Capitulo 23
Me encantaba verle así, dormido y con una sonrisa en su cara que alegraría cualquier pena. Siempre me gusto despertarme antes que el para poder contemplarle así, aunque el también adoraba verme dormir, era nuestro particular pique hace años. Desde mi posición podía ver cada rasgo de su cara, como la barba de 3 días ya empezaba a poblarle la cara, y probablemente mañana ya no estaría allí, como el entrecejo, que últimamente siempre lo llevaba fruncido, esta liso, y como las comisuras de su boca se curvaban hacia arriba. Podía ver como el pelo estaba más alborotado que de costumbre, y aun así, ser la cabellera mas sexy del planeta. Lo único malo es que el estar dormido me privaba de ver esas dos esmeraldas que me volvían completamente loca. Le miraba y la sonrisa me salía sola. No me arrepentía de nada, si volviese la vista atrás haría todo de nuevo como lo hice, y eso siempre es signo de que vas por el buen camino.
Ya eran las 12 de la mañana, bastante tarde a decir verdad, y Tony ya debía de estar impaciente aunque el mensaje que le mande a Carlisle avisaba de que a lo mejor tardaba un poco mas de lo previsto. Me incorpore un poco y me dedique a besar el entorno de sus labios con suaves besos, como el siempre me dijo que le gustaba despertarse. Me di cuenta de que había conseguido mi propósito cuando su sonrisa dejo ver esa perfecta línea de dientes blancos que componían su dentadura.
-Buenos días dormilón-.
-Bastante buenos si, pero todavía no me despierto- dijo aferrándome mas a su cuerpo con la mano que tenia en mi cintura, la cual no soltó en toda la noche.
-No, ¿eh?-.
-Yo necesito más besos-.
-En cuanto abras los ojos tendrás lo que quieres-. No termine de decir la frase y ya tenia los ojos abiertos como platos. –Vaya, y eras tu el que querías seguir durmiendo-.
-Despierto me esperan mejores cosas que en mis sueños. Buenos días preciosa- dijo dándome un muy, pero que muy buen beso de buenos días.
-Hola-.
-¿Qué hora es?-.
-Las 12 de la mañana. Debería estar levantada ya-.
-No, tu te quedas aquí conmigo…-.
-Tengo que buscar a Tony, Edward-. me miro, y si era posible, su sonrisa se hizo mas inmensa aun. –Y me quedan por hacer mil cosas: ducharme, desayuno, prepararme, recoger un poco esto…-.
-Para, para, para. Frena. Hacemos una cosa: mientras tu te duchas, yo hago el desayuno, desayunamos, y mientras tu te preparas, yo ordeno un poco la casa y recojo las cosas hasta que vengas y me ducho yo. ¿Qué te parece?-.
-Creo que ni yo lo hubiese pensado mejor-.
-El único problema es mi ropa, que no voy a utilizar la de ayer-.
-Hay ropa de hombre en la última balda del armario-.
-¿Qué? Bella me dijiste que no había…-.
-De Emmet. La ropa es de Emmet cuando se queda a dormir aquí. También hay camisetas del resto: Jasper, Jake, James. Incluso de mi padre y de mi hermano. Nunca te mentiría Edward-.
-Lo siento, lo siento. Es que… dejémoslo. Perfecto. Anda señorita, a la ducha-. Me levante y cogi mi ropa interior para meterme al baño notando como Edward no me quitaba la mirada de encima, cosa, que como yo ya empezaba a sospechar, no me incomodaba ni lo mas mínimo, supongo que sentirse observada y deseada 4 años después y tras un embarazo y un parto, era para sentirse bien con una misma. Hubiese deseado que la ducha hubiese durado un poco mas, el agua caliente siempre me sentaba de maravilla, pero era un día demasiado importante como para desaprovecharlo en arrugarse debajo del agua. Me coloque mi ropa interior y me puse mi albornoz para salir directa a la cocina. Ya desde la puerta del baño de mi cuarto se olía el desayuno, y una sonrisa se formo en mi boca notando a que olía, y miles de recuerdos volvieron a mi.
