Capitulo 13
Abrí los ojos para comprobar que ya era de día y ver como unos perdidos rayos de sol entraban a través de las ventanas. "La persiana no esta bajada" pensé. No se si fue eso o unos dedos que viajan a lo largo de toda mi espalda lo que hizo que me despertase. Estaba tumbada boca abajo y apoyada en algo mas calido de lo normal, pero infinitamente mas cómodo que cualquier almohada o colchón. Cerré los ojos para recordar la noche anterior, y me basto menos de un segundo para que cada recuerdo volase a mi mente. Me sentía increíblemente bien, un poco incomoda, pero inmensamente bien.
-Buenos días dormilona-dijo esa voz que se colaba en todos mis pensamientos mientras el viaje de sus dedos por mi espalda no cesaba.
-Buenos días-.
-¿Cómo te encuentras?-.
-Bien, un poco incomoda. Pero feliz- dije mientras apretaba mi abrazo alrededor de su cintura. Todavía no me había incorporado, por lo tanto me estaba perdiendo una de las mejores vistas del mundo, sus ojos, pero la comodidad de su pecho y el sueño que tenia eran impresionantes. -¿Qué hora es?-.
-Pronto. Son las 10 de la mañana todavía-.
-Ummmmmmmmmmmmmmmmmmmmm-.
-¿Quieres desayunar?-.
-No me quiero levantar-.
-¿Qué clase de novio sería si no te trajese el desayuno a la cama?- aquello hizo que me incorporase un poco, lo suficiente para ver su perfecta cara pero sin que se me viera nada.
-¿Me vas a traer el desayuno a la cama?-.
-Ya lo pedí, hace como una hora. Nada caliente para que no se enfriase, zumos, fruta…- vi como estiraba una mano y acercaba un carrito de dos pisos llenos de botellas y platos llenos de comida. -¿Tienes hambre la señorita?-.
-¿Te he dicho alguna vez que te quiero?- dije sentándome y cogiendo una manzana.
-Las suficientes como para hacerme feliz-.
-Ok, te quiero- dije dándole un beso en su mejilla. –Te quiero- beso- te quiero- beso-te- beso- quiero. Espero que te haya quedado claro-.
-Cristalino-.
Vi como su camisa de la noche anterior estaba en el borde de la cama, a nuestros pies, y aunque estaba disfrutando comer con una mano ocupada cogiendo la sabana era realmente incomodo. La cogi para ponérmela ante la mirada extrañada de Edward.
-¿Qué haces?- me pregunto.
-¿Ponerme una camisa?- ¿Acaso no era obvio?
-Me refiero a porque te pones una camisa-.
-Porque es incomodo comer solo con una mano-.
-¿Y por que tienes que comer con una….? No, no me digas que te da vergüenza- ¿tan obvia era? De todas formas algún día se tendría que dar cuenta.
-Si, es la primera vez que alguien me ve así, entiéndeme-.
-Bella, anoche creo que todo quedo a la vista así…-.
-Solo dame un tiempo, hasta que me acostumbre, por favor-.
-Bien. Cuando y como quieras, ya lo sabes- dijo besándome en la cabeza. Terminamos de desayunar, pero eso no quito que siguiésemos en la cama, entre caricias y risas. Aquellos momentos eran insuperables, simplemente el y yo, a solas, siendo nosotros.
"Tiririririririiririiiiiiiii… Tiririiriririiririririii…" Odie instantáneamente a la persona que hubiese marcado el móvil de Edward en ese momento, y ya podía ser el rey, que lo odiaría.
-Voy a ver quien es- me dio un breve beso en os labios y se levanto en busca de sus pantalones para buscar su móvil. Me detuve a admirar durante unos segundos, en su total esplendor, a la belleza de la naturaleza que tenia como novio. Me mordí el labio recordando los momentos vividos la noche pasada, y solo con pensarlo notaba como me empezaba a excitar.
-¿Ves algo que te guste?- dijo colgando el móvil y abriéndose de brazos para mostrarse. En algún momento de su charla telefónica yo había desconectado y este era el resultado. Mi característico sonrojo.
