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Encuentro de Luna Llena

No sabía que hacer, ahora que Hannibal Bean sabía del regreso de Sheila, no dudaría ni un segundo en hacerle daño, mucho menos en matarla, tenía que hacer algo y pronto, todo fue una advertencia, pero si no hacía algo rápido, esta vez la perdería para siempre.

Chase llamó a uno de sus cuervos, le dio un mensaje para Shei, pero en cuanto estuvo a punto de mandarlo… dudó… no estaba seguro de que aquello resultara, es decir, ¿y si ella lo rechazaba? Todo sería en vano, prefirió aguardar un poco más, mejor pensaba en algo para poder atraerla sin que ella pusiese alguna resistencia.

Mientras tanto en el templo Xiaolin, han pasado dos días desde la visita de Hannibal y Wuya; todo se encontraba con cierto aire de tensión, pero aún así la Gran Maestra Shei procuraba mantener los ánimos en alto, si los jóvenes dragones la veían tranquila, ellos al menos también estarían un poco más tranquilos.

- Bien chicos, será mejor que se tomen un descanso –dijo ella al verlos ya muy exhaustos- lo hicieron muy bien

Lo dragones se limitaron a sonreírle, aún permanecían muy tensos tras lo que había pasado, entonces Shei resolvió por distraerlos un poco tal vez con alguna vieja anécdota, con una sonrisa aún más grande le hizo una seña para que la siguieran, los muchachos se vieron entre sí extrañados sin entender que era lo que quería, pero tampoco se negaron a ir tras ella, mucho menos Omi a quien la curiosidad ya empezaba a pesarle.

- Bien chicos, espérenme aquí un momento –dijo Shei saliendo tan pronto como había entrado al Gran Templo

Tras unos segundos de su ausencia, fue Omi quien rompió el silencio.

- ¿Qué deseará Shei?... las mujeres aún me complican mi existencia que de por sí es complicada en su grandeza

Gota general.

Raimundo quiso asomarse a la puerta para ver si ella ya venía, pero casi cae sentado al suelo al verla de la nada frente a él, Shei le ayudó a levantarse y comenzó a acomodar todo, puso una mesa, asientos, un adorno de centro y un poco más decoraba todo el lugar, pero un Dojo curioso interrumpió ello y se acomodó llevando una tetera.

- Supongo querrán –sentenció el dragón con una sonrisa

- Shei, ¿podrías explicarnos que pasa? –preguntó Kimiko que se acercaba con Rai tomados de la mano y se sentaban en frente de la mesita

- ¿Algo muy importante? –secundó Clay sacándose el sombrero y sentándose también

- Pues nada malo, pero sí, muy importante –respondió la Maestra sonriente y se sentó haciendo ademán para que todos se acercaran

De la nada sacó un pequeña cajita pero antes de abrirla, tomó la mano de Omi y lo acercó al grupo, el era el protagonista aquí, él debía ser uno de los primeros en verlo, total, se trataba de su hijo. Abrió la cajita que tenía algunas hojas de papel muy antiguas, algunos pequeños objetos, pero había algo ahí que de verdad era importante, algo que sí significaba algo.

Sacó un trozo de madera bien pulida y en ella pintada a tinta china con trazos muy finos, cuatro figuras de cuatro legendarios guerreros, Omi pudo reconocerlos a todos, en especial a alguien.

- Esto lo pintó un campesino que tenía sus cultivos tres colinas al Este, era un buen amigo nuestro, ya que lo habíamos ayudado en una ocasión…

- Ahí veo al Maestro Monje Guan, al Gran Maestro Dashi y a… -Raimundo se interrumpió, hablar de aquel sujeto no le era de por sí muy agradable

- Así es Raimundo, se trata de Chase Young –terminó ella

- ¿Eran buenos amigos? ¿Y por qué se ven diferentes? –preguntó Omi mirándole con inocencia

- Así es, éramos buenos amigos los cuatro, nos vemos diferentes porque este pequeño retrato fue hecho una semana después de mi llegada, verán, ese día…

FLASH BACK
En los exteriores del templo (apenas con las bases construidas) se veían a tres jóvenes entrenando uno contra otro, demostrándose entre ellos sus habilidades, probando quien era más fuerte, etc., cosas de chicos. Los tres se hallaban exhaustos y por detrás se acercaba una joven muchacha de pelo negro corto con una bandeja y unas tazas de té para refrescar a sus compañeros.