-Tortitas con nata y chocolate y café- dije entrando a la cocina y comprobando que no me equivocaba. Dos platos y dos cafés estaban encima de la barra de la cocina esperando a ser devorados.
-Tienes el olfato fino la señorita-.
-Y los recuerdos a flor de piel. No podré olvidar jamás estos desayunos-.
-No dejare que lo hagas- me dijo dándome un corto beso en labios y sentándose en el taburete que estaba al lado del mió.
-No lo podría hacer, Tony ama las tortitas con nata y chocolate- me miro sorprendido, -son su desayuno preferido. El mismo que la madre. El mismo que el padre-.
-¿Tu le has hecho… Le pones este desayuno?-.
-Solo en ocasiones especiales… O para chantajearle con algo-.
-Pensaba que no podías ser más perfecta, ¿sabes? Me equivocaba-dijo poniéndome una mano en mi pierna y dándole un leve apretón. –Gracias-.
-No hay nada que agradecer, ya lo sabes- dije devolviéndole el apretón en su mano. –Esto mejora con los años, de verdad- dije señalando las tortitas,-¿nueva receta?-.
-Para nada. Supongo que comerlas durante cuatro años en Londres, cocinadas por mi, prácticamente todos los días, hace mejorarlas. Me recordaban a ti, ¿idiota verdad?-.
-Para nada. La pregunta es, ¿Cómo puedes atiborrarte a tortitas y seguir manteniendo ese cuerpo?-.
-¿Genética?-.
-Siempre lo pensé-.
-Jajajjaajajajaja-. Terminamos el desayuno entre risas y besos, recordando viejos momentos que aun permanecían vivos en nuestra memoria, y ambos queríamos resucitar.
-¿Estas nerviosa?- me pregunto cuando cogia las llaves del coche y me ponía la chaqueta para salir rumbo a la casa de los Cullen.
-No lo se. Impaciente creo que es la palabra. ¿Tu?-.
-Nervioso es poco. Voy a conocer a mi hijo-.
-Ya le conoces Edward-.
-Me refiero a que mi hijo va a saber quien es su padre. No se como se lo va a tomar-.
-Edward- dije cogiendole la cara entre mis manos y haciendo que me mirase a los ojos. –Todo va a salir bien, lo se. Conoces a Tony, y sabes como te quiere. El te necesita, así que no te va a rechazar. Solo tienes que ser tu mismo, si quieres hablo yo, pero no va a pasar nada-.
-Si me lo dices así te tendré que creer. ¿Y con mis padres? ¿Y los tuyos? ¿Y tú hermano? ¿Y mi prima? ¿Y los…?-.
-¡Edward! ¡Basta! ¿De verdad crees que no esperaban esto? Todos, absolutamente todos, tienes contigo la misma relación que hace años. ¡Hasta mi madre, Phil y Seth! Solo será una reconciliación mas contigo, ¿vale? ¿Qué no lo quieren entender? Me da igual, me ayudaron como nadie me ayudo jamás, y yo ya se lo agradecí por activa y por pasiva, pero mi mundo vuelve a estar bien, vuelvo a ser la que era antes, soy incluso mas feliz… y es gracias a ti, y no pienso cambiar esto, por nadie, aunque me duela y aunque les duela-.
-No te canses nunca de escuchar que te amo, porque te lo voy a repetir hasta que me quede mudo-.
-Me encanta oírlo, no hay problema-.
-Te amo- dijo dándome un beso, -te amo- dijo mientras me daba otro beso, -te amo Bella. Volved pronto-.
-Hasta ahora. Te quiero- dije saliendo y cerrando la puerta tras de mi. El camino de ida hacia casa de los Cullen se me hizo mas corto de lo normal, no se si era porque tenia muchísimas ganas de juntarme con mi pequeño, por que tenia ganas de volver a ver a Edward lo antes posible, o por verles a los dos juntos o porque quería que esto pasase ya. Aunque había sido sincera, sabia que todo saldría bien, lo presentía, así que esperábamos que el presentimiento se cumpliese.
