Los personajes son exclusivos de S. Meyer y la historia pertenece a Michelle Reid.
Capítulo 9
Vanessa salió del hospital tres días más tarde. Luego, el tiempo comenzó a pasar muy deprisa, debido a que fueron unos días muy agradables para todos. Emmett había suavizado sus maneras hacia ella debido en gran medida al hecho de que Nessie estuviera viviendo con ellos. E incluso Emmett Cullen no era insensible a los encantos de la niña. Nessie se había llevado a la casa sus pinturas, sus maquinas de juegos y su conejo de peluche. Además, Bella le contaba un cuento todas las noches. La niña es taba encantada con Emmett y Rosalie. Los miraba de un modo tan agradecido por el hecho de que la dejaran quedarse allí que a Bella casi se le saltaban las lágrimas.
La niña se recuperó rápidamente de la operación con esa resistencia que tienen los niños, pero estaba preocupada por el hecho de que pronto tendría que re gresar a la escuela, debido a que ese momento coincidi ría con un nuevo viaje de Bella a Grecia.
-¿Te olvidarás de mí cuando nazca el niño? -le preguntó una noche, cuando ya estaba acostada en la cama que Rosalie había preparado para ella en la habita ción de al lado de la de Bella
.
-Los recién nacidos no acaparan todo el cariño de las personas -le dijo Bella, cariñosamente-. Pero tú tendrás que acostumbrarte a que las otras personas compartan su cariño con el bebé. ¿Crees que podrás compartir el cariño que siento por ti con mi hijo?
-¿Crees que Edward me dejará visitaros de vez en cuando?
-¡Por supuesto que sí! Fue él quien convenció a papá de que te dejara venir aquí hasta que volvieras al colegio.
-Rose me dijo que a Edward le gustan mucho los ni ños. Y que a mí me quiere porque me parezco a ti.
Bella pensó que eso había sido muy amable por parte de Rosalie y se lo agradeció en cuanto pudo.
-Pero es que no es más que la verdad -respondió Rosalie, encogiéndose de hombros-. A Edward le encan tan los niños, pero sería capaz de querer a Nessie sólo porque se parece a ti.
-No sabes de lo que estás hablando...
-¿No? -sonrió Rosalie de un modo extraño-. Se guro que Edward te ha hablado de esa mujer con la que se veía. Esa es su forma habitual de comportarse. Así se cubriría las espaldas, pero lo que seguro que no te dijo es que rompió con ella a la semana de casarse.
Bella puso cara de sorpresa.
-No -continuó Rosalie-. No creo que te lo dijera. Pero has de saber que Edward es un hombre que se com promete con cualquier asunto en el que se meta. Y que mientras esté casado contigo, no se acercará a ninguna otra mujer.
-Lo único con lo que Edward se ha comprometido es con esa isla que quiere recuperar -dijo Bella, negándo se a admitir que Edward podía ser una persona diferente de lo que ella pensaba. No podía hacerlo ya que eso la pondría en una si tuación delicada ante él.
-Es cierto que el hecho de recuperar la isla de la familia ha sido su principal objetivo durante los últi mos diez años -concedió Rosalie-. Y yo pensé que al aceptar casarse y tener un hijo para conseguirlo, él ha bía ido demasiado lejos, pero cuando te conocí comen cé a tener mis dudas. Y creo que no se casó contigo sólo por lo de la isla...
-Eso no es así -dijo Bella con frialdad-. Mi pa dre es un maestro del arte de negociar.
-Es cierto que tu padre sabía que él quería recupe rar esa isla, y que lo había prometido sobre la tumba de su padre, pero aún así insisto en que...
-¿Lo prometió sobre la tumba de su padre?
