La magia de amar
Disclaimer: Todo lo que aquí lean relacionado a Harry Potter es obra de J.K. Rowling
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Lumière
(parte I)
This could be the start of everything or the end of nothing
Harry dejó el último ejemplar de "Corazón de bruja" sobre la mesa y bostezó por enésima vez en veinte minutos, no sabía y estaba seguro de que nunca entendería, cómo las mujeres podían tardar tanto en arreglarse. Era claro que él no era el hombre más elegante del mundo y que casi siempre se ponía lo primero que encontraba en el armario, pero aquella mujer desafiaba cualquier límite.
Miró una vez más su túnica y comprobó, nuevamente, que no tenía pelusas ni manchas con las que pudiera entretenerse algunos minutos. A su lado, sobre el sofá, yacía un número de "El Quisquilloso", que ya había ojeado, pero resignado ante la tardanza de su novia, volvió a sumergirse entre aquellas historias que navegaban sin vergüenza entre un oleaje majestuoso de fantasía y exageración llevadas al límite.
-Nunca pensé que llegaría el día en que compraras esa revista- Ginny desde la puerta del tocador salvó a Harry de una nota que declaraba que los Dragones eran una especie de animagos muy poderosos que algún día gobernarían la tierra.
Cuando el niño que vivió observó a su novia parada bajo dintel de la puerta, se percató de que no le importaría esperarla miles de años si eso significaba que podría abrazarla una vez más. Estaba... ¿cómo decirlo?, no sabía, cualquier palabra sería insuficiente para describirla, y no se debía a aquella túnica color esmeralda que caía con una gracia que ningún otro cuerpo excepto el de ella le hubiera dado, tampoco se debía a su peinado, ni mucho menos a los pendientes que llevaba (que él le había regalado). La causa era su mirada que aquella noche tenían una fuerza especial, un brillo tan intenso que parecía atraparlo cada vez más.
-Luna la olvidó el otro día...-dijo mientras se acercaba a ella.
Cuando estuvo apenas a unos centímetros de distancia de Ginny, Harry tomó con una mano su cintura y con la que le quedaba libre acarició su mejilla dulcemente, logrando que su novia cerrara los ojos y entreabriera sus labios, como una muda invitación. Y él no iba a negar tal propuesta. Sus labios se acariciaron, dulcemente, como quien no quiere apresurar las cosas, como quien sabe que tiene todo el tiempo del mundo y no necesita apresurarse.
Cuando se separaron, ambos abrieron sus ojos y se sonrieron.
-Estás... hoy...
-Lo se... hoy me levanté de la cama, te vi a mí lado y me di cuenta que iba a amanecer así, de aquella forma, por el resto de mi vida, caí en cuenta de que no hay cosa que me haría más feliz que ser tu esposa.
-¿Tenemos que ir?, estoy seguro que a Fred y George no les importaría que nos quedásemos...- Harry miró a su novia, casi haciendo puchero.
-¡Ah no!- Ginny se deshizo del abrazo de Harry y entró en la habitación de la casa de su novio para buscar su bolso- Ni se te ocurra que voy a perderme lo que tienen preparado, es la primera vez que me invitan a una cosa tan seria...
Harry bufó, según los gemelos, a las 9:33 de la noche en punto debían dirigirse hacia el lugar donde se realizaría aquella cosa tan seria, como su novia decía- Yo no llamaría invitación a: "Si quieren venir vengan, para que después no digan que no les avisamos", algo realmente serio. Además- y está vez habló despacio, como si estuviera hablando consigo mismo- con Fred y George nada puede ser serio.
-Lo sé- Ginny se acercó también a la chimenea y alisó arrugas imperceptibles en la negra túnica de Harry- pero es la primera vez que nos invitan a algún ceremonial relacionado con "Sortilegios Weasley" el trabajo y estoy segura que si no voy me arrepentiré, pero tienes razón, con esos dos nada puede ser serio.
Harry miró a su novia un tanto sorprendido de que lo hubiera escuchado, sin embargo no pudo agregar nada más, puesto que el reloj ya había dado las 9:33.
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Fred se revolvió una vez más en el sillón, se cruzó de piernas y luego se descruzó, se paró, giró sobre sí mismo, mientras repasaba mentalmente cada uno de los detalles, intentando que ninguno se le saliera de las manos. Aquel día debía ser memorable y como no había podido ser con Sortilegios Weasley, entonces lo sería con Lumière, ¡y de qué manera!
