¡Hola! Bueno, ya estoy aquí de nuevo con otro capi. Espero que os guste. No es tan largo como esperaba, pero no es tan poco como el anterior jaja. Me ha salido un poco raro y no me gusta demasiado, pero bueno, una hace lo que puede jeje y en el momento me salió esto. Cosas de la vida xD.
¡Saludos!
Disclaimer: lalalá, yo no soy Stephenie Meyer, lalalá, y con eso lo digo todo, lalalá.
Complicaciones
Bella POV
Edward y Alice se internaron rápidamente en el bosque cercano a la casa y desaparecieron de mi vista. Si todavía hubiese sido humana, no me hubiera dado tiempo a ver por dónde se habían escabullido. Recordé que normalmente sentía como si hubieran desaparecido de mi lado. Aunque se alejaban a gran velocidad, pude escuchar una risita de Alice.
-¡Tramposos! – grité hacia el bosque, aunque no sabía si aun me oirían.
Miré a mi alrededor sin saber qué hacer. No sabía hacia donde se dirigían. ¿Sería capaz de seguir su rastro? ¿O aun sería demasiado novata en esas cosas y acabaría perdiéndome, exactamente igual que cuando era humana? Viendo que no tenía otra opción, decidí seguirles.
Comencé a correr hacia la linde del bosque. En un principio lo hice a velocidad humana, aún sin saber cómo controlar la fuerza de mis piernas. Inconscientemente, utilicé el truco que seguía en las horrorosas clases de gimnasia del instituto, cuando el profesor nos hacía correr alrededor de la pista: Vamos Bella, ahora vas a llegar sana y salva hasta aquellos árboles, sin tropezar ni chocar con nada, me dije mentalmente. Intenté aumentar todo lo que pude la velocidad de mis piernas…
Y entonces sentí como si volara. Maravillada, noté cómo el aire comenzaba a rozar mi cara y a levantarme el pelo cada vez con mayor fuerza. Llegué a la linde del bosque más rápido de lo que pensaba, y continué hacia delante, entre los árboles. Mis pies tocaban lo justo el suelo, que estaba cubierto por una fina capa de nieve, sin rozarlo apenas. Los árboles se convertían en manchas verdes a mi paso, y casi no tenía que concentrarme en esquivarlos. Al final resultaba que Edward tenía razón. Aquello era tan sencillo, que me sentía como si lo hubiese hecho durante toda mi vida. Y además era fantástico. Me costaría habituarme a aquella agilidad, siendo que durante toda mi vida humana había estado acostumbrada a la torpeza.
Decidí concentrarme en seguirles la pista en lugar de pensar en mis cosas, o entonces correr no me serviría de nada si acababa extraviada. Olfateé un poco el aire. Me sentí como un perro que busca algo de comida, pero resultó bastante útil. Entre el olor de diversas plantas y algunos animales que no pude distinguir, noté dos que eran muy distintos y más intensos. Por supuesto, uno de ellos era inconfundible: el de Edward. El otro solo me era ligeramente conocido, aunque supuse que era el de Alice. Aceleré aún más y continué corriendo por el camino que me marcaba el rastro. Cada vez el olor se hacía más intenso.
Entonces les vi. Estaban a bastante distancia de mí, pero al menos les había encontrado. Me sentí bien conmigo misma al comprobar que aquello se me daba bastante bien. Sonreí y volví a acelerar todo lo que pude, dispuesta a alcanzarles. Y, para mi sorpresa, lo estaba consiguiendo.
Segundos después me encontraba a solo unos centímetros de alcanzar con la mano la espalda de Edward. En lugar de agarrarle, aunque era tentador, traté de acelerar un poquito más. Y me situé a su altura.
-Ey, Edward, al final resulta que no eres tan rápido – me burlé. Alice volvió a echar otra risita. Edward me dedicó una sonrisa burlona idéntica a la mía.
- Bella, ¿de verdad crees que estoy corriendo todo lo que puedo? – levantó una de sus cejas perfectas.