-¿No lo sabías? Ven, te enseñaré algo -Rosalie se levantó y tomó a Bella de la mano para conducirla al pa sillo. La condujo a una habitación que Rosalie usaba como estudio de trabajo. -Mira -le dijo, señalando un cuadro de la pared. Se titulaba Visión, y Bella se estremeció al darse cuenta de que era el original de la acuarela que había visto en el ascensor en el que había subido hasta el des pacho de Cullen's. -Su padre encargó este cuadro cuando supo que iba a tener que vender la isla -explicó Rosalie-. Fíjate en ese cementerio -señaló un lugar del cuadro-. To dos los Cullen, excepto el padre de Edward están ente rrados allí, incluidos su madre y su hermano mayor, que murieron en un accidente aéreo cuando Edward era todavía un adolescente y Emmett, un niño. El accidente destrozó al padre, que los adoraba.
Rosalie hizo una pausa.
-Cuando ellos murieron, él pensó que no había ningún motivo para seguir viviendo, y eso hizo que los negocios de la familia entraran en quiebra; La salud del padre también se resintió y murió al poco tiempo, pero no antes de hacerle prometer a Edward que recuperaría la isla y llevaría sus restos allí. ¿Lo entiendes ahora?
-¿Que si lo entiendo? -repitió Bella.
Por supuesto que lo entendía. Aquella isla no era sólo un trozo de tierra para él. Era su casa. Era allí don de su corazón estaba, junto a su madre y su hermano. Y era allí donde su padre debía descansar. Finalmente, entendió que su padre le había elegido porque podía hacer presa de él tan fácilmente como ha bía hecho presa de ella. Les había chantajeado emocio nalmente a ambos. Y el chantaje emocional era mucho más poderoso que el chantaje económico.
-Creo que voy a vomitar -dijo Bella, llevándose una mano a la boca, y echando a correr hacia el cuarto de baño.
Resultó irónico el hecho de que Edward eligiera esa misma noche para llamarla por teléfono.
-¿Te encuentras bien? Rose me ha contado que te habías sentido mal hace un rato.
-Debió de ser algo que comí. Ahora me encuentro bien -dijo, quitándole importancia, y deseando que Rosalie no le hubiera contado la verdadera razón por la que se había puesto enferma. ¿Y qué había sido lo que la había puesto enferma? Todas las palabras crueles con que había descalificado a Edward, volvieron a su mente. Palabras crueles provoca das por el hecho de que él se hubiera vendido por una ganancia material, mientras que ella se había vendido por amor.
-No debes preocuparte demasiado ahora que Nessie está fuera del hospital -ordenó él.
-No lo haré. Además, es una niña fácil de entretener.
-Me he dado cuenta. ¿Has visto a tu padre?
-No.
-Bien. Esperemos que todo siga igual.
-¿Por eso has llamado? ¿Te preocupa que mi pa dre venga por aquí? No lo hará, lo sabes -le asegu ró-. No se preocupará por mí de nuevo hasta que ten ga el niño.
-¿Te molesta eso?
Bella frunció el ceño ante esa pregunta.
-No -dijo con firmeza. La falta de interés de su padre por su persona había dejado de herirla hacía mu cho tiempo.
-Bien. Escucha, tengo dos razones para llamarte -anunció, de repente, casi con brusquedad-. Esta se mana tenías que hacerte una revisión médica y como no vas a viajar a Atenas sólo para eso, te he preparado una cita en una clínica de Londres.
Edward le dio el nombre y la dirección, así como la fe cha y la hora, que ella anotó apresuradamente.
-Y la otra razón por la que te llamo es porque aca bo de descubrir que tienes tu pasaporte aquí. Debí me terlo en mi maletín sin darme cuenta cuando salimos hacia Londres y aquí ha estado hasta que lo encontré por casualidad esta mañana. También me he dado cuenta de que llevas en él tu nombre de soltera, con lo cual ahora no te vale.
-Ah, entonces me tendré que hacer uno nuevo.
-Ya lo estoy arreglando -anunció-. Emmett está haciendo todos los trámites necesarios para que esté listo cuando vuelvas a Grecia. Sólo tendrás que firmar lo que Emmett te dé y darle una foto nueva. ¿Podrías ha cerlo esta misma mañana?
-Por supuesto, pero también puedo hacer el resto. Estoy embarazada, no soy una inválida.
-No quise decir que lo fueras, pero me imaginé que preferirías emplear tú tiempo en Londres para estar con Nessie -dijo, en un tono que dejaba claro cuáles eran sus prioridades.