-Hola Esme- la salude mientras entraba en la casa y la saludaba.
-Hola hija-.
-¿Dónde esta Tony? ¿Qué tal se porto? Disculpa por venir tan tarde-.
-Sabes que no es ninguna molestia. El niño es un cielo. Ha comido de maravilla, durmió mejor y juega como nadie. Tiene a Carlisle muerto en el suelo desde hace media hora, porque logro matar al indio y dice que el indio murió así que no puede levantarse. Y Carlisle esta encantado así que no te preocupes-.
-Pobre. ¿Dónde están?-.
-En la sala de juegos. Tiene su mochila y todo en la sala-.
-Muchas gracias Esme. Ahora bajamos-. Subí las escaleras dirección a la sala de juegos. Desde luego Tony si se tomaba algo en serio lo llevaba hasta el final. Toque la puerta y vi algo bastante cómico. Carlisle estaba tirado en el suelo con un gorro de plumas imitando a un indio, y encima suya tenia a una pequeña figura con un gorro de cowboy, con una pistola apuntándole y un ruidito haciendo "pum, pum, estas muerto" cada 2 segundos.
-Vaquero es hora de irnos-dije haciéndome notar.
-¡Mami!- dijo lanzándose a mis brazos, gesto que recibí abriendo los míos y abrazándole todo lo fuerte que podía.
-¿Cómo estas mi príncipe? ¿Te portaste bien?- dije dándole un beso en el cachete.
-Como un campeón. Buenos días Bella- dijo Carlisle levantándose del suelo y saludándome.
-¡No yayo! ¿Qué estas muerto y no te puedes levantar!-.
-Anda vaquero, deja al yayo que se levante y vamonos que tenemos prisa-. Le baje al suelo para que pudiese coger la mochila y bajo corriendo las escaleras.
-Gracias, tenia la espalda echa un cuadro ya- me dijo Carlisle mientras bajábamos las escaleras.
-Tony, despídete de los yayos que nos vamos-. Tony dio el beso y al abrazo de rigor a cada uno de sus abuelos prometiendo por petición que volvería pronto a verles. Nos montamos en el coche de camino a casa y mientras el me contaba las mil batallitas que vivió en casa de sus yayos el día de ayer (tengo que reconocer que Carlisle se esta ganando la categoría de santo a pulso) yo me imaginaba que seria de mi vida en la próxima media hora. Porque al igual que todo podía salir a pedir de boca, cabía la posibilidad de que Tony no quisiese, que le gustase tanto su vida que no quisiera cambiar, y eso incluiría que Edward no entrase en la suya, y por extensión en la mía. Pero no podía ponerme nerviosa ahora, no cuando ya estaba en vista de Tony, y entre Edward y yo la calma, en este caso, la debía de conservar yo. Me costo mas de lo normal meter la llave en la cerradura cuando llegamos a la puerta de mi casa. Edward, tal y como había dicho, se había encargado de recoger, o por lo menos adecentar bastante la casa, cosa que agradecía muchísimo.
-Mami, Edward esta sentado en nuestro sofá- dijo mi hijo señalando a Edward, el cual estaba sentado en el sofá con los codos apoyados en las rodillas. Y me jugaba un brazo a que segundo antes estaba con la cabeza entre las piernas intentando evitar un posible mareo más que grave.
-Ya… Ya lo se cariño. Anda salúdale-.
-Hola Edward- mientras me quitaba la chaqueta y dejaba su mochila encima de la mesa vi como caminaba hacia el y le daba un beso y un abrazo de esos que dejaban a todos enamorados. Respire hondo un par de veces y me prepare mentalmente para lo que venia. Camine hacia donde estaban y me senté esperando que terminasen los saludos y la mini conversación que había iniciado, la cual parecía haber quitado un poco de tensión a Edward.