-Fanfarrón- le respondí, pero instantes después ya había desaparecido de nuestro lado.
Me quedé boquiabierta observando el lugar por el que prácticamente se había desvanecido. Impresionante, si yo estaba corriendo al máximo que podía, y no… Algo golpeó tan fuerte mi cuerpo que detuvo mi carrera e hizo que cayera hacia atrás, quedando sentada en el suelo. El fuerte golpe produjo un ruido ensordecedor que hizo eco por todo el bosque. Hasta segundos después no me di cuenta lo que había pasado. Por culpa de haberme quedado embobada…había chocado contra un árbol. Seguramente aquello le facilitaría a Emmet unos cuantos días de chistes fáciles sobre mí. El gran árbol se tambaleaba aún peligrosamente, amenazando con caer. Alice también había parado de correr.
-Bella, ¿estás bien? – me preguntó, acercándose rápidamente.
- ¿Qué pregunta es esa? – rodé los ojos y me levanté del suelo.
- Es la costumbre – la miré entrecerrando los ojos fingiendo estar ofendida y ella me respondió con una sonrisa.
- Por lo visto ni siquiera siendo vampiresa me voy a librar de la torpeza. Seguro que soy la única vampiresa de la historia que ha chocado contra un árbol...
- Tranquila, es que aún no controlas esto de correr…aunque yo le echaría más la culpa a Edward- se dio la vuelta con uno de sus movimientos de bailarina, y comenzó a caminar-. Vamos, el lugar en el que vamos a cazar está muy cerca.
Recorrimos el camino que nos quedaba a paso humano. Llegamos a un claro que tenía forma prácticamente circular. Me recordaba un poco al claro en el que los Cullen jugaban al béisbol, pero este era mucho más pequeño. Me recorrió una oleada de tristeza cuando pensé que no podría volver a aquel claro, ni tampoco a Forks o La Push, lugares donde había pasado algunos de los mejores momentos de mi vida. Tras nuestra boda, todos nos habíamos mudado a Cantwell, una ciudad de Alaska que estaba cerca de Denali, donde vivían los amigos de la familia Cullen. Por supuesto, allí hacía un tiempo mucho peor que en Forks, y nevaba más de lo que a mí me hubiera gustado. Por suerte, de momento no habían propuesto hacer una visita a la familia de Tanya. Desde que me enteré que estaba interesada en Edward, no era algo que tuviese muchas ganas de hacer.
Cuando entramos en el claro, encontramos a Edward sentado sobre un tronco, esperándonos. Nada más vernos, se acercó a nosotras y yo me aproximé para recostar mi cabeza sobre su pecho. Él me envolvió con sus brazos.
-El árbol no tenía la culpa, no deberías haberlo pagado con él – me dijo Edward al oído, con horror fingido en la voz.
-El árbol no debería haberse puesto en mi camino – le seguí el juego.
-Y ni el árbol ni yo tenemos la culpa de que estéis tan melosos - se quejó Alice-. Edward, ¿te podrías encargar tú? Tengo que darme prisa, luego tengo que ir a hacer… - me miró de reojo – ciertas compras.
-Claro, Alice – fruncí el ceño ante la respuesta de Edward.
- Hasta luego Bella, ¡que disfrutes de tu primera caza!
Como si fuese algo que se puede disfrutar. Alice desapareció, dejándonos solos.
- ¿Qué compras? – pregunté, mirando a Edward. Aquello no podía traer nada bueno. O, al menos, nada que me pareciese bien. Edward puso su cara de póquer.
- Ya sabes, bolsos, zapatos a conjunto con los bolsos…
- Edward Cullen, mientes tan mal como yo – le reproché.
- Lo siento, eso es imposible – me dedicó una de mis sonrisas favoritas-.Y ahora, ¿qué tal si hacemos lo que hemos venido a hacer?