Fred odiaba las fiestas elegantes, donde las mujeres mueren por mostrar aquella túnica nueva, costosísima, mientras que los hombres gustan de hacer negociosos e ir alardeando sobre las sumas que les dejan sus negocios, que siempre parecen ser mucho más elevadas de lo que en realidad son.
Todo debía salir perfecto con la fiesta y eso lo tenía algo inquieto y ansioso. Y cuando estaba pensando en la cara que pondrían las personas cuando la magia de los Weasley diera el presente, el rostro de Hermione se cruzó por su mente, con esa sonrisa dulce y sus ojos brillando intensamente, tan dulces e inteligentes como siempre. Fue en ese momento cuando se preguntó si la ansiedad y la inquietud que sentía se debía a la apertura del café o a la presencia de aquella chica, que ya era una hermosa mujer, quien sería su compañía aquella noche.
Trató de olvidarse de ese detalle que hacía que las manos le sudaran y golpeara un pie contra el suelo repetidamente y sin parar. Y para tener éxito en su momentánea empresa, se deleitó en imaginar a Mc'Gregor y la expresión que pondría al ver todo, ABSOLUTAMENTE TODO. Habían seguido sus latosas y larguísimas instrucciones al pie de la letra tan solo para evitar que develara quiénes eran los dueños del lugar a sus colegas y a los clientes en general. Que el largo de los manteles debe tener tal medida, la vestimenta debe ser lo suficientemente sobria, el cabello peinado correctamente, la comida tradicional… y un quilométrico etcétera. Sin embargo Mc'Gregor podría gastarse toda su saliva en amenazarlos todo lo que quisiera, pero estaba claro que al final siempre se salían con la suya. Como en la última inspección, cuando todo había quedado aprobado.
Flash Back
Cuando George se apareció en la cocina de Lumière, Fred se acercó a él algo fastidiado.
-¿Qué pasó?- preguntó el recién llegado
-Nada es solo que se vuelve insoportable, me ha dado cada pie que me he tenido que morder la lengua para no contestarle nada- Fred se tiró sobre una silla- Al menos ha guardado el secreto, pero se cree que por ese pequeño e insignificante detalle nos puede hacer la vida imposible. ¡Nos ha pedido cosas que a nadie nunca se les ha pedido!- Fred suspiró- Todo sea por el resultado final.
-Hay que poner a algunos elfos a tomar fotografías para captar el momento. Quiero recordar su rostro hasta que me quede calvo, sea panzón y confunda a las lechuzas con ratas.
-Sí es una buena razón. Y ahora que lo dices, me preocupa que estás empezando a quedarte calvo, tal vez pierdas la memoria antes de tiempo y tengas que mirar las fotografías para recordar este evento tan especial. Igual no te preocupes yo te contaré la historia todas las veces que quieras.- Fred pareció respirar liberado luego de bromear a su hermano, se había sacado las ganas con las que Mc'Gregor lo había dejado.
George miró a su hermano con una sonrisa algo malvada, no iba a dejar las cosas así como así- Quédate tranquilo, yo me encargaré del detalle de las cámaras, porque quién sabe lo que estarás haciendo en esa fiesta con tu invitada especial.
Fred lo miró entrecerrando sus ojos, eso era un golpe bajo- Que chistoso. Por cierto, ¿te preguntaron algo en casa antes de que vinieras?
-¿En la Madriguera?, no… no sospechan nada. ¡Ah!, me estaba olvidando. Vi a tu… cómo decirlo apropiadamente… a tu enamorada- George no podía evitar hacer aquellos comentarios un tanto maliciosos que tan solo buscaban poner en evidencia a su gemelo, respecto de sus sentimientos.
-Así que ya fue…
Un silencio, George dejó a su hermano sumirse en su momento de enamorado estupidizado y fue a hacerse un café.
Un elfo entró de pronto a la cocina y se encontró con los hermanos- Buenos días, señor Weasley.
-Ya te dije que me llames George, Tomy- el elfo lo siguió mirando sin contestar y George, una vez más se dio por vencido- En fin.
El elfo se dirigió a Fred.
-El señor Mc'Gregor ya ha preguntado tres veces por usted señor Weasley.
Fred se levantó de la silla, al parecer con fuerzas renovadas.