- Mejor tomen esto, que después no quiero hacerme cargo de todos porque se dejen llevar –bromeó la muchacha mientras dos de los chicos se acercaban

- Sabes que nunca te haríamos pasar enojos Sheila, pero estos dos no entienden que cuando digo basta es basta

- ¬¬ Cállate Dashi –dijo bromeando un joven Guan

- xD es broma, es broma… -y el mencionado dio un gran sorbo a su té

Los tres se rieron un momento, entonces Guan tomó la otra tacita y quiso llevársela a Chase que se había sentado en el suelo tomando un poco de aliento.

- No, Guan –dijo ella quitándole la tacita- él debe hacerlo sólo

- Sólo me esta haciendo un favor –dijo un molesto pelinegro, se puso de pie y se acercó a ella- bueno, al menos haces algo útil

Sonrió burlón y estiró la mano para tomar su taza, pero ella alejó la bandeja.

- ¡¡Hey!! –repuso el muchacho más molesto

- ¡Eres tan grosero! –contestó ella molesta

Dashi y Guan intercambiaron miradas, suspiraron y se hicieron a un lado mientras los otros dos intercambiaban rayos y truenos por los ojos ante el poco agrado que se tenían, desde que la joven aprendiz dragón había llegado, Chase demostró poca simpatía con ella y ella mucho menos lo toleraba, en tan sólo una semana, se habían hecho enemigos declarados, bien sabían Guan y Dashi que tarde o temprano deberían interferir ya que siempre estaban por llegar a los golpes.

Su maestro siempre decía que guerrero y guerrera eran lo mismo, por eso había traído a Sheila, para que entendiesen que una mujer y un hombre pueden funcionar como uno solo, pero que para ello debían antes comprender y sobre todo querer a las mujeres, estaba prohibido enamorar, pero no hacerse de amigos. Guan fue el primero que mostró esa singular y prospera simpatía con ella, ésta a su vez le correspondía, Dashi mantenía distancia prudente al principio pero ya a los dos días se sentían en la confianza de decirse sus más grandes secretos. Aunque Sheila no entrenaba con ellos, iba sola con su maestro para que pudiese desarrollar más sus habilidades físicas.

Así ahora Chase y ella como ya en tan poco tiempo se había hecho costumbre se hallaban discutiendo, pasaron por otros temas hasta llegar a la dichosa tacita de té.

- Dámela –ordenó Chase- total ¿la trajiste para mí, no?

- ¿Y crees que te la mereces? ¡no me molestes!

- Dámela o sino…

- ¿O sino qué? –acto seguida la chica tomó la tacita y de un trago bebió todo su contenido

- O.O!!... ¬¬

El pelinegro se dio vuelta simulando que no le importaba, cosa que sorprendió a sus tres compañeros, de la nada se volteó agachándose y estirando la pierna, golpeando los tobillos de Sheila con la intención de tirarla al suelo. La tacita y la bandeja salieron volando y fueron Guan y Dashi quienes se ocuparon de rescatarlas, al voltear a ver a sus amigos y regañarlos por su actitud, se dieron cuenta que estaban tarde para interferir.

Sheila mantenía una posición felina y se abalanzó sobre Chase que la evito sin problemas, quiso atacarla pero también falló ante el bloqueo de ella, así es como comenzó la pelea pero si uno miraba con detalle cada movimiento, él esquivaba todo y ella bloqueaba todo. Chase consiguió patearla en el estómago y tirarla al suelo, ella colocando las manos hacia atrás consiguió pararse de manos y tomar con los pies el cuello de él, dio un giro sobre su eje y lo lanzó a pocos metros de ella.

Ambos se alistaron nuevamente para arremeter una contra el otro, y se dispararon dispuestos a terminar esto, pero justo a milímetros de propiciarse un certero golpe en el rostro Dojo apareció y grito un fuerte y claro: "¡ALTO!"

- Chicos, chicos –dijo el dragón acercándose a ellos con lentitud- si el maestro los ve así se molestara mucho… pero luego hablamos de eso, hay un problema

- ¿De qué se trata Dojo? –preguntó Dashi acercándose junto con Guan

- En el Este, se suscitó un ataque en los campos de cultivo, el Maestro Tsing fue pero me temo que halló serios problemas ya que no ha regresado, pero me pidió que de ser necesario los llevara

Entonces tomó su forma ampliada y se alistó para que los aprendices subieran sobre él.

