Capítulo 7: Extintor

No tomarás el nombre de Dios en vano

Para Hermione, una jugadora de Quidditch prestigiosa, una historiadora célebre por su belleza, una empleada ministerial con fama de subversiva y el Mesías del mundo mágico entrando como tromba en la oficina de redacción de un periódico de tinte ligeramente amarillista- aunque nunca se lo diría a Hannah-, no eran su imagen ideal de una intimidación. ¿Pero quién puede dominar a un hombre enamorado, una medio veela y una pelirroja, todos furiosos? Ella, decididamente, no. Y si no puedes vencerlos, úneteles.

De todos modos, tuvo que esforzarse por imponer un mínimo orden a la comitiva: las cosas debían hacerse más o menos como las había planeado, o el factor psicológico se le iría por las tuberías.

Fue necesario que le pegara un codazo- bastante doloroso- a Ginny para que la pelirroja se detuviera- y Harry y Gabrielle se detuvieron por pura inercia. Los tres la observaron interrogantes.

- Ginny y yo primero.- Gruñó Granger.- Ustedes dos son el factor sorpresa Quiero que parezca que es un manotazo de ahogado de Ginny, y no un plan magistralmente ideado.- Harry suspiró, Ginny soltó una risita, y Hermione alzó una ceja reprobatoria.- Gabrielle, tú serás un factor de presión. Harry, tú serás el golpe maestro.- Le guiñó un ojo.- Ya sabes lo que tienes que hacer. Cuanto más mesiánico y apocalíptico seas, mejor. No olvides dar la impresión de que serías capaz de masacrar a cualquiera que ose siquiera jugar con tu reputación y con el nombre de los que amas.

El moreno volvió a suspirar.

- Si, Hermione.

- Vamos Ginny.

La pelirroja no pudo evitar echar una mirada nerviosa hacia atrás, en donde quedaban solos por primera vez en sus vidas, Harry y Gabrielle.

- Tienes toda mi autorización.

Gabrielle alzó la vista sorprendida. Se había acurrucado en un rincón a la espera de la señal de Hermione, y había imaginado un intervalo de incómodo silencio y miradas hirientes.

- ¿Qué?- Preguntó con voz temblorosa.

Harry bufó y le evitó la mirada. Había sido suficientemente doloroso decirlo como para que ella se lo hiciera repetir.

- Que tienes todo mi permiso. Para estar con Ginny, digo.

La rubia se paralizó, atontada. Si, por supuesto que ese había sido su objetivo final desde siempre, ¿pero por qué él estaba dándose por vencido tan fácilmente? Por eso, no pudo evitar que se le escapara el estúpido comentario que había estado deseando no hacer.

- Tú la amas, Harry.

Potter rió, pero su risa era amarga.

- Y porque la amo, Gabrielle. La conozco como a la palma de mi mano. Desde aquella noche, hay algo en ella que no cierra. La revolucionaste. Le diste vuelta el mundo y la abriste a una perspectiva nueva, y no podrá estar tranquila hasta que la conozca, la pruebe, la comprenda y la domine.

La medio veela se quedó boquiabierta. ¿Acaso él estaba tratando de decirle qué…?

- Harry, Gabrielle, ¿qué demonios están haciendo? ¡Adentro!