La magia de amar

Disclaimer: Todo lo que aquí se lea y esté relacionado con Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling, autora de la saga de libros bajo dicho nombre.

Dedicatoria: A Camila, que siempre supo de Fred.

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Lo que intentamos sepultar

La nieve caía incesante y el frío daba la bienvenida a los transeúntes de un Londres que recién amanecía, los negocios comenzaban a dar signos de vida y las luces se iban apagando para que un sol cansado bañara con su luz blanquecina aún las calles de aquella ciudad.

Diseminados por las calles, tan solo se observaban vahos provenientes de algunos que seguro habrían madrugado. Se los veía apurados, sin embargo sus paso rápidos eran amortiguados por la nieve.

Frente a una librería que comenzaba a dar signos de vida, una chica castañas y de cabellos indomables observaba las tapas de varios libros, haciendo alguna nota mental sobre algún título que le pareciera interesante.

Hermione comenzó a caminar, dejando que sus pies se unieran al compás de aquella marcha matinal. Depositó en ellos su confianza y les dio la libertad de descubrir nuevos senderos por sí solos.

Estudiar medicina muggle se había tornado algo agotador, pero ahora su cerebro podía tomarse un descanso bien merecido, pues había terminado su carrera en cinco años. Por tal motivo esa navidad se había dado la libertad de relajarse y disfrutar.

Volver de Francia, luego de cinco años seguidos de estudios, había sido quizás la mayor alegría. Volver a aquella ciudad, no tan romántica, ni atrayente como la que había abandonado, pero sí su ciudad, donde había creado tantos recuerdos que bullían ahora en su mente a un ritmo cada vez más acelerado. Y los recuerdos de un Londres que ahora volvía a recorrer la hallaron tan ensimismada en sus pensamientos cuando se encontró, sin darse cuenta, frente a una puerta negra en la que colgaba el título de un lugar por ella muy conocido: El Caldero Chorreante.

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Demasiado temprano, sin duda, pero le tocaba. Un día cada uno ¡sí seguro!, era la segunda vez consecutiva que habría el local él solo. No lo podía creer, ni siquiera ese viejo Neil de la tienda de mascotas había abierto.

Demasiado temprano, pero sabía muy bien que si no se levantaba a esa hora, no alcanzaría a abrir en tiempo y forma. La distancia era poca, pero la tarea titánica: la mayor parte se le iba en caminar de la chimenea del depósito al sector de atención al público y acomodar todo con un simple movimiento de varita. El problema, para ser francos, era que a medio camino se recostaba contra una columna y se quedaba dormitando unos 20 minutos, hasta que esa lechuza fea y con un ojo tuerto del viejo de enfrente hacía un sonido (nunca supo de qué lugar de su horrible cuerpo) tan fuerte que era imposible no escucharlo y despertarse. Tal era su despertador, un desagradable y tuerto despertador.

Dicho y hecho, Fred Weasley se recostó contra la columna y quedó profundo.

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Una vez comenzó a caminar por esa mágica calle se dio cuenta que los recuerdos volvían, tan vivos como si hubiesen ocurrido ayer:

Flash Back

Hermione tenía 10 años y estaba sentada junto a su padre leyendo un libro sobre plantas acuáticas, cuando se escuchó que alguien golpeaba tres veces seguidas y bastante rápidas a la puerta.

-¿Se habrá roto el timbre?- Jean, la madre de Hermione, miró interrogante a su marido mientras se secaba las manos en su delantal y se dirigía hacia la puerta para abrirla, sin antes mirar por la mirilla.

-¿Quién es querida?- comento William el padre de Hermione.

-Un anciano. Lleva una especie de disfraz, con gorro incluído, supongo que debe ser algo relacionado con Hallowen, aunque es algo temprano recién estamos en Agosto…- Jean meditó un poco y luego añadió- vamos a ver.

Cuando Jean abrió la puerta, la familia Granger se encontró con un anciano que vestía una especie de túnica de color púrpura con un sombrero puntiagudo haciendo juego, cabello largo de un blanco inmaculado y una barba que a Hermione le hizo recordar a los dibujos de Merlín que tenía en el libro Arturo y los caballeros de la mesa redonda.

