Disclaimer: Hey Arnold pertenece a Craig Bartlett y Nikelodeon.

Solo me pertenecen los personajes creados por mi.

Disfruten…

"El Reflejo"

Capitulo 3: Prisma.

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" La princesa sueña, mira dentro de su alma, en su corazón, busca una respuesta, se mira al espejo ¿esa es ella? se pregunta, mira de nuevo, solo es una mujer, la corona no importa, solo el amor. "

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En la ventana se pueden ver un par de palomas enamoradas.

– ¡Oh largo de aquí ratas con plumas! – exclama Helga mientras las espanta con la mano.

– Vamos Helga no estaban haciendo nada – expresa Lila mirando a las aves volar por las nubes. Entonces lo ve, ya lo ha visto varias veces rondar por la casa de Helga, jamas lo delata, no lo haría, ella lo entiende, él la mira se sabe descubierto así que solo se retira, ella lo ve y sonríe mientras lo ve partir.

– ¿Que tanto miras por la ventana? – le pregunta Nadine viendola.

– Oh, nada… solo a alguien que paso por aquí.

– ¡Bueno ya! ¿que pretenden hacerme?– reclama Helga mirando a sus amigas. – ¡Les advierto que no me desharé de esto! – dice señalando su moño rosa.

– ¡Por dios Helga es tonto que quieras seguir usándolo! – replica Rhonda.

Helga la mira de lado – Que quieres que te diga… es un recuerdo… algo de lo que no puedo deshacerme…

– Ya déjala, solo le arreglaremos el cabello ¿que te parece en una coleta o solo usarlo suelto? – interrumpe Lila, sabiendo que Helga se pone incomoda al hablar respecto a eso.

– Pienso que suelto se te vería mejor – repone Rhonda comenzando a desatar las coletas de Helga. – ¡Nadine, Sheena traigan las cosas!

Nadine y Sheena obedecen y traen el maletín que siempre carga Rhonda.

– No me había dado cuenta que tu cabello estaba tan largo y era tan sedoso Helga.

– Gracias… viniendo de ti supongo que me estas halagando.

– Claro que es un halago bruja, me sorprende que aunque la mayoría de las veces actúas como niño, te cuides el cabello – explica mientras la peina.

– Pues en realidad no me lo cuido Rhondis, solo me lo lavo con champú y lo cepillo por las noches.

– Pues lo tienes muy bonito… claro no tanto como el mío – recalca mientras toma un mechón de su ahora largo cabello acariciándolo. – Bueno mira pues tu cabello solo necesita un poco de forma, ese horrendo fleco cuadrado ya no se usa, y las puntas las tienes igual de planas, ademas tenemos que hacer algo con esa cosa que tienes por ceja.

– ¡Ay no, no otra vez, duele mucho! – replica Helga tomando su frente con la mano.

– No te preocupes tengo un producto alemán buenísimo, no dolerá lo prometo.

– ¿Palabra de princesa?

– Palabra de princesa, mi estimada plebeya – alzando la mano.

Todas ríen después de estos comentarios mientras comienzan a trabajar en Helga.

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Arnold mira fijamente todos los estilos de peinados y cortes en una peluquería a donde lo llevaron sus amigos.

– ¿Que tal este Arni? – pregunta Gerald mostrándole un corte casi a rape.

– Muy gracioso Gerald – replica con aburrimiento el rubio.

– Pues no veo otra forma de que la sorprendas viejo, jaja.

– Estoy seguro de que en realidad a ella, no le fastidia tanto el largo de mi cabello, y solo lo dice para molestarme… tal vez solo me cambie la forma en que me peino.

– Pues lo que sea, al menos hace algunos años que dejaste de usar tu gorra – le comenta Lorenzo. – Con ella si que te veías ridículo.

– Gracias lo bueno es que te caigo bien – contesta irónico.

– Je, pues que te parece este peinado, a mi me agradaría si tuviera el pelo largo – le dice sinceramente Lorenzo.

– Hermano, ese se ve muy bien, y no te tienen que cortar mucho.

