Hola queridas lectoras,

Muchas gracias por leer mi fic y ser respetuosas al momento de opinar, ya sea porque les guste o no. Lo digo porque con "Alma de Caballero" me he llevado bastantes tragos amargos, gente muy irrespetuosa que aprovecha de comentar anónimamente sólo tirando malas vibras, nada onstructivo.

Por supuesto acepto todo tipo de críticas, pero creo que si algo no gusta es mejor y más simple NO hacerlo.

Bueno, no quería latearlas, pero creo importante exponer mi punto de vista, sobre todo en este fic que es una secuela y puede no ser gusto de todos.

Gracias!

Cariños,

Karen

Capítulo VII

Preparativos

El tiempo se había cumplido.

Finalmente tuve que tomar una decisión y ésta fue, la única opción que tenía, aceptar la ayuda de Alice, aunque esto significara acabar con su vida de semi-vampiro para convertirla en una no viva como yo.

Emmett aún no me hablaba, su cabeza era una maraña de contradicciones y sentimientos confusos. Rosalie había vuelto y con ella, mayores problemas para mi hermano, porque él, continuaba enamorado de Bella, y por esto también, jamás me perdonaría el que la hubiese convertido en un ente repulsivo como yo.

Carlisle estudió con cautela cada mitología referente con los vampiros y sus orígenes, quería entender que tan poderoso podían llegar a ser los Vulturis, no se conformaba con mis explicaciones, se sentía con el deber moral de llegar más lejos.

La dulce Esme se pasaba el día entero merodeando por la casa, incluso durante las noches se asomaba en mi habitación y cuando se daba cuenta que estaba ahí, extendía una gran y hermosa sonrisa que le iluminaba los ojos. Suspiraba profundo y se iba donde su marido, quien la recibía como si fuese la primera vez que la veía, con profunda mirada de amor eterno. Daría lo que fuera por volver el tiempo atrás y haber sido un hombre fiel, correcto y honrado con mi único amor, tal como lo era mi padre con mi madre.

Alice convenció a Jasper de su decisión. Su novio, también mi amigo, se opuso categóricamente al inicio, pero cuando me volvió a ver y acabó de enterarse de toda la verdad, incluyendo las inhóspitas visitas que había tenido mi hermana a los doce años, no tuvo más opción que aceptar, aunque fuese a regañadientes. Sin embargo, estaban tan enamorados que hicieron un juramento eterno del que la familia completa había sido testigo, si yo la convertía a ella definitivamente, ella lo debía transformar a él. Un trato justo y bueno, yo no tenía moral ni cara para oponerme.

Emmett me vigilaba constantemente, desconfiaba de mí y de mis intenciones, pero no se opuso a la transformación de Alice, argumentando que ella siempre había sido diferente y ya era una especie de mitad vampiro.

Cuando finalizaba el segundo mes desde mi regreso, en un tibio atardecer, acordamos con Alice encontrarnos en la casa de la playa. Ella se fue de mañana, era mejor que la familia no supiera con exactitud cuándo se llevaría a cabo la transformación, y yo, desaparecí en la tarde. Mi familia aún no conocía del todo las ventajas físicas de ser un vampiro, así que desaparecí cuando el sol se escondió en el horizonte, pero todavía extendía sus brazos para dar un tono rosado intenso en el horizonte, y un gris opaco sobre el mar.

Cuando pasé en medio de los bosques de eucaliptos me detuve a pensar en Bella, en que este era mi forma de devolverle lo que le había robado, entonces, oleadas de felicidad me incitaban a seguir por el camino trazado. Podía oírse egoísta, pero mi hermana tenía razón, vendrían por ella en cualquier minuto y su destino, bajo las manos de esos carceleros podía ser mucho peor que si se preparaba para enfrentarse a ellos. Quizás los Vulturis eran poderosos por sus años y conocimientos, pero con Alice, teníamos dos dones que ellos carecían: predecir el futuro y leer sus mentes.

Corrí por unos cuantos kilómetros más y llegué a la casa. Entré por el ventanal que daba hacia la terraza junto al mar. Alice había dejado su descapotable rojo estacionado en el porche. Fui lo más sigiloso posible, pero ella me descubrió de inmediato.

—Edward —musitó con su voz melódica y acogedora. Me detuve hasta que llegó frente a mí.

Quedamos frente a frente en medio del living. El sol ya había entrado. Sus ojos miel se internaron en los míos, tenía miedo, pero era lo suficientemente valiente como para no reconocerlo. Caminó sigilosamente hacia mí.