-Genial, gracias Tomy. Vamos hermano, el hombre ya debe estar lo suficientemente irritado.
Mc' Gregor era un hombre de espalda ancha y vientre prominente, su rostro era demasiado pálido y su cabello, castaño. Fred y George siempre recordaban al primo muggle de Harry cuando lo veían. Estaba sentado en una banqueta, la única que había quedado en el gran salón, debido a que los elfos se estaban dedicando a la limpieza del salón que debía quedar impecable para la que sería la fiesta de inauguración formal del lugar.
Claro que Lumière ya estaba en funcionamiento, pero siempre se daba un mes de prueba al lugar antes de establecerlo como definitivo. A Mc'Gregor, por supuesto, no le había hecho ninguna gracia que aquel extravagante café fuera todo un éxito tan sólo en la primera semana de apertura, ya que, a su desgracia, debería inspeccionar no sólo un local de ese par, si no dos, y eso era, sin duda, un dolor de cabeza asegurado.
Cuando Fred y George entraron al salón el hombre estaba bastante colorado y golpeaba sobre su rodilla una pluma. Cuando los vio se paró y se acercó.
Cualquiera hubiera dado unos pasos hacia atrás debido a la intimidante presencia de aquel mago, que seguramente tendría algún antepasado gigante, sin embargo a los dos jóvenes no pareció importarles en lo más mínimo ni su estatura, ni su puño cerrado o sus mandíbulas fuertemente apretadas entre sí.
-Discúlpenos Mc'Gregor por la demora- Comentó Fred despreocupado- Tenía unos asuntos que atender, pero ahora puede deleitarse con la presencia de mí hermano y la mía por supuesto.
El hombre bufó y respiró profundo, antes de dar su veredicto.
-De acuerdo señores Weasley. El lugar está, increíblemente, en condiciones, espero no tener que ver a ningún elfo circulando en la ceremonia, claro está.
-¡Oh!, eso será imposible, son nuestros empleados y todos han accedido muy a gusto a participar en la apertura formal- George dio un sorbo a su café- Además no hay nada de malo en su presencia, pero si no soporta estar en contacto con ellos… bueno, sería una lástima tener que prescindir de su presencia en la fiesta, pero no se preocupe, luego le enviaremos algunas fotografías si desea.
Mc'Gregor se ponía cada vez más y más colorado y aquel aspecto causaba mucha gracia a los hermanos que debían reprimir las carcajadas.
-Espero… que no violen ninguna regla del ceremonial. Saben que no se permiten fuegos artificiales, música estrepitosa ni elementos extravagantes, mucho menos de Sortilegios Weasley – Estaba claro que la lista era mucho más larga, pero eran aquellos tres aspectos los que más alteraban a Mc'Gregor
Fred y George se miraron y abrieron sus ojos todo lo que sus párpados les permitían, mientras tocaban su pecho simulando sentirse ofendidos por el comentario.
-No podemos creer que piense eso de nosotros, señor inspector, por favor- contestó Fred.
George articuló una expresión condescendiente poco creíble y agregó- No hay de qué preocuparse Mc'Gregor
Los hermanos apoyaron una de sus manos sobre los hombros del sujeto y lo "acompañaron" hasta la puerta.
-Todo va a salir más que bien- dijeron ambos al unísono en forma de despedida, antes de cerrar la puerta e internarse en Lumière.
Fin Flash Back
George golpeó la puerta y entró con un elegante traje para su hermano. Era un traje de tres piezas: saco, chaleco y pantalón de la misma tela. El modelo era exactamente igual al que habían usado los hermanos Lumière en su época. El color era negro azabache, profundo y muy intenso.
George tendió el traje sobre el sofá que había en la pequeña habitación.
-Para ti hermanito.
-Gracias.
-¿Estás nervioso?- preguntó a Fred
-Algo, quiero que todo salga perfecto.
-¿En la fiesta o con Hermione?
Fred se dio vuelta para terminar de hacer unos apuntes en unos papeles- Claramente que en la fiesta.- No iba a aceptar nada frente a su hermano, eso estaba más que claro.
George rodó los ojos, el orgullo de su hermano era demasiado grande e insoportable en ocasiones- Lo que tu digas. Las chicas deben estar llegando, así que vístete.
Fred miró el traje, se preguntó cómo había muggles que usaban esos trajes todos los días, con sus moños ajustado al cuello y las camisas abotonadas. Nunca lo entendió.