-¿De verdad? -replicó ella, en un tono seco. Él murmuró algo entre dientes.
-¿Por qué tienes que convertir cada conversación en una pelea?
-¿Y tú por qué tienes que ser tan dominante?
-¿Porque intento ahorrarte un montón de proble mas?
-¡No me gusta que organicen mi vida! -exclamó.
-Intento ayudarte, ¡maldita sea! - explotó - ¿Cuándo vas a dejar de comportarte de esa manera y darte cuenta de que soy tu aliado, no tu enemigo?
«¡Cuando dejes de confundir mis emociones tanto que no sé quién eres!», pensó con amargura y colgó el teléfono, antes de que aquellas palabras salieran de su boca. Entonces se levantó, temblando de ira y sin saber por qué estaba tan enfadada.
«Lo que te pasa es que quieres que él te demuestre cariño y consideración», le dijo una voz interior, «pero cuando lo hace, te asustas tanto que no puedes sopor tarlo».
Emmett le llevó aquella misma tarde una serie de pa peles para firmar, algunos le hicieron fruncir el entrece jo.
-Son copias por si acaso se extravía algún papel -le explicó.
Ella se encogió de hombros y obedeció, para a con tinuación darle las fotografías requeridas: cuatro ins tantáneas que hizo en una cabina de la calle. Rosalie ha bía ido con ella, también Vanessa y entre todas convirtieron la excursión en un juego. Bella consiguió varias fotos de Nessie haciendo muecas a la cámara, e incluso dos de Rosalie, también haciendo tonterías.
Días después, fue a la cita que Edward le había arre glado en una famosa clínica londinense. Le hicieron varias pruebas: de sangre, de tensión, la examinaron fí sicamente y le hicieron una ecografía. No encontraron ningún problema, para alivio suyo. Los mareos eran se ñales de niveles bajos de azúcar, que se podían reme diar fácilmente teniendo algo dulce a mano. Le asegu raron que no tenía que preocuparse de nada más. Salió de la clínica contenta de no tener ningún problema en su salud y con una fotografía en blanco y negro de su bebé acurrucado en el vientre.
-¿Te hicieron daño? -preguntó Rosalie, al ver la fotografía.
-¿Con la ecografía? No. Notabas una sensación un poco extraña, eso fue todo. Tuvieron que repetirlo va rias veces hasta conseguir la posición adecuada.
Rosalie le devolvió las fotografías, pero había una luz extraña en su mirada que Bella no pudo interpretar. Una mirada que recordó durante varios días sin saber por qué. Pasó otra semana y Edward no volvió a llamar de nue vo. Realmente, ella no esperaba que llamara, después de la última discusión, pero le molestaba que ni siquie ra lo hiciera para saber cómo había ido la revisión en la clínica. Luego algunas preocupaciones empezaron a tomar prioridad. Una de ellas la manera en que Nessie iba haciéndose más callada y triste a medida que las tres semanas llegaban a su fin.
Rosalie encontró una noche a Bella llorando sobre la mochila infantil que la señora Weber le había enviado aquel día.
-Oh, Bella -exclamó Carol con un suspiro, abrasándola-. No te hagas esto a ti misma.
-No puedo soportar la idea de que se marche -le confió destrozada-. No sé cómo voy a hacerlo. Ella odia ese colegio. Odia que la aparten de mí. La separa ción va a ser muy dura para ambas.
-¡Oh, Dios mío! No puedo soportar verte así. Bella, escucha, tú...
-Rose...
Fue la voz de Emmett la que impidió que Rosalie dijera lo que estaba a punto de decir.
-No te metas en ello -le advirtió el hombre.
-No digas eso, Emmett. Si Edward supiera...
-Te he dicho que no te metas en eso -repitió. Estaba de pie en la entrada del dormitorio de Bella y parecía tan firme que cuando ella lo miró a través de las lágrimas, pensó que era Edward quien estaba allí.
La muchacha se estremeció. Ellos habían hecho un trato importante para ambos, así que tenía que ser fuer te hasta el final.