Caminamos fuera del claro durante algunos minutos. Llegó el momento que más había temido desde que decidí convertirme en lo que me había convertido. No sabía si sería capaz. No me sentía capaz. A lo mejor seguía teniendo esa fobia a la sangre que tenía siendo humana. Tal vez pudiese pedir la ayuda de Edward para…
El olor me dio la información antes de que pudiera confirmarla con mis propios ojos. Había un par de ciervos cerca de donde nos situábamos. Podía oír sus movimientos, sus lentos pasos sobre la fina capa de nieve, sus respiraciones…podía olerles. Oler su sangre. Todo a mi alrededor perdió importancia. Ya no estaban los árboles, ni la nieve, ni Edward. Solo aquellos indefensos animalitos, yo, y la sangre de olor dulzón con la que calmaría el fuego que hacía arder mi garganta. Sangre. Sentí la ponzoña acumulándose en mi boca, mientras me acercaba con pasos lentos a los ciervos.
Me agazapé, preparada para saltar sobre alguno de ellos. Al darse cuenta de nuestra presencia intentaron huir, corriendo para perderse entre los árboles. Pero no les dejaría. Me abalancé sobre uno de ellos, sin apenas pensar en lo que hacía. Caí sobre él con bastante fuerza, por lo que ambos resbalamos por el suelo. Sin apenas dar tiempo a que nos detuviéramos, clavé los dientes en el cuello del animal. Con el primer roce del líquido caliente contra mis labios, perdí del todo la noción de lo que ocurría a mi alrededor. ¿Cómo había estado dudando de hacer aquello? Era la mejor sensación que había sentido nunca, y tenía ganas de más. Cuando terminé con el primer ciervo, fui en busca del segundo, no podía andar muy lejos. Cuando lo encontré, repetí la acción anterior. Al terminar, me levanté del suelo. Sentí disminuir el ardor de la garganta, aunque no del todo, aún quedaba una pequeña molestia. En mi camiseta había unas cuantas manchas de sangre. Observé de nuevo el cuerpo del ciervo, que yacía a mis pies.
Entonces todo a mi alrededor volvió a tener sentido de nuevo. Volví a notar los árboles a mi alrededor, a sentir la nieve bajo mis pies. Y me sentí mal. Por haber matado a aquellos animalitos. Por haber pensado de aquella manera mientras lo hacía. Y porque Edward había presenciado todo aquel macabro espectáculo.
Me giré y miré a alrededor. Le encontré enseguida. Me observaba desde unos metros más allá, con cara serena, o al menos eso intentaba, no lo sabía. Mi expresión debió de delatar cómo me sentía, ya que se acercó rápidamente y volvió a envolverme en sus brazos. Nos quedamos así durante unos minutos.
-Lo siento – dijo contra mi pelo. ¿Estaba echándose la culpa de nuevo por algo de lo que no era culpable? Justo cuando iba a levantar mi cabeza para reprocharle, sonó su teléfono. Lo cogió con una mano, sin dejar de abrazarme-. Alice.
Mientras Alice hablaba por el otro lado de la línea, noté cómo el cuerpo de Edward se tensaba.
-¿Estás segura? – preguntó, y con la respuesta de Alice, colgó el teléfono, me cogió de la mano y comenzó a caminar rápidamente.
- ¿Qué ocurre, Edward?
-Tenemos que darnos prisa. Alice acaba de tener una visión- continuó acelerando.
- ¿Qué es lo que ha visto? – inquirí, temiéndome lo peor. Edward continuó nuestro camino sin responderme-. Edward…
Las dos simples palabras de Edward me hicieron comprender lo complicado de la situación. Y si mi corazón hubiese seguido latiendo, en ese momento se hubiera detenido.
-Los Vulturi.
Bueno, eso es todo amigos, muchas gracias a ladysophie27, erive-noa (te contesté en un mail a tu pregunta ;D ), ERY MALFOY, medicenastor, Lauricia, nonblondes, 3rill Cullen (mi ardillita es que no se deja sobornar, es muy noble ella), Maria, Magdalena Black, Nittta y PknaPcosa por vuestro apoyo y reviews en el anterior capi.
¡Dadle a gooooouu y vereis que feliz se pone! xD Nos leemooos.