Pensó en las palabras de George y respiró profundamente para tranquilizarse, quería que todo saliera perfecto, era verdad. Quería verla, sentir su perfume, poder mirarla sin tener que dar explicaciones y sobre todo, si todo salía como él lo había planeado, quizás podría llevar a cabo la segunda fase de su experimento.
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Detestaba viajar por la Red Flu. Generalmente las chimeneas ajenas estaban llenas de polvo, aún si eran o no usadas habitualmente, era algo inherente a ellas. Sin embargo Fred le había recalcado que debía ser de esa forma y no de otra. No pudo saber por qué razón, pero al parecer era necesario que así fuese.
Agradeció ser bruja, porque de lo contrario si tenía que internarse en esa chimenea las manchas que le dejarían las cenizas y el polvo serían muy difíciles de quitar.
Tomó un puñado de polvos flú y gritó claramente- Café Lumière.
De pronto su cuerpo giró rápidamente y en menos de lo que tarda en decirse, ya se encontraba en el destino.
Se limpió las manos y parpadeo un par de veces para evitar que el polvo que se había levantado a su alrededor entrara en sus ojos. Cuando pudo abrirlos, la imagen con la que se encontró la asombró sobre manera. Se encontraba en una gran habitación, cuyas paredes estaban hechas de ladrillo y colgaban sobre ellas varios cuadros que mostraban distintas fotografías de Francia en distintas épocas. Fue extraño darse cuenta de que las fotografías eran, por así decirlo, muggles, ya que mostraban imágenes estáticas, como las que ella tenía en sus álbumes familiares en su casa paterna.
En el centro de la habitación de pronto apareció un grupo de personas, vestidas con túnicas de gala. Era una familia, los dos niños estaban algo mareados, eran aún pequeños para aparecerse, por lo que no estaban acostumbrados a aquella sensación. Sin embargo no parecían muy preocupados por sentir que todo a su alrededor diera vueltas, sino que hasta se reían disfrutando de la sensación.
Se dirigieron hacia una puerta grande de madera, junto a ella había un hombre aguardando. Estaba vestido con una túnica de colores opacos, aunque el moño en su cuello era de un color rojo chillón que desentonaba con el resto de su aspecto. Se encontraba parado detrás de una tabla de madera que flotaba a la altura de su ombligo.
La familia dio su nombre al recepcionista, mientras ambos padres alzaban a sus hijos que ahora reían a carcajadas y habían comenzado a dar vueltas sobre sí mismos, intentando prolongar aquella sensación que les había provocado aparecerse. El recepcionista buscó su nombre en la lista y los hizo ingresar por la puerta.
Todo aquello sucedió muy rápidamente. Luego de que pasaran unos segundos de que la familia entrara por aquella puerta hacia, hasta ese momento para Hermione, una dimensión desconocida, se apareció una pareja en el centro del salón y realizó el mismo proceder que había observado hacia instantes. Todos parecían saber exactamente qué era lo que sucedía.
De pronto Hermione sintió que alguien tiraba de su túnica, era un pequeño elfo que la miraba un tanto asombrado y expectante.
-Señorita, ¿usted es… Hermione Granger?
Hermione observó al pequeño elfo y le sonrió- Si soy yo.
-¡Oh!, esas son excelentes noticias- El elfo parecía tener sus ojos un tanto llorosos y juntaba sus manos en el centro de su pecho, como si saber el nombre de la chica fuese una noticia que ansiaba escuchar desde hacía mucho tiempo- Por favor acompáñeme. No se coloqué en el centro de la habitación, podrían lastimarla.
El elfo estaba vestido con un pequeño pantalón negro y llevaba una corbata, que rozaba el piso, de color verde fosforescente. En los veinte pasos que dieron hasta llegar a donde se encontraba el recepcionista el elfo se tropezó unas tres veces con la chillona corbata.
-Deberías quitártela, te vas a lastimar- dijo en un tono un tanto apenado Hermione.
-Oh no señorita, esto fue un regalo muy especial de los señores y la uso siempre, es mi mayor tesoro.
Cuando llegaron donde se encontraba el recepcionista, éste miró a Hermione y enseguida la reconoció. Esbozó una gran sonrisa, mostrando unos dientes grandes y blancos que opacaron un tanto su bigote negro y abultado.