-La pregunta es, ¿ves algo que no te guste?-.
-Y la respuesta es…- dijo mientras volvía al lugar de donde nunca debió salir, mis brazos.
-No, claramente todo esta perfecto. ¿Quién llamaba?-.
-Alice, quien si no. Nos exige estar abajo para comer todos dentro de 3 horas. A dicho textualmente "dile a Bella que pase primero por su cuarto, que es ahí donde tiene sus cosas". Juro que yo no dije que estabas conmigo-.
-Alice tiene 8 ojos, te lo juro-.
-Y después de 20 años soportándola, ¿quieres descubrírmelo?-.
-Alice es genial en realidad. Si solo rebajase esa neura de controladora incansable y compradora compulsiva, sería mucho mas relajante estará su lado-.
-De acuerdo. ¿Qué quieres hacer por la tarde?-.
-Yo creo que ahora, en 3 horas nos da tiempo ha hacer mucho- dije mientras le empezaba a dar besos por todo su cuello. Desde que le había visto levantarse para coger el móvil, mi cuerpo necesitaba del suyo con una urgencia, hasta ahora, desconocida para mi. Y era el quien tenia que solucionarlo.
-Ummm… ahh… ¿Ideas?-.
-¿Esto te da pistas?- dije mientras me ponía a horcajadas encima de el y empezaba a desabrochar lentamente los botones de su camisa. Estaba segura de que si frenaba un segundo y pensaba, los botones no los seguí desabrochando, pero el deseo era algo más fuerte y que no podía controlar en esos momentos. Mi boca no se separo de su cuello, oreja y mandíbula en todo el rato y sus manos aprecian imanes que subían y bajaban a lo largo de mis piernas.
-Quizá… ¿Anoche?- en una de las subidas, dos de sus dedos buscaron mi entrada e inmediatamente empezaron amoverse dentro de mi. Junte mis dos manos detrás de su cuello para ayudarme a subir y bajar mientras el con sus dedos hacia magia, verdadera magia. Notaba como el orgasmo esta cerca, ese ya famoso escalofrió agradable que invadía todo mi cuerpo me poseía ya completamente.
-Di mi nombre- me dijo en un susurro, ya que cada uno teníamos menos aire que el otro.
-Edw… Edwa… ¡Edward!- dije cuando todo llego a su fin y sentía como esa sensación me dejaba felizmente exhausta. Note como sacaba sus dedos para ver como probaba los restos de sus labios. Jamás en mi vida vi algo tan jodidamente sensual, y estuve a punto de correrme otra vez solo con ver eso. Mire hacia abajo para darme cuenta que ni siquiera había terminado de quitarme la camisa. Decidí continuar el juego porque yo, decididamente, todavía no estaba satisfecha.
-¿Quieres mas verdad?- me dijo mientras mordía el lóbulo de mi oreja y yo soltaba involuntariamente un gemido.
-Quiero todo- fue todo o que fui capaz de decir.
-¿Qué es todo?- este desde luego no era el momento de preguntas idiotas.
-Te quiero a ti-.
-Ya me tienes-.
-Ahora- me cogio de la cintura haciéndome quedar debajo de el. Vi que alargaba la mano hacia su mesilla para coger un preservativo, el cual, hasta ahora, no había visto y se lo ponía. Rodee mis piernas alrededor de su cintura notando como su miembro estaba tan preparado como el mió.
-Esta vez será diferente, lo juro- dijo rozando nuestras narices.
-Lo se- y nada mas terminar la frase note como poco a poco entraba en mi para volver a ser una misma persona. Dejo que me acostumbrase y empezó a moverse con delicadeza, pero mucha menos que la noche anterior, claro que yo tampoco le ayude a mantener la calma. La mañana pasó entre gemidos de ambos mezclados con nuestro sudor y esas caricias y besos que se quedaran para siempre tatuados en nuestra piel. 20 minutos antes de la hora acordada por Alice decidimos darnos una ducha, y el esfuerzo que hice por no volver a entregarme a el fue sobrehumano, amas teniendo en cuenta que todavía tenía que pasar por el que debería haber sido mi cuarto para cambiarme. Bajamos al buffet del hotel cogidos de la mano para encontrarnos a Jacob y James en una mesa.