—¿Estás segura? —tragué ponzoña. Ella no olía bien para mí, es decir, no bien del modo acostumbrado que olían los humanos. Su sangre parecía aromatizada con mentas y flores, lejos del olor metálico del común de las personas, pero era bueno, así sería más fácil detenerme, no como lo que me sucedió con Bella, donde estuve a punto de sucumbir a vaciar sus venas para saciar mi sed.

—¡Claro! De lo contrario no estaría aquí… —sonrió forzadamente, sin dejar de sostenerme la mirada.

—¿Tienes miedo? —le pregunté para saber si con ello se arrepentiría de esta decisión irreversible.

—Sabes que sí ¡Y mucho! Pero te lo he prometido —su mirada se entristeció, anegando sus ojos de lágrimas.

—Puedes considerarlo… —espeté también triste.

—Lo único que te pido es que no me mates… le juré a Jasper que volvería por él —esbozó una risita tímida.

—Por supuesto, duende. Si pusiera en peligro tu existencia, jamás hubiese aceptado hacerlo. Conozco el límite y ¿sabes qué? Después de todo tu sangre no me apetece —reí con ganas.

—¿Lo dices en serio? —enarcó una ceja molesta. Asentí — ¿Por qué? —abrió los ojos curiosa.

—Quizás porque eres media vampira —reí con menos ganas. Bufó.

Nos quedamos mirando varios segundos. El interior de sus ojos eran como un fondo de miel líquida y transparente, pero a pesar de ello, sus pupilas centellaba de miedo, oscureciendo las órbitas de sus esferas.

–¿Lista? –pregunté inquieto, esto era difícil tanto para mí como para ella. Asintió, tragando saliva con dificultad. Di un paso hacia ella, pero de modo instintivo se hizo hacía atrás– ¿segura? –repetí, enarcando una ceja.

–¡Sí! Hazlo pronto, por favor –susurró con voz segura.

Cogí su brazo izquierdo, el que estaba justamente más cerca de su corazón, y lo acerqué a mi boca. El cuerpo de Alice se tensó, podía oír su corazón latir frenéticamente.

–Edward –murmuró sigilosa– prométeme que me ayudarás con Jasper –asentí, mientras con mi otra mano recogía una lágrima sutil que corría por su mejilla.

Ella elevó la mano, dejándome el antebrazo libre. La sangre fluía por debajo de sus venas, marcando el compás de su corazón. Mis labios se retiraron hacía atrás dando paso a los colmillos. Mi mandíbula se tensó y la oprimí contra la fina piel de Alice. Aulló de dolor, aviso suficiente de que debía retirarme, la ponzoña ya viajaba por sus venas. Antes que cayera al suelo retorciéndose de dolor la cogí en brazos y la lleve a una de las habitaciones. Emitía alaridos desesperados. Su mente estaba confusa, no podía ver con claridad qué pensaba.

Me quedé a su lado, inquieto. La besé en la frente.

–Espero que hayas tenido razón pequeña y esto sea lo mejor para todos –me costaba trabajo mantener la mirada sobre ella, mientras veía como se retorcía de dolor. Cogí su mano pequeña y la acaricié con vehemencia.

Pasaron casi cuarenta y ocho horas desde que su cuerpo estaba sufriendo una transformación. De repente abrió los ojos de par en par y se llevó una de sus manos a la garganta. Movió los labios indicándome que tenía sed.

En menos de una centésima de segundo se puso de pie, era tan hermosa como antes, pero ahora, su piel era más firme, como acero cubierto en piel. Clavó su mirada tostada en la mía. Debíamos ir a cazar.

Nos alejamos bastantes kilómetros, este lugar no era lo suficientemente apto para buscar alimento. Fuimos tan lejos que pasamos dos estados sin problemas, hasta encontrar un lugar seguro.

–Deja que tu instinto te guíe –susurré en voz baja.

De repente salió corriendo más veloz que una flecha hasta encontrar a un animal de mediano tamaño. Lo cogió con tanta ligereza como si lo hubiese hecho siempre, realmente me sorprendió.

Estuvimos más de un mes lejos de la civilización y principalmente de la familia. Sólo cuando Alice se pudo controlar fui capaz de llevarla con mis padres y Jasper. Emmett se había ido de la casa.

Intentamos planificar hasta el más mínimo detalle. Alice, podía ver con claridad la residencia de los Vulturis, y también, me hizo tomar conciencia de lo ligado que estaba Aro de Bella.

El líder de la realiza vampírica había rejuvenecido hasta parecer de veintitantos. El motivo lo desconocíamos, pero sospechábamos que tenía que ver con Bella. No sería fácil llegar a ella y ese dolor me atormentaba cada minuto. Con el duende, ahora más claro, veloz y concienzudo, nos pusimos fecha límite en un mes más. Compramos los pasajes, llegaríamos a Italia, luego, muy, muy pronto. La suerte estaba echada, era cuestión de días…