Capítulo 5: Señales de humo
No consentirás pensamientos ni deseos impuros
Ginny Weasley pasó un fin de semana bastante complicado. Cualquiera podría pensar que se debía a la culpa, la humillación y la vergüenza que le había provocado tener que contarle la verdad a Harry, pero no era así. Porque Harry era un hombre maduro, que había vivido muchas cosas y, como tal, era capaz de comprender lo débil que era la carne- sobre todo si había mucho alcohol, música estridente y una medio veela de por medio. Porque Harry la amaba sin condiciones y, por eso, era capaz de perdonarla. ¿Qué importaba que le hubiera dado un par de besos a Gabrielle- a quien fuera; no era importante-, si seguía eligiendo darle a él su corazón?
El problema era que la culpa, la vergüenza y la humillación persistían, pero no eran fruto de haberle sido infiel a Harry, sino de no arrepentirse.
Porque aunque los recuerdos de Ginny eran vagos, difusos e inconexos, sabía que en el fondo si importaba quién había sido. Porque aunque sabía que había mucho de sugestión en esos pensamientos, no podía evitar que la carcomiera la intriga por saber como se sentirían los labios de Gabrielle sobre los suyos, o sus manos sobre el cuerpo de la medio veela. Las dudas la atormentaban día y noche, despierta y dormida.
Porque aunque Ginny quisiera a Harry, sabía perfectamente que hay acontecimientos en la vida que no pueden ignorarse.
Porque aunque nunca antes se hubiera sentido atraída por una mujer, había en Gabrielle algo que la hacía más y menos que humana al mismo tiempo, y provocaba que su sexo perdiera importancia- Ginny no era tan troglodita como para no aceptar la posibilidad de sentirse atraída por alguien de su mismo sexo, pero ese hubiera sido un planteamiento más lento, que le hubiera consumido mucho más tiempo y energía, y el deseo de Gabrielle había hecho acto de presencia en su vida como un rayo, una tormenta, una estrella fugaz.
Porque Ginny era partidaria de que, para asegurarse, hay que probar, y de que nada de lo que nos pide el alma puede ser ilícito. Y si tenía sueños censurables con la piel palidísima y los cabellos plateados de tan rubios de Gabrielle, por algo sería.
Y Ginny necesitaba descubrir porque era.
No era del todo consciente de que el experimento podía llegar a costarle el perder a Harry, y muchas otras cosas de las que no siquiera se percataba. Pero Ginny era aventurera, arriesgada e imponderable. Si una duda le picaba, no podía evitar rascarse.
Y Gabrielle Delacour era una incógnita que le había llegado más profundo que ninguna otra en su vida.
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Lamentablemente, como verán, la historia no tomó los rumbos que ustedes hubieran esperado y/o deseado. Pero de todos modos, creo que aún posee cierto encanto, ¿no? ¡Gracias por leer!
¿Comentarios?
Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían
Estrella
