Noche de bodas.
A punto para el amanecer, cuando ya apenas quedaba una decena de invitados, Padmé comprendió que no podía seguir retrasando las cosas y busco a su marido. Desde que el emperador se retirara, muchas horas antes, él también había permanecido recluido en un rincón apartado, ahuyentando con palabras bruscas y soeces a cuantos se acercaban.
Parece que no soy la única disgustada ante tanta opulenta hipocresía, se dijo a sí misma, como un pensamiento alentador.
Se detuvo cuando llego a su lado, pero él no pareció detectar su presencia. Sin pasársele por la cabeza que se hubiera quedado dormido en medio de tanto ajetreo, y convencida de que sólo la estaba ignorando, Padmé lo sacudió levemente del hombro. Fue un error.
Su reacción fue casi mecánica, como si hubiese estado esperando un ataque. Él se incorporó de golpe y la atrapó del brazo antes de que pudiera retirarlo, haciéndole daño. Pero sólo fue un instante. Después pareció comprender donde estaba y quien era ella, y la soltó lentamente.
- Lo siento – se disculpó con aquella voz distante y mecánica.
Padmé estaba demasiado conmocionada para responder.
- Yo... Yo sólo... – se acarició la muñeca, donde él la había agarrado. Era muy fuerte. Seguramente le saldría un moretón mañana –. ¿Nos vamos?
Él asintió, y por la rapidez con la que empezó a caminar parecía bastante ansioso de retirarse. Padmé tomo aire de nuevo, sintiendo como el nerviosismo retornaba.
El speeder estaba ya esperándola en la puerta cuando logro abandonar la residencia. Su marido conducía.
Extraño, se dijo. Hubiera esperado un mayordomo.
- Me gusta hacer las cosas por mi mismo – aclaró él entonces. Y Padmé tuvo que cerrar los ojos para repetirse a sí misma que lo había adivinado por la expresión de su rostro y no porque realmente fuera capaz de escuchar sus pensamientos –. Eres fácil de leer – añadió. Y por un instante, a ella le pareció que se divertía.
Él no dijo nada más, y Padmé permaneció en silencio el resto del viaje.
Cuando por fin llegaron a su nueva residencia le sorprendió la austeridad con la que estaba amueblada, en fuerte contraste con las dimensiones.
- El emperador insistió que debía habitar el Palacio, pero nunca me interesó demasiado – explicó él, haciendo eco de sus pensamientos de nuevo –. Puedes adornarlo como desees cuando tengas tiempo.
Padmé asintió, con el ritmo de su corazón acelerándose a cada momento, pero sintiendo que debía decir algo.
- Gracias – fue todo lo que logró articular, no obstante.
A él no pareció molestarle.
- Te mostraré tu habitación – respondió, guiándola por un largo pasillo.
Cada paso se hizo más difícil, y de algún modo, Padmé se sentía como un preso caminando por el pabellón de la muerte hacia su destino. Nunca había sentido miedo a la muerte, ni como reina ni como senadora, pero tampoco había hecho frente a una situación como la que ahora se abría ante ella.
Ni siquiera en condiciones optimas se había sentido preparada, quizá porque estaba demasiado ocupada con su deber, quizá porque nunca había conocido a la persona adecuada. Y la idea de mostrar su cuerpo a un desconocido, de entregarse a él por completo, era suficiente para hacerla temblar.
Pero vas a ser fuerte, se recordó. Palpatine y Vader podían habérselo quitado todo, su libertad, su fortaleza, sus sueños... Pero todavía te queda el orgullo.
Finalmente, él se detuvo frente a una habitación y abrió la puerta, indicándole que pasara primero. Aspirando un gran cantidad de oxígeno por enésima vez en toda la noche, Padmé atravesó la entrada introduciéndose en el interior.
Básicamente, el dormitorio compartía la austeridad y amplitud del resto de la casa, pero destacaban una decena de cajas amontonadas en un rincón. Lo miró interrogante.
- Tus cosas – explicó –. Ordené que las trajeran.
