El interior del establecimiento era espacioso, pero tenuemente iluminado y con una gran cantidad de mesas, sillas y sillones esparcidos sin mucho orden. Olía a cerveza y humedad, pero la muchedumbre y la alta y ensordecedora música conseguían darle un aspecto muy acogedor. Las paredes estaban llenas de cuadros y fotos que explicaba la historia de ese bar, el más antiguo del pueblo. En una de las paredes se encontraba la barra, con un par de camareros tomando los pedidos de la gente. El grupo de amigos se sentaron en una mesa cerca del bar.
Vicky fue a pedir unas bebidas mientras Ice le explicaba los acontecimientos de la noche.
-Rolf nos estaba explicando que ha quedado con una chica.
-No he quedado con ella. –La corrigió rápidamente el castaño, que se había enrojecido fuertemente. –Es una de las mejores biólogas de mi abuelo y ha venido de vacaciones con unos amigos.
-Ya pero se quedara en tu casa. A dormir. –Rio Vicky consiguiendo un mayor sonrojo por parte de Rolf.
-Voy a ver si viene. –Soltó en un murmuro, dejando a las chicas riéndose.
-¿Sabéis? Tendríamos que intentar juntarla con él, por su propio bien. –Comentó Viky tranquilamente dejando cuatro vasos de cerveza sobre la mesa de acre.
-¡Vicky! –Le reprendió Hermione.
-¿Qué? Todo el mundo piensa que es gay. –Respondió tranquilamente Vicky bebienso un sorbo de su cerveza.
-Pero no lo es. –Respondió Ice.
-Y si lo fuera, no habría problema. –Sentenció Hermione, pero en ese momento Vicky se empezó a reír. -¿Qué?
-Es que… es que me-me lo estoy imaginando con una boa rosa y una tanga ligando con algún tío –Dijo casi sin poder articular palabra por las carcajadas, Ice se empezó a reír de la misma forma escandalosa mientras Hermione sonreía. Vicky se puso seria en un momento intentando no seguir riéndose. –Por ahí viene. –Ice se mordió los labios ahogando la risa.
Rolf se acercó a ellas guiando a un grupo de siete personas, pero Hermione en cuanto las vio cualquier rastro de las risas de hace unos momentos desaparecieron, y lo mismo pareció pasar con los recién llegados.
La mirada verde de Harry Potter detonaba sorpresa y alegría, Ginny Weasley abría la boca intentando emitir algún tipo de sonido. Neville Longbottom y Hannah Abott la miraban con la cara iluminada, Draco Malfoy alzó una ceja con incredulidad mientras Luna Lovegood sonreía como si se hubiesen visto el día anterior.
Pero la mirada que buscaba era la última. Unos ojos azules como el mar que había querido como a su propia vida, unos ojos que jamás había olvidado, pero que a la vez parecía no haberlos visto en milenios.
La primera que pareció reponerse de la sorpresa fue Hannah, quien lanzó un grito y se lanzó a sus brazos:
-¡Hermione Granger! ¡Por Merlín, hacía tanto que no te veíamos! ¿Cómo estás? –La rubia la atrapó en un abrazo de oso que por poco acaba asfixiándola.
-Sorprendida, pero bien, muy bien. ¡Por Merlín! ¿Qué hacéis aquí?
-Asuntos de trabajo. –Contestó Harry mientras la abrazaba, pero los separó un carraspeo.
-Chicos, creo que deberíamos hablar de esto en un lugar más privado. –Señaló Rolf. Varias personas se habían girado extrañadas por las expresiones y la cantidad de gente nueva.
-Esto… nosotras mejor nos vamos. –Ice se puso de pie y cogió a Vicky por el brazo.
-¡Que! ¿Por qué? –Le solo le lanzó una mirada de "Tu haz lo que te digo y nadie saldrá herido" y prácticamente la saco arrastrándola del brazo. Antes de salir ambas de lanzaron una rápida mirada de duda a Hermione. Esta, solo suspiró y las despidió con la mano.
Salieron a la calle dirigiéndose cada uno a sus coches. El plan era que Harry y Ron, los que tenían permiso de conducir, siguiesen el coche de Hermione hasta casa de Rolf. En cuanto entraron en el coche, Rolf le lanzó una mirada interrogante a Hermione.
-Es complicado. –Susurró Hermione sin apartar la mirada de la carretera.
-Pensaba que dijiste que no había nadie que se preocupase por ti en Inglaterra. –La enfrentó Rolf. –Y ellos parecían muy felices de volverte a ver. Como si fuerais familia.
-Rolf… Por favor, no me hagas esto… Tú sabes lo que pasó.