- Ya en otra lo arreglamos –dijo Chase fulminando a Sheila con la mirada mientras subía al lomo del dragón dejando a la choca con expresión sumisa

- Vamos… -tras unos segundos Guan le tendió la mano para ayudarla a subir y sentarla frente a él, lejos de Chase que se hallaba detrás de Dashi

- No puedo creerlo –dijo Dojo que alzó vuelo y blanqueó los ojos- al primer día se entiende, a los dos también, pero que en una semana no puedan llevarse bien es increíble…

- Dales más tiempo –dijo Dashi con calma

- ¿Más tiempo? No, a este paso se mataran, nunca se llevarán bien, eso es algo bien visto desde el primer día

Los monjes debían admitirlo, ya que el primer día, Dashi y Guan le dieron una calurosa bienvenida, pero fue Chase quien se notaba desinteresado en ella, molesto, en pocas palabras, tan sólo se limito a mirarla y decir: "Entrenar con una chica desde ahora, como si no estuviéramos lo suficientemente retrasados para tener que ser ahora quienes la cuidemos", tras decirlo se marchó seguido de Guan quien quería saber que le pasaba a su amigo. La chica no demostró que le importara mucho, pero ciertamente le había dolido.

Tras volar unos tres minutos al Este, divisaron unos cultivos que estaban siendo devastados por monstruos de piedra, también lograron divisar a su maestro que se hallaba peleando con varios de ellos, pero el hombre de avanzada edad se veía en gran dificultad, notoriamente muy cansado.

El anciano de pelos blancos y barba hasta el piso se veía rodeado, exhausto y muy preocupado por la situación, fue golpeado y apenas si pudo sostenerse sobre sus rodillas y mirar que otro Golem se le venía encima, pero entonces antes de que éste pudiera asestarle un golpe al viejito, alguien cayó sobre éste haciéndolo añicos. Guan, Chase y Dashi se les unieron en poco tiempo.

La pequeña Sheila se movía con gracia y efectividad entre cada monstruo acabando con varios de ellos, Guan se apresuró a ir para ayudarla, Dashi se acercó a su maestro y lo ayudó a ponerse de pie con cuidado y con ayuda de Chase lo llevaron sobre un montón de paja para que descansase.

- Gracias monjes, llegaron justo a tiempo, ahora… ve Dashi, Chase tu te quedarás a cuidarme

- Pero maestro… –replicó Chase mientras veía a Dashi unirse a sus compañeros

- Míralos Chase, los tres coordinan muy bien, saben a quien le toca que, consideran su trabajo en equipo… pero si alguien debe quedarse, ¿a quién reemplazarías?

- A Sheila

- Pues mira que sin ella estarían perdidos

- ¡¿Qué?!

- Mírala, esa muchacha se esfuerza en darlo todo de sí, pero Guan se halla ahí para cuidarla sabiendo que por su cuenta lo hace y Dashi procura darle menos trabajo… se nota lo encariñados que están con ella ahora

- Sigo sin entender

- Sin ella ustedes pelearían a diestra y siniestra sin conocer realmente su objetivo… de tener a quien proteger y ayudar, ¿entiendes?

- Pero…

- A su vez ella procura ayudarlos como puede, mírala pelear, se adentra incansable y los otros dos quieren cuidar que no se hiera, tú entiendes bien que tratarla como lo haces demuestra que entiendes la equidad…

Chase se quedó completamente anonadado ante las palabras de su maestro, tenía razón, sus amigos la trataban como a una princesa, pero ella procuraba evitarlo, él en cambio la trataba como a un igual, como si se tratara de una persona corriente como lo era él.

- Pero… tu equidad debe buscar el trato más adecuado… tu la has tratado muy mal desde que llegó, ¿no crees acaso que ella merece un poco de cariño?

- Maestro Tsing…

Era completamente conciente de ello, y ahora, si lo analizaba se daba cuenta de que nunca hubo nada en ella que le desagradara, es decir, ella iba a ayudarles, les atendía si alguno se pasaba de la raya en los entrenamientos, respondía a las dudas que se asomaban durante lecciones de teoría, una semana, es poco tiempo pero al analizarlo todo, era más que una vida.

Fue sacado de sus pensamientos al escuchar un golpe seco en el suelo, Guan ahora se hallaba herido, rápidamente fue a auxiliarlo, entonces sería él quien cuidara al maestro mientras se adentraba en la batalla, pero sólo por precaución volteo a ver a su maestro, si éste aprobaba o no su decisión.

- Ve Chase… Guan, tú te quedas a cuidarnos

Chase como una fiera se abalanzó sobre cuanto enemigo se le cruzó en el camino, Sheila como pudo lo observó, en lo poco que lo había visto, era la primera vez que lo veía peleando seriamente, ni con ella era así, pero aún se maravilló de lo que vio, sonrió de lado y continuó peleando a lado de Dashi. Pronto acabarían pero algo paso que arruinó el momento del triunfo, un Golem de roca roja se asomo al campo de batalla, Dashi arremetió contra éste, pero quedó herido también, al final todo pendía de las manos de Shei y Chase. Ambos se miraron y lograron colocarse juntos en medio campo, sin hablar debían poder pelear juntos, ser uno solo, como el maestro les había dicho.