-Señorita Granger, es un placer recibirla- En esos momentos una persona apareció en el medio de la habitación, una chica bien arreglada, muy bonita, parecía más o menos de su misma edad.
-Oh genial, es la señorita Katherina Opbrun.
Katherina Opbrun era una chica con una brillante sonrisa, tenía el cabello de un rojo furioso (aun más que el de los Weasley, si eso era posible) y lo llevaba muy corto. Tenía una piel supremamente pálida y una delicada túnica color esmeralda acentuaba aún más el color de su cabello y el de su piel. Hermione al verla pensó que era de esas personas con las cuales uno nunca puede aburrirse.
La chica se acercó al hombre y lo saludó estrechando sus manos- ¿Cómo te ha ido Edward?... tanto tiempo.
Luego saludó al elfo, tocando su cabeza, a lo que este sonrió feliz- Pini, ¿te has portado bien?
-Pini siempre se porta bien señorita Opbrun.
-Así me gusta- respondió sonriendo la Katherina.
Cuando Katherina observó a Hermione pareció reconocerla de inmediato pues se acercó y le dijo efusivamente- Hermione Granger, la famosa bruja Hermione Granger. Te graduaste con honores en la facultad mágica de medicina y también la muggle, eres increíble.
Hermione se sonrojó un tanto y luego miró a Katherina sin saber que agregar, la chica parecía conocerse su biografía completa y ella ni siquiera reconocía a quien tenía enfrente. Y lo que era más extraño: sabía que había estudiado medicina muggle, lo cual no tenía porque ser conocido en el mundo mágico.
-¡Ah!, no te preocupes, seguro es que no me reconoces, yo soy tres años menor que tu y estaba en Ravenclaw, a más que llevaba el cabello bastante más largo y era negro por aquel entonces. En fin…
Edward terminaba de anotar unas cosas en una planilla, mientras que Pini, que se había marchado sin que nadie se diera cuenta, apareció de pronto con un "plaf" y sonrió diciendo-Los señores las están esperando.
-Pero, yo debería encontrarme con una persona.
-No te preocupes, estos dos tienen años en esto. El que te espera seguro ya sabe dónde encontrarte- Contestó Katherina
-¿Cómo sabes?- Hermione no entendía porque tanto misterio.
La chica se sonrió y agregó- No vas a querer que te arruine la sorpresa.
Hermione ya había entendido que esos dos tendrían que ser Fred y George, pero no comprendía del todo por qué eran tan importantes en aquel acontecimiento, a no ser que estuvieran involucrados de alguna manera especial con él; lo que dificultaba su capacidad de análisis era el hecho de que con los gemelos nunca se sabía qué esperar. Las piezas de ese rompecabezas aún no terminaban de encajar completamente, por lo que Hermione supuso que aún le faltaba conocer algunas partes de la historia, que seguro conocería de un momento a otro.
Edward les abrió la puerta, ésta daba a un pasillo largo. Poseía sus paredes pintadas de un amarillo viejo, flotaban a unos palmos del techo, velas encantadas que inundaban el ambiente de una luz cálida que invitaba a pasear lentamente y contemplar las paredes que poseían fotografías muggles. Éstas mostraban a distintas personas en diversas situaciones, tomando café.
-La señorita Opbrun se debe dirigir hacia la derecha y usted señorita Granger hacia la izquierda. Es para ambas la segunda puerta.
Katherina se percató de la expresión ansiosa y un tanto confusa de la castaña, puesto que le comentó antes de separarse -Te debes estar muriendo por dentro, pero prometí no decir nada, aunque creo que ya se me escapó suficiente información. Nos vemos en un rato- Luego volteó hacía su derecha y se dirigió hacia su destino.
Hermione la imitó y se dirigió hacia la izquierda. El pasillo era acogedor, llamaron su atención las fotografías, por lo que se detuvo a observar algunas. En la primera que se topó había una pareja sentada en un banco de plaza, con gorras de invierno y bufanda, tomando café en vasos de plástico los cuales liberaban un vapor casi transparente y los envolvía con su aroma, un aroma que casi podía traspasar la imagen y llegar puro hasta el observador que se detuviera a contemplar la postal. El epígrafe decía: "Una pareja en una plaza perdida en Alemania"
En otra pudo ver a un hombre en medio de una calle, un vendedor ambulante de café, que se tomaba cinco minutos y se daba el permiso de degustar él mismo la bebida que le permitía sustentar su vida y tal vez la de muchos otros. El epígrafe de esta otra decía: "Vendedor ambulante de café en Estados Unidos"
Hermione siguió caminando, hasta que se topó con una imagen que llamó su atención. El lugar era un parque, había allí varios árboles y arbustos y a lo lejos una figura. Supuso que era una chica por el color del gorro de lana que era rosado; se encontraba sentada en el pasto tenía sus rodillas flexionadas y su cabeza estaba agachada, parecía prestar atención a algo en sus piernas. En sus manos con guantes, sostenía una taza de porcelana y la estaba llevando, en el mismo momento que el fotógrafo captaba el momento, a sus labios.
