Estimadas lectoras!
Primero que todo les pido disculpas por retrasarme tanto en actualizar, pero me cuesta un tantito enmarañar esta historia (jijiji).
Bueno les doy las gracias a todas quienes leen y comentan mi historia, es muy gratificante...
Un besote,
Karen
Capítulo VI
Secretos de familia
Edward
Intenté ubicar un par de veces más a Albibi, pero fue imposible. Me mantuve cerca de dos semanas en Medio Oriente, sin encontrar ninguna respuesta, por el contrario, cada vez reflotaban más interrogantes. Volví a Estados Unidos, completamente desorientado. Al aeropuerto me fue a recoger Alice. Volví a la casa.
Mi hermana se encargó de contarles a mis padres sobre mi particular transición. Inicialmente pensaron que estaba loca e intentaron arrastrarla a un psiquiátrico, pero Jasper se opuso. Emmett no dijo nada, se quedó absolutamente al margen de lo acontecido. Él si le creía, pero no se atrevía a reconocerlo, hasta que un día se armó de valor y le reconoció a Esme y Carlisle que me había visto. Mi madre estuvo internada un par de días en el hospital, debido a una fuerte descompensación y mi padre, comenzó a investigar frenéticamente acerca de la existencia de los vampiros.
Finalmente acabaron de convencerse cuando Alice les confesó su gran secreto. Ella había sido mordida por uno de esos lúgubres personajes a los doce años. Lo recordaba como un ser de blancura casi radiante, melena dorada, finos rasgos marmóreos, ojos carmesí y una hermosa, pero temible sonrisa siniestra ¡Ah! Y un nada menor detalle… parecía venido desde la mismísima Edad Media.
Extendió su mano derecha para despejarse el cuello de su cabello oscuro y les mostró como en el nacimiento de su cabello se escondía una cicatriz con forma de media luna. Además, les recordó que desde ese entonces, su presión nunca había superado los seis con tres de presión, burlando cualquier literatura médica conocida hasta ese entonces.
Sus visiones del futuro se habían clarificado desde aquel encuentro con el siniestro personaje.
—Alice… ¿cuán… cuándo? ¡Por qué no nos dijiste nada! —exclamó mi madre angustiada.
—No, no creí que fuese necesario angustiarlos demás. El daño ya estaba hecho y bueno… no han vuelto a venir… aunque "él" prometió hacerlo.
—¿Qué? —los ojos dorados de Esme se abrieron de par en par. Mi hermana asintió.
—Dicen que no dejarán pasar mis veinticinco —respondió Alice, resignada.
—¡No lo permitiremos! —anunció Carlisle con los ojos tostados humedecidos por lágrimas al borde de caer.
—No se trata de permitirlo o no. Ellos tienen poderes sobre naturales ¡Lo siento! —se disculpó.
Se abrazaron los tres, absolutamente angustiados. Sin embargo Alice sabía que no podía hacer nada contra ello.
Las imágenes de mi hermana eran tan claras que resultaba casi imposible no vivenciar, como si estuviese sucediendo, toda la conmovedora escena.
Llegué a casa de mis padres. Alice entró antes. Ellos me esperaban en el living. Caminé lentamente hasta que los ojos de sorpresa de Esme me estremecieron por completo. Carlisle estaba de pie junto al sofá. Mi madre corrió a mis brazos y de un saltito se colgó a mi cuello, mientras lloraba amargamente y acariciaba mi cabello.
–¡Hijo, Edward! –exclamó por fin, mientras me besaba la mejilla. De repente abrió los ojos casi al borde de sus órbitas, había notado la frialdad de mi piel, pero no dijo nada, intentó pasar desapercibido su pensamiento. Sonreí y la volví a abrazar.
–Te extrañé –la besé en la mejilla.
Di un par de pasos más y me paré frente a mi padre, quien por un segundo sintió desconfianza, pero en cuanto mantuvimos contacto con la vista, se le humedecieron los ojos y me abrazó con el corazón herido. Se separó de mí nuevamente y me besó el nacimiento de la frente.
–¡No importa de qué modo pasó todo esto! Lo único que vale la pena es que estás aquí, con nosotros –me miró emocionado. Esme me volvió a abrazar. Alice se mantenía al margen, junto a la mesa de centro.
–¡Edward, siento molestarte! –irrumpió mi hermana– pero tenemos algunos temas pendientes… tú sabes… –hizo un mohín.
