Capitulo 3
Me sentía extrañamente cómoda mientras nos dirigíamos a casa, no es que no quisiese a mi hermano, pero era rara la vez, por no decir única vez que se lo había dicho con palabras, al igual que el a mi. Llegamos a casa a la hora de cenar, y después de una buena bronca por parte de mi madre sobre las pintas que llevábamos, nos mando a la ducha y nos exigió que en un tiempo record estuviésemos preparados para salir porque nos íbamos a celebrar por algún restaurante nuestra nueva vida, todo ello con saltito, palmas y sonrisa de la emoción. Desde luego, no me extrañaba que a veces pensase que mi madre era bipolar, una bipolar adorable he de decir. En menos de 20 minutos, estábamos los cinco saliendo por la puerta de mi casa, esa noche seriamos Emmet y yo quien cuidásemos del pequeño Seth ya que Phil y mi madre preferían quedarse atrás haciendo… no quería ni imaginar lo que estarían haciendo. Desde que se conocieron, me acostumbre a dormir con tapones en los oídos, ya es bastante vergonzoso que tu madre te lo quiera explicar, pero escucharlos se salía de los limites de mi paciencia y autocontrol. Era lógico que tuviese una vida sexual activa, Phil era mas joven. Mucho mas joven que mi madre y tendría sus necesidades aunque dudo que no sea Phil el que tenga que satisfacer las de mi madre. Ya que ellos estaban a otras tareas fuimos Emmet y yo quien decidiésemos lugar por supuesto con la ayuda del bebe de la casa, que iba en los hombros del gigante, que era la ultima voz.
-Seth- dijo mi hermano bajándole de sus hombros y cogiendole en brazos para que pudiesen quedar cara a cara –como hombres machote que eres, ¿a que prefieres la hamburguesería?-.
-Ni hablar Emmet, nos llevamos alimentando de esa comida casi una semana, me sale la grasa hasta por las orejas. Seth pequeño, ¿a que tu quieres el restaurante chico? Si comes todos los días la comida caca de Emmet nunca vas a ser ni tan guapo ni tan fuerte ni tan alto como quieres-intente persuadirle de algún modo, aun sabiendo que a cualquier niño e dos años la palabra "patatas fritas" le hacia vender casi hasta su alma.
-Eso es mentira, mírame a mi. No se puede ser ni mas guapo, ni alto ni fuerte que tu nano mayor-.
-Eso es por el gimnasio gigante, y Seth será mil veces mas guapo que tu, si empieza a comer desde ya cosas saludables. Venga bebe, apoya por una vez a la nana-.
-Nano- empezó Emmet a decir como dos mil veces seguidas para que Seth solo diese su nombre y tuviese razón.
-Nana- desde luego a este juego podían jugar dos.
-Nano-.
-Nana-.
-Nano-.
-Nana-.
-Quero ese-. Ambos miramos en la dirección en la que señalaba esperando que fuese el nuestro y aunque nuestro espectáculo en medio de la calle no hubiese servido para nada estaba orgullosa de la elección. Italiano.
-Te adoro Seth. No es el chino pero es comida sana. Por fin un hombre inteligente en esta casa- le robe de los brazos del gigante y le empecé a dar besos por toda su carita mientras hacia que se retorciese de risa. Era adorable.
-Enano, me has fallado. Cuando tengas mi edad me entenderás-.
-Nadie te entiende ni aun teniendo 60 gigante. Asúmelo, saldrá mas guapo, listo, fuerte e inteligente que tu. Y por supuesto cuando vaya a cenar con la familia no pensara en-tape los oídos del pequeño porque había ciertas cosas que no debían ser oídas aun- buscarse un polvo italiano de una noche-.
-Jajajaja pequeña Belli, eso esta e la naturaleza. Puedes esperar sentada a que eso cambie. Y bueno, ¿Dónde se han metido estos dos?-.
-Ya llegamos, ya llegamos. Decidme, ¿algún lugar decidido ya?- pregunto mi madre.
-Chi. Quero ese- dijo Seth de nuevo señalando el italiano.
-Me parece estupendo tesoro, por fin una comida donde no haya fritanga de por medio. Que listo me va ha salir el niño- mi madre, como a amaba en este momento. Mientras nos adelantábamos alcance a escuchar un comentario que desde luego me hizo confirmar mis sospechas: mi hermano de dos años era mas inteligente que los otros dos hombres de la casa.