Algo le llamaba la atención de aquella fotografía, el lugar, esa persona, ese gorro… No podía ser, era casi imposible que fuera. Además debajo de la fotografía se leía claramente: "Joven escocesa sentada en la reserva natural Glen Addric". Era ciertamente imposible, aunque había algo que no le terminaba de cerrar, le resultaba muy familiar. Luego le preguntaría a Fred.
A cada momento que pasaba su convicción de todo aquello era demasiado extraño, se acrecentaba más y más. Y eso empezaba a impacientarla, no le gustaba no entender lo que sucedía.
Entonces se encontró frente a la puerta dónde se suponía que la estarían esperando, tocó dos veces. Uno, dos, tres, diez segundos y nadie abría. La poca paciencia que tenía, sumada a su incipiente exasperación por verse superada por la situación, sin poder razonarla correctamente dio como resultado que la valiente Gryffindor abriera la puerta antes de quenadie le diera permiso.
-¿¡Qué demo…!
Grande, muy grande, fue la sorpresa de Hermione cuando se topó en una habitación con un sofá y un escritorio, como único mobiliario, a Fred Weasley con el torso desnudo.
La repentina visita no podía creer lo que veía y Fred tampoco. Parada en la entrada de la habitación con la mano en el mango de la puerta se hallaba una Hermione tan bella como siempre, aunque deslumbrante como nunca. Poseía una delicada y sencilla túnica color esmeralda perlada, que acentuaba, las curvas que él conocía a penas, y hacía brillar aún más de lo normal sus ojos. Su cabello recogido en un rodete, enmarcaba aún más su hermoso y perfecto rostro.
Iba a decirle algo, miles de cosas se cruzaron por su mente pero solo atinó a espetar un -Pasa… no te quedes ahí parada.
Hermione entró cerrando la puerta, de pronto como por arte de magia (una magia sin varitas ni conjuros) su fastidio se había disipado completamente. Miró a su alrededor: la habitación parecía bastante abandonada, a comparación del resto del lugar, parecía bastante abandonado. La mesa estaba repleta de trozos de papiro y una vuelapluma color azul, que parecía haber estado trabajando hacía un tiempo, estaba suspendida sobre un pedazo de papiro.
Sobre el sofá se encontraba una camisa, un chaleco y un saco, junto con un moño que Fred, seguramente debía ponerse. Para cortar un poco la ausencia de palabras que podría llevarlos a pasear por mares por los cuales, el pelirrojo no quería aún navegar, comentó -Realmente nunca he entendido cómo pueden colocarse los muggles esto todos los santos días, yo me volvería loco.
-No necesitas usar una camisa todos los días para que los demás digan que estás loco- Hermione se había acercado y con un valor (de una naturaleza inaudita hasta el momento para ella, que no supo bien de dónde provino), estaba abotonando la camisa del gemelo Weasley que la miraba sorprendido, aunque no era una sorpresa que le molestara mucho en realidad.
Mientras la chica abotonaba la camisa, Fred podía sentir el leve roce de los dedos de la chica sobre su piel y eso lograba que todo su cuerpo se erizara al contacto. Pidió a Merlin con todas sus fuerzas porque Hermione no sintiera el latir de su corazón, que parecía que había terminado de correr una carrera de mil millas, por la velocidad a la que había decidido retumbar dentro de su pecho.
-Sino pudiste con el frente menos con las mangas, dame tu mano.
Hermione rozó la palma del chico, estaba algo sudada, se preguntó si Fred estaba nervioso por la camisa o por ella. Y eso logró ruborizarla un poco.
-¡Listo!. Estás muy guapo- le dijo mientras se sentaba en el sofá.
-Tú también… estás…- pero las palabras se agolpaban en su garganta, como si tuvieran miedo de salir, de caer al precipicio.