Nos sentamos en el living a discutir qué haríamos, cómo si eso sirviera de algo.
–¿Entonces Bella está prisionera? –consultó mi padre consternado. Asentí.
–Con los mismos vampiros que intentaron convertir a Alice –ella bajó la vista, triste.
–¿Cómo lo sabes? –exclamó Esme.
–Por Albibi, mi madrina de Medio Oriente, quién me transformó…
–¡Ja! –bufó Alice. De inmediato puse atención a sus pensamientos. Me mostró a Albibi, llegando donde los Vulturis. Ella les contó sobre Bella, sobre mí y mi familia.
–¿Qué? ¿Estás segura? –le pregunté angustiado.
–¡Claro! Ella no llegó a ti por casualidad, Edward. Su misión era encontrarte en Medio Oriente, para llegar a mí –inclinó su mentón hacia el suelo.
–¿Por encargo de "ellos"? –pregunté incrédulo. Ella asintió.
–Pero cometió un terrible error… enamorarse de ti –decretó y continuó– entonces cuando te vio agonizar, pidió permiso a su clan más cercano para convertirte.
–¡Imposible! ¡Ella era humana! Era tibia, su corazón latía con fuerza… –reclamé consternado.
–Era todo una fantasía. Es una vampiresa muy poderosa con la mente y tiene el don de hacer creer a la gente cosas que no son ¡Dominó tu mente, Edward! Y la chica muerta que viste en la plaza esa tarde de rebelión ¡No era ella! Se inmiscuyó en la mente de aquella señora para que creyeras que la mujer por quién sufría era ella, pero te engañó –¡Definitivamente no lo podía creer!
–¿Desde cuándo sabes todo esto, Alice? –cuando te volví a ver… pude relacionarlo todo.
–Y ¿Por qué nunca nos contaste lo de la visita de esos personajes de la Edad Media? –ella rió sarcástica.
–¿Acaso me hubiesen creído? De seguro estaría en un loquero…
¡Tenía mucha razón! En mi forma humana jamás hubiese creído en una historia similar. Pero ahora, mi gran aflicción era Bella ¡Tenía que rescatarla! No sabía cómo, pero era lo único bueno que podría hacer para remendar la seguidilla de errores que había cometido con mi Bella. Desde que la conocí en el salón de juegos no había hecho otra cosa que hacerla sufrir.
–Yo seré la carnada, Edward –musitó Alice.
–¿Qué? ¡No, nunca! –rechacé de plano su ofrecimiento.
–De todos modos vendrán por mí, así que… es cuestión de que nos adelantemos y quizás podamos llegar a un trato. Después de todo a quién siempre quisieron fue a mí y bueno, en el camino se dieron cuenta de que tú también serías de gran valor para su guardia real –enarcó una ceja, sarcástica.
–¿Y qué tipo de trato les podríamos ofrecer? –pregunté incrédulo.
–Nuestros dones… quizás quedarnos un tiempo con ellos y luego, marcharnos pero, con Bella incluida.
–¿Lo permitirán? Es decir ¿dejarán que nos marchemos?
–No lo sé, aún no tengo claridad… sólo veo nubes ¡Hi! –exclamó mi hermana alarmada. Me interné en su mente y pude ver a Bella con claridad. Me sentí tan reconfortado hasta que apareció un hombre a su lado. La cogió de la mano con sutileza y la besó. Miré a Alice confundido.
–¿Quién es él?
–El líder de los Vulturis –musitó angustiada.
–Pero él es mayor, es decir, de apariencia –mi hermana negó con la cabeza.
–Con Bella rejuvenecerá…
–¿Qué? ¿Por qué?
–Bella desciende de una familia del norte de Italia ¡Estoy hablando de siglos! Ni siquiera ella lo sabe, pero proviene de la única mujer que se enamoró Aro antes de convertirse en vampiro. Ella murió de peste y él siempre se sintió impotente por no haber podido salvarla. Había perdido las esperanzas, entonces cuando llegó Bella a Volterra descubrió que ella era muy parecida al amor que había perdido hace más de diez siglos y tras investigarla, dio con la relación de sangre…
–¡Es ridículo! –bufé. Esto iba a ser mucho más difícil de lo que pensaba.
Alice se encogió de hombros.
–Piénsalo Edward, es el único modo ¿o acaso tienes alguna otra sugerencia? –exclamó mi hermana decidida.