-Mira que es hijo mió, pero elegir el italiano antes que las hamburguesas- se era Phil.
-Eso mismo he dicho- y ese era Emmet, parecía a punto de llorar. ¡Y solo porque no podría comer una triste hamburguesa!
-Sois de lo que no hay- me gire para encararles, aunque desde luego aquello era una broma que me gustaba gastarles de vez en cuando. Realmente juntos eran como niños. – Uno especializado en educación física y el otro entrenador de béisbol, y ambos adictos a las hamburguesas, ¿de donde salio vuestra vocación? Y vaya ejemplo que le dais al niño-.
-Ay Bella- me dijo Phil mientras cada uno se ponía a un lateral mió –es inevitable, somos hombres, nos gusta la grasa, en realidad no es tan complicado de verdad- mientras lo decía parecía que hasta se sentía orgulloso de aquello-. Era realmente una escena cómica, por eso las risas no tardaron en salir a flote. Entramos al restaurante y nos colocamos en la fila para que nos situasen en una mesa. Después de 10 minutos una chica, de mas o menos mi edad vino corriendo a atendernos, y a decir verdad, ya era hora.
-Lo siento, discúlpenme por favor. Acabamos de tener un problema con la chica que lleva esto y pensábamos que había alguien sustituyéndola. De veras lo lamento señores, en recompensa por las molestias están invitados hoy-. Verdaderamente era muy eficaz con su trabajo, pero invitarnos por un problema que no encontró solución no era tan exageradamente grave.
-Señorita por favor, no es necesario, con las disculpas esta todo solucionado. Una mesa para cuatro con una trona para el pequeño por favor- pidió mi madre.
-Muchísimas gracias señores. Pasen por aquí-. Nos sentó en una mesa ubicada mas o menos en el centro del restaurante. –Mi nombre es Ángela y les atenderé personalmente esta noche. Aquí tienen los menús, en 5 minutos vendré a tomarles el pedido. Disculpen por las molestias y gracias-. Después del leve incidente del comienzo, disfrutamos de una cena realmente increíble. Siempre me había gustado la comida italiana, pero esta la estaba disfrutando como ninguna otra, aunque claro, la compañía hacia mucho. No solíamos salir los 5 a cenar muy a menudo, por los que estos momentos familiares no eran para nada habituales, así que nunca supe que me podrían gustar tantísimo.
-Brindemos- cogio mi madre su copa y la levanto – por la magnifica elección el pequeño de la casa en este restaurante, para que Bella entre con bien pie a la universidad y para que Phil, Emmet y yo lo hagamos en nuestros trabajos, para que este nueva vida sea lamas feliz y duradera de todas- y con eso los cuatro juntamos nuestras copas y bebimos para que el futuro mas cercano y lejano estuviese lleno de momento felices vividos en Jacksonville.
La semana paso volando. Entre el resto de la mudanza, la búsqueda de guardería para Seth y que esta compaginase con los horarios de mi madre para ir a recogerle, los preparativos para la universidad y la adaptación a la nueva ciudad no dejaron tiempo para pensar que en breves mi vida de universitaria comenzaría. Y ni mucho menos de que justo el día que comenzaba aquella aventura, sería un año mas vieja, porque si, 13 de septiembre, lunes, cumpleaños 19º de Bella. No me gustaban las fiestas, y después de 19 años mi familia lo sabía así que supongo que agradezco que la mudanza haya distraído las mentes de la familia respecto a esa cuestión, o eso espero.
Mi alarma sonó a las 8 de la mañana, justo una hora antes de mi entrada a clase. La verdad tenía un horario del cual tenia pocas quejas, entraba todos los días a las 9 de la mañana y salía de las clases a las 14:30 menos los martes y los viernes que salía a la 13:00 de la tarde. Perfecto. Era extraño levantarse y no tener frió ya que en los últimos años habíamos vivido en lugares demasiado fríos. Amaba el calor y este sitio estaba empezando a gustarme, cosas que ningún otro pudo conseguir jamás, un mínimo de mi cariño. Era extraño también no escuchar ningún ruido en la casa, normalmente Seth esta ansioso por salir de casa a jugar y se entretiene haciendo cualquier cosa, siempre que esta conlleve un ruido escandaloso, ni a mi madre con sus grito de "Phil se me hace tarde", "Seth cariño estate quieto un minuto" o "Bella, te levantas ya o te saco de las orejas". Cambiaban los lugares, jamás las costumbres, así que me imagine que por ser esta una mudanza mas, eso no cambiaria, pero supongo que me equivoque. Me dirigí hacia la cocina, y si en algún momento creí que se les había pasado, tardo en salir de mi mente unos… 2 microsegundos.