-Estoy bien -dijo, levantándose con arrogan cia-. No es nada -dijo, mirando a Rosalie con una son risa cínica en los labios-. Aunque te agradezco que te preocupes por mí.
-Todos nos preocupamos -afirmó Rose con an siedad-. Aunque puedo entender que no lo creas.
Dos días después, pálidas, pero relajadas, Bella y Nessie habían pasado por aquello muchas veces, baja ron las escaleras de la mano. La niña vestida con un uniforme negro y gris y Bella con un sobrio traje de cha queta gris, una blusa blanca y el pelo recogido en una trenza. Esperaba encontrar al chófer de Edward esperándolas, pero no había imaginado que estuvieran también Rosalie y Emmett.
-Vamos a ir con vosotras -explicó Rosalie-, son órdenes de Edward.
La muchacha estuvo a punto de reír, pero estaba de masiado triste. El viaje hasta Bedfordshire fue angustioso. Vanessa se sentó entre Bella y Rosalie en el asiento trasero, mien tras que Emmett fue delante con el conductor.
La niña fue todo el camino con una mano en la de Bella, mientras ésta le contaba cosas para mantenerla entretenida. Cuando salieron de la autopista y Nessie reconoció los alrededores, se puso más nerviosa y aga rró más fuertemente a Bella. Dos kilómetros antes de llegar, comenzó a llorar.
-¡Oye -exclamó Bella, forzando alegría-, esto es una aventura para mí! Nunca había venido por este ca mino antes.
-Lo odio -susurró Vanessa.
-¡Pero mira! Hay un aeropuerto privado allí. Pue do ver un avión blanco en la pista -exclamó Rosalie. Bella alzó los ojos y no pudo evitar un estremeci miento. -¿Sabes? Edward tiene un avión igual que ése. ¿Cre es que habrá venido a...? -añadió Rosalie.
-¿Qué pasa? -interrumpió Bella, al ver que el co che daba un volantazo hacia la derecha. Se inclinó ha cia adelante y miró por la ventanilla-. ¿Por qué hemos girado aquí?
Para aumentar la confusión Rosalie hizo un ruido con la boca.
-Un viaje misterioso -cantó excitada.
Entonces el coche se detuvo. Bella notó que su cora zón daba un vuelco al ver, efectivamente, un avión blanco Gulfstream con los motores en marcha.
-No. ¡No! -exclamó-. ¡Rose es... !
Pero Rosalie ya se estaba bajando del coche y se lle vaba a Vanessa con ella.
- ¡Emmett!
-Confía en nosotros -aconsejó, saliendo él tam bién del coche.
Entonces fue cuando el pánico la invadió.
-¡No podéis hacer esto! -protestó, saliendo del coche al tiempo que veía a Rosalie y Vanessa desapa recer dentro del avión-. ¡No! -gritó de nuevo-. Emmett, por el amor de Dios, no entendéis.
-Créeme -dijo con suavidad-. Sí entendemos. No te preocupes -dijo, comenzando a ir hacia el avión-. Edward ha arreglado todo. No tienes de qué pre ocuparte. Confía en él, Bella. Lo que más le importa es tu salud.
«¿Mi salud?», pensó Bella, mientras la sangre le su bía a la cara. Siguió caminando, casi sin poder soste nerse, buscando con la mirada a su hija. Entonces fue cuando vio al hombre que la agarraba de la mano.
-¡Edward! -gritó confundida.
Su rostro se alzó y la miró con tal determi nación que todas las sospechas y los miedos se hicieron de repente realidad como una bofetada. Como una confirmación, la voz de Vanessa llegó lejana hasta ella, excitada.
-Me voy a Grecia a vivir contigo, Bella. No voy a volver a ese horrible colegio.
-No. Edward, no puedes hacer esto.
-Ve y siéntate cerca de Rose. Abróchate el cintu rón, Nessie.
Edward se puso derecho. Estaba delgado y llevaba una chaqueta de lino informal, junto con unos pantalones negros y una camiseta negra que no disimulaba el con torno de su cuerpo. Incluso en aquel momento, Bella no pudo evitar sentirse excitada recordando la sensualidad de aquel hombre.