Se separaron de repente y comenzaron a pelear, los otros dos monjes y el maestro se quedaron completamente sorprendidos al verlos pelear de la misma forma, mismos golpes y mismas patadas, como si fueran uno… el maestro sonrió para sus adentros realmente orgulloso.

Pero Sheila fue atacada con brusquedad y varios de los Golem se le vinieron encima, Chase se volteo pero tampoco debía descuidarse, estaba asustado, temía por ella y al notarlo, el Golem rojo quiso asestarle un golpe, Chase apenas si pudo evitarlo, esto se complicaba y seguía sin ver a Sheila, hasta que lo sintió… se quedó de pie esperando un nuevo golpe, un golpe que nunca llegó, Sheila se había zafado de sus captores y derribó al Gran Rojo, nuevamente se unieron y en menos de media hora, todo estaba en completa paz y armonía.

- Se lo agradezco mucho Maestro Tsing, de no haber sido por usted y sus monjes, mi hogar habría sido totalmente destruido –dijo un campesino con lágrimas en los ojos haciendo reverencia a los nombrados

- No es necesario agradecer, sólo hemos hecho lo que es bueno para los buenos –dijo el maestro sonriente

Pero aún así, todos se vieron envueltos en una pequeña cena para agradecerles todo y pues tomando en cuenta que era tarde, también les habían ofrecido alojamiento.

Sheila se hallaba sentada sobre la hierba mientras observaba las primeras estrellas aparecer, realmente había sido una experiencia inolvidable, realmente emocionante, se abrazó a sus rodillas suspirando, le habría gustado hablar con Chase, pero seguramente él no querría, tomando en cuenta que no le tenía ningún aprecio…

- ¿No te molesta que me siente aquí? –dijo alguien a sus espaldas que se acomodaba a su lado

- Chase… -estaba completamente fuera de lugar, eso no era común en él

- Sólo quería decirte que… -sólo debía poner su orgullo a un lado sólo un poco- que… estuviste genial…

- Gracias –dijo ella sonriente pese a que lo veía desviar el rostro a otro lado, bien sabía lo orgulloso y terco que era al momento de admitir algo

Pasaron un buen rato en silencio, poco a poco empezaron a soltar comentarios al aire… a preguntarse cosas, a decirse cosas más directas, Chase sintió un extraña calidez en su interior al igual que Sheila, ya de la nada se estaban hablando como amigos de la más remota era. Sheila bostezó y al darse cuenta, Chase se hallaba en frente de ella, agachado y dándole la espalda.

- Súbete –le dijo él

- Esta bien, puedo levantarme e ir a la habitación a dormir –dijo ella sonriendo nerviosa

- No es sólo por eso… vamos, súbete

Tras algunos segundos meditándolo, accedió. Se subió a su espalda y se aferró bien su cuello para no caer, él se irguió y comenzó a caminar con lentitud alejándose de la casita del campesino, ella quiso preguntarle a donde iban, pero él la calló con suavidad. Recorrieron un pequeño tramo hasta la colina más cerca que iba camino al templo, pero se desviaron para adentrarse a un bosquecillo.

- Ya casi llegamos –dijo él volteando a verla para ver si se había dormido o no

- Esta bien… -respondió ella soñolienta

Chase la bajo con cuidado, sentándola sobre una roca y extendió su mano mostrándole el paisaje frente a sus ojos. Sheila no podía creerlo, se había despertado totalmente, se puso de pie y se acerco a ver ese pequeño claro de luna repleto de rosas blancas.

- Es hermoso…

- Si… lo sé… lo vi cuando nos dirigíamos a los campos… pensé que traerte pues… sería buena idea, es decir… quería decirte de esta forma que… lo siento…

Escuchar esas últimas dos palabras provocaron en Sheila una inmensa alegría, se acercó a él y lo abrazó con fuerza, claro que él estaba algo incómodo con eso, pero admitía que tampoco era tan malo, se sonrojó levemente y tras unos segundos correspondió su abrazo.