El anciano acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz y regaló a la familia una espléndida sonrisa.

-Mí nombre es Dumbledore, soy el director de Hogwarts colegio de Magia y Hechicería y tenemos una vacante para una pequeña llamada Hermione Granger- dijo mirando a Hermione como si pudiera ver algo en ella que nadie más podía.

Fin Flash Back

Hermione se sonrió, ¡cuán emocionada se había puesto aquella tarde!, aunque al principio no lo había podido creer y sus padres tampoco (duda que se aclaró cuando Dumbledore convirtió varias tazas de te en unos simpáticos y saltarines conejos), se enamoró de la idea de pensar que había un mundo distinto allí afuera, extraño y sensacional, un mundo al que ella pertenecía.

Había dejado de nevar y aunque el frío no se retiraba, los locales del Callejón Diagon cubiertos de escarcha y nieve comenzaron a abrir sus puertas.

Fue recorriendo cada negocio, cada local y todos le recordaron la primera vez que los visitó:

"Ollivander" aún se encontraba abandonado, ni rastros había quedado de aquel excelente creador de varitas mágicas. Podía sentirse el aroma que salía de ella mezcla de polvo, madera y humedad. Recordó que cuando recibió su varita, madera de vid con nervio de dragón en su interior, una ráfaga de viento azotó el lugar sin siquiera mover nada, iba a devolverla, pero el dueño simplemente sonrió y cobró el costo de la que sería su varita hasta que muriera o un troll se sentara sobre ella.

Luego pasó por "La Tienda de Animales Mágicos" y pensó en Crookshanks, ¡qué gran compañía había sido en Francia! Por las tardes el gato se sentaba en su regazo mientras estudiaba durante horas.

De pronto un alboroto, mezcla de grito y aspavientos, distrajeron su mirada: a unos cien metros un montón de chicos se amontonaban en una vidriera llamando a la puerta sin conseguir la mínima respuesta.

Sonrió para sus adentros cuando elevó la vista hacia el cartel que rezaba el nombre del local: "Sortilegios Weasley", el número 93.

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-¡Dinero!, ¡mucho dinero!... Millonarios… somos millonarios- Entre una gran oscuridad Fred y George nadaban en una pileta de Galeons.

Pero de pronto todo se volvió totalmente oscuro y Fred se hallaba solo y en harapos. Un Knut volaba sobre sus narices, no lo podía alcanzar y una voz le decía:

-¡Jajaja!, solo vendiendo sombreros rojos no conseguirás la fortuna que deseas

-¡No!, ¡yo sabía!, ¡George te voy a matar!, te lo dije- Fred corría tras el Knut, mientras que su hermano vestido con una túnica de oro se reía a carcajadas- ¡No!, ¡me traicionaste!

La figura de George adquirió forma de mujer, cabello color castaño y ya no se reía si no que le gritaba entre risas: Fred, ¡Levántate!

Abrió los ojos súbitamente y se encontró tirado en el piso, algo sudado y con los ojos un tanto llorosos. Se levantó rápidamente y vió a Hermione sonriéndole detrás del cristal de la puerta de entrada, rodeada por una multitud de chicos que estallaba de la risa.

Fred agitó la varita y acomodó todo lo que había desordenado, prendió las luces y abrió la puerta, pero antes de dejar pasar a cualquiera dijo:

-De acuerdo, si olvidan lo que pasó aquí les regalo 20 grageas vomitivas.

Todos los niños asintieron gritando y Fred los dejó pasar.

-Definitivamente no tienes cura, Fred Weasley

-Y tu te pareces cada día más a mí madre…- Fred miró a Hermione de arriba abajo- Claro que más bonita- se acercó a la chica confidente y susurró- no repitas lo que acabo de decir o los Weasley tendrán una madre asesina- ambos se rieron unos instantes. El chico miró atentamente a la joven y luego agregó- ¿Qué haces aquí?

-¿No te alegra verme?- contestó Hermione levantando una ceja y colocando los brazos en posición de jarra.