-Pero podrías haber vuelto a Inglaterra. Allí había gente que se preocupaba por ti, que te quería. –Hermione paró frente a una gran casa victoriana. –Ven. –Rolf hizo un gesto con la cabeza en dirección a la casa, Hermione abrió la boca, pero él la cortó. –No acepto una negativa.
El comedor de la casa era grande y espacioso, con los muebles y la decoración de roble. Los jóvenes brujos se sentaron en los grandes sofás granates aterciopelados.
-¿Y bueno Hermione? ¡Cuenta! ¿Qué ha sido de tu vida en todos estos años?-le preguntó Hannah.
-Trabajo en el ministerio, en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas mágicas.
-Lo cierto es que es la Jefa del departamento. –Comentó Rolf, a la vez que salía de la cocina con una bandeja de té siguiéndole.
-¡Qué bien! Yo soy la dueña del Caldero chorreante. Es un trabajo genial. –Hannah le sonrió, mientras Neville le pasaba un brazo por los hombros.
-Me alegro por ti, ¿y vosotros? –Hermione le lanzó una mirada a sus excompañeros, pero evitando la mirada azul eléctrico.
-Bueno como debes saber, trabajo para el abuelo de Rolf como bióloga, ya sabes, me paso la vida por selvas buscando nuevos especímenes, pero aun no he encontrado rastro del Snorlak de cuerno arrugado. –Suspiró una muy soñadora Luna. –Se supone que Rolf me va a ayudar con mi búsqueda.
-Esto… Si… Es verdad. Algo me ha comentado mi abuelo, me parece. –Tartamudeó Rolf mientras su mirada gritaba "¿Qué?".
-Yo soy jugadora profesional de quidditch. –Saltó Ginny.
-He visto las noticias. Por lo visto eres la mejor. Felicidades.
-Además Harry y yo nos casamos hace unos años y tenemos un hijo de dos años. James Sirius. Queríamos que fueses nuestra madrina, tanto en la boda como de James, pero no te pudimos localizar.
-Lo lamento mucho, pero me alegro que las cosas os vayan tan bien, de verdad, espero que las cosas os sigan yendo igual de bien.
-Y Neville da clases en Hogwarts. Es el profesor de herbologia y nuevo tutor de la casa Gryffindor. –Continuó Ginny, intentando alejar la atención de luna, a la cual Rolf miraba como si fuese una extraña y peligrosa especie en peligro de extinción.
-¿Qué? ¡Eso es genial! -Hermione sonrió con sinceridad. -¿Y vosotros chicos? ¡Espera Harry que lo adivino! –Hermione cerró los ojos simulando pensarlo durante unos segundos. -¿Auror?
-¿Tan predecible soy? -El salón estalló en carcajadas. –Pero seguro que no adivinas el trabajo de Ron.
-¿Qué? –Exclamó en susodicho, que parecía haber estado pensando en todo menos en la conversación que se había formado a su alrededor.
-Tu trabajo, cabeza de chorlito. –Exclamó Draco con fastidio, pareciendo terriblemente aburrido en aquella reunión entre viejos amigos.
-¡Ah, sí! Trabajo con George en Sortilegios Weasley. Soy su socio. Tenemos más de 1.000 sedes en Europa unas 350 en Norte América, y aquí en Australia tenemos unas cuantas también. He venido también un poco a ver qué tal van. Además en mi tiempo libre ayudo al departamento de aurores. Así que he venido a ayudar a Harry. Y por eso el increíble hurón botador esta aquí también. –se escucho una risa sarcástica procedente de la butaca donde Draco se encontraba. –Se supone que es algo así como nuestra niñera. Es verdad, ¿Cuál es tu trabajo exactamente? –Hermione sonrió, era raro escuchar que Ron y Draco trabajasen juntos, pero si ellos se habían reencontrado después de tanto años, ¿porque esos dos hombre no podían trabajar juntos?
-Tengo que enviar informes acerca vuestros progresos y evitar que hagáis algo para que os echen del país.
-Pues eso. –Ron se giró hacia Hermione, consiguiendo que por unos segundos sus miradas conectasen directamente. Como si le hubiese dado la corriente Hermione saltó del asiento para ponerse de pie.
-Es tarde. Debería irme a casa. Mañana hay que trabajar y aun tengo que acabar unos cuantos papeles. Además Leslie debe estar preguntándose donde estoy y si llego tarde echará la llave y se irá a dormir, y es imposible despertarla una vez esta dormida. –Sin detenerse a despedirse mucho salió por la puerta, alejándose de aquella casa marrón, con demasiadas cosas en la cabeza y por primera vez en casi 8 años, sin saber que sería de ella al día siguiente.