-Tony amor ven aquí- le dije mientras le sentaba encima de mis rodillas, y le dejaba mirando a Edward- veras, Edward y yo te tenemos que decir algo-.
-Dime mami-.
-Empecemos… Tony te acuerdas que hace poco tu me preguntaste por tu papi, ¿cierto?- pregunta a la cual mi hijo se limito a asentir con la cabeza. – Recuerdas que te dije que estaba lejos y que el no sabia que tu existías y que por eso no estaba con nosotros. También me dijiste que te gustaría tener un papi, ¿verdad?-.
-Si mami, yo quiero un papi como los demás niños de la clase, pero como tu me quieres tanto, me da igual a veces-.
-Claro que te quiero tesoro. Pero mira, te acuerdas que me dijiste que si se lo pedías a Papa Noel a lo mejor te lo traía. Bueno, pues Papa Noel se ha adelantado este año-.
-¿Papa Noel me trajo a papi?-.
-Si corazón. Te acuerdas también que te dije que Edward había estado lejos y que por eso tu no lo habías visto nunca-.
-Si, estaba lejos porque estaba trabajando. Como mi papi-.
-Claro amor. Eso es… Veras, eso es porque Edward es tu papi-. La sala se quedo un minuto en silencio. Yo miraba a Tony, Edward miraba a Tony y Tony no podía quitar sus ojos de Edward. Tenia la cara como esculpida en mármol y cada segundo que pasaba me parecían horas.
-Claro, por eso tengo el mismo pelo que tu y los ojos iguales que los tuyos, ¿verdad?-.
-Exacto campeón-.
-Sabes mami, me gusta Edward-.
-Cariño, Edward solo será tu papi si tu quieres, sabes que tu decides, si quieres seguir como hasta ahora…-.
-¡No! Me gusta mi papi. Yo quiero a mi papi Edward- dijo lanzándose a su cuello, gesto que Edward correspondió de inmediato. Trate de limpiarme las lagrimas que caían por mi cara de la manera mas disimulada posible para que ninguno de los me viera, pero Edward si lo hizo, y con su sonrisa me hizo ver que todo iba perfectamente. -¿Te puedo llamar papi Edward?-.
-Puedes llamarme como más te guste-.
-¿Sabes? Tengo los papis mas guapos del mundo entero. ¿A que es bonita mi mami, papi?-.
-Es la más bonita del mundo campeón-.
-¡Oye! ¡Pero yo tengo que sabes muchas cosas de ti! Porque si tu ahora eres mi papi, tendrás que saber lo que me gusta, mi dibujo favorito, los juguetes que quiero…-. "Cosas de niños" pensé. Aunque desde luego este niño no perdía el tiempo, no.
-Bueno, tenemos tiempo para eso. ¿Qué te parece empezar comiendo por ahí hoy?-.
-¡Si! Mami, mami, mami, mami…- me dijo poniendo ese puchero que aprendió de Alice y que funcionaba mejor que cualquier robot en este planeta, acompañado por uno muy similar de Edward.
-Hubiese dicho que si sin necesidad de esos pucheros, señoriítos- dije señalándoles a los dos y viendo como se formaba idénticas sonrisas es sus caras, -pero que sea la ultima vez. Soy humana, y si mis dos chicos favoritos me hacen pucheros made in Alice, no podré soportarlo-.
-¡Siiiii! Mi mami es la mejor- dijo abrazándome y dándome un beso, estando aun en los brazos de Edward.
-Bueno, ¿y a donde quieres ir?- le pregunto Edward.
-Mira, esta es la primera cosa que vas a aprender sobre Tony. "Donde quieres ir a comer" siempre tiene la misma respuesta-.
-¡McDonals! ¿No te gusta McDonals papi? Tiene unos juguetes súper chulos-.
-Los cuales acaban en la basura dos días después. Pero son súper chulos-.