-Buenos días chicos- dije saludándoles con una beso a cada uno. Edward repitió mi gesto pero con un abrazo. Desde que tuvimos aquella conversación, la relación entre Jacob y Edward era claramente más amistosa. Jacob no me pregunto el porque del cambio de Edward, pero podíamos intuir que se lo imaginaba.
-Buenos días a ti también- dijo Jacob. -¿Algún motivo por el que nos hayamos levantado tan contentas?-.
-¿Qué es año nuevo?- le respondí.
-Claro, y yo soy cura, ¿verdad?- me respondió de una manera claramente sarcástica.
-¿A que viene eso?- no entendía nada.
-Que tu esta noche has…-
-Entendido, lo he pillado, vale, has ganado. Cállate-.
-Querida, lo he notado nada mas habéis entrado por la puerta- dijo James cogiendo su vaso de agua y bebiendo.
-¿Podéis por favor guardaros vuestros comentarios acerca de mi vida sexual por favor? Esto es incomodo-.
-Me callo porque se acerca Emmet- término Jacob cenándome con el dedo, señal de que la conversación no había terminado ahí. Note como una mano presionaba ligeramente mi rodilla para comprobar que era Edward dándome un ligero apoyo en esa clara situación de vergüenza.
-¡Buenos días a todos!- saludo la estruendosa voz de mi hermano. –Enana- me dijo a modo de saludo personal revolviéndome el pelo. Creo que tenían razón mis amigos porque ni siquiera se gesto logro enfadarme ni lo mas mínimo.
-Gigante- estaba demasiado contenta como para que ese gesto me molestase.
-Oye, ¿por que no me gritas o me lo intentas devolver?-.
-Emmet, ¿no es obvio?-dijo Jacob. Juro que como diga algo que no debe le mato. –El año nuevo, que pone de buen humor a todo el mundo-. Todo el restaurante giro sus cabezas al ver a 4 jóvenes en el suelo de la risa. Desde hacia mucho, mucho tiempo, y eso que vivo con Emmet, jamás tuve un ataque de risa tan impresionante. Y lo mejor de todo era ver las caras de incredulidad de los que no lo entendían.
Terminamos de comer para recoger nuestras cosas e irnos a nuestras respectivas casas. Sentía dentro de mi un vació enorme, como si me fuesen a separar de algo que me pertenecía, que estaba pegado a mi, y en cierto modo era así, Edward parte de mi. Nos despedimos prometiéndonos ver al día siguiente sin falta. Para mi, por o menos, cada hora tenia mas minutos, pero todo era mas llevadero si cada media hora recibías un mensaje que te ponía una sonrisa tonta en la cara durante el resto de la hora. Muchos dirían que tenia al típico novio pegajoso, que parece mi sombra, y e cierta manera lo era, pero me encantaba que estuviese tan encima de mi, al fin y al cabo hacia notar que se preocupaba tanto por mi como yo de el.
El resto de las vacaciones pasaron como un pestañeo, antes de poder disfrutarlas ya estábamos en clases otra vez. Vuelta a la rutina universitaria. Genial. En cambio me alegraba, podría pasar mas tiempo con Edward, y eso siempre serian puntos a favor.
-Hola amor- me saludo con un tierno beso en los labios nada mas llegar a la puerta de la universidad.
-Buenos días- le conteste abrazándole por la cintura.
-Bueno tórtolas, pórtense bien, estudien y… solo estudien. Adiós bebe- se despidió Emmet de Rose y dejándonos ese mensajito a nosotros. El día se me hubiese echo eterno si no hubiese compartido mas de la mitad de las clases con Edward. Me encantaba la carrera, pero había ciertos profesores que hacían querer estrangular a su materia.
-¿Y Alice y Rose?- pregunto Edward mientras salíamos. Libertad por fin.
-Rose se fue a comer con Emmet y Alice a buscar a Jasper. Tenemos que esperarlas aquí-.