Ambos se miraron un instante y comenzaron a reír antes de estrecharse en un extraño y torpe abrazo.

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-Neville de profesor… imagínatelo es increíble, menos mal que no da Defensa, sería la primera vez que un profesor es salvado por sus alumnos porque un Boggart se transforma en Snape

-No seas tan cruel, tampoco es para tanto- Hermione bebió un poco del café que tenía en frente, miró a Fred que giraba entre sus dedos una cuchara y se sonrió tontamente, pero cuando él fijo su vista en ella movió bruscamente la cabeza, como borrando aquel gesto que había nacido de recuerdos que no parecían tan lejanos como creía- ¿Estás seguro que George puede solo con la tienda?- preguntó.

El gemelo hizo un ademán quitándole importancia al asunto- Si, además se lo merece por mandarme a abrir a mí esta mañana, pero claro el señorito tenía la excusa perfecta "yo tuve que cuidar a la Veela esa que Bill se buscó de esposa sin que me ayudaras", así que...

- ¿Y cómo va el embarazo de Fleur?

-Bastante bien. No ha tenido vómitos, aunque mamá dice que es lo que se avecina, claro que nadie va a decírselo porque se pondría más histérica de lo que está. Cada vez que se peina es un mar de lágrimas.

-¿Por qué?

-El pelo, no se le para de caer, con George apostamos cuándo se va a quedar pelada.

Hermione rió- Espero que Ron esté bien enamorado de Luna y Luna de él, porque sino esos cabellos pueden acabar con su relación con los antecedentes que tiene.

-Esa si que fue una actuación estelar tuya Hermione, aunque era verdad mi hermano se veía más idiota de lo que ya es…- El insulto de Fred quedó en el aire, había recordado sorpresivamente un momento que había vivido hacía bastante tiempo con la persona que tenía en esos momento en frente suyo.

Flash Back

-¡Te digo que no Ron!

-Pero Hermione no te cuesta nada

Ron y Hermione se encontraban discutiendo en la sala de la Madriguera, rodeados por Harry, Ginny, Fred y George.

-Pero… ¡vamos!, préstamelo…- Ron rogaba, pero Hermione no se movía un palmo del sillón donde estaba sentada, mientras que el resto reía entre dientes.

Ya hacía casi media hora que Ron le pedía a Hermione un cabello de Fleur; el pelirrojo lo encontró tirado y había estado mirándolo como hipnotizado, sin embargo cuando Hermione lo encontró en esa mediocre situación se lo sacó de las manos, negándose a devolvérselo.

-A ver si lo entiendes Ronald, hay tres razones por las cuales ¡no! te lo daré: Primero- y alzó un dedo- Te veías como un idiota mirando este cabello, alabándolo como si hubieras encontrado oro puro- Todos aplaudieron ante la observación de Hermione - Segundo: Tiene sangre de Veela, lo que significa que estás exagerando un poquito y cuando vuelvas a tener el mínimo dominio que tienes de tus facultades mentales me lo vas a agradecer- hubo una carcajada general reprimida por una mirada fulminante de Ron-Y tercero porque no me da la gana- Hermione alzó el último dedo y luego volvió a cruzarse de brazos.

Harry se acercó a su amigo, posó una mano en su hombro y le dijo: Ven, vamos a jugar ajedrez mágico, porque aquí es imposible que ganes.

Ron se fue a regañadientes y Ginny los siguió, cuando quedaron solamente George y Fred junto con Hermione los tres comenzaron a reír. Era la primera vez en mucho tiempo que peleaban por algo que no estuviera relacionado con la guerra en el mundo mágico y esa pelea ridícula había logrado que todos olvidaran por unos momentos la tensión que los rodeaba a cada instante.

George salió por la sala a hurtadillas diciendo en voz baja: -Jajaja, voy a probar el "humortrono"…- y se fue sin decir más.

Hermione se levantó dirigiéndose a la chimenea para quemar el bendito cabello- No lo puedo creer- murmuró.

