Momento 24: Ocaso

A Gabrielle Delacour le gustaba mirar el atardecer.

A veces se avergonzaba, porque se daba cuenta de que no era un placer espiritual ni moral, sino puramente estético. Gabrielle había sido criada en una sociedad y en una familia que consideraba que la belleza era un fin en si misma. Fleur, Apolline y decenas de generaciones de veelas antes que ellas, creían y habían creído que su belleza las acreditaba a estar rodeadas de cosas bellas. La belleza les generaba placer, y la creencia generalizada de su especie era que merecían vivir de la forma más placentera posible, ya que estaban destinadas a hacer el mundo más ameno. Amor y belleza eran lo único que aceptaban de buena gana a su alrededor.

Gabrielle pensaba distinto, fruto de haber crecido a la sombra de Fleur. No era menos hermosa, encantadora o inteligente que su hermana, sino solo más tímida, más pequeña y menos orgullosa de ser lo que era. Fleur era extrovertida y deliciosamente extravagante. Mientras Gabrielle era demasiado pequeña, Fleur estaba en la flor de la edad. Siempre. Se tratara de lo que se tratara. Eso había permitido a la hermana menor crecer más libre, más salvaje, más solitaria y más despiadadamente objetiva. Comprendía de manera distinta todo aquello que era sentimental. Encontraba molesta aunque útil su propia belleza, y se reprendía a si misma cada vez que se sorprendía buscando su reflejo en algo exterior.

Pero había algo en el ocaso que le fascinaba los sentidos. Tocaba una fibra sensible en su cariz artístico, en su instinto de veela, en su corazón de mujer. Gabrielle podía emocionarse hasta las lágrimas contemplando la belleza de un atardecer. Y era quizás en ese momento que comprendía más y mejor a su madre y a su hermana, que se reconciliaba transitoriamente con generaciones y generaciones de veelas. Porque podía comprender que, tras todo placer estético, se esconde un placer sentimental.

Gabrielle sabía que Oscar Wilde la hubiera lapidado en una plaza pública, pero se alegraba de haber perdido el sentido abstracto de la belleza. Porque en un sol oro que se funde en el firmamento naranja, creía encontrar el leit motiv del karma del artista.

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Supongo que alguien más aparte de Gab debe estar leyéndolo, así que sigo publicando. Y si no, no me cuesta nada, porque ya lo tengo escrito

Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían

Estrella