-Perfecto. Un ratito para tenerte solo para mi- dijo mientras me cogia de la cintura y me besaba delante de todo el mundo. No es que me diese vergüenza besarme a mi novio delante de todo el campus, pero ser el centro de atención no era mi actividad favorita. Antes de separarnos por falta de oxigeno, un carraspeo nos hizo separarnos. ¿Qué quería ahora?
-¿Por esto me has dejado?- dijo señalando la palabra esto como si fuese alguien que tuviese la peste.
-Déjanos en paz Tanya- dijo mientras me cogia de la mano y me arrastraba a la salida.
-Eddie, antes tenias mejor gusto, bueno, simplemente lo tenias-.
-Lo primero, me llamo Edward, grábatelo; segundo, a eso que tu llamas esto se llama Bella, y no le llegas ni a la altura de la plante del pie en ningún sentido, y ninguno es ninguno; tercero, olvídanos. ¿Te ha quedado claro?- la mirada de ese momento de Tanya hacia mi persona era amenazadora, simplemente si no supiera que Edward estaba a mi lado, probablemente me hubiese acobardado.
-Eddie, algún día vendrás de rodillas pidiendo un buen polvo porque esa cosa no te hace ni la mitad de feliz que te lo hacia yo, mie…-.
-¿Por qué no te compras un amigo y le comes la cabeza a el?- no podía mas. Ya sabia, sin necesidad de que esa viniese a restregármelo, que físicamente me superaba de una manera aplastante, pero estaba hablando delante mía y diciendo ciertas cosas a mi novio que realmente sacaban de quicio a cualquier santo.
-Yo… ah… Quie…-.
-Adiós- y salimos de la facultad todo lo deprisa que pudimos. Odiaba las peleas, odiaba los intercambios de palabras ofensivas, pero más odiaba que me humillasen de esa manera. Cuando ya estábamos lo suficientemente lejos como para que cualquier estudiante nos viese, deje salir esas lagrimas de pura frustración que llevaban acumulándose todo el camino.
-No no no preciosa, ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?- me pregunto mientras limpiaba mis lagrimas con sus pulgares y dejaba besos en mis mejillas.
-De vergüenza. De frustración. Odio que me humillen-.
-¿Qué te humillen? Amor, la has dejado sin saber que decir. Has estado increíble boba-.
-No es por eso. Ya se que físicamente, dudo que haya alguien en la universidad superior a la suya. Pero podría ahorrarse esos comentarios hacia a ti, delante mia. Me hacen sentir aun peor-.
-Pues yo si que conozco a una chica mil millones mas hermosa que ella. Y en todos los sentido- aquella frase me hizo llorar aun con más fuerza. Odiaba que lo dije Tanya, pero escucharlo de la boca de Edward era claramente lo peor. –No llores por favor. Eres tu preciosa, tu eres mejor que Tanya. Siempre. En todo. Eres mas guapa- dijo mientras me deba un beso- mas inteligente-y otro- mas divertida- mas besos-y por encima de todo- otro- me haces feliz- mas- y eres mía-. Vale, si pensando cosas malas no podía contener el llanto, después de escuchar semejante declaración, el mar mediterráneo seria un charco comparado con lo que yo iba a echar por lo ojos.
-¿Te… te he… Te he dicho ya que… que te a… amo mucho, n… no?- intente decirle a pesar de mi berrinche.
-¿Te lo he dicho yo a ti?- asentí con la cabeza entre sus manos. Claro que me lo había dicho, y era lo más increíble que escuchaba todos los días. –Entonces todo esta claro, ¿no?- volví a asentir sin apartar mis ojos de los suyos.- Y por cierto, todo lo que necesito lo tengo justo entre mis manos, así que no me escapare-.
-Nunca por favor-.
-Jamás. Hoy te invito a comer-.
-Hamburguesería-.
-A la nuestra. Eso esta hecho preciosa-.
-Te quiero Edward. Te quiero-.
-Menos que yo a ti seguro- y así continuamos, sin que aquel juego tuviese un claro vencedor. Porque no lo tenía.
No había problemas. Si, todo estaba perfecto.