Ella asintió, sin añadir nada.
- ¿Necesitas algo más?
- Así está bien, gracias.
Él sacudió la cabeza en gesto afirmativo.
- Hasta mañana entonces, senadora – se despidió, girándose para irse.
Padmé estaba demasiado asombrada para ser prudente.
- ¿¡Qué!? – exclamó –. ¿Te vas así, sin más?
- ¿Acaso deseas que me quede? – cuestionó él, escéptico, y de nuevo Padmé tuvo la impresión de que se estaba burlando de ella.
- Bueno, no, pero...
- En tal caso no deberías tentar a la suerte, senadora – arguyó, causando que un sonrojo se extendiera por sus mejillas. Eso pareció complacerle, porque la miro una vez más antes de reanudar la marcha – Buenas noches.
Y tras esas sencillas palabras cerró la puerta, dejándola a ella más confusa que nunca pero con un creciente alivio extendiéndose por su pecho.
Padmé no se dio prisa en quitarse el vestido y colocarse el camisón, porque tenías muchas cosas en que pensar.
En primer lugar, volvió a plantearse los motivos que condujeron a Palpatine a forjar tal enlace entre ambos. Ella sabía por sufrida experiencia que el emperador nunca hacía nada sin un propósito, pero hasta entonces había tenido la clara idea de era Vader el interesado en ella y que Palpatine se la había concedido como un favor personal. Ahora su teoría quedaba destrozada.
Era imposible que Vader sintiese por ella algo más que una atracción física, porque ni siquiera habían hablado hasta el día de la boda. Pero si eso fuera así, ahora él estaría aquí con ella, tomándola sobre la cama voluntariamente o a la fuerza, en lugar de respetar sus deseos no expresados y dejarla sola. Así que Palpatine debía estar impulsados por otros motivos.
¿Pero cuáles? se preguntó, tumbada sobre la cama ya fuera del engorroso vestido. ¿Y si había averiguado su apoyo a la Rebelión? No, no. Eso seguía sin tener sentido. ¿Y si utilizaba su matrimonio con un medio para controlarla?
Frustrada por la falta de respuestas y con los primeros rayos de Sol filtrándose por las ventanas, decidió que sería mejor posponer sus dudas hasta más tarde. Misteriosamente, sus pensamientos se centraron entonces en su esposo.
¿Será humano tras la mascara?
Podría ser de cualquier tipo de raza espacial... O incluso una maquina. Pero de algún modo dudaba de eso último. De pronto, se encontró deseando poder ver su rostro, oculto siempre por la máscara.
Antes de que pudiera codificar ese último pensamiento, Padmé Amidala estaba dormida.
xXxXxXx
Cuando despertó a la mañana siguiente, pasaba ya del medio día, pero sentía su cuerpo tan agarrotado como si apenas hubiera dormido un par de horas. Bostezando, abrió los ojos, y por un instante se sintió desorientada. Después lo recordó todo.
Genial, pensó. Sigo siendo la esposa de Vader.
Pero de algún modo se sentía demasiado cansada para angustiarse. Tampoco olvidaba la conversación de la noche anterior.
Quizá no sea tan malo, se animó. Todo puede seguir como hasta ahora. En una casa diferente y con la puntual eventualidad de un marido al que ni siquiera veras muy a menudo. Después de todo, ¿quién es él? Sólo uno de los mayores asesinos del imperio.
Suspirando, a sabiendas de que no llegaría muy lejos con esa línea de pensamiento, decidió vestirse e ir a satisfacer sus necesidades básicas.
Cuando al fin halló la cocina, se encontró con su marido leyendo en un sillón y dos droides de protocolo preparando varios platos de comida. Demasiados.
- Buenos días – saludó cortésmente, reconociendo que la noche anterior había estado demasiado nerviosa para mostrar educación.
Él asintió desde del sitio, pero no añadió nada.
- ¿Para quién es todo eso? – probó otra vez, señalando los platos.