Un gran tapete rojo cubría el piso, había quedado algo doblado debido a algún tipo de maniobra que Ron habría hecho al marcharse (muy posiblemente patear la alfombra y caer al piso) Ese pequeño doblez de la alfombra fue el causante de que Hermione, al estar mirando atentamente el cabello que tenía en la mano y disponerse a chamuscarlo arrojándolo a la fogata, no se diera cuenta de este pequeño detalle y tropezara hacia delante. Colocó sus manos instintivamente delante de su cuerpo para amortiguar la caída y cerró los ojos ante la impresión, pero el resultado fue muy diferente al que había pensado. Fred que quería dirigirse hacia las escaleras para ir a su cuarto y probar una infusión nueva que había inventado junto con su hermano pudo llegar a tiempo hasta el lugar donde Hermione tropezó y sostenerla por la cintura, mientras sentía cómo las manos de ella se apoyaban sobre su pecho.

Si alguna observación lógica o ironía casual se cruzó por sus mentes, ninguno la expresó. Era para ambos extrañamente reconfortante encontrarse en aquellos momentos en esa situación.

-¡Ey!... maldito….- Desde el primer piso se escuchó el grito de Ron y un rápido golpeteo de zapatos bajando la escalera.

La separación fue inminente y ambos se sonrojaron, pero la entrada abrupta de Ron con las orejas negras y saliéndole humo por TODOS los orificios de su cuerpo, hizo que reemplazaran tal sonrojo por una carcajada a la que Ron respondió mostrándoles su dedo menos amable, ya que no podía hablar debido a la cantidad de humo que salía de su boca. Ron siguió corriendo hasta la cocina y enseguida bajaron Harry y Ginny, probablemente a prestar alguna ayuda, que resultaría totalmente inútil, seguidos de George dispuesto a chequear los efectos causados por su invención.

-¿Qué le hiciste?- pregunto Fred con la mirada que utilizaría un científico para interrogar a un colega sobre un nuevo descubrimiento.

-¡Ah!, es lo mejor que he visto, Ron estaba jugando ajedrez y tenía un vaso de agua al lado, simplemente espere a que se concentrara un poco y le eché en el agua el humortrono. Le hubieras visto la cara de pánico a Ron al verse el humo en la boca, fue…- Pero Fred ya no escuchaba, Hermione había pasado como una exhalación subiendo por las escaleras sin siquiera mirarlo.

Nunca la había observado de esa manera, su cuerpo tenía una extraña gracia al caminar que nunca había notado, ojos color miel profundos, su cabello más lacio y largo que cuando la había conocido aunque aún indomable. Hermosa.

-Fred… ¡Fred!... Tierra a Fred…

-¿Eh?

-Que te estoy hablando.- George miraba enfadado a su hermano

-Dime.

-Necesitas probar esa infusión.

-Si, ya lo se…- asintió con la cabeza y comenzó a caminar- Te dije que me esperaras para hacer la prueba…

Fin Flash Back

Hermione suspiró logrando que Fred volviera de sus recuerdos- Sí, aunque no volvería a esa época por nada del mundo.

-Ni yo…- Fred la miró entonces y sus ojos se clavaron profundos en los de ella, como si quisiera atravesarla con una mirada. Hermione se dio cuenta porque se removió en la silla algo incómoda y carraspeó nerviosamente- Entonces… ¿vas a sorprender a los chicos?- agregó actuando normal.

-Si, lo que significa que vas a guardar el secreto- Hermione miró amenazadoramente a Fred.

Fred levantó los brazos en señal de paz- Tranquila, mis labios están sellados- Hermione iba a replicar pero el agregó- Yo me encargo de George, aunque eso te va salir caro, imagínate que después de estar encerrado solo por una hora entera en ese negocio no va a querer hacerme ningún favor, así que…-

Fred meditó unos instantes y una idea nació en su mente, parecía un tanto loca y tal vez ella no aceptaría, pero no perdía nada con intentarlo

-Me tienes que acompañar a una fiesta de inauguración de un nuevo local del Callejón.

Hermione sonrío aliviada- Menos mal, pensé que me ibas a pedir que fuera tu conejillo de indias para algún invento nuevo, ya me imginaba con granos de troll por todo el cuerpo.