-¡Feliz cumpleaños Bella!- me gritaron a coro los 3 miembros de la familia que tenían suficiente capacidad para gritarlo bien. –Mi niña- se acercó mi madre con sus brazos extendidos con intención de darme un abrazo de esos que pueden competir claramente con los de Emmet –que pronto crecéis. Felices 19-.
-Gracias mama- le dije mientras le devolvía el abrazo.
-Muchas felicidades Bella. Pásatelo en grande- me dijo el también mientras me daba un abrazo, lleno de cariño pero de mucha menos intensidad que el de mi madre.
-Ve aquí enana. ¡Felicidades!- y ahora era cuando me tocaba contener el aire guante un tiempo aproximado de 20 segundo si no quería morir asfixiada por los brazos/garras de Emmet.
-Emmet, gracias de verdad, pero si quieres que llegue al los 20 suéltame –dije como pude.
-Exagerada- me dejo en el suelo y tarde unos 10 segundo en que mi ritmo respiratorio se normalizara.
-Feisidades nana. Toma, te Quero muto-. Y ahí venia la única razón que hizo que me alegrase de mi cumpleaños. Me agache a su altura para dejar que pusiese sus pequeños bracitos alrededor de mi cuello y me diese un beso y su regalo.
-Muchas gracias mi amor- dije mientras le comía la cara a besos. Era la cosa mas guapa del mundo. Estaba convencida. –Veamos que hiciste-. Su regalo consistía en un dibujo donde salíamos los 5 miembros de la familia junto a una casa y un mar. –Aw es precioso. Lo voy a poner en mi habitación, ¿vienes y me ayudas?-.
-Cao nana-. Me acompañaron todos a mi cuarto y deje que fuese él el que colocase el dibujo en un lateral del armario con un trozo de celo. –Era justo lo que le faltaba a mi cuarto pequeño, me encanta-.
-Bueno y como aquí nadie quiere que llegues tarde ala universidad, mientras desayunas un desayuno echo por nosotros, te iremos dando los regalos-. Mire a Phil con cara de suplica donde se leia un claro " no quiero morir tan joven por intoxicación alimenticia" algo que pudo descifrar mi madre ya que con un suspiro de resignación contesto a esa suplica seguida por una sonora carcajada de Emmet.-Tranquila, no he cocinado nada, ni siquiera he tocado la comida solo he mirado como lo hacían ellos-. Cosa que me dejo mucho mas tranquila. Emmet me regalo una cámara de fotos y compartido con mi madre y Phil una cajita donde ponía "te espero abajo". No me gustaban nada ni los regalos ni las sorpresas, por lo cual intenté alargar los mas posible el arreglarme y vestirme, pero llego un punto donde si tardaba mas llegaría tarde a clase y no podría ver la sorpresa.
-Bajamos todos contigo- dijo Phil mientras cogia el carrito de Seth para llevarle a la guardería y su bolsa de deporte. Cuando llegamos abajo no encontré nada que estuviese fuera de lugar. Nada que no vería cualquier otro día que andase por la calle. No había nada adornado con un enorme lazo rojo, ni un grupo de personas esperando para cantarme una serenata. Nada. Cosa que agradecí, eso quería decir que seria algo discreto y tranquilo.
-Y bueno, me tendréis que perdonar pero tengo prisa y no veo nada-.
-Lo tiene justo delante enana- dijo un muy sonriente Emmet levantando las cejas y señalando justo lo que tenia delante de mi. Pero aquello era imposible. Justo en frente de mi había un coche negro… nuevo… demasiado nuevo… "te espero abajo"…. No podrían estar hablando en serio.
-¿No estáis hablando en serio verdad?-no podía creérmelo.