– Pues si… me agrada el estilo…

– ¿Y bien niñitos, ya se decidieron? – replica el estilista viéndolos por sobre el hombro.

– ¡Si hombre, este corte para mi amigo! – indica Gerald mostrándole al tipo la ilustración.

El estilista mira la imagen, voltea a ver a Arnold, alza una ceja, ríe.

– Esta bien, lo intentare… será un reto pero lo intentare.

Despúes de un rato, el estilista esta dando forma a el cabello de Arnold mientras sus amigos miran atentamente el desarrollo de la escena.

– ¡Je, se ve extraño! Shr, shhr. – comenta Brainy junto a los chicos que saltan al oír su voz.

– ¡Demonios Brainy puedes matar a alguien de un susto! – le reclama Gerald.

– ¿Y de donde sales? – replica Sid, sin entender de donde salió, si hacia rato que no lo veían.

Brainy solo sonríe de manera intrigante y vuelve a mirar a Arnold que lo ve en el reflejo del espejo.

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A la mañana siguiente todos en el salón esperan a los dos rubios con curiosidad, si bien las chicas saben como se ve Helga, y los chicos como luce Arnold les intriga la reacción de ambos al verse entre si.

El primero en llegar es Arnold, que cambio su típica camisa a cuadros y suéter verde, por una camiseta blanca y una sudadera abierta en color azul. El cabello lo tiene peinado para un lado y hacia abajo, con un flequillo ondulado.

– ¡Vaya contigo, luces muy bien! – exclama Rhonda mirándolo con interés.

– ¡Te ves muy guapo, Arni! – dice Lila sonriente.

– Muchas gracias a las dos… – responde Arnold apenado.

– Viejo luces como el modelo de una revista – recalca Gerald, bromista.

– ¡Y ahora esperemos que llegue Helga, ya quiero ver como se ve! – dice el rubio emocionado.

– ¡Oh, Arni te vas a ir de espaldas! – dice Lila.

– Lila vas a arruinar la sorpresa…

– ¡No lo creo Rhonda, pero mira ahí esta!

Y así era, la rubia entraba junto con Phoebe al salón justo cuando Arnold voltea a verla, ella se sonroja al sentir la mirada de todos en ella, en especial la de cierto rubio, que realmente se ve muy guapo con su nuevo peinado.

Ella lleva una bonita blusa de tirantes y sobre eso un suéter blanco, en conjunto con una minifalda roja. Realmente se veía muy bella con su cabello suelto, con fleco y puntas desgrafíladas, sin la ceja completa en cuyo lugar ahora estaban un par de delgadas y bien delineadas cejas. Y como siempre su único adorno era el moño rosa que nunca dejaba su cabello.

Ambos se miraban como perdidos en algún mundo alterno, eran ellos pero al mismo tiempo se veían tan distintos. Arnold sonríe, esa Helga tan bella, era solo una imagen ahora, pero tal vez mas parecida a la real y era tan agradable mirarla, que él seria capaz de quedarse frente a ella para siempre. Ella lo mira se ve atractivo, quizás mas que antes, ella lo llamaría arrasador, pero no puede sucumbir a eso, no después del tiempo que ha dedicado a tratar de alejarse de él.

– ¡Te ves… – intentan decir al mismo tiempo.

– ¡Te ves preciosa Helga! – dice Arnold primero.

Ella se sonroja un poco mas. – Bueno alcornoque, tú no te ves tan mal… al menos ya no van a pensar que el boiler te exploto en la cara o algo así – responde burlona.

Arnold sonríe de lado, conoce esas defensas en ella. – Gracias eso es un halago.

– Bien Arnoldo reto cumplido, ahora si me disculpas me voy a sentar en mi banca – replica ella evadiendo nerviosa, la mirada de todos los chicos que la veían como si fuera una visión.

En cuanto Helga se sienta, Brainy se acerca a ella y le da una rosa, color de rosa.

– ¡Ah, gracias Brey! – dice ella, ya acostumbrada a los regalos que suele darle.