-Tranquilízate. No tienes por qué asustarte.
Las palabras envolvieron a Bella. ¡Por supuesto que tenía por qué preocuparse! Eso estaba mal. Era una lo cura e iba a arruinar todo. En ese preciso instante se escuchó el ruido de la puerta del avión e inmediatamente después los motores encenderse. Todo su cuerpo reaccionó con un estreme cimiento violento y el horror invadió su sangre. Dio un gemido y miró acusadoramente aquellos ojos Verdes que se acercaban cada vez más mirándola indiferente. Ya no recordó nada más. Volvió en sí y se encontró tumbada entre dos asien tos de cuero, con un cojín bajo su cabeza. Edward estaba arrodillado al lado de ella y sus manos le desabrocha ban los botones del cuello de la blusa. Estaba muy pálido y parecía muy enfadado.
-Juro por Dios que pasarás el resto del embarazo encerrada en un lugar tranquilo.
Después de abrirle la blusa, se sentó de nuevo y la miró con furia. Bella, todavía demasiado débil para contestar, levan tó un brazo para cubrirse los ojos. ¡Ya estaban volando! Sólo se oía el ruido de los motores y supo con certeza que estaban muy lejos de Inglaterra. Como pudo se incorporó en el asiento y miró con sus ojos Marrones el interior de la cabina.
Estaban solos.
-¿Dónde está Nessie?
-En la cabina central, divirtiéndose como nunca con Rose -dijo Edward con ironía-. Le dijimos que es tabas dormida. No vio cuando te desmayaste en mis brazos, así que nos creyó.
¿Eso había hecho? ¿Desmayarse en los brazos del enemigo? Se dijo burlonamente. «Has estado en los brazos del enemigo desde el comienzo».
-¿Llevas algo apretado? -preguntó Edward, empe zando a quitarle la chaqueta.
-¿Quieres dejar de molestarme? -gritó, tratando de apartarle las manos.
Pero la chaqueta ya estaba fuera y la cara de Edward estaba tensa. Luego pareció hacer un esfuerzo para controlarse. Dio un suspiro y sus hombros borraron la rigidez.
-Siento todo esto. No quise asustarte, pero tuve miedo de avisarte y que se lo dijeras a tu padre.
Que es lo que habría hecho, estaba segura.
-¿Pero por qué, Edward? ¿Por qué, cuando sabes que mi padre me castigará a mí y a Nessie por este desa fío sin sentido?
-No es un desafío -dijo, mirándola a los ojos y sentándose en el asiento opuesto al de ella con la ex presión de alguien que está a punto de revelar algo im portante-. He roto el contrato.
Bella siguió allí sentada, mirándolo con los ojos abiertos de par en par, con una expresión que indicaba que no le creía. Él permaneció en silencio esperando, observando, notando cómo sus labios se separaban para ayudar a su respiración entrecortada y viendo cómo su cara se hacía cada vez más pálida.
-¿Nuestro trato? -preguntó con dramatismo.
-No. Eso es algo que no tiene nada que ver y de lo cual no estoy preparado para hablar ahora. Estoy ha blando del trato con tu padre. Lo he roto porque sé que eso tendrá un efecto inmediato sobre ti. Os llevaré a ambas a mi casa y estaréis bajo mi protección. Por eso vamos a Grecia.
-¿Protección? -repitió.
Las quería proteger, pero la forma de hacerlo era justamente la manera de conseguir eliminar la única protección que tenían.
-¿Cómo puedes decir eso? Legalmente Vanessa sigue siendo su hija. Legalmente él puede ir a por ella cuando quiera.
-¿Querías dejarla en Inglaterra? -quiso saber, de safiante- ¿La habrías dejado en el colegio y te habrí as ido?
-Eso no es una respuesta. Mi padre...
-Tu padre puede hacer lo que quiera -interrum pió Edward, recostándose en el asiento-. Pero tendrá que hacerlo a través de canales legales, porque es la única manera por la que va a poder veros de nuevo.
Bella tomó aire horrorizada.
-Pero, Edward... esto es secuestro. ¡Podías ser arrestado por esto! Te pueden llevar a la cárcel.