Hermione se sonrió internamente y para evitarle al chico tener que decir algo que no podía expresar con palabras le preguntó- ¿Me vas a explicar qué está pasando?, no entiendo nada. Me encontré con un elfo Pini creo que se llamaba y una chica… Katherina…
-¿Viste a Katy?... espero que haya sido discreta porque esa tiene la lengua más larga que un sapo- comentó Fred mientras se ataba un moño negro al cuello.
-Creo que le divertía el hecho de saber que no sabía nada. Me conocía… sabía mi nombre, pero también sabía que estudié medicina muggle. Y también dijo algo de esos dos… ¡Oh! Que idiota... ¡Claro!- Hermione se paró del sofá y empezó a caminar, como cuando realizaba algún tipo de deducción que la exaltaba y emocionaba- Esos dos… claro y Pini dijo los señores… tu y George. Ustedes dos deben ser invitados especiales del evento o, van a realizar una aparición melodramática y van a arruinarle el evento a alguien. Y necesitaban dos inocentes chicas que cooperaran con sus malvados planes - Entonces la chica alzó uno de sus dedos y lo apuntó contra su interlocutor, mientras entrecerraba sus ojos- ¡Ni loca voy a cooperar a arruinarle la fiesta a nadie!.. ¿Me escuchaste Weasley?
La ignorancia de Hermione sobre ciertos aspectos del mundo mágico tranquilizó al joven Weasley, ya que a pesar de todo, la chica no se había dado cuenta aún de qué era lo que sucedía.
Fred se estaba colocando el chaleco, el cual poseía dos botones y nuevamente Hermione se acercó a ayudarlo- Ni loca… no pienso hacer un papelón luego de tanto tiempo sin poner un pie en Londres.
-Cuatro años…
-¿Qué?- preguntó Hermione mientras terminaba con el último botón.
Entonces algo la tomó por sorpresa, la mano del pelirrojo acariciaba uno de sus rizos, el único rebelde que había logrado escapar del recogido de Hermione. Ella sintió sus dedos, un tanto ásperos rozar su mejilla. Una especie de descarga eléctrica la recorrió de pies a cabeza. Sentía que el ambiente perdía sus colores para agolparse en sus dos cuerpos, unidos momentáneamente por una caricia, y el sonido de sus respiraciones se hacía cada vez más intenso.
-Hace cuatro años que no venías a Londres. Es mucho tiempo es verdad- había un dejo de tristeza, de melancolía que no pasó desapercibida para la chica. Pero cuando quiso hurgar en su mirada y descubrir el significado oculto de sus palabras, él se alejó
Hermione trató de sobreponerse y cruzó sus brazos para disimular su nerviosismo, aunque no pudo ocultar con esa acción el sonrosado color en sus mejillas -Te estaba diciendo…- agregó- no pienso hacer papelones, ¿oíste?
Fred por su parte supo que tenía que aprovechar aquel momento, se acercó a la puerta y la abrió, mientras respondía al reclamo de la chica.
-Claro que te escuché y te prometí que no iba a hacerte prender ningún fuego artificial, ni nada de esas cosas. Así que quédate tranquila. Además de todo lo que dijiste hay solo una cosa que es verdad, que necesitábamos a dos chicas… aunque no creo que sean inocentes al finalizar la noche- Aquella última frase la dijo casi en un susurro que la castaña en cualquier otra circunstancia habría percibido sin esfuerzo, pero en aquel momento el golpeteo de su corazón dentro de su pecho le hizo imposible poner a sus sentidos bajo sus órdenes.
Hermione movió su cabeza, para relegar en alguna parte de su mente todas las imágenes que se había dibujado en su interior (que involucraban al pelirrojo que tenía en frente y a su persona, en diversas y comprometidas situaciones) y volver a ser, aunque sea medianamente, la persona mental y lógica que era. Claro que el Gryffindor que tenía en frente no le haría aquella tarea tan fácil.
Cuando pasó por su lado para salir el chico colocó delicadamente una de sus manos en su cintura "ayudándola a retirarse de la habitación". Fue tan solo unos segundos, pero los suficientes para que Hermione experimentara por segunda vez en la joven noche, esa electricidad que la sacaba de sus cabales, y diera un suspiro que no pasó desapercibido para Fred. El chico no pudo disimular una sonrisa de autosatisfacción, al darse cuenta de que su experimento comenzaba a tomar el color y la textura que él estaba buscando.