-Creímos que ya era hora de que tuvieras tu propio coche, y se que lo amas así que no digas "no lo quiero", "es demasiado caro", "no puedo aceptarlo porque no me gusta" porque sabemos de antemano que es mentira. Así que aquí tienes tu llave, disfrútalo Belli y quita esa cara de fantasma jajjajaj- y se fue. Soltándome que me acababan de regalar un coche de la nada de fueron. Era un ibiza negro, perfecto para mi. Tengo que ser sincera, no e gusta los regalos ni mucho menos que me sorprendan con ellos, pero esto era demasiado, y ha decir verdad, ame el regalo.
-¡GRACIAS!-grite mientras salía corriendo y abrazaba y besaba a cada uno. –De verdad, me encanta, gracias-.
-Nos alegramos mucho Bela, e verdad. No esperábamos esto desde luego- dijo Phil riéndose.
-Les prometo recompensarlos, de verdad. Y Emmet, ¿Qué haces?-.
-Yendo al trabajo- me contesto como si fuese la cosa mas obvia del mundo.
-Ya gigante, pero es que tu trabajo esta hacia la otra dirección-.
-Mierda, sabia que algo iba mal. Nos vemos familia- y después de una despedida general nos dirigimos hacia los lugares correspondientes. Legamos hasta la universidad y después de otra nueva y efusiva felicitación y un beso y deseo rebuena suerte entre al que era mi primer día de universidad. Y desde luego aquello era muy diferente a lo que fue el día que di mis papeles. Había gente por todas partes, salían, entraban, saltaban, buscaban… era un mundo nuevo el cual estaba mas que preparada para comenzar. Saque mi plano, el cual ya había mirado en casa, para que no me sucediese lo inevitable, que me perdiese, y sorprendentemente funciono. Llegue a la primera a la que seria mi clase durante el próximo año escolar y donde tendría la presentación, la cual se haría junto a los estudiantes de medicina que estudiaban en la misma facultad y con los cuales compartíamos casi la mitad de las asignaturas del primer año. Intente quedarme con algunas caras pero me fue imposible, ya que ni siquiera había suficientes sillas para todos y la sala tendría por lo menos capacidad para 600 personas. Gracias a dios fui de las primeras y pude sentarme en un sitio ubicado mas o menos en el centro de todo.
-Perdón, ¿esta ocupado?- me gire para observar a la persona que me pregunto, y me arrepiento de hacerlo. Siempre supe que había gente guapa y gente menos guapa en el mundo, pero era un insulto para las menos guapas que existiese gente como la chica que me lo estaba preguntando. Mi autoestima cayo unos 100 punto bajo cero cuando la vi. Debía de medir como 1,75-1,80, tenia unas piernas kilométricas y un cuerpo perfectamente torneado, una melena rubia que la llegaba un pocotas allá de la mitad de su espalda y una piel y unos ojos que envidiaría hasta la modelo mejor cotizada de este mundo.
-No, puedes sentarte- intente dirigirme a ella como si fuese una chica mas, pero estaba claro que no era normal.
-Gracias. Rosalie Hale, solo Rose, encantada- dijo mientras me tendía su mano. Vale, ahora mi autoestima estaba 150 bajo cero; guapa, lista y educada.
-Isabella Swan, solo Bella, encantada igualmente- le devolví el saludo. -¿Nerviosa?- intente iniciar un tema de conversación, aunque no sabia si era lo mas acertado. Me devolvió el gesto con una sonrisa.
-Mucho. Vengo desde Texas para estudiar aquí y soy nueva con todo. ¿Y tu?-.
-Yo también soy nueva. Vengo de… bueno, nunca he sido de ningún sitio. Me he mudado mas veces de los que años tengo. También viví en Texas, pero de todas formas esto también me sigue poniendo nerviosa-.
-Vaya, yo no podría-.
-No me gusta mucho, pero en teoría esta es nuestra ultima parada así que espero quedarme aquí por una larga, pero larga temporada-.
-Me encantaría que te quedes, no me gustaría perder a mi primera amiga de la carrera al año de empezarla- me dijo con una sonrisa sincera. Me hubiese gustado contestarla diciéndole algo a parte de una nerviosa isa que me salio pero el profesor interrumpió entrando a clase y comenzando así con la presentación de lo que seria nuestro primer paso APRA ser futuras enfermeras.