- Imaginé que te levantarías temprano y no sabía que te gustaba. Ordené a los droides que te preparan lo necesario.
Así que él ya había comido, razonó. Una pena. Hubiese sido una buena ocasión para verlo sin la máscara. No obstante, está vez se aseguro de que su rostro no reflejara sus pensamientos.
- Creí que te gustaba hacer las cosas por ti mismo – señaló en cambio, mordazmente.
Él no pareció disgustarse por el reto, al contrario. Incluso apartó el libro para responderle, cosa que no había hecho hasta ahora.
- Me gusta hacer las cosas por mí mismo porque suelo hacerlas mejor que los demás – explicó con total seriedad –. Pero por alguna razón, nunca encontré mucha utilidad en la cocina, así que no la transforme en otra de mis multiples virtudes.
- Y desde luego rasurar tu ego tampoco es una de ellas – observó Padmé con disgusto.
Él no respondió directamente, sino que dijo por el contrario:
- Te encuentro bastante más habladora hoy que anoche, senadora.
Padmé enrojeció, mordiéndose la lengua para no contestar. No obstante, su mutismo no duro mucho tiempo.
- ¿Qué lees? – inquirió curiosa y aburrida del silencio.
- Ritos y costumbres paganas de sacrificio – recitó él, complacido por la mueca de asco y repugnancia que se formaba en su rostro. Después le tendió el libro.
Con reticencia Padmé lo tomó y se fijo en la portada. Era un simple manual de naves estelares. Entonces, tuvo de nuevo esa sensación. Como si él no hiciera otra cosa que burlarse de ella. Pero los droides llegaron con la comida antes de que pudiera protestar. Había al menos veinte platos para elegir.
- Yo no puedo comer ni la décima parte de esto – protestó –. ¿Qué vas a hacer con el resto de comida?
- Los droides se encargaran de ella.
La respuesta no la complació.
- Tirarla, entonces. ¿Tienes idea de la cantidad de gente en Corusant que...?
Pero él elevó una mano, interrumpiendo su diatriba.
- Senadora, por mi puede hacer lo que quiera con esta comida, con toda la comida que quiera, en realidad, incluso donarla a uno de esos albergues que tanto le interesan, mientras ello signifique no tener que escucharla.
Padmé clavó la vista en su máscara, totalmente airada.
- Muy bien – aceptó finalmente, sabiendo que con su actual estado de humor cualquier otra cosa desembocaría en una discusión –. Te tomo la palabra.
Acabó el resto del desayuno en silencio, y para su frustración tuvo que reconocer que estaba especialmente bueno. Una vez hubo concluido, retiró ella misma el plato a la fregadera y después encaró al droideçl
- Quiero que para esta noche tengas preparados diez veces cada plato que me has servido, ¿está claro? – ordenó con voz más alta de la normal para que él la escuchara. El droide asintió, confuso por las instrucciones pero demasiado asustado para desobedecer a su nueva ama –. Después llamarás a un trasporte y lo llevaras todo al Orfanato Oficial de Huérfanos por la Guerra. Diles que es un presente especial de parte de Lord Vader. ¿Podrás hacerlo?
- Por supuesto, Lady Vader – Padmé frunció el ceño al escuchar el apellido, pero no lo refutó –. Será un placer para mi seguir sus ordenes.
- Bien – dijo, mientras caminaba de regreso a la mesa.
Para mayor frustración, y aunque sabía que la había escuchado, él no hizo ningún comentario, limitándose a ignorarla.
Capullo prepotente, lo insultó deseando, por primera vez desde que se conocieran, que realmente fuera capaz de leer sus pensamientos.
Finalmente, resignada a no obtener mayor reacción, se levanto para irse. Tal vez pudiera aprovechar el resto de la tarde para acomodar sus cosas, se le ocurrió. Pero entonces, al pasar por su lado, él la detuvo agarrándola por el misma brazo que la noche anterior, tan sólo un poco más arriba. Sólo que esta vez el toque era diferente, más suave, menos... animal.