Al día siguiente, muy temprano en la mañana el campesino tomó a los 4 monjes y los agrupo frente a él, Sheila delante de Guan quien la rodeaba con un brazo, al lado ella Dashi y detrás de Dashi se hallaba Chase mirando con disimulo a la muchacha. El campesino había sacado de una bolsita un trozo de madera fina bien pulida y tomando una hoja y tinta comenzó a retratarlos antes de que se marcharan.
END FLASH BACK

Todos habían estado muy atentos ante la historia de Sheila, habían tomando montones de tazas de té mientras expectantes imaginaban cada escena, el cómo habría sido todo en ese entonces, viendo de cuando en cuando el retrato para verlos como antes no lo habían hecho, más jóvenes casi unos niños como ellos lo eran ahora.

- Entonces así fue como consolidaron la unión entre los cuatro… -dijo Kimiko tomando el retrato viendo a la joven Sheila, comparándola de reojo con la actual

- Pese a que él fuese un engreído y desconsiderado –dijo Raimundo con las manos tras la cabeza

- Raimundo… él era de verdad un gran hombre, había cosas en su personalidad que a veces no agradaban, pero la mayor parte del tiempo siempre fue bueno

- Para que lo defienda con ese fervor, señorita, parece que él fue importante en su vida –dijo Clay molestándola un poco a lo que Shei solo atinó a reírse

- Todos lo fueron, Dashi era mi confidente, era muy sabio, siempre sabía que decir…Guan era mi mejor amigo, siempre me brindaba un apoyo incondicional, siempre permanecimos juntos y Chase… solía ser importante

- ¿Y por qué ya no? –preguntó Omi tomando el retrato y viéndolo en él

- Supongo que… bueno, tal vez jamás pude perdonarle el que nos traicionara... pero algo me dice que… aún existe bondad dentro de él…

- Imposible –sentenció el brasileño

- ¡Rai! –le llamo la atención Kimiko que no estaba del todo de acerado con lo que decía su ahora novio

- Verás Raimundo, pese a lo que hizo, yo no puedo perder fe en él… fue un amigo muy querido… además, todos cometemos errores

"Y vaya que yo si los cometí" pensó mientras suspiraba

Al menos todos se hallaban más relajados, cada quien comenzó a tomarse las cosas un poco más a la ligera aunque con alerta permanente, Sheila mientras tanto se hallaba a las afueras del templo, al lado del río tras la colina junto con Omi, ella se hallaba sentada observando a su pequeño entrenar con su elemento, pero en un momento lo notó frustrado.

- Omi, ¿te pasa algo?

- Hay algo que he intentado hacer desde hace mucho… pero ya va siendo mucho desde que práctico para lograrlo y no me sale nada –respondió el pequeño apena sentándose a su lado con la cabeza baja

- Dime, ¿de qué se trata? Podría ayudarte

- ¿En serio? –pregunto ilusionado y continuó al verla asentir- se trata de estar bajo el agua y salir, pero no sólo salir normalmente es decir… mmm... me refiero a un remolino… o algo así…

- Esta bien… -dijo ella mientras se ponía de pie tratando de comprender lo que había querido decirle su hijo

Ágilmente dio un chapuzón y se quedó ahí por unos momentos, se quedó meditando y se concentró en ser uno con su elemento, ahora podía comprender lo que decía, salir del agua en medio de un remolino, ahora recordaba cómo hacerlo.

Omi quedó maravillado al ver un remolino de agua salir del río y al poco tiempo se disperso dejando ver a claramente a Sheila, quien logró posarse en la orilla.

- ¿Cómo lo hiciste? –repuntó el pequeñín acercándose a ella

- Pues… -le sonrió y se acomodó un mechón de pelo, se sentó sobre la hierba y le acarició la cabeza hasta señalar el centro de su frente- sólo debes ser uno con tu elemento… ser agua y él ser tú…

- Suena complicado…

- Al principio lo es, pero lo lograrás, hasta mientras no te apresures tanto, es algo que aprenderás dentro de un tiempo…

- ¿Tu elemento es el agua también?

- Sí, ese es mi elemento…

- ¿Y el de los demás? –el pequeño Omi se quedó sentado frente a ella para escuchar otra de sus historias

- Dashi… era el Dragón del Viento al igual que Raimundo… Guan de la Tierra y Chase del fuego…

- ¿Tú crees… que él volverá a ser bueno? –Omi se recostó sobre el regazo de Shei entrecerrando sus ojitos para tomar una siesta

- No… el paso que dio fue uno sin vuelta atrás… pero como dije antes, creo que aún hay bondad en su corazón…

No se dijeron nada más, ella con mucho cuidado acariciaba la cabeza del pequeño logrando que éste bostezara para caer en un profundo sueño, ella suspiró y sonrió dándole un beso en la frente pero de repente volteó el rostro con brusquedad notando muy cerca de ellos a un pequeño cuervo, éste se acercó a Sheila y logró posarse en su hombro aprovechando que ella no podía moverse demasiado.