– ¡Srhh, de nada Helga! – la mira con ternura.

– Hola Brainy, no te había visto – lo saluda Lila. – Al menos no desde ayer por la tarde.

Brainy solo la mira, se sonroja y toma su camino hacia su propio asiento.

Arnold levanta una ceja mientras trata de entender lo que dice Lila y voltea a ver a Helga que cada que se topa con su mirada, desvía la propia luciendo un suave rubor en las mejillas que lo pone muy feliz.

– ¡Viejo, Helga se ve muy bien! – comenta Gerald, mirando hacia la rubia.

– Que no te oiga Phoebe, hermano.

– Bah, ella sabe que es el amor de mi vida y no se enojaría porque le hago un cumplido a su mejor amiga.

– Amiga a la que antes de hoy tachabas de fea… horrible mas bien – un poco molesto.

– Oye no te pongas melodramático, tenias razón Helga puede llegar a verse hermosa por fuera, pero su alma…

– Esa es preciosa Gerald y nadie ha tenido la fortuna de verla, como yo lo he hecho – replica sonrojado y volteando a ver a Helga.

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Las clases transcurren con normalidad, salvo el hecho de que todos los chicos lucen distraídos, mirando a la adolescente rubia que se ve bastante nerviosa, al sentir las miradas de casi todo el grupo.

– ¡Lila! – dice Helga llamando a su amiga en voz baja.

– ¿Que pasa? – dice la pelirroja no muy convencida en responder pues están en medio de una clase.

– Me siento rara…

– Es normal, no estas acostumbrada a que te miren tanto… – le explica mientras da un rodeo con sus ojos a sus compañeros.

– Tranquila Helga pronto se van a acostumbrar – le indica Phoebe interviniendo en la platica.

– ¿Tu crees? – vuelve a preguntar inquieta, mirando alrededor solo para toparse con la mirada de Arnold que esta viendola. – Arnold también me esta mirando…

– Eso es bueno… ¿no lo crees?– pregunta Lila.

Helga baja la mirada y sonríe tristemente. – Es un tonto… él no sabe…

La hora de la salida llego sin mas contratiempos, Arnold se acerca a Helga

– ¿Hoy si podemos trabajar? – le dice mirandola dulcemente.

– Eh… supongo… – responde volteando a ver a Phoebe y Lila.

– Buena suerte, a mi me toca trabajar con Brainy – dice Lila señalando a su compañero que la espera en la puerta.

– Si y a mi me toca ir con Patrick – aquel al ser mencionado la mira y ella le sonríe amablemente.

– Bueno al menos me toco trabajar contigo camarón… mh – mira el cabello de Arnold. – … bueno aun estas greñudo, así que puedo seguir llamándote así.

– ¿Camarón con pelos? Es uno de mis motes favoritos Helga, no dejes de hacerlo – expresa sonriente.

Ella lo ve de lado y ríe un poco.

– ¡Vámonos Shortman, deja de coquetear conmigo!– reclama ruborizada y tomando sus cosas.

– Bueno te ves muy linda, tengo derecho a coquetear contigo.

Ella se para un momento antes de llegar a la puerta, mira hacia Arnold, él esta sonriente. – Esta bien Arnoldo, si eso quieres.

Esa reacción le fascina a Arnold que la sigue con una gran sonrisa en los labios.

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Helga mira a su alrededor, hacia mucho tiempo que no entraba a la casa de Arnold y menos a su recamara, sus ojos miran algo entonces, el libro de magia que Arnold menciono.

– ¡Magia, hechizos, encantamientos y trucos para magos!

– ¡Hey deja eso! – replica Arnold entrando con una bandeja de sandwiches y un par de latas de yahoo soda.

– ¡Que tiene Arnoldo, te da pena que vea estas tonterías! – regresando el libro a manos de su dueño.

– No… pero tú no crees en esto.

– Bah, ya te dije que eso no existe, no vas a hacer un hechizo, para que la gente te ame, tengas dinero o para ser famoso, seria lo único que valdría la pena.