-Jamás haría eso, menos a una mujer tan hermosa como tú- Inmediatamente el rostro de Hermione fue himno al escarlata. Fred se percató del detalle sintiendo que era vencedor de una batalla que ni siquiera se había dado cuenta que estaba luchando- Entonces, ¿es un trato?- agregó para relajar un poco el ambiente.

-Es un trato- Hermione sonrió al chico- Espero que cumplas con tu palabra.

-Yo siempre cumplo con mí palabra, aunque hay formas y formas de interpretarla- la advertencia en los ojos de Hermione lo hizo retractarse de lo dicho- No te preocupes, los adultos cumplen las promesas.

-Solo que hay un problema: no sé si eres un adulto

-Gracias por el halago.

-De nada.

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Recostada en la cama y mirando hacia el techo, Hermione no paraba de pensar un minuto. Estaba contenta de volver a verlo, de hecho se había puesto muy feliz, sin embargo no podía evitar sentirse un tanto extraña, abrumada y confundida: un sentimiento que había sepultado hacía mucho tiempo renacía, más potente que nunca, como la tormenta después de la calma.

Cerró los ojos con fuerza, como si así pudiera alejar los fantasmas del pasado, aquellas cosas que tanto la habían hecho pensar en él. Entonces aquel primer y único beso, hijo de un accidente bendito, afloró en su mente y aunque frunció el ceño y movió sus manos como espantando algún insecto, no pudo evitar recordar lo que había ocurrido, la última vez que se habían visto a solas y el día que se había dado cuenta cuánto le gustaba aquel chico con cabellos color del fuego

Flash Back

"…en 1383, logró tornar al mercurio en cobre y luego al cobre en oro puro…"

Hermione cerró el libro y decidió que sería imposible concentrarse, escuchando murmurar incesantemente a aquellos dos hermanos, enamorados de los experimentos y tan dementes como para hacerlos en un lugar tan cerca del alcance de su madre, sabiendo todo lo que aquello conllevaba.

-Bien y ahora un poco de pelos de cent…- George sostuvo los cabellos color azabache sobre el caldero sonriendo malévolamente.

-Va a explotar

Hermione Granger no se andaba con rodeos cuando se trataba de la posibilidad de verse en medio de una evitable explosión.

Ambos gemelos voltearon a mirarla enarcando una ceja, divertidos y acercándose a grandes zancadas hacia la joven que leía sentada en el cómodo sofá de flores silvestres, la bibliografía de Nicholas Flamel. Se colocaron uno a cada lado de la chica y mientras George agitaba los pelos de centauro sobre las narices de la joven, Fred la miraba condescendientemente, como si fuera a escuchar la explicación de un niño de 5 años.

-Y dinos, Hermione Granger, ¿por qué crees que nuestra pócima, perfectamente calculada, va a explotar?- Fred comenzó a picar el brazo de Hermione con el dedo índice, tan insistentemente que comenzaba a dejarle una marca roja.

La chica se paró y los miró cruzando sus brazos sobre su pecho y rodando los ojos se acercó al caldero. Los gemelos se sentaron simulando estar en clase y comenzaron a hacer caras graciosas cuando ella estaba de espaldas.

-La consistencia del humo es demasiado espesa como para agregar un elemento tan denso como el cabello de centauro que produce reacciones explosivas. Solo proporciona buenos efectos cuando el humo esta en su estado óptimo, es decir cuando se puede ver la palma de la mano a través de él, cosa que con este no sucede, lo que quiere decir que sus propiedades en vez de ser las comunes serán similares a las de lágrimas de unicornios con la particularidad de volverla inestable y…

-…verde- Fred volteó a ver a su hermano.

-Exacto Fred

-Eso quiere decir- comenzó a decir George- que debemos colocar un poco de hoja de mandrágora

-O también puedes verter un poco de agua con lágrima de dragón y revolver unos diez minutos. Reaccionan similar- Hermione se acercó al sillón, tomó el libro que estaba leyendo y comenzó a marcharse, pero antes volteó y miró con el ceño fruncido a George- y si no me equivoco, George, eso que tienes ahí es cabello de minotauro- y sin más se fue de la habitación.

