Capítulo 4: Rescoldos
Amarás a Dios sobre todas las cosas
- Ginny.
- Hermione, mátame si quieres, pero por favor, no grites.
Granger suspiró.
- No estoy gritando, Ginny. Levántate y toma la poción, que quiero hablar contigo.
La pelirroja intentó incorporarse. ¿Desde cuándo el suelo se comportaba tan escurridizo frente a sus ojos? Hermione percibió su dificultad, se arrodilló a su lado y le dio de beber la poción anti-resaca en la boca, como si fuera una niña pequeña. Comenzaron a salirle volutas de humo entre los rizos cobrizos, pero su mirada se volvió más nítida y pudo sentarse mucho más derecha.
- ¿Mejor?
- Gracias.
- No hay porque.
Se quedaron en silencio unos instantes sin mirarse. Hermione se retorcía las manos, y se mordía los labios.
- Hermione, vas a enloquecerme.- Dijo por fin la pelirroja con hastío.- Si quieres decirme algo, sólo dilo y ya.
La morena volvió a suspirar. Ginny gruñó.
- Está bien. Quiero que sepas que me parece espantoso lo que hiciste anoche.
Ginny parpadeó. ¿Qué demon…?
- ¿De qué hablas?
- ¿No lo recuerdas?
- No. Lo último que recuerdo es cuando te encerramos y, bueno, no creo que eso sea pecado capital.
Hermione le llevó una mano a la mejilla. Estaba temblando.
- Ginny, si yo te digo Gabrielle, ¿tú en que piensas?
La pelirroja frunció el ceño. ¿Qué se suponía que era eso?
- Pienso en la hermanita de Fleur, por supuesto.
- ¿Y qué piensas sobre ella?
- Que Neville está colado por ella. Que tiene los ojos azules más bonitos del planeta. Y que ayer estaba irresistiblemente sensual.
Hermione suspiró.
- Ese es el problema.
- ¡No me digas que la encontraste besándose con Ron!
- No, Ginny. Ojalá la hubiera encontrado con Ron: la encontré besándose contigo.
El ambiente del cuarto se tensó, se condensó y se rompió.
- ¿Qué?
- Así como lo oyes.- Carraspeó, ruborizada.- Y no sólo en los labios, debo aclarar.
Imágenes inconexas y delirantes fueron apareciendo una tras otra en la mente de Ginny. ¿Podía ser qué…? Se quitó de un tirón el camisón- que seguramente le había puesto Hermione- y allí estaban. Magulladuras varias en el escote y en los pechos. Podía haber sido Gabrielle como cualquier otro. Pero, a fin de cuentas, ¿importaba quién había sido? Volvió a colocarse la ropa, mientras Hermione la observaba con ojos compasivos. Hizo la pregunta que ambas estaban esperando y temiendo desde que la charla había empezado.
- ¿Harry sabe algo?
- No por ahora. Hice jurar bajo amenaza- carraspeó- a todos los conocidos que te vieron que no le dirían nada. Pero tarde o temprano se enterará, Ginny. Y es mejor que seas tú la que se lo cuente.
La pelirroja no respondió. Con los ojos llenos de lágrimas, no podía evitar pensar que su destino era muy irónico. Porque ella adoraba a su novio y tenía el increíble privilegio de ser la elegida del corazón del gran, el magnífico, el único, Harry Potter. Y le era infiel con nadie más ni nadie menos que su cuñada medio veela, ella, que era 1.60 metro y 25 años de pura sensualidad, pero que, en la práctica, no era nadie.
A veces, el destino tiene giros imprevistos. Ginny ya sentía en lo más profundo que formaba parte de un juego milenario y complejo, y que no tenía otra salida que jugarlo.
--
Lamento que no sea lo que esperaban. Es un capítulo de transición. Era necesario que Ginny se enterara de algún modo. Y creo que no es necesario aclarar que Harry es Dios.
Ah, y que sepan que esta historia ya está terminada
¡Miles de gracias por leer!
Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían
Estrella