– ¿Para que querría eso?

– No sé, el amor, la fama, el dinero, es lo que le da felicidad a la gente ¿o no?

– ¿Eso te haría feliz a ti?

Ella baja la mirada. – Supongo… pero aún así no se pueden hacer.

– No, no hay hechizos para eso, son solo trucos de magia… – ojea el libro, el titulo de un hechizo aparece en la hoja que mira. "Hechizo de purificación" él lo observa, mira las palabras, es un conjuro… recuerda, el hombre que le vendió el libro estaba dentro del museo, le dijo que era un libro de trucos mágicos, pero que estaba hechizado y respondía a los sentimientos humanos, así que cuando se mostraba una necesidad el libro decidía que hechizo debías usar.– Yo no soy un mago… – dice dirigiéndose al libro.

– ¿Que dices? – pregunta Helga con un sandwich en la mano.

Arnold la mira, hacia mucho tiempo que no estaban a solas, siempre rodeados de todos, siempre con sus mascaras, pero es ella la que nunca es sincera.

– ¿Que si podríamos ir a ver de nuevo la exhibición?

– ¿De nuevo? No lo creo…

– Es que necesito ver algunas cosas y como después de todo, tenemos que hacer el reporte pensé que me acompañaras.

Ella lo mira por un momento. – Esta bien, pero luego de comer, tengo hambre.

– Come lo que quieras, mamá los hizo especialmente para ti.

– Mh, pues al rato le agradeceré a Stella, le quedaron deliciosos.

– Ya sabes que ella te quiere mucho…

Helga lo mira y le sonríe. – Si… lo sé. – camina hacia su librero observando todo mientras mordisquea el pan, él la observa no puede dejar de mirarla, es tan bella. Casi igual que aquella vez…

– ¿Tengo algo en la cara, Arnoldini? – cuestiona ella la notar que la mira, bromeando con su nombre de mago.

– No nada Helga… me alegra que hiciéramos este reto, luces muy bonita.

Ella se sonroja, baja la mirada, sigue caminando hasta que se topa con el espejo que tiene Arnold en su recamara, se mira en él, esa que mira ahí es en realidad ella, solo tal vez un poco mas atractiva, pero sabe que por dentro siempre será ella, ahora a él le parece linda, pero en cuanto comience a ser cruel como siempre, seguro lo volverá a alejar… y así es mejor.

– ¡Bueno cabeza de balón, vámonos ya!

– Si Helga como tu digas.

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La sala de exhibición lucia vacía, no había nadie mas que ellos, Arnold quería encontrar al hombre que le vendió aquel libro, o al menos pagarle mas, cinco dólares por un libro antiguo, se le hizo demasiado barato, pero como el camión de la escuela ya se iba, solo lo pago.

– ¿Y que es lo que querías ver? – le pregunta Helga intrigada.

– Busco al señor que me vendió el libro, sentí que le pague demasiado poco por el.

Ella alza una ceja – Arnoldo, Arnoldo, siempre queriendo hacer lo correcto… yo voy a ver el espejo ese – dejándolo solo y encaminándose a la sala donde estaba el gran espejo.

El la mira caminando hacia allá, y la sigue silenciosamente, quiere verla en el reflejo.

Helga no sabia que rayos le pasaba, sabia lo que ese espejo reflejaba, pero algo la llamaba a verse de nuevo en él, ella deseaba no creer que fuera verdad la magia, pero había vivido en carne propia el dolor de un hechizo maligno y tenia miedo, esa era la verdadera razón de su sufrimiento. Se para frente al espejo, se observa, la sorprende lo que ve ahora, se ve a si misma con lagrimas en el rostro, temerosa y empequeñecida, ella retrocede, un arrebato la hace empujar el espejo y este cae hacia atrás estrepitosamente, Arnold lo ve, teme que Helga se haga daño y corre a ayudarla. Cuando llega, ella llora desconsoladamente, el espejo esta intacto pero el reflejo que Arnold mira es el mismo que vio Helga hace un momento, eso le da miedo y solo atina a abrazarla.