-McDonals entonces. Venga campeón- dijo echándose a Tony como un saco de patatas en su hombro y empezando a caminar por toda la casa. Me levante con una sonrisa en la cara, para coger las llaves del coche y mi bolso.
-¡Venga, que nos vamos!-grite. Aparecieron por el pasillo con risas escandalosas por parte de ambos.
-Gracias- dijo Edward parándose a mi lado y dándome un beso en la mejilla.
El viaje al McDonals fue como un chiste. Cada cosa que decía Tony provocaba la risa de Edward y la MIA, y con todo lo que le contestaba Edward, la carcajada era devuelta. Pedimos nuestros menús y nos fuimos a sentar a la zona de juegos.
-Cariño, ¿no vas a jugar a la zona?-.
-Hoy no, bueno, luego, a lo mejor-.
-¿Y eso?-.
-Es la primera que esta aquí mi papi, y teníamos que hablar-.
-Bueno- dije levantando las manos en señal de rendición. Desde luego, esperaba muchas cosas de aquel momento, pero que prefiriese comer allí sentado con todas sus atracciones favoritas a menos de 5 metros, era un signo de que se lo tomaba muy en serio.
-Empiezo yo, ¿vale?- le dijo levándose una patata frita a la boca.
-Perfecto- le respondió Edward imitando su gesto y mirándome recordando aquel juego de las 20 preguntas que nunca terminamos.
-A ver… ¿Cuál es tu dibujo favorito? El mió es Pikachu, de Pokemon, ¿lo conoces? Me gusta mucho, porque cuando alguien esta en peligro es suelta rayos diciendo Pikachuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y todos los buenos se salvan y los malos…-.
-Tony, si no le dejas hablar no podrá contestar- dije acariciándole el pelo.
-No he visto nunca Pokemon así que algún día tendrás que enseñarme sobre ello. Cuando yo era más o menos como tu me gusta mucho una serie que se llamaba Dragón Ball-.
-Quiero ver la serie-.
-La veremos juntos algún día-.
-¿Y cual es tu comida favorita papi?-.
-Me encantan las hamburguesas. Sobre todo unas que hacen e un restaurante de aquí-.
-¡Igual que yo! Mami, a mi papi le gustan las hamburguesas-.
-Lo se corazón, lo se-.
-Y a ver… ¿Tienes novia?-.
-Pues… Esto…-¿Cómo se le explicaba a un niño de casi 4 años que su mama era la novia de su nuevo papa sin que esto llevase a confusión? Complicado, si. Edward me miro pidiéndome permiso para que fuese el quien le explicase semejante embrollo. –Veras, tu mami y yo fuimos novios hace mucho tiempo, y por eso tú naciste, y ahora, volvemos a ser novios-.
-¿Mi mami es tu novia?-.
-Si amor, pero eso no quiere decir que no te quiera a ti-.
-Entonces, ¿por que no vive con nosotros? Yo quiero que vivas con nosotros papi, todos mis amigos viven con sus papis en casa, yo también quiero que vivas con nosotros-.
-Cielo, eso hay que hablarlo, no se puede decidir de repente-.
-¿Tu no quieres que el viva con nosotros mami?-.
-Amor, no soy yo quien lo tiene que decidir, es Edward quien tiene que tomar esa decisión-. Aunque no hubiésemos hablado de ello era las que obvio que Edward tenia un lugar en mi casa para vivir, aunque por si acaso, se lo hice saber sutilmente con esa frase.
-Yo… ¿Tu me invitas a vivir con vosotros campeón?-.
-¿Claro papi! Pero a mami la tienes que compartir, que también es mía-.
-Trato echo- le dijo mientras le tendía la mano y Tony la cogia firmando un trato en el aire.
