Momento 10: Conquista

Dentro del juego, siempre llega un momento en el que el juguete se cansa del jugador. Un momento en el que la víctima acorrala al victimario contra una pared, y le hace rendir cuentas. O lo obliga a confesar la verdad, lo que, en algunos casos, puede llegar a ser mucho peor.

Por eso, Gabrielle Delacour no se asombró tanto cuando se dio cuenta que la puerta de la cocina de la Madriguera había sido cerrada con magia, y que Ginny Weasley la esperaba con una mirada severa en los ojos y los brazos en jarra. No la sorprendió, porque lo estaba esperando, y en cierto modo, deseando.

Prácticamente no escuchó lo que estaba diciendo la pelirroja. Porque sabía cual era el argumento básico, y la idea era mucho más importante que las palabras escogidas par expresarla. Y, por cierto, era mucho más placentero observar las pecas que se iban perdiendo en el escote de su vestido de verano que escuchar sus consabidos reproches.

- … estoy harta de esta guerra inútil entre nosotras, Gabrielle.

La rubia alzó la vista par fijar su mirada en los ojos de Ginny.

- Tú no tienes idea de lo que es una verdadera guerra, Ginny.

La pelirroja suspiró. Comprendía que ella tuviera diecisiete años, pero no por eso tenía que ser tan infantil.

- ¿Ah, no? Demuéstrame lo que es, entonces.

Gabrielle sonrió maliciosamente. Si ella se lo había pedido, no iba a hacerse de rogar. Tomó a Ginny por la nuca y buscó su boca con labios ansiosos. Sintió que la pelirroja lanzaba un gritito, no sabía si de sorpresa, de asco o de placer. No le importaba demasiado. Era su oportunidad, y no pensaba desaprovecharla.

Estrechó a la pelirroja contra la pared, aún a riesgo de encontrarse en el lugar más visible de toda la cocina. Intentó separar sus labios con su lengua, pero Ginny estaba tiesa, apenas respiraba, y mucho menos correspondía al beso. Gabrielle separó su boca de la de ella, y siguió el recorrido mágico de sus pecas. Cuando la rubia llegó a su clavícula y continuó bajando, Ginny no pudo evitar que, aún contra su voluntad, se le escapara un gemido. ¿Por qué demonios no sería capaz de tener dominio sobre ninguna de las células de su cuerpo? ¿Acaso tendría algo que ver con la sangre veela?

- Ginny, ¿estás ahí? Tu madre te está buscando.

Y entonces todo el peso de la realidad cayó sobre Ginevra Weasley. Se casaba un mes después. Con el hombre que amaba. Con el hombre de su vida. ¿Qué hacía dejando que su concuñada le bajara las mangas del vestido y le acariciara los pechos en un rincón oscuro de la cocina? Ella ya tenía alguien que hiciera eso.

El llamado de Harry había funcionado como la ruptura de una fuerza magnética. Dos metros separaban a Ginny de Gabrielle, que la miraba con ojos ardientes y sedientos. Cientos de años luz separaban a Gabrielle de Ginny, que prefería evitar su mirada.

- Ya voy, Harry.

Se acomodó el vestido y salió de la cocina dirigiéndole una mirada que no se sabía bien si era de culpa o de lástima.

Gabrielle se quedó sola y no pudo evitar pensar en que, si Harry no existiese, ella hubiera logrado en esa guerra la conquista más maravillosa de su vida.

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Tralalalala. Otro Ginny/Gabrielle para la lista. Ténganme paciencia, es solo una etapa, dentro de nada volverán los Nev/Gab.

Lean, escriban, sueñen, amen, bailen, sonrían

Estrella