Vio en los ojos del cuervo y distinguió el mensaje con claridad: "Ven a la Ciudadela, es importante, se trata de tu hijo". El cuervo salió volando al cabo de unos segundos al recibir la afirmativa de ella.

Esa noche, antes de cenar, Sheila anunció que no asistiría, que tenía algunos asuntos pendientes que atender, todos se preguntaron de qué se trataba y por qué ahora se veía tan tensa y preocupada. Dojo no pudo evitarlo y la interceptó en la entrada principal.

- Shei… ¿a dónde vas? Permíteme llevarte

- No Dojo, gracias… pero no…

- Shei, por favor, estoy preocupado, todos lo están

- Te lo diré todo cuando vuelva –y dicho eso, ella desapareció en una brisa siendo envuelta por las hojas


No tardó mucho en dar con la famosa Ciudadela, aunque debía admitir que la entrada la ponía bastante nerviosa, con cautela ingresó, estaba completamente alerta, bien podría ser esto una trampa, pero con el simple hecho de que le mencionara a Omi, pues de por sí ya era inevitable ir a averiguar que pasaba. Al verse adentró quedó perpleja ante lo que sus ojos le mostraban, afuera parecía la entrada al Infierno pero era un Paraíso en realidad, con pasos torpes y lentos se paseaba en pequeños espacios tratando de asimilarlo todo, comprenderlo todo.

- Me alegra que vinieras… -dijo una voz tras ella

- ¿Qué? –ella seguía tonta ante lo que estaba pasando, volteó con brusquedad viendo a Chase de pie a sus espaldas, con una sonrisa suave y… amable

- Bienvenida –él se acercó un poco estirando uno de sus brazos mostrándole los alrededores, dejando de verla- siéntete como en tu casa…

- Dime… -ella ignoraba su amabilidad, sólo quería saber para qué estaba ahí- ¿para qué me mandaste a llamar?

Pero no recibió respuesta, él caminó con tranquilidad pasando por su lado, indicándole con la mirada que lo siguiera, Sheila así lo hizo. Ella preguntaba y preguntaba lo mismo una y otra vez, pero no recibía respuesta alguna, el silencio de él la incomodaba y ponía muy nerviosa, no estaba segura de lo que él tramara pero quería respuestas y las quería ya.

Quiso tomarlo del brazo y detenerlo, pero reaccionó tarde, de repente se vio frente a una gran puerta, él le indicó con una seña que la abriera, ella dudosa lo hizo, con cuidado giró la manija e ingresó con total lentitud, al observar como era el lugar, se quedó atónita y comenzaba a pensar lo peor. Estaba en la habitación de Chase.

- ¿Por qué…? –apenas si puedo articular eso, pero él la interrumpió antes de que terminara

- Sabía muy bien que no vendrías si no se trataba de algo que te importara tanto… simplemente quería hablar contigo –se acercó con cuidado y la tomo del brazo con delicadeza llevándola hacia el balcón

- Entonces… era un trampa… me engañaste… -no lo miraba a los ojos y se limitó a dejarse guiar

La luna iluminaba aquel campo de rosas blancas, llenándolas de un esplendor exquisito, ese ambiente inspiraba paz y armonía en su totalidad, completando así la idea de un verdadero Paraíso. Sheila quedó ligeramente boquiabierta por la sorpresa y admiración, volteó el rostro para mirar a Chase a los ojos y nuevamente al campo, éste no esperaba ver lo que pasaba a continuación, ella derramaba varias lágrimas aún observando el Claro de Luna, pero sonreía de forma especial, con esa ternura que veía sólo en ella y tal vez alguien más.

- Pensé que traerte pues, sería buena idea, es decir, quería decirte de esta forma que lo siento…

- Chase… -susurró ella sin mirarlo y cerrando los ojos

- ¿Sabes? No sé si te lo dijeron pero de igual forma lo contaré… hace tiempo, Hannibal Bean, Wuya y Spicer, quisieron engañar a Omi, mostrándole una familia falsa… pero su madre falsa no se parecía en nada a ti –se acercó lentamente por detrás abrazándola con cuidado- tú eres hermosa, delicada pero fuerte… inteligente, buena cocinera –éste comentario hizo que ella soltara una pequeña risa- tierna, un encanto total… me sentí furioso con lo que ellos hicieron, y ayude a tu hijo a descubrir la verdad, reavivando la esperanza de que algún día podría encontrarte…

Ella no decía nada, se había dejado abrazar pero sin saber si corresponder o irse de ahí, ciertamente el haberse enterado del engaño de sus enemigos para con su hijo (ya que Dojo no se animó a decírselo), la habían hecho rabiar, pero ahora no podía exteriorizar eso, sintió que Chase la soltaba, pero fue para secarle las lágrimas que había derramado, ella cerró los ojos y sintió los brazos de él rodeándola de nuevo. Shei se sentía confundida, no estaba segura de querer corresponder sus acciones, no porque no quisiera, sino porque no estaba bien.

