Capítulo anterior:
Pudo ver a Sasuke sentado junto a una hermosa pelirroja. Otra vez lo de la noche anterior. Se había puesto nerviosa y unos palomitas en el estómago. Itachi la cerró por la cintura y ella se tensó.
– ¿Bailamos?
Cada cinco segundos se separaba de él para ver a Sasuke. No le estaba gustando en lo absoluto que la pelirroja lo abrasase de ese modo.
– Sakura…
Esa voz, esa voz, esa voz, esa voz…
– No es posible…
Sakura abrió sus enormes ojos verdes, tanto, que parecía se le iban a romper.
– ¿Me permites? – Itachi tomó la mano de su novia y la puso sobre la de aquél extraño joven. Vestía un pantalón negro y una elegante camisa guinda con corbata.
– Tiene clase. Ni estos dos años lo han cambiado.
– Ignoraba que vendrías.
– Hace seis meses que regresé. Pero por favor deja de mirarme con espanto.
– Es que estoy tan asombrada y desconcertada. El día que te fuiste…
El pelirrojo suspiró.
– Sientes odio, Sakura.
Gaara aún sostenía a la chica por la cintura. Recordó muchas cosas pero no dijo ninguna. La miraba a los ojos con nostalgia, era hermosa, siempre la amó y nunca la olvidó. Ni siquiera esos dos años habían servido para olvidarla. Descaradamente la recorrió con la vista. Su esbelta cintura, su cabello de ese extraño color rosado, su fina piel y sus labios, los mismos que tanto había besado.
Se percató de la mirada dolida que ella le enviaba.
Dos días después de aquél incidente el timbre de la enorme mansión se escuchó. Ese día no había nadie en casa excepto ella y una de las sirvientas.
Desde la boda de Temari no había parado de pensar en Gaara. Tampoco vio más a Sasuke.
– Señorita le buscan.
Sabía que era él. Lo miró con cansancio. Aquél día vestía todo lo opuesto a la boda, unos jeans y una camiseta a rayas.
Sakura guardó silencio, cayó sentada en el sofá y cruzo las piernas. Vestía short blanco y una blusa escotada sencilla que dejaba ver el principio de sus pechos. Se percató de la manera que Gaara la estaba contemplando.
– Estás bella.
– Yo… – Su voz se vio interrumpida por el teléfono. Sakura levantó el auricular.
– ¿Sí?
Gaara reconoció inmediatamente la misma voz del joven de anoche.
– Mi amor, ¿Estás ocupada? Pensé que podríamos comer juntos.
– Itachi, lo siento, estoy algo ocupada. Te llamo después.
– Esperaré con ansias.
Colgó. Hubo un silencio extraño.
– ¿Cuánto tiempo llevan saliendo?
– Un poco más de nueve meses.
La charla estaba volviéndose incomoda. Pensó muchas cosas, le costaba ver a Gaara sin recordar momentos deliciosos. Habían sido novios desde que ella cumplió los quince.
– ¿Cómo vas con la banda?
El sonrió abiertamente.
– Nos hemos deshecho. – Lo miró con sorpresa.
Su rostro reflejaba serenidad. Sus ojos verdes miraban al frente pero no veían la carretera. Ese mismo día Gaara la besó. Los besos de Gaara ¡Dios! Nunca los olvidaría, su ternura, las veladas junto a él. La rubia frenó el automóvil.
– Sigues amándolo, ¿Verdad?
– Ino, hemos hablado mucho de eso. – Sakura hablaba con fuerza. Ino estacionó el automóvil frente a un lujoso restaurante. Entraron ambas.
– Sakura, me preocupas. – Su amiga le apretó las manos sobre la mesa. Sakura guardó silencio.
– No vas a negar que Gaara está hecho un cuero.
– Ino, ¿Otra vez? Deja el tema ya, mira que ya llegó el camarero. Te pido por favor no vuelvas a sacar el tema. Me duele…
– Sabes que no puedo evitarlo. Además que pasa con Itachi.
– No me hagas recordar la situación en la que estoy.
Kaori se sorprendió al ver la ropa de su hija regada por toda la alfombra de la habitación.
– Cariño no me gusta para nada tu ceño. ¿Ocurre algo?
– Nada. – Regresó la mirada a su madre, ella a la vez sonrió al ver el gesto tan infantil que Sakura le había regalado. – No encuentro que ponerme.
– ¿Es que vas a salir? Oh… He escuchado que Gaara está aquí.
Oh no, otra vez el tema. Sakura sonrió amargamente.
– Itachi viene a recogerme. Dice que tiene algo que decirme.
La sirvienta se excusó.
– Señorita, El joven Uchiha está aquí.
– ¿Qué? Pero si dijo que pasaría a las tres y no son ni las dos.
Pocos minutos después Sakura bajó. Él Lucía impecable como siempre. Sin duda era un hombre con la personalidad increíble.
– Una vez más te luces preciosa. Señora Haruno. – Besó la mano de Kaori.
– Itachi, es un gusto tenerte en casa. Pasa, siéntate. Llamaré a mi esposo, ya regreso.
Tomó la mano de su novia. – Sakura. – Estaba serio. Mucho más de lo normal.
– ¿Sucede algo? – Apretó un poco el agarre de su novio.
– Quiero… Quiero que te cases conmigo.
continuará...
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saaku-chan.