Los gemelos se miraron con los ojos abiertos, no podían creerlo y no sólo por la clase abierta de pociones que habían presenciado:

-Nos ha…

-… reconocido- concluyó Fred

Inmediatamente como impulsado por algo más fuerte que la simple curiosidad, Fred subió los escalones que llevaban de la sala a los cuartos y la encontró parada justo frente a la habitación que compartía con Ginny, entonces se acercó sigiloso y antes que abriera la puerta le tocó la espalda.

-¡Ay!- Hermione se dio vuelta y encontró a Fred allí parado con la sonrisa más endiablada que conocía- ¿Qué te sucede Fred?, casi me matas del susto.

El pelirrojo tocó con uno de sus blancos dedos la punta de la nariz de Hermione, luego sus dos ojos y por último las orejas. Cuando acabó examinó su dedo índice y no había nada en él.

-¿Se puede saber que rayos estás haciendo, Fred?

-Corroborando que no tengas alguna poción de reconocimiento, sino sería imposible

-Imposible… ¿imposible qué?

-Ni nuestra madre logra reconocernos- Fred colocó sus manos en la cintura y frunciendo el ceño le dijo- Dime querida, ¿cuál es el truco?- preguntó con el mismo acento que hubiera utilizado su madre en una situación parecida.

Hermione sonrió con autosuficiencia- ¿Y para qué quieres saber?

Fred evadió olímpicamente la pregunta y en cambio agregó-A ver tengo tres opciones que lo explicarían todo: o que usaras una pócima, lo cual acabo de descartar; que nos hayas hecho alguna marca extraña- Hermione levantó las cejas sin entender- si ya sabes, que nos hayas cortado algo de pelo o hecho una cicatriz mientras dormíamos, lo cual es muy improbable porque lo hubiéramos notado. Y la tercera que te hayas fijado en alguno de nosotros dos.

Los colores subieron a las mejillas de Hermione y gritaron a viva voz lo que jamás expresaría en palabras.

-Yo no me he fijado… ¡uy! Por favor… solo, soy muy observadora, nada más- se dio vuelta para entrar a la habitación y alejarse de esa mirada que seguro descubriría la verdad, pero algo la detuvo, una mano de él, que atajó su muñeca y la envolvió entre sus largos y fuertes dedos.

-No creas que te vas a librar tan fácilmente, debes contestarme.

-¿Por qué lo haría?- replicó la castaña desafiante

-Si no me dices la verdad, me encargaré yo mismo de encontrarla.

-¿Ah si? y ¿se puede saber cómo?

-Así -Antes de que Hermione respondiera, antes de que Fred se diera cuenta de lo que estaba haciendo, antes, mucho antes, de que Molly avisara que la cena estaba servida, el pelirrojo acercó sus labios a los de ella y permaneció unos instantes en aquella posición.

Hermione parpadeó un par de veces, sin poder creer lo que sucedía, sin ser capaz de reaccionar, simplemente se quedó allí parada como una estaca.

De pronto Fred se separó de Hermione y la miró sonriendo, como si aquello jamás hubiera sucedido- Supongo que es George- se encogió de hombros y se fue bajando las escaleras.

Fin Flash Back

Hermione se volteó sobre las mantas, quedando boca abajo y grito algo que ni siquiera ella logró entender. Odiaba que Fred fuera tan malditamente irresistible. Pero lo que más detestaba es que el sentimiento que creía haber dejado sepultado en algún lugar de su mente y corazón, renacía, revolviéndose en su pecho y le indicaba que no le daría tregua.

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-Me las vas a pagar- fue la primera frase que George le dedicó a su hermano cuando terminó la venta del día

-Estamos a mano

George miró a Fred y supo que algo más pasaba- Bueno, dilo, porque tengo hambre.

