hija y con una mujer cínica. ¿Quién de todas ésas eres tú realmente? -preguntó con expresión de enfa do, mientras llamaba al timbre de la puerta.

-No será a ti a quien se lo diga -le respondió con hostilidad.

-Yo ya sé quién eres. Lo descubrí en la cama, en la oscuridad. Y esa mujer es la más fascinante que nun ca he conocido, puedo asegurártelo.

-Te equivocas. Esa era la fulana... ¿Y por qué es tás llamando a la puerta en vez de usar la llave?

-Porque, como es evidente, ésta no es mi casa - respondió él, sardónicamente.

Cuando por fin se abrió la puerta, Bella descubrió de quién era esa casa.

Era de Emmett, el hermano pequeño de Edward.


Hola gente linda! Aqui le dejo nuevo Cap. espero que le guste y nos vamos a la recta final... hasta el momento va ganando la continuación!. Ya sabén las reglas, un Review, un adelanto... Besitos!

XOXO