El pasillo los esperaba con sus velas y sus fotografías, pero el mundo exterior ahora era mero decorado inservible para Hermione, solamente podía estar pendiente de los pasos que escuchaba justo detrás suyo. Incluso imaginaba, o tal vez sentía en realidad, la respiración de Fred en su nuca.
En el pasillo había una especie de estatua que representaba un gran caldero mágico, revuelto por un unicornio que llevaba una capa y unas gafas; estaba riendo, relinchando tal vez, y revolvía el caldero con una gran cuchara que sostenía dificultosamente con sus pezuñas. George y Katherina los esperaban muy acaramelados justo en frente de ella. Cuando Hermione la vio, supo que aquello era obra de esos hermanos pelirrojos.
-Hermione Granger…-George abrazó a Hermione- Me encanta saber que no tienes idea de qué es lo que está pasando. Siempre soñé con el momento de verte en una situación en la que estés a ciegas completamente.
Hermione iba a responder, pero Fred le ganó de mano- Hermanito, eso solo significa que ella nos ha puesto en evidencia muchas más veces que nosotros a ella.
Katherina río por lo bajo y comentó- Parece que la fiesta no va a empezar nunca si seguimos así y hay muchas promesas que quiero que cumplas George Weasley.
George y Fred de pronto se despabilaron y cruzaron una mirada. Todo debía comenzar.
Tomaron sus varitas. Las hicieron girar hacia la derecha y luego hacia la izquierda; trazaron una estrella perfecta y realizaron un espiral de tres vueltas; por último tocaron, George el ojo derecho y Fred la pezuña izquierda del unicornio y al unísono entonaron: "Unicornio deja pasar a los que dispuestos a enloquecer están".
Una puerta de madera, que poseía tallados delicadamente algunos arabescos en la parte central, se apareció en la pared. Ambos hermanos se posicionaron a la derecha de cada una de sus parejas y colocaron su mano izquierda a la altura de su pecho, con la palma abierta hacia arriba.
Katherina colocó su mano sobre la de George. Hermione supo que debía imitarla, sin embargo estaba algo nerviosa y no se atrevía a hacer su parte. Entonces Fred se acercó a su oído y le susurró con delicadeza- Todo va a estar bien, confía en mí. Esta noche va a ser inolvidable.
Sí, era cierto, confiaba en Fred Weasley y sabía que aquella noche sería, sin lugar a dudas, inolvidable, aunque aún no sabía a ciencia cierta a qué se refería con esa última frase.
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18-01-2011
Es increíble que hayan pasado casi dos años desde la publicación del último capítulo. El tiempo pasa volando y nos lleva por delante sin permiso. Pero bueno aquí estoy de vuelta en el rodeo, pensé que lo había abandonado, sinceramente, pero he aprendido algo. Uno debe terminar lo que ha comenzado, uno se lo debe uno mismo y puedo asegurarles que más allá de la alegría que me da volver a publicar, siento un gran gozo por el simple hecho de saber que no voy a dejar esto pendiente.
Le debo un agradecimiento especial (muy especial) a Carla (Emily'). Ella hace cosa de un mes más o menos me envió un mensaje alentándome a seguir escribiendo y la verdad es que le agradezco enormemente. Gracias a ella tomé la decisión, fue el empujoncito (o tal vez la patada jajaja) que me faltaba para volver a empezar. También me ayudó a corregir algunas cosas y le dio el OK antes de que lo publicara (es una divina *-*) Así que por todo esto: ¡Gracias niña! =)
Espero que este capítulo les haya gustado tanto como a mí, al comienzo iba a ser una mera introducción a la fiesta, pero como ven el romance es algo vital en esta historia y tomó protagonismo (cuándo no…) Es un capítulo similar en extensión al primero lo cual me pone aún más feliz.
Aclaraciones:
+ Fred no sabe abotonarse la camisa porque como todos sabemos los magos usan túnicas, no ropa muggle. El hecho de que en las películas se haya mostrado el uniforme con camisa no significa que en los libros así fuese, de hecho el uniforme consta de ropas negras y el sombrero negro de punta.
+ Katherina no es Katie Bell (por las dudas XD)
Como siempre: ¡Gracias por leer y espero vuestros comentarios!
Saludos y disfruten de la vida que es corta y maravillosa =)
Bel