- Basta… -dijo ella tratando de separarse- Chase, ya suéltame…

No se esperaba semejantes palabras de ella, es decir, él no le había hecho nada y quería que la soltase, para nada lo haría, aunque hasta que se diera esa respuesta ella se soltó con brusquedad caminando hacia la puerta para marcharse y no volver, pero no sería tan fácil… Chase apareció delante de ella, tomándola por sorpresa y sujetándola del brazo, pero esta vez con brusquedad, ella ahogó un grito de dolor y frunció el ceño dispuesta a defenderse.

- ¡¡Suéltame!! –ordenó desesperada

- ¡Dime qué pasa ahora! ¡Antes fue por estar donde habitaba Guan! ¡¿Pero por qué no puede ser diferente aquí?!

- ¡Entiéndelo!... no esta bien…

- ¡¿Qué no esta bien?!

- ¡¡Todo!!

- ¡Mentira! Igual que siempre… mintiéndome… lo disfrutas ¿no? Disfrutas de éste juego, de andar con Guan y luego conmigo igual que antes… te gusta serlo ¿no? Una mujerzuela… y me pregunto ahora… -su voz se notaba maliciosa y furiosa- ¿de casualidad no nos engañaste también con Dashi?

Ante esto último él recibió una fuerte bofetada de parte de ella que resonó por toda la habitación, ella también se notaba furiosa pero sobretodo muy dolida, aún así no dejaría que él se aventaje este enfrentamiento.

- ¿Tan celoso estás? Por favor, tu siempre te creíste el mejor y nunca fuiste nada… ¿acaso no te dabas cuenta por el simple hecho de irme siempre con Dashi y Guan? Entiéndelo, nunca me tuviste, siempre fui y seré inalcanzable para alguien como tú…

- … -no dijo nada, pero apretó un poco más su agarre, esas palabras lo lastimaban

- ¡Mejor suéltame y ve a revolcarte con esa maldita bruja! ¡Que yo ya tengo con quien!

En ese mismo instante él la soltó con brusquedad, por unos momentos, ella quedó ligeramente desconcertada por ello, Chase le dio la espalda esperando escuchar el primer paso de ella hacia la puerta y al hacerlo, con gran agilidad y destreza se volteó propiciándole un golpe en el rostro lanzándola como metro y medio lejos de él. Sus ojos mostraban mucha ira y por encima de ello tristeza. Sheila quedó inconciente al menos unos segundos, ese golpe la había aturdido demasiado, sin poder reconocer con claridad el espacio y tiempo, como pudo trató de incorporarse pero de verdad se hallaba bastante desubicada y sobretodo herida, apenas si quedó de rodillas y colocó una de sus manos sobre su mejilla herida, notando que tenía también el labio partido.

Chase no tardó mucho en reaccionar, la observó un momento con expresión de arrepentimiento en el rostro, sin haber comprendido realmente que le pasó para que hiciese semejante atrocidad, con lentitud se acercó a su amada y se agacho a su lado, acarició su cabeza con cuidado, ella tenía la mirada ensombrecida, pero claramente uno notaba las lágrimas que brotaban de sus ojos, él las secó con cuidado y la abrazó con delicadeza, tras unos segundos la tomó brazos y la llevó hasta su cama sentándola con cuidado, ella quedó sorprendida de aquella acción y dejó ver su rostro, al menos parecía estar un poco más tranquila.

- Shei… -sintió un nudo en su garganta, sólo se acercó a la mejilla herida de ella y la beso con suavidad

Ella rodeo su cuello con lentitud abrazándolo, él correspondió a su acción y la rodeo por la cintura. Ambos se quedaron en silencio por mucho tiempo, él volteó un poco el rostro encontrándose con la mirada de ella, y no basto más para que ambos se dieran un beso, al principio como si fuese la primera vez, y poco a poco lo intensificaron, separándose de cuando en cuando para tomar aire.