La comida paso entre mil y una preguntas de Tony a Edward. La gracia es que no hacia falta que Edward preguntase porque la respuesta de Tony iba en la pregunta. Tenia ganas de hablar con Edward, de resolver ese pequeño lío en el que le había metido Tony, pero sabia que hasta que no se fuese a jugar no podríamos arreglarlo. Supe que mi hijo seria un ser hiperconsentidisimo, mas de lo que ya lo era, si entre sus tíos le permitían todo, Edward le daría hasta lo que no pidiese, y aunque le dije que Tony no comería helados a estas alturas del año, ambos me hicieron el mismo caso que si le hablase a la pared contra la que estaba apoyada. De todas formas, pensé, el era su padre, así que tampoco tenia que pedirme ningún tipo de permiso especial.
-Mami, ¿puedo jugar antes de que nos vayamos?- me dijo mientras se terminaba la ultima cucharada de su helado.
-Un ratito. Y ten cuidado-.
-Claro mami. Chao- dijo dándome un beso en mi mejilla. –Chao papi- dijo dándole a el otro beso. Era increíble la facilidad con la que los niños se adaptaban a las situaciones, por muy drásticas que estas fueran, y siempre que fueran para bien.
-Y bueno señorita-dijo Edward sentándose a mi lado y pasando uno de sus brazos por mis hombros para acercarme mas a el. -¿Te he dicho ya que te amo y que no me alcanza la vida para agradecerte todo?-.
-Demasiadas Cullen. ¿Te he dicho que no tienes absolutamente nada que agradecer y que yo también te amo?-.
-Aham- dijo acercándose para darme un beso que no deje pasar a mayores ya que estábamos en un restaurante donde mas de la mitad de los clientes eran niños menores de 6 años. –Debo acostumbrarme a comportarme es estos ambientes-.
-Tenemos que hablar Edward-.
-Lo se. Yo… no sabia que decirle a Tony. Me daba miedo que si le decía que no se enfadase, me dejase de hablar, cualquier cosa que empeorara uno de los mejores momentos de mi vida-.
-Espera. ¿No quieres vivir con nosotros?-.
-¿Tu quieres que yo vaya?-.
-¡Claro! Se que será complicado, la casa es pequeña y llevamos muchos años viviendo solo nosotros dos, pero… serás tu el nuevo inquilino, creo que ambos podremos acostumbrarnos a tu presencia habitual. La mudanza… buenos haremos sitio a tus cosas, mas de la mitad de los juguetes de Tony se pueden tirar a la basura, me apuesto a que ni se enterara, y si le decimos que es porque vienes tu, seguro que el mismo te hace hueco-.
-Creía que no querías, por el espacio y esas cosas. Pero sobre todo porque ha pasado tan poco tiempo-.
-¿Llamas poco tiempo a 7 años Edward?-.
-No… Bueno, no contaba el pasado Bella-.
-Te conozco desde hace 7 años. Se quien eres, como eres… Apenas has cambiado Edward. pero sobre todo te sigo amando y quiero vivir lo que una vez soñamos juntos, ese futuro que queríamos para los dos, ¿me entiendes? Te quiero a ti, junto a nosotros, lo demás me importa bastante poco-.
-Creo que hay poco mas que discutir entonces. Esta tarde mismo empiezo a empaquetar mis cosas. Gracias Bella, gracias por hacerme el hombre mas feliz de la tierra-.
-Mami, yo también quiero que me abraces- dijo Tony delante de nosotros mirándonos.
-Ven aquí corazón, que tu te vas a llevar al abrazo mas grande- dije separándome un poco de Edward y abriendo mis brazos para recibir a mi hijo.
-Ya puedes volver ha abrazar a papi-.
-¿Y tu no me quieres abrazar?- dijo Edward simulando una cara de tristeza.
-Claro papi, pero no te pongas triste- dijo soltándose de mis brazos y pasando a los suyos. –Ven mami, que papi también te abraza-. Me incline hasta ellos con una enorme sonrisa, que dudo que algún da pudiese borrarse de i cara, si todo iba, por lo menos, tal y como estaba.
-Campeón. Esta tarde voy a casa de tus yayos a empaquetar mis cosas para llevarlas a… nuestra casa. ¿Quieres venir a ayudarme?-.