-Está aquí y creo que voy a retomar aquel viejo experimento- dijo como si estuviera comentando el estado del clima. Su hermano lo miró y Fred debió haberse dado cuenta porque levantó la mirada y se encontró a su gemelo sonriendo condescendientemente- Odio tu maldita memoria- Revolvió entre sus ropas y sacó un galeón

-Me encanta hacer negocios contigo Weasley, te lo dije. Esos bucles castaños te vuelven loco. Te dije que un Weasley nunca deja un experimento a la deriva - comentó George mientras guardaba su reciente adquisición monetaria en su chaqueta- Pero…- y dio un rodeo por el escritorio donde Fred hacía algunas anotaciones y se sentó en el borde- lo debes haber aceptado ante mí porque necesitas mi ayuda… aunque después de aquel fracaso creo que vas a necesitar más que mí ayuda, quizás un milagro te sirva.

-¿Me vas ayudar o no?- Fred comenzaba a impacientarse

-¡Claro!, ¿para qué están los hermanos si no?

-No puedes decirle a nadie que regresó.

-Está bien, no hay problema. Bueno supongo que me voy, esta chica me quiere en casa temprano, tu sabes, cuestiones de mantenimiento que le dicen- George tomó su bufanda y se la hecho al cuello- por cierto mañana no te quedes dormido cuando te levantes a abrir.

Si, nada era gratis en este mundo y mucho menos cuando se trataba de su gemelo. Pero, sin lugar a dudas él hubiera hecho lo mismo en su lugar.

Subió al pequeño despacho que había sobre el local, en el cual solían dormir de vez en cuando.

Se acostó en su cama y se sonrió al pensar en aquel viejo experimento, había sido extraño y el más corto que jamás hubiera realizado, aunque los resultados no fueron de su mayor agrado. Con el tiempo se había percatado que Hermione ya no era la chica sabelotodo amiga de su hermano menor, sino que con el transcurso de los años se había convertido en una hermosa mujer. Sin embargo aquello era normal y no le dio mucha importancia, pero una tarde un cabello de Fleur y la prueba del humortrono, fueron los causantes de que al tenerla tan cerca las ganas de besarla fueran un sentimiento que a duras penas pudo contener.

El experimento nació de su deseo: descubrir si ella estaba interesado en él. Aquella tarde en la que logró reconocerlos sin ninguna dificultad, a pesar de que hasta a sus padres les costaba hacerlo, supo que quizás había una oportunidad, quizás la chica no lo miraba como a uno de los hermanos de su amigo sino como a un hombre. Entonces decidió experimentar, la excusa era perfecta y si algo saldría mal tenía los elementos suficientes como para evitar cualquier sospecha.

Las escaleras nunca fueron tan largas y su corazón nunca latió tan rápido. Cuando llegó al rellano la vio de espaldas sin imaginarse lo que él iba a hacer. Fue cuando algo le dijo que no lo hiciera, que era muy tonto, muy arriesgado, sin embargo él había decidido averiguar si aquella chica sentía algo por él y no era de esos que se echan atrás justo en el medio de un experimento.

La volteó, realizó un razonamiento de dudosa validez (aún para él) y arremetió: fue un beso simple, suave. Al no obtener respuesta y sentir rígidos sus labios, se separó, sabiendo que el resultado no era positivo.

"Supongo que es George" fue lo único que dijo y se marchó porque sabía que si la tenía en frente unos instantes más no podría contenerse y el beso no sería tan casto como el que le había dado hacía unos instantes. Luego de aquella vez no la volvió a ver, al menos no estando a solas, todo siguió igual excepto por un simple detalle, el tacto de sus labios contra los suyos lograron que el sentimiento que guardaba dentro de sí se transformara en algo más que una simple atracción.

Aunque George le había dicho que no podría olvidarse de ella (a veces parecía que su gemelo lo conocía mejor que él mismo), intento que el tiempo borrara su recuerdo. Sin embargo había reaparecido (tan perfecta como siempre) y ese sentimiento que creía olvidado, reapareció con tal alboroto que lo dejaba aturdido. Retomaría el experimento, pero esta vez no sólo intentaría averiguar los verdaderos sentimientos de Hermione, sino que además dejaría en claro cuáles eran los suyos.

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¡ Gracias por leer!