Chase hizo que ella se recostara y él quedara encima, dejó varios besos en los labios de ella y poco a poco en todo su rostro, comenzando a bajar por su cuello con total delicadeza, ella hizo la cabeza hacia atrás para darle más comodidad y con una de sus manos jugaba con el cabello de él y la otra trataba de quitarle la armadura que llevaba. El rey Heylin la ayudó quitándose gran parte de ésta, dejando ver tan sólo su bien formado torso, tomó la cinta que ajustaba la túnica al cuerpo tan delicado de Shei, lo jaló con cuidado dejando ver claramente sus senos y abdomen, pasó su mano con suavidad y deseo sobre la tersa piel, delineando sus curvas, ella, sonrojada, tomó el rostro de él y lo acercó para besarlo en los labios y luego su cuello.

Él logró despojarla de todo, tenía ante sí mismo a la más hermosa mujer que hubiera existido nunca en el mundo, acarició su rostro sonriéndole con su antigua sinceridad, mostrándose como el de antes; besó sus labios y fue recorriendo poco a poco cada centímetro de su piel provocando que en ella gemido tras gemido por el inmenso placer que sentía ante cada caricia y beso que él proporcionaba. También él se mostraba estar excitado, se deshizo de sus últimas prendas y se acercó al oído de ella para susurrarle con suavidad:

- ¿Estás segura?

- … sí… -respondió ella sonriéndole con dulzura

Con el mayor cuidado del mundo fue introduciéndose en ella y una vez dentro no hizo nada, paciente esperaba que ella se acostumbrara a esa sensación, la besaba para distraerla de cualquier incomodidad, dándole a entender que todo dependía de ella… Sheila comenzó a mover sus caderas con lentitud gimiendo con suavidad y soltando jadeos repetidos por el placer que la invadía cada vez más rápido, por su parte, Chase comenzó también a moverse, cada vez más rápido, ambos se besaban apasionadamente, sus besos, cada vez más húmedos anunciaban la llegada del clímax.

Sheila soltó un gritó de placer al sentir que el orgasmo había invadido su cuerpo y Chase soltó un gutural gemido, éste a los pocos segundos se desplomó sobre ella con cuidado, jadeando y tratando de recuperar el aliento. Ambos se hallaban sumamente exhaustos, pero inmensamente felices, él salió de ella con lentitud y se recostó a su lado, al verla, la notaba sonrojada y con los ojos cerrados tratando de recuperar el aire y colocando su mano sobre su pecho tratando de aminorar la velocidad de sus latidos.

- Shei… -susurró captando su atención

- … -ella se volteó recostándose de lado para verlo mejor

- Perdóname… -y la abrazo con fuerza, no mostrando protegerla sino suplicando ser protegido, derramando lágrimas sobre su pecho

Sheila también lloraba, con delicadeza rodeó el cuerpo de él con sus brazos, lo estrecho con cariño, para protegerlo de lo que estaba pasando, de tener que sentirse así, a ella le dolía mucho verlo así. Besó su frente con delicadeza y acarició sus cabellos para relajarlo, para que pudiese descansar.


Estaba sentado en el sillón que daba al Claro de Luna, podía ver al astro en toda inmensidad, total, era Luna Llena, sonrió tranquilamente y suspiró para luego voltearse a ver a Sheila que dormía plácidamente en su cama, ella era para él como esas rosas, sin espinas, aunque fue él mismo quien la obligó con sus acciones a desarrollar filosas espinas, se acercó de nuevo a ella, tapándola con la sábana, pero bien sabía que debía dejarla ir, sabía que no se quedaría pese a éste encuentro.

- Eres tan pálida… que blanca estás… siempre radiante, ¿en quién pensarás? –dijo mientras la observaba de cerca y depositaba un beso en su frente

Llamó a sus siervos felinos y les dio una serie de ordenes que debían cumplir al pie de la letra, ya pronto amanecería, así que debieran darse prisa, Chase con mucho cuidado de no despertar a Shei, la vistió con mucho cuidado.


Amanecía, todo presentaba paz y calidez, la temperatura era agradable y al abrir sus ojos, ella se vio bajo un árbol que se hallaba camino al templo, con lentitud logró sentarse y observó a su alrededor, el paisaje era maravilloso aunque quedó opacado por el campo de rosas blancas que había visto en su… ¿sueño?... no, eso no había sido un sueño, estaba segura que fue real, aquel encuentro de Luna llena debió ser real, y en pocos segundos lo comprobó, sujetó con cuidado una rosa y la colocó entre sus cabellos, se puso de pie y se estiró peor que gato, emprendió la marcha hacia el templo con una sonrisa en los labios.

Chase la vigilaba entre las sombras, cuidando que sus siervos tuvieran mucho cuidado de llevarla hasta ese lugar, sonrió y se fue al verla bien, tal vez ahora ella tendría menos espinas para cuando se vieran de nuevo.