-Intenta tener un poco de fe.
-¡Nessie ni siquiera tiene pasaporte!
La expresión del rostro de Edward no cambió, sólo hizo un gesto para meter la mano en el bolsillo y sacar algo que puso en el regazo de ella. Eran dos pasaportes nuevos ingleses. Bella notó una sensación extraña en el estómago y sus manos tembla ron al tomarlos. Los abrió y vio las dos caras tan pare cidas, una de adulta, la otra infantil.
-¿Cómo has conseguido esto? -susurró, mirando el pasaporte de Nessie.
-Con un cuidadoso plan.
-Pero... -dijo, parpadeando y mirando de nuevo a la fotografía de su hija-. Habrás estado muy ocupado -añadió finalmente.
-Por naturaleza soy una persona minuciosa.
-¿Incluso para obtener el permiso de mi padre para hacer esto?
-Tú lo autorizaste.
-¿Qué?
Lo miró sin pestañear, pero sus ojos no permanecie ron vacíos, porque de repente recordó los documentos que Emmett le había hecho firmar. «Copias», había dicho, «por si se extravía algún papel».
-¡Terminaremos los dos en la cárcel!
Para desesperación de Bella, Edward comenzó a reírse. Bella deseó golpearlo. Él nunca sonreía así. ¡Nunca! Y lo hacía en ese momento justamente.
-Deja ya de preocuparte -suplicó, inclinándose para tomar los dos pasaportes y ponerlos de nuevo en el bolsillo de su chaqueta-. ¡Nadie va a preguntarte la re lación que tienes con Nessie, os parecéis demasiado!
-Pero sigue siendo una equivocación -insistió-. Y además, ¿por qué has hecho todo esto? ¡Todo se ha bría solucionado dentro de dos meses!
-No estoy preparado en este momento para con testar a ese tipo de preguntas -respondió, para total confusión de Bella. El hombre se levantó.
- ¡Pero, Edward! -exclamó, agarrándolo de la man ga cuando él comenzaba a alejarse-. Necesito que me lo digas ahora mismo.
-No -fue la respuesta.
Dicho lo cual se dio la vuelta y se marchó.
El resto del largo viaje fue resuelto en un ambiente de tensión reprimida. Reprimida porque Nessie esta ba tan alegre con todo el asunto que habría sido cruel estropeárselo. Pero no resultó fácil, y Bella se tuvo que encerrar tras una máscara fría que nadie podía romper excepto Nessie.
Aterrizaron en Skiathos en el calor del mediodía y Bella estuvo nerviosa durante el tiempo que permanecieron en el aeropuerto. Esperaba continuamente ver un grupo de oficiales dirigiéndose hacia ellos para dete nerlos por orden de su padre. Pero no fue así. Pronto estuvieron en el volvo plateado todos juntos. La niña, sentada detrás, entre Rosalie y Emmett, fue charlando constantemente y preguntando cosas que, afortunadamente, podían contestar los demás, ya que Bella era incapaz de articular palabra.
Se sentía al margen de todo. Llena de rabia, tensión y una sensación terrible de traición. Había empezado a querer a esa gente, a confiar en ellos a pesar de saber que confiar en alguien era una debilidad tremenda, ade más de una equivocación. Vanessa confiaba en ellos. Los ojos de Bella comen zaron a humedecerse. ¡Nessie empezaba a abrirse al mundo como un capullo en flor ante el calor del cariño! El coche llegó a la familiar verja y se detuvo en el porche. Se abrieron las puertas y salieron todos. El sol estaba alto y el mar tenía un color azul intenso. Las pa redes blancas de la casa contrastaban con el verde de las montañas de detrás.
-¿Ésta va a ser mi nueva casa? ¿De verdad? - preguntó Nessie.
Bella se dio la vuelta para mirarla. Luego se dirigió a Edward.
-Si la haces daño, nunca te lo perdonaré.
A un Cap. de la Gran final! y tendrán que ser Pacientes para la secuela que estoy escribiendo... Ya saben que hacer si quieren adelanto!
XOXO
