Capítulo 2: Chispas

Muy bien se dijo Gabrielle Delacour frotándose las manos, y apenas se tomó el tiempo suficiente para preguntarse a si misma si era alguna clase de señal psicológica el hecho de que sintiera los colmillos más afilados que de costumbre. Esa era su oportunidad. Era esa ocasión, o nunca.

Tenía en las manos su juego de cartas favorito, y no pensaba desaprovecharlo. No creía que sus nervios fueran a tolerar la espera de otra mano favorable.

Siempre había sabido que una fiesta sería la ocasión ideal, mucho más una despedida de soltera. Y especialmente esa despedida de soltera.

Porque se había cordado por unanimidad que había que obligar a Hermione a que disfrutara de todos aquellos placeres que nunca antes había disfrutado, ni ya nunca podría disfrutar. Granger se había resistido con uñas y dientes, pero luego de unas cuantas copas de alcohol (siempre había sido una pésima bebedora), su atención había decaído, y las restantes concurrentes a la fiesta habían aprovechado la oportunidad par encerrarla en uno de los privados del boliche bailable con un morocho fenomenal. Luego de uno o dos minutos, habían dejado de oírse sus gritos desesperados de socorro. Como había dicho Parvati entre risitas alcohólicas, era imposible saber si eso era bueno o no.

Sin un núcleo fuerte como la futura novia que las mantuviera unidas, las invitadas se habían dispersado, aprovechando la noche de carta libre y anonimato para satisfacer quien sabe que vicios ocultos. Sólo Gabrielle se quedó sentada en su silla del privado, tomando una bebida ligera y tamborileando con los dedos sobre la mesa. Tenía muy en claro su plan, y conocía perfectamente a su víctima. Dejar que la presa tomara confianza y se sintiera libre era muchas veces la clave del sexito, peor había que tener paciencia y no desesperar. Y Gabrielle era una cazadora muy paciente.

Cuando calculó que había pasado un tiempo más o menos prudencial, se puso de pie y se aventuró en la pista pública. Las miradas que atraía (tanto de hombres como de mujeres) le daban igual. Cuando una veela escoge su objetivo, es imposible contentarla con otra cosa.

Y allí estaba ella.

Sola y cabizbaja, sentada en un rincón, con los ojos cerrados.

Llevaba días padeciendo una pseudo depresión, y Gabrielle sabía perfectamente que ese estado anímico sumado al alcohol podía ser un cóctel explosivo. No pudo evitar la sonrisa lobuna que se pintó en su rostro.

Con el cabello pelirrojo cubriéndole apenas las pálidas mejillas, los labios entreabiertos, las pestañas trémulas, era la imagen del desamparo y la tentación.

El juego apenas acababa de empezar.

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Oh, si, serán diez capítulos de puro Ginny/Gabrielle xD Quédense tranquilas. ¡Gracias por leer!

Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían

Estrella