-¿Y mami?-.
-Cosas de hombres- le mire con los ojos abiertos preguntándome que se le estaba pasando por la cabeza.
-Si, hace mucho que no tengo una charla de hombres-.
-¿Cuándo has tenido tu una charla de hombres?- le pregunte riéndome.
-Con tito Oso, tito Jazz, tito Jake y tito James- dijo enumerándome cada uno con una dedito. –Dice que se tiene que quedar entre hombres, porque como se enteren las titas o tu que no tienen mas sobrinos-. Hasta aquel momento desconocía completamente la existencia de tales charlas, así que tendría que aclarar cuentas con ellos. Dios sabe lo que pudo hablarse allí. –Pero no te lo puedo contar, a ti si papi, porque como tu eres hombre-.
-Yo me voy a… Me voy a casa. Recoger, cocinar y todas esas cosas. ¿te esperamos esta noche para cenar?- dije mirándole.
-Claro. No tardaremos mucho. Te quiero-dijo inclinándose y dejando un leve beso en mis labios.
-Te quiero-le respondí yo. Me acerque a su oído para decirle la verdad en un susurro. –Voy a comprar los regalos de navidad, ¿vale? Y a ti también mi amor-.
-Y yo mami- dijo cogiendome la cara con sus manitas y dándome un beso.
Salí de allí dirección al centro comercial, aunque sabía que ni por esas me iba a librar de otro viaje con Alice, quería comprar todo con una cierta tranquilidad. No me complique mucha la vida con ningún regalo. Sabia que regalar APRA contentar a la gente. A lo mejor no era ni lo mas cara ni lo mas rebuscado, pero era lo que hacia feliz, que al final, era lo importante. El único problema que tuve fue con el regalo de Edward. al final supe que le regalaría, y aunque no pudiese comprárselo ese día, sabia que seria el regalo perfecto: el álbum de fotos que reviso la otra noche, le haría una copia y al final pegaría una de las fotos que hicimos aquella tarde, la primera donde salíamos todos, y seria el comienzo de una nueva etapa. La parte mas vergonzosa: la que no vería nada mas que el. Entra a una tienda de lencería nunca había sido mi pasatiempo favorito. Tanto Alice como Rosalie me obligaban a entrar y comprar conjuntos que terminaban al fondo de mi armario nada mas llegar a mi casa. Esta vez, tendría un uso.
Llegue a casa con todo el cargamento de compras de esa tarde y las escondí debajo de la cama de mi cuarto, el único sitio libre de la casa con suficiente espacio como para albergar todos los paquetes. Seria un problema si Tony escogiese ese sitio para esconderse, gracias a dios, su cuarto era el elegido siempre.
Prepare algo sencillo para cenar, ya que una comida del McDonals no era la alimentación mas adecuada para… para nadie a decir verdad.
Din don
-¡Hola mami!- dijo mi hijo entrando con una caja de cartón.
-Hola mami- dijo entrando Edward cargando con 4 cajas que doblaban de tamaño a las de mi hijo y probablemente también en peso. –No me mires con esa cara de susto, traigo todo lo necesario, y no te preocupes, que no pesan casi nada-.
-Mami, tenias que haber venido, yaya se ha puesto a dar muchos abrazos y muchos besos a papi y a mi-.
-¿Puedo imaginarme el motivo no?- dije mirando a Edward y viendo como este asentía con la cabeza y sonreía. –Y yayo también estaba muy contento. Decían que querían darte a ti también muchos besos y abrazos-.
-Bueno, iremos pronto entonces. Edward, dejas las cosas en mi cuarto, es enfría la cena-.
Cenamos en un ambiente familiar, ese con el que siempre había soñado. Edward, Tony y yo. Ya no era un sueño, ni una ilusión inalcanzable. Podía palparlo, podía verlo. Era una realidad. Por fin las cosas buenas llegaban a mi vida, de la mejor forma posible.