– ¡Déjame Arnoldo! – replica furiosa.

– ¡No lo haré, te pudiste hacer daño! – abrazándola con todas sus fuerzas.

Unos ojos llenos de ternura y tristeza los observan, era verdad, ellos eran los elegidos esta vez.

– ¿Que sucedió? – dice un hombre de mediana edad, tez blanca y cabello castaño.

– ¡Oh, lo lamento señor no sé como paso, pero el espejo se cayo! – miente un poco el rubio.

– Oh siempre pasa… no se asusten, no le pasa nada, es mágico e irrompible… – les explica.

Helga se tranquiliza un poco, odia verse tan débil frente a él, no debe volver a pasar, cualquier cosa que los acerque debe evitarse.

Entre Arnold y el hombre alzan el espejo, Helga vuelve a mirar su reflejo, es ella tal cual es ahora y sin embargo, una sonrisa aparece en ella, luego se desvanece y aparece ella igual que antes, ella cierra los ojos, no entiende que demonios le quiere decir ese estúpido espejo.

– ¡Te espero afuera Arnold! – indica antes de dar media vuelta e irse de ahí.

El voltea a verla. – Si Helga – la mira alejarse y voltea a ver al hombre junto a él. – Quería preguntarle ¿el libro que me vendió, es muy antiguo, creo que me lo dio muy barato?

– Oh no chico, de hecho no debí cobrártelo, es algo que necesitaras en poco tiempo.

– ¿Que?

– Je je, te gusta la magia ¿cierto? El libro te escogió, no tú a él así que solo digamos que pagaste el precio justo.

Arnold pone cara de no entender, pero tiene que ir con Helga. – Bueno entonces muchas gracias – dice caminando hacia la salida.

– No hay de que… lo vas a necesitar… – dice el hombre mientras lo mira salir.

Detrás de él sale una mujer de cabello oscuro, que lo toca en el hombro.

– ¿Estas bien? – le dice ella.

– Yo si¿ y tú? – pregunta él al ver la expresión de esta.

– Un poco triste… ellos van a sufrir mucho…

– Si su amor es verdadero no creo que sea para tanto.

– Eso espero… eso espero amor – expresa la dama, en tanto recarga su cabeza en el hombro de su esposo.

Arnold mira a Helga, esta sentada mirando el atardecer, sigue sin entender que pasa con ella, desde su viaje a San Lorenzo se alejo de él, después del beso, después de que él le dijo que la quería, ¿porque?

– ¿Nos vamos alcornoque? – pregunta ella mirándolo con un dejo de tristeza que él no logra comprender.

– Si Helga, aún tenemos que hacer ese reporte.

Ella asiente y caminan hacia la pensión.

– ¿Que te paso allá adentro? – Cuestiona él intrigado.

Ella se para en seco, ¿decirle que fue su miedo? … si, le gustaría explicarle, hablarle de aquella situación que la agobia, la razón por la que tiene que ser mala con él, a pesar de saber que él también la quiere, pero no podía, ni ella, ni Phoebe, ni Lila o Brainy, que fueron los únicos testigos de aquello, podían decir nada… y menos a él.

– Tú lo dijiste cabeza de balón, fue un accidente… me asuste y por eso lloraba… pero si le dices algo a alguien te golpeare… – expresa ella tomándolo por la solapa.

El mira sus ojos, ella miente como siempre, la conoce, pero sabe que no le sacara ni media palabra.

– No diré nada Helga, lo prometo.

– ¡Bien así! – dice ella siguiendo su camino.

Arnold… solo la sigue en silencio, con una extraño sentir en el pecho.

Continuara…

¿Que esta extraño? Je je, y se pondrá peor, ya verán. ¿Que creen que sea lo que le paso a Helga, porque su miedo y ese rechazo a la magia? Bueno saludos a mis lectores y espero no haberlos enredado mucho, poco a poco iré revelando el misterio, gracias por todo.^^

ReiHikaruChiba