Capitulo 2

No era una chica que llevase exceso de equipaje durante los viajes, supongo que el echo de viajar constantemente hacia que fuese muy practica en cuestiones de maletas, y que Florida fuese un sitio calido hacia que mi equipaje se redujese a una maleta de ropa y otra de objetos personales, los cuales eran mayoritariamente libros y CD`s. no utilizaba maquillaje nunca, mis complementos se basaban en un pulsera de tela que había adquirido en nuestra ultimo viaje de vacaciones a Brasil y un pequeño anillo de oro que mi padre le regalo a mi madre cuando supo que estaba esperándome. Era una chica poco común, y lo sabía. ¿Qué adolescente de 18 años no ha sido invitada jamás a una fiesta y no se ponía ni una gota de maquillaje para salir a la calle? Lo se, solo yo. Mi madre no me entendía, decía que pasaba demasiado tiempo con l aparte masculina de la familia y que me estaba viviendo uno de ellos, yo solo la decía que me gustaba estar con ellos y ellos encantados, que la niña de la casa no se convirtiese nunca en alguna de esas que parecían que llevaban cinturón en vez de falda y que las palabras que as se repetían en su vocabulario eran "ayer me tire a…". Era una cuestión que estaba año de luz de ser resuelta, el como podían tener mi misma edad genealógica y tanto retraso mental. No me considero para nada ninguna persona fuera de lo común en materia de cerebro, mas bien de una media corriente, pero esas chavalas deberían de tener fácilmente una edad mental de 3 años, y siendo generosa.

Normalmente, después de comunicarme que nos volvíamos a mudar, mi reacción era el encerrarme durante una semana e la nueva casa y no hablar con nadie, pero esta vez era diferente. El apartamento me parecía perfecto. Un salón amplio con una terraza con vistas a la playa, una cocina, dos baños y 4 habitaciones. Mi habitación también la describiría como perfecta, teniendo en cuenta que me conformo con lo normal. Una cama mas o menos amplia, un armario que ocupaba la mitad de una pared, un escritorio donde ya descansaba mi portátil y encima dos estanterías las cuales ya estaba ocupadas por mis discos y los libros que cabían, el resto irían al armario, ya que estaba totalmente convencida de que en su totalidad no se llenaría con ropa y una mini terraza done solo entraba una silla y una mesita con las mismas vistas que había en el salón. Me encontraba guardando mis últimos pares de zapatillas y poniendo mis maletas en la parte más alta y alejada del armario, rezando para que se quedasen allí hasta que se pudriesen. Pero mi paz interior no podía durar eternamente, no mientras tuviese un hermano con ganas de incordiar.

-Que hermanita, ¿ya terminaste?- me dijo Emmet mientras se tumbaba en mi cama. –Vaya, tienes la mejor habitación de toda la casa, y la mejor cama… ¿Por qué yo no?- me dijo mientras ponía una cara que pondría un niño de 5 años cuando preguntase porque su mama no le quería tanto como a su hermanito pequeño.

-Porque eres un impaciente y elegiste la primera habitación que encontraste, fue tu decisión gigante. Y ahora, nueva casa nuevas normal: a mi habitación no se entra sin llamar, ¿entendido?-.

-Jajajajjajajajajajjajaja, ¿Cuántas veces me lo vas a repetir? Creo que es la frase mas repetida en la historia de esta familia enana-.

-La repetiré hasta que logre entrar en tu cabeza. No entiendo como la puedes tener tan grande y no procesar una orden tan sencilla de verdad-.

-Si entenderla, yo la entiendo, pero es más divertido no hacer caso de ella-.

-Eres idiota-.

-Y tu enana, cada uno tenemos nuestros defectos-.

-¡No soy enana! Simplemente cualquiera que se ponga a tu lado tiene tamaño de pinipon para ti- y era cierto, con sus casi dos metros de altura, Emmet no era el bajito de la familia.

-Lo que digas pequeña, venia par invitarte a salir-.

-¿Una cita Emmet? ¿Tan pronto se agotaron las chicas de Florida?-.

-Vaya, una mudanza que te tomas con sentido del humor, esto es ver para creer. Pero no, simplemente quería conocer la zona e ir a ver mi zona de trabajo y como esta de paso acompañarte a llevar los papeles de la universidad-.

-Vaya muy considerado por tu parte. Si me das 5 minutos te acompaño-.

-Perfecto, en 5 minutos en la puerta enana- dijo mientras salía del la habitación no sin antes pasarme la mano por el pelo para desordenarlo aun mas, si cabía la posibilidad.

-¡No soy ninguna enana!-grite, solamente para poder quedarme un pelin mas a gusto. Metí rápidamente en mi bolso los papeles que necesitaba para la universidad y algo de dinero por si las moscas y me encontré con Emmet en la puerta de casa. Agradecí interiormente que el viaje hubiese sido durante la noche para poder disfrutar el resto del día del sol de Florida. Me encantaba el lugar, Jacksonville fue la ciudad elegida para que Phil entrenara por un contrato indefinido, el primero desde que le conocíamos. Nuestra primera parte del paseo solo duro 10 minutos, los que tardamos en llegar a la facultad de medicina de la Jacksonville University, m i lugar de aprendizaje para los próximos 4 años, si los jefes de Phil querían.

-Buenos días- me saludo una amable señora en la recepcion de la facultad.

-Buenos días. Venia a entregar unos papeles de la matricula que no pudieron enviarse por correo-.

-Y su nombre es…-.

-Isabella Swan. Bella-.

-Si, aquí estas. Dame esos papeles… haber…. Todo esta en orden. Gracias por traerlos, la mayoría de los alumnos necesitan más de 2 años de avisos y amenazas para traerlos. ¿quieres tu horarios ahora o te lo doy en día que empiecen las clases, bonita?-.

-Le agradecería que si me lo puede dar ahora me lo de-.

-Haces bien, el primer día tendrías que hacer una cola kilométrica. Te doy también la lista de los libros y materiales que necesitas para la carrera y bienvenida a la Jacksonville University. Soy Clare, vas a tener que visitarme mucho tiempo asique es mejor que nos vayamos tuteando corazón-.

-Es usted muy amable Clare. Nos vemos en una semana-.

-Disfruta de tu última semana de relajación querida. Adiós- y con eso me dirigí hacia la salida para encontrarme con Emmet y seguir nuestro camino. Le fui comentando a Emmet sobre las buenas impresiones que había tenido y que me había dado Clare, realmente esperaba ala típica señora mayor, quemada por los tantos años que tendría que haber estado detrás de una mesa de secretaria y no a una adorable señora que solo había tenido buenas palabras para mi. Espera para ver mi horario hasta llegar a casa pero decidimos que ya que estábamos en la calle podríamos comprar los libros en la librería que estaba pegando al trabajo de Emmet. Después de gastarnos un dineral en 3 tristes libros entramos al gimnasio donde Emmet desarrollaría su trabajo como entrenador personal en problemas de movilidad, la cual era su especialidad y la cual demostraba que detrás de ese armario que tenía como hermano se encontraba un corazón mas grande incluso que su pecho. Sam, que así es como se llamaba su jefe fue todo amabilidad a la hora de enseñarnos las instalaciones y explicarle a Emmet como seria su trabajo a partir de ahora, porque si, a mi también me invito a pasar. Era un complejo deportivo inmenso, y se notaba que Sam había puesto mucho empeño en que aquello fuese esa realidad. Salimos de allí con la sensación de que esta nueva vida seria maravillosa, y los dos deseando que fuese la definitiva. Decidimos pasar el resto del día fuera de casa, comiendo y conociendo la ciudad hasta que terminamos sentados a la orilla del mar en frente de nuestra casa simplemente pensado.

-¿Cuándo te traen tu Jeep?- pregunte para romper un poco aquel silencio relajante.

-Mañana por la mañana debe de estar en la puerta, si no es así juro que voy y lo cojo yo mismo-.

-Con esos brazos, estoy segura de que lo conseguirías-.

-Estos dos amigos que tengo como brazos son geniales, ¿a que si?- dijo mientras levantaba los brazos y se besaba sus bíceps como si fuesen oro.

-Lo que tu digas gigante- sabia que el simple echo de que alguien cuestionara que no tenia el mejor cuerpo del mundo, le hería su orgullo de una manera dolorosa.

-No deberías decirme esas cosas enana, puedes acabar mal- me dijo mientras me miraba con un brillo de ojos que me estaba empezando ha asustar, ya que solo salía ha relucir cuando pretendía fastidiar la vida de alguien.

-No te atreverías a tocarme aquí, me pondría ha gritar y cualquiera que pasara me defendería creyendo que eres cualquier personaje peligroso- levante la cabeza orgullosa de mi conclusión. Pero su sonrisa no desapareció.

-¿Ves a alguien alrededor enana?- y tan pronto como me di cuenta de que mi análisis tenia ese gran fallo, ya estaba en su hombro derecho siendo cargada entre grandes gritos al mar. –Retira lo dicho o te quedaras mas pequeña una vez encojas con el agua-. En estos casos mi orgullo era mayor, cosa absurda por mi parte pero así funcionaba mi mente. –Venga Belli, no te hagas la dura- estaba disfrutando con la situación, era humillante.

-¡No pienso retirarlo y ahora suéltame Emmet!-.

-Tú me los has pedido- y con eso me soltó cayendo de cabeza al agua. Pero como dije mi orgullo es mayor y nada mas reponerme de la caída, y con una fuerza que no sabia que tenia le cogí la pierna haciendo que se tambalease y el también cayese al agua. -¡Joder Bella! Deberías estar agradecida, esta agua esta incluso caliente y tu vas y… ¡mira como me has dejado!-. mi risa en ese momento era la mas sincera que había salido de mi boca en mas de dos meses, quizás tres, y fue por eso que mi hermano se dio cuenta y empezamos con una guerra de agua absurda, ya que estábamos entro del mar. Después de más de media hora de risas y juegos salimos a secarnos antes de que se pusiese el sol y subiésemos a casa.

-Se que no te lo digo muy a menudo gigante, pero eres una de las cosas as importante en mi vida, esta sonrisa es un 70% gracias a ti de verdad-.

-Yo a ti también te quiero pequeña, no lo olvides nunca- dijo pasándome un brazo por encima del hombro y contemplando juntos los últimos rayos de luz que quedaban de el primer día de nuestra nueva vida.