Ron clavó la mirada en el techo de la amplia habitación. Había llegado a Otford hacía una semana y aun no se podía creer que Hermione hubiese vuelto a su vida de la misma forma en la que desapareció. Así de repente.
Además vivía a apenas unos metros de ellos, y aunque ella parecía encaprichada en evitarlo, la podía ver todos los días.
Estaba muy cambiada, como si ocultase algo, pero a la vez seguía siendo la misma chica de antes.
Miro a su alrededor. La habitación era bastante grande y gracias a la magia en unos segundos se había convertido en el cuarto perfecto. Le recordaba a su apartamento en Londres.
Pero pese a ese hogareño escenario necesitaba salir, puede que el aire fresco le ayudase a pensar. Con cuidado de no despertar a nadie paso por las habitaciones, donde dormían sus compañeros.
-¿A dónde vas Ronald? –Luna apareció en el marco de una puerta vestida con un extraño camisón. Detrás de ella, Rolf examinaba unos pesados libros.
-Voy a dar un paseo.
-¿Podrías pasar por casa de Hermione y decirle que necesito el libro que le presté? –Le pidió Rolf.
-¿A medianoche? Estará durmiendo.
-Lo dudo. Se ve luz en su casa.
Una vez Ron se encontró fuera de la casa pudo ver que efectivamente había luz en el patio trasero de la casa donde vivía Hermione. Se asomó por encima de la verja. Desde allí puedo escuchar chapoteos. Con cuidado entró en el jardín de la casa, rodeando la casa hasta llegar al borde de una inmensa piscina, donde Hermione lo miró con extrañeza.
-¿Qué haces aquí? –Hermione salió de la piscina con un pequeño biquini, enrollándose rápidamente en una gruesa toalla.
-He salido a dar un paseo y Rolf me ha pedido que te diga que le devuelvas el libro que te dejó. –Con cuidado Ron se sentó en el borde de la piscina, acompañado de Hermione. Se quedaron unos segundos observando la luna llena, que iluminaba discretamente la noche, produciendo que sus cuerpos parecieran bañados en plata pura. Ron la miró unos segundos de reojo, hasta que una pregunta salió de sus labios. Una pregunta que llevaba demasiado tiempo carcomiéndole por dentro. -¿Por qué te fuiste?
-Tenía que encontrar a mis padres. –Su voz sonó hosca, dura, fría.
-¿Por qué no volviste cuando los encontraste? –Hermione permaneció en silencio. –Hermione, ¿Por qué no volviste? –Ron la sorprendió cuando una solitaria lágrima caía por su mejilla. Con cuidado Ron pasó su brazo por los hombros de Hermione.
-Ronald, prefiero no hablar de ese tema. –Respondió secamente.
Ron asintió lentamente sin insistir más. Ya sabía que si Hermione le llamaba Ronald debía hacerle caso. Hermione se quedó unos segundos con la cabeza gacha, sumida en sus propios pensamientos.
Finalmente inspiró profundamente y volvió al agua, quedándose un buen rato debajo de ella.
-¿Te apetece una carrera?
-¿Hermione Granger retando a alguien a una competición física? Esto sí que es raro. –Hermione rió. –Esto… no llevo bañador.
-No miro, tranquilo. –Hermione volvió a meter la cabeza en el agua, mientras el se desvistió rápidamente y saltó dentro del agua. -¿Ir y volver? –Ron asintió. –Preparados… Listos… ¡Ya!
Los dos salieron dando brazadas, Ron ganó.
-Vaya, Granger, alguien ha estado entrenando. –Hermione rió.
-Hacía tiempo que no me ganaba nadie… Bueno supongo que querrás un premio, ¿no? -Ron asintió. –Puedes elegir lo que quieras. –Ron sonrió a la vez que le cogía la cara entre las manos y le daba un pequeño beso. –Ron…
-Te he echado mucho de menos. –Hermione boqueó, buscando las palabras adecuadas, pero Ron la volvió a besar. –Te quiero.
Hermione se quedó un rato con los ojos cerrados antes de responder –Yo también.
-¡Por Dios! Esto es más rosa que las telenovelas que echan por la tele. –Leslie los miraba con cara de asco. –Al menos me podrías presentar al tío con el que bueno… con el que te estás dando el lote en nuestra piscina.
-Leslie, este es Ron Weasley; Ron, ese pequeño monstruo es mi hermana Leslie. –Ron levantó la mano algo confundido, Hermione jamás les había hablado de que tuviese una hermana. -¿Te acuerdas cuando envié a mis padres aquí? Jamás se me ocurrió que les apeteciese tener otra hija.
-Nuestros queridos padres… que en paz descansen… ¡Me voy a dormir! No hagáis anda de lo que os podáis arrepentir por la mañana.
-Esto… -Comenzó Ron.
-Los mortifagos mataron a mis padres. Leslie era un bebe, me tuve que ocupar de ella. No podía volver a Inglaterra, estaba demasiado asustada. Entonces llegó Vicky con Ice, y ellas me presentaron a Rolf, me ofrecieron un puesto en el Ministerio y… Lo siento. –Hermione rompió a llorar. Ron la abrazó con cuidado.
-Oye… Tranquila, vete a dormir, hablaremos mañana. –Hermione asintió y se metió dentro de la casa.
Hermione pasó por delante de la habitación de su hermana.
-¿Te he dicho alguna vez que eres insufrible? –Leslie pareció meditarlo.
-No soy insufrible, simplemente soy tu hermana. –Hermione sonrió.
-Buenas noches listilla.
-Buenas noches, sabionda. –Hermione se dirigía a su cuarto cuando volvió a escuchar a su hermana. -¡Y recuerda que soy demasiado joven como para ser tía! –Hermione rompió a reír.