Se volvió para encararlo, y lo encontró mirando el oscuro cardenal que se le había formado.
- ¿Te lo hice yo? – aún con el modulador digital, su voz sonó extremadamente suave. Padmé asintió, confusa –. Lo siento – la soltó al fin, obviando el hecho de que ya se había disculpado la noche anterior. Después añadió, casi con disgusto – Eres demasiado débil.
A Padmé no le hizo gracia.
- ¿Disculpa?
- He dicho que eres demasiado débil – repitió con condescendencia.
- ¡Oh! Por supuesto – asintió ella ácidamente –. Y no se te ha ocurrido pensar que tu eres él demasiado perturbado, atacando a sí a la primera.
- Me despertaste, ¿qué querías que hiciera?
Lo normal, pensó. Pero no lo dijo.
- Estábamos en una boda, rodeados de gente y música, y con esa estúpida máscara tapándote la cara. ¡Creí que me ignorabas, no que estuvieses dormido! – concluyó acalorada.
- ¿Por qué iba a ignorarte? – se defendió –. Además, me aburría con toda esos aduladores hipócritas y enjoyados.
- Pues no parecías tan aburrido cuando te reías con ellos al principio – señaló ella con desconfianza.
- El emperador estaba presente – explicó, repentinamente serio –. Se disgusta si no actuó apropiadamente con sus amigos.
A Padmé aquella respuesta sólo logró enfurecerla aún más. Lo miró con desprecio.
- Y te atreves a acusarme de ser débil. Lo que tu eres se describe en una palabra, cobarde.
Entonces una ola de terror le atravesó el cuerpo, y supo que había ido demasiado lejos. Él elevó el brazo y ella estuvo segura de que moriría allí, asfixiada como muchos otros por la falta de oxigeno.
Pero eso no sucedió. Haciendo un desmesurado esfuerzo, él se calmo, se incorporó y se alejo de ella, hacía la salida. Entonces, una vez estuvo lo suficientemente lejos, se volvió para mirarla.
- Tengo que salir a atender unos asuntos – informó con voz totalmente impersonal –. Ten tu maleta preparada. Oficialmente partimos esta noche de luna miel.
- ¿Y extraoficialmente? – se atrevió a preguntar con voz queda.
Pero él ya se había ido.
Entonces Padmé cayó al suelo, agotada. Y sus ojos derramaron por fin las lagrimas que llevaba conteniendo durante tantos días. Lagrimas porque por un momento había olvidado quien era él. Porque por un momento las cosas no parecían tan terribles. Y entonces él se lo había recordado, estropeándolo todo.
Ireth y MartaQ, va por vosotras! Mil gracias por vuestros reviews y me alegro en el alma de que el fic os haya gustado. Ireth, tienes toda la razón acerca de tu presentimiento, pero por el momento los secretos de Vader deberán esperar... ya iremos descubriendo la verdad poco a poco. MartaQ, mil veces gracias por apoyarme, no sólo con esta, sino también con mi otra historia. Me alegro de que te guste la idea de un Anni malo desde el principio, y ya ves que, como siempre, trato de no tardarme mucho en actualizar.
Y ahora, al resto del mundo (y también a vosotras dos, por supuesto), ¿qué os ha parecido esta capítulo? Más largo que el prólogo, por supuesto... ¿Pero esperabais otra cosa? Yo creo que a pesar de todo, Vader se ha comportado como un caballero, y su reacción del principio cuando Padmé lo despierta, y la del final, son ambas muy reveladoras.
Pero bueno, espero vuestros consejos. ¿Creéis que es un Vader creíble o demasiado blando? ¿Exagero mucho con Padmé o respeto lo suficiente su esencia como personaje? Por favor, respuestas, que los primeros inicios del fic son siempre los más difíciles... No me importara hacer alguna modificación para que queda más creíble....
En fin tomodachis, es todo por hoy... Nos vemos en el próximo capítulo... ¿Cuándo? Depende de vostro/as. Así que...
¿